La política de la definición

Hasta hace no mucho, la norma internacional en los países con sistemas democráticos era el bipartidismo dominante en las elecciones generales y provinciales, sin embargo, llevamos un par de décadas transitando a lo que llamo “bipartidismo débil” con la irrupción de partidos de derecha e izquierda radical en el escenario. Países que consolidaron tardíamente su democracia, como España o Chile, están pasando por un proceso que en otros países ya se había iniciado mucho antes, pero en general, este proceso no ha concluido y sus resultados todavía están abiertos. Esto último, porque no podemos asegurar si esta transición terminará sepultando al bipartidismo o si por el contrario los diferentes partidos que hoy se disputan el poder tenderán a configurarse en dos bloques como ya ha ocurrido en etapas anteriores.

Marcar el inicio de esta metamorfosis es complicado en tanto se necesita tener certeza de cuántos factores influyeron y cuál de todos fue el decisivo. En España, muy probablemente la transición tenga que ver con la crisis del modelo de crecimiento y desarrollo íntimamente ligado a la Constitución de 1978, por lo cual, aun cuando sea muy impreciso podemos establecer el año 2008 como el hito inicial de este proceso, aun cuando las causas y factores se puedan retrotraer más al pasado.

Desde entonces, la suma de los votos al PP y al PSOE pasó de 83,8% durante las elecciones generales del año 2008 a solo un 48,8% en las elecciones generales de noviembre de 2019. Partidos como VOX, Unidas Podemos y Ciudadanos se han hecho de más presencia a nivel nacional, esto sin olvidar que el número de independientes es el mayor registrado (35).

Un período de transición se puede definir como aquel en el que los elementos de cambio superan a los de permanencia, y, a nivel político, esto impacta toda vez que la incertidumbre frente a los resultados cortoplacistas se incrementa. A mayor nivel de incertidumbre, las decisiones, los discursos y planteamientos pueden divergir peligrosamente. Por ejemplo, analicemos las palabras de políticos en relación al marcado declive del bipartidismo:

Por parte del PP;

Alberto Núñez Feijóo, presidente de Galicia, resalta que “una desafección hacia la clase política tradicional que favoreció la irrupción de partidos populistas que prometían a los ciudadanos aquello que querían oír con una estrategia de titulares grandilocuentes y promesas imposibles que afectó al desgaste que ya sufrían los partidos tradicionales por la gestión de unas medidas tan impopulares como necesarias”, Feijóo agrega su lamento porque el PSOE “se contagiase de esa forma de hacer política”. Juan Manuel Moreno, presidente de la junta de Andalucía agrega que otra culpa en la raya trazada por Podemos “entre los políticos y la gente, obviando que la inmensa mayoría de personas que se dedican a la política en este país, desde los concejales de pueblos a los diputados en el Congreso, eran gente normal y corriente”, y además cuando Podemos entró en el gobierno “los propios populistas se dieron cuenta de que los políticos que ya estaban antes eran como mínimo tan normales y corrientes como ellos y los ciudadanos comprobaron, además, que las luchas de poder internas en esos movimientos populistas son, en algunos casos, desmesuradas”.

Por parte del PSOE;

Ximo Puig, del PSOE y presidente de Valencia, que gobierna el pacto tripartito del Botànic, normaliza el cambio, “España no es una isla ni en Europa ni en el mundo y el bipartidismo ya existe en pocos países”, y añade “La atomización se produce cuando la alternativa normal de Gobierno no es suficientemente sólida, no da respuestas, y porque la situación territorial es compleja”. Por su parte, Emiliano García-Page, presidente socialista de Castilla La Mancha que gobierna con mayoría absoluta tiene un análisis diferente pues se queja tanto de los populistas de derecha e izquierda “Por un lado, condicionan los gobiernos de centro que han imperado en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Otro síntoma que se aprecia es la ausencia de liderazgos transversales; hoy son sectarios, por partes, de bloques, y mucha gente no se siente vinculada”.

Por parte de los nacionalistas;

El lehendakari vasco Íñigo Urkullu, del PNV suma a las causas financieras una crisis política de nulo entendimiento en tanto “Los dos principales partidos políticos españoles han considerado históricamente que el bipartidismo era estructural y consustancial al sistema político. Para llegar al poder y mantenerse en él, han creído más provechoso destrozar lo que el predecesor había realizado antes que llegar a grandes acuerdos previos y promover pactos de Estado para que las grandes leyes y políticas fueran estructurales y ajenas a los cambios de ciclo político”. Pere Aragonés de ERC y presidente catalán interpreta que “el Estado español históricamente ha favorecido el bipartidismo por la necesidad de fortalecer el sistema democrático después de 40 años de franquismo y eso explica la dificultad de romper con el bipartidismo y que a diferencia de muchos países europeos, donde los gobiernos de coalición son habituales, España haya sido gobernada hasta la actual legislatura por gobiernos monocolor”, agrega además “tradicionalmente mucho más plural y diverso y, en consecuencia, con una cultura de coalición y del acuerdo mucho más fuerte” y valora esa disgregación como un “síntoma claro de calidad democrática, una invitación al debate, a hacer política para llegar a acuerdos pensando en el bien del conjunto de la sociedad”.

Desde Ciudadanos;

Inés Arriamadas líder del partido indica que “la necesidad y lo positivo de que perviva un espacio liberal y centrado como los que hay en Europa, que supere la anomalía clásica de la media España roja frente a la otra media azul”.

Desde Unidas Podemos;

Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Ejecutivo precisa que “Los parlamentos en las sociedades democráticas representan la pluralidad de visiones de la realidad y de intereses de un país. Desde la crisis financiera de 2008 hemos visto cómo se tambaleaban los sistemas de partidos tradicionales en Europa, porque la respuesta de conservadores y socialdemócratas, con austeridad y recortes, dejó desprotegida a la ciudadanía y generó un enorme malestar social. En España eso significó el principio del fin del bipartidismo”.

Desde Teruel Existe, partido que rompió el techo de Cristal en la llamada “revolución de la España vaciada”, su diputado Tomás Guitarte añade que “Los problemas de la despoblación y los desequilibrios territoriales eran y son evidentes. Las denuncias y las propuestas llegaban a los despachos de los responsables, pero las soluciones no pasaban de las palabras o de las promesas. Sinceramente, nos hemos sentido engañados”.

En síntesis, cada presidente muestra sus intereses y diagnósticos según su propia orilla. Feijóo y Moreno ven negativamente la irrupción de nuevos partidos partidos y, sobre todo, el pacto del PSOE con Podemos para alcanzar el ejecutivo, y esperan además, que toda esta marea pase para retornar al orden. Urkullu y Aragonés como es lógico pensar, cargan contra el bipartidismo destacando los acuerdos y la salud democrática de sus respectivas provincias, lo cual es simple de entender, allí casi siempre ha gobernado el nacionalismo, la cuestión territorial y su relación con Madrid en Catalunya y País Vasco facilita muchos las cosas para los partidos nacionalistas. Arriamadas tiene que enfatizar la importancia del centro… o sea de Ciudadanos en su cabeza. Puig, por otro lado, normaliza esta situación esto pues, a fin de cuentas, gobierna con UP y Cs a diferencia de su par en Castilla La Mancha que tiene la mayoría absoluta y que no comparte el balance. Por último, Yolanda Díaz no puede estar más a favor de todo este cambio, si no fuera por el paso de este «bipartidismo fuerte al bipartidismo débil» su partido no tendría espacio, y claro está, sin la posibilidad de aliarse con otros partidos, tampoco.

El asunto clave está en las diferentes perspectivas y opiniones incluso dentro del mismo partido. Todo varía dependiendo de la situación espacial y política, diferentes perspectivas dentro de un mismo partido que se contradicen no tiene una razón de ser si es que no entendemos la complejidad de la definición en este instante. Cuando el bipartidismo fuerte es la norma, es fácil plantear los movimientos en el medio plazo (y a veces hasta en el corto plazo), la lógica apunta a hacerse con el centro, de hecho, se puede esperar algo parecido cuando existe un bipartidismo débil pero consolidado, en este caso basta con entender cuáles son las cartas que se tienen aseguradas en cada movimiento y cuáles no, sin embargo en un período de definiciones esto se complejiza. Realmente lo que no se sabe es si esta transición se consolidará en otro orden, o se mantendrá en el tiempo o si se revertirá, cada apuesta no puede ser en el mediano plazo y solo hay espacio para el juego cortoplacista. La indefinición entre partidos se debe a estos factores.

Normalmente, cuando la norma es más hacia el orden que hacia el cambio, las apuestas se dirigen más hacia las posibilidades de ganar o perder en el corto y en el mediano plazo en una relación mucho más simple, un partido (o coalición) de derecha entiende su lugar en relación a la izquierda y sus propuestas, discursos y movimientos van siempre en relación a ese adversario y a la reacción social en cada momento y lugar, pero cuando esta relación se complejiza a un punto en el que no tienes asegurado cuántos actores políticos realmente persistirán en los próximos 2, 3, 5 o 10 años, el riesgo de esta apuesta se intensifica.

Normalmente en política los dilemas siempre están, las pérdidas y las victorias son pan de cada día, pero en estos procesos los dilemas aumentan, ya no solo se trata de disyuntivas emanados de la clásica pugna “izquierdas contra derechas”, ahora el juego es de “izquierdas contra derechas, derechas contra derechas e izquierdas contra izquierdas”, y además, el factor territorial complejiza todavía más este asunto como presento a continuación:

  • Por parte del PP, la estrategia de Casado ha sido la de distanciarse de VOX y marcar diferencia tratando de capitalizar los votos del centro y de la derecha (Ciudadanos + VOX). El PP necesita del bipartidismo para seguir existiendo, y por eso, necesita que PSOE vuelva a capitalizar los votos de la izquierda en el centro, votos que el PP nunca tendrá en estas circunstancias, por eso la crítica al gobierno de Sánchez siempre ha sido desde una posición de derecha conservadora y no desde la misma apuesta de VOX, una arremetida completa como lo hace VOX puede terminar impactándoles a ellos también. El PP necesita al PSOE centrado, y por ello critica al gobierno, pero no se suma a la derecha radical en muchas de sus acusaciones, e incluso están dispuestos a tenderles la mano y ayudarlos bajo exquisitos requisitos. El PP no puede atraer al PSOE al centro, ejecutar su programa y capitalizar el voto de la derecha a la vez. Si atrae al PSOE y capitaliza el voto de la derecha, no podrá ejecutar su programa, si ejecuta su programa y atrae al PSOE al centro, no capitaliza a la derecha, y si capitaliza el voto de la derecha y ejecuta su programa, el PSOE no estará en el centro.
  • VOX tiene un dilema diferente. Todavía son el partido pequeño de la derecha y por tanto necesitan del PP. En la medida que el PP sea fuerte ellos son débiles, lo que ocurre es un juego de 180º diferente, necesitan radicalizar el discurso en materia nacional, étnica y antiestablishment, y esto impacta directamente a todo el centro político y a la izquierda, su terreno es ese, lo más a la derecha dentro del escenario político, pero mientras el PP sea el partido fuerte los necesitan. Su necesidad de politizar el debate a su arena, derechizando el escenario, se contradice con su capacidad de mostrarse como un partido eficiente en materia pública. De momento sus logros en ese sentido son efímeros. Si buscan derechizar el escenario, irremediablemente el PP podría salir beneficiado porque no hay una estrategia segura que permita atacar a las izquierdas y salir como únicos beneficiados en términos netos, es decir, en la medida que se benefician del sector más a la derecha del PP, el PP se puede beneficiar del sector más centro e indeciso que divaga entre PSOE, Ciudadanos y ellos. Entrar en una administración los puede llevar a la cesión en muchos de sus términos y volverse mainstream, pero mantenerse en su terruño les puede llevar a perder el voto útil de la derecha en el medio plazo. Es decir, necesitan politizar el debate hacia la identidad, inmigración y nación, pero también necesitan entrar al sistema para concretar su programa, y a la vez, distanciarse del PP, ¿se puede hacer todo esto a la vez? En absoluto, como mínimo deberán descartar uno de los objetivos.
  • Ciudadanos tiene un dilema más delicado todavía. Están al borde de la extinción, necesitan superar el umbral mínimo de votos en las CCAA para poder seguir existiendo. Necesitan también posicionar exitosamente su enfoque de centro, pero ello a la vez que tienen que entrar en la administración y hacer política, volverse más prácticos que solo teóricos como ocurre hasta ahora. Su necesidad de estar en el centro en un escenario cada vez más polarizado es lo mismo al aislamiento, y ese aislamiento se paga caro. En 2019 su oposición a pactar con el PSOE llevó a que Sánchez pactase con los nacionalistas, pero el pactar con una posición en este escenario les hará perder su carácter céntrico de cara a los votantes. La proyección es, «mantenemos nuestra posición o asumimos ser un partido más a la izquierda o más a la derecha», desde luego, todo dependerá del porcentaje de votación obtenido tras las próximas elecciones autonómicas y generales.
  • Dentro de las izquierdas el dilema es el siguiente. El PSOE necesita a UP, pero ya con la experiencia de gobierno en equipo, lo más probable es que no quieran repetirla en las mismas condiciones. El PSOE buscará plantear el juego en términos ambivalentes. Dentro del gobierno, la posición hacia Podemos es soslayada, pero fuera de éste la cuestión es más crítica. No pueden mantener el liderazgo en la izquierda, ser moderados, y tener el apoyo necesario para gobernar. En la medida que necesiten de UP para gobernar, no pueden ser moderados, por eso su apuesta siempre estará hasta las próximas elecciones en la caída de popularidad de UP y la posibilidad de tener a Ciudadanos de su lado, esto último les daría una mayor baraja para negociar. Si el PSOE quiere liderar el bloque de izquierda y no terminar como uno más de sus pares socialdemócratas en Europa (o Chile) debe escoger entre moderación o apoyo para el gobierno. Y por eso la carta de Ciudadanos sigue teniendo significado.
  • UP tiene un problema desde la otra arista. Necesita al PSOE y confía en haber tocado piso con un electorado fiel y politizado. UP siempre gana cuando el debate se centra en materia social, pero siempre pierde cuando el debate se torna en asuntos administrativos y económicos, allí las de ganar las tienen los partidos tradicionales, o también de corte nacionales donde VOX tiene la ventaja. Necesitan de los socialistas para gobernar, pero también buscan que los socialistas pasen a ser segundones y un partido bisagra dentro de las izquierdas. Por ahora, ambos objetivos se contradicen en tanto están en el gobierno y alzarse por uno de ellos mina el otro, sin embargo, la apuesta de Yolanda Díaz le ha significado buenos réditos y un interesante posicionamiento en cuanto a popularidad; durante las próximas elecciones ya sea por número de votos o por nuevos partidos en la competencia podrían erigir nuevas alianzas que fortalezcan el papel de UP dentro del sector de izquierdas. La situación actual es coyuntural y no les servirá en el largo plazo, las cartas deben ser lanzadas otra vez, y será en ese momento cuando UP invierta sus esfuerzos en redefinir sus alianzas, teniendo pocas opciones en el centro, su función de puente entre los socialistas y nacionalistas o entre los socialistas y los partidos de España Vaciada puede ser fundamental porque al no poder gobernar sin el PSOE, necesitan toda la fuerza para atraer a estos a la izquierda y evitar que escojan el centro. Otro factor es el peso que podría obtener Más País, lo que, podría o bien ayudarles o perjudicarles. Pero además, para UP (y otros partidos de izquierda) hay otro asunto de vital importancia en el mediano y largo plazo, ¿cuál es la estrategia frente a la derecha y la derecha más a la derecha? Evidentemente, lo que no es bueno para la izquierda, es que el discurso de la derecha radical se consolide y normalice, pero entonces, ¿qué papel juega la derecha tradicional y centroderecha en este asunto? Si UP ata al PSOE a su geocultura, no podrá evitar que el PP irremediablemente se derechice, por lo tanto tenemos otro dilema. UP no puede evitar que el PP se alíe con VOX, atraer al PSOE a su centro de gravedad y liderar la izquierda a la vez, por fuerza tendrá que ceder en una de estas pretensiones.
  • Más País tiene dilemas muy similares a UP. No olvidemos que eje programático es muy similar, sus diferencias tienen más que ver con asuntos de liderazgo, por lo que necesita como Podemos, que el discurso tienda a los asuntos sociales, sin embargo, también tienen que fortalecerse y ser un actor relevante en comparación con los morados. Desbancar a Podemos como alternativa dentro de las izquierdas es un buen escenario, y esa podría ser una apuesta desde los resultados de las elecciones autonómicas en Madrid, ¿cómo conseguirlo a nivel nacional? Los logros de UP en el gobierno, aunque pocos y moderados a juicios de las izquierdas, no pueden ser criticados sin mostrar con ello una lucha intestina en las izquierdas, pero también deben mostrarse como un partido más útil que ellos en consonancia con las demandas sociales. Si se descarta la probabilidad de desbancar a Podemos, un acercamiento con ellos también es una opción, algo que de momento Iñigo Errejón manifiesta como positivo frente al mensaje de Yolanda Díaz de “ensanchar el espacio” de las izquierdas.
  • Y por supuesto, tanto los nacionalistas como España Vaciada son los que se encuentran en una mejor situación de momento, siempre que los partidos no alcancen mayoría absoluta, necesitarán de ellos, pero esta necesidad no es absoluta, todo dependerá de cuánto puedan aportar los partidos nacionalistas vascos o catalanes para saber si realmente se necesita de ambos, o solo de uno, y a esto se añade el potencial todavía desconocido de los partidos de España Vaciada. Estos últimos podrían incluso llegar a restar protagonismos de los nacionalistas y en dicha situación los partidos volverían a redefinirse con el fin de alcanzar alianzas. El dilema en estos partidos es saber cuánto les beneficiará en el corto y mediano plazo mantener una popularidad elevada con un discurso regionalista y/o nacionalista a la par de su política pactista.

Por supuesto, todos estos dilemas se esfumarían si durante las próximas elecciones generales un partido obtiene mayoría absoluta o si contrario a esto, asumen un cuerpo en bloque, pero la gracia de un período transitorio es que estas opciones no pueden ser barajadas hasta que la transición se dé por concluida o revertida. Que el PP o el PSOE obtenga una mayoría absoluta es muy poco probable, a la vez una unificación UP-PSOE-MP o VOX-PP-CS también es poco probable pues nada asegura que la suma de partidos sea lo mismo a la suma de votos, entonces por ahora lo que toca es asumir estos dilemas y desde allí escoger las opciones.

En general estos dilemas están presentes en toda la región y en varios países de Latinoamérica, los modelos de administración política establecidos se encuentran en una etapa de redefinición, modernización, modificación y actualización ante las nuevas realidades sociales. Una particularidad en el caso de España (en comparación a Chile) la entrega su distribución territorial de las funciones políticas, aquí las elecciones son a nivel país, Comunidad Autónoma y Ayuntamiento, y estas se pueden adelantar como ya ha ocurrido en Madrid. Para febrero se prevé que se celebren elecciones en Castilla León, y allí observaremos otra vez cómo se definen las alianzas entre partidos.

No obstante, ambos países, están viviendo lo que ya se venía observando en otros países. Un cambio internacional de un modelo político cimentado sobre una organización económica, son muchos fenómenos que convergen a la vez y que la crisis económica solo ha destapado, por una parte colapsa el modelo de posguerra estructurado en torno a la idea del trabajo asegurado y la seguridad social; una revuelta del orden internacional desde las mismas relaciones económicas, donde los Estados tienen cada vez menos poder frente a las grandes masas de capital concentrado en forma de firmas trasnacionales que influyen con una fuerza abrumadora; cada vez se vuelve más real la crisis generacional y demográfica; una transición tecnológica que sustituye mano de obra y talento mediante la robotización e informática; y con todo esto, la decadencia de las dos grandes familias políticas que construyeron este modelo, la cristianodemócrata conservadora y la socialdemocracia, ambas en franca decadencia, sus electorados se están vaciando y no tienen capacidad para articular sus demandas de manera integrada porque los cuerpos intermedios también están en crisis (partidos, medios de comunicación, iglesias, etcétera) y en proceso de reacomodación. Estamos entonces en terra ignota. En España a lo anterior se agregan los sesgos en el sistema electoral español: el sesgo mayoritario por el tamaño de las circunscripciones, el sesgo rural-urbano por el mayor peso de las zonas rurales y luego, asociado a lo anterior, el sesgo conservador pues a raíz de lo anterior, se aseguraba que la UCD tuviera mayoría absoluta o como mínimo mayor representación. En un sistema como el español, la banda de peligro que marca la proporción en la que el sistema penaliza a los partidos que obtengan menos del 10 o 15% de los votos, marca una nueva paradoja, porque los votos que ha conseguido a costa del PP no se traducen en escaños útiles… es decir, este sistema inicialmente ideado con unos objetivos subyacentes y evidentes ya no está sirviendo y posibilita el azar más allá de lo resistible.

La única conclusión certera es que todavía quedan muchos años de definición, la incertidumbre seguirá siendo la norma…



Categorías:Política

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