Finalmente tenemos nuevo presidente, ¿por qué y ahora qué?

Gabriel Boric ha sido electo como el nuevo presidente de Chile contrario a lo que muchos analistas preveían, yo personalmente pensaba que la victoria se la llevaría Kast, sin embargo vale precisar que a pesar de mi error, en el análisis realizado hace un par de días esbocé que lo objetivo eran las cartas y opciones en juego, que una primara más que otra en la realidad era una opinión (por tanto personal y subjetiva), y que, por ende, solo podríamos tener la certeza de su efectividad tras tener los resultados.

Concretamente indiqué que las opciones en la segunda vuelta eran las siguientes:

  1. Que los votantes de derecha e izquierda voten en conjunto a sus candidatos más cercanos sin influencia de Parisi, en cuyo caso Boric ganará con 2 o 3 puntos porcentuales.
  2. Que además de lo anterior, los votos de Parisi se sumen a los votos de la derecha, lo que daría como resultado unos 2 o 3 puntos porcentuales a favor de Kast.
  3. Asumiendo el punto 1, que los votos de Parisi se distribuyan de una manera mucho más divergente, tal que el ganador podría ser o Boric o Kast.
  4. … que tanto los votantes del centro (derecha e izquierda) y el PdG tiendan más hacia la abstención y a la divergencia, dando igualmente resultados dispares, o gana Boric o gana Kast.
  5. Dado por hecho alguno de los puntos anteriores, si los abstinentes votan el resultado lo marcará su decisión.

Supuse que se daría una conjunción de 1 y 3, con Kast ganando, pero a la vista de la evidencia empírica, la conclusión es que lo que ocurrió fue la suma de 1, 3 y 5. Lo primero es fácil de comprobar, en general los votos de la centroderecha y centroizquierda tendieron hacia las candidaturas de derecha e izquierda. El tercero sí se dio, pero como veremos, en general el comportamiento fue mucho más hacia Boric que hacia Kast, y el 5 fue el elemento decisivo que marcó la holgada victoria del candidato de la izquierda.

Para cuantificar los hechos, en la primera elección, la suma de todos los votos de la izquierda (Boric, Provoste, Enríquez Ominami y Artés) totalizaron 3.246.187 votos, mientras que la derecha (Sichel y Kast) más Parisi sumaron 3.757.075. En esta ocasión, los votos de Boric fueron 4.595.389, en tanto los de Kast fueron 3.639.591, es decir, la izquierda obtuvo en primera vuelta un 71% de los votos que obtendría Boric en segunda vuelta mientras que la derecha más Parisi se hizo en primera vuelta de un 97% de los votos que Kast logró en segunda vuelta.

Visto así, pareciera que solo el factor 5 incidió en la victoria de Boric, ya que de haber mantenido el número total de votos con los que se contaba en noviembre, la victoria se la habría llevado Kast. No obstante, a nivel regional la situación cambia.

Elaboración propia. Fuente: Servel.

Se considera en este caso como “derecha” la suma de los votos en ambos casos, de Kast, Sichel y Parisi.

Como se puede observar, el conjunto de la derecha pierde votos en prácticamente todas las regiones del norte y centro, mientras que a su vez gana votos en el centro sur y sur, aunque a un nivel muy marginal. Si se tiene en cuenta que el desde Arica hasta la región Metropolitana más o menos se concentró la mayor parte de los votos del candidato del PdG, se puede argüir que buena parte de los votos del excandidato no terminaron con Kast.

En otras palabras, el incremento de los votos que tuvo el candidato de la derecha no vino en realidad del apoyo de Parisi, sino que provino principalmente del apoyo de las regiones del sur con una tradición derechista más consolidada.

En este aspecto, es bueno indicar que como bien señalan analistas políticos como Axel Callís, en política los endosos no existen. Es que da igual que un candidato apoye a otro para una votación, si su electorado tiene otras prioridades, no actuará en consonancia a sus palabras. Es posible que algo tenga que ver la posición demasiado fría de Parisi apoyando tardíamente a Kast, pero sin lugar a duda el votante que lo escogió prefirió antes de seguir a ciegas sus recomendaciones (incluso tras la dura crítica que hizo al programa de Boric en su live, crítica que dicho sea de paso la derecha celebró y publicitó en Redes Sociales), decantarse por una opción contraria a un candidato que representaba el sostenimiento del modelo. El voto de Parisi era igualmente un voto de protesta, un voto de protesta en contra la élite política, pero esa protesta no pudo ser canalizada hacia un miembro ya viejo en la política chilena, y por supuesto, terminó en un candidato mucho más joven con solo una década de desempeño público.

Por supuesto, es meritorio mencionar el incremento en la participación electoral, se pasó de 7.11 millones de votos a 8.27, más de un millón de chilenos que no votó en primera vuelta lo hizo en estas elecciones. Una primera conclusión de este resultado es que la campaña de Boric, mucho más enfocada en el terreno, fue mucho más efectiva que la campaña de Kast. Su comando, en lugar de dedicar esfuerzo y tiempo a compartir ideas con Parisi (o viajar a Estados Unidos), prefirió viajar a diferentes comunas del país para lograr hacerse de más adhesión, Kast en cambio optó por lo más seguro que tenía a su disposición, ir directo con Franco Parisi para tener una victoria asegurada, su diagnóstico como ya vimos fue creer que solo con su palabra tras una reunión online iba a dar como resultado que 800.000 votos se sumaran a su campaña, además de ignorar/minimizar que el potencial abstinente podría ser tan provechoso para su rival.

En este caso, el error del comando de Kast fue menospreciar en el acto el nivel de aversión que su figura (y muchas de sus partidarios, diputados y miembros de su comando) podría generar en aquellos que no votaron por él, por Sichel, y que sí votaron por Parisi, o incluso en aquellos que se abstuvieron. Evidentemente era imposible calcularlo porque la aversión es algo subjetivo que no se puede cuantificar a pesar de que muchas encuestas ya vislumbraban que Kast era uno de los candidatos menos competitivos a raíz del grado de rechazo que provocaba (el más elevado de todos). De tener esto claro, la respuesta más lógica hubiese sido actuar en terreno con más fuerza, pero como ya sabemos esa no fue la salida que tuvo su comando.

Además, otro apunte importante es que, si en la primera vuelta los grandes ganadores fueron Kast y Parisi, mientras que Boric estaba en una posición de victoria pírrica (o derrota, depende del punto de vista), ahora los papeles se invierten. Boric se hizo de liderazgo, aupó en su figura a millones de chilenos, a toda la izquierda, y fue capaz de convocar un nivel de participación elevadísimo que no se recordaba en el país, Parisi pierde en tanto queda claro que no está conectado con sus votantes y que por ende su liderazgo no es el que se pensaba, y Kast desde luego, perdió las elecciones con un margen tan amplio que bastante antes de terminar con el conteo ya reconocía su derrota.

Finalmente, el resultado de estas elecciones fue más una continuidad del octubrismo como se le llama que otra cosa. La izquierda en conjunto viene ganando desde el pasado 2020: el plebiscito, la elección a gobernadores, alcaldes, constituyentes y la elección presidencial, el único revés fueron las elecciones parlamentarias, sin embargo, las cartas ya están echadas y ahora toca saber cómo negociar con ellas.

Por una parte, todos los partidos y bloques deberán prepararse para el año que viene, un año caracterizado por muchos cambios políticos especialmente si se aprueba la Convención Constituyente (y aparentemente todo dice que ese será el destino). La centroizquierda otrora dominante, es ahora un hermano pequeño del Frente Amplio y el Partido Comunista, pero un hermano pequeño valioso, sin el cual no podrán gobernar, su rol en el parlamento estará expuesto a un tira y afloja entre los elementos más moderados y centristas (especialmente desde sectores de la DC) y otros más progresistas cercanos al socialismo y a los ideales del Frente Amplio, su disyuntiva será si ser la voz de la moderación dentro de la izquierda, o sumarse a esta marea con tal de volver a tener protagonismo. El Frente Amplio está en una disyuntiva similar, más a la izquierda que el PS, el PPD y sobre todo la DC, aunque también mantiene una visión política mucho más liberal y un reformismo menos radical que el Partido Comunista, de momento es la representación más fidedigna (dentro de lo posible) del estallido popular institucionalizado en el Congreso y en el gobierno, su objetivo es lograr cambios, tienen una responsabilidad programática importante y esto les pesará desde el primer día, pero también deberán mediar entre la derecha, la centroizquierda, el partido comunista, la Convención Constitucional y las fuerzas sociales, del mismo modo, el Partido Comunista muy probablemente mantendrá un enfoque pragmático, buscando la concreción del programa político que ellos también refrendaron, su papel es el de ser más papistas que el Papa.

En síntesis. La disyuntiva dentro de las izquierdas está en encontrar una correcta y eficiente posición dentro del proyecto postneoliberal. Mientras la centroizquierda tenderá a buscar una alianza con el Frente Amplio o, buscar una moderación con respecto al mismo, el Frente Amplio necesitará hacer de su proyecto viable consiguiendo cumplir con una serie de objetivos mientras media entre la centroizquierda, la izquierda extraparlamentaria y el Partido Comunista. Este último se verá determinado a ser el más apegado al programa, su comportamiento estará vinculado a su desarrollo y con toda probabilidad, a criticar todo desvío de sus aliados al momento de realizar concesiones. En otras palabras, frente a la marea del cambio las posiciones se definirán en relación a dicho proceso, la izquierda no oficialista deberá decidirse si apoya o no este proyecto, la izquierda oficialista deberá definir cuánto están dispuesto a abandonar de su programa en pro de la gobernabilidad.

Por otra parte, la derecha tendrá que saber con quien ir y estar. Si bien es cierto, Kast ha demostrado ser un líder dentro del sector mucho más fuerte de lo que se creía, también es cierto que dentro de la centroderecha se perpetúa mucha reticencia. No es claro todavía si RN y Evópoli vayan a acercarse más con el Partido Republicano. Obvio, todos estarán en contra del camino que tome la izquierda, pero el enfoque será importante. O bien un enfoque liberal en lo económico, conservador en lo social y autoritario en lo político, o bien un enfoque liberal en lo económico, más progresistas en lo social y democrático en lo político. La centroderecha deberá definirse, puede que haya un distanciamiento interno entre ellos y también con el Partido Republicano, el cual por su parte muy probablemente mantenga su tónica y vuelva a su radicalidad inicial para así mantener su esencia y diferencia. Si hay algo que puedo dar por hecho, es que en conjunto criticarán a la izquierda, lo que no puedo asegurar, es cuán aunados estén entre sí por las diferencias de visiones políticas y sociales tan marcadas. El 2022 será el año de la definición derechista.

La disyuntiva dentro de las derechas no es su oposición al proyecto de las izquierdas postneoliberal, esta oposición es obvia, a pesar de que no lo acepten lo cierto es que ya deben tener más o menos claro que el modelo instaurado por Pinochet tiene fecha de caducidad. Las definiciones internas que marcarán la política de este bloque en 2022 vienen dadas por su propia cosmovisión ideológica del proyecto que buscan. Liberalismo y conservadurismo pueden compartir espacios, pero solo hasta cierto punto, hay asuntos, palabras, gestos y movimientos que no son aceptados ni por uno ni por otro, ¿cómo podrá Evópoli mantener su postura liberal clásica de la mano de discursos como los de Johannes Kaiser otrora diputado del Partido Republicano? ¿Cómo se puede compatibilizar un ideal democrático con el peso de Pinochet que todavía prima en muchos miembros de su bloque, especialmente en la UDI y el PR? Todos estos conflictos pueden verse minimizados e invisibilizados en la medida que su posición común anti-izquierda sea más ruidosa, pero la definición es inevitable tanto de cara a sus militantes como electores. ¿Cómo se puede convencer a los electores de Evópoli que son un partido moderno, liberal y democrático si pactan y se suman a los movimientos de los republicanos? ¿Cómo se puede convencer a los electores del Partido Republicano que siguen siendo los fueles representantes de la derecha histórica si por una parte critican la “dictadura gay” (por ejemplo) y por otra sus aliados celebran la aprobación del matrimonio gay? La alianza fue momentánea, pero para poder sostener sus proyectos el Partido Republicano, UDI, RN y Evópoli deben revitalizar su propio ideario so pena de extinguirse y ser absorbidos.

El Partido de la Gente está en una incómoda posición. Son nuevos y han obtenido muchos votos casi sin invertir en su campaña, pero también deben demostrar que sirven más que solo para criticar, para ello deberán evidenciar un trabajo que genere réditos políticos. Solos no pueden hacer nada, pero a la vez pueden jugar como un partido bisagra entre la izquierda y la derecha, aunque, este juego puede ser el más arriesgado si el electorado termina rechazando un amarillismo, tampoco tienen asegurada una victoria si se acercan más a la derecha o a la izquierda porque su discurso inicial podría esfumarse. Están en una disyuntiva. Guste o no, está al medio. El centro político es un lugar tan importante como arriesgado. Es el lugar que en su momento ocupó el Partido Radical y el Partido demócrata cristiano, y el mismo es estratégico pues sirve de puente entre el oficialismo y la oposición, entre la derecha y la izquierda, el avance y retroceso, etcétera. Para que dicha posición sea sostenible las decisiones tomadas deben ser lo más certeras. En este aspecto no hay recetas de éxito universal, la Democracia Cristiana ejerció durante años ese podio con un indiscutido éxito político, pero también tenemos otros casos donde ese centro se construye muy rápidamente y debido a decisiones erradas el resultado es el fracaso, como ocurrió con Ciudadanos en España tras su negativa a formar un gobierno con Pedro Sánchez y forzándolo al pacto con los nacionalistas. La definición de este partido está en aclararse cómo crean y exponen su lugar en el centro.

Por supuesto, detrás y de fondo de toda esta definición está la misma situación social. La marea, crisis, coyuntura socioeconómica marca tendencia, y en la medida que esta tendencia se fortalezca o debilite las posiciones no pueden ser ni muy programáticas ni muy electoralistas, cada partido, bloque o coalición deberá asumir un punto intermedio según sus propias proyecciones, diagnósticos y análisis.

Y, finalmente algo que no podemos olvidar, es que si todo es como creo y la nueva Constitución es aprobada, esta marea social de cambios se institucionalizará, un nuevo régimen político emergerá y el proceso de definición no hará más que extenderse.



Categorías:Chile, Política

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: