Chile, segunda vuelta

Como proyectaban en conjunto las encuestas, tras la primera ronda electoral en Chile tanto Gabriel Boric como José Antonio Kast resultaran los ganadores que competirán por el sillón presidencial en pocas semanas, lo que ahora observamos es el resultado de una diversa y aparentemente azarosa conjunción de acontecimientos que conllevaron este resultado, los cuales, para muchos (especialmente desde la izquierda) ha sido inesperado y ha generado un miedo inusitado al resurgimiento del fascismo que se observa tanto en los discursos de sus más importantes actores como en las mismas interacciones de las redes sociales. Pareciera que lo que se decidirá el 19 de diciembre será no solo el próximo presidente del país, además habrá una confrontación de fascismo contra democracia (en boca de muchos de sus representantes), volteando los conceptos incrustados en el discurso de la derecha más radical (libertad contra comunismo), muchos incluso han cuestionado la racionalidad del chileno al tender una mano a esta ultraderecha, y aun cuando esto sea un asunto de importancia, me parece que más importante es observar tres hechos que sí estaban presentes en diferentes sondeos, discursos, hechos e investigaciones: i) el llamado fin del octubrismo ii)  el declive de los partidos tradicionales de centroizquierda y centroderecha, iii) iel auge sorpresivo del Partido de la Gente con Franco Parisi como candidato, iv) y el vaciado contenido programático de los ganadores en esta primera ronda.

El resultado electoral fue más o menos el que esperaba. Los grandes perdedores fueron la centroderecha liderada por Sebastián Sichel y la centroizquierda liderada por Yasna Provoste. ¿Qué perdieron? Básicamente el dominio del eje político. Sebastián Sichel de liderar las encuestas y por diferentes factores ya analizados en este lugar como también en muchos otros, pasó a ocupar un triste cuarto lugar con casi un 13% de los votos, la Democracia Cristiana (partido de la excandidata Yasna Provoste) es una sombra de lo que fue, los diputados electos son una fracción insignificante en comparación a los que obtenía hace solo 10 años, ambos bloques han pasado a ocupar un peso secundario en el eje derecha-izquierda respectivamente. Los ganadores son Artés, Enríquez-Ominami, Kast y Parisi. El profesor Artés con su limitada campaña en términos técnicos, financieros y programáticos triplicó su votación, es decir para ser un partido básicamente forjado en la calle con un inexistente apoyo y una postura fuertemente estalinista (con visos chilenos, como no podía ser de otra forma) se ha vuelto mucho más fuerte (lo que abre la posibilidad de volverse atractivo de cara a otros partidos en búsquedas de alianzas electorales). Marco Enríquez Ominami superó el 5% que obtuvo en 2017 y casi alcanza el 8%, poco para algunos, pero suficiente para tener poder de negociación con el abanderado de la izquierda en segunda vuelta, su esfuerzo se compensa con un nivel de votación lo suficientemente relevante como para poner en práctica algunos de sus puntos programáticos y seguir siendo la voz de una faceta de la izquierda. José Antonio Kast se alzó como la primera mayoría, la única alternativa viable de la derecha, y aun si pierde en la segunda vuelta, su victoria marcará un antes y después de las relaciones de poder dentro de los partidos de derecha en el tablero político del país. Pero, sin lugar a dudas, el gran ganador de esta elección es Franco Parisi, un candidato que incluso sin poner el pie en Chile, haciendo campaña por redes sociales, con denuncias por el no pago de la pensión alimenticia de sus hijos, obtuvo la tercera posición con un 12.8% de los votos, votos que serán decisivos en la victoria de Boric o Kast, en otras palabras, la victoria del próximo presidente la tendrán los partidarios de un candidato hasta hace no mucho muy vilipendiado, su posición ciertamente se ha fortalecido, aparentemente las denuncias en su contra se han olvidado, y ahora es una persona que merece respeto desde todas las orillas.

¿Y Gabriel Boric? Pareciera que está en una posición similar a la de José Antonio Kast. Lidera en la izquierda con solo 2 puntos debajo de su rival, e incluso si pierde, será uno de los más fuertes líderes de la oposición (si es que no el más fuerte), sin embargo su victoria tiene mucho sabor a derrota, ya sea desde su comando como de sus partidarios, la pregunta que cabe es ¿por què? Y la respuesta es lógica, hasta hace unos 6 meses atrás, la izquierda dominaba. En las elecciones a Constituyentes y Gobernadores los bloques de izquierda y centroizquierda se impusieron y la derecha había quedado reducida a un aproximado e insignificante 20%, ahora en cambio los papeles se revierten en parte. La derecha ha pasado del 20 al 40% aproximado, o en otras palabras ¼ de las personas que votaron Apruebo en el plebiscito o que dieron su voto a candidatos no-derechistas, han optado por Kast o Sichel. La victoria de Boric es pírrica en tanto toda la izquierda se ha dado cuenta que el “despertar de Chile” no era consistente, estructural ni permanente, y que en menos de un año la tendencia que parecía abocada a un fin ha generado una reacción que convence a muchas más personas de las esperadas. No bastaba hablar de igualdad o derechos sociales, ese discurso se agotó entre mayo y noviembre de 2021, pero más importante, el ascenso de la derecha demuestra que hay una posibilidad (aunque poco probable todavía) que el plebiscito de salida pueda ser rechazado, con lo cual toda la coyuntura iniciada en octubre de 2019 se esfumaría. La victoria de Boric es pírrica y desmoralizante no solo porque fueron superados por solo 2 puntos por su rival, más bien porque hay la posibilidad de que todo su análisis estuviera errado desde un principio.

Muchos hablan que estas elecciones marcaron el despertar de la borrachera de octubre, un despertar resacoso y deprimente, pero en realidad siempre estuvo ahí. Los sondeos hace ya tiempo mostraban que el chileno sí quiere cambios, y muchos, pero estos cambios no tienen que ver con los ideales de la izquierda (al menos, no coinciden en un 100%, y sí, quizás, en un 50 o 60%). En algunos son cambios moderados, en otros mucho más radicales, y hay asuntos donde la coincidencia es nula, ya sea porque el chileno es más conservador, liberal o radical que la izquierda. Por ejemplo, la izquierda ha mantenido hasta hace muy poco un discurso dubitativo, zigzagueante o de un carácter extremadamente débil en aspectos como la delincuencia, el narcotráfico, la violencia en la Araucanía cometida por miembros de la etnia mapuche y también la inmigración, del mismo modo, el apoyo a las manifestaciones violentas se ha reducido tendencialmente desde octubre de 2019 a la fecha, sin embargo, la izquierda desde Provoste, pasando por Enríquez-Ominami y Boric, hasta Artés, mantuvo una postura poco clara y consistente, desde luego alejada de lo que la mayoría de los chilenos han manifestado. El peso de la Convención Constituyente no es menor, la violencia sectorial en la Araucanía, las barricadas, la destrucción de negocios en el centro de la capital, e incluso el discurso maximalista sobre la eliminación o modificación de símbolos chilenos y  la expropiación de la propiedad privada, también ha ejercido presión en el resultado; el triste papel de convencionales como Rojas Vade, Elsa Labraña, Bessy Gallardo por una parte, y el ejercicio de La Lista del Pueblo por otra (esta última de modo transversal en la Convención como en la carrera presidencial en sus inicios) reflejan esta dinámica que no ha hecho más que descapitalizar la fuerza discursiva de la izquierda en buena parte de la ciudadanía. No nos equivoquemos, el gobierno de Sebastián Piñera sigue siendo altamente impopular (una mochila que Sichel lamentablemente no pudo cargar), pero la posición de José Antonio Kast se benefició tanto de esto (capitalizando el voto de la derecha tradicional) como del descrédito de la izquierda representada en la Convención Constituyente como en sus candidaturas, especialmente Boric.

Gabriel Boric hizo una campaña bastante pobre, y aunque no es de mi interés esbozarlo con detalles, basta recordar que durante sus primeros debates su posición fue muy débil evadiendo preguntas o manifestando un débil manejo con respecto a los números económicos que cualquier candidato a la presidencia debiera manejar con una somera claridad. Aun así, otros asuntos han pesado bastante más. Si nos atenemos a los datos de encuestas y sondeos, el chileno promedio no mantiene la misma preocupación que la izquierda defiende en aspectos como los derechos humanos o los pueblos indígenas y sí con otros donde la derecha ha sabido proteger de modo más coherente y convincente. El problema en este aspecto es que la izquierda, es izquierda. Y es izquierda porque su base ideológica se cimenta en una red de creencias alejadas de la realidad común, idealizan a ciertos actores como el pueblo nación Mapuche intrascendente en número de votos, y cuyo comportamiento político es divergente y muchas veces exageradamente sectario, o también al poblador como sinónimo del pueblo chileno, representando a la clase trabajadora como si toda esta viviera en sectores, comunas o poblaciones estilo La Victoria, y por supuesto, abrazan ideologías de corte feminista o postestructuralistas que tampoco mantienen el vínculo con las prioridades del chileno de a pie.

Reitero, los datos indican que el chileno sí quiere cambios, pero estos cambios no son (en general ni mucho menos al unísono) lo que busca la izquierda. Los datos indican que el chileno quiere al igual que la izquierda mejorar asuntos sociales como las pensiones, la salud y los salarios, pero también desea paz ciudadana, seguridad, y resolver problemas contingentes como la inmigración o la violencia en la Araucanía venga de donde venga. La derecha no ganó porque la sociedad se derechizara, más bien porque la sociedad ha perdido la confianza parcialmente en la izquierda… pero las prioridades de la derecha tampoco coinciden con las prioridades del chileno promedio, esto también figura en los resultados de los diferentes sondeos, la derecha no recoge en sus programas los asuntos más dolorosos en materia social del chileno, llámese pensiones, salud o trabajo, especialmente el planteamiento de José Antonio Kast es profundizar un modelo que no los prioriza.

Que Gabriel Boric y José Antonio Kast sean los líderes en los resultados derrotando holgadamente a Yasna Provoste y Sebastián Sichel demuestra una cosa, el país cambió. Sea que se prefiere a uno u otro, la tradicional centroderecha y centroizquierda ha visto su poder político reducido a mínimos existenciales. Y, aun cuando la derecha en su conjunto ha recuperado terreno electoral, obtuvo un porcentaje y número de votos casi idéntico al de hace 4 años. Parte de la derecha puede haber reaccionado como efecto del octubrismo, pero eso no es lo mismo a decir que el país se ha derechizado. En términos de elecciones presidenciales, la mayoría de los candidatos proponían cambios esenciales en el modelo, con excepción de José Antonio Kast y en menor medida Sichel; Franco Parisi en cambio, si bien es cierto mantiene un programa macroeconómicamente similar al de la derecha, también posee un discurso anti-élite.

Franco Parisi sorpresivamente obtuvo el tercer lugar de esta elección superando por muy poco a Sebastián Sichel a través de una campaña prácticamente gratuita en comparación. No puso pie en el país en ningún momento, todavía sigue en Estados Unidos. Su campaña se focalizó fuertemente en redes sociales (especialmente abriendo espacios de discusión en YouTube con conocidos divulgadores políticos chilenos), en este aspecto fue en contraste la campaña más moderna. Si bien estos atributos fueron clave en su resultado, la esencia va más allá ya que no basta con destacar los medios con los que canalizó sus ideas, sino además sus ideas.

Su programa no destaca del resto ni por el argumento social (ya que sus propuestas no son las más desarrolladas), ni por el económico (básicamente el juego macroeconómico, la estabilidad presupuestaria, la reforma tributaria ya estaba presente en otros programas), ni mucho menos por asuntos donde la derecha domina (como la seguridad cívica o la inmigración), ¿qué diferencia a Parisi del resto? O, mejor dicho, ¿por qué hubo un 12% de votos que se decantó por Parisi y no por Sichel, Kast, Boric o Provoste? La clave está en su discurso antipolítico, anti-izquierda y anti-derecha. El voto a Parisi vino principalmente de la zona norte y del segmento socioeconómico C2 (ingreso hogar promedio de $1.500.000), seguido del DE (ingresos promedio de $560.000 por hogar), mayoritariamente hombres y con un perfil universitario y técnico, según Criteria. Según los datos de Activa (Pulso Ciudadano 22 de noviembre), el perfil político del votante no coincide con ninguna posición política y con ningún bloque con la excepción del Partido de la Gente (33.5%), en un 63% se considera ni partidario ni opositor del gobierno (más del 48% a nivel nacional) aun cuando el 84% desaprueba el gobierno de Sebastián Piñera, y entre sus principales prioridades se encuentran las pensiones (34.3%), la delincuencia (27%), salud (24%), inflación (22%), vivienda (21.2%), inmigración (20.4%) y corrupción (18.7%), siendo pensiones y viviendas prioridades bastante más importantes que el promedio nacional. El voto de Franco Parisi es el voto del desencantado antipolítico profesional técnico de clase media en la zona norte del país.

Si observamos su programa electoral, cabe destacar que margen aparte de algunas propuestas poco realizables (como reducir en US$ 15 mil millones el gasto público limitando sueldos políticos y administrativos de empresas públicas para destinarlo a educación, salud y pensiones), este se centra en cinco pilares: Democracia verdadera, igualdad, industrialización, medio ambiente seguro y descentralización administrativa, con medidas que destacan como la creación del sistema público SEP, en la cual el 80% de los cargos directivos debieran ser ocupados por mujeres; la fiscalización a las municipalidades limitando el pago de horas extra y también la remuneración política a un tope de 5 millones de pesos (presidente incluido); gobernanza triestamental en todas las instituciones educativas que reciben financiación directa o indirecta por parte del Estado; una serie de medidas vinculadas al cuidado al medio ambiente, la reforestación y la promoción de energías renovables, también se pretende proteger al trabajador del despido apelando a la “libertad de conciencia” en caso de objetar o no realizar una orden de su jefatura directa o indirecta, entre una serie de propuestas adicionales. Su programa entonces, puede sintetizarse en una posición del espectro ideológico en un punto que no está ni muy a la derecha ni muy a la izquierda. Es políticamente mucho más liberal de lo que José Antonio Kast propone. Es económicamente mucho más promercado de lo pretendido por Gabriel Boric, aunque no plantea una reducción de impuestos tan drástica como la de Kast y a la vez propone un papel más activo del Banco Central emulando la FED. Y en términos sociales plantea incrementar el gasto en educación, salud y pensiones en US$ 15.000.000.000 manteniendo un equilibrio presupuestario, proyecta un sistema de pensiones al estilo canadiense, democratización en diferentes ámbitos, así como un incremento del peso de la mujer en las empresas públicas. El programa de Parisi (añadiendo a la vez sus diferentes propuestas enunciadas fuera de éste), es de centro. Pero un centro populista, que marca su distancia con la derecha y la izquierda, lo cual ha sido un factor decisivo al momento de capitalizar tal porcentaje de votos.

Lo que nos muestran estas elecciones es que el descontento sigue. Si bien, la derecha ha recuperado peso, se ha atrincherado en una posición más a la derecha, el centro tradicional se ha vaciado y en esta orfandad muchos electores han optado por votar por un candidato que es a la vez promodelo y antipolítico. Un candidato de centro populista.

¿Qué nos deparan las pocas semanas antes de elecciones?

Como era de esperar, inmediatamente conocido el resultado, tanto Boric como Kast apuntaron a sus sectores más cercanos de derecha e izquierda. Y en general la alianza se ha ido forjando, en algunos casos de una manera más expedita y sin condiciones (como ocurrió con el Partido Socialista) y en otros casos con una serie de garantías mínimas (como ocurrió con Sichel). Ambos candidatos han moderado sus perfiles en búsqueda del voto de centro, Kast aceptó al menos en parte las peticiones de Sichel, y Boric ha intensificado su discurso en temas como la seguridad pública, el narcotráfico y la lucha contra la violencia, grandes ausentes en su campaña de primera vuelta. En general ambos tienen apoyo de sus sectores más cercanos, sin embargo, para asegurar su victoria es necesario tener la carta de Parisi a su favor, y es allí donde ambos han intentado construir un puente.

El problema de este intento es triple. Kast representa a la élite política, y, si bien puede coincidir en algunos ámbitos (derechos sociales versus individuales, y derechos sociales versus seguridad económica), la imagen forjada en el abanderado conservador es algo que al votante promedio de Parisi puede significar una aversión mucho mayor, eso sin contar con la natural reticencia hacia una persona que ha hecho política partidista toda su vida. En segundo lugar, Boric presenta una imagen más inestable, que provee de unas promesas que pudiendo algunas coincidir con las necesidades del votante de Parisi, no mejoran la balanza, Boric en este sentido sigue siendo parte de la élite, y peor, de una élite que viene a cambiar las reglas del juego más allá de lo que muchos estarían dispuestos a permitir. Y en tercer lugar, es muy complicado que tras meses de trabajo mediático antipolítico, Parisi termine decantándose abierta e irrestrictamente a favor de un candidato, el costo podría ser muy superior al beneficio, en su lugar podría hacerse de una posición equidistante y apartada, como de hecho mantuvo durante toda la campaña.

Si Parisi se decanta por uno u otro, nada asegura que sus votantes vayan a tomar su posición. Además el costo en el mediano plazo de correr con el riesgo de apoyar un gobierno que puede no tener los mejores resultados es un riesgo poco alentador. Aun si cabe, el apoyo de Parisi a cualquiera de los candidatos implicará una serie de modificaciones a su agenda programática, y ese riesgo corre tanto para Boric como Kast, una posible alianza, aunque tenue, conllevaría modificar todavía más su propia hoja de ruta. Esto último es un riesgo de mediano plazo, no de corto plazo, y se debería amortizar durante todo el período presidencial.

Las posibilidades que quedan son las que siguen:

  1. Que Franco Parisi no se decante por ninguno de los candidatos, manteniendo su independencia y discurso. Esto significaría mantener la imagen ya asentada, es seguro, pero en un juego de win-lose, el resultado es cero. Este escenario a su vez se divide en otros menores, como entregar libertad a sus votantes para decidir por quien votar, o no votar, o continuar rechazando a la élite política.
  2. Apoye tenuemente a uno, ya sea en términos directos o indirectos (como focalizar sus críticas o negarlas). En este escenario, a priori no hay una ganancia, o más bien la ganancia es no sumarse a la pérdida. Una pérdida expresada en términos de “no presentar una posición coherente frente a un eventual riesgo”. En este caso, la independencia se pierde en parte para evitar en una medida similar al juego partidista.
  3. Manifieste un apoyo directo y fuerte hacia un candidato. Esta opción es muy poco probable, ya que se traduce en negar todo lo que ya está dicho, pero es posible en tanto existan intereses, acuerdos o motivaciones que superen el costo a asumir. Parisi solo podría apoyar a un candidato si el mismo manifiesta cambios importantes en su eje programático, si no fuera ese el caso, el movimiento sería contraproducente y el resultado muy incierto.

Estas son las opciones de Parisi vistas desde un punto racional, evidentemente, hay otras pero ya no caben en la descripción y definición anterior. El mimetismo, la mentira o el travestismo político siempre es atractivo tanto como un fraude en lugar de jugar con reglas claras. Comenzar a actuar en tales términos marcaría un fin en su apuesta “antipolítica”. Cada una de estas opciones conlleva un riesgo mayor que la anterior y también un beneficio. Todas son posibles, y dependerá de cómo se desenvuelvan los candidatos durante las próximas semanas. De momento, cada uno participará en su programa streaming, Bad Boys, y es de esperar que concluidos se diluciden las opciones escogidas. Tampoco hay garantía de que el voto de Parisi cambie si el excandidato así lo determina, el juego es doblemente arriesgado.

Por supuesto, ni a Boric ni a Kast les saldrá barato tener el apoyo de Parisi, su propio eje programático y futuro gobierno deberá cambiar, aunque, en vista de que nadie obtuvo mayoría en el Congreso, y que cada uno ya tiene el apoyo de su sector (porque la apuesta de cada sector es combatir el fascismo o el comunismo primero que todo), esto solo implicaría adelantar lo inevitable. Ya sea por la necesidad del apoyo de Parisi y el PdG, o por la fuerza de la realidad de no poseer mayoría parlamentaria, cada sector volverá a gobernar en la medida de lo posible, esto es, con miras hacia el centro. No obstante, un centro muy diferente, con otras prioridades y filiaciones.

El contenido programático de la izquierda y derecha radical (en términos de Cas Muude) se está vaciando. Desde el comando de Kast se ha dicho que las condiciones de Sichel ya estaban en el programa del candidato, la centroderecha ha manifestado apoyar a Kast pero siempre recalcando la necesidad de centrar su propio programa, esto es, no tanto no mucho; la reducción de impuestos o la carga conservadora debe balancearse. Desde el comando de Boric, a pesar del apoyo unánime de la izquierda desde Lagos hasta Jadue, también se están revisando sus propuestas (o al menos así lo ha dicho el mismo candidato), ciertamente la dirigencia del Partido Comunista y Giorgio Jackson pueden escribir misa, pero los hechos son los hechos.

Desde ya hace un tiempo, la intelligentsia de derecha e izquierda en Chile ha cuestionado la viabilidad programática de ambos candidatos tanto en asuntos políticos como económicos, y el mismo Parisi ha dicho que el programa de Boric no es viable económicamente mientras que el de Kast no lo es políticamente, se puede esgrimir qué la economía está por sobre la política o viceversa, pero en general no se puede gobernar solo a punta de un pilar, conforme pasan las semanas se hace más evidente que los mismos límites que ejerce el capital se manifiestan en hechos tan concretos como el rechazo al cuarto retiro de las AFP convergiendo hacia el centro.

Si hay algo que podemos sacar al limpio de todo esto, es que en un régimen de capital, los cambios siempre son en la medida de lo posible, la política puede revolucionarse, pero el límite siempre lo marca el capital.



Categorías:Política

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