Un inciso Rallo – Vaquero

Juan Ramón Rallo, doctor en economía, ha respondido a un vídeo de Roberto Vaquero, secretario general del Partido Marxista-Leninista (Reconstrucción Comunista), geógrafo e historiador, en el cual su idea principal es refutar la afirmación de Vaquero sobre la contradicción irreductible entre el capitalista y el obrero como clases antagónicas, para ello Rallo apostó por una serie de hechos fácticos y argumentos lógicos que demostrarían lo falsable que es la teoría marxista de la lucha de clases como fenómeno consustancial en el capitalismo. Mi objetivo central es contradecir la afirmación de Juan Ramón Rallo (desde ahora JCC) mediante el uso de argumentos lógicos y hechos concretos, para ello primero contextualizaré el debate entre ambos individuos y luego complementaré ciertas visiones entregando una posición más completa de la teoría de la lucha de clases como fenómeno dialéctico y contradictorio. Como concibo que un primer problema en el debate es que tanto JCC como RV (Roberto Vaquero) no explican correctamente en qué consiste la lucha de clases, ya sea por desinformación o ausencia de habilidades pedagógicas en la fabricación de sus vídeos, partiré tocando asuntos elementales.

Lo elemental, la lucha de clases

Antes de todo, es importante explicar aspectos esenciales. Cuando JRR habla de una relación complementaria entre las clases sociales, fundamentalmente la capitalista y la trabajadora en el proceso de producción económico, ciertamente apunta a un hecho objetivo, esto es, que mediante el proceso de producción que implica el trabajo obrero socializado, salen beneficiados tanto los trabajadores como los capitalistas en tanto ambas partes obtienen una porción del producto final, mientras los trabajadores obtienen salarios, los capitalistas obtienen sus ganancias (beneficio empresarial, plusvalía, excedente, etcétera). El error está entonces, en pensar que la relación de oposición contradictoria se encuentra en que el proceso para que sea contradictorio y opuesto, significase o bien una relación perjudicial para los trabajadores, o bien una imposición unilateral donde el trabajador se ve obligado a vender su fuerza de trabajo.

Esta no es la idea que se presenta en Marx, es decir, la lucha de clases no se limita a que una clase sea perjudicada en términos absolutos durante el proceso productivo, todo lo contrario, se reconoce abierta y explícitamente que el capitalismo en su condición revolucionaria desarrollas las fuerzas productivas, eleva los niveles de vida y potencia el progreso más que ningún otro sistema, el asunto es por tanto más complejo. La oposición de clases, la contradicción y la relación contradictoria es dialéctica, esto quiere decir que es tanto necesaria, determinada y objetiva, como también explosiva en sus mismos genes que se constituyen desde que nace. Las clases se deben asociar en una relación determinada porque no hay opciones viables ante condiciones determinadas, pero esta relación implica contradicciones toda vez que el trabajo es la única fuente del valor y el capitalista se apropia de una parte de éste para continuar su circuito de acumulación, es allí donde nace la contradicción, por este motivo, toda la dinámica posterior está irremediablemente destinada al conflicto.

En otras palabras, no se trata de que el trabajador se vea perjudicado en su totalidad por su relación con el capitalista, ni se trata de observar esta relación desde un punto de vista maniqueísta tal que los trabajadores no necesitan al empresario, más bien los trabajadores necesitan al empresario pero esa necesidad es contradictoria porque son ellos quienes son los que generan el valor. La contradicción emana finalmente de la propiedad sobre los medios de producción, es por tanto, una cuestión que se podría reducir a relaciones intrínsecamente materiales.

En efecto, en las condiciones actuales se puede asumir y afirmar que el trabajador no podría emprender la acumulación sin el capitalista, como bien indica JRR, pero ello no significa que esta relación no sea contradictoria en su seno, ya que necesaria o contingente, el hecho es que hay intereses contrapuestos que siendo públicos o no, subyacen esa relación. En un ejemplo más simplificado, podríamos suponer una relación familiar de tipo tribal conformada por 50 individuos y que está altamente jerarquizada, en esta, la cabeza la posee el padre de familia cuyos intereses son diversos pero fundamentalmente todo se reduce a mantener un eje de acción que lleve al sostenimiento de la familia, sin embargo este interés general, compartido por todos los individuos (todos quieren que la familia se mantenga porque dependen de ello), se concreta en ideas secundarias como el trabajo de sus individuos en el negocio familiar, no obstante, algunos de sus hijos no consienten que esta sea la mejor opción para la familia ya que ellos optan por un trabajo más diverso donde algunos integrantes puedan optar por estudiar con ayuda de la familia y terminar trabajando fuera del negocio familiar, aunque siempre manteniendo una relación de apoyo mutuo. Tenemos entonces una relación de cooperación (todos necesitan de la familia), pero conflictiva (algunos quieren seguir al padre y otros quieren seguir al hijo), ambos conceptos -cooperación y oposición- forman parte de una misma realidad, pero no rivalizan ni se oponen al principio de no contradicción filosófico tal que A es A y no A, sino más bien A es A y A es no A, por eso es importante entender primero que todo cómo opera la dialéctica en toda la obra teórica de Marx y Engels.

Lamentablemente este último punto está muy poco estudiado tanto por marxistas (entiendo que RV está más especializado en la historia lo que podría entender que no se ha introducido ni inmerso en una lectura tan compleja como puede ser la dialéctica hegeliana) y mucho menos por liberales (JRR no ha demostrado un entendimiento profundo de la teoría de Marx, ergo es de esperar que un asunto tan complejo como las relaciones dialécticas, que ni los marxistas consideran de prioridad, no esté en su foco), y ello conlleva a que finalmente estos debates tiendan a galimatías constantes.

Es importante aclarar qué significa la relación dialéctica contradictoria entre clases pues la misma permite entender fenómenos sociales de gran envergadura en la historia y en el presente que se terminan leyendo de un modo muy maniqueísta, por ejemplo, cuando se dio la revuelta popular en Chile, la intelligentsia burguesa no fue capaz de entender cómo un país en crecimiento, con baja tasa de desempleo y pobreza en mínimos entraba en un conflicto tan potente, se buscó respuesta en un intervencionismo internacional (cómo no, de Cuba y Venezuela), o de la perversión de cultura extranjera (como el KPOP), algunos sociólogos más centrados y serios prestaron más atención a teorías como la trampa del ingreso medio o la transformación de la juventud chilena que demandaba un reparto más equitativo de la torta, sin embargo, esta sorpresa que se lleva la burguesía de cara al análisis materialista histórico no es nada que nos descoloque ni nos motive asombro, ya que es natural, cíclico, consustancial, luego muy esperable.

Hasta aquí, no estoy señalando en ningún caso que la teoría de la lucha de clases en Marx tenga certeza o no, o al menos más certeza que otras teorías, solo estoy indicando que tanto RV como JRR no están debatiendo el argumento central que sostiene la relación dialéctica de clases en el capitalismo, por tanto es de esperar que frente a próximas respuestas, el debate se convierta en un diálogo de besugos.

Marx inoculó el virus de la conflictividad social dentro del capitalismo

Son palabras de JRR, tal cual.

Sin embargo, es menester primero contextualizar esto. La conflictividad social no nace a mediados del siglo XIX, lo que nace a mediados del siglo XIX es una conflictividad social donde la clase obrera actúa de manera organizada y más independiente, entre el término de la revolución francesa y 1848 la clase obrera, todavía muy poco desarrollada y sin mucha diferencia del lumpenproletariat mantenía claros comportamientos conflictivos, pero no era ni determinante ni dominante en el conjunto del conflicto, luego de 1848 el cambio radicó en el protagonismo de esta.

Entonces, por una parte afirmar que Marx “inoculó el virus de la conflictividad social” es un error histórico toda vez que el virus siempre estuvo allí, ya sea entre clases propias a otros sistemas históricos (campesinos y señores), o entre clases antes de la revolución industrial.

Si el mismo ya existía, es de esperar que el conflicto que se intensifica con el desarrollo de la clase proletaria tras 1848 tenga que ver con condiciones similares (no iguales) que con anterioridad ocasionaron otros compromisos. Incluso, si el trabajo político de Marx fue clave para ver a una clase trabajadora organizada durante la segunda mitad del siglo XIX, ¿es posible concebir siquiera la idea que una persona pudiera inocular un virus social en toda una sociedad durante más de 150 años? Para que una idea cuaje en una sociedad, ante todo, esta idea debe tener cierta recepción y aceptación, por eso en las sociedades desarrolladas del norte de Europa en la primera mitad del siglo XX la clase obrera tendía antes a la socialdemocracia que al comunismo, porque les era más útil confiar en mecanismos democráticos liberales que en una lucha organizada, y es por eso que en el capitalismo más desarrollado no era viable una revolución y sí lo era en Rusia. Las ideas no crean condiciones, son las condiciones las que crean ideas y/o las usan y adaptan. Y esto sí que se encuentra fundado en evidencia empírica. Del mismo modo que no podemos aceptar como argumento serio que el fascismo surge porque tanto Hitler como Mussolini inoculan en sus respectivas sociedades el resentimiento y el racismo ya que ambos ya estaban instalados y no nacieron por obra y gracia de ambos sino que son Hitler y Mussolini, quienes, surgen en una sociedad donde el resentimiento y el racismo ya estaba muy cimentado y consolidado a raíz de una serie de antecedentes, tampoco podemos decir que es Marx quien inocula el virus de la conflictividad, primero porque (como ya dije), esta ya existía, y segundo porque en tales condiciones sociales (muy estudiadas a nivel sociológico e histórico) eran tan extremas que fueron un caldo de cultivo para el conflicto, en otras palabras si no era Marx, hubiera sido otro, el conflicto estaba determinado, y al mismo tiempo Marx es hijo de su tiempo, por lo tanto es hijo de unas condiciones materiales dadas, no es él quien crea o inocula el conflicto, solo es una persona que lo denuncia abiertamente.

De igual forma, parece muy poco probable que teniendo tantas huelgas, marchas, protestas, rebeliones al año en muchos países con diferentes realidades económicas, históricas y geográficas, la causa común (o una de ellas) sea que detrás del conflicto hubo un marxista… la petición de principio, non sequitur y generalización apresurada son las únicas formas lógicas para sostener menudo argumento.

Conclusión

Ya sea para defender el materialismo histórico, como también criticarlo, es necesario conocerlo, y esto implica más que ceñirse solo a afirmaciones como “el obrero no necesita al capitalista”, “no el capitalista y el obrero se necesitan y son cooperativos”, finalmente el debate se reduce a lo que en el siglo XIX sucedía entre la ultraizquierda y los liberales. El conocer implica un nivel de aprendizaje básico y por lo mismo previo a la comprensión y aplicación, al momento de planificar objetivos de aprendizaje no puedo saltar a la habilidad sin antes pasar por el conocimiento (¿sería posible conducir antes de conocer qué es lo que se conduce?), y este es un problema fuerte en muchos sectores marxistas leninistas y liberales.



Categorías:Sociología

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