Los problemas de la (centro) izquierda

A menos de un mes de las elecciones presidenciales en Chile hay dos hechos que son claros, por un lado nuevamente todo se resolverá en una segunda vuelta, y por otro, el centro político parece que ha perdido más que nunca en la historia desde el retorno a la democracia validez a nivel ciudadano, lo cual, parece poner en aprietos a la izquierda con posibilidades de alcanzar la segunda vuelta.

Yasna Provoste, diputada de la Democracia Cristiana y candidata de Unidad Constituyente (pacto electoral que incluye al Partido Socialista, el Partido Radical, al Partido por la Democracia, a Ciudadanos y al ya mencionado partido demócratacristiano), se encuentra según las encuestas en un tercer lugar, habiendo superado al candidato oficialista Sebastián Sichel, aunque, aparentemente muy detrás de los dos candidatos que lideran esta carrera, Gabriel Boric y José Antonio Kast.

Gabriel Boric, diputado y candidato de la coalición Apruebo Dignidad (integrada a su vez por las coaliciones Chile Digno, Soberano y Limpio, conformada por el Partido Comunista y Federación Regionalista Verde, y el Frente Amplio conformado por los partidos Comunes, Revolución Democrática y Convergencia Social), hasta hace poco lideraba las encuestas, pero ha pasado a un segundo lugar siendo superado por José Antonio Kast.

Ambos candidatos se encuentran entre la espada y la pared en estos momentos, necesitan ganar más intención de voto pero a la vez temen perder el apoyo que ya poseen. Este problema se debe a que, llegado a un punto determinado, no se puede seguir ganando intención de votos si no matizas las ideas, cedes en algunos puntos, o logras encontrar consenso en otros. En otras condiciones, mantener un programa político relativamente intacto, objetivado en ideas coherentes en discursos y debates, puede dar frutos siempre que ese programa y esa candidatura, tengan un nivel de aceptación de cara a la ciudadanía lo suficientemente contundente como para cumplir el objetivo previsto, fue el caso de Bachelet en 2013 o de Díaz Ayuso en la comunidad de Madrid este año. Cuando las marcadas diferencias se bifurcan en diferentes opciones esta tentativa estrategia político-electoral pierde sentido una vez se toca el techo, un techo que como digo está muy por debajo de la seguridad mínima para lograr y consumar objetivos.

En el caso de José Antonio Kast, esto es más simple, su posición se explica por una estrategia que busca hacerse con los votos de la derecha, la centro derecha y el votante indeciso o disconforme, su discurso y promesas electorales tienen que ver con una oposición hacia el oficialismo (de derecha también), y contra una izquierda que desde octubre de 2019 (o desde 2014, dependiendo del enfoque) se ha radicalizado. Es relativamente fácil para él tener clara las cartas a jugar: tiene que estar más a la derecha que el candidato oficialista y ser lo suficientemente crítico con la izquierda pero a un punto no tan radical como para no perder ni los potenciales votos de estos ciudadanos indecisos, ni lo suficientemente blando para perder los votos del ciudadano históricamente derechista. Las condiciones actuales juegan a su favor, el desprestigiado gobierno pesa sobre la espada de Sebastián Sichel y sus propias contradicciones y errores lo han llevado a que su candidatura caiga en picado en igual proporción que el ascenso de Kast. Como las condiciones están a su favor, en el mejor de los casos se hace con la presidencia y reconfigura todas las redes dentro de la misma derecha, y en el peor de los casos se vuelve el líder de la oposición y también reconfigura las redes internas de la derecha.

No es el caso ni de Provoste, ni de Boric. Ambos deben jugar sus cartas con el fin de obtener ya sea votos de la izquierda, o votos de la centroizquierda, no obstante, y a pesar de los últimos resultados electorales, el votante de centroizquierda mantiene una marcada diferencia con el votante de izquierda y de extrema izquierda, lograr que un solo proyecto político logre consensuar las tres ideas es complicado, imposible en el papel y no tan difícil en el discurso. El programa electoral de Yasna Provoste está lejos de parecerse al de Bachelet en 2005 siendo más similar al de Gabriel Boric, lo cual ya nos dice (como indican muchos analistas políticos) que su lucha ha ido en búsqueda de los votos de la izquierda que Boric hasta el momento posee, sin embargo, intentar competir por los mismos le puede jugar en contra, ¿cómo puedes convencer a un electorado de izquierda que tu candidatura es más confiable sin con ello perjudicar a tus electores de centroizquierda? Una opción es trabajar en el programa, en el terreno, y en la publicidad, pero el factor tiempo corre en contra, queda entonces la otra opción, ir a la yugular de tu rival más próximo en ese sector, es decir el mismo Gabriel Boric, aquí se puede entender que desde su equipo se haga mención al peligro potencial que reside en el partido comunista como aliado clave dentro de la coalición de Boric, es un arma de doble filo porque puede favorecer su objetivo, como también dar pábulo a los discursos de sus rivales de derecha; por su parte, Gabriel Boric también está en una encrucijada, su bloque está más a la izquierda de Provoste, pero no tan a la izquierda de aquellos potenciales electores que prefirieron votar por la Lista del Pueblo o los independientes fuera de partidos antes que en sus propios candidatos, si busca moderar sus palabras como lo ha hecho en los debates e incluso modificando su propio programa presidencial (el cual fue retirado de su página) con el fin de hacerse de votos centristas, puede ganar más intención de voto de la centroizquierda, pero perderlos en su sector o en el votante de extrema izquierda, pues, ¿para qué votar por un candidato que ahora es de centroizquierda si la misma ya existe y tiene una trayectoria de al menos 30 años y por ende una experiencia política muy superior?

Dentro de ambas coaliciones existen fuerzas que ejercen presión hacia uno y otro lado, y estas fuerzas se hacen presente con más esmero frente a hechos contingentes como ocurre ahora con el cuarto retiro de las AFP, Carolina Goic, diputada de la Democracia Cristiana, expresidenta del partido y candidata presidencial por el mismo en 2017, instó a no votar a favor del cuarto retiro a pesar de la posición de su partido y de su candidata presidencial, evidentemente si Provoste ignora esto y continúa en su senda marcará una pauta más a la izquierda de la centroizquierda, pero entonces el juego se vuelve riesgoso porque no sabemos cuán izquierda es la centroizquierda, el centro político está vacío y no hay un baremo desde donde analizar cuán extrema o no es una decisión política. Más o menos ocurre lo mismo con Boric, él, ha caído en lamentables contradicciones discursivas al momento de apoyar el cuarto retiro, inicialmente en contra, ahora se muestra a favor de éste, y si esto fuera poco, desde el partido comunista también han indicado públicamente que serán los primeros en preocuparse por el debido cumplimiento de su programa presidencial.

Ambos candidatos se encuentran en una encrucijada de la cual no pueden salir porque básicamente depende de factores estructurales que ellos no influyen ni modifican, son estos factores los que los influyen y modifican a ellos. No se trata que el debate del cuarto retiro, o mismamente el indulto a los presos de la revuelta se haya originado de ellos como consignas propias, es un debate que se instaló socialmente y que deben saber usarlo para cumplir sus fines políticos de cara a las elecciones presidenciales, y al tener el factor tiempo en su contra, no queda mucho margen de acción más que reaccionar según el barómetro social de cada segundo. Algunos indican que Provoste yerra al intentar hacerse con los votos de la izquierda pero, ¿realmente tenemos noción de cuál es el porcentaje de la ciudadanía que está en el centro? El único sondeo real fue la elección a constituyentes y gobernadores, donde la izquierda se impuso holgadamente, pero desde entonces la situación ha cambiado y la derecha figura en los sondeos con un cercano 50% de preferencias. En esas condiciones, es complicado creer que Provoste puede dirigirse al centro de modo transparente y confiada, porque hay muchas posibilidades de que esos actos lleven al riesgo de su propia candidatura, pero también muy a su pesar, la izquierda está con Boric (al menos así será con seguridad hasta las elecciones), ¿qué es lo que le queda? ¿Ir a por los votos de Sichel? Poco creíble, ¿ir a por los votos de la extrema izquierda? Mucho menos, solo le queda intentar mantener una política zigzagueante con un programa de izquierdas maquillado como centroizquierda que opera como centro de gravedad mientras planifica cada uno de sus movimientos estratégicamente para no perder la intención de voto de la centroizquierda como de la izquierda, lo cual irremediablemente le llevará a una pugna con Gabriel Boric. Este, por su parte, también mantiene su búsqueda por votos de ambos lados, pero la extrema izquierda directamente no confía en él, ni en su proyecto ni en su bloque, al menos así fue en las últimas elecciones, si es por la centroizquierda su tono más moderado, el cambio de sus propuestas (por ejemplo la inmigración) y su indecisión en asuntos claves (el ya mencionado retiro de las AFP), le conllevan llamados de atención de sus propios aliados, ¿cómo puede moderarse con el partido comunista en el seno de su coalición? Tampoco se ve posible que logra obtener votos más a la izquierda de su candidatura, ese techo ya lo marca la candidatura de Artés con quien se han definido las distancias, en estas condiciones, su indecisión puede conllevarle otros riesgos, como que su candidatura pierda seriedad.

La encrucijada de la izquierda no viene de la diferencia programática profunda (en esto hay mucha más coincidencia que hace 4 años), está originada en la imposibilidad por consumar una campaña con una temperatura estable, Boric intenta parecer más de izquierda que Provoste pero menos de izquierda que el Partido Comunista, Provoste intenta parecer más sensata que Boric a la vez que propone reformas muy similares y en el camino, ambos candidatos terminan moviéndose en un peligroso juego de suma cero. La derecha lo tiene claro, su objetivo es reaccionar en contra de las consecuencias de la revuelta popular, la Convención Constituyente, la herencia de Piñera y la derecha moderada, sin embargo la izquierda recién sabrá el 18 de noviembre cuán izquierda es la dosis correcta, hasta entonces, a veces habrá que ser de izquierda y otras de centroizquierda.



Categorías:actualidad, Política

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