Un inciso a la discusión Rallo – Garzón

Eduardo Garzón, Doctor en Economía y Empresa, profesor en la Universidad Autónoma de Madrid y en Jonh Hopkins University-Universitat Pompeu Fabra Public Policy Center, es uno de los más conocidos economistas que representan en España un pensamiento alternativo de la economía convencional, Juan Ramón Rallo, también Doctor en economía y profesor universitario, representa el otro extremo dentro del cual se destaca por el grado de audiencia y popularidad que posee. Garzón sigue la corriente de la Teoría Monetaria Moderna, mientras que Rallo se suscribe a la corriente austriaca de la economía, ambas, opuestas en muchos sentidos.

El 29 de junio se dio una pequeña discusión dentro de la plataforma de Twitter, que aunque menor en comparación al debate que se ha mantenido en otros lugares donde también han participado ambos economistas, modo personal me pareció muy interesante. Intentaré resumirlo antes de dar mis propias impresiones.

Eduardo Garzón (desde ahora EG), inicia el debate indicando que “en determinadas situaciones tener un superávit público acaba necesariamente en una grave crisis económica”, indica que si se divide la economía entre el sector público y privado, el superávit de uno es el déficit de otro, esto lo matiza luego destacando que “en el mundo no sólo hay dos sectores, el privado y el público, sino que hay un tercero: el exterior (…) Pero la identidad contable se sigue cumpliendo, sólo que ahora la balanza tiene 3 pesos en vez de 2”. Por este motivo dice, si en un sector hay un superávit de 100, la suma de los otros dos tiene que dar un déficit de 100, ejemplifica que puede darse el caso de que un Estado tenga superávit de 100, mientras el sector privado tiene un superávit de 20 en un contexto en el cual el sector exterior mantiene un déficit de 120, como ocurre en Alemania, Suiza o Corea del Sur. Ahora plantea el siguiente dilema “¿qué pasa con los países a los que no les llega dinero del exterior, sino que lo envían fuera, que por cierto son la inmensa mayoría? Pues que el dinero tiene que salir del sector público o del privado, por lo que al menos uno de ellos tiene que estar en déficit”, entonces “si queremos que el sector público tenga superávit, no queda más remedio que sea el privado el que tenga déficit.  ¿Y qué implica esto? Pues que se está endeudando; está obteniendo el dinero extra del crédito de los bancos que elevan su deuda privada”, lo que en este escenario devendrá en una crisis. Luego expone cómo diferentes países que registraron un superávit público a la par de déficit privados terminaron en crisis, menciona el caso español, los países asiáticos antes del 97, entre otros.

Juan Ramón Rallo (desde ahora JRR) presenta su propio punto de vista. Su exposición inicia intentando refutar la máxima identificada en EG, “el superávit público implica endeudamiento privado”, lo cual para él es incorrecto. Su exposición analiza principios simples de igualdad contable en macroeconomía:

PIB = C + I + G

PIB – T = C + I + G – T

Donde C es el consumo, I es la inversión, G es el gasto público y T es la recaudación tributaria, en este caso no se incluyen ni importaciones ni exportaciones porque está ejemplificando con una economía cerrada. Por esto, si restamos al PIB la recaudación, es lo mismo en términos contables, que restar a la suma de C, I y G el total de lo recaudado en impuestos.

Por lo mismo,

PIB – T – C = S

Lo cual significa que al restar al PIB la recaudación y el consumo, tenemos como resultado S, el ahorro privado. De aquí se desprende que,

(S – I = G – T) o (T – G = I – S)

Esto es, el superávit público implica déficit privado o viceversa. Hasta este momento, no veo ningún aporte a la exposición de EG, básicamente está indicando lo mismo solo que mediante un lenguaje econométrico. Ahora no obstante, es cuando JRR realiza su principal afirmación, “Es de esta última expresión de donde la MMT saca que no puede haber superávit sin endeudamiento privado (…) ¿Cómo puede ser la inversión mayor que el ahorro en una economía cerrada? ¡Con mayor deuda privada! (…) Pero no o no exactamente (NO es deuda privada con el sector privado, como afirma Eduardo)”, esto porque por una parte el superávit público es solo ahorro público, y recordando que I= S + (T-G), se demuestra que toda la inversión nacional se financia con ahorro privado y público, y además (T-G) “es la variación de la posición acreedora del sector privado contra el sector público” de allí a que según JRR el superávit público implica “o una reducción del saldo acreedor del sector privado contra el Estado o un aumento del saldo deudor privado en favor del Estado”, para JRR entonces, el gran error de EG es que un superávit público implica un endeudamiento del sector privado con el sector público, no del sector privado con el privado, por lo cual hablar de burbujas no corresponde.

Hasta aquí la discusión entre ambos economistas, aunque luego hubo otros intercambios, lo importante de ambas posiciones ya ha sido presentado, y paréceme que a pesar de lo interesante de los puntos tocados, y que ambas posiciones tienen muchos puntos a desarrollar y oportunidades de mejora, se enfrascaron en lo puntual y anecdótico, que si la deuda se asume con el sector privado o el público, o que no se puede mezclar datos intersectoriales con intrasectoriales.

Reduzcamos esto lo máximo posible.

Digamos que un país se compone de una familia que invierte al año $100, esta inversión a su vez se convierte en $100 de gasto por parte de otra familia. En este escenario el PIB se compone solo de dos elementos, I y C, por lo cual tenemos un PIB de $200, esto extremadamente simplificado. La identidad macroeconómica es PIB = I + C. Ahora supongamos que llega una tercera familia que por diferentes motivos impone la ley y el Estado, entonces parte a recaudar un 20% de los impuestos, por lo que $40 se los queda esta familia. El PIB sigue siendo $200, pero con la diferencia que ahora de ese pastel $40 quedan en la tercera familia, el PIB entonces es igual a I + C + G, ¿cómo? Pues porque los $40 que el Estado recauda también se usan en esta economía. Antes, sin el Estado, el equilibrio era claro y simple, I – C era por fuerza cero, ya que al ser una economía cerrada y de pequeños productores no había forma de impulsar la inversión o la misma demanda fuera de los márgenes de estas dos familias, ahora con el Estado el equilibrio sigue siendo el mismo. Estamos asumiendo que la familia gobernando recauda $40 y gasta $40, por tanto el resultado público gasto-ingreso es 0, lo mismo el balance del sector privado (80G – 80I).

¿Pero qué ocurriría si el Estado aumenta a 30% la recaudación? Pues que en lugar de $40, tendría $60, si asumimos que el sector privado (que invierte y consume) sigue equilibrado, el balance seguirá en 0 para unos y para otros. Pero digamos que el Estado no gasta $60 sino que sigue gastando $40, hay $20 que figuran como superávit y se ahorran, la lógica neoclásica (siguiendo la ley de Say) dirá que ese superávit deberá fluir a la economía, entonces, como no es ni mediante gasto, ni mediante consumo, ni mediante subvenciones, converge en forma de flujo financiero. Ya que el sector privado tiene una suma de I y C de $140, esos $60 que recibe del Estado figurarán como un pasivo. El PIB sigue siendo $200 porque el sector privado se ha endeudado (o ha contraído un pasivo) con el Estado en $60.

Si no fuera el caso, la recaudación tributaria no tendría otro sentido y solo perjudicaría a la economía. Siempre podemos pensar que el Estado no haría nada con este dinero, pero el atesoramiento es una práctica más común en ciclos de recesión.

La explicación de AG parece convincente en un contexto de economía cerrada, el problema es que no existen las economías cerradas, la economía (al menos capitalista) es abierta e internacional.  Y todo se complejiza en posibilidades (mas no en conceptos macroeconómicos) cuando así se analiza.

Si ahora a esta economía compuesta por las 3 familias (productores, consumidores y gobernantes) agregamos otro actor, el pueblo vecino con el que comercian, podemos elucubrar los siguientes escenarios:

  1. Una economía con superávit público, déficit privado, y superávit externo
  2. Una economía con superávit público, superávit privado y superávit externo
  3. Una economía con déficit público, privado y externo
  4. Una economía con déficit público, superávit privado y superávit externo
  5. Una economía con déficit público, superávit privado y déficit externo

Esto se puede comprender porque si el PIB = Y =  C + I + G + XN, donde XN es igual a Ex – Im. Teniendo como TR la suma entre el ingreso primario, ingreso secundario y la cuenta de capitales y T los impuestos (netos de subsidios) entonces, PIB + TR – T – C = I + (G – T) + (XN + TR), que es lo mismo a decir que  S = PIB + TR – T – C y CC = XN + TR, por lo que la relación entre el balance privado (I-S), el público (G-T) y el externo (XN + TR) queda así:

  • (I – S) + (G – T) + CC = 0
  • En otras palabras, si la suma entre el sector privado y público es negativa, el financiamiento que falta vendrá del sector externo. O por el contrario, como dice EG, es posible que la balanza extranjera sea tan positiva (negativa para el exterior), que el ahorro entre el sector público y privado es un saldo neto, aun cuando el sector público o privado estén en déficit.
  • Pero esto no significa que a un déficit público en una situación de déficit de cuenta corriente, sea necesariamente la opción recomendable y no solo simple contingencia.

Si decimos que una economía mantiene un Sg -20 y Sp -10, por lógica el financiamiento del sector externo deberá ser de 30, pero si el déficit público se reduce no es cierto que necesariamente el déficit que antes era público vaya a pasar al sector privado, porque se está asumiendo un ceteris paribus excesivamente mecánico, antes debería considerarse el efecto de la reducción del gasto público en la demanda interna que impacta tanto en la demanda interna como externa, puede ser entonces, que dado ciertas condiciones, se reduzca la demanda interna de bienes y servicios internacionales a un punto que el déficit en general también se reduzca. Tampoco es necesario que el déficit público en tal circunstancia sea mejor que un superávit a raíz de una potencial burbuja, lo que se demuestra por la evidencia empírica es que el déficit externo tras un período de tiempo deviene en alguna forma de crisis porque el mismo trae aparejado endeudamiento, pero en este sentido es insignificante si el sector público está o no en déficit, ya que es el conjunto de la economía la que se encuentra en una situación deficitaria, si por algún motivo el sector público adquiere capacidad de ahorro, eso no debe obligatoriamente llevar a la contribución de una burbuja o crisis, en este tema se están olvidando otros factores a considerar.

Ciertamente plantear una reducción del gasto público significa reducir muchos beneficios sociales, que es contra lo que EG finalmente intenta manifestarse, pero el capitalismo es un sistema cuyo comportamiento es inmanentemente caótico, y de sus crisis siempre implican un empobrecimiento absoluto de la clase trabajadora y una vorágine liquidación de capitales, no es cierto entonces que con un sector público más robusto esto se vaya a evitar, de hecho se puede acelerar en algunos casos.

  • En este punto, tengo muchas coincidencias con JRR, pero desde la economía marxista, lo cual marca muchas más diferencias, esto pues no baso mi creencia en el ahorro como acicate para la inversión, ni presupongo un escenario con equilibrios tipo ley de Say, y desde luego, la primacía de la generación del plusvalor, y por tanto la tasa de ganancia, es mucho más importante en este sentido. En este aspecto, si tenemos un Output de $1000, donde, 500 corresponde a la plusvalía del capitalista, toda recaudación tributaria solo puede nacer de este plusvalor, lo que la escuela neoclásica, monetarista y austriaca llaman ahorro, es en términos marxistas trabajo no remunerado, por lo tanto lo que se entrega al Estado bajo forma de impuesto, constituye (en palabras de Marx) una disminución de la riqueza en tanto reduce la plusvalía disponible para la acumulación lo cual conlleva a que no se reproduzcan mercancías, como corolario no hay generación de valor y estos gastos deben pagarse con valor productivo, por este motivo es sensato suponer que si se disminuyen los impuestos y el gasto público, la inversión productiva se incrementará, y la identidad [(I – S) + (G – T) + CC = 0] podría sostenerse o no (por ejemplo un déficit externo dado), si el gasto improductivo reducido impacta en una disminución de importaciones o en un incremento del ciclo de acumulación mediante un incremento de la productividad o de la generación avanzada de valores de uso, no tendría por qué ocurrir lo que AG asume.

En otras palabras, si tenemos que el déficit público es de 100, el superávit privado es de 50, el déficit externo es de 50, pero si este déficit público se reduce a 50, ¿necesariamente el sector privado reducirá su superávit a cero? Por identidad, sí y no, depende. Puede que el déficit externo se sostenga en 50, o que se reduzca, por ejemplo por efecto de un aumento del nivel productivo del sector privado motivado por un incremento de la plusvalía, o por la reducción de las tasas de interés, o por una caída del consumo no productivo en importaciones. Sería ingenuo pensar que los déficit público – privado pueden modificarse y no el externo.



Categorías:Economia

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