La Ilusión de los Partidos

Daniel Mansuy, doctor en ciencia política, escribió una columna publicada el 30 de mayo de 2021 en el diario El Mercurio titulada “La Ilusión Independiente”. En esta, cuestiona abiertamente la idea de legislar a favor de repetir el modelo de elección desarrollado el 15 y 16 de mayo de cara a las elecciones parlamentarios que se efectuarán a fines de año y que nuevamente permitiría que los candidatos independientes se presenten a los comicios en listas sin necesidad de conformar partidos. Si bien reconoce que la irrupción de los independientes como constituyentes contiene “muchos aspectos positivos”, argumenta que tiene “dificultades relevantes”.

En síntesis, sus argumentos se pueden resumir en dos ideas centrales. En primer lugar, “todas las democracias robustas y estables se articulan en torno a partidos”, es decir “aportan continuidad histórica, consistencia política y fijan el marco del debate público”, por esto mismo su temor está centrado que en la Convención (con una importante participación independiente) “al estar fragmentada en muchas causas y reivindicaciones diversas, será difícil construir acuerdos”; en segundo lugar aduce que los partidos no solo tienen derechos sino también responsabilidades y los independientes “aspiran a tener los privilegios sin las obligaciones correspondientes”, por lo que si un grupo de personas tiene ideas en común “lo mejor que puede hacer por Chile es constituir un partido político para defenderla”. La premisa está enfocada en la necesidad imperativa de los partidos políticos en cualquier sistema democrático y por lo mismo, la opción de los independientes al momento de formar un partido político.

En estricto rigor, no le falta razón a Mansuy, y es que ciertamente la democracia siempre liberal, basó desde sus inicios su sistema electoral en la existencia de partidos políticos, por lo mismo, eliminarlos o como mínimo reducir su participación de esta ecuación implica de una u otra forma, desestabilizar este sistema ya sea coyuntural como estructuralmente. También es cierto que los independientes podrían aunarse en partidos (margen aparte de la factibilidad técnica y el tiempo de gestión y trámites para lograrlo). No obstante, también es cierto que esta democracia es la que se encuentra altamente cuestionada desde los principios mismos de la crisis política, no olvidemos que esta crisis es ante todo social, y la realidad social incluye aspectos que son inseparables (política, economía, sociedad, cultura, y hasta mentalidades y espacios), como tampoco podemos olvidar la carga histórica que hay detrás de la construcción de los partidos políticos alrededor de todo el mundo.

Los partidos políticos nacen de aquella disyuntiva histórica que se instaló en la política tras la revolución francesa, una revolución tan significativa que colocó en el ideario colectivo la idea del poder ciudadano, sin embargo, un poder político ciudadano no tenía en absoluto consonancia con la estructura económica basada en la propiedad privada del capital y las relaciones de explotación, mucho menos con la demanda de la ciudadanía en aquel entonces, ¿cómo se podía solucionar ese importante dilema? Fue entonces cuando la meritocracia hace su aparición, y con ello, los partidos políticos. Es así como los partidos políticos emergen para funcionar entre otras cosas, como filtro frente a potenciales riesgos que pudieran desestabilizar el orden institucional, un orden que está basado en relaciones de explotación y propiedad privada. Evidentemente un doctor en ciencia política podrá utilizar eufemismos, pero en el fondo cuando habla de “continuidad histórica” y “fijar el marco del debate público”, lo que está diciendo es que los partidos políticos aseguran estabilidad a la vez que evitan que el debate (y por lógica, aquellos que debatan), salgan de los límites institucionalmente establecidos. Por este motivo, podemos debatir si es el mejor sistema o no, si hay posibilidades para abrir otros sistemas alternativos -desde luego, en este debate es esencial la crítica científica al sistema vigente desde las bases mismas de la materialidad física-, pero lo que no podemos decir es que es los sistemas liberales que se articulan en partidos agregan estabilidad ejecutiva en contra de un sistema dominado por independientes caótico.

Esto último, muy marcado por la visión individualista del universo social, niega en el acto una realidad palpable tanto empírica como teóricamente: las clases sociales. Y es que en el fondo del asunto, no se trata de una disyuntiva entre partidos y personas, individuos y sujetos que se mueven libremente a su propio arbitrio, lo que estamos presenciando son dos fuerzas políticas con una marcada distancia, unos, los partidos, tradicionalmente enquistados en sus programas de gobierno, negociaciones y acuerdos de pasillo con sectores importantes de la burguesía nacional, y por tanto en última instancia representantes de sus intereses, y otros, un colectivo de personas denominadas como independientes, pero que contrario a la visión de Mansuy mantienen un planteamiento significativamente coherente y cohesionado, pero que (y aquí está el problema para la clase política), es a la vez opuesto a todo el discurso y la praxis política dominante en Chile desde el retorno a la democracia (o mejor dicho, toda su historia). En este sentido seguramente habrá un nivel de debate mucho más enriquecedor por las diferentes ideas a contrastar, pero en materia de salud, educación, pensiones, salarios, entre otros, la posición predominante de estos independientes está más que aunada. De hecho, es hasta absurdo pensar que los independientes agrupados en las diferentes listas solo tengan en común el nombre de la lista, lo que me lleva al segundo argumento de Mansuy.

En efecto, podrían eventualmente formar un partido político, y dejando de lado la problemática que conlleva en términos de tiempo y aspectos legales su construcción, valdría la pena preguntarse ¿por qué no quieren hacerlo? Cuando analizamos política tenemos tres planos que podemos tocar, el jurídico legal (terreno de los abogados), el moral (terreno de los filósofos) y el político (terreno de la ciencia política). El primero ya lo hemos esbozado, el segundo al ser más abstracto solo podemos especular leyendo los diferentes discursos emanados desde incluso antes del estallido social en contra de la clase política expresada en los partidos, ¿y en términos políticos? ¿Qué se juega si los independientes conforman partidos? Valdría la pena entender que los independientes, por norma general y abrumadora mayoría, se encuentran a una escala más a la izquierda que el Frente Amplio, este último liderado por antiguos dirigentes del movimiento estudiantil del 2011, el cual a su vez es aliado del Partido Comunista, donde también se encuentran otros dirigentes como Camila Vallejo, como ya mencioné, el discurso de los independientes mantiene una fuerte crítica contra toda la clase política, desde la derecha, pasando por la ex Nueva Mayoría y el Frente Amplio, hasta el partido Comunista, ciertamente la derecha se lleva la peor parte porque forma parte del oficialismo, pero la crítica es a todos, y esta crítica capitaliza el descontento ciudadano con una clase política que durante 30 años ejerció el poder administrando un modelo que no dio abasto a sus propias necesidades y exigencias, es por esto que la opción de conformar un partido podría implicar un revés político en su propia estrategia; los independientes tienen la fuerza que tienen porque son independientes de jure y una coalición o partido de facto. En este sentido no tendría lógica y sería un error político (que no niego llegase a ocurrir) pasar a formar parte de una coalición y cumplir la misma función política altamente criticada a partidos como el comunista.

El quid del asunto es que la crítica hacia los partidos es una crítica a toda una clase política, la que a su vez es una crítica a todo un sistema político, y a la vez una crítica a todo un sistema económico, crítica que no se puede entender solo desde los errores políticos de un gobierno como el de Sebastián Piñera, ese tipo de análisis inocentes solo los podría concebir durante octubre de 2019, mas en la actualidad creo que es bastante sensato confirmar que los problemas sociales en Chile venían desde décadas antes. Ya desde el 2001 los más jóvenes se alzaban en las calles a protestar en contra de las políticas públicas, los mismos jóvenes que hoy están haciendo política hace 20 años ya entendían las fallas del modelo chileno, y si bien es cierto se podría esbozar que todas esas manifestaciones no cuajaron lo suficiente, el hecho es que ya estaban instaladas en la palestra, quizás las generaciones mayores todavía tenían la esperanza en la Concertación y la alegría prometida (ilusión que terminó de golpe y porrazo tras las elecciones de 2009-2010 con el retorno de la derecha), quizás el crecimiento del país se redujo tanto que el nivel de vida tendió a estancarse lo que conllevó un incremento en el hartazgo generalizado especialmente en el 80% de la sociedad más vulnerable, mientras era palpable el incremento de los ingresos de las clases medias altas y altas, quizás la corrupción endémica se transparentó año tras año a un nivel que se volvió insoportable (donde participaron los partidos, los empresarios e instituciones de histórico prestigio como Carabineros), pero es un hecho que la crisis se estaba poco a poco cocinando, solo que los encargados de preverla como son los científicos políticos no lo vieron venir. Así como hoy todavía son incapaces de entender que la política no solo es una lucha del poder por el poder, sino que es una lucha del poder por el poder en el marco de una lucha todavía mayor de clases opuestas. Por esto y otros motivos, es comprensible que el auge de los independientes sea un verdadero terremoto político, y que frente a este cataclismo, haya quienes no quieran saber más de ellos luego de redactada la Constitución, así como también haya quienes de modo más previsor estén moviendo sus cartas para luego cobrar réditos favoreciendo las candidaturas independientes de cara a las elecciones parlamentarias.

Es lógico que haya resistencia a permitir que los independientes tengan las mismas facilidades que tuvieron en las elecciones a Constituyentes, pero no es lógico desde el punto de vista presentado por Mansuy (partidos estables versus individuos), sino que desde el punto de vista íntegramente de clases.



Categorías:Chile, Política

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