La Unión Europea, una asunto geográfico

Desde el fin de la guerra fría las relaciones políticas internacionales se han reconfigurado, nuevos actores y problemas han surgido, la Unión Europa es uno de estos novedosos inventos que el siglo XX nos heredó en su postrimería y que durante las primeras dos décadas del siglo XXI ha recibido dos impresiones significativamente opuestas. Por una parte se ve en esta un gran avance en las relaciones políticas y económicas a tal nivel que, países que hace menos de 100 años se enfrentaban en continuas y sangrientas guerras, pasaron a ser socios superando rivalidades históricas, mientras que por otra, se percibe en esta un reflejo de la globalización forzada y que tras la gran crisis de 2008 ha demostrado sus límites, quedando como un proyecto débil y cuestionado por importantes sectores políticos y sociales de diferentes países (especialmente los más afectados por la crisis como Grecia), discurso fortalecido tras la salida del Reino Unido (su otrora segunda potencia económica) formalizado a inicios del 2020.

La Unión Europea como asunto geopolítico y geoeconómico significa que en el fondo de todo persisten dilemas de corte geográficos que se trasladan y permean en la economía y la política. Son estos dilemas los que deben ser solucionados si lo que se busca es mantener su existencia, de lo contrario, el proyecto podría terminar en un simple recuerdo.

Geográficamente es interesante ver que el origen de la Unión Europea (desde ahora UE) se remonta formalmente al Tratado de Roma en 1957, con el cual se da nacimiento a la Comunidad Económica Europea, la cual incluyó a Francia, Alemania, Luxemburgo, Bélgica, Italia y Países Bajos. Estos países se circunscriben a los territorios que el Imperio Carolingio ostentó, del cual, a la muerte de Carlomagno, se divide más o menos en tres partes: Francia, Alemania y una delgada franja entre las dos entonces llamada Lotaringia (que se extendía desde los Países Bajos hasta el norte de Italia). No es casual que cuando la idea de Europa se reavivó en la década de 1950, era la misma estructura de seis países la que constituía la organización inicial.

El imperio de Carlomagno fue el gran intento europeo por construir una entidad estatal y relativamente centralizada tras la caída del imperio romano, sin embargo no sobrevivió la muerte de su emperador, desde entonces y durante más o menos 5 siglos la tendencia histórica de Europa occidental fue la adaptación política, económica y social según sus propias condiciones geográficas.

Si tomamos a Europa como un todo, observamos ríos, valles y montañas que explican por qué hay tantos Estados-Nación. A diferencia de Estados Unidos, donde una lengua y cultura presionó fuertemente en dirección este-oeste hasta generar un enorme país, Europa creció y se desarrolló de forma orgánica durante siglos y hasta el día de hoy permanece dividida en regiones culturales y lingüísticas.

Los principales ríos de Europa no confluyen (si exceptuamos el Sava, que desemboca en el Danubio a la altura de Belgrado), lo cual explica por qué hay tantos países en espacios tan pequeños. Al no conectar, la mayoría de los ríos ejerce como frontera natural llevando a que los pueblos terminen construyendo sus propios espacios y esferas económicas de influencia.

Por ejemplo tomemos al Danubio, un enorme río que posee 2865 kilómetros, nace en la Selva Negra alemana y fluye hacia el sur hasta el Mar Negro. 2000 años en el pasado fue una frontera natural entre el imperio romano y los pueblos del norte; durante el medioevo fue una de las principales rutas comerciales que ayudó a alumbrar las ciudades de Viena, Bratislava, Budapest y Belgrado; siglos después constituiría la frontera natural del imperio Austro-Húngaro y otomano; en la actualidad su cuenca afecta a 18 países y sigue ejerciendo como frontera natural en su trayectoria, incluyendo Eslovaquia y Hungría, Croacia y Serbia, Serbia y Rumanía, Rumania y Bulgaria.

Las diferencias geográficas acentuaron también una distancia en el desarrollo económico norte-sur. Mientras el norte posee más planicies donde practicar la agricultura -de hecho la llanura noreuropea se extiende desde Francia hasta los Urales limitando al norte con el Mar Báltico y el Mar del Norte-, los países del sur y del oeste europeo han tenido unas condiciones más complicadas, por ejemplo España posee estrechas planicies costeras poco apta para el cultivo y el acceso a los mercados se ve limitada por sus ríos cortos y la Meseta Central, además los Pirineos han dificultado su comercio con el resto de Europa, debiendo enfocarse en otros mercados como el portugués y los que están al sur del Mediterráneo, cuyo poder adquisitivo es en comparación, muy reducido.

Grecia sufre condiciones similares. Gran parte de su línea de costa la conforman acantilados escarpados y con escasas superficies donde cultivar, el interior no es muy diferente, hay acantilados escarpados, ríos de poca capacidad comercial y unos valles poco anchos y fértiles. El terreno cultivable es de buena calidad pero es muy poco, lo cual ha impedido que se convierta en un gran exportador agrícola. Su capital, Atenas, se ubica en la punta de la península, lo que ha impedido que pueda comerciar por tierra con Europa. Depende entonces del mar Egeo para poder comercial, pero al otro lado se levanta Turquía, un enemigo potencial de peso con el cual han librado varias guerras entre fines del siglo XIX e inicios del XX.

Un problema diferente lo tiene Polonia, uno de los países más grande en extensión y población de la Unión Europea que mantiene un dilema geopolítico que se remonta a siglos en el pasado. El corredor de la llanura noreuropea, tiene su punto más estrecho entra la costa báltica de Polonia al norte, y el inicio de los montes Cárpatos al sur, desde el punto de vista militar de Rusia, ese es el lugar donde podría ubicar su mejor línea defensiva, mientras que para un atacante, ese es el punto donde sus fuerzas serían derrotadas antes de abrirse camino a Rusia. Polonia ha visto y vivido en su historia ambas posturas, ubicada en medio de la influencia alemana y rusa, si uno observa el mapa polaco entre el siglo X y el siglo XXI, lo primero que llama la atención es que tiende a reducirse. Su experiencia hace que ni Berlín, ni Moscú, puedan ser sus aliados naturales, y, tras la caída de la URSS, su cercanía con Washington ha sido más que patente (en 1999 se unió a la OTAN, y de hecho entre los polacos hay un dicho que dice “si los rusos nos atacan, ¿debemos llamar a Bruselas o a Washington?”).

Francia es en su historia, la mejor ubicada en términos geográficos. Posee un clima relativamente idóneo a la agricultura, buen acceso a las rutas comerciales, y fronteras naturales que la defienden de ataques excepto en un solo sitio: al noreste en el punto en el que la planicie se convierte en lo que hoy conocemos como Alemania. Durante siglos, antes de que Alemania fuera un país unificado, eso no era un problema, Francia se encontraba a kilómetros de Rusia y las hordas mongolas y un canal que la separaba de Inglaterra, lo que significaba que un intento de invasión podía ser repelido. Francia era la potencia continental más importante y su poder e influencia podía en algunos casos proyectarse hasta Moscú. Pero entonces los alemanes se unieron.

La idea de Alemania circulaba hacía siglos. Las tierras que formaban los francos orientales que en el siglo X pasaron a formar el Sacro Imperio Romano a veces eran denominadas <<las Germanias>>; tras la disolución del Sacro Imperio Romano en 1806, treinta y nueve Estados se unieron en la Confederación Germánica durante el congreso de Viena en 1815, tras la unificación en 1871 Francia pasó a tener un vecino con unas dimensiones geográficas superiores, una población similar, pero con una economía más vigorosa e industrializada. La unificación fue anunciada en Versalles después de la guerra Franco Prusiana, el flanco débil francés había sido traspasado, y lo sería cruzado en otras dos ocasiones durante los 70 años siguientes, lo cual llevó a que Francia adoptara la diplomacia y no la guerra para neutralizar a su enemigo del este.

Alemania tenía más motivos que Francia para sentirse temeroso. Al oeste tenía a un poderoso rival y que llevaba mucho tiempo unificado -Francia-, y al este tenía al enorme Oso ruso. Su gran temor era que ambos rivales se unieran en su contra en un ataque cuyas proporciones podrían ser devastadoras para todos sus intereses. Y, cuando Francia se alió a Inglaterra y Rusia en la Triple Entente Alemania temió a las tres. La decisión que tomó Alemania en dos ocasiones fue atacar primero a Francia.

De los horrores de la segunda guerra mundial, la respuesta fue aceptar en suelo europeo una única potencia abrumadora, Estados Unidos, que estableció la OTAN y llevó a un giro en su propia política internacional.

El nuevo escenario geopolítico post 1945 planteaba una realidad que los europeos no se hubieran imaginado tan solo unas décadas atrás: tenían a Estados Unidos liderando su propia política en el occidente, y además tenían a la Unión Soviética (que no era una versión moderna, industrializada, y bélicamente mucho más poderosa de Rusia) dominando la mayor parte de Europa oriental. Frente a esto su influencia internacional se había reducido significativamente y sus otrora colonias poco a poco se esfumaban conforme el calor independentista se intensificaba. La Unión Europea nace de la necesidad por contrarrestar tanto la influencia soviética como también la misma influencia estadounidense, y se construyó de modo que Alemania y Francia pudieran aunarse en un brazo tan fuerte de manera que ninguna de ellas pudiera soltarse para atacar a la otra.

La misma Unión Europea es una construcción que nos debe retrotraer el intento medieval europeo por un Estado fuerte en su propio corazón. En ese momento las fuerzas centrípetas no permitieron que ese intento pasara unas pocas décadas de vida, ¿Será diferente en la actualidad? ¿Podrá sobrevivir la Unión Europea al avance del siglo XXI?

A Alemania parece haberle ido bastante bien. Resurgió de las cenizas de 1945 y aprovechó los beneficios geográficos que antaño temió, se convirtió en el fabricante de tecnología más importante de todo el continente sin rival que se le acerque o asome. La geopolítica alemana está decidida a que la unión se mantenga, su clase dominante sabe que si se disuelve los temores geopolíticos volverán a surgir.

Para Francia la disolución de la unión podría ser una pesadilla. Ayudó a atar a los alemanes en la unión para luego verse como copiloto de un vehículo que aspiraba a conducir, pero buscar una situación diferente es imposible, pues la única opción que le quedaría es la disolución, lo cual significaría una Alemania peligrosa otra vez.

Tanto Francia como Alemania trabajan juntas para mantener la Unión, y cuentan con un Plan B: Rusia.

Rusia lleva al menos desde la posguerra acercándose al eje París-Berlín, lo cual no es de extrañar, las grandes y contemporáneas guerras acaecidas en Europa tuvieran como participante central a los rusos, la tercera guerra de Silesia, las guerras napoleónicas y las dos guerras mundiales son muestra de ello. Rusia, para bien o para mal, mantiene una condición geográfica -y por tanto geopolítica y geoeconómica- con todo el centro europeo. Por lo tanto, si lo que se busca es una unión fuerte, tarde o temprano Rusia debería ser integrado en este proyecto. Ya en 1944 Charles de Gaulle firmaría el tratado franco-soviético distanciándose de sus aliados en Londres y Washington; tras acceder al cargo de canciller en 1969, Willy Brandt iniciaría su Ostpolitik, lo que significó una relajación diplomática con Moscú contra los intereses norteamericanos; a fines de los 70 se instala en Berlín y París el debate por la construcción de un gasoducto que proveyera de gas desde Moscú a Europa occidental; en 1987 Gorbachov habló de la necesidad de construir un hogar común europeo; ya en los años de Putin este interés mutuo ha resurgido y esto se ha manifestado tanto en la construcción de Nord Stream y South Stream, como en diferentes posiciones políticas internacionales en común (como su oposición a la guerra en Irak). Si bien se han dado otros eventos como la anexión de Crimea y conflictos diplomáticos, el hecho es que aparentemente hay tendencias geopolíticas y geoeconómicas que no detienen su avance (a lo sumo se ralentizan).

El Reino Unido si bien se ha escindido de la unión, no puede negar sus lazos geográficos con la misma. Su posición sigue siendo la de antaño, desde el otro lado de la barrera atlántica, como siempre observa las maquinaciones diplomáticas continentales y en ocasiones se presenta en el continente y en otras se mantiene aislado. En la actualidad el Reino Unido busca sumarse a las alianzas de Francia y Alemania siempre que le convenga, y en caso de que la jugada salga mal, puede buscar alianzas en otros espacios, como con Estados Unidos. Que tras cuarenta años en la Unión el país decidiera su separación es significativo, aunque no sorpresivo, el mismo ingreso en la Unión implicó para Londres la pérdida de independencia comercial, y el comercio ha sido el gran fuerte que ha tenido debido a su propia ubicación, tras estas 4 décadas Alemania ha demostrado un desplante muy superior, de hecho desde 1985 Reino Unido no ha logrado números azules en su balanza de cuenta corriente.

Si Londres quiere recuperar su preeminencia, por lógica, debe retomar su vieja ventaja geográfica y servir como la isla más grande de Europa sin ser parte del continente como lo son Francia y Alemania.

El Reino Unido tenía el poder para abrirse camino a la salida, y aparentemente, tenía mucho que ganar de su propia salida, la pregunta clave es, ¿el resto de países donde el descontento es significativo tienen la misma opción?

En la actualidad el proyecto parece que mantiene una economía que para todos sus individuos está en mal estado, ya sea en Alemania, Francia, España o Grecia, el diagnóstico es el mismo. La crisis de 2008 fue significativamente fuerte en la Unión Europea, pero con diferencias, pues mientras en Alemania esta fue superada rápidamente, en Grecia y España la crisis tardó años en ser superada y el desempleo en España no ha disminuido a menos del 15% desde entonces. Tal situación ha llevado a un descontento generalizado que se ha puesto de manifiesto contra las instituciones de la Unión y el euro en particular; no son pocos quienes han planteado la salida de la zona del euro como solución del problema griego o español. No obstante, ni en Grecia, ni en España, ni en Portugal se ha dado tal salida pues se entiende que fuera de la Unión los problemas no se disminuirían, evidentemente el euro ha jugado un rol fundamental en la pérdida de competitividad en los países menos productivos, en ese sentido es cierto que la unificación de espacios de valor ha generado consecuencias, pero ello no significa que liberándose del mismo los beneficios vayan a significar un peso superior que las pérdidas. Mientras Reino Unido tiene como su principal socio comercial a Estados Unidos (seguidos de los países de la unión como Alemania), España, Grecia o Portugal mantienen una primacía dentro de la misma unión; Reino Unido puede intentarlo, España, Grecia y Portugal no.

Desde luego, esto no resta en absoluto las contradicciones de la Unión Europea. En la actualidad las disparidades se manifiestan conforme las crisis económicas se suceden, y es que para poder consumarse totalmente falta todavía un paso: la unificación fiscal y militar. Un paso radical porque implica suponer que las autonomías nacionales se verían reducidas a un punto muy superior que en la actualidad, pero esta es la única manera que existe para superar todas estas contradicciones originadas de la unificación de espacios tan desiguales; una unión fiscal que dé soporte y orden a los Estados más débiles sin la necesidad de créditos y rescates, una unión militar que suponga una superación de la OTAN ya obsoleta son en la actualidad las únicas salidas. Las fuerzas centrípetas son fuertes, sin duda, pero frente a este camino solo quedan otras dos opciones. O la unión se rompe, o se mantiene tal cual. La segunda opción no es viable si lo que se busca es mejorar la condición actual, la primera supone el regreso de más contradicciones geográficas políticas y económicas y miedos de antaño que parecían ser superados, eso sin contar con la incapacidad de hacer frente a la emergencia china y la actual influencia norteamericana.

El debate contiene los mismos dilemas geográficos europeos de milenios, en su momento el imperio carolingio no resistió porque no existían las condiciones adecuadas, en ese momento primaron los espacios regionales por sobre el espacio europeo, hoy el desarrollo permite que primen espacios que trascienden fronteras habituales, de hecho, el camino ya está asfaltado en un 50%, solo falta un 50%.



Categorías:Geografía

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