La vida cotidiana en el antiguo Egipto

Cuando se habla de la antigua civilización de Egipto, nos encontramos con una gran cultura que fue fundamental para comprender el devenir de la humanidad en la actualidad. Su existencia como gran imperio milenario no sólo le compete a los egipcios del hoy, sino que a todo occidente, y en sí, a todo el Mundo. Su presencia en el nororiente africano trajo consigo grandes avances y nos ha heredado importantes elementos hasta el día de hoy. Por supuesto que considerando aquello, resulta innegable que el trascender del Egipto antiguo es uno de los focos más potentes cuando se trata de estudiar e investigar la historia, antropología y arqueología (entre otras ciencias).

Luego de haber dicho esto, procedo a iniciar este artículo. Se trabajará la situación del Egipto común y corriente, aquel Egipto que va más allá de los grandes palacios, las grandes batallas y guerras. Es decir, se desarrollará lo que es la vida de egipcio campesino, artesano, la mujer, entre otros, sin descuidar desde luego, ciertos aspectos del Egipto imperial, faraónico, por decirlo de alguna manera.

A modo de ordenamiento, comenzaré dando una pequeña referencia histórica de lo que fue el llamado Egipto antiguo, para luego desarrollar lo que he expuesto con anterioridad, es decir, la vida del egipcio centrándome en el campesino y el artesano.

El Egipto Histórico

No es fácil resumir en un par de páginas, la historia de una civilización que se cuenta en milenios. Tampoco es fácil remontar tanto en el pasado, y escribir sobre una sociedad que a claras luces, es tan lejana. Pero uno de los grandes pilares que a mi juicio poseen los historiadores en Europa y América al momento de leer, investigar y escribir sobre el Egipto antiguo, es que a diferencia de otras grandes civilizaciones –como lo podrían ser la china-, es que a pesar de los milenios, Egipto antiguo se encuentra más cerca de lo que uno se imagina. Formó parte de la historia griega, y también de la historia romana. El imperio egipcio es parte íntegra del mundo que rodea el Mar Mediterráneo, y por ende tuvo una cercanía histórica con aquellos pueblos centrales en la configuración europea (la Grecia y Roma clásica), y por lo tanto, la cercanía con Europa –y luego América- es innegable.

El Egipto de los faraones tiene una duración cronológica que se proyecta por más de 3000 años, desde fines del siglo IV antes de Cristo, hasta el siglo IV después de Cristo. Es decir, se proyecta política, cultural y socialmente hablando, más allá de la conquista ptolemaica y romana, resistiendo hasta la victoria definitiva del cristianismo.

La época predinástica de Egipto parte desde el año 5000 a.C. aproximadamente, hasta el 3100 a.C. Este período se caracteriza por el surgimiento de culturas y sociedades con un cierto grado de complejidad en diferentes lugares del valle del Nilo, así como también en diferentes Oasis. Un elemento importante de este período es que se desarrolla el sedentarismo, lo cual luego como señala Marvin Harris, daría pie al Estado Prístino durante el 3100 a.C.

Desde el año 3100 a.C. hasta el 2700 a.C. nos encontramos con un período denominado por algunos como Tinita, el cual se caracteriza por ver surgir las primeras dinastías, las cuales eligen como capital Tinis, en el Alto Egipto. Así mismo la primera dinastía se suele atribuir por los egipcios a Menes, y con ella se da inicio al Estado faraónico. Este período además se caracteriza por la reunificación del Alto y Bajo Egipto bajo una misma cabeza.

Luego, nos encontramos con el Antiguo Reino, período que va desde el año 2700 a.C. hasta el 2200 a.C., durante este período la capital se encuentra en Menfis, y se observa la primera construcción de una pirámide: la pirámide escalonada en Saqqara. También vemos la construcción de las grandes pirámides que hasta el día de hoy deslumbran los ojos de los turistas en Egipto, las tres pirámides construidas por Keops, Kefrén y Micerinos, tres gobernantes de la IV dinastía. Durante la V dinastía, con capital en Heliópolis se afirma el culto a Ra, el Sol.

Al finalizar este período, el poder central se debilita y los monarcas y líderes locales se fortalecen dando inicio al llamado primer período intermedio que va desde el 2200 a.C hasta el 2033 a.C.

Durante este período Egipto se ve envuelto en desórdenes políticos y sociales, lo cual caracteriza también al desenvolvimiento dinástico. Durante este período se consideran las respectivas dinastías van desde la VII a la IX. También se observa que ciertas poblaciones asiáticas se instalan en el Delta del Nilo. El elemento de cambio lo daría Tebas, donde asumiría el poder Montuhotep, quien iniciaría la reunificación del país después del debilitamiento y dando inicio al siguiente período: el reino Medio (2033 a.C. – 1650 a.C.).

Los reyes de la XI dinastía desplazan la capital a Lisht, en una zona adyacente al valle del Nilo. La situación del país es llevada a la estabilidad social y económica, también el prestigio del Egipto en el exterior aumenta. Además uno de los elementos más relevantes que se dan durante este período es el surgimiento del culto a Osiris, un culto que a diferencia de los anteriores, se impregna en las capas medias de la sociedad, por tanto, el culto osiriaco no tiene relación directa con las elites de Egipto (como es lo que pasaba hasta ese entonces con el culto a los dioses solares), sino que más bien a las capas medias y populares. La dinastía XIII gobierna en las postrimerías del período y hace frente a un período de inestabilidad y divisiones.

Luego del Reino Medio se da el llamado segundo período intermedio que se inicia aproximadamente el 1710 a.C. y finaliza el 1540 a.C., se caracteriza por la ocupación del Egipto septentrional por parte de los Hicsos, quienes pasan a formar parte de las dinastías XIV, XV y XVI. Estos instalan la capital en Avari (actual Qantir), en el delta del Nilo. Después de ser expulsados, los príncipes de Tebas inicias un período de unificación nacional, y dando inicio así a una nueva etapa: el reino nuevo.

El reino nuevo se inicia en 1550 a.C y termina el año 1069 a.C., cuenta, dentro de la dinastía XVIII con faraones como Amenofis III, Akenatón y Tutankamon. La capital es cambiada a Tebas, y Amón es convertido en el dios Nacional, quien concentró tanto poder para sus sacerdotes, que el faraón Amenofis IV, más conocido como Akenatón, intentó oponerse e iniciar una reforma que llevara a modificar todo aquel panorama a través de la famosa reforma amarniana. Durante aquellos años los faraones son enterrados en el valle de los reyes, sobre la orilla occidental del Nilo, frente a Tebas. También este período presencia la batalla de Qadesh entre Egipto y el reino Hitita, la cual termina con un tratado de paz. Con la dinastía XX finaliza el reino nuevo, el final de esta dinastía se ve marcado por problemas económicos, políticos, así como sociales.

Desde 1069 a.C. hasta el 332 a.C. estamos frente a la llamada época tardía del Egipto antiguo. Comprende desde la dinastía XXI hasta la XXXI. Observamos en este período dinastías que tienen origen extranjero, por ejemplo de origen Libio, sudanés, e incluso persa. La última dinastía, la número XXXI vive la  llegada de Alejandro Magno, y desde entonces tenemos en Egipto el dominio ptolemaico, cuyo nombre viene de Ptolomeo, general de Alejandro Magno que había instaurado su dominio en la zona egipcio.

Por último nos encontramos con la conquista romana con Octavio Augusto. Desde el año 30 a.C. Egipto se convierte en provincia romana.

El campesino Egipcio

Desde inicios de la civilización egipcia, el campesino ha sido parte fundamental del Egipto faraónico. Su economía ha sido por milenios, eminentemente agrícola; su prosperidad y auge ha dependido de aquel sector de la economía, y sin embargo el campesino como ser y clase social ha sido descuidado en los grandes estudios sobre Egipto. Durante los tres milenios de historia el campesino ha sido parte fundamental de la nación, la columna vertebral de la misma. De él no tenemos referencias directas, lo cual se comprende si sabemos que él, como una persona analfabeta no dejó escritos ni archivos que perduraran hasta el día de hoy,

¿Qué tenemos del campesino egipcio? Sólo lo que escritos epigráficos y fuentes arqueológicas nos han dejado.

Los documentos epigráficos son básicamente testimonios iconográficos y escritos –pinturas, relieves, textos, etc.- conservados mayormente en la tumba de sus señores, desde las grandes Pirámides hasta las tumbas de la época grecorromana.

El material arqueológico consiste en herramientas agrícolas (arados, palas para aventar), o instrumentos comunes que utilizaban como cuerdas o cestas.

Es obvio que el material que se posee hasta el día de hoy, está distribuido de manera muy desigual. Dependiendo del momento cronológico y del lugar geográfico, la disponibilidad de éste puede variar enormemente, por tanto es imposible hasta el día de hoy presentar un cuadro coherente de la vida campesina de forma continua y tomando todos sus aspectos. Habiendo aclarado aquello, prosigo con este tema.

Desde su nacimiento, hasta su muerte, el campesino se hallaba ligado a la tierra, sin importar de quien fuera esta, sin importar si el campesino era o no el propietario de esta. Parece ser que en realidad la propiedad importaba bastante poco ya que, con los continuos cambios políticos que se veían en Egipto, y por ende los cambios en la propiedad de la tierra repercutían bastante poco en la calidad de vida del campesino.  En definitiva, importaba poco trabajar en las tierras reales, de los templos o de algún gran terrateniente, para el campesino ello le era indiferente.

Lo que realmente le afectaba al campesino, más allá del propietario de la Tierra, era la crecida anual del Nilo, indispensable para fertilizar las tierras que usaba. Como la crecida del río era fundamental al momento de fertilizar la Tierra que el campesino usaba, éste, debía trabajar en función a su comportamiento.

La crecida del río se daba regularmente una vez al año. Lo que no era regular era la proporción año a año, de esa crecida, es decir el volumen y la altura de la crecida. Poca o mucha agua podía significar un mal año para Egipto, por lo tanto el panorama ideal, ya sea para campesinos como para todo Egipto, era un punto medio en la crecida anual del Nilo. Aun así, aunque la crecida del río fuera la óptima, el campesino egipcio era quien debía realizar un buen trabajo al momento de hacer producir la tierra.

La azada típica egipcia, la cual consistía en una hoja, inserta transversalmente en el extremo de un mango del mismo material, y unidos ambos por una cuerda trenzada. El campesino por lo general no trabajaba solo, casi siempre lo hacía con otro, quien era el encargado de guiar los bueyes, otros se encargaban de preparar la tierra rompiendo con la azada los compactos terrones de tierra negra, también estaba el sembrador quien de un cesto de mimbre esparcía las simientes.

La inmensa mayoría de los campesinos se dedicaba a los cultivos comerciales del país, esto es, cereales y lino. Pero también había labores vitivinícolas. La vid se conocía en Egipto desde los tiempos más remotos, los principales cultivos se encontraban en el delta del Nilo y en los Oasis de Jarga y Dajla, al oeste.

En la época de vendimia, agosto y septiembre, se recogían los racimos de uva madura y se llevaban en cestas de caña hasta un lugar de madera o piedra de forma alargada, donde cinco o seis hombre se encargaban de pisarla. Luego el mosto salía por unos agujeros y se recogía en una cuba.

También el campesino tenía otras labores que realizar en su diario vivir. Una de ellas era la pesca que realizaba en las marismas y pantanos, para así llenar la despensa de sus superiores con aquellos productos. Por lo general pescaba con ciertas clases de nasas, aunque de vez en cuando lo hacía con sedal y arpón.

A su vez el campesino se dedicaba a cuidar y criar ganado en las extensiones de tierra pantanosa que rodean los marismas y donde crecía pasto salvaje. Ellos eran los que llevaban la vida más dura dentro de esta clase  Los pastores vivían cerca de los pantanos con sus rebaños, no tenían vivienda estable alguna, sólo una choza de caña que guardaba sus pocos bienes. Se desplazaban constantemente con el ganado para así alimentarlo, y además se hacían responsables en caso de que algo le pasara a uno de los animales.

El campesino soportaba una vida de trabajo, esfuerzo, pobreza y enfermedad, e incluso se hallaba en una posición de incertidumbre total pues debía lidiar con fuerzas que él no podía comprender, como la misma crecida del río. Sin olvidar que este campesino también se encontraba a merced de su señor, cuyo aspecto es fundamental también para entender su vida.

Se debe recordar que durante aquellos años no había convenio colectivo que estableciera las condiciones mínimas en las cuales el trabajador egipcio debía realizar su trabajo. Las relaciones patrón trabajador tampoco estaban establecidas, el campesino por lo tanto estaba en las manos de su señor.

El salario se le pagaba en especies, en Egipto no se usó la moneda metálica hasta la llegada de la moneda griega. Su paga consistía en salarios para subsistir, un poco de grano, quizás a veces un poco de aceite, más de eso, difícil. Evidentemente el pago era exiguo, por lo que el campesino vivía entre la pobreza, extrema e indigencia, y el trabajo constante y extremo era la única vía por la cual este campesino podía tratar de evitar caer aun más en pobreza. Y sin embargo, parte de ese salario debía ahorrarse para terminar en los impuestos, no era extraño entonces que muchos no cumplieran con sus deberes tributarios.

En el caso de no pagar los recaudadores castigaban al campesino moroso de diferentes formas, lo maltrataban, le tiraban agua y lo insultaban. No sólo a él, también su familia era víctima de aquellos vejámenes. Ello es algo que queda registrado en las tumbas, donde se representaba el castigo que recibía quien no pagaba: muchas veces era azotado hasta casi la muerte.

Esto no era lo último que debía soportar el campesino, también estaba la Corvea. Este  era un servicio que debía realizar de forma obligatoria al Estado, y en menor medidas otros trabajadores no agrícolas. Podían ser reclutados en cualquier momento para realizar labores como construcción de caminos, palacios, diques, canales de regadío, o incluso el servicio de armas.

Existía desde los inicios, la corvea duró prácticamente todo el período dinástico y se obligaba a cumplirse a costa de severos castigos, los únicos campesinos que se eximían de la corvea eran aquellos que realizaban trabajos en templos especiales que, por decreto real, estaban exentos de la obligación, pudiendo conservar a sus trabajadores en tiempos de corvea.

Cuando la situación se hacía insostenible, y la vida del campesino se empobrecía a extremos que no se podían aguantar, muchas veces dejaba a su familia y huía. Se tiene registro de aquellas huidas desde la dinastía número XII, y se sabe que durante el período ptolemaico y sobre todo romano, la frecuencia e intensidad con la que se dio fue en un peligroso ascenso.

La anachoresis (nombre con el cual se designa estas huidas) tenía claras consecuencias económicas y sociales. Económicas porque se perdía mano de obra y muchas veces los gobernantes se veían en apuros bajo esta constante situación de reducción de la población trabajadora. Sociales porque muchas veces los campesinos que huían terminaban de vagabundos en otras ciudades, o incluso, terminaban en bandas de criminales que azolaban pueblos pequeños o a caminantes solitarios y desprotegidos.

Este campesino vivía probablemente en una casa hecha de adobe o ladrillos, alejada de su lugar de trabajo y junto a muchas otras casas similares de otros campesinos. Todas las aldeas eran muy similares, y probablemente no guardaban grandes diferencias con las aldeas que hasta ahora se pueden ver en Egipto. Más que casa, eran cuchitriles de una planta, sin ventanas y con uno o con suerte dos habitáculos, su techo era fabricado de paja o ramas de árboles, no disponía de un suelo sino que era sobre la tierra misma que se habitaba. Dentro de la casa no vivían con mobiliario, cama o silla, sólo habían esteras de pajas para dormir.

Las aldeas estaban compuestas de casas sin orden interno alguno, calles húmedas llenas de desechos, estiércol, agua putrefacta y mucha basura. Bajo esas condiciones era natural que la población contrajera enfermedades como la oftalmía producto de la arena, el viento y la suciedad; la hepatitis también era muy frecuente; la bilharziosis atacaba mucho a través del agua estancada e infectada llena de caracoles que portaban los gérmenes que transmitían la enfermedad, entre muchas otras enfermedades.

Esta era la vida que pesaba sobre el campesino desde que nacía, hasta que moría. Una vida cargada de trabajo duro, salarios miserables y hambre. Una vida que muchas veces se hacía insoportable y terminaba con el campesino huyendo para convertirse en un mendigo que vive de pedir en las calles, o en un bandido que roba en otros pueblos, como sea que fuere, la vida del campesino en el Egipto faraónico era dura, llena de vejámenes y muchas veces despreciada. Y con todo, era la vida del pilar fundamental de la base de la economía del antiguo Egipto.

El Artesano egipcio

Sobre el artesano las fuentes a diferencia del campesino, son mayores. Tenemos sobre todo las huellas de los talleres que ellos usaban para su trabajo, es decir vasos fabricados, cerámicas, instalaciones profesionales y productos diversos.

Una fuente de vital importancia para estudiar la figura del artesano en el Egipto antiguo son las construcciones de tumbas. Lógicamente esta fuente se hacía más rica con el pasar de los siglos, pues, en un inicio carecía de un nivel de información adecuado, pero con el devenir histórico, estas funcionaron como claras cúpulas de memoria. Así la Tumba egipcia se convierte en la fuente que concentra los elementos principales de la personalidad del hombre. La creencia del egipcio en la vida después de la muerte lleva a que las tumbas sean un instrumento privilegiado para el estudio histórico.

En las tumbas queda plasmado el rostro del hombre egipcio en las estatuas, su nombre también queda perpetuado en diversos registros que ahí se plasman en las puertas, paredes y habitaciones. Incluso a veces se tiene información de estos artesanos por medios indirectos: sus patrones o familiares hacen uso de sus nombres, ocupaciones o categoría profesional, información que ha llegado hasta la actualidad. Incluso a veces la relación es directa, pues el mismo sujeto deja establecido que en su tumba el registro de su vida, su obra laboral, profesión y nombre quede como registrado.

A la vez tenemos otra fuente, que, aun careciendo del valor y la riqueza en material de la fuente anterior, sigue poseyendo un nivel de importancia relevante, el alojamiento del egipcio –en este caso, artesano- nos habla de la ubicación de sus integrantes dentro de la compleja sociedad. No obstante, las referencias que desde aquella época nos han llegado son pocas, y aun habiéndose conservado, muchas veces han perdido los registros o las fuentes que demuestren qué clase de personas vivían en ellas, pero con todo las viviendas tienen un gran valor al reflejar intacta la vida de una persona, sin intervenciones por parte de terceros (como sí puede darse en una tumba, donde por ejemplo la vida de una persona puede ser manipulada a conveniencia de la misma).

Otra fuente relativamente importante que nos llega y que no se pueden obviar son los archivos procedentes de instituciones. Estos también poseen un mayor grado de objetividad pero con un enfoque diferente. La información que se nos entrega es por ejemplo, el origen geográfico del sujeto en cuestión, su cualificación, empleo, situación social; también se enumeraban sus tareas designadas o trabajos diversos que han realizado a templos, gobernadores o patrones; los salarios, beneficios y recompensas que recibían también se pueden encontrar en dichos archivos. El gran problema es la duración temporal de los mismos, pues estos archivos se conservaban con suerte unos 10 años, después eran lavados, y el papiro era reutilizado o eran usados como material para prender fuego. Lo que ha perdurado son aquellos papiros que han escapado por diferentes motivos de aquel destino, llegando a nosotros como papiros perdidos, rollos olvidados que fueron encontrados en algún lugar desolado, tumba o ruina solitaria. Tampoco podemos soslayar la existencia de copias que se mantuvieron para uso administrativo, copias que existieron gracias al trabajo constante de los escribas.

¿Quién era el artesano? Para comprender más a fondo quien era el artesano, parece apropiado diferenciar a este complejo sujeto en diferentes actores sociales, quienes entre sí, mostraban diferencias notables en cuanto a su situación y lugar social, algo propio a una sociedad como la egipcia que exponía evidentes grados de jerarquización social. Había ciertamente, grandes diferencias entre los máximos responsables de las obras, los artesanos especializados y los peones. Unos se entregaban a su carrera, otros a su trabajo y otros sólo a las tareas que les correspondían. Dentro de una sociedad con una administración central ampliamente presente, esta registraba y controlaba las actividades de todos estos hombres.

Durante el imperio antiguo los cargos más importantes eran el “director de trabajos del rey” (imy-r k3t nsw), y el “maestro real de abañilería” (mdh qd nsw). En ocasiones una misma persona se hacía cargo de ambas responsabilidades.

Como estamos hablando de un cargo de gran importancia, era elegido a través de los más cercanos al rey, muchas veces el visir, por lo tanto nos encontramos con una persona cercana al faraón, como pasó con el sabio Inhotep, quien inventó la pirámide escalonada  del rey Djeser en Saqqara, durante la III dinastía. Uno de sus sucesores, Sennedjem, se presenta como director de la doble casa del dinero, director del gabinete del rey, del Arsenal, de todos los despachos de la residencia y de los dominios meridionales. Claramente es un cargo muy elevado, el más elevado sólo superado por el rey local o el faraón.

Los maestros de obra eran frecuentemente obreros con experiencia. Personas que provienen de una familia de artesanos y que eventualmente, con el tiempo terminan consumando una suerte de dinastía, de ahí a que por ejemplo, de 10 jefe de cuadrilla (es decir, maestros de obra), 5 o 6 eran hijos de jefe de cuadrilla. Podemos por lo tanto afirmar que existía una gran y contundente tradición familiar en lo que respecta al artesanado y a la vez estos lazos familiares coinciden en el ordenamiento laboral, así como también es frecuente ver el traspaso de responsabilidades artísticas en el seno de la familia.

Son pocos los casos de artesanos que destacan mediante el ejercicio de su arte, además también se tiene poca información de los mismos. Sólo de aquellos que en su tumba plasmaron una autobiografía, o también a quienes sus propios patrones elogiaron en sus tumbas tenemos referencias. Solían ser pintores y escultores pero también arquitectos. Y un elemento a considerar eran sus ricas tumbas, prueba de que efectivamente eran artesanos de renombre, de lo contrario no se explicaría aquella bonanza económica.

Además de estos maestros reconocidos estaban los artesanos consumados, quienes eran una base fundamental e importante en la construcción de las obras más grandes de Egipto, obras que dicho sea de paso hasta el día de hoy nos deslumbran. Este es un grupo diverso, hay tallistas de sílex fino, pulimentadores, fabricantes de vasos, orfebres, joyeros, escultores y pintores que trabajan a mano de especialistas.

Nos encontramos entonces, a diferencia del caso del campesino, con una labor extremadamente diversa, cuya diversidad depende del puesto social dentro de Egipto, directores de trabajo, maestros de obra y artesanos, todos formaban parte de lo que conocemos como “artesano”,

¿Cómo era la vida privada del artesano?

Las autoridades les suministraban sus casas, vestimenta de trabajo, concesiones funerarias, alimento etc. A la vez el artesano debía dar prioridad a la construcción de la tumba del faraón, pero paralelo a ello realizaba trabajos para lograr ganancias adicionales, como la creación de sarcófagos, cestos, estatuas, muebles, etc., la importancia de estas actividades variaba dependiendo de cada caso y de cada artesano, pues su situación social también era diferente.

La dieta del artesano era variada, y desde luego mucho mejor que la del campesino. Además de los alimentos básicos (granos, frutas, verduras y pescados), se podían dar el gusto de acceder a otros alimentos pues tenían los medios, y con ello, su dieta mejoraba bastante. Su dieta se basaba en pan, pescado, cerveza, frutas varias, agua y otros productos dependiendo de la circunstancia.

Un punto importante a considerar es la tradición funeraria que tienen los artesanos. Ellos se esforzaban en  la sepultura y ajuar funerario, algo que es propio a la sociedad egipcia, aunque en el caso de los artesanos nos encontramos con personas que sí poseen medios y recursos para llevar a cabo esa ostentación. Tienen acceso a textos funerarios, cuyo contenido reproducían en las paredes de sus tumbas.

A su muerte, parte de sus bienes son transferidos a sus herederos en la medida que vayan cumpliendo con sus obligaciones hacia el difunto, la otra parte es destinada al ajuar funerario.

La vida religiosa de los artesanos varía dependiendo de la región de origen, y esto se refleja en la diversidad de cultos y festividades, además de los dioses protectores del artesanado, como Ptah, o los dioses en la cima de Tebas, como Hathor y Meretseger, también nos encontramos con cultos a los muertos, a los antepasados, así como también se rendía culto a muchas entidades de diferente índole y con características diversas.

Sus creencias religiosas se manifiestan en imágenes, estatuas procesionales, y se expresa cotidianamente en la casa.

Por último nos queda desarrollar lo que fue el arte mismo del artesano en Egipto. En este sentido los artesanos de Deir El-Medina fueron los más destacados. Se caracterizaron en realizar grandes obras, majestuosas y magnánimas que hasta el día de hoy existen.

El faraón encomendaba los trabajos más importantes a aquellos que él consideraba eran los profesionales más aptos, y no se equivocaba. Cuando encomendaba a un artesano a realizar una tarea especial, terminaba creando a un artista.

Aun así, el común de los artesanos trabajaba en el anonimato, era constante en la sociedad egipcia que los créditos se los llevara el empleador y no el autor de la obras. Sin dudas que el arte de los templos y de los grandes palacios tenía gran prestigio, pero la mayor parte de éste se realizaba en las propias casas de los artesanos. Se trataba de un arte más modesto y menos sofisticado pero mucho más socializado y generalizado, prácticamente todo el Mundo, del más humilde al más rico realizaba para sí o para sus allegados, jarrones, collares y diferentes artilugios; en otras palabras, el arte de Egipto era mayormente cotidiano, pero no tenía nombre y lamentablemente del mismo, tenemos pocas referencias hasta el día de hoy pues se trata de un arte sin nombre ni tampoco mayores referencias.

¿Vida cotidiana en el Egipto antiguo?

Es así, habiendo analizado a dos agentes históricos del Egipto antiguo, como damos por terminado este artículo que como se señaló en un inicio, buscaba reflejar y retratar un poco sobre este lado oculto del cual se desconoce bastante, es decir, el Egipto que va más allá de las grandes batallas, de los faraones y de las dinastías que gobernaron aquel país. Ciertamente luego de haber analizado ambos casos, podemos concluir con unas pequeñas ideas.

  1. El Egipto faraónico era un Mundo completamente diverso en términos sociales. Había una gran cantidad de clases sociales con su puesto y trabajo respectivo en la sociedad, y todas, con una gran diversidad dentro de sí. En este sentido podemos decir que el campesinado no poseía una gran diversidad interna, o mejor dicho, poseía una diversidad menos compleja que el artesano, este último variaba desde el empleado común, el “peón”, hasta el gran jefe que formaba parte de los más cercanos al monarca o faraón. El campesino en cambio, más allá de diferencias relacionadas al lugar de origen o a la función empleada, no poseía una jerarquización mayor dentro de su clase.
  2. Egipto, como sociedad eminentemente agrícola, poseía una base económica y social, esta base estaba compuesta por los campesinos quienes a su vez poseían una vida de trabajo duro, salarios miserables y tributación excesiva. Su vida era bastante pesada, lo que los llevaba muchas veces a escapar, dejar a sus familias y terminar en otras ciudades mendigando o delinquiendo, lo que a su vez le traía consecuencias a la administración central pues significaba menos mano de obra.
  3. La situación del artesano era más privilegiada, tenía capacidad para adquirir bienes y servicios. Su alimentación era más amplia, tenía acceso a alimentos más lejanos y difíciles de acceder. Incluso muchos artesanos alcanzaban altos cargos o tenían gran influencia sobre la administración del Estado.


Categorías:Historia

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