Filosofía árabe musulmana: Al-Farabi – Avicena

La filosofía árabe islámica está cruzada por distintas variantes culturales, las cuales, son la herencia griega –Aristóteles y Palón, cuya lectura se realiza en función a lo que Plotino ha legado- e islámica. En este sentido, y dentro de la perspectiva árabe medieval, Platón y Aristóteles son leídos como un todo sin división, pues para los filósofos musulmanes y judíos, no hay diferencia entre ambos. Plotino, y realizando una pequeña síntesis de lo que él nos hereda, nos habla del Uno que constituye el lugar de todos los lugares, y desde donde emanan los seres vivos de la Tierra; él, es quien articula el pensamiento de Platón y Aristóteles en uno, y por lo tanto, es quien configura y articula los parámetros culturales que se tendrán en cuenta durante muchos siglos ulteriores en el mundo árabe musulmán.

Por otro lado, el Islam no nace con Mahoma, sino que nace recién hacia el siglo IX y X de nuestra era. Su nacimiento se da dentro de una querella entre tres escuelas diferentes y muy importantes. Primero, está la escuela Hanbalí, quienes son esencialmente literalistas en relación al texto coránico. Segundo, los mutazilíes son una escuela que hacen una lectura coránica no literaria. Ambos reflexionan en torno a su existencia y divagan pensando en si el texto es creado o increado. Los hanbalistas creen que el Corán siempre estuvo con Dios –por tanto es increado- mientras que los Mutazilitas, por su parte creen que el texto fue creado por Dios para Mahoma.

En medio de dicha intensa discusión, la escuela Asharita “conciliará” ambas posturas postulando que, el Corán es creado e increado, vale decir, la palabra de Dios es increada, pero el texto divino es creado, de manera que, en la medida que esta tercera escuela proponga una doctrina de pensamiento que funcione como una suma y conjugación de las anteriores, logrará paulatinamente hegemonizarse en la región.

En este contexto, hacen su aparición los dos filósofos a los que debemos hacer alusión, Al-Farabi y Avicena. Ambos, como dice Jean Jolivet[1], pertenecen a diferentes líneas filosóficas del mundo musulmán, y por ende, ambos ostentan diferentes lógicas y visiones de mundo.

Si nos referimos a Al-Farabi, podemos decir que su obra se ciñe a tres grandes líneas y/o hipótesis. En primer lugar, se dedicó extensamente al comentario de Aristóteles y de manera más sistemática que Al-Kindi, lo cual puede obedecer a un contexto histórico más favorable pues para los años de Al-Farabi,  el conocimiento de las obras de Aristóteles es mayor.  En segundo lugar, destacando la importancia a la filosofía pura, Al-Farabi en un famoso tratado, se consagró a demostrar la existencia de un acuerdo concreto entre los dos sabios, es decir, Platón  y Aristóteles.  Y en tercer lugar, él escribió varios tratados rigurosamente filosóficos, en los cuales se puede percibir que, a diferencia de las obras de Al-Kindi, Al-Farabi resulta impregnar en sus tratados una connotación mucho más laica y profana.

Él acuña dos conceptos de gran importancia, Wuyud y Mawyud. El primero se puede traducir como sustancia, el segundo como existencia, no son lo mismo, y el segundo sería en sí, efecto del primero. En este aspecto, Al-Farabi, posee una teoría de la emanación en la cual todo el Universo deriva del ser primero, todo fluye constantemente desde aquél origen. Es un equivalente del Uno verdadero de Al-Kindi.  Esta idea pertenece completamente al neoplatonismo y se encuentra bastante distanciado de la religión. Del ser primero, emana todo, todo lugar y todas las inteligencias, las cuales son once, la última es propia al mundo sublunar, es decir la nuestra propia. Estas inteligencias son: 1) Ser primero, 2) ser segundo, 3) Cielo, 4) Saturno, 5) Júpiter, 6) Marte, 7) Sol, 8) Venus, 9) Mercurio, 10) Luna, 11) Tierra.

Además, no debemos olvidar que nosotros, los seres humanos, estamos rodeados de diferentes intelectos, los cuales, según Al-Farabi, son tres, el intelecto en Potencia, vale decir aquel común a todos nosotros; el intelecto en Acto emanado desde el ser primero y exterior al hombre; y el intelecto adquirido, la conexión de los dos anteriores.

A modo de síntesis, podemos decir que Al-Farabi instaura una línea de pensamiento filosófico que se preocupa mínimamente por la religión revelada, que ve en la religión su aspecto social, y la compara con la filosofía. Una línea que comienza con Al-Farabi, y termina en Averroes pasando por filósofos como Ibn Baja e Ibn Tufayl.

Avicena, en contraste de Al-Farabi, pertenece a una línea diferente, en la que pasa muy sutilmente del ámbito filosófico al religioso, dando un paso en uno, un paso en otro, o uniendo sus temas de un modo casi sinfónico, de manera de vincular el máximo de filosofía posible al máximo de religión posible.

Por otro lado, Avicena es un filósofo que destaca muy bien por su valoración en el tema de la imaginación, y es que, si hay una diferencia entre la filosofía occidental y la musulmana, es que la primera, no toma en consideración a la imaginación como elemento de importancia. En Avicena, la imaginación está muy presente, la cual es una facultad, canal y vía entre lo divino y lo humano, lugar donde la revelación se hace posible.  Según Avicena, la imaginación reproduce y da forma, se incluye en el intelecto, es creadora y posee dos tipos. La primera es la Fantasía, la que, en pocas palabras es un reservorio de los cinco sentidos, una imaginación que representa objetos, aun si éste no está. La segunda es la Imaginación Creadora, esta no se reduce a ser receptiva, sino que además es capaz de dar forma y a su vez la sintetiza en contra del paso del Tiempo.

En síntesis, pensar para Avicen, es imaginar, y esto a su vez, posee tres situaciones de acción: La Vigilia, proceso en que la memoria reúne las imágenes para que el alma permanezca consigo mismo. El Sueño, flujo vivo de la imaginación, es ahí donde el hombre se une con lo divino. La Revelación, grado máximo del sueño, doctrina que se presenta como aviceniana por excelencia.

Avicena plantea una teoría de la creación y con ella distingue –según Jean Jolivet- tres elementos medulares. En primer lugar, distingue entre ser Necesario y ser posible. El ser necesario es Dios, éste es la causa de la existencia del ser posible, por ende la existencia del ser posible procede de la influencia del ser necesario. En segundo lugar, esta creación es en sí misma necesaria y eterna. Y en tercer lugar, si se toma en consideración los seres creados, podemos distinguir en ellos, una esencia y una existencia. La esencia considerada en sí misma, es independiente de toda condición de existencia, no es ni universal ni particular, es lisa y llanamente presencia. La existencia se añade a esencias que en sí mismas no tienen existencia.

Es así como Avicena propone una segunda línea, diferente a Al-Farabi, en él, el vínculo entre la religión y la filosofía es mucho más estrecho, no obstante, no debemos errar en tal punto, pues a pesar de poseer un mayor vínculo con la religión comparado con Al-Farabi, Avicena no escatima fuerzas en demostrar reparos en contra de ciertos “dogmas” teológicos y religiosos, como por ejemplo cuando él declara que la creación es necesaria y eterna indica a la vez que la creación NO ES un acto libre de Dios.

A modo de conclusión, no me queda más que reiterar el punto importante, y  es que tanto Al-Farabi como Avicena, representan dos líneas filosóficas diferentes, el primero, junto a Averroes, está inmersos en una línea mucho más filosófica, Avicena por otro lado, junto con Al Kindi, manifiesta una cercanía a la teología mucho mayor.

[1] Jolivet, El Islam la filosofía y las ciencias, Editorial Unesco 1981.



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