Consecuencias políticas y económicas de la caída del imperio Bizantino

La importancia del imperio bizantino trasciende mucho más allá de las áreas que efectivamente dominó. La existencia del imperio bizantino significó e implicó la existencia de una importante irradiación de cultura, influencia y una serie de elementos que de una u otra forma, determinaron o condicionaron al resto de pueblos, reinos o imperios que le rodearon durante su historia. En este sentido la importante trascendencia del imperio se puede vislumbrar en términos geográficos y cronológicos hasta el día de hoy, ya sea en la herencia arquitectónica y artística que existe en toda Europa, de la cual se nutren muchas tendencias artísticas, o incluso en la configuración de imperios tan relevantes en la historia moderna como lo es el imperio otomano o el imperio ruso, ambos, de una u otra formas, autoproclamados como herederos del imperio bizantino.

Es por esto que parece apremiante indagar aunque sea sólo un poco en la influencia del imperio bizantino en las diversas áreas del devenir histórico. Ya sea en el arte, la arquitectura, la cultura como un todo, la economía, etcétera. En este aspecto podemos señalar que la herencia del imperio bizantino se materializa en todo tipo de sucesos, ya sea en acto activo o pasivo.

En este último punto se centrará el presente artículo, es decir, en los efectos que se dieron alrededor del área geográfica-cultural del imperio bizantino luego de su caída. En pocas palabras trataremos de desarrollar los efectos políticos y económicos que se dan luego de la caída del imperio bizantino a manos del imperio otomano. Es importante a la vez señalar que estos efectos serán estudiados en torno a la zona del cercano oriente, desde luego, la llamada Europa oriental.

Para ordenar un poco las ideas este trabajo se enfocará en primer lugar en una descripción general y bastante sucinta sobre lo que fue el imperio bizantino, para luego continuar con lo que fue su caída y los efectos políticos y económicos que se dieron a partir de la misma. Para finalizar conuna conclusión que cierre el presente trabajo tratando de sintetizar las ideas desarrolladas y contestar las interrogantes planteadas.

Un poco de historia

Hablar sobre el imperio bizantino nos lleva a tocar más de 2700 años de historia, su capital, Constantinopla inicia su existencia el año 650 antes de Cristo como fundación griega a orillas del Bósforo. Durante prácticamente 1000 años su existencia no tuvo mayor relevancia para los actores más importantes, es de hecho durante la época del imperio romano cuando comienza a ganar mayor reputación e importancia. Sería el emperador Constantino quien vería en esta ciudad, hasta entonces conocida como Bizancio, un punto importante en lo relativo a la estrategia y geopolítica imperial. Constantino, emperador romano, sabía que el área oriental del imperio romano era la región más sólida en términos militares, económicos y políticos, y es por eso que el día 11  de mayo del año 330 d.C., funda la nueva Roma en Bizancio. La decisión de Constantino era claramente geopolítica. Y no cometería error en tal decisión, pues Constantinopla sería la ciudad más próspera, rica e importante de Europa durante la mayor parte de la conocida edad Media, cabeza del imperio bizantino que por más de 1000 años sería un importante actor internacional en todo lo relativo al Mediterráneo.

Para comprender un poco la importancia de este imperio en relación al resto de la región vale la pena puntualizar ciertos elementos.

En primer lugar es bueno recordar que el llamado Imperio romano de oriente, sobrevivió aproximadamente un milenio a diferencia del imperio romano occidental. Ello por diferencias fundamentales en lo respectivo a sus posiciones económicas. El lado occidental no poseía la fuente de riquezas que sí poseía el lado oriental.  Vale la pena recordar que mientras en el sector oriental del imperio, existían ciudades muy ricas como Alejandría, Constantinopla, o regiones claves como todo Egipto, en el lado occidental la producción era considerablemente menor. En definitiva, una región –la oriental- era más rica, productiva y sostenible, que la otra –occidental-.

En segundo lugar, la posición de Constantinopla y el imperio bizantino es clave para entender también su mayor duración a diferencia del imperio romano occidental. Situada en la ruta comercial que conecta el norte con el sur, oriente con occidente, su posición contribuyó en gran medida a su florecimiento mercantil. Si esa importante conexión con tres continentes, sin esa disponibilidad importante de puertos y centros comerciales, no se podría entender la gran riqueza comercial de la cual con el pasar de los siglos se hizo el imperio bizantino. Desde luego, la importancia de los griegos y su gran conocimiento comercial fue de gran apoyo para el surgimiento del imperio.

En efecto, a su gran prosperidad económica, fruto de una importante producción y una estratégica posición comercial, se debe la existencia por más o menos 1000 años, del imperio bizantino. Es a partir de aquella prosperidad que el imperio logró disponer de cuantiosas sumas de dinero para sostener las guerras con sus enemigos durante tantos siglos.

Para ilustrar un poco esta prosperidad, es necesario citar ciertos datos. Cuando Constantino fundó la ciudad, esta tenía entre 300 y 350 mil habitantes, algo bastante grande para la época, y que, luego en la época de Teodosio probablemente se duplicó, e incluso entre los siglos V-VI se estima que la población de aquella ciudad era de aproximadamente 1 millón de habitantes.

Este gran ascenso como imperio, se ve reflejado en sus grandes éxitos militares que obtiene a nivel internacional. La era de Justiniano por ejemplo, es la era de mayor extensión del imperio bizantino, época en la que no sólo se tiene poder sobre los Balcanes y el sector oriental, sino que se llevan campañas militares en España, Italia y norte de África.

Esta, como hemos señalado, fue la gran época del imperio bizantino, su gran auge. Por lógica se entiende que luego de la misma, no se lograría el mismo grado de esplendor y que por tanto, se pierde parte de este auge lentamente. De hecho lo siguientes emperadores debieran sostener un imperio que se repliega dentro de fronteras más pequeñas que las que dejó Justiniano. Es por esto que el imperio bizantino queda replegado en su área oriental, y los intentos de conquistar (o, reconquistar) occidentes no se vuelven a plantear como posibilidad.

África y el cercano oriente luego del siglo VII caen en manos musulmanas. Italia poco a poco la iba perdiendo en manos de los lombardos y la península Ibérica, en manos de los visigodos.

No obstante, el imperio vive un resurgimiento durante la dinastía macedónica, la cual gobierna entre el 867 y el 1056.

Diversos factores tanto internos como externos condicionan a que el imperio bizantino resurja como referente internacional. Uno factor muy importante es la debilidad que vivían sus más importantes rivales durante la época  Por un lado el Islam entre el 850 y el 900 comienza a vivir un período de fragmentación interna, es en este período en el que la dinastía abbassida comienza a ser superada por actores internos, quienes al final la dejan sólo como un símbolo del poder.

Paralelo a ello, nuevos poderes regionales debilitan aun más al Islam. Los fatimitas declaran la creación de un califato independiente en el norte de África, en específico, Egipto. Mientras que España también se declara independiente a través de la conformación del califato de Córdoba el año 929.

En Europa occidental, también se veían grandes separaciones internas. El tratado de Verdún (843) dividió lo que hasta entonces era el terreno disputado perteneciente al imperio carolingio, lo que sepulta las aspiraciones para la resurrección del imperio romano, y lógicamente dividió las fuerzas en todo lo que entendemos hoy como el occidente europeo.

Por lo tanto, en base a los cambios tanto en el Islam como en el occidente europeo, el imperio bizantino logra retomar su posición predominante en la zona, y se inicia la época conocida como el renacimiento bizantino. Éste consistiría en el resurgimiento de la vida urbana (que hasta entonces venía en franco declive) y un nuevo período de conquistas y batallas.

Prueba de esto son los avances que el imperio tiene en relación a su enemigo musulmán: el año 957 Nicéforo Focas conquista Hadath, al norte de Siria. El año 951 se conquista Creta. El año 962 se conquista Alepo. El 965 se continúa con Chipre y Tarso. El año 969 se conquista Antioquía. El año 975 se llega incluso a Damasco, Juan Tzimesces atraviesa toda Siria. En pocas palabras, el balance es positivo.

No obstante, tras ese período de “renacimiento” que supuso la llegada de la dinastía Macedónica al poder, hacia la segunda mitad del siglo XI comienza un período de crisis, marcado por la creciente “feudalización” del imperio [1] y su debilidad ante la aparición de dos poderosos enemigos: los turcos selyúcidas y los reinados de Europa occidental.

En la frontera oriental, los turcos selyúcidas que hasta entonces habían estado concentrados en derrotar al Egipto Fatimí, comienzan a realizar incursiones en Asia menor, y con ello se comienza a avanzar lentamente, siendo un hito importante la derrota en Manzikert el año 1071.

En occidente los normandos expulsan de Italia a los bizantinos en pocos años (1060 – 1076). Y el golpe final se daría el año 1204, con la cuarta cruzada, en la que se invade Constantinopla y se da inicio al efímero imperio Latino (1204 – 1261).  Sería Miguel VIII Paleólogo quien reconquistaría la capital, pero desde entonces hasta la caída a manos de los turcos otomanos el año 1453, el imperio como tal estaría reducido sólo a la ciudad de Constantinopla y una parte muy pequeña de sus áreas periféricas.

Consecuencias Políticas de la caída del Imperio Bizantino

Como he señalado, la historia del imperio luego de la reunificación a manos del Miguel VIII, no es más que la historia de un imperio reducido casi exclusivamente a su ciudad principal –Constantinopla-. En el lado oriental, el avance turco tenía a las ciudades bizantinas en ascuas, muchas absorbidas por su influencia, conquista, o incluso debieron establecerse como ciudades vasallas otomanas. En el mar Mediterráneo la superioridad naval veneciana tenía muy sobrepasado al imperio sin posibilidades de influir en aquella región.

Por otro lado, el imperio bizantino se encontraba dividido internamente. Primero porque la Pronoia hacia el siglo XIV ya era hereditaria y los emperadores veían su poder altamente menguado. Segundo porque la reunificación del imperio, se dio casi 60 años después de la cuarta cruzada, y hacia esos años la legitimidad del emperador también iba en franca decadencia, luego de tantas décadas dividido, la mayor cantidad de los habitantes no había conocido la figura de un emperador, por lo tanto ya al emperador no se le veía con el mismo respeto ni poseía la misma importancia que previo a 1204. Esto incluso se manifestó en la contradicción interna dada a partir de la necesidad vista por los emperadores en unificar las iglesias, algo a lo que el pueblo constantemente  se negó. (Condición que dicho sea de paso, era un elemento que los reinos occidentales le ponían como condición para enviar ayuda).

El imperio Bizantino logró resistir durante un prolongado tiempo pues sus enemigos más cercanos como los turcos, mongoles o persas, se encontraban enfrascados en sus propias luchas. Cuestión que como sabemos, no duró eternamente. En el área oriental, los otomanos surgen y fundan una dinastía que sería líder de un gran imperio.

La caída de Constantinopla se produjo finalmente luego de 2 meses de sitio,  el 29 de mayo de 1453, a manos de Mehmet II.

¿Qué consecuencias políticas trajo este hecho?

Lógicamente, como ya se ha dicho, el imperio prácticamente cayó en 1204, lo que se reunificó luego en 1261 no sería más que un enclave de los Balcanes. Por tanto cabe pensar que la caída de Constantinopla y lo que quedaba del imperio bizantino, no fuera más que un hecho simbólico, un hecho que ya se veía venir desde muchos siglos con anterioridad. En parte es así, sin embargo ante ello hay que recordar que los hechos simbólicos muchas veces cargan una importancia política fundamental en el devenir histórico posterior, sobre todo cuando dicho hecho simbólico se mezcla con coyunturas históricas que determinan cambios importantes. Es por ello que se puede decir que la caída del imperio “aquel martes 29 de mayo de 1453, fue uno de los hechos más trascendentes en la Historia Universal, tanto así que se designó como una de las fechas posibles para determinar simbólicamente el fin de la era medieval”[2].

En este sentido cabe destacar que hacia el siglo XV importantes cambios se estaban dando en Europa y el oriente medio. Nuevos poderes regionales se configuraban y daban paso a nuevas dinastías gobernantes, los reyes católicos surgían en España, Luis XI en Francia y Enrique VII en Inglaterra.  Y más cerca del imperio bizantino, un nuevo poder se configuraba en el plano europeo: el imperio otomano de la mano de la dinastía osmandí, ascenso político que se ligaba directamente a la caída del imperio bizantino.

La primera gran consecuencia que podemos destacar a raíz de este suceso, es la conformación de este nuevo imperio en territorio europeo. La conquista de Constantinopla a manos de los otomanos en primer lugar, estableció a un imperio no cristiano en áreas que por más de 1000 años habían sido cristianas. A pesar de las grandes diferencias entre el occidente y el oriente cristiano, lo cierto es que habían grandes puntos de encuentro, y a fin de cuentas, el imperio bizantino seguía siendo mucho más cercano y conocido, que lo que se instalaría ahí, es decir, el imperio otomano, un imperio que surge de un pueblo que llegó desde muy lejos, y que rápidamente toma control de una importante zona europea.

Una segunda importante consecuencia fue la afirmación absoluta de la dinastía de Osmán –la llamada dinastía osmandí- en el poder. Esto  significó para la dinastía no sólo la demostración de su presencia fuera del imperio, sino que incluso más importante, dentro del mismo, pues esta victoria los impulsó para que pudieran establecerse como una casa dominante sin rivales. De hecho, es interesante recordar que Mehmet II había llegado al poder el año 1444 por primera vez luego de que su padre Murad II abdicara considerando que el imperio tenía estabilidad y que su hijo estaba capacitado para gobernar. No obstante por temores a revueltas internas y la inexperiencia de Mehmet II, hicieron que su padre retomara el cargo, gobernando durante otro período que va desde 1446 a 1451, año que fallece. El regreso de Mehmet significó el cumplimiento de sus objetivos, tomar la ciudad de Constantinopla, interpretando que con la conquista del imperio romano dejaría en claro que la dinastía tenía como predisposición la conquista del Mundo, y de paso, tal victoria le favoreció para eliminar cualquier problema que Mehmet pudo tener dentro de su propio Palacio. Es interesante recordar que esta victoria posicionó a tal nivel al gobernante Mehmet II, que sería llamado César (emperador de los romanos), Khan, Sultán, Padishah, de origen turco-mongol, árabe y persa respectivamente.

Una tercera consecuencia importante que se da luego de la caída del imperio es el fin de esta importante función que tuvo el imperio bizantino para la Europa occidental y buena parte de la Europa oriental desde hacía ya más de 1000 años. Una importante función casi geopolítica que tenía el imperio bizantino era su condición de tapón ante enemigos que llegaran sobre todo desde Asia. Ya desde el siglo VII el imperio había salvado prácticamente a Europa frente al avance árabe, el año 678 en la batalla de Silea los árabes son derrotados por el imperio bizantino, lo cual salva a la Europa oriental de las aspiraciones árabes en la zona y mueve los intereses de los árabes hacia regiones más orientales en el Asia[1]. Sin embargo, la caída del imperio bizantino pone fin a este óbice para los avances de enemigos externos, por lo que teniendo Constantinopla, los otomanos se ven en libre disposición de atacar e invadir la zona. Serbia, Bosnia y Albania caen en manos otomanas entre 1459 y 1468, se hicieron de plazas genovesas y venecianas en el mar Egeo hacia el año 1460. En el Mar negro conquistaron Crimea, que hasta el momento estaba en mano de los genoveses el 1475. E incluso se instalan en Otranto al sur de Italia el año 1480. En 1526 los otomanos derrotan a los húngaros en la batalla e Mohacs lo cual les significó establecer un protectorado sobre gran parte del territorio húngaro. A lo que no podemos olvidar las aspiraciones otomanas sobre Viena y las guerras que luego se daría contra El reino de España y la dinastía de los Habsburgo. Por lo tanto, el balance durante los primeros 100 años luego de la caída del imperio bizantino claramente se muestran favorables tan sólo en el territorio europeo (se deben sumar además, el resto de territorios conquistados en Asia y África) para el imperio otomano, logrando conquistar prácticamente los reinos más importantes del oriente Europeo, hacerse de la influencia en el Mediterraneo y avanzar hacia el occidente europeo, siendo una clara amenaza para el reino de España.

Una cuarta consecuencia, y una de las más importantes en la larga duración, es la conformación de una suerte de herencia política en torno al imperio bizantino. En pocas palabras, la caída del imperio llevó a que ciertos reinos se autoproclamaran herederos de la tradición bizantina, o mejor dicho, descendientes históricos de la historia del imperio bizantino. El imperio ruso es por ejemplo, un imperio que durante siglos se erigió ante el Mundo como un imperio que tenía dentro de sí, la “Tercera Roma”, e incluso más allá de la época imperial zarista, durante los años de la antigua Unión Soviética se pensaba que “estudiar el pasado bizantino se consideraba prácticamente una obra de patriotismo”[4]. Incluso el escudo de Rusia sigue siendo el águila bicéfala, símbolo imperial bizantino. De hecho el emperador del imperio ruso, se proclamaba Zar, es decir, César en ruso.

También como ya he mencionado anteriormente, el emperador otomano Mehmet II se llamaría así mismo Cesar, y vería en el imperio romano conquistado, un futuro lleno de esplendor para el futuro de su imperio.

Para comprender un poco en qué se basa esta trascendencia histórica del imperio bizantino, expresada en la herencia que otros países recalcan luego de la caída misma (sobre todo Rusia), cito textual.

Bizancio no depende de la extensión geográfica. Depende de una idea.  El que se diga que en 1453 cayó el Imperio Bizantino en manos de los turcos musulmanes parece una exageración, era una ciudad donde había 45 mil habitantes, pero ellos, liderados por su emperador y su patriarca estaban allí resistiendo y defendiendo esta idea imperial. Nunca el imperio claudicó de su idea imperial. Y eso es lo relevante: la consistencia que tenía esta noción imperial entre los bizantinos. El imperio no se define porque sea más grande o más chico, sino que se define por esa consistencia histórica. El verdadero eje de la acción histórica de Bizancio es su espíritu imperial, que es helénico, oriental y sobre todo cristiano. Todos los otros problemas, de que perdieron una provincia, que al final tenían sólo una ciudad, son avatares históricos que no afectan a esa idea. [5]

Como síntesis podemos decir que los cambios políticos que se dan en Europa a partir de la caída del imperio bizantino y la toma de Constantinopla por parte de los otomanos tiene relación directa con el reordenamiento político internacional que se daba en los tres continentes (África, Asia y Europa), específicamente en el área que rodea el mar Mediterráneo. Estos cambios se materializan en la emergencia de nuevos poderes locales y el declive de otros poderes que daban paso de una u otra forma, a estos reinos o imperios emergentes. Así tenemos a los otomanos, quienes en su ascenso, toman Constantinopla, invaden gran parte de la Europa oriental, amenazan reinos de la Europa occidental y se toman gran parte de la herencia bizantina para su propio uso.

Consecuencias económicas

Al referirnos a las consecuencias económicas, se deben realizar ciertas precisiones.

A partir del interés de este trabajo, es importante señalar que cuando hablemos de consecuencias económicas, no nos referimos a temas específicos inmediatas a la caída del imperio bizantino, como pueden ser por ejemplo la configuración de nuevas rutas comerciales, más bien tenemos en consideración cuando se habla de consecuencias económicas a cambios más profundos, específicamente tenemos en cuenta la gran disparidad que vive la zona oriental de Europa[6] en comparación a la zona occidental. En este sentido nuestra idea girará en función a la pregunta: ¿influyó de una u otra forma la caída o el declive del imperio bizantino en el retraso de la zona oriental de Europa en comparación a la zona occidental? O en contrapartida, ¿influyó la existencia de un imperio –en nuestro caso, el bizantino- para entender luego las disparidades que se verían desde el siglo XVI en adelante?

Lo correcto sería que para entender esto, primero aclarásemos un par de cosas. ¿Qué tanto influyó el imperio –ya sea para bien o para mal- no sólo a su propia área de dominio, sino que además al área que sin ser necesariamente dominada, recibió influencia del imperio? Si consideramos que un imperio es “una enorme estructura burocrática con un centro político y un eje de división de trabajo pero de culturas múltiples”[7]. Esta definición, se acomoda a lo que era el imperio bizantino (y en general a la mayoría de los imperios conocidos. ¿Pero qué tan influyente era el imperio bizantino? Es pertinente volver a citar a José Marín quien señala que  el imperio “lleva su cultura y religión, su civilización en definitiva,  a los pueblos limítrofes, y esas sí que entran en la órbita de influencias bizantinas:  Serbia, Bulgaria, más tarde Rumania, Rusia, a través de Rusia, el mundo de las naciones bálticas, Lituania y Estonia también reciben el influjo bizantino. Y todo este mundo se va a sentir heredero de Bizancio, aunque no formaron parte nunca integral del imperio”[8], por lo que es posible desprender que la existencia de un imperio, en este caso, el bizantino, tiene como consecuencia una irradiación de influencia en pueblos que no necesariamente formaron parte de su estructura imperial directamente.

¿Y en qué medida aquello influyó el desarrollo económico de toda aquella área que podemos denominar como parte del radio de influencia bizantina? Sabemos que luego de la recesión económica que vivió Europa entre los siglos XIV y XV, tuvo consecuencias disímiles entre el oriente y occidente Europeo. En el occidente europeo, se comienza a dar una transición paulatina a un incipiente trabajo libre asalariado[9], mientras que en el oriente europeo se da una reacción señorial que luego configura lo que conocemos como segunda servidumbre[10]. ¿Fue la caída del imperio lo que propició esta diferencia? Parece muy poco creíble que fuera así

Hacia el siglo XVI Europa oriental se convierte en un abastecedor más de lo que es la Europa occidental, en un lugar muy similar a lo que era la América española durante ese mismo siglo, pues mientras la América española abastecía al occidente europeo con metales, el oriente europeo abastecía al occidente fundamentalmente con cereales y madera.  No obstante lo anterior, hacia el siglo XIII las disparidades entre ambas regiones eran muy pequeñas, lo cual queda establecido a partir de lo que Traian Stoianovich sostiene, “si en el siglo XIV se descubren pequeñas diferencias cuantitativas la orientación de las sociedades balcánicas y la Europa [occidental], esta distinción ya era significativa en 1700, mucho mayor en 1800, e increíblemente grande en 1850”[11].

Por lo tanto, si nos remitimos a lo visto, es muy poco probable que estas grandes diferencias económicas sean consecuencias de la caída del imperio. Para poder acercarnos a una respuesta tentativa ante esta interrogante, sería apropiado entender en qué condiciones el occidente europeo surge como centro económico y deja a la Europa oriental y a América, como periferias de su influencia económica.

Hacia el siglo XVI el sector oeste de Europa comienza a consolidarse como el centro económico dentro de una llamada, economía mundo que paulatinamente expande sus redes e influencias hacia el resto del mundo, en primer lugar, América y el resto oriental de Europa. ¿Bajo qué condiciones se dio este desarrollo? Ahondar en ello nos lleva a trabajar sobre un amplio material descriptivo y analítico que existe el día de hoy, sin embargo hay elementos importantes que se deben destacar.

Immanuel Wallerstein en su obra “El Moderno Sistema Mundial” establece una serie de diferencias entre las condiciones que hay en el feudalismo, y un imperio al momento de establecer lo que es la economía mundo capitalista[12]. Para ello, el compara dos regiones diferentes y alejadas entre sí: Europa occidental, y el imperio chino. Una comparación muy interesante pues entre el siglo XV y XVI el poderío chino era mucho mayor que el europeo. Según Wallerstein las diferencias fundamentales son las siguientes.

I- Siguiendo una tesis de Weber, Wallerstein plantea que tanto en China como en el occidente europeo se dan dos procesos en el que el poder se divide y en cierta medida atomiza. En China tal proceso se define como prebendalización, mientras que en el occidente europeo se conoce como feudalización. Una diferencia fundamental de ambos es que el primero en el corto plazo beneficia menos a las clases terratenientes que el proceso de feudalización, pero en el largo plazo, la prebendalización sería una traba que impediría con mayor fuerza la conformación de un Estado centralizado, mientras que una clase feudal era más apropiada para el surgimiento de una monarquía centralizadora, esto porque a juicio del autor, en el sistema de valores feudales, un Rey puede utilizarlos para convertirse a sí mismo en un vértice de un único sistema jerarquizado de relaciones feudales, aunque ello tomara siglos en conseguirse.

II- La feudalización trajo consigo, un desmantelamiento de las estructuras imperiales, mientras que la prebendalización en realidad, la mantuvo.

III- Un imperio como unidad política, poseía obligaciones de defensa de grandes masas de Tierra y población, mientras que un Estado centralizado como Portugal, no poseía estas obligaciones, así, mientras los chinos deben preocuparse por ejemplo de los Waku japoneses, los portugueses no se apartan de sus aventuras en ultramar por la amenaza turca. Además, una expansión como la que llevó Portugal, no le habría parecido tan atractiva y beneficiosa a un emperador europeo, como sí al rey portugués.

IV- Un imperio a diferencia de un Estado en una economía Mundo, no puede considerarse emprendedor ni empresario. Un imperio concibe sólo su economía como un todo, no busca enriquecer sus economías a expensas de otras economías, por tanto no busca beneficios empresariales, sino que tributos.

Por lo tanto, la diferencia esencial es que mientras que en Europa, el imperio romano se desintegró y ello dio en la larga duración la conformación de una sociedad feudal, en China las estructuras políticas pudieron mantenerse aunque ciertamente, muy debilitadas. Estas diferencias fueron fundamentales para entender por qué en Europa se da aquel salto. Si bien es cierto, probablemente China estaba más preparada en el sentido de que poseía una burocracia más desarrollada, poseía tecnología y estaba más avanzada en la monetización de la economía, cargaba con una traba demasiado relevante que le impidió seguir el camino que siguió Europa occidental.

Comprendido este planteamiento, podemos sugerir que aquella situación también se dio en el imperio bizantino. Sobre todo a partir de la Pronoia que se dio en el imperio bizantino. Aunque, no son procesos que son del todo iguales, podemos decir que a pesar de todo, la estructura imperial se mantiene viva durante los siglos que duró el imperio hasta incluso la toma de Constantinopla por parte de los otomanos. Por ello, un factor fundamental para entender la disparidad entre occidente y oriente en Europa, no es en sí, la caída de Constantinopla, sino que más bien su existencia como imperio durante varios siglos más que en el caso occidental sirvió en este punto, como una traba para aquel desarrollo económico que lograrían los Estados del occidente europeo.

Incluso se puede hacer un paralelismo histórico: las invasiones otomanas que se dieron a finales del período medieval pueden ser comparadas a las invasiones que dieron término al imperio romano de occidente. En ambos casos se dan amplias destrucciones, se debilitan las autoridades. Claramente no sólo se instala un nuevo imperio –el otomano- sino que también como ya señalamos, se genera esta segunda servidumbre. Es por esto que una respuesta de acercamiento, y tentativa, sea que la caída del imperio bizantino no fue lo que socavó el desarrollo económico en el sud-oriente europeo, sino que fueron los siglos de existencia imperial, imperio que influyó política, económica y culturalmente pueblos que no estaban bajo su autoridad directa.

Aun así, la toma de Constantinopla no puede dejarse de lado y soslayarse de forma absoluta, un hito tan relevante como ese debe haber aportado en lo suyo, y he acá quizás donde cabe en parte la explicación a la que llega Immanuel Wallerstein cuando se trata de explicar las causas de las diferencias que se dan entre el occidente y el oriente europeo.

“Así, si en un momento dado del tiempo, debido a una serie de factores con un origen anterior, una región tiene una ligera ventaja sobre otra en términos de factor clave, y existe una coyuntura de circunstancias que otorgan a esta ligera ventaja una importancia central en términos de la determinación de la acción social, entonces esta ligera ventaja se convierte en una gran disparidad, y la ventaja se mantiene incluso después de haber sido superada la coyuntura.  Este fue el caso en los siglos XV y XVI en Europa. Dada la gran expansión de la amplitud geográfica y demográfica del Mundo del comercio y de la industria, algunas áreas de Europa podían amasar las ganancias de esta expansión tanto más si podían especializarse e las actividades esenciales para la recogida de esta ganancia (…) O Europa oriental se convertía en la <<cesta del pan>> de la Europa occidental, o viceversa (…) En ese momento, la ligera ventaja del siglo XV se convirtió en la gran disparidad del siglo XVII y la diferencia monumental del siglo XIX”[13].

Como síntesis podemos concluir los siguientes enunciados.

  1. La caída del imperio bizantino no fue concluyente al momento de definir las diferencias entre el occidente y oriente europeo.
  2. Las condiciones que propiciaron las disparidades que se verían con el pasar de los siglos posteriores a la caída del imperio, eran condiciones estructurales que se manifestaron a través de la existencia del imperio, condiciones que evitaban la emergencia económica como sí se habían dado en el occidente europeo.
  3. A pesar de lo dicho en el punto a, las invasiones otomanas debilitaron al oriente europeo, por lo tanto si no fueron concluyentes, sí condicionaron en parte los resultados que se darían luego de pasada la coyuntura.

Conclusiones

A través de este trabajo he desarrollado dos interrogantes relacionadas entre sí, las consecuencias políticas y económicas que se dieron luego de la caída del imperio bizantino en lo posible buscando relaciones y causales que explicaran dichas consecuencias.

La primera consecuencia, la política, se da a partir directamente de la caída del imperio bizantino y la toma de Constantinopla. El imperio otomano de la mano de Mehmet II se consolida como actor de relevancia en Europa, el gobernante se hace de poder y prestigio, y los otomanos luego tomarían control de gran parte de la Europa occidental incluso avanzando en distintos frente hacia el occidente.

La segunda consecuencia, la económica, no posee las mismas características que la anterior en el sentido que las consecuencias que se dan a raíz de la caída del imperio en realidad no son determinantes al momento de analizar el subdesarrollo económico en Europa oriental comparado a Europa occidental. Más bien los factores determinante son estructurales y se vinculan al modelo imperial de Bizancio, mas no en cuestiones puntuales como la toma de Constantinopla. Aun así, se debe mencionar que este es un trabajo tentativo y no busca una respuesta absoluta ante esta dinámica, sólo trazar nuevas perspectivas acerca del asunto.

[1]  Se entiende como Pronoia a aquel proceso que se da en el imperio bizantino desde el siglo X en adelante más o menos, y que comienza como la entrega de terrenos a personas con éxitos militares y que luego llegarían a ser terrenos hereditarios.  Este es el proceso que es entendido como la feudaización del imperio bizantino.

[2]  Salinas, “Significado de a caída de Constantinopla para el imperio otomano”, Bizantion Nea Hellas, 2005, Pág. 134.

[3]  De hecho el año 751 los árabes derrotan a los chinos en la batalla de Talas. Lo que demuestra que los árabes desviaban su atención hacia el lejano oriente.

[4]  Marín, “Bizancio, síntesis de lo helenístico, lo romano y lo cristiano”, pág. 8.

[5] Ibídem.

[6] Como oriente europeo entenderemos aquella área que hoy comprende las áreas de Bulgaria, Hungría, Grecia, Polonia, Bohemia, Silesia, Lituania, y Kiev.

[7]  Wallerstein, “Análisis de Sistema – Mundo”.

[8] Marín, “Ob Cit”. Pág. 7

[9] Cuando nos referimos a esta incipiente estructura económica en la que predomina el trabajo libre asalariado, entendemos aquellas relaciones sociales que se estaban dando en el oeste europeo, especialmente en Inglaterra, donde el Yeoman, es decir este campesino libre con una pequeña propiedad tenía cada vez mayor importancia.

[10]  Hasta antes del siglo XV los terratenientes al este del Elba eran actores más bien individuales pues su existencia como clase social unificada económica, política y con una amplia conciencia de clases es obra del siglo XV y XVI.

[11] Stoianovich, “Material Foundations of preindustrial civilization in the balkans”, Journal of Social History, iv, 3, 1971, página 223.

[12]  Wallerstein, “El Moderno Sistema Mundial I”, siglo XXI, 2007.

[13]  Wallerstein, Ibídem, Pág. 138.

Bibliografía

Herrera Cajas Héctor, “Las relaciones internacionales del imperio bizantino durante la época de las grandes invasiones”

Malleros Fotios, El Imperio Bizantino 385-1204

Marín José,  “Bizancio, síntesis de lo helenístico, lo romano y lo cristiano

Salinas Sebastián, “Significado de a caída de Constantinopla para el imperio otomano”

Stoianovich Traian, “Material Foundations of preindustrial civilization in the Balkans”

Wallerstein Immanuel, Análisis del Sistema Mundo.

Wallerstein Immanuel, El Moderno Sistema Mundial I.



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