¿Son la cultura y la moral relativas?

Esta pregunta, aunque pueda parecer trivial o en el mejor de los casos un tema que solo atañe al campo de la filosofía y la antropología, en realidad es sumamente profunda y se vincula directamente con todos los aspectos de nuestra vida tanto en el ámbito privado como público. Tan solo piénsese en algunos de los debates más candentes en la política española del 2021: la ley trans y la eutanasia, ¿qué relación puede haber entre ambos temas políticos con la cultura y la moral? Una respuesta corta sería ¡mucho!, una respuesta más elaborada sería que tanto la concepción del género y la vida son aspectos culturales que al no ser completamente comprendidos por la sociedad llevan a fuertes debates. Por ejemplo, tanto detractores como partidarios de la ley trans mantienen una posición diametralmente opuesta con respecto a la cultura, así, el partidario considera que el género es una construcción cultural y casi personal, por lo cual depende de cada persona y de su propia identificación cultural su género, en este sentido es válido sentirse hombre, mujer o el género que se me ocurra y ninguno es más válido que otro negando cualquier valoración absoluta y universalista, sus detractores opinan lo contrario al creer que el género no puede ser cultural ya que mantendría un fuerte componente biológico, por lo cual sí habría un componente absoluto y universal que debería ser respetado.

Para intentar avanzar en este debate mencionemos cuáles serían los principales conceptos que se encuentran en oposición: i) ¿es la cultura relativa a su contexto o por el contrario evoluciona? Si mantengo lo primero, en estricto rigor no puedo decir que una tribu perdida del Amazonas mantiene una situación de inferioridad, subdesarrollo o retraso en relación a las culturas europeas, ya que todas al ser relativas a su contexto, “valen lo mismo” (dicho de un modo bastante vulgar, mi perdón a todos los antropólogos), en cambio si yo establezco lo primero, puedo decir que la civilización europea mantiene un nivel de desarrollo superior en la gran mayoría de los aspectos siendo su cultura un importante reflejo de tal proceso. ii) ¿Tiene la historia leyes que la dominan o simplemente no las tiene? Otro punto fundamental pues, en caso de que la historia posea leyes, irremediablemente debemos asumir que esta avanza según ciertos patrones y reglas que la determinan, por el contrario en caso de no tenerlas (o de tener como ley solo la sucesión de hechos), la historia sería simplemente un relato del azar mismo. iii) ¿Es la moral absoluta o relativa? Si es absoluta podemos establecer un “bien” y un “mal” objetivo y luego nivelar, calibrar y ponderar las diferentes culturas y comportamientos individuales de más o menos buenos/malos, por el contrario, si esta es relativa, entonces lo anterior es imposible de elaborar, siendo lo bueno y lo malo solo relativo a un contexto e incluso una persona (un absurdo pero que en principio sí se puede establecer).

De lo anterior se desprenden las diferentes mezclas posibles:

  1. Cultura relativa, una historia dominada por leyes y una moral absoluta
  2. Cultura relativa, una historia dominada por leyes y una moral relativa
  3. Cultura relativa, una historia sin leyes y una moral relativa
  4. Cultura relativa, una historia sin leyes y una moral absoluta
  5. Cultura evolucionista, una historia sin leyes, y una moral absoluta
  6. Cultura evolucionista, una historia sin leyes, y una moral relativa
  7. Cultura evolucionista, una historia dominada por leyes, y una moral relativa
  8. Cultura evolucionista, una historia dominada por leyes, y una moral absoluta

Ahora podemos ir descartando las que no mantienen un grado de lógica mínimo. Una cultura no puede ser a la vez relativa y mantener una moral absoluta, es absurdo, si decimos que matar es algo objetivamente malo pero en una cultura está aprobado socialmente el asesinato, ¿cómo concebimos ambos axiomas en un mismo lugar y momento? Por principio de no contradicción no se puede. Del mismo modo no podemos decir que la moral y la cultura sean relativas mientras que la historia se encuentra determinadas por leyes pues igualmente es contradictorio, y es que si existen leyes que mueven a la historia (es decir, que no solo se trate de hechos que por azar se suceden unos a otros) esto significa que la misma tiene un comportamiento causal y direccionado tal que A pasa a (->) B, esto independiente del fin, objetivo o motor, el hecho es que tal comportamiento no puede ir de la mano con una moral y cultura relativa, es decir, como mínimo si hay leyes históricas, no puede haber relativismo, del mismo modo que si en una sociedad hay una ley que penaliza el asesinato, no hay (en teoría) un “buen asesinato”, ya que el asesinato está concebido como algo perjudicial.

Por lo tanto, de todas estas combinaciones posibles solo dos son realmente factibles en términos lógicos:

  • O tenemos una cultura relativa, una historia sin leyes y una moral relativa
  • O tenemos una cultura evolucionista, una historia dominada por leyes y una moral absoluta

Partamos con el segundo axioma.

En general quienes lo postulan tienen sobre sí una carga histórica negativa pues deben asumir los errores que corrientes como el racialismo, el evolucionismo antropológico y el determinismo geográfico (entre otras), han sostenido. Esto pues en general han caído en diferentes concepciones dogmáticas o poco desarrolladas. Dando por desechado al racialismo, el resto de corrientes carecía de una idea central que explicase el mismo motor de la historia, condición sine qua non si lo que se busca es establecer que la historia se rige por leyes.

Con respecto al primer axioma el problema anterior se intensifica. Asumir que el universo social no posee leyes históricas que determinan su devenir implica exponerlo al azar ontológico, lo cual no tiene sentido si se asume que el universo físico se rige por leyes deterministas. En este punto estamos entrando en un campo metafísico donde lo que habría que asumir es si el Universo se rige por determinismo o por azar, y además, en esa situación sería sumamente incoherente y arbitrario establecer una conexión entre el universo físico (o mejor dicho, todo lo no humano) y el social, ya que sería como cortar el universo en dos realidades diferentes separadas que se rigen por leyes (en un lado) y por azar (en el otro) a la vez, lo cual es contradictorio.

Por esto, cuando se llega a este nivel de razonamiento lo que se asume es una “opción intermedia” que permita la existencia del determinismo universal a la vez que existe una dimensión social sin leyes, de este modo arribamos a premisas como la dualidad mente-cuerpo o el espíritu hegeliano que mueve la historia.

Por este motivo, cualquier defensa al primer axioma contiene contradicciones insalvables y cuya única forma que se tiene para mantener la coherencia lógica sería apelando al azar ontológico en todo nivel, pero el problema con esta posición es que en general el conocimiento científico apunta en otra dirección. Aunque ojo, no estoy aquí afirmando que “porque lo diga la ciencia es más válido el determinismo que el azar” pues de ser así me estaría expresando en términos falaces, lo que realmente sostengo es que el estudio científico es un aspecto más a tener en cuenta.

Es entonces cuando toda posición relativista entra en contradicción al momento de plantearse diferentes asuntos. Si la cultura es relativa, podemos concluir que una cultura que permita la pedofilia es tan válida -en su contexto- como una cultura que la condena, estamos en este punto contrariando los principales preceptos de la declaración de los Derechos Humanos (que en su esencia es sumamente universalista), pero si la cultura es dinámica y tanto social como personal, al ser relativa en principio no existen verdades universales sino que muchas verdades, y en el extremo más absurdo, tantas verdades como personas y todas con igual validez (en teoría), por lo que al no existir una verdad superior a otra, ¿qué argumento lógico impide que una persona asuma culturalmente válido el asesinato o la estafa? En un primer lugar se puede sostener que la cultura es social y no personal, pero al hacerlo entramos en un debate donde debemos limitar la cultura, ¿esta solo incluye a un pueblo, país o región? Es claro que cuando vemos a una tribu perdida tenemos claridad del límite cultural entre esta y nosotros, ¿pero si comparamos la cultura de un pueblo perdido en Extremadura con la cultura de Madrid? Podremos decir que son culturas un poco diferentes pero que forman parte de una cultura mayor -la española- por lo cual sus similitudes son mucho mayores que sus diferencias. ¿No es posible asumir lo mismo a nivel global máxime tras la globalización? ¿En qué grado una cultura pasa a ser otra? Todas estas preguntas pueden ser respondidas por el relativismo pero siempre con algún argumento arbitrario. Ahora, más importante todavía es que si no hay verdades absolutas, entonces no hay ningún problema si el día de mañana este mismo hombre que valida el asesinato y la estafa pueda hacer proselitismo hasta alcanzar el 51% de la sociedad para terminar defendiendo la validez social ambos crímenes, es decir en el fondo esta teoría lleva a que razonemos hacia la falacia Ad populum. Lógicamente incoherente.

Si damos por hecho que el Universo es determinista (esto incluye tanto el físico como el social), entonces debemos dar por hecho que la historia se rige por leyes y por ende, la cultura y la moral no son relativas sino que absolutas. Esto, aun cuando diferentes corrientes que concebían este axioma hayan cometido tantos errores o esbozaran teorías tan poco acabadas.

En ciencias sociales la única corriente que cumple con una explicación completa en este aspecto es el Materialismo Histórico de Marx y Engels, algo que Marvin Harris reconoce al admitir que de no ser Karl Marx el padre de las ciencias sociales, no lo es nadie.

Si entendemos la jerarquización esbozada en Infraestructura -> Estructura -> Superestructura, tal que la infraestructura es el desarrollo de las fuerzas productivas, la estructura se corresponde con las relaciones sociales de producción y la superestructura expresa todos los elementos que dependen de la estructura (política, ideología, religión, arte, filosofía, y en su conjunto la cultura), siendo la primera una manifestación de la misma técnica del humano en el trabajo, siendo a su vez el trabajo la actividad esencial y vital del ser humano (como lo es caza para los lobos), entonces volvemos a lo ya descrito, la base de toda cultura humana descansa en el desarrollo mismo de la técnica del ser humano en el trabajo.

Esta explicación guarda una relación empírica con la observación histórica y antropológica del devenir de la humanidad. Así, milenios antes de la revolución neolítica la técnica humana era mucho más primitiva, las fuerzas productivas eran básicas, y en tales condiciones las tribus enfocaban casi el 100% de su trabajo en obtener alimentos, siendo utilizado el tiempo restante en otras actividades como las relaciones humanas y sexuales, y, una mínima parte a aspectos como el arte o el pensamiento mismo. En estas condiciones la cultura no podía dar cobijo al desarrollo del pensamiento filosófico como sucedió en la Grecia clásica, momento en que las fuerzas productivas tenían tal desarrollo que permitían una estructura social tal que a su vez daba espacio a una minoría intelectual dedicada al pensamiento (los filósofos) y cuya organización política era mucho más compleja.

Pero entonces entender que la historia se rige por leyes no implica que podamos juzgar otras culturas desde una perspectiva etnocéntrica. En tal caso lo que ocurre es que olvidamos que otras culturas son o fuero lo que fueron a raíz de una realidad material, en consecuencia, el juzgarlas es un acto arbitrario que niega el análisis científico de la historia y la cultura. Ergo, no tiene sentido que en pleno siglo XXI juzguemos con nuestra moral lo sucedido durante la conquista en América del mismo modo que intentemos hacer falsas equivalencias entre culturas con diferentes grados de desarrollo.

Simplificado, es igualmente incoherente decir que “los españoles fueron malos por emprender la conquista” a decir que “los nativos americanos que sacrificaban personas en rituales religiosos mantenían el mismo desarrollo que los conquistadores”, en ambos casos se transgrede lo ya explicado.

La cultura y la moral no existen en un plano diferente al de las cosas y la materia, esta es la conclusión que todos debiéramos tener entendida, por eso no es coherente la creencia de que con cambiar el lenguaje se elimina el machismo, por ejemplo, ni mucho menos redefiniendo los conceptos de mujer u hombre se crean nuevos sexos o “géneros”. En ese caso lo que se hace es pensar en una jerarquización inversa a la explicada siendo la cultura la que determina las condiciones materiales pues coexiste en un éter separada de toda realidad objetiva, material y concreta, lo cual como se ha observado es contradictorio e incoherente, manifestando y ejemplificando una suerte de “idealismo cultural”.

Analicemos la cultura científicamente



Categorías:Antropología

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