La libertad según Juan Ramón Rallo

Recientemente Juan Ramón Rallo, economista español adherente a la escuela Austriaca publicó en su cuenta de Twitter el siguiente comentario:

Tres definiciones de libertad:

1º Ausencia de interferencia activa y no consentida por parte de terceros.

2º Capacidad para

3º Formación de preferencias sin influencias externas.

La definición liberal de libertad es la primera

https://twitter.com/juanrallo/status/1372574064779350016

Para profundizar un poco más en esta posición citaré algunos extractos de su artículoDe la igualdad liberal a la igualdad iliberal” publicado el 19 de noviembre de 2018 en su página juanramonrallo.com. En éste indica:

El liberalismo es una filosofía política radicalmente igualitaria: todos los individuos, con independencia de su raza, etnia, sexo o religión son titulares de exactamente los mismos derechos. ¿Qué derechos? El fundamental, y aquel del que se derivan todos los demás, es el derecho de cada persona a tratar de desplegar sus propios proyectos vitales sin que el resto de individuos interfieran en esos planes.

(…)

A ese derecho a no vernos interferidos por otros es a lo que llamamos libertad: libertad de acción sin que me esclavicen; libertad de expresión sin que me censuren; libertad de reunión sin que disuelvan el encuentro; libertad de asociación sin que me encarcelen; libertad de profesar cualquier fe sin que me aplasten; libertad de mantener relaciones sexuales consentidas con otra persona sin que me degüellen; libertad de consumir cualquier sustancia sin que me detengan; o libertad de comerciar consentidamente con otros sin que me parasiten.

(…)

Pero los principios igualitarios del liberalismo no van más allá. Igualdad jurídica sí, igualdad material no. A la postre, legitimar a unas personas para que utilicen la fuerza sobre otras con tal de igualar cualquier variable material (riqueza, belleza, status, inteligencia, número de amistades, número de relaciones sexuales, presencia en los medios de comunicación…) constituiría una fortísima interferencia en los planes vitales de la persona violentada: es decir, una injerencia en su libertad.

(…) es que esa posible limitación de las libertades personales (incluyendo la limitación de la propiedad privada, aunque también de otras posibles libertades personales) en nombre del deber de socorro ha de ser excepcional, pues en caso contrario estaríamos sacrificando permanentemente la vida de determinadas personas (los socorristas) en beneficio de la vida de otras personas (los socorridos)”

El planteamiento en general es muy simple de entender. Recordemos que para el liberalismo la libertad parte de un axioma metafísico en el que se concibe como natural e individual, y cuya máxima es no transgredir ni pasar por sobre la libertad de otros, por lo que es entendible que se luche por el libre derecho a la expresión pero no al insulto o a divulgar mensajes de odio, pues allí se entiende que se cruza la delgada línea que separa diferentes libertades individuales. Juan Ramón Rallo (desde ahora JRR) cuando indica que la libertad es la ausencia de interferencia lo que hace realmente es revertir el planteamiento como ya explicaré. De hecho, JRR lo remarca cuando indica que “la libertad (en su acepción negativa) constituye un presupuesto para cualquier concepto positivo de la libertad que queramos elaborar”, es decir que para que la libertad exista debe ante todo suprimirse cualquier interferencia activa y no consentida por parte de terceros. Simplificado, no se trata de razonar que X es libre porque puede hacer lo que gusta (acepción #2), ni tampoco es libre porque decida sin influencias externas (acepción #3), X es libre porque nadie interfiere en su desenvolvimiento, por ejemplo X no tiene ninguna ley que impida su desarrollo como empresario o que lo sancionen por opinar en contra del régimen establecido.

Negar la acepción #2 implica negar la libertad concebida como muchos críticos del liberalismo, y negar la #3 implica un refugio válido contra las críticas que se hace al libre albedrío.

Ahora bien, el problema con este planteamiento es que es sumamente circular fruto del intento de negar la segunda acepción, pues, si la libertad es la ausencia activa y pasiva de interferencia de terceros, ¿qué implica que una persona tenga un nivel menor de estas interferencias? Pues que es más libre, dirá JRR, una circularidad absurda de toda la vida (tal que A -> B; B->A). Para superar esta circularidad habría que definir esta libertad que sujeto X posee en mayor grado que sujeto Y con otra definición que cobije ambas premisas. En otras palabras, si digo que una persona es libre porque no tiene interferencias lo único que estoy indicando es que tal libertad depende de la interferencia, pero no estoy realmente definiéndola.

Si busco definir esta libertad, irremediablemente deberé decir que de una u otra forma, es una capacidad de obra, pensamiento y palabra, es decir, irremediablemente caigo en #2. Pero si llego a esta conclusión estoy diciendo que #1 = #2, por lo tanto todo este castillo teórico descansa en axiomas que buscan más que nada ocultar que la libertad descansa directamente en condiciones materiales de toda la vida.

Si yo digo que la libertad es una capacidad para hacer, decir o pensar, irremediablemente impacto en las condiciones sociales tangibles y concretas. Y es que en efecto, una persona con un ingreso de 1000 € mensuales tiene una capacidad inferior a otra con 50.000 € mensuales. JRR busca negar esto afirmando que la libertad no se trata de capacidad, sino que de ausencia de interferencias de otros para finalmente concluir que una persona que recibe 1000 € mensuales tiene la misma libertad que otra que recibe 50.000 € pues ambos poseen el mismo nivel de interferencia, olvidando de modo arbitrario que las condiciones sociales también forman parte de estas interferencias y validando discursos como “nada te impide ser empresario”

El planteamiento de JRR olvida algo muy básico: si en una sociedad la estructura está dividida en una relación de 90:10, donde económica y socialmente es necesario que 90 hagan labores de trabajo mal remuneradas y los restantes cumplan con las funciones mejor remuneradas, es derechamente imposible que tal concepción de libertad pueda ser aplicable fuera del campo estrictamente teórico.

Por supuesto, su defensa (como la de todo el liberalismo) descansa en la creencia de que, al intentar nivelar las desigualdades se termina afectando y menguando las libertades de muchas personas (por ejemplo mediante los impuestos y el gasto público), lo cual tiene sentido desde su perspectiva filosóficamente trivial, pero pierde todo el sentido cuando lo analizamos desde una posición dialéctica marxista.

Si concebimos que la libertad es la capacidad para hacer, decir y pensar, capacidad directamente vinculada con la realidad material representada por las relaciones sociales de producción, entonces (y como lo indicaba Hegel) ni el capitalista (esclavista) y proletariado (esclavo) son libres, ya que en el fondo cada uno depende del otro inmersos en una relación de explotación, por lo cual no es posible asegurar más libertad simplemente limitando la libertad del capitalista, ¿acaso es más libre el esclavo si su señor lleva las manos encadenadas? Quizás no reciba 5 palizas al día, pero no es más libre. La única opción que queda es superar esta misma relación de explotación, pero para ello la realidad material debe evolucionar para hacer posible la no-explotación.

JRR razona, como muchos, en dos únicas opciones A – B, sin ver la opción de C. Solo se queda entre la afirmación y su consecuente negación (libertad vs igualitarismo), y está incapacitado para ver la síntesis que absorba tales contradicciones para siempre.

El razonamiento de JRR a pesar de carecer de profundidad forma parte del mainstream en buena parte de la sociedad, incluso en sus detractores socialistas (quienes afirman que es necesario reducir “la libertad” en beneficio de la igualdad), y este es un grave problema de las ciencias sociales contemporáneas.

Es necesario superar esas limitaciones.



Categorías:Política

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