¿Es inútil la filosofía?

Me era usual leer y oír a políticos y científicos afirmando que la filosofía es un oficio inútil y muerto superado por la ciencia, de hecho personalmente durante años yo coincidía con buena parte de esta visión aunque  ya la consideraba superada tanto en mí como en las personas de mis círculos más próximos, sin embargo hace unos días escuché a un conocido (tras decirle que filosóficamente la posición teísta está mucho más fortalecida que la posición ateísta), decir que la filosofía no es científica, lo cual personalmente me ha sorprendido porque considero que entre las personas que se consideran críticas y racionales (como él) no deberían manifestar afirmaciones tan frívolas y vacías de argumentos.

Al margen de ese hecho particular (del que luego volveré), lo cierto es que la visión que minimiza e inferioriza a la filosofía a un simple saber obsoleto y superado está muy extendida en el mundo. Así, por ejemplo hace años el ya fallecido físico Stephen Hawking declaró que “la filosofía ha muerto” pues ahora “solo los físicos explican el cosmos”. También debo mencionar que, con el Boom de los YouTubers que divulgan ciencia, se percibe un ambiente excesivamente cientificista en muchos de ellos, por ejemplo Rocío Vidal ha dicho en una reciente entrevista que “La creencia irracional más extendida evidentemente es Dios y la religión. Que cada uno puede creer lo que quiera, pero es una creencia irracional y propia que se ha puesto como una verdad universal (…) Hemos visto a Dios en muchísimas cosas y cada vez lo vemos en menos porque la ciencia, y el avance de la sociedad, ha llenado esos huecos”, no entraré en el debate de la existencia de Dios, pero quiero notar que en esta pequeña afirmación la divulgadora mantiene una posición cientificista en tanto declara que la creencia en Dios es irracional, y al carecer de razón, tampoco posee una lógica Stricto sensu, pero en el acto lo que realmente nos dice Vidal es que la creencia en Dios no tiene sentido bajo su propia posición filosófica excesivamente empirista y que -lamentablemente- a  veces expone muchos agujeros argumentales. Un ejemplo más vulgar se puede leer en el artículo del mercadólogo José María Gallardo, autor del blog Chemazdamundi, quien en su artículo “Slavoj Žižek, príncipe de los charlatanes. Una crítica a los retrasados de sus seguidores” realiza las siguientes afirmaciones; “Y en vez de tanta Filosofía, a ver si aprendes sobre Ciencia dura y Ciencia Social seria, CON NÚMEROS. Que “filosofar” lo sabe hacer cualquiera sentado en el sillón de su casa. Ponerse a hacer estudios econométricos buscando datos duros es BASTANTE más difícil (…) Hegel es uno de los filósofos más oscurantistas, con un lenguaje tan mierdoso y una falta de sistematicidad tan bestial que llega a superar a Freud y a Lacan. ¡Que os dejéis de “filosofadas” … que acudáis a la CIENCIA, coooooooooooooñññññooooooooo…! Que la Estadística, el análisis de dato empíricamente contrastable y la Econometría deben ser las herramientas de análisis, no el “porque yo lo valgo” o “se me ha ocurrido esto pensando (…) Mi crítica es la de aquellos que “filosofan” en vez de realizar un análisis científico o meramente serio”. En este último ejemplo queda más que claro lo que quiero exponer: personas que ven en la filosofía un oficio del pasado, caduco y hasta más simple que sumar, restar o la econometría, pues filosofar lo hace cualquiera sentado en un sillón…

¿Cómo es que se llegó a este punto? Digo, para mí es lógico que la ciencia no va separada de la filosofía, siendo esta última el alma de la ciencia, pero pareciera ser que para gran parte de la sociedad (y muchos, personas sumamente informadas) la filosofía es un saber aparte y obsoleto, casi charlatanería, de hecho la reducción de horas de educación filosófica en los diferentes sistemas educativos poca reacción social significativa ha generado.

La respuesta corta es que se llegó a esta situación tras la misma configuración de la ciencia (incluida la ciencia social) durante los últimos siglos.

Desarrollando lo anterior, partimos indicando que la filosofía ha sido el conocimiento y saber central de la sociedad europea durante milenios, de hecho durante el medioevo a pesar del fuerte componente teocéntrico, tenemos el legado de importantes filósofos que hasta el día de hoy son lectura obligatorio si quieres declararte ateo con bagaje cultural y razonamiento lógico. Desde los siglos XV-XVI los filósofos buscaron la secularización del saber con el fin que este dejara de ser monopolizado por los clérigos, este proceso aunque lento fue progresivo y no se detuvo durante siglos (entendamos el paso hacia un paradigma antropocéntrico en este proceso). Alrededor del siglo XVIII ciertas personas empezaron a cuestionar la diferencia que había entre el teólogo que decía la verdad (y en ello descansaba su autoridad) y el filósofo que hacía lo mismo, esas personas comenzaron a llamarse científicos.

Postularon que la verdad se conoce empíricamente y que no es deducible de leyes naturales u ordenamientos divinos. La realidad podía ser descubierta a través de una serie de procedimientos denominados método científico. Así, por primera vez se dio un divorcio entre la ciencia y la filosofía. Aun así, es importante diferenciar la separación de filósofos y científicos de la separación dada siglos antes entre filósofos y teólogos, ya que en la última, los filósofos buscaron para sí los valores, búsquedas e investigaciones que tenían los teólogos, los científicos en cambio no buscaban esto, ellos se contentaron con la búsqueda de la verdad que se pudiera alcanzar empíricamente, lo bueno y lo bello se dejó de lado por no ser un conocimiento científico.

Con este divorcio tenemos lo que siglos después se conocería como las dos culturas, la filosófica y la científica. En este momento también se experimenta la rehabilitación de la universidad moderna, la cual era muy diferente a la tradicional institución medieval.  La universidad medieval estaba estructurada en cuatro facultades: medicina, derecho, teología y filosofía, las dos primeras basadas en temas más prácticos pues en sus facultades se formaba personas destinadas a realizar labores concretas para la sociedad, la teología y filosofía en cambio eran saberes muchísimo más teóricos, siendo la primera destinada al clero y la segunda a todos los demás. La universidad moderna en cambio es la que hoy en día conocemos, una institución burocratizada con profesores pagados, estudiantes que siguen un curso, carreras y facultades con nombres específicos, esta universidad se construyó en el seno de la facultad de filosofía, de allí a que cuando se alcanza el grado más alto se titula al profesional como “doctor” o en el mundo anglosajón “Philosophiæ doctor”, una pequeña herencia medieval.

Esta facultad de filosofía se disgregó en dos partes: una dedicada a las ciencias naturales o duras, y otra a las humanidades, artes y letras, es decir se concebían dos tipos de estudios, saberes, epistemologías, en definitiva dos culturas. La primera buscaba el saber empírico, la segunda discutía lo concerniente al humano, lo bueno y malo, lo bello, etcétera.

A fines del siglo se da la revolución francesa y esto tuvo un fuerte impacto cultural pues hizo efectiva en el imaginario dos ideas, por una parte la realidad del cambio político y por otra la concepción misma de la soberanía vinculada directamente al pueblo (y no al rey como hasta entonces). Ambias ideas en conjunto tenían el germen revolucionario porque hacían todo posible a partir de su mera existencia en conjunto. Desde entonces, el gran problema fue como circunscribir dichas ideas limitando sus efectos a pesar de su absoluta aceptación social.

Una de las respuestas a la incógnita mencionada fue la aparición de las ciencias sociales con un fin claro: con tal de vigilar los procesos revolucionarios y de cambio social, se debían estudiar, la misma idea de la normalidad del cambio social tiene sus propias reglas que pueden ser estudiadas para ser aplicadas y así controlar el proceso mismo. Con esto comenzó a surgir en una parte de las humanidades y de las ciencias duras un área que se denominó Ciencias sociales y que con el tiempo daría el nacimiento de las diferentes corrientes que hoy en día se conocen.

Inicialmente hallamos a la historia como la ciencia social original. Si bien es cierto había historiadores antes del siglo XIX, estos solo se centraban a narrar la vida de los Reyes. En el siglo XIX se conoció la revolución historiográfica que puso acento en la evidencia y los datos que el investigador podía utilizar empleando medidas empíricas. La historiografía se centró en el pasado y no en el presente pues se buscaba la objetividad de su trabajo (que podía ser afectado por sesgos en caso de enfocarse en temas del presente), además al usar fuentes históricas que se encontraban en archivos nacionales cuyo acceso dependía directamente del régimen político, normalmente estos solo estaban disponibles cuando su antigüedad era mayor a 50 años.

¿Y qué pasó con el estudio del presente social? Aquí tenemos a la economía, la sociología y la ciencia política. La neutralidad de los investigadores se centró en la neutralidad misma de los datos estudiados, y como se trataba de trabajos presentes, el resultado de sus investigaciones podría -en caso de errores, sesgos y falsificaciones- ser objeto de cuestionamiento social, por este motivo la centralidad estuvo en los datos cuantitativos. Que haya tres ciencias enfocadas en el presente y solo una en el pasado tiene sentido para el pensamiento liberal: Estado, mercado y sociedad civil. Para los pueblos bárbaros se creó la antropología, una ciencia social que no requería de datos cuantitativos pues estaba pensada en pueblos que no tenían escritura, por lo cual su saber fue particularmente idiográfico.

Tenemos hasta aquí el panorama actual del conocimiento humano. Es por todo este proceso anterior, que personas como Rocío Vidal, José María Gallardo, o importantes científicos mantienen tales opiniones. No debería entonces sentirme extrañado que una persona supuestamente crítica coincida con este tipo de planteamientos muy a favor del discurso oficial en prácticamente todos los países de Occidente, los mismos cuyas políticas educativas se han traducido en diferentes políticas como la reducción de horas de filosofía y la progresiva muerte de la carrera de filosofía por su nula empleabilidad.

Pero si nos fijamos detenidamente, estas dos culturas (con las ciencias sociales en medio) no son más que una reestructuración del mismo ejercicio del conocimiento humano tras el desarrollo histórico y la consecuente complejización del mismo.

Los científicos buscan el conocimiento empírico, y ese es el motivo de su distanciamiento con los filósofos, pero en el acto no dejaron de filosofar ni de obviamente, usar a la filosofía. La ciencia emerge directamente en consecuencia del mismo desarrollo de las fuerzas productivas que posibilita la capacidad de comprobar mediante el método científico (pregunta – observación – hipótesis – experimento – análisis – conclusión) incógnitas que antes solo podían ser tratadas mediante un razonamiento abstracto y lógico (planteamiento de axioma – establecimiento de una premisa – desarrollo de argumentos coherentes y racionales entre la el axioma y la premisa).

Por ejemplo se puede realizar el siguiente ejercicio:

  • Si pienso en un objeto de la realidad, luego estoy pensando en algo que existe
  • Luego si pienso en un objeto de la realidad, lo mezclo con otro objeto de la realidad y el resultado también está en la realidad, estoy pensando en, por ejemplo, un hombre paseando a un perro
  • En cambio si mezclo dos elementos de la realidad y el resultado no se encuentra en la realidad entonces estamos en el mundo de la fantasía, por ejemplo “un hombre con orejas de perro”.

En términos lógicos estoy partiendo de un planteamiento y desarrollando argumentos coherentes que den sustento a la misma. O dicho de otro modo, he llegado a una conclusión verídica utilizando el razonamiento lógico típico de la filosofía sin usar el método científico.

¿Entonces qué es lo que aporta la ciencia?

La evidencia empírica.

Ahora sabemos que existe X cantidad de especies de animales y organismos en nuestro planeta, y en ninguno de ellos hay un hombre con orejas de perro. Empíricamente no existe evidencia de su existencia.

Este nuevo conocimiento se basa en la evidencia y en la investigación, y es de gran aporte pero no puede existir por sí solo sin el pensamiento lógico y filosófico, así como tampoco puede existir en la actualidad filosofía sin ciencia, ya que la ciencia es la evolución de la filosofía.

O, en otras palabras, la filosofía que trabaja sin los datos científicos se pierde en especulaciones vacías, y la ciencia que ignora el marco filosófico pierde sentido y fundamento. O para casos más actuales se destaca el enorme error que cometió Dawkins en su intento por refutar las 5 vías de Tomas de Aquino en su búsqueda por reafirmar lo ilógico que es creer en Dios.

¿Cómo comprender el mundo en que nos hallamos? ¿Cómo se comporta el universo? ¿Cuál es la naturaleza de la realidad? ¿De dónde viene todo lo que nos rodea? ¿Necesitó el universo un Creador? Una posición extremadamente empirista (como la de Dawkins, Rocío Vidal o la de mi conocido) vendría a simplificar y frivolizar estos temas con una respuesta tipo “hasta que la ciencia no dé respuesta de ello, no es necesario ni tiene sentido filosofar porque el único conocimiento válido es el que se demuestra empíricamente”, si la ciencia no puede dar respuesta entonces tales interrogantes nunca tuvieron lugar porque solo existe lo que se puede demostrar y estudiar.

Posiciones así caen en el cientificismo, es decir, en la creencia de que “el conocimiento es lo medible” por tanto “el conocimiento empírico es el único válido, y en consecuencia la ciencia es la única fuente confiable de conocimientos”.

Cuando las personas asumen que el conocimiento científico es el válido y el filosófico no, lo que están diciendo en el fondo que la ciencia por su carácter empirista (corriente filosófica) es superior, marcando una notoria distancia del empirismo a otras corrientes (como el mismo racionalismo), entendiendo que lo fundamental es la experiencia y evidencia en la construcción del conocimiento (descartando razonamientos como el ejemplo anterior), pero en dicho caso si el conocimiento válido es solo el que puede ser experimentado, ¿qué nos dice que todo lo que vemos y sentimos no sea parte solo de nuestra propia percepción? Podríamos estar inmersos en un gran sueño o en una Matrix, por tal motivo el empirismo en extremo da la cabida al solipsismo (esto es, lo único de lo que uno puede estar seguro es de la existencia de su propia mente).

Ojo, no estoy señalando que la ciencia sea empirista en extremo, estoy diciendo que los cientificistas sí lo son y lo seguirán siendo hasta que no comiencen a replantear su propia concepción sobre la filosofía y la ciencia. Que no se nos olvide que Einstein estudiaba la física y el Cosmos a partir de axiomas matemáticos para los cuales luego buscaba los datos y comprobaba si eran ciertos, que es exactamente lo mismo que he ejemplificado anteriormente, la otra forma es tener los datos y emprender en axiomas, pero en el fondo, ambas formas de pensar con la información empírica no son más que una forma de filosofar empleada desde que la misma filosofía existe. Por tanto, es imposible asumir que se es un científico que no filosofa, así como es imposible asumir que se es un filósofo que no piensa en la ciencia, caso contrario, no hace ciencia y el filósofo no hace filosofía.

Que la filosofía incluya dentro de sus áreas de estudio aspectos que la ciencia no tiene acceso tampoco tiene por qué ser un elemento que la desacredite: Dios, la belleza, la moral, son temas fundamentales para la humanidad en pleno siglo XXI, y es que incluso cuando la ciencia alcanzase a comprender todas las “cosas” que hay en el universo, ¿qué nos hace pensar que solo hay cosas? Si se postula que hay “algo” que no es ni cosa ni nada, por lógica la ciencia no podrá estudiarlo, pero no por ello no existe, por lo cual a pesar de que no podamos conocerlo sí podemos razonar sobre su “naturaleza”. Este tipo de asuntos si bien escapan a la ciencia, no son menos válidos y son esenciales al momento de buscar entender todo nuestro mundo, inclusive aquello que no podemos (al menos no todavía) cuantificar ni estudiar empíricamente.

Si realmente queremos mantener una posición crítica y racional, debemos partir por entender lo que es la filosofía y la ciencia más allá de definiciones simplistas que solo juegan a favor del discurso dominante.



Categorías:actualidad

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