Contra los ismos de la izquierda

En el artículo anterior me referí al marxismo cultural como teoría de la conspiración, y, uno de los argumentos centrales para refutarla fue referirme a esta transformación de la izquierda no como efecto de un movimiento unidimensional provocado por una única fuente de pensamiento y financiación que desde las sombras buscaba el fin de la sociedad, sino que un cambio relacionado a modificaciones materiales y estructurales dentro del mismo capitalismo que llevaron a la crisis de un paradigma vigente durante el siglo XX pasando a uno nuevo en el que se revitalizaba la idea de minorías oprimidas. En este artículo me centraré en esta transformación y en el porqué esta nueva izquierda es altamente funcional al capitalismo tal y como lo ha sido la izquierda reformista desde el siglo XIX, por lo cual, su esencia no es obrera ni su carácter revolucionario, sino que pequeñoburgués o burgués, reformista y en sus principios teóricos tiene un componente altamente liberal.

Como ya se explicó, para los sectores conservadores el cambio de la vieja izquierda a la nueva izquierda viene dentro de su teoría del “Marxismo Cultural” donde se pasó de economicismo al culturalismo con el fin de destruir a la sociedad occidental desde dentro cuestionando sus principales pilares sociales (familia, masculinidad, nacionalidad, religión, raza/etnia), pero esta explicación carece de toda lógica y forma parte del mundo diverso de teorías conspirativas, por lo tanto desde un planteamiento científico se descarta en el acto.

¿Cuál es el motivo que ha llevado al cambio de la izquierda? Es preciso entender que la izquierda que ha cambiado no ha sido la revolucionaria, ha sido principalmente la izquierda reformista. Aunque para ser preciso, también es cierto que una parte de la izquierda revolucionaria cambió (como sucede con el eurocomunismo), pero el foco está en que las bases de la izquierda revolucionaria comunista siguen presentes, y no es que antes se leyera a Marx, Engels y Lenin y hoy en cambio se lea a Foucault, lo que ocurre es que esa izquierda revolucionaria ha perdido fuerza cuantitativa y, dentro de la clase trabajadora el espacio lo ha tomado la izquierda reformista. Esta última no es uniforme, todo lo contrario, no obstante y con el fin de ordenar un poco la explicación podría decir que se divide en 2 grupos.

  1. La izquierda reformista derechizada es la primera. Aquí englobo a aquellos partidos y adherentes que hace 50 años conocíamos como socialdemócratas pero que tras los 80 y 90 han liberalizado buena parte de su programa económico (la Internacional Socialista que incluye al PS chileno, al Partido Laborista británico, al PSOE español o Acción Democrática en Venezuela).
  2. La izquierda postmoderna. Dentro de esta englobo a la conocida como “nueva izquierda”: feminismo, ecologismo, veganismo, movimiento LGTB, indigenismo, y regionalismo. Si me refiero a esta como “nueva izquierda” es porque su configuración política es reciente ya que hace 50 años prácticamente no existía (aunque sí se puede rastrear su origen a períodos anteriores).

El cambio de esta izquierda no puede ser entendido fuera de los cambios del sistema capitalista mismo. Si hacia 1918 el liberalismo político y pragmático era el eje central de las ideologías dominantes -tanto el socialismo como el conservadurismo habían abandonado sus antiguas pretensiones- tras los años 70 esta situación había cambiado. Durante el período 1918-1970 tenemos 52 años marcados por coincidentes tendencias en las diferentes regiones: Tras la segunda guerra mundial, la economía capitalista ya internacionalizada entró en una fase de crecimiento elevado hasta los años 70. Durante este período Estados Unidos y la Unión Soviética mantuvieron una hegemonía respectiva en sus zonas de influencias con un relato diferente (capitalismo – socialismo) pero con puntos en común: linealidad al progreso e ideales universalistas (materializado en el Estado de bienestar y el ascenso del sufragio). En el tercer mundo, región donde la pugna entre ambos era continua, la tendencia derivó al desarrollismo de derecha e izquierda caracterizado por un modelo que incluía elementos del keynesianismo y la corriente cepaliana de la dependencia, y es que sin importar si el gobierno fuera de derecha o izquierda, por regla general el discurso apuntaba al modelo ISI mediante un elevado gasto público y proteccionismo. Esta fase tuvo su correlato en las ciencias sociales y la política. Las primeras estaban plagadas de determinismo en pro de manifestar un discurso newtoniano social. La segunda se enfocaba en una pugna por obtener alcanzar al Estado y desde allí promover los cambios, esta pugna venía dada entre la clase dominante y la oposición más «antisistema» que mantenía un lenguaje de clase.

Tras la década de los 70 esta época dorada del capitalismo se terminó, la fase que le sigue estuvo cargada de crisis y «décadas perdidas». Tanto Estados Unidos como la Unión Soviética comienzan a decaer (la segunda más rápido) lo que se manifestó en diferentes cambios diplomáticos y económicos -como la llamada Triada económica- y derrotas militares como Vietnam o Afganistán. El modelo adoptado también entra en crisis, ya no se podía asegurar un «ascenso para todos» ni seguir fortaleciendo una emergente clase media a partir de un Estado de bienestar, y, con el tiempo, el liberalismo comienza a perder terreno. En el tercer mundo la crisis del modelo desarrollista lleva a la ruptura democrática en América Latina o el islamismo en la región árabe. Los cambios en ciencias sociales llevaron a una ruptura con el discurso newtoniano social (lo más grosero es el postmodernismo). Y en la política los movimientos antisistema clásicos pierden fuerza, ahora en lugar de clase se habla de «etnias», «sexos», «géneros», «religión», «identidad», «orientación sexual», «razas».

Desde los 70 esta crisis al modelo liberal instaurado ha generado respuestas diferentes tanto en las ciencias sociales como en la política misma. Es un error insinuar que todo viene dado por el mismo intento de unos comunistas infiltrados como indican los sectores más reaccionarios pues la historia no cumple ese patrón, pero sí existe una causa común que debemos identificar en el quiebre de un modelo de desarrollo y crecimiento que aseguraba un ascenso social mediante el incremento de los derechos políticos, sociales y del bienestar económico.

Sin embargo, que coincidan en la misma causa no implica que sean lo mismo. Pensar así es caer en la falacia non sequitur del tipo “si A – B, entonces B – A”, como también la falacia del Francotirador, y sobre todo Cum hoc ergo propter hoc. No se debe concluir que frente al mismo origen (A) que es el cambio en el sistema, sus consecuencias (B – C) pueden ser reducidas al absurdo que es lo que normalmente realiza el conservadurismo más reaccionario. En principio no podemos decir que tras los años 70 como el cambio esencial fue sistémico, detrás de éste haya habido solo un actor (como colectivo, en el relato conspirador el comunista conspirador) con una misma consecuencia, ya que se ignora el resto de las variables. El hecho hasta este punto es que hay una causa, nada más. Los factores que llevaron al cambio tanto en la política como en las ciencias sociales son más diversos y se deben entender en su respectivo contexto. Tampoco podemos caer en un razonamiento “si A -> B, entonces B -> A” (si estoy en Valparaíso estoy en Chile, pero si estoy en Chile no estoy necesariamente en Valparaíso) donde se asume que “como todos estos movimientos buscan un cambio de la sociedad deben necesariamente tener un mismo actor que lo incita” ni mucho menos que este actor sea un conspirador internacional con poder para modificar las mentalidades. De ser ese el razonamiento lo mismo se podría aplicar al resurgir de la extrema derecha como obra de conspiraciones internacionales.

Que la causalidad no nos lleve a conclusiones falaces, esto es importante.

¿Ergo qué?

De momento hemos encontrado una causa común en i) “la crisis de un modelo económico-político”. Y además puedo agregar dos axiomas, ii) frente a lo anterior una respuesta posible es la recuperación de la esencia identitaria.

Si yo establezco una relación de dependencia de i -> ii no estoy indicando una relación determinista y mecánica, hay factores que se deben incluir. Quiero que se entienda que la identidad como especie ha sido un factor clave en nuestro desarrollo, somos hombres y nos diferenciamos de las mujeres, somos jóvenes y nos diferenciamos de los mayores, somos blancos y nos diferenciamos de los negros, somos europeos y nos diferenciamos de los asiáticos, somos heterosexuales y nos diferenciamos de los homosexuales, y así vamos sumando categorías muy comunes en nuestra cultura pero que responden a esta necesidad de establecer un orden para llegar a comprendernos. El planteamiento marxista de clases sociales así como el planteamiento liberal de individuos independientes rompe con esta tendencia y si se aplica mal tiende a ignorarlas, por lo tanto, una respuesta lógica y posible frente a la crisis de un modelo que nos hablaba de clases sociales, naciones o ciudadanos era regresar a esta identidad primigenia. Aunque claro, no es una identidad arcaica, sino que moderna ya que se incluyen categorías que estaban censuradas del debate público como lo puede ser el homosexual.

Obviamente existen otras respuestas posibles, pero para no desviarme de lo central no me adentraré en ellas.

Entonces cuando hablamos de una nueva izquierda lo que estamos haciendo es retomar categorías que hacia el siglo XIX se habían dejado de lado pues tenían un carácter reaccionario, pero entregándoles un cariz moralmente aprobable, ahora en lugar de simplemente identificarme como europeo heterosexual me identifico como un europeo homosexual, siendo la segunda moralmente superior que la primera. En este aspecto ambas posiciones son reaccionarias desde el momento que niegan al otro su posibilidad de expresión apelando solo a una “superioridad moral” forzada. Es por tal motivo que esta nueva izquierda no puede ser entendida como una heredera de la izquierda marxista combativa y revolucionaria del siglo XX, en realidad es una transmutación de la izquierda reformista pequeñoburguesa de toda la vida, la misma que en el siglo XIX apelaba a argumentos como “lucha contra el empresario que destruye nuestra economía artesana” o la “exclusión del judío que es un ser perverso”. Obviamente las décadas y siglos han avanzado, pero en principio nos encontramos frente a un mismo marco de pensamiento.

En consecuencia, si nos encontramos en un contexto en el que ya no existen objetivos revolucionarios y que olvidaron la categoría de clase, lo que queda son movimientos reformistas que le son útiles a la élite capitalista pues logran minar y atomizar la organización de la clase obrera por una parte, y por otra permiten se alimenta del consumo de este sector. Esta nueva izquierda (a diferencia de lo que los más reaccionarios creen) no es un peligro para el sistema, sino que en cierta medida forma parte de la evolución de este.

EL CARÁCTER REACCIONARIO DE ESTOS ISMOS

Vayamos a revisar cada una de estas ideologías.

Feminismo

Previamente ya me extendí sobre el feminismo, su desarrollo en la historia y como su nacimiento tiene una explicación en la misma proletarización de la mano de obra femenina. También indiqué por qué en principio esta ideología no es revolucionaria, por lo tanto no me extenderé en lo ya explicado.

Quiero centrarme en cómo sus pilares teóricos conciben un mundo y una visión esencialmente reaccionaria cuyo resultado es reformismo gatopardista y conflicto dentro de la misma clase obrera.

Mi foco es en tres axiomas: la explotación a la mujer por ser mujer y la violencia machista de este sistema patriarcal.

Bien, sobre la explotación y desigualdad que vive la mujer en comparación al hombre también me extendí en el artículo ya mencionado, y como conclusión indiqué que una de las causas esenciales de esta desigualdad no es el mero hecho de que la mujer sea mujer, sino que la mujer está encargada del trabajo doméstico, trabajo que no es remunerado pero sí que sirve para abaratar los costos de la misma clase trabajadora a la vez que realiza una labor fundamental en la reproducción y sostenimiento de la unidad doméstica. Una solución dentro del capitalismo no existe, en el caso más extremo está el revertir la torta de mujeres por hombre, lo que no soluciona nada (contra toda intención de ciertas corrientes. Pero entonces si el problema es el capitalismo, resulta que éste como concepto no es igual que el patriarcado, el capitalismo es un sistema donde a pesar de que los empresarios sean históricamente más hombres que mujeres, sus respectivas unidades familiares conciben también mujeres y niños, siendo estas parte de la misma explotación, no es entonces un problema de mujeres explotadas, sino de una clase trabajadora que incluye a hombres y mujeres, pero asumir esta realidad refuta en el acto el principio fundamental del feminismo en relación a la explotación y desigualdad que viven las mujeres. Aquí no estoy negando la discriminación ni los casos de maltrato y acoso laboral contra mujeres, simplemente lo doy respondido en mi artículo.

Sobre el segundo axioma es cierto que los hombres matan más mujeres que mujeres a hombres, pero esta verdad por sí sola no es suficiente evidencia para demostrar que el hombre es más violento y que la mujer es una víctima por naturaleza en un sistema hecho a medida del machismo. Si agregamos como segunda verdad “la gran mayoría de los hombres no mata ni violenta a las mujeres” entonces el axioma se vuelve solo una falacia de generalización.

Pero esto no se queda aquí, si analizamos los pocos datos disponibles sobre la violencia de violencia intragénero podemos concluir -a priori y siempre indicando y recordando que en muchos países esta violencia no está transparentada pues no se considera “violencia de género”- que la proporción es más o menos similar. Por tanto si entendemos que en las parejas “hombre – mujer”, “hombre – hombre” y “mujer – mujer” el nivel de violencia es similar, ¿cuál es el origen de esta? Descartando la misma masculinidad, ¿no será que la conclusión más sensata que podemos desarrollar a la luz de los datos es que en igualdad de condiciones la violencia se termina manifestando independiente del sexo? Y con esto me refiero a que la letalidad no debe ser visto igual que la violencia, así, dos hombres que se pelean en una fiesta manifiestan un comportamiento violento igual que dos mujeres peleándose, pero las consecuencias son diferentes, un golpe de un hombre normalmente es más dañino que el de una mujer, y si ahora hablamos de una pareja heterosexual (la mayoría cuantitativa), la violencia de un hombre a una mujer se vuelve más visible, y que haya más hombres que matan a su pareja mujer que mujeres a su pareja hombre no es un indicativo concluyente de una mayor violencia masculina que femenina, es indicativo que existe una minoría de hombres celópatas y posesivos que violentan mujeres en mayor proporción y cantidad que mujeres a hombres.

Lo anterior no necesariamente viene a decir que el hombre es más violento que la mujer (ya que en dicho caso negamos el resto de las manifestaciones de la violencia), pues esta minoría de hombres tiene la capacidad de -mediante la fuerza muchas veces- imponer su voluntad (lo que no significa que las mujeres también lo hagan aunque la opción de la fuerza les esté negada por motivos biológicos). Existen estudios que demuestra que el nivel de celopatía entre hombres y mujeres es más o menos similar (o que si bien existen diferencias no son significativas), lo que explicaría por qué cuando la relación cambia a de hombre-mujer a mujer-mujer, el problema se sostiene.

El problema entonces no es el hombre ni la mujer, es la manifestación de los celos (y otros sentimientos de ese tipo) a un nivel posesivo y enfermizo. Pero frente a esa conclusión el segundo axioma feminista también pierde sentido. Y el problema es que este axioma asumido como verdad absoluta transita a la realidad política con leyes como la “violencia de género” en España que niega de lleno la violencia de la mujer a la mujer o de la mujer al hombre, algo que colectivos LGTB ya han cuestionado en más de una ocasión. Y, por supuesto, dividir a la sociedad y a las violencias de esta manera no tiene nada que ver con la emancipación de una clase trabajadora ni mucho menos es una política revolucionaria (y qué decir si en efecto ha dado los resultados esperados, pues, en general desde que se ha promulgado la Ley Orgánica 1/2004 el nivel de feminicidios se ha mantenido constante).

Ecologismo

El ecologismo como ideología cae en errores tan falaces como el feminismo.

Es una ideología que defiende la protección del medio ambiente y está en contra del crecimiento económico insostenible que el capitalismo lleva, como tal tiene un gran nivel de aprobación entre las sociedades europeas y norteamericanas. El problema no es esta idea, pues en sí es muy valioso preocuparse por el futuro de nuestro planeta visto el nada sostenible desarrollo capitalista (y soviético, hay que decirlo), el problema son las soluciones propuestas, las cuales son muy variadas, pero me centraré en las dos más importantes: el crecimiento sostenible y el decrecimiento (o crecimiento cero).

El crecimiento sostenible en sí no es una salida para nada revolucionaria pues le concede al capitalismo la posibilidad de perfeccionarse, el error entonces está en creer que detrás de la tala de bosques, la contaminación atmosférica y el enorme daño que hemos hecho a nuestros mares y océanos existe una perversión o un desinterés de las principales empresas. No, el sistema capitalista es caótico por naturaleza y en su búsqueda por alcanzar la maximización de las ganancias el cuidado del medio ambiente pasa a un último plano, no es que ensucien un lago con la intención de ensuciarlo, es que ese pantano cayó bajo la dinámica de acumulación y la consecuencia de eso fue su contaminación. Creer que se puede “mejorar un sistema que en sí es caótico y voluble” es ignorar las leyes objetivas del mismo cayendo en un idealismo extremo.

Claro, hay países que han promulgado leyes de protección al medio ambiente y uso de recursos naturales lo cual ha significado una menor contaminación nacional, pero esto pierde sentido cuando miramos al capitalismo como lo que es, un sistema mundial, y como tal el empresario que desee abaratar costes por medio de la externalización lo hará en un país con una legislación/regulación más laxa, país que por cierto, mantiene tal legislación pues es su forma de competir y atraer más capitales. ¿Qué no nos gusta? Pues claro, pero el hecho es que luego son las mismas sociedades europeas que consumen los productos elaborados en países del tercer mundo sintiéndose moralmente superiores por su cuidado al medio ambiente.

Apelar a la concientización de las personas en su uso de agua o luz es otro de su caballo de batalla, mas, ¿realmente cuál es el efecto positivo de bañarse 2 minutos en la ducha? ¿Realmente solucionamos el problema? ¿O es que la gran mayoría del consumo de recursos naturales se va a la industria? Reciclar y ser consciente está muy bien, pero debemos tener los pies en la tierra.

La apuesta por las ERNC tampoco se escapa de este problema, en primer lugar ¿qué intereses hay detrás de su propaganda? Pues los mismos intereses que hay detrás de cualquier marketing, empresas que en este caso ven en los paneles solares y molinos de viento un nicho de negocio. Greta Thunberg no podría haber alcanzado fama mundial sin tener importantes empresarios y hombres de negocio que apuestan por su figura con el fin de expandir su propio mercado. Sí, incentivar con las ERNC vendrá muy bien, pero eso solo significa que el capitalismo puede innovar y superar su problema con la energía fósil, no que dejará de ser tan caótico y dañino como lo es hoy (ya que con ello no se soluciona la tala desenfrenada, la pesca industrial, la horrible industria cárnica, y el destino de todos los residuos industriales).

Los errores del planteamiento anterior llevan a una respuesta más radical, el decrecimiento. La misma no es más que dejar de crecer económicamente y comenzar a decrecer con el fin de revertir la alarmante tendencia, el problema es que la misma es una solución reaccionaria que es apoyada por las clases medias y altas de las sociedades con un capitalismo más desarrollado, para un suizo o noruego con un ingreso de 5000 € mensuales reducirlo un 10% no es un gran dolor si con ello se logra su objetivo ecologista, pero para un indio que percibe 50 € mensuales sí que lo es, ya que cada dólar que pierda prácticamente es una merma en su ingesta calórica diaria.

Es en definitiva, una ideología de la clase media occidental que no entiende que para solucionar la grave crisis debemos superar este sistema, no reformarlo ni empeorarlo, ya que en ambos casos lo único que hacemos es proponer una salida reaccionaria.

Movimiento Animalista/Veganismo

En buena medida este movimiento pretende presentarse como una corriente en contra de la opresión animal y que, como tal, es heredero de la lucha antiesclavista (igualando la esclavitud humana con los animales en granjas o mataderos). Al igual que con el ecologismo, su existencia tiene sentido en los países desarrollados, es por este motivo una ideología de clase media.

Como paréntesis debo decir que yo aprecio a quienes por convicción deciden dejar de consumir carne, me parece que como filosofía de vida personal es algo loable, lo mismo quienes por iniciativa propia se organizan para cuidar a perros o gatos callejeros (como ocurre en Chile), pero fuera del ámbito personal esta ideología mantiene un carácter altamente reaccionario y por qué no decirlo, ridiculiza a la izquierda más coherente.

Claro que la industria cárnica y ganadera mantiene a los animales en condiciones lamentables, y estoy de acuerdo que se debe evitar el maltrato animal, pero suponer que se puede eliminar toda esta industria de un día a otro es algo imposible.

Igualmente, su planteamiento sobre el “especismo” no tiene lógica argumental. En primer lugar, porque como especie nos hemos desarrollado entre otras cosas, gracias al consumo de carne y productos derivados de los animales (como huevos y leches), negarlo es un absurdo. En segundo lugar, no se puede plantear una igualdad de derechos humano-animal en tanto este último es incapaz de asumir responsabilidades por sus actos -de hecho para nadie es descabellado asumir que ni un niño ni un anciano con demencia senil o un grado severo de discapacidad tienen el mismo derecho que un adulto con todas sus facultades-. 

El punto primero no debe ser entendido como “obligadamente comemos carne”, afirmación que continuamente cuestiona el veganismo. No, lo que estoy indicando es que a través de los milenios de existencia que tenemos en nuestra espalda, la carne fue fundamental, claro está que como omnívoros nuestra dieta no solo provino de los animales, pero su aporte fue trascendental. Estoy hablando de un período en el que muchos a veces comían y otras veces no comían. El desarrollo capitalista ha permitido la proliferación de productos que no están hechos a base de productos de origen animal (una persona ignorante en el tema se sorprendería por ejemplo en cuántos productos se usa la leche de vaca como ingredientes: galletas, panes, frutos secos saborizados, papas envasadas y caramelos) y se han desarrollado suplementos alimenticios, pero esto es una realidad actual y, más importante, es que consumiendo productos veganos no estás solucionando absolutamente nada, es más, estás incentivando un mercado (como el de la soja) que causa un daño enorme al ecosistema. Es curioso como el veganismo concibe una táctica que en la práctica es opuesta a los objetivos del ecologismo.

El problema real que no observan es la misma dinámica de este sistema que en su afán por buscar la acumulación incesante de capital tiene a una población minoritaria desechando alimentos y a otra que apenas ingiere las calorías mínimas para su subsistencia. Frente a esta situación la solución no puede partir por el tejado, el dejar de comer carne o productos derivados de la industria animal (de hecho, los países más pobres consumen muy poca carne y su dieta se basa principalmente en granos y cereales) solo significaría en el más irrealista de los casos una reducción del consumo de tales bienes, nada más.

Si el objetivo se termina allí, entonces no hay mucho más que rescatar.

Además, ¿cuál es la táctica de este movimiento? Buscar un cambio en la conciencia de las personas, lo que redunda en el idealismo llevando a inútiles resultados, ¿cómo lo buscan? Habiendo pocas opciones en la política, la estrategia más usada es simple y llanamente el cuestionamiento moral a todos los consumidores de este mercado, ¿y da resultados? A la luz de los datos no, ya que el consumo cárnico ha aumentado año tras año. El cuestionamiento moral solo ha generado molestias por quienes sí comen carne, y esto le quita credibilidad a todos quienes (como yo) creemos que el consumo cárnico debe ser reducido por motivos tanto ambientales como por la misma salud de las personas, el cambio no debe ser de conciencia, sino que primero material, si no entendemos que la industria ganadera es tan solo una parte de un sistema mayor no podremos buscar una solución a un problema real.

Si no entendemos que detrás del consumo de carne, leche y huevos existe una relación material dominada por leyes objetivas la única solución posible es cambiar el pensamiento y los hábitos, lo que en la actualidad solo significa la imposición de una moral sobre otra. Un choque de libertades burguesas.

Movimiento gay

Poco puedo decir sobre el movimiento gay (o LGTBI). Sus planteamientos centrales son muy concretos, una sociedad sin discriminación por la orientación sexual que conlleva una serie de objetivos enlazados: leyes que protejan a la comunidad de la discriminación institucional y civil, matrimonio y adopción para parejas homosexuales, y finalmente el reconocimiento de la comunidad Trans.

Sobre el tema trans y la Teoría Queer ya me referí en un artículo anterior lo cual me deja con dos objetivos, la lucha contra la discriminación y el reconocimiento de su igualdad en torno a asuntos civiles como matrimonio y adopción. En general ambas son condiciones básicas que cualquier persona merece, y es que no podemos hablar de democracia sin la igualdad política y eso incluye a gays y lesbianas, por lo que contraer matrimonio o adoptar les es un derecho tan propio como a cualquier heterosexual.

Mi cuestionamiento con este movimiento llega al momento en que definimos a esta población, ¿quiénes son? Pues son personas con una orientación sexual minoritaria, ¿en qué más se parecen? En nada. Realmente en nada. Cualquier otro común denominador es un cliché. Aunar a un grupo de personas a partir de la sexualidad tiene tanto sentido como agruparse a base del color de piel. Insisto, las demandas esbozadas son legítimas, pero desde allí no hay más que decir del movimiento, todo lo que se sale de este marco es claramente reaccionario, ¿o es que acaso un homosexual que se desempeña 9 horas al día como trabajador para una empresa fastfood centra sus preocupaciones solo en si puede casarse con su novio? Por supuesto que no, su centro de preocupaciones es algo muy superior, y el eje de su situación diaria de vida lo marca su clase social, es entonces imposible que exista un punto de coincidencia mayor que los ya mencionados entre un homosexual de un barrio obrero de Santiago de Chile y Ricky Martin. No tiene sentido apelar a una identidad mayor cuando solo hay una mera coincidencia en la sexualidad. Recalco que esta coincidencia es insignificante pues lo que los acerca los hace tan idénticos como ocurre con los heterosexuales, y no vemos que estos se muevan de modo uniforme.

Movimiento indigenista/afroamericano (minoría étnica)

En este caso estamos frente a una situación idéntica al movimiento LGBTI, con la pequeña diferencia que cambiamos la sexualidad por el color de piel, la cultura o religión. En esencia son movimientos que a partir de una identidad étnica o racial determinada (y, que forman parte de los estratos más empobrecidos) reivindican sus derechos como comunidad en búsqueda de igualdad de derechos (lo que muchas veces termina convirtiéndose en discriminación positiva).

En América Latina los indígenas protagonizan estos movimientos mientras que en Estados Unidos lo lideran la población afrodescendiente y en Europa minorías religiosas como los musulmanes.

Además de su condición de minoría étnica otra característica que identifica esta ideología es que como dije, forman parte de estratos desfavorecidos, sin embargo esta relación no puede ser causal, de lo contrario estaríamos afirmando una falacia de generalización: Que en Estados Unidos los afroamericanos sean más pobres que los blancos y en Chile la población mapuche viva en peores condiciones que el resto no significa que por pertenecer a una minoría étnica soy más pobre y discriminado. Es un absurdo. Significa que los negros son estadísticamente más pobres, sí, pero no todos, hay ciudadanos blancos pobres y negros muy ricos que se desenvuelven en la alta alcurnia. La estadística demuestra que la clase trabajadora mantiene un alto componente etnificado (máxime si agregamos oleadas de inmigración en los países desarrollados) pero no que el negro sea pobre y el blanco sea no-pobre. Tal conclusión además de generar una polarización ideológica (justamente los blancos pobres terminan votando por Trump o sumándose al KKK) impide la formación de un movimiento obrero contundente.

Y, al igual que con el feminismo, ¿cómo solucionamos este problema de discriminación y salarios reducidos? Muchos apelan a la discriminación positiva (cuotas, leyes de protección) como un sinónimo extraño de la igualdad política… pero el problema es que si observamos al capitalismo histórico el comportamiento objetivo que podemos notar es que su composición social siempre mantiene una relación 5:10:85 (más o menos) entre la clase capitalista, la pequeña burguesía y clase media y la clase obrera. Como la clase obrera es numéricamente mayoritaria, lo más común es que las minorías étnicas sean parte de esta clase, es usual entonces que esta clase en muchos países sea “más colorida” o presente una variedad religiosa-cultural superior que la clase media-alta o alta. Si a esta situación sumamos un componente de “mayor desigualdad a lo habitual” el resultado puede ser lo que ocurre en Estados Unidos o Chile. En este contexto modificar esta situación dentro del capitalismo solo puede encarnar en un caso extremo un giro de 360º.

Movimientos nacionalistas/regionalistas

Por último, me queda el movimiento nacionalista o regionalista, éste, como se podrá ver tiene como pilar teórico el mismo fundamento que cualquier nacionalismo con la diferencia moral autoproclamada. De este modo en su universo teórico, mientras la nación establecida y vigente oprime y expolia a otros pueblos (idéntico al contexto colonial), esta nación alternativa reivindica su derecho a la autodeterminación para independizarse o al menos ganar un grado de autonomía. Como indiqué la única diferencia entre un nacionalista tradicional y un nacionalista alternativo es que el primero normalmente se declara de derecha y el segundo de izquierda, pero en la práctica ambos aluden a los mismos pilares y muchas veces caen en los mismos errores y actitudes intolerantes. El ejemplo más llamativo en la actualidad es el de España con Catalunya, demanda que hoy posee un nivel importante de popularidad entre la izquierda latinoamericana, de la cual se oyen y leen que ven a España (Madrid) como un régimen opresor que explota a los ciudadanos de Catalunya contra su voluntad, un relato que por cierto carece de todo fundamento empírico.

Avalar este planteamiento significa apoyar a las diferentes burguesías regionales, lo que hace a este tipo de movimientos completamente funcionales a las élites locales y los envuelve de una gruesa manta de mitos históricos que se repiten hasta quedar grabados en el imaginario popular. En este punto es idéntico el paralelismo con los movimientos independentistas de América Latina, los cuales una vez concluidos, no hicieron más que beneficiar a la élite regional que necesitaba el acicate para ocupar los puestos más importantes de la política que hasta entonces tenían relativamente imposibilitados.

Pero sobre todo, lo más grave, es que estos movimientos fragmentan más que ningún otro a la clase obrera en diferentes sentimientos nacionalistas, cada uno imbuido por la ideología de la élite regional. La clase obrera yugoslava hoy no existe, en su lugar existen diferentes pueblos que se niegan entre sí, lo mismo ocurrió en la América española y seguramente ocurrirá algo similar si Catalunya se independizara.

Sobre esta cuestión hago mías las palabras de Lenin en “El Marxismo y la Cuestión Nacional”:

Los intereses de la clase trabajadora y de su lucha contra el capitalismo exigen la solidaridad completa y la mayor unidad de los trabajadores de todas las naciones; exigen resistencia a la política nacionalista de la burguesía de cada nacionalidad. Por lo tanto la Socialdemocracia se estaría desviando de la política proletaria y estaría subordinando a los trabajadores a la política de la burguesía si repudiara el derecho de las naciones a la autodeterminación, esto es, el derecho de una nación oprimida a separarse, o si apoyara todas las demandas nacionales de la burguesía de las naciones oprimidas. No hace ninguna diferencia a un trabajador contratado si es explotado principalmente por la burguesía gran rusa y no por la burguesía no rusa, o por la burguesía polaca y no por la burguesía judía, etcétera. El trabajador contratado que ha entendido sus intereses de clase es igualmente indiferente a los privilegios estatales de los capitalistas gran rusos y a las promesas de los capitalistas polacos o ucranianos de establecer un paraíso terrenal cuando obtienen privilegios estatales. El capitalismo se está desarrollando y continuará haciéndolo, de todas maneras, tanto en Estados integrales con población mixta y en Estados nacionales separados. En cualquier caso el trabajador será un objeto de explotación. La lucha exitosa contra la explotación requiere que el proletariado esté libre del nacionalismo y sea absolutamente neutral, por así decirlo, en la lucha por la supremacía que se está desarrollando entre las burguesías de varias naciones. Si el proletariado de cualquier nación otorga el menor apoyo a los privilegios de sus “propia” burguesía nacional, esto inevitablemente despertará desconfianza en el proletariado de otra nación; eso debilitará la solidaridad de clase internacional de los trabajadores y los dividirá, para deleite de la burguesía. El repudio del derecho de la autodeterminación o a la secesión significa, inevitablemente, en la práctica, el apoyo a los privilegios de la nación dominante

El nacionalismo tradicional es igual al nacionalismo alternativo, en ambos casos lo que se manifiesta es una sumisión del proletariado a los intereses de la burguesía.

Para ir cerrando este artículo solo puedo esbozar dos ideas.

Primero después de lo ya revisado es innegable que todos estos movimientos que componen la nueva izquierda no tienen nada de revolucionario y a pesar de lo que creen los sectores más reaccionarios, en absoluto están destruyendo al capitalismo, de hecho nacen en buena medida como una evolución de éste. No puede ser casualidad que en un contexto internacional de globalización intensificándose donde la alternativa revolucionaria está más que desgastada para la clase obrera, este tipo de corrientes tengan ostenten de un nivel importante de adhesión ciudadana y empresarial, ninguna de estas ideologías es en sí peligrosa para el sistema y han logrado atomizar a la sociedad en diferentes minorías cada una con su propia moral que, en la medida que no interfiera en la moralidad de otros, es aceptable, es decir en el fondo de todo siguen el planteamiento esencial del liberalismo, esto es, la sociedad se compone de individuos libres con su propia moral, la libertad sexual buscada por los homosexuales, las reivindicaciones feministas e indigenistas cumplen con esta máxima, el ecologismo y animalismo convencional en tanto no interfiera en los ciclos productivos o en el mismo consumo de la sociedad no es problemático, tan solo es una opción más dentro de este supermercado de opciones que la democracia burguesa nos presenta. Por esto los medios de comunicación liberales (que son la mayoría) los apadrinan y solo cuestionan al veganismo o al ecologismo cuando traspasan esta libertad (porque la libertad de uno no puede transgredir la de otro), una forma más de amansar todo este tipo de corrientes. La mayoría de estas ideologías encierran un origen reaccionario de corte pequeñoburgués, pero en la medida que formen parte del sistema no generan mayores problemas pues representan solo opciones a la ya diversa oferta ideológica, en cierto sentido el reivindicar las minorías era un camino natural en un sistema que reivindica la idea individualista del ciudadano y sus preferencias racionales. Es por este motivo que esta nueva izquierda es el resultado de principios pequeñoburgueses y burgueses tal y como lo era la izquierda reformista del siglo XX.

Segundo, evidentemente no estamos logrando absolutamente nada como clase obrera con esta izquierda, simple reformismo y conciliacionismo con los partidos burgueses. En términos generales no hemos conseguido absolutamente nada en 50 años, y en buena medida hemos perdido terreno ya que en pleno 2020 la tasa de explotación es superior que en 1970 o 1969. Cuando la lucha de los trabajadores europeos estuvo organizada en la Internacional en el siglo XIX, y en los sindicatos durante el siglo siguiente, se alcanzaron enormes avances en las condiciones de vida de la clase obrera. Si analizamos el período 1850 y 1970 podremos ver cómo gran parte de las leyes que hoy garantizan la libertad de expresión, la seguridad social y los niveles de equidad social sustancialmente superiores a los percibidos en otras zonas, se dieron como respuesta a estos movimientos (y al miedo de que estos llegaran al poder beneficiando la posición de la Unión Soviética). En cambio, durante los últimos 50 años (1970-2020) esto ha ido en general a la inversa, la actividad sindical ha sido minada, y se ha estancado el desarrollo de la misma clase obrera desde que el Estado de bienestar ha sido derruido ¡Pero no nos preocupemos porque hay mujeres, Trans, Homosexuales y negros en los altos cargos de poder! También hay lenguaje inclusivo. Ya no hay negociación colectiva, pero tenemos películas censuradas por mostrar la esclavitud y racismo de antaño.



Categorías:Socialismo, Sociología

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