Elecciones Racionales

Uno de los enfoques de la ciencia política con mayor impacto es el de la “Elección Racional” (desde ahora TER). En este artículo desarrollé en qué consiste la misma y por qué no tiene un basamento científico a pesar del enorme grado de aceptación que esta posee en la comunidad internacional.

La ciencia política se ha visto influida por otras ciencias sociales a lo largo de su historia, si en un determinado momento la psicología fue clave al momento de entender cómo el conductismo se abría espacios, desde mediados del siglo XX la economía jugaría un rol clave y central significando una fuente de influencia desde entonces. Esta influencia ha sido clave en cuatro campos: i) el comportamiento electoral, ii) el análisis de los procesos por los que los actores forman y establecen las preferencias que definen sus posiciones en el juego político el estudio de los modos en los que la información, iii) la comunicación y, en definitiva, la coordinación son relevantes a la hora de explicar los resultados de la acción política; y, finalmente, iv) los análisis sobre la influencia de las instituciones (entendidas no sólo como organizaciones, sino en un sentido más amplio, como «reglas del juego”).

La TER también conocida como Teoría económica de la Política o Teoría Política positiva ha sido considerada como la segunda revolución de la ciencia política, esto pues, busca explicar una gran capacidad de fenómenos aparentemente inconexos, además de la sencillez de sus supuestos.

Su origen se remonta al utilitarismo de Jeremy Bentham quien, en su Introducción a los principios de moral y legislación (1789), preconizaba que todo acto humano, norma o institución debía ser juzgado según su utilidad lo que es lo mismo al placer o sufrimiento que genera en los seres humanos. A partir de esta premisa básica proponía formalizar el análisis de los fenómenos sociales a través de medidas que dieran cuenta dicha satisfacción o beneficio de cada acción concreta para cada individuo. Esta nueva concepción de la política estaría centrada en su último objetivo: «la mayor felicidad para el mayor número de individuos”. En la praxis el inicio (más allá de sus orígenes filosóficos) vino de la mano del trabajo de economistas que seguirían esta idea, Joseph Schumpeter en Capitalismo, Socialismo y democracia esbozaba por primera vez un comportamiento político basado en el supuesto de racionalidad económica. Schumpeter sería el primero en proponer que el comportamiento político debía ser estudiado sobre la base de sus intereses personales y no sobre la retórica del interés general.

En esta misma línea Kenneth Arrow en su estudio Elección social y valores individuales (1951) rompe con la visión tradicional del Estado y la política dedicadas a la conformación de la voluntad general. Su aportación venía a demostrar matemáticamente que, dado unos supuestos racionales sobre una estructura de preferencias de los miembros de una colectividad, no existe ningún mecanismo que lleve a un resultado racional desde un punto de vista colectivo. Según Arrow la regla de las mayorías puede producir resultados completamente arbitrarios.

Anthony Downs en su trabajo Teoría económica de la democracia supuso el primer intento en trasladar el supuesto de racionalidad económica a la política. En su planteamiento la política y el poder eran como un mercado en el que votantes y partidos intercambiaban votos por políticas favorables orientadas a la satisfacción de intereses personales.

Los principales supuestos de la TER son dos:

  1. El individualismo metodológico en tanto se niega que las estructuras políticas e institucionales determinen los comportamientos individuales
  2. La racionalidad económica como motivación básica de las acciones humanas

Ambos puntos pueden ser explicados desde una posición económica que se encuentra incorporada en los manuales y cursos de micro y macroeconomía. En estos, se asume que la conducta de los agentes económicos no depende solo del pasado, sino que también de las expectativas que tengan sobre el comportamiento de las futuras variables. El problema es que predecir el futuro es complicado en tanto todavía no ha ocurrido, por eso y para superar este problema este enfoque supone que los datos del presente y pasado suministran la información necesaria para producir un pronóstico confiable sobre lo que ocurrirá en el futuro.

Ejemplificando lo anterior, si decimos que X tras 10 años duplica su valor, y este comportamiento se ha dado durante un tiempo considerable, tenemos información que los agentes pueden hacerse con tal de proyectar posibilidades en el futuro y buscar las opciones más racionales. Si a lo anterior agregamos que Y duplica su valor cada vez que X lo cuadruplica se puede establecer la siguiente relación (XtB = Y2), donde T representa 10 años y B es 2, e incluso podríamos aumentar las variables indicando que X depende de U, P y Z, entonces (Y = U+P+Z), los agentes entonces calcularán las variables matemáticas para tomar sus decisiones. De todas formas esta teoría no es mecánica determinista sino que estocástica pues hay elementos que no se pueden predecir y que son aleatorios pero con el tiempo se asume que los agentes podrán aprender cómo funciona la economía en términos macro, y este proceso a lo largo del tiempo sigue promedios que los agentes pueden aprender, por lo cual se debe asumir que a medida que pasa el tiempo las variables que influencian la variable que se trata de predecir permanecen inalterables.

Estamos en un escenario donde lo que predomina es el homo economicus frente al homo sociologicus y el zoon politikon, lo que en la práctica viene a significar un abandono en política económica desarrollada hasta mediados de siglo abandonando todo intento de intervención estatal en la economía.

En las ciencias políticas la nueva lectura se materializó en diferentes ejercicios aplicados en todo aspecto, por ejemplo la Teoría de la Disuasión nuclear buscaba racionalizar lo aparente irracional que era el peligro de una guerra nuclear. La misma partía del hecho que en ausencia del derecho internacional efectivo y de instituciones eficaces al momento de gestionar conflictos internacionales, los Estado se veían confiados a depositar su confianza en la fuerza militar como método de supervivencia. Lo que esta teoría planteaba era un Juego de la Gallina, de manera que Estados Unidos mediante la acumulación de armamento nuclear lograba dos cosas, por una parte conservaba su seguridad nacional y por otra convencía a la Unión Soviética de su determinación en usarlo en un hipotético conflicto bélico, en consecuencia la paz no se aseguraba mediante la diplomacia sino elevando los costes de los conflictos entre ambas superpotencias a niveles insufribles.

Esto se ejemplifica con la crisis de los Misiles cubanos:

Como se observa, los resultados en este conflicto tienen una valoración de coste/beneficio la que influye en las decisiones tomadas al momento de gestionar el mismo.

La importancia de esta teoría se ve expuesta en las palabras de Godofredo Vidal de la Rosa, Doctor en Ciencias Políticas y Sociales, profesor de la UAM de México en su artículo La Teoría de la Elección Racional en las ciencias sociales,

La TER además de destruir los supuestos fundamentales de esta teoría, introdujo una revolución teórica y metodológica para todas las ciencias sociales. Por supuesto, no estoy diciendo que ésta haya sido una consecuencia secundaria o no intencional de la primera

La teoría de la elección racional llegó para quedarse. A pesar de la indiferencia mostrada por los sociólogos latinoamericanos al respecto del modelo de la elección racional, la TER representa una innovación teórica y metodológica revolucionaria y ambiciosa del último medio siglo. Como mencioné, su origen como disciplina consolidada se debe a los trabajos de Kenneth Arrow, que le valieron el Premio Nobel de Economía en 1972, pues desarrolló un poderoso edificio axiomático basado en la teoría de conjuntos para replantear un problema añejo, ya postulado en la Ilustración y sus postrimerías por los filósofos utilitaristas: ¿cómo es posible lograr la agregación de preferencias individuales diversas en un concepto lógicamente coherente de preferencia colectiva? En otras palabras, Arrow investigó la legitimidad de la existencia de criterios de utilidad colectiva o social, o si se quiere, en el lenguaje antiguo, la existencia de un interés general sostenido en una voluntad general. Retomó un problema que primero abordó Jean-Antoine-Nicolas Caritat, conocido en la posteridad gracias a personajes como el marqués de Condorcet (1743-1794) y otros pensadores,2 estableciendo sólidamente el coloquialmente llamado Teorema de la Imposibilidad, que establece sin ambigüedad que no existe un método, cualquiera que sea, que permita agregar las presencias individuales en un criterio de utilidad colectiva que sea lógico y consistente. Arrow tenía en mente la, en ese entonces de moda, economía del bienestar, sostenida por teóricos socialistas y liberales que buscaban la manera de establecer metodologías de planificación económica. También demostró que no existe ni puede existir tal economía sin violar al menos algún criterio de equidad y consistencia lógica. Los teoremas de Arrow fueron aprovechados por los economistas y la teoría de la elección racional se aposentó en los departamentos de economía de las universidades anglosajonas. Su interés era, sobre todo, analítico, pero también contenía un argumento que podía ser dirigido contra la idea de la intervención estatal para regular o dirigir la actividad del mercado. La implicación de los descubrimientos de Kenneth Arrow no sólo podía apuntar contra la presunción de una acción estatal en nombre del interés popular o del pueblo, sino también contra la idea, mucho menos difundida pero inevitable, de que el mercado es un método de agregación de preferencias consistente y lógicamente sostenible y que el equilibrio del mercado es autosostenible. Ideas harto convencionales, como las del interés general, el pueblo, y la identidad inequívoca de las mayorías, se convertían en construcciones convencionales más o menos arbitrarias y dependientes de la manera en que se ordenaran las opciones de los individuos.

(…)

Lo crucial es que el homo economicus se abrió paso en la lucha de las teorías ante las más laxas versiones del homo sociologicus y el zoon politikon. El interés egoísta podía ser el fundamento de un vasto edificio conceptual que pretendía ofrecer alternativas teóricas superiores a las jamás conocidas. La teoría de la elección racional invadió la psicología; la antropología; a las teorías como el marxismo; e incluso a la misma biología. Acompañado del arsenal de la teoría matemática de juegos el tsumami teórico creo expectativas con frecuencia exageradas sobre su poder explicativo y consistencia lógica.

Entonces, ¿hasta dónde la TER puede ser considerada científica? De momento según lo revisado esta teoría es sumamente coherente en tanto parte de un principio lógico para cualquier persona, la racionalidad al momento de tomar decisiones, una racionalidad vista como utilidad.

El primer problema que se nos presenta es mediante una de las críticas más habituales que se hacen a esta teoría, El Dilema del Prisionero. Éste plantea la siguiente situación: dos delincuentes se encontraban separados en diferentes celdas, la policía sabe que han atracado un banco pero necesitan de su confesión pues no tienen pruebas materiales por lo que no les queda más que esperar a que se delaten mutuamente. Entonces, al ser interrogados separadamente se nos plantea un dilema porque cada uno tiene las siguientes opciones, callar o delatar, si los dos callan recibirán una pena máxima de dos años por tenencia ilícita de armas, si uno calla y el otro delata, quien delata será condenado solo a un año por colaborar en la investigación, pero su compañero será condenado a diez años, y finalmente si ambos se delatan serán condenados a cinco años de cárcel.

Existen por tanto 4 posibilidades:

Desde fuera ¿qué sería lo más racional? Claramente recibir una condena menor, por lo que el “callar” o “delatar” dependerá de las expectativas que tengan acerca de lo que hará el otro prisionero, es un pensamiento estratégico donde se prevé lo que harán otros y no solo bajo pretensiones individuales, de todos modos al mirar la tabla lo más lógico es que prefiramos pasar solo un año en la cárcel por lo que delatar vendría a ser la opción más razonable, no obstante la paradoja no se soluciona aquí, ¿qué ocurre si la opción elegida es callar? ¿Es que nos encontramos frente a un razonamiento irracional? Convengamos que lo irracional en sí no existe en tanto todo tiene detrás un principio de razón suficiente, puede que por altruismo un prisionero no delata a su compañero y prefiere optar por cumplir solo su condena, en este sentido la crítica demuestra que la elección no siempre va en consonancia con los intereses individuales, ante esto los partidarios de la TER responden como determinadas estructuras interfieren en el primer supuesto, por lo que la TER no debe ser juzgada -según ellos- en si observamos empíricamente que el supuesto de racionalidad se cumpla, sino en la explicación de los comportamientos construidos de acuerdo a este supuesto.

En otras palabras, al asumir que existen otras variables que interfieren en la decisión evitando que la elección sea la más favorable en términos personales estamos anulando la misma TER. Si se tiene que elegir entre A y B, donde A es la opción más favorable para mí puedo estimar que esa será la elección, pero siempre habrá otros factores que lleven a eliminar dicho supuesto, lo que viene a significar que la racionalidad expuesta carece de un sentido realmente ontológico y presupone hechos basados en axiomas que se validan porque sí. Por tanto, en la medida que lo racional varíe y se extienda hacia aspectos que superan lo económico, ya no podemos entender el mundo basado en este homo economicus.

Por otro lado, la crítica de los institucionalistas esboza hasta qué punto las instituciones políticas y sociales terminan influyendo en los resultados sociales, lo que también desmonta la idea del individualismo en la que se basa la TER. El sistema de elección en Francia nos ofrece un buen ejemplo de hasta qué punto los diseños institucionales pueden influir en los resultados. La elección presidencial en Francia se lleva a cabo mediante un sistema mayoritario de dos vueltas en una circunscripción única (es decir que cubre todo el país), por eso, si nadie gana por mayoría absoluta se convoca a una segunda elección donde participarán los dos candidatos con la mayor cantidad de votos. En las elecciones de 2002 Jacques Chirac representante de la derecha gaullista se presentaba a la reelección -esto en medio de escándalos por corrupción, sus posibilidades frente al socialista Lionel Jospin eran escasas pues disfrutaba de una gran popularidad. Sin embargo, los resultados electorales la noche del 22 de mayo fueron los siguientes:

El aumento del voto al candidato trotskista y la división del voto de izquierda en diferentes facciones dejó a Jospin en la tercera posición lo que llevó a una segunda vuelta entre Chiraq y Le Pen. Centro derecha vs extrema derecha, finalmente, frente al riesgo del ascenso de la ultraderecha en el país todos los partidos incluido el socialista pidieron el voto para Chiraq quien terminó ganando con un 82,2% de los votos. ¿Qué es lo que ocurrió? Que la misma estructura del sistema electoral que mezcla la posibilidad y facilidad para que cualquier partido o persona presente un candidato y una segunda vuelta en la que los dos candidatos más votados sean los que se presentan termina generando una enorme dispersión del voto y resultados que interfieren en las “elecciones racionales individuales”.

Nótese los votos a la izquierda aglutinó el 42,4% del total, pero la misma fragmentación de estos llevó a que la segunda vuelta fuese entre dos candidatos de derecha (centro y extrema), ¿qué hubiera sucedido si Jospin se hubiera presentado a una segunda vuelta? Una aproximación nos la entrega un sondeo de la intención de voto previo,

Como se puede observar, en una hipotética segunda vuelta:

  • Si la contienda era entre Jospin y Chiraq, los votos de la extrema derecha irían a Chiraq mientras que los votos de trabajadores de barrios inmigrantes irían a Jospin
  • Si la contienda fuese entre Jospin y Le Pen, los votos de los conservadores irían a Le Pen y los votos de la centroderecha irían a Jospin, aunque, muy posiblemente la mayoría votaría por el candidato socialista, así como votaron masivamente por Chiraq.

Por tanto, es muy probable que bajo otra organización institucional el resultado electoral fuese muy diferente. Y asumir que las estructuras colectivas interfieren en estas decisiones racionales no nos lleva a decir que no estamos frente a racionalidad, más bien esta racionalidad es más compleja que la postulada.

Una tercera crítica que se puede esbozar viene de la mano del post keynesianismo principalmente desarrollada por Paul Davidson. Su planteamiento siguiendo a Keynes, parte del hecho que los agentes económicos -especialmente empresarios- están obligados a tomar decisiones como la inversión en contextos de incertidumbre y que no hay forma de superarla utilizando los datos probabilísticos En este sentido hay que diferenciar entre el riesgo probabilístico y la incertidumbre. El primero se puede calcular tomando datos estadísticos del pasado que nos permitan predecir con cierto grado de certeza lo que se puede esperar del futuro, el segundo en cambio supera esta posibilidad. Por ejemplo, si tenemos que estimar el ingreso de consultas en un callcenter por franjas horarias se puede utilizar un forecast del mismo período el año anterior, y seguramente el pronóstico acertará en gran medida, pero nada de esto previene eventos que pueden desembocar en un estado de incertidumbre como lo puede ser un sobre tráfico producido por un tercer factor que lleve a un 500% de incremento en la demanda, y aun teniendo datos anteriores, el hecho mismo es que estos son impredecibles. Es importante destacar que la falta de datos es consustancial al problema, por lo cual los agentes saben que no pueden predecir el futuro usando datos del pasado. Otro ejemplo viene dado en momentos de crisis económica, si tenemos como dato que las últimas crisis (en un marco de 50 años) han producido un incremento del desempleo en un 10% promedio, ¿podríamos tomar una decisión racional con esa información? ¿Y si el desempleo aumenta un 15% o solo un 5%? Estas situaciones ya se han dado y si los economistas “no pueden prever” el resultado es porque simplemente el escenario histórico y social ha cambiado. Por tanto, la TER para operar debe funcionar en un mundo teórico en el que el tiempo histórico no existe.

Desde una orilla psicológica la TER no ha estado exenta de críticas. Daniel Kahneman, psicólogo y premio Nobel de economía en 2002, en su obra Pensar rápido, pensar despacio, incluye un capítulo en el que cuestiona la veracidad de esta teoría a partir de la evidencia empírica existente. Establece que en general actuamos de modo conservador y preferimos no arriesgarnos a perder antes que ganar, lo cual revierte este homo economicus establecido de, operar y actuar buscando utilidad a moverse evitando el riesgo. En este aspecto, si establezco dos opciones a elegir A-B, donde A represente una ganancia segura del 5% y B una ganancia o pérdida del 20%, la tendencia se inclinará hacia la primera opción pues representa mayor seguridad. De todas formas, esta crítica puede ser revertida en tanto la premisa asumida sea que “la opción racional entonces simplemente cambia de utilidad a la aversión al riesgo”. Pero aquí es cuando la neurociencia juega un rol fundamental con sus diferentes investigaciones al demostrar que las emociones importan dentro de la toma de decisiones, donde, decidir entre A o B no depende solo de percepciones como la utilidad o aversión al riesgo sino que también de la emoción subyacente, ejemplificado, si nos encontramos en una situación en la que A implica mantener una relación tóxica y B terminar con la misma, la lógica racional nos lleva a creer que la opción elegida sea B, pero en realidad vemos que muchas veces A es la seleccionada, ¿por qué ocurre esto? Pues porque existe detrás una relación sentimental de dependencia. Y cuando asumimos que los sentimientos importan en las decisiones, entonces nos encontramos en un universo diferente del presentado por la TER.

Crítica desde el Marxismo

En Marx podemos anotar tres grandes puntos que cuestionarían la TER:

  1. En primer lugar, Marx fue muy crítico con los economistas de la época al creer que la economía tenía un basamento en las leyes de la naturaleza completamente desligada de la historia, lo que, a su juicio les permitía asumir que las leyes del capital eran inmutables de una sociedad en abstracto. Considerar que las variables se mantienen inmutables conlleva erradas conclusiones, por ejemplo, siguiendo el ejemplo del dilema del prisionero, si en un primer momento la decisión fue delatar y luego de años callar, ¿qué cambió? Pues cambió el mismo tiempo-espacio, tan puramente antes no existía una compenetración sentimental y luego sí.
  2. En segundo lugar, la incertidumbre recalcada por los keynesianos tiene que ver con un modo de producción que encierra contradicciones internas e inherentes a su propia esencia y que en tanto el mismo exista, se continuará manifestando. En tanto el sistema esté basado en la propiedad privada con un trabajo socializado que se valida ex post en el mercado, a través de un lenguaje cosificado y mediado en los precios, un fetichismo que no puede ser superado mediante una observación racional, estas en realidad son racionales en lo fenoménico, no en lo subyacente. Esta es una realidad que la TER no puede revisar.
  3. En tercer lugar, se reconocen leyes objetivas que dominan la realidad social, y que, como son sociales, se encuentran por sobre el individualismo racional de la TER. Por este motivo, conforme avanza la historia también avanzan los diferentes modos de producción, leyes que derivan de la sociedad y que los humanos por sí solos no pueden controlar.

Con todo, podría intentar defenderse la TER aseverando que la racionalidad en la toma de decisiones sigue persistiendo desde una utilidad o aversión, y en cierto sentido es cierto, pero cuando hablamos de un comportamiento social que prima sobre el individual, estamos refutando el pilar primigenio de la TER donde la suma es igual a las partes, o, la suma del pensamiento racional de todos es igual a la racionalidad detrás de las leyes sociales. Podemos concluir afirmativamente desde una arista filosófica que detrás de todo hay una razón, pero esta razón no puede emanar de la utilidad o el individualismo, y es aquí donde la crítica marxista coincide con el planteamiento institucional de la ciencia política en el que las estructuras sociales, políticas y económicas influencian en las decisiones y resultados.

En conclusión, la TER no cumple con lo necesario para ser considerada una teoría científica, esto a pesar de su certeza al explicar ciertos patrones de comportamiento a nivel económico y político, si no se mezcla con estructuras superiores y colectivas, más leyes sociales que trascienden decisiones individuales, entonces no puede ser aplicada en el análisis de la política (o ya puestos, en la misma economía) como ciencia. Aplicada desde el punto de vista neoclásico solo ha servido para validar el discurso dominante y continuar con las reformas capitalistas tendientes a incrementar la tasa de plusvalía a nivel global.



Categorías:Política

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: