Frente a la crisis actual la única respuesta es el marxismo

Buenos días.

Este artículo es sumamente serio.

En la actualidad nos encontramos inmersos en una de las crisis económicas más profundas de los últimos tiempos que azota los diferentes rincones de este planeta, aunque a algunos con mayor fuerza que a otros, todos estamos viendo en carne propia cómo este año ha sido particularmente difícil.

El detonante de esta crisis ha sido la pandemia, pero ya desde hace un tiempo que la economía internacional mostraba claros signos de un evidente desgaste encaminándose a una crisis. Incluso descontando este año, la protesta popular se ha manifestado en muchos países -ya sea en Irak, Sudán, Hong Kong, Irán, Egipto, Chile, Ecuador, Venezuela, Haití, Puerto Rico, Colombia, Francia o España- donde el elemento común denominador tiene solo un origen, el sistema capitalista en su conjunto.

Esta crisis no es coyuntural, no se terminará en unos años, ni tampoco ha comenzado el 2020 (o 2019, 2018, 2008, 1970), es más bien una crisis estructural que se prolongará durante décadas y en realidad sus orígenes vienen explicados de la misma esencia de este sistema, por lo tanto su existencia no es más que otra manifestación de las leyes innatas, consustanciales e inmanentes del sistema. Esta crisis trasciende las dimensiones de análisis, no es solo económica, es también social, política, psicológica, histórica, geográfica y hasta cultural.

Problemas tan reales y concretos como el calentamiento global, la polarización social, la cuestión nacional, el surgimiento del integrismo político (en sus diferentes formas), el giro dictatorial y autoritario de muchos regímenes, las frustraciones generacionales, el desmantelamiento del Estado de bienestar, la sostenibilidad de las pensiones, el incremento de las bajas médicas por patologías mentales, el estancamiento en el desarrollo intelectual y científico, y un largo etcétera, todos vienen explicados en última instancia por el capitalismo.

Y lo peor de todo es que son problemas que nos acompañarán en la medida que este sistema perpetúe su existencia.

Hasta hace no mucho el liberalismo como ideología centrista y dominante tenía una respuesta lo suficientemente convincente para paliar los efectos secundarios de vivir en esta sociedad, pero hoy en día tanto el sufragio universal como el Estado de bienestar (o sus respectivas versiones en el América Latina, África y Asia) están obsoletos y se ha alcanzado su límite, lo que ha llevado a una polarización política de la que tanto derecha como izquierda han emprendido una senda diferente acercándose cada vez más a espacios que hasta hace no mucho eran impensados. La ultraderecha y el integrismo religioso son un peligro actual y latente, pero también lo es la izquierda neopopulista autoritaria, estatista, nacionalista y estalinista muy presente en América Latina, África, oriente medio y Asia, ambas están demostrando que en última instancia lo que logran es perpetuar el régimen del capital, en consecuencia son reaccionarias. Los movimientos nacionalistas que enarbolan la nación establecida son de igual forma tan nocivos como los movimientos nacionalistas que enarbolan una nueva nación con apoyo de la clase burguesa.

Los nacionalistas de Madrid son tan dañinos como los nacionalistas de Catalunya.

La peligrosidad de todos estos últimos estriba en su posición contraria a organización de clase, llevando por el inverso a una confrontación de personas de una misma clase bajo pretextos tan subjetivos como un ideal nacional mientras sus líderes se regocijan negociando entre sí. Tal y como ha sucedido durante toda la historia moderna cuando, millones de personas morían en guerras decretadas por sus respectivos líderes políticos, los cuales, estaban emparentados entre sí ya sea por una filiación familiar, por intereses, o ambas.

Actualmente los países, las sociedades y personas se encuentran muy polarizadas (como efecto directo de la dinámica del capital), pero esta polarización es completamente perjudicial en tanto nos impide sumarnos como una única clase en búsqueda por conseguir nuestros objetivos.

En medio de este complejo contexto y como no podía ser de otra forma, tenemos la explicación de la única verdad emanada por los científicos sociales. Quienes, de científicos, tienen solo el nombre.

Hablamos de personas que se han formado y consiguientemente han asimilado paradigmas, teorías y conceptos pseudocientíficos. La realidad de las ciencias sociales en la actualidad es que:

  1. Carecen de una posición única para explicar la realidad universal
  2. Carecen de un basamento filosófico basado en un razonamiento lógico
  3. No se basan ni en el método científico, y, cuando lo intentan el resultado es cuanto menos forzoso

No exijamos imposibles.

Estas ciencias sociales son en general, un relato burgués, y desde esa orilla las debemos entender.

La historia, economía, sociología, ciencia política, antropología, geografía y psicología predominante en las principales universidades y centros de investigación poseen una raigambre eminentemente liberal, y el liberalismo carece de principios lógicos que se puedan sostener sin apelar a argumentos falaces, circulares, o forzados.

Préstese atención en lo siguiente: no hay un punto de cruce entre un historiador idealista, un economista neoclásico, un sociólogo funcionalista, un cientista político institucionalista, un psicólogo conductista, un geógrafo cuantitativo y un antropólogo neoevolucionista. Todos se contradicen entre sí, ¡casi como si hablasen sobre diferentes universos!

Como tampoco podía ser de otra forma, estas ciencias sociales carecen de un relato científico toda vez que sean incapaces de conectarse con las ciencias físico-naturales. ¿Es que acaso son diferentes universos el social del natural? ¿Puede el universo ser determinista mientras las personas se mueven a través del libre albedrío? ¿Hasta qué punto las leyes fundamentales del universo pueden aplicarse en la realidad social? ¿Cómo es posible que las ciencias físicas se planteen una exactitud (o al menos un intento de exactitud) en sus estudios mientras que las ciencias sociales aceptan más de una interpretación? No tiene sentido, es completamente absurdo.

La miseria de las Ciencias Sociales ha llegado a tal punto que ha engendrado una corriente abiertamente pseudocientífica y que no ha hecho más que dañar todo lo alcanzado por estas mismas hasta los años de 1970, hablo desde luego del postmodernismo.

Una corriente de la cual no podemos rescatar prácticamente nada, y de haber algún elemento positivo es seguro que otras corrientes e ideologías lo hagan mucho mejor.

Una corriente ideológica acientífica que ha mancillado y debilitado los principios y pilares fundamentales de las ciencias sociales ha objetado la búsqueda por el conocimiento científico, y ha elevado el individualismo y relativismo a un punto tal que muchas ideologías completamente reaccionarias -pero que reconocemos como progresistas- han nacido desde las entrañas de las ciencias sociales.

Tal ha sido la podredumbre de estas ciencias, que hemos llegado a un punto en el que conceptos claves y objetivos como la clase, han sido devaluados en favor de otros como el género y la raza/etnia, evadiendo con ello una realidad de explotación en el que una minoría explota a una mayoría pasando a una explicación en el que las mayorías terminamos de una y otra forma oprimiendo a minorías: los blancos oprimen a los negros/indígenas, los hombres a las mujeres, los heterosexuales a los homosexuales, los cristianos a los musulmanes, estableciendo con ello escalas en las cuales un hombre blanco en Francia que percibe € 2000 es tan opresor como el director de una empresa que factura millones de euros cada año y cuyo sueldo mensual supera los € 20.000. El progresista mantendrá un discurso hostil hacia su persona, ¿y cuál vendría a ser uno de los posibles resultados? Que dicho hombre blanco termine votando al FN.

Por supuesto no estoy cuestionando en absoluto problemas asociados al género o a la etnia, existen, pero se deben entender siempre como conflictos secundados de la misma realidad de clase. Una mujer de la clase trabajadora tiene mucho más en común con un obrero, que con una mujer de clase media alta o capitalista, y lo mismo aplica para dos hombres de diferente color de piel (e incluso origen nacional) que pertenezcan a la misma clase, en comparación con un blanco o un negro cuyo ingreso mensual sea superior a los € 100.000 anuales.

Sí, hay mujeres, homosexuales y minorías étnicas en altos puestos de gerencia, directivos y propietarios del capital, ellos no son parte de ninguna minoría oprimida, son parte de la minoría explotadora.

Nos encontramos sumergidos en una sociedad mundial que nos tiene tan divididos que hemos llegado a derruir nuestra propia organización como clase explotada. ¿Alguien podría negar en este punto que la clase política no se ha beneficiado de este cambio de paradigma? Si se continúa por este proceso no se debe temer por huelgas masivas ni toma de empresas, eso es parte del pasado, ahora las marchas son patrocinadas por Coca Cola y no pasan de ser meras fiestas previamente planificadas. ¿Qué hemos ganado? Nada, los datos muestran que como clase hemos seguido perdiendo terreno año tras año.

Llegados a este punto, ¿qué podemos hacer? ¿Qué nos queda?

El materialismo histórico.

En primer lugar, el materialismo histórico nos da una respuesta concreta, realista y contundente contra el predominio actual de las pseudociencias burguesas.

Su base teórico-filosófica es de las más completas y complejas dentro de la tradición clásica decimonónica heredera de la ilustración, y, desde luego, tiene una directa conexión con los principios centrales de las ciencias físico-naturales.

No nos quedemos con el marxismo de discurso que oímos todos los 1 de mayo, vayamos a la marco teórico y científico que parte con Marx y Engels, y cuya larga duración tiene a notables científicos sociales (de los cuales no me detendré ni siquiera a mencionarlos porque son tantos que muy probablemente este artículo duplicaría su volumen). Es este marxismo el que debemos de releer y utilizar para analizar la realidad.

Es este marxismo el que nos proporciona una respuesta que integra todas las ciencias sociales haciéndola una, y con ello, nos desvela la verdad que la ciencia burguesa no quiere que asumamos, la existencia de una objetiva explotación de una clase insignificante en número, a otra mayoritaria y poseedora de la fuerza del trabajo, elemento sine qua non para el desarrollo de cualquier sociedad y cultura

Contra el relativismo, la epistemología idiográfica, y el individualismo epistemológico, el materialismo histórico presenta un razonamiento mucho más lógico y acabado, racionalista, nomotético y efectivamente centrado en la realidad social.

Pero, sobre todo, fundamentalmente conectado con la realidad física y natural del Universo.

Dicho de otro modo, ¿cómo podemos conectar los principios de la física, la química, la etología, y la biología con los sociales? Los físicos, químicos y biólogos llevan años intentando buscar la respuesta que despeje las dudas, pero a grosso modo se tiene claro que la relación [Física – Química – Biología] se cumple, no obstante, los científicos sociales poco han aportado al tema pues sus teorías se saltan esta realidad. El materialismo histórico cuadra perfectamente en esa secuencia.

De tal modo, el físico puede explicar el comportamiento de los átomos, los cuales a su vez forman los elementos químicos, elementos que son explicados por la química, siendo estos los que componen la materia orgánica, la que por su parte forma a los animales, y por obviedad a los humanos.

El materialismo histórico no es más que la explicación racional y empírica del desarrollo humano como sociedad tal y como Darwin explicó racionalmente el comportamiento de la bilogía. Biología que no se puede entender fuera de los marcos químicos de su propia materia. Química que a su vez se explica y entiende desde un comportamiento atómico.

El resto de las corrientes en las ciencias sociales son incapaces de realizar esta conexión porque parten de principios seccionados y castrados de la realidad social. Por ejemplo, los economistas neoclásicos y austriacos son incapaces de explicar correctamente los motivos de la caída del imperio romano o el comportamiento dentro del feudalismo pues sus límites los marca su propio esquema teórico subjetivo, llegando a dejarse de buscar leyes y solo centrarse en un mundo de agentes económicos racionales sin tiempo.

Pero además, el marxismo tiene otra importante contribución, la respuesta concreta frente al vacío existente en los movimientos sociales internacionales.

Actualmente muchos movimientos sociales vigentes carecen de un cuerpo teórico lo suficientemente robusto que les permita una praxis realmente revolucionaria. El mundo en la actualidad se convulsiona socialmente día a día, pero lamentablemente estos movimientos a diferencia de sus predecesores no han sido capaces de conquistar derechos para la clase trabajadora en su conjunto. Tal es la crisis que llevamos décadas viviendo una seguidilla de derrotas.

No hemos ganado nada en décadas.

Muy en el pasado quedaron los años en los que conseguíamos garantías sociales y económicas, hoy estamos lejos de eso y en su lugar nos hemos separado.

Grupos progresistas (quienes representan solo otra de las manifestaciones de la izquierda burguesa liberal actualizada según los cánones del siglo XXI) se decantan por manifestarse en redes sociales y salir a protestar en fechas establecidas patrocinados por el capital. Otros prefieren ceñirse al espontaneísmo. Y no faltan quienes asumen que la violencia terrorista es una lucha válida para lograr cambios.

A estas alturas no debería caber ningún espacio a dudas de que esto no es así, y que están completamente equivocados. El progresismo no ha hecho más que potenciar gobiernos socialistas burgueses -enmarcados en el conciliacionismo- que en última instancia se han preocupado más por el multuculturalismo afable a las condiciones de explotación, enfocando su preocupación en minorías desde un punto de vista individualista en lugar de focalizarse en una objetiva mayoría presa de una creciente disconformidad y pauperización social; el espontaneísmo es inservible en sí (algo criticado por Marx desde su juventud); y las tácticas terroristas no hacen más que… pues generar terror y separatismo en el mismo seno de la clase trabajadora -de hecho como lo indica Eric J. Hobasbawm “en la época de más frecuentes atentados con bombas en Barcelona no llegaban probablemente a un centenar los policías que velaban el orden público en esta ciudad”, y siguiendo las palabras de Gerald Brenan una sola huelga de mineros en Asturias afecta más al gobierno español que 70 años de masiva actividad revolucionaria anarquista-. En un mundo en el que las desigualdades aumentan, la clase trabajadora se ha polarizado entre progresismo, nueva derecha y política tradicional, ergo no podemos continuar encaminados en una dinámica que solo nos llevará al fracaso.

Marx y Engels esbozaron los planteamientos centrales de la lucha, y hoy más que nunca debieran ser estudiados.

Este se puede resumir en dos pasos: organizarse y tomar el poder.

Siendo el primer paso, la organización, clave en este ejercicio. Por eso el espontaneísmo era tan criticado por Marx siendo parte de la tradición socialista.

No se trata solo de ir en búsqueda del poder obrero porque sí, ya que, si la clase trabajadora está inculcada por creencias, convicciones y postulados burgueses, pequeños burgueses y de otras clases sociales ajenas (como ocurre hoy en día con términos tan esenciales como la misma libertad e igualdad), el trabajo realizado en un hipotético escenario donde los obreros tengan el poder llevará a cabo medidas burguesas o pequeñoburguesas, y con el tiempo (como la evidencia empírica lo demuestra) el desencanto de sus adeptos se incrementará.

Y ESTO ES COMPLETAMENTE LÓGICO.

Antes de todo hay que explicar, enseñar, educar. No tiene sentido que nos quedemos en consignas como “lucha contra el capital” creyendo que el resto de las personas acepten o entiendan nuestro pensamiento solo porque sí. Por eso la lucha debe ir en todos los planos incluyendo el ideológico. Y si buscamos la emancipación obrera, esta debe ser fruto de los mismos obreros.

De hecho, la situación actual se caracteriza por dos elementos, i) un desencanto generalizado por la política en prácticamente todos los países democráticos, ii) un desencanto por cualquier apuesta hacia una solución íntegramente obrera y revolucionaria.

¿Cómo se explica? Pues por desinformación y desencanto. En la memoria de los obreros el marxismo está conectado con el fracaso de los “socialismos reales”, la experiencia chavista, y la seguidilla de gobiernos de izquierda que sin tener en sus filas a marxistas, mantienen una retórica muy “anticapitalista”, y frente a esa imagen muchos intelectuales marxistas han hecho un excelente trabajo como intelectuales, pero poco ha habido en la difusión y en las objeciones ideológicas frente al establishment.

En este contexto de desencanto otros han tomado la delantera -por ejemplo la ultraderecha- a pesar de que tenemos todas las de ganar.

Lo anterior nos lleva a la necesidad de acceder a todos los espacios informando, comunicando, educando y trabajando. Empresas, fábricas, colegios, institutos, universidades, y centros sociales deberían mantener una presencia activa. Que por cierto, en las empresas muchas veces predomina un ambiente individualista, competitivo y sumamente hostil, nuestro deber sería modificar dicho ambiente por uno donde predomine la fraternidad. Entonces un objetivo central sería educar a todos los trabajadores las bases esenciales del marxismo, ¿cómo esperamos que la clase trabajadora se decante por un programa realmente socialista sin carecer de un mínimo de entendimiento de lo que es el socialismo? ¿O es que esperamos que lo entiendan solo por lo que observan y escuchan en los medios de comunicación y discursos políticos?

Por supuesto, nuestra labor no se debe quedar en la explicación, hay que actuar y trabajar, debemos promover la lucha social y política, pero ese combate debe ser llevado en tanto se enmarque en la lucha de clases del proletariado contra la burguesía, y es por eso que es clave la influencia en el movimiento de masas. Si nos quedamos solo en lo combativo, no estamos haciendo nada diferente que otras organizaciones y partidos, la diferencia la debe marcar una estrategia, programa, política y un enfoque teórico esencialmente distinto.

Por eso Lenin diferenciaba al socialista del buen sindicalista, donde, el primero además de un buen luchador presenta ideas con una perspectiva mucho más generales y profundas. Planteamiento igualmente presente en el Manifiesto Comunista.

Sí, es cierto, hay mucho por hacer, pero de momento las organizaciones realmente obreras con suerte obtienen un mínimo histórico (y lo peor es que muchas, en lugar de centrarse en las bases obreras, han optado por pactar con los partidos burgueses para alcanzar alguna cuota de poder, como ocurre con el Partido Comunista de Chile). Es cierto que cada vez y con mayor fuerza queda establecido que la lucha de clases es una realidad diaria y patente en todos los países, las movilizaciones han incrementado su fuerza y presencia en nuestra sociedad, pero estas se caracterizan por evitar la organización política, y una vez se organizan terminan pactando con partidos burgueses.

Un elemento clave de esta organización es la crítica de la crítica crítica. Debemos ser capaces de enseñar e inspirar una tradición y pensamiento contestatario basado en la razón, en el pensamiento científico y en el respeto mutuo. No nos podemos quedar limitados a las verdades ideológicas o del partido, no podemos mantener por mucho tiempo más (si nuestro objetivo es la honestidad intelectual) una posición arbitraria validando, por ejemplo, maltratos a los derechos humanos en un país porque es gobernado por los socialistas mientras criticamos lo mismo a otro país, la doble moral no puede ser justificable en ningún caso.

La tradición crítica, internacionalista, subversiva del socialismo es lo que debe prevalecer.

Una tradición que para muchos es incómoda, pero, si nos podemos autocriticar nosotros mismos en búsqueda de la constante mejoría, ¿por qué no podemos criticar a Maduro, Morales y al estalinismo sin ser calificados de revisionistas (en el mejor de los casos) o agentes del capital (en el peor)? Si no podemos, que no sea porque no haya nada que criticar (que yo sepa no existen las personas perfectas), pues en dicho caso caemos en el más duro y crudo dogmatismo, al mismo nivel del integrismo religioso.

Tampoco podemos darnos el lujo de caer en razonamientos falaces como;

“X dice que acabará con la explotación”, ergo X es socialista.

“X ha detenido a opositores que protestaron contra él”, estos opositores son agentes del capital internacional.

“X dice que los problemas que vive son obra de ataques subversivos de los capitalistas”, es cierto porque es socialista.

Este tipo de razonamientos lo único que logran es socavar nuestra tradición crítica y empantanar nuestra lucha.

Los objetivos para plantearnos deben ser concretos y realizables en un marco de tiempo razonable. No podemos quedarnos solo en el largo plazo, ni solo en el corto plazo. Si solo nos enfocamos en objetivos cortoplacistas olvidaremos en el acto lo más importante, la lucha por acabar y superar con el capitalismo. Si solo nos enfocamos en el largo plazo, perderemos terreno en lo cotidiano, en lo contingente e inmediato, ya que si bien a la clase trabajadora el capitalismo como sistema la enajena, excluye, polariza y empobrece, son los detalles lo que más quedan en la retina: las jornadas, los tiempos de desplazamiento, los abusos, los bajos salarios, la desocupación, el desamparo, entre muchos otros merecen un tratamiento inmediato desde una perspectiva de clase.

Tal y como Marx y Engels lo indicaron en el Manifiesto Comunista,

Los comunistas no se distinguen de los otros partidos obreros más que en dos puntos:

1° En las diferentes luchas nacionales de los proletarios, ponen por delante y hacen valer los intereses independientes de la nacionalidad y comunes a todo el proletariado; y

2° En las diferentes fases de la lucha entre proletarios y burgueses representan siempre y por todas partes los intereses del movimiento integral.

Prácticamente, los comunistas son, pues, la fracción más resuelta de los partidos obreros de todos los países, la fracción que arrastra a las otras; teóricamente, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de un concepto claro de las condiciones, de la marcha y de los fines generales del movimiento proletario.

El propósito inmediato de los comunistas es el mismo que el de todos los partidos obreros: constitución de los proletarios en clase, destrucción de la supremacía burguesa, conquista del poder político por el proletariado.

Las proposiciones teóricas de los comunistas no se fundan de ningún modo en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo. No son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico en constante evolución. La abolición de las relaciones de propiedad que han existido hasta aquí no es el carácter distintivo del Comunismo.

Claro que debemos alcanzar el poder, pero este objetivo no puede darse desde el conciliacionismo burgués, sino que desde una lucha íntegramente obrera, con un amplio trabajo ideológico y social donde los factores subjetivos estén lo suficientemente desarrollados, para solo de ese modo servir como la vanguardia. Pero en tanto necesitamos un movimiento de clase, éste no puede ser nacionalista, aun cuando sus demandas sí se circunscriban a un territorio determinado. Puede que esta sea una tarea que requiera tiempo, pero no podemos ceder ante el conciliacionismo, el espontaneísmo, al dogmatismo del partido, ni al subjetivismo liberal burgués.

Puede que nos tome 15 o 30 años, pero es preferible trabajar 30 años preparando un movimiento obrero internacionalista que 50 años de lucha separada, disgregada y atomizada entre nacionalismos, intereses ajenos y pactos con otras clases que solo nos llevan a retroceder

Vivimos en un momento clave.

Los acontecimientos que se den durante el próximo lustro serán centrales para entender el devenir de nuestra humanidad durante las próximas décadas: el papel de China, el reordenamiento interno del mercado, la política de inmigración asumida por los países europeos, norteamericanos y Japón, el sostenimiento del liberalismo como centro de gravedad en la política, y sobre todo la organización del mismo movimiento internacional de trabajadores deben ser parte de nuestro foco como clase obrera pensante y decisora.

Llevamos 50 años perdiendo, debemos revertir la tendencia.



Categorías:Socialismo

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