Crisis social en Chile. ¿Qué balance hace la sociología burguesa?

Si algo ha caracterizado a la coyuntura iniciada el 18 de octubre de 2020 en Chile es que tanto políticos, como personajes influyentes e intelectuales de la burguesía, han expuesto una evidente sorpresa frente al mismo insinuando que no se esperaban este escenario, es más, desde el mismo gobierno se esbozaron diferentes teorías que explicasen como en un país en pleno crecimiento y ad portas del desarrollo, llegara a esta situación, el resultado de tales investigaciones en términos generales convergió hacia una misma idea: si el país estaba bien entonces el problema debiera ser importado, no es de extrañar que bajo esta premisa el gobierno en más de una ocasión manifestara que la causa estaba en la intervención extranjera (mismo diagnóstico que otros analistas desde el extranjero han realizado). No obstante, la élite intelectual siempre adelantada a la clase política en este tipo de lecturas ha buscado una respuesta más razonable, la pregunta entonces es ¿ha logrado la sociología burguesa hacer un análisis correcto y satisfactorio que explique el porqué detrás del estallido social?

Comencemos analizando los diagnósticos esbozados por los más conocidos sociólogos en el país, Carlos Peña, Fernando Villegas y Patricio Navia.

Carlos Peña -abogado con master en sociología y Doctor en filosofía, quien desde 2005 es el rector de la Universidad Diego Portales- afirma que existen tres factores, en primer lugar hay un cambio generacional, en segundo una merma en la legitimidad de las instituciones, y finalmente una percepción sobre la desigualdad.

El primer factor tiene relación con un protagonismo elevado de los jóvenes en las protestas, quienes bajo su perspectiva carecen de orientación política por lo cual se someten a sus pulsiones, esto viene a significar que estos jóvenes están imbuidos por su subjetividad o en sus palabras “energía acumulada por adolescentes mimados y sobrevalorados” que los lleva a luchar contra la injusticia validando su actuar y negando la importancia de las reglas. El segundo factor se explica por una carencia en el sentimiento de bienestar. Sobre la percepción de la desigualdad esta se origina cuando cae la legitimidad, según él “estamos en presencia más bien de una especie de conmoción pulsional generacional muy fuerte, alentada por ciertos problemas de legitimidad del tipo de modernización que Chile lleva adelante”(entrevista del 21 de octubre de 2019 dada a T13), en este punto es importante destacar que para Peña la desigualdad como factor sigue en el mundo de la subjetividad en tanto es solo una percepción ya que el Coeficiente de Gini se ha reducido durante las últimas décadas.

Fernando Villegas -escritor y comentarista político, con estudios en la carrera de sociología pero sin llegar a titularse- ha indicado en una serie de vídeos en su canal de YouTube El Villegas que los actos de vandalismo han sido organizados y planificados, por ende, están asociados a una actividad organizada, el mismo estallido es un ensayo general de una insurrección a nivel nacional con la justificación del alza en el precio de los pasajes del metro, donde, los secundarios han sido utilizados para esta insurrección. Además señala que ve cinismo en aquellos grupos que protestan en la Plaza Ñuñoa con buena situación, con ropa de marca y celulares Iphone que define como “el placer de la comunidad tribal”.

Patricio Navia -cientista político, columnista y sociólogo peruano nacionalizado chileno, actualmente es profesor de la Universidad Diego Portales y profesor asistente de la Universidad de Nueva York- mantiene como premisa que “Los chilenos no quieren cambiar el modelo económico, quieren ser parte de los beneficios”, en este sentido cree que existen causas de corto y mediano-largo plazo. La causa de corto plazo fue el incremento en el precio del pasaje del metro, la cual le parece insignificante para explicar el estallido, por tanto debemos apuntar a las causas de largo plazo y según Navia “las causas de largo plazo tienen que ver con el hecho de que Chile se ha desarrollado mucho, ha crecido mucho, pero el crecimiento está desigualmente distribuido”.

Asimismo considera que “Chile está hoy mejor que nunca en su historia y los niveles de desigualdad están hoy más bajos que nunca antes en la historia de Chile. Pero Chile sigue siendo un país muy desigual. Y de hecho es precisamente el hecho de que la gente ve que hay progreso, ve que hay avances, y eso los pone nerviosos y los frustra. La gente está viendo que las cosas van mejorando, pero que esa mejora es muy lenta y que hay oportunidades para que haya una mejora más sustantiva, más significativa” (entrevista concedida por Patricio Navia el 21/10/2019 al medio LaPolitticaOnline).

Lo que observamos al leer todos estos diagnósticos es una posición claramente burguesa que representa la miseria de la sociología burguesa estancada a mediados del siglo XX. En este sentido es clave mencionar que el siglo XX fue testigo de dos grandes corrientes sociológicas que representaron su propio contexto y buscaron explicarlo prescindiendo del un análisis sistémico marxista, el funcionalismo y el Conflictismo.

El Funcionalismo representó el pensamiento sociológico burgués del occidente europeo a partir de la década de 1930 y con ello, se moldeó en torno a los acontecimientos presentes en dicho tejido, explicando cómo estas sociedades se organizaban en medio de un mundo convulso en términos sociales y políticos, en cierto sentido esta corriente sociológica validaba el modelo imperante, de allí a que se concibiera como un órgano donde cada parte cumplía una función y las tensiones internas eran esporádicas y menores. El Conflictismo se hace de importancia en un momento clave -fines de los años de 1950 y década de 1960- enmarcado en un contexto internacional caracterizado por luchas antiimperialistas en las colonias y luchas laborales en el seno de las Metrópolis capitalistas, escenario que el Funcionalismo fue incapaz de explicar y, en búsqueda de evitar que la tesis marxista se hiciera con más validez de la que ya tenía, se debió reformular todo el planteamiento sociológico, proceso que se inicia con Dahrendorf  en 1957, ahora la tesis sociológica incluía el conflicto como un elemento natural en la sociedad, solo que, a diferencia de una lucha de clases, era un conflicto por y para el mercado, y cuya solución venía del mismo mercado a través del reformismo.

Nos encontramos entonces frente a dos visiones enfrentadas, en términos sociales una es conservadora y otra reformista, una justifica el status quo, la otra entiende que pueden haber cambios, una ve un problema en el cambio bajo el eufemismo de la anomia, la otra lo naturaliza, sin embargo ambas terminan siendo dos caras de una misma moneda. Permanencia y cambio en un sistema son fundamentales como conceptos. Es necesario mantener ciertos fundamentos, pero no se puede evitar el cambio, no obstante, si el cambio se extiende más allá de un límite entonces los fundamentos pueden terminar diluyéndose, ambas como conceptos son necesarias.

Permanencia y cambio son necesarios para sostener un sistema capitalista, un sistema que si bien es cierto evoluciona continuamente, mantiene elementos centrales basados en sus propias leyes inmanentes, y son estas leyes las que en cierto momento demuestran que reformando o manteniendo el status quo no se soluciona lo esencial, ya que este sistema es en sí tan dinámico como voluble y polarizado.

Es aquí cuando entendemos la enorme separación entre Peña y Navia, el primero afirma que todo es subjetivo y guarda relación con un sentimentalismo (ha afirmado que nos encontramos frente a una Anomia generacional el 4 de enero 2020 en una entrevista concedida a La Tercera), el segundo cree que esto se relaciona con un proceso común muy vinculado al mismo éxito y que se origina de una torta mal repartida.

No obstante como dos hermanos que discuten todo el día por la comida o las labores domésticas, estas diferencias se esfuman cuando vemos que el vínculo es mucho mayor. Igualmente, la visión de Peña y Navia se nos hacen sumamente compatibles cuando la comparamos con la tesis marxista.

¿Qué evaluación podemos entregar?

La tesis de Peña se basa en datos incorrectos, que la desigualdad se esté reduciendo solo ocurre a nivel del Coeficiente de Gini, lo cual ya discutí cuando analicé el discurso apologista de Kaiser (que básicamente decía lo mismo), pero además este dato se vuelve insignificante en el instante que analizamos su teoría.

No se puede entender la sociedad como un órgano operativo y funcional que carece de conflictos a la luz de la evidencia empírica que podemos recabar de prácticamente cualquier sociedad en este mundo, esta nos presenta un historial completamente diferente el cual se encuentra plagado de conflictos sindicales, laborales, revueltas, protestas, rebeliones e incluso revoluciones que devienen en guerras civiles. ¿Se explican a través de la Anomia? De ser el caso deberíamos aceptar que frente a un desarrollo económico (con ingresos al alza, desigualdad a la baja -según él- y reducidos niveles de pobreza y desempleo) y una sociedad con más recursos, la misma viene explicada por elementos no materiales, como la moral. De ser este el caso entonces caemos en una disociación entre lo material y lo ideal, una trampa del idealismo muy típica en los científicos sociales cuando se encuentran en los límites de su teoría.

Es en este momento cuando llegan afirmaciones como “las nuevas generaciones perdieron el norte”, es decir, los jóvenes no han sido lo suficientemente educados, preparados (o domados) para ser funcionales en la sociedad, y por ende se han degenerado. Este análisis no es muy diferente al dado contra la protesta de los obreros a mediados del siglo XX, es decir, “falta disciplina”.

Por otra parte, ¿cómo se entiende el crecimiento económico y social? Efectivamente, somos en términos absolutos más ricos que nuestros abuelos (a nivel de promedio), y algunos lo somos más que nuestros padres, es el efecto de un crecimiento sostenido durante décadas. Pero frente a esto, ¿una persona nacida en 1990 tiene menos motivo para protestar que una nacida en 1950? De ser así, ¿la que ha nacido en 1950 tiene menos derechos a manifestarse que una nacida en 1900? Esto no tiene sentido pues la situación social no se puede comparar solo con el pasado, la comparación debe ser con el pasado y con el presente. Presente que sea expresado tanto comparativamente con la misma sociedad como espejo y con otras. Es por esto que es fundamental el grado de la desigualdad.

Si antes mi abuelo percibía $100 y su patrón $1000, entonces la diferencia era de 1:10. Si hoy yo percibo $500 y mi patrón $50.000 esta diferencia se ha incrementado habiéndome empobrecido en términos relativos. Soy más rico que mi abuelo, pero esto se vuelve insignificante cuando me doy cuenta que a la vez soy más explotado que mi abuelo y lo que realmente podría percibir es bastante menor a lo que percibo.

De igual modo la tesis de Navia contiene los mismos errores que contenía el Conflictismo. Si parto del ejemplo mencionado, la solución podría ser reducir la brecha, repartir mejor la torta. Y sí, tendría un efecto paliativo durante un tiempo, pero el problema es que siendo el capitalismo un sistema con leyes internas y que no pueden ser corregidas mediante las reformas de un gobierno o Estado, lo que lleva a un proceso de inevitable reversión de lo alcanzado (por ejemplo el proceso dado tras 1970). El reformismo funcionó, pero parcial y temporalmente, por lo que si bien es cierto el punto de Navia es cierto, está incompleto.

Además, ¿cuánto es lo que se debe reformar? Esta teoría parte del precepto de una pugna por la participación en el mercado que dentro del mismo mercado se puede solucionar, luego que tras cada reforma las pugnas se mantienen (si no es de modo explícito) latente hasta que terminan estallando. Esta situación demuestra que aun cuando se den concesiones nunca se llegará a un punto de equilibrio en tanto el sistema mismo esté desequilibrado por naturaleza. El conflicto no termina tras alcanzar un objetivo determinado, ya que al originarse de una realidad como lo es la misma explotación y el conflicto de clases las reformas al no alterar en absoluto esta mecánica y dinámica, solo lo menguan hasta próximo aviso -en el mejor de los casos-. 

La única respuesta realmente científica la proporciona el Materialismo histórico.

Cuando buscamos el leitmotiv del comportamiento social lo que hacemos es ir desgranando las causas próximas hasta alcanzar a una “causa original” del siguiente modo:

(Conflicto) <- [Factor C] <- [Factor B] <- [Factor A] <- (Causa)

Ante X conflicto encontramos diferentes factores que están conectados entre sí hasta llegar a la causa. Si aceptamos que el conflicto tiene una explicación en la desigualdad de renta, ¿a qué se debe? Podemos decir que a la división del trabajo ¿y por qué existe esta división? Porque el sistema así lo necesita. El materialismo histórico nos permite entender estas leyes inmanentes del capitalismo, y además, nos entrega la única respuesta lógica para superar estos problemas, la superación misma del capitalismo.

Por último, es cierto que muchos intelectuales y políticos se mostraron sorprendidos tras el 18-O (desde luego, su universo conceptual y teórico los llevaba a vivir en una burbuja), sin embargo, la sociología marxista esto lo tenía más que avisado y estudiado, sin conocer en exactitud el cuándo, ya tenían dada la respuesta al porqué y dónde. Yo personalmente no me sorprendí que la sociedad chilena explotara el 18-O, al contrario, me sorprendía cada día que veía cómo la injusticia se seguía perpetuando sin mayor réplica mientras los políticos utilizaban un lenguaje cargadamente clasista en contra de nuestro reclamo. Desde luego, no esperaba ese día por la mañana el devenir de los acontecimientos, pero, así como sé que en algún momento habrá un terremoto sin tener el detalle exacto, lo mismo aplica para este tipo de situaciones sociales.



Categorías:Sociología

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