Axel Kaiser está equivocado

Axel Kaiser es uno de los principales apologistas y promotores del llamado modelo chileno, tras una serie de intervenciones en diferentes medios de comunicación, su posición como un defensor de este modelo es más que evidente. En este artículo pretendo responder a un par de afirmaciones que ha hecho en un artículo recientemente publicado bajo el título de “Chile: de la depresión al suicidio”.

En este artículo, como era de esperar, indica el avance en diferentes ámbitos que ha experimentado Chile y que lo ha llevado a ser “el país más exitoso de la historia de América Latina”, frente a esto, su diagnóstico es que “una élite política e intelectual populista, progresista y conservadora social cristiana, convenció a la ciudadanía de que el problema del país era la desigualdad”.

No me centraré en el fondo de este artículo, más bien en dos datos que usa Axel Kaiser, a mi modo de ver de modo equivocado, para demostrar su conclusión.

Dice Kaiser,

A su vez, el índice de Gini cayó de 52,1 en 1990 a 47,6 en 2015. Si se mide la desigualdad de ingresos dentro de las diferentes generaciones, la reducción es aún mayor. Otros indicadores de desigualdad también muestran una reducción de la brecha entre los ricos y el resto de la población. El índice de Palma, que mide la desigualdad de ingresos del 10% más rico en relación con el 40% más pobre, se redujo de 3,58 a 2,78 en el mismo período de tiempo, mientras que la relación entre los ingresos de los quintiles más bajos y los más altos disminuyó de 14,8 a 10,8.

Para Axel Kaiser entonces que se reduzca el coeficiente de Gini indica que hay “una caída en la desigualdad”. El problema es que asume que a partir de un cálculo estadístico se puede sacar una conclusión tan avasalladora, y no es así, las estadísticas se deben cotejar con más estadísticas para evitar vacíos y errores de interpretación. Máxime cuando lo que representa el coeficiente de Gini no es la desigualdad en sí, sino que representa la distribución relativa para de ese modo estudiar las desigualdades.

 

Suena parecido, pero no es lo mismo. Esto porque va a depender de qué grupos (deciles, quintiles) estoy utilizando como muestra para conocer la magnitud cuantitativa de la desigualdad de ingresos. Vayamos a lo concreto,

Fuente, Atria, et al. Top Incomes in Chile: A Historical Perspective of Income Inequality (1964-2015)

Tal y como se observa el 1% ha aumentado su participación en el ingreso entre 2010 y 2015, esto, a la par de un coeficiente de Gini en continua reducción, ¿cómo es posible?

Para responder esta pregunta debemos saber cómo se calcula el coeficiente de Gini, en éste se utilizan los datos de ingreso, población y participación de ambos en el total según el siguiente método: [IG=P-Q/Pi] // [P i= Ni/N] // [Qi = Ui/u].

Digamos que tenemos una sociedad dividida en 10 deciles cada uno con una población de 1 millón de habitantes a razón de;

  1.  $250.000,00
  2.  $340.000,00
  3.  $400.000,00
  4.  $450.000,00
  5.  $530.000,00
  6.  $570.000,00
  7.  $680.000,00
  8.  $750.000,00
  9.  $950.000,00
  10.  $2.224.000,00

Calculando entonces tenemos un coeficiente de Gini de 0,31. Sin embargo, estamos ignorando el último decil el cual también tiene su propia desigualdad interna.

Dentro de este la situación es la siguiente,

  1. $1.000.000,00
  2. $1.200.000,00
  3. $1.250.000,00
  4. $1.300.000,00
  5. $1.350.000,00
  6. $1.380.000,00
  7. $1.450.000,00
  8. $1.510.000,00
  9. $1.800.000,00
  10. $10.000.000,00

Ahora modifiquemos los datos. Supongamos que los 8 deciles de menor ingreso perciben $ 100.000 adicionales mientras que el 1% más rico aumenta sus ingresos a $ 15.000.000, en este momento el cálculo nos lleva a un coeficiente de Gini de 0,29 el cual se ha reducido mientras el 1% ha visto incrementar su participación del 14% al 18%.

Ojo, la nueva distribución del ingreso en deciles es la siguiente:

  1. $350.000,00
  2. $440.000,00
  3. $500.000,00
  4. $550.000,00
  5. $630.000,00
  6. $670.000,00
  7. $780.000,00
  8. $850.000,00
  9. $950.000,00
  10. $2.724.000,00

Por lo tanto la diferencia entre el decil 1 y 10 se ha reducido de 8,9 a 7,8, pero la concentración se ha incrementado. Un ejemplo de esta situación podría ser el estancamiento del ingreso de profesionales como abogados mientras la clase capitalista ha visto acrecentar su participación ya que, como lo podemos notar, en el decil 10 el 90% de sus integrantes mantuvieron sus ingresos prácticamente estancados a diferencia del 10% (1%). En este ejemplo la diferencia entre un obrero y un médico se ha reducido, pero la diferencia entre un obrero y un magnate ha aumentado.

Es por este motivo que las estadísticas por sí solas son engañosas, se deben contextualizar y contrastar.

Axel Kaiser dijo,

Además de esta disminución de la desigualdad de ingresos, un informe de la OCDE de 2017 mostró que Chile tenía mayor movilidad social que todos los demás países de la OCDE.

Esto es un error claro de comprensión al momento de leer la información facilitada por la OCDE. Axel Kaiser se refiere al siguiente dato:

Mas podemos leer que solo se refiere al porcentaje de hijos de padres que pertenecen al 25% más pobre que terminan en el 25% más rico de la población. ¿Es suficiente este dato para hablar de ascenso social? No, porque en realidad el ascenso social debe ser visto a nivel de unidad doméstica, no solo de hijos.

Este dato que también aporta la OCDE (ambos son parte del mismo informe de 2018 A Broken Social Elevator? How to Promote Social Mobility) es sumamente clave, ya que considera que en Chile se requieren 6 generaciones para que una familia de bajos ingresos alcance la media. ¿Entonces un dato invalida al otro? ¿O es que uno de estos es falso? No, ambos son reales, lo que sucede es que el primero habla de “hijos” y el segundo de “unidades familiares”. Para entender cómo ambos pueden compatibilizar sigamos el siguiente ejemplo, una familia de 5 integrantes (3 hijos y sus dos padres), uno de ellos logra cursar una carrera profesional y “ascender socialmente” (digamos que gracias al esfuerzo de sus dos padres y quizás un hermano que en lugar de estudiar también debió trabajar para contribuir al ingreso de la familia), con el tiempo el hijo que ha estudiado percibe ingresos de $1.000.000, ha “ascendido” pero su familia en promedio sigue siendo pobre. ¿Dónde está el ascenso social?

Como conclusión, ambas afirmaciones de Kaiser están erradas, lo que demuestra un grado de dogmatismo y falta de criterio científico que vicia todo su discurso (luego son ellos quienes acusan al resto de dogmáticos) y que evidentemente le resta mucha credibilidad, sin olvidar que su diagnóstico se refuta ipso facto. Aunque mi intensión aquí no era tratar el objetivo central de Axel Kaiser sino solo revisar unos errores de interpretación de la información económica, es inevitable terminar objetando el punto central e importante de su reflexión.



Categorías:Chile, Economia

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