La psicología sin materialismo no es ciencia

Una de las áreas menos reconocidas de Marx dentro del universo de las ciencias sociales fue la psicología. Se habla mucho del Marx sociólogo, economista y filósofo, pero su trabajo en el campo de la psicología es poco reconocido a pesar de que su obra posee en sí un enorme aporte que tardaría décadas en encontrar espacio dentro del saber convencional. Hoy sin embargo la situación es un tanto diferente, la psicología ha terminado por reconocer que Marx llevaba la razón implícitamente, es decir, sin decir ni recordar que los grandes pilares de que hoy sostienen a la psicología tienen como uno de sus mayores antecedentes su propia obra.

El motivo de esta situación fue la tardía organización de la psicología como una ciencia social en comparación a la historia, la sociología, la economía o la geografía. De hecho, sucede algo similar con la ciencia política. En este sentido se reconoce que con Wilhelm Wundt se inicia la psicología moderna, quien creó el llamado primer laboratorio experimental de psicología en 1879 y como Marx muere en 1883 no hubo espacio cronológico para el encuentro de ideas, por una parte, y por otra la psicología en sus albores trató de desligarse de estas “ciencias sociales” buscando cercanía con las ciencias médicas, por lo que soslayó cualquier aporte de estas dentro de su literatura.

Previo al trabajo de Wundt las tendencias de pensamiento filosófico que sirvieron como raíces de la psicología dibujarían un panorama diverso.

Tenemos por una parte aquellas corrientes que llevan a establecer que la psiquis humana tiene un comportamiento separado de la realidad material, y por otra quienes consideran que está conectada.

Claudio Galeno planteaba que todas las cosas son combinaciones de 4 elementos básicos (agua, fuego, tierra y aire), de las cuales se desprenden cuatro humores que terminan afectando al funcionamiento del cuerpo influyendo en nuestro comportamiento y conducta, siendo, el desequilibrio de los humores origen en los problemas del temperamento. René Descartes directamente plantea un dualismo mente/cuerpo, esto es, la mente y el cuerpo se encuentran separados, la primera se rige por principios inmateriales y la segunda por la mecánica material.

Johann Friedrich Herbart desde una orientación estructuralista establece que las experiencias y sensaciones se combinan en ideas, las ideas similares pueden coexistir, las disímiles se oponen y de esta oposición surge un conflicto pues una debe prevalecer sobre la otra, la idea favorecida prevalece en la conciencia y la desfavorecida la abandona deviniendo en una idea del inconsciente. Francis Galton desde una orientación biopsicológica pensaba que la personalidad se compone de dos elementos diferentes, por una parte la naturaleza (lo innato e inmediato) y por otra la educación (lo adquirido y experimentado desde el nacimiento), podemos mejorar nuestras capacidades por medio del aprendizaje y la práctica pero la naturaleza fija los límites, en otras palabras la naturaleza y la educación tienen un papel pero la naturaleza posee un carácter mucho más determinante.

Ya con el trabajo de Wundt, la idea de la psiquis humana se centra en la conciencia como <<experiencia interior>> que todo ser vivo posee (a diferencia de la idea de Descartes quien negaba que los animales la poseyeran) y para descubrirla es necesario trabajar mediante la autoobservación. La mente se compone de elementos irreductibles: sensación, sentimiento e imagen, pero además el desarrollo psicológico viene determinado también por influencias sociales y culturales como la religión, el lenguaje, los mitos, el arte, las costumbres, la historia, entre otros. William James a diferencia de Wundt indica que la conciencia es un flujo de pensamiento que no se puede realizar un corte estático, esos pensamientos están separados y se suceden unos a otros pero de algún modo se unifican generando la impresión de una conciencia unificada pues los pensamientos, forman un pulso en el flujo de la conciencia, estos nos desplazan de una conclusión a otra sin dejar de fluir, en otros términos, la conciencia se encuentra en constante evolución.

Con Wundt y James comenzamos la etapa científica del estudio de la psiquis humana, y en este momento se avanza hacia una concepción más elaborada de la mente humana en tanto se supera -aunque sea desde mi punto de vista solo de jure- la concepción dualista mente/cuerpo. Y si digo que se supera solo nominalmente lo hago porque cuando la mente tiene leyes propias entonces es imposible determinar cómo se rige la misma en tanto estas leyes partan de un mismo principio incógnito que deviene del éter abstracto que es el mundo de las ideas, incluso cuando estas -como en la obra de Galton- provienen del aprendizaje (o dicho de otro modo, de las experiencias vividas en el mundo material), no hay una forma de determinar qué es lo social, donde termina y donde comienza, lo claro es que su posición determinista desde la óptica biologicista llevaba a la superioridad intelectual entre razas a un punto de favorecer la endogamia dentro de familias con alto nivel intelectual y limitar la descendencia de los pobres menos lúcidos, es concluyente entonces que su enfoque excesivamente biologicista mantuvo un error que no tardó en ser refutado.

El siglo XX nos presentó dos corrientes dominantes, por una parte el conductismo y por otra el psicoanálisis. La primera corriente nos aportó una gran cantidad de investigaciones y descubrimientos, pero como su nombre lo indica, solo se enfocaron en la conducta y en el cómo esta se podía estudiar mediante experimentos, esto, en respuesta al subjetivismo introspectivo de James y Wundt, el problema es que todos estos estudios a pesar de su carácter científico solo se centraron en la conducta y ello nos llevaba más allá que a la recopilación de datos (en palabras de Pavlov “Los hechos son el aire de la ciencia”) pero no aportaba nada a la investigación de la mente en sí, solo a la conducta, es decir a la manifestación pero no al origen. La segunda, desarrollada en Europa (a diferencia del conductismo que principalmente se desarrolló en Estados Unidos), tenía una base completamente diferente -iniciada por Sigmund Freud- y se centraba en la observación del historial, en la conversación y en el acceso al inconsciente, no en pruebas experimentales.

Freud elaboró un cuerpo teórico tan controversial como impactante dentro de la tradición de la psicología, su centro se basaba en recuerdos e ideas que por su carácter inapropiado terminan siendo reprimidos y pasan al inconsciente donde no son accesibles a la conciencia inmediata, así, el inconsciente termina desde el silencio influyendo en el pensamiento y la conducta del individuo, la existencia de pensamientos conscientes e inconscientes genera una tensión psíquica que solo es liberada cuando los recuerdos reprimidos acceden al plano consciente mediante el psicoanálisis. La psique según Freud parece un Iceberg dividido entre el Yo, el Ello y el Superyó, el primero representa los pensamientos conscientes, el segundo el inconsciente, y el tercero es la voz crítica que nos juzga.

Llegados a estas alturas la psicología como ciencia mantuvo una curiosa dualidad.

Por una parte, el conductismo elaboró una mecánica de estudio científica pero carente de teoría.

Lo anterior lo digo porque si bien es cierto sus estudios son muy importantes y proporcionan una gran cantidad de datos, enterarnos que un perro saliva al ver u oler algo a lo que ha sido condicionado, solo nos dice que podemos condicionar a un perro o una persona, conocimiento que luego podremos usar en tratamientos o experimentos adicionales. Lo que no estoy haciendo es lograr crear una teoría científica de la psiquis.

El primer y principal error del conductismo fue su excesivo empirismo al momento de buscar posicionarse como ciencia. Recordemos que el empirismo reconoce que el conocimiento válido es solo el que procede de la experiencia y especialmente la percepción sensorial, desde esta perspectiva no podemos demostrar que el fuego quema porque hemos llegado a esta conclusión mediante un razonamiento lógico, sino que el fuego quema porque lo observamos mediante la experiencia y sensación. El problema es que esta perspectiva llevada al extremo (como lo hace el conductismo al afirmar que solo la conducta es lo perceptible y por ende cognoscible) llegamos a la caja negra, ¿qué ocurre si encontramos una caja pero dentro de esta existe algo incognoscible? ¿Existe o no existe? Un empirista dirá que no existe, pero el problema es que tenemos noción de su existencia, podemos definirlo y teorizar sobre el mismo alcanzando deducciones razonables (algo que se hace continuamente al filosofar sobre el Cosmos), de hecho hemos establecido que “existe” pero no se puede conocer trascendiendo al esquema cuadrado de “si se conoce existe”, y si lo aplicamos a la psicología, el conductismo no se preocupa en lo que ocurre dentro de la mente porque simplemente no la puede conocer y lo único que percibe es el comportamiento, el estímulo y respuesta del empirismo, lo que ocurre en el cerebro no importa porque es incognoscible.

Por otra, el psicoanálisis elaboró una teoría carente de una mecánica de estudio científica.

Esto pone al psicoanálisis en una peor situación que el conductismo, y es que por más razonada que parezca su teoría, el hecho es que es imposible extraer leyes universales y verificables mediante el método científico. Por ejemplo, Freud se interesaba en estudiar los sueños de sus pacientes para encontrar los recuerdos o sentimientos reprimidos, sin embargo no existe una ley científica y verificable que nos permita conocer que frente a X sueño, X recuerdo reprimido. Hoy en día asumir este problema con la información que disponemos es todavía más evidente que hace 100 años.

Tanto el psicoanálisis como el conductismo dejaron de lado los procesos mentales (como la percepción, la conciencia y memoria) que habían preocupado a los psicólogos del siglo anterior. Ciertamente hubo excepciones como Frederic Bartlett o Bluma Zeigarnik quienes se anticiparon al trabajo realizado posteriormente por los psicólogos cognitivos.

Durante la primera mitad del siglo XX se dieron tres grandes cambios que transformaron la realidad psicológica hasta el día de hoy, el primero referido a los procesos mentales, el segundo a la importancia de la realidad social, y el tercero al desarrollo psicológico en su conjunto.

Con el desarrollo de la tecnología -mejoras de la computación y la informática- se propicia una nueva concepción del cerebro como procesador de información. Ahora los psicólogos disponían un modelo para el estudio de los procesos mentales que el conductismo no había querido ni podido estudiar hasta ese momento. Sumado a lo anterior, los avances en neurociencia mejoraron la comprensión del cerebro y el sistema nervioso, llevando a psicólogos como Donald Hebb analizar directamente los procesos mentales en lugar de inferirlos de la observación de la conducta.  El punto de inflexión llegó a fines de la década de 1950, cuando las limitaciones del método conductista llevaron a lo que se conoció como <<revolución cognitiva>>.

Durante los años de 1930 de igual forma, algunos psicólogos comenzaron a analizar a grupos de personas y a la sociedad en su conjunto en clara oposición a los paradigmas y tendencias presentes desde el siglo XIX cuyo enfoque era el estudio de la mente y conducta del individuo y sus respuestas del entorno. Analizaron el efecto de organizaciones sociales sobre el individuo y la influencia de la psicología individual sobre las estructuras sociales, así como las relaciones entre personas de un mismo o diferente grupo. La aparición de la psicología cognitiva supuso una nueva influencia para la psicología social

Por último, un tercer pilar que cambió durante la primera mitad del siglo XX fue el relacionado con el mismo desarrollo psicológico humano. Hasta entonces las dos teorías predominantes postulaban o bien el desarrollo psicosexual infantil (psicoanálisis) o bien la mecánica del proceso de aprendizaje (conductismo). El estudio del desarrollo en sí mismo, los cambios psicológicos, emocionales y perceptivos evolucionaron con el trabajo de Jean Piaget quien da un vuelco al pensamiento convencional al afirmar que un niño no es un “adulto en miniatura” que va adquiriendo conocimientos a medida que su cuerpo madura, sino que también pasa por cambios psicológicos radicales.

Pues bien, todo este trayecto de la corriente psicológica nos debe llevar a la reflexión del aporte de Marx en este campo. Marx ya con 17 años reconoce que la naturaleza física (y por lo tanto también biológica) puede interponerse en nuestras decisiones como las relaciones sociales se encargan, hasta cierto punto de decidir por nosotros (Karl Marx, 1838, Reflexiones de un joven al elegir profesión. En Escritos de Juventud).  Esta concepción materialista de la psicología del hombre es una clara contestación y visión opuesta a la vigente en su época la cual hacía una abstracción del exterior cayendo en un idealismo donde el psiquismo pareciera determinar la existencia. Nótese que esta concepción permanecería durante 100 años de la mano de la psicología estructuralista, funcionalista y el psicoanálisis.

Esta psicología materialista reconoce por supuesto la realidad clasista de la sociedad, además de la evidente carga histórica que estas mismas clases llevan en sus espaldas. Por lo cual es tan evidente que personas de diferentes clases sociales no tenderán a actuar (ni pensar) de la misma forma como también miembros de una misma clase social de diferentes épocas tampoco expondrán una misma identidad psicológica, la historia pesa.

Pero entonces, si la clase social importa al momento de entender la mente de cada persona como resultado de un continuo proceso de interiorización del mundo material directo, esto viene a significar una completa explicación teórica que tardaría más de 70 años en llevarse a la realidad de la psicología vigente a través del trinomio psicología cognitiva, psicología social y psicología del desarrollo. Desde el momento que aceptamos que la mentalidad de una persona tiene una explicación directamente enlazada con su realidad físico-material, social y familiar en un continuo proceso de aprendizaje, estamos de facto aceptando la concepción materialista de la psicología en Marx (y Engels).

La psicología cognitiva se ha enfocado en entender los mecanismos de la mente en su desarrollo cognitivo y el funcionamiento de la memoria, aportando una enorme cantidad de hallazgos sobre el funcionamiento de la mente humana, pero estos hallazgos si se mantienen aislados de su realidad social en esencia mantendrían el mismo error que estructuralistas y funcionalistas, crítica persistente por parte del conductismo. Del mismo modo la psicología social no puede separarse de una realidad físico-material de la mente pues entonces el resultado es el mismo. Por eso es tan importante aterrizar ambos axiomas en el desarrollo mismo de la psiquis humana. Del mismo modo, si este tercer pilar carece de uno de los dos axiomas anteriores, caemos en el mismo problema del psicoanálisis/conductismo.

Visto lo anterior en perspectiva, ¿de qué sirve saber que la memoria tiene X funciones y que las mismas pueden ser verificadas mediante herramientas de computación? Si no usamos este conocimiento en el uso mismo que el ser humano da en su diario vivir, de poco sirve. Esta memoria es utilizada para una función específica que tiene su lógica en un tiempo-espacio determinado, esto es lo clave pues si lo quitamos de la ecuación estaríamos asumiendo que el cerebro (o la mente) es un computador vacío que se llena de información sin procesar, aprender, interactuar y actuar.

La concepción de Marx en torno a la psicología humana aun de un modo muy superficial en comparación al siglo XX, se sostenía en un cuerpo teórico que abarcaba estos tres principios.

Donde,

(Cerebro/base biológica) – (Realidad material: relaciones sociales de producción, interacciones familiares, clase social, aprendizaje, etc.) -> (Personalidad y funcionamiento de la mente)

Nótese que no se niega ni la herencia biológica genética, ni la realidad social, ya que ambas van de la mano.

La evidencia empírica apoya esta visión.

Por ejemplo,

Fuente: Kraus, M. W., Piff, P. K., Mendoza-Denton, R., Rheinschmidt, M. L., y Keltner D. (2012). Social class, solipsism, and contextualism: how the rich are different from the por.

Este esquema indica que existe un sistema de pensamiento que depende del contexto y clase social. Una persona de clase alta con un elevado nivel adquisitivo y mayor educación, posee una orientación solipsista caracterizada por un individualismo centrado en los propios estados internos, objetivos y emocionales.  En cambio una persona de clase baja con escasos recursos y menor nivel educativo posee una orientación más contextual focalizándose en aspectos externos del entorno a fin de afrontar limitaciones y potenciales amenazas.  

En línea con lo anterior, en un artículo del Scientific American, Daisy Grewal (How Wealth Reduces Compassion) cita los trabajos de los psicólogos Paul Piff y Dacher Keltner quienes establecen que los comportamientos de los super ricos muestran un comportamiento menos solidario y compasivo.

Kraus, M. W., Côte S., y Keltner, D. (Social class, contextualism, and empathic accuracy. Psychological Science), sugieren que las personas de clase baja son más empáticas que las de clase alta dado que focalizan su atención en cuestiones de tipo contextual y no individual.

Del mismo modo, un reciente estudio publicado en la Journal of Personality and Social Psychology, (Peter Belmi, Margaret Neale, David Reiff y Rosemary Ulfe. The Social Advantage of Miscalibrated Individuals: The Relationship Between Social Class and Overconfidence and Its Implications for Class-Based Inequality), demostró mediante experimentos que los individuos de clase alta mantienen también un nivel más alto de autoestima, lo que termina llevándolos a mantener una personalidad sumamente narcisista.

Otros estudios como Capitalizing on One’s Advantages: Role of Core Self-Evaluations de Timothy A. Judge y Charlice Hurst, Social Class, Power, and Selfishness: When and Why Upper and Lower Class Individuals Behave Unethically de David Dubois, Adam D. Galinsky y Derek D. Rucker, confirman esta situación.

Este comportamiento no puede entenderse desde una perspectiva únicamente mentalista buscando alguna explicación en sentimientos o memoria, sino que debemos aplicar una óptica holista, entendiendo la mentalidad como algo que se relaciona directamente con la realidad material y las relaciones sociales de producción. En este aspecto el capitalista se encuentra inmerso en un ciclo de acumulación en el que su función es la del capital que a su vez cumple su función en su persona, sin él, hay otros que podrían suplirlo. Es por esto que quienes se mantienen dentro de esa clase, deben ser personas competitivas con un objetivo principal interiorizado -la maximización de la acumulación del capital-, para ello se requiere de un proceso educativo a nivel familiar, formal y social donde la función del capital sea asimilada bajo el uso de eufemismos propios al lenguaje empresarial.

Que los estudios posteriores demuestren que las personas de clase alta son menos solidarias, compasivas y empáticas tiene que ver con las habilidades sociales al momento de alcanzar los objetivos de todo capitalista. ¿Cómo es posible compatibilizar empatía y compasión con la explotación? Evidentemente hay empresarios de todo tipo que buscarán ser más o menos progresistas al momento de conocer la opinión y situación de sus trabajadores (aunque muchas veces con fines meramente preventivos frente a la amenaza de la organización sindical), pero tomar la decisión de llevar a la calle a una plantilla completa tras la automatización de un proceso productivo requiere un modo de ver el mundo opuesto a la compasión y solidaridad.

El problema no es el empresario, es el capital.

Y para terminar con la reflexión final, me parece importante tener una concepción profunda sobre la psiquis humana para alcanzar conclusiones mucho más certeras al momento de analizar nuestra realidad social. La crítica que se le imputa a la clase capitalista no puede partir desde el idealismo extremo que durante décadas Marx y Engels cuestionaron sagaz y acertadamente, no podemos entonces, partir de la base que “ser rico es malo”, porque desde ese preciso instante nos posicionamos en la orilla idealista donde la mente se desprende de una realidad físico-material y social y se maneja por sus propias leyes internas siendo estas, indeterminadas al punto que quien es bueno o malo, lo es porque por algún motivo llegó a concebir y desarrollar características que nosotros ideamos como buenas o malas. También manteniendo esta idea podemos concluir que un rico malo puede hacerse bueno si mantiene un comportamiento diferente y más altruista, ya que como el comportamiento no depende de una realidad material y social, entonces puede ser modificado, una propuesta muy dada en el seno del socialismo burgués pero que desde un punto de vista científico no tiene validez alguna. Es por este motivo que el materialismo histórico entrega una respuesta mucho más realista y racional al momento de entender a este sujeto como el capital personificado (que no es otra cosa que la clase social influenciando en la psiquis humana), por lo cual conceptos como “bueno o malo” se diluyen en un falso moralismo improcedente, el capitalista entonces pertenece a una clase social que tiene sentido en un sistema determinado, y este sentido es a su vez objetivo, no depende de pensamientos ni percepciones, no es modificable, es permanente en tanto sea útil, y será útil en la medida que el sistema perpetúe su existencia.



Categorías:Psicología

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: