El problema económico español

La economía española se encuentra inmersa en una profunda crisis, durante el segundo trimestre del presente año su PIB ha caído un 18,5% respecto al primero, el peor indicador de la zona solo superado por Reino Unido, el peor registro de la historia (sin considerar los años de guerra civil). A pesar de la coyuntura, desde hace años se habla de los profundos problemas de la economía española, del mismo modo, diferentes vertientes de economistas y analistas han entregado diferentes diagnósticos y remedios, por una parte el keynesianismo de izquierda (representado por Vicenç Navarro, Juan Torres López, Alberto Garzón) ve la solución a una implacable política fiscal con endeudamiento público, y por otra parte el liberalismo más radical de derecha (Jesús Huerta de Soto, Juan Ramón Rallo, Et Al) propone una reducción de impuestos y gasto público -donde se incluye el gasto social- lo máximo posible como forma de corregir los graves desequilibrios (déficit fiscal y deuda pública). ¿Quién lleva la razón? ¿Hasta qué punto la economía española evolucionará aplicando tales reformas?

Para responder estas preguntas, el presente artículo busca indagar, describir y analizar el devenir económico de España durante los últimos 70 años (1950-2020) para comprender en qué situación se encuentra la economía del país en la actualidad desde una perspectiva marxista.

Economía española entre 1950 – 1980

En términos generales la economía española venía perdiendo peso en comparación con los países de su zona desde el siglo XIX (aunque en realidad esta tendencia se ve desde mucho antes).

*Con Europa (12) nos referimos al conjunto de los siguientes países: Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Noruega, Suecia, Suiza y Reino Unido. Fuente: Agnus Maddison.

A partir de los datos presentados se puede concluir que la economía española mantuvo un constante declive hasta fines de la década de 1950 pasando de un 73% en 1873 -en comparación a Europa (12)- a un 40% en 1960. Desde entonces España comienza a recuperar terreno hasta alcanzar un 72% del PIB per cápita europeo en 1990. Siguiendo estos datos entonces, podemos decir que es el período comprendido desde 1960 presenciamos un “milagro español” que llevó a la economía del país a una evolución cualitativa que la posicionó en un nivel similar al de su vecindario.

¿En qué consistió este “milagro”?

Hacia 1950 la economía española se encontraba inmersa en la llamada autarquía -la cual frecuentemente es asociada con el modelo adoptado tras el término de la guerra civil en 1939-. En este sentido, la continuidad con los años de la posguerra, tanto en materia política como económica, es evidente. Esta tendencia se aprecia en cuestiones tales como el control exhaustivo sobre el mercado de divisas, las restricciones sobre las inversiones extranjeras y en las prolijas autorizaciones administrativas a las que estaba sometida la inversión privada.

No obstante lo anterior, es durante este mismo período que se puede observar diferencias claras que pueden definir esta década como un período diferente de transición, por eso se puede entender como un <<período bisagra>>. Así, en algunos aspectos se encuentra más próximo a la década siguiente de mayor crecimiento y desarrollo, en otros en cambio, parece más unido a la anquilosada década anterior. Por ejemplo, se aprecian adelantos sustanciales en la producción y consumo, el arranque del proceso industrializador, un importante avance en los intercambios comerciales con el exterior, y, por último, una disminución considerable de los mecanismos de intervención Estatal; además, durante esta década se vislumbra igualmente un apreciable ritmo de crecimiento de la economía española entre 1951 y 1958, tenue pero significativo en comparación a la etapa anterior, además de un cambio de orientación en la política económica (siempre moderado y en términos relativos).

¿A qué se debió este cambio?

Internamente el régimen hizo algunas modificaciones internas, algunos protagonistas del propio régimen plantearon la necesidad de “abrir una nueva etapa”, algo que señaló el aquel entonces ministro de Asuntos Exteriores Martín Araujo. De hecho, en julio de 1951 se llevaron a cabo cambios dentro del gobierno como la salida de Juan Antonio Suanzes, quien, desde 1945 había concentrado en sus manos las carteras de Industria y Comercio; el nuevo ejecutivo constituido el 19 de julio decidió dividir el anterior ministerio en dos: Comercio lo ocupó Manuel Arburúa -funcionario experto en finanzas, conocedor de temas económicos y defensor del libre mercado-, Industria estuvo dirigido por Joaquín Planell -militar como Suanzes-. También se incorporaron nuevas figuras como Francisco Gómez de Llano y Rafael Cavastany en los ministerios de Trabajo y Agricultura, respectivamente.

En este sentido los objetivos del gobierno parecían estar encaminados en la búsqueda de nuevos criterios en la gestión del sector público y de la empresa privada, y en la progresiva eliminación de las barreras proteccionistas y del asfixiante intervencionismo. Este cambio no fue ni drástico ni radical, pero desde estos años se aprecia una indudable variación en el tipo de gestión económica.

La modernización industrial trajo consigo cambios en la política económica a pesar de la resistencia de los defensores del régimen: la política agraria evolucionó gracias a la preocupación por incrementar su producción, dejando de lado el modelo adoptado la década anterior, se adoptaron medidas para reducir el gasto militar, el número de alimentos sometidos a control de precio se redujo ostensiblemente y los que perduraron se aproximaron a los precios de equilibrio, se eliminan los controles sobre el movimiento de las poblaciones y se suprimen la cartilla de racionamiento, se flexibiliza el sistema de tipo de cambio múltiple sustituyendo a las cuentas especiales, se reanudan las relaciones internacionales.

Es evidente que, a pesar de estos cambios, el carácter proteccionista y el dirigismo autoritario prevalecieron en España lo que impidió una integración con Europa en un contexto de expansión económica. En esta década hubo muchas contradicciones, las cuales pueden ser resumidas en 4: la financiación inflacionaria del crecimiento, el estrangulamiento del sector exterior, las tensiones del mercado laboral, y la rigidez de la oferta.

  1. El Estado desempeñaba un papel fundamental en el desarrollo industrial a través de un conjunto de leyes y directivas, sumado a la intervención directa del INI, del Banco de Crédito Industrial y de múltiples organismos autónomos, y, por supuesto, del mismo presupuesto. Durante esta década, el Estado emprendió una amplia gama de obras públicas y de actuaciones empresariales, lo que se tradujo en el desarrollo de la industria básica, así como de la construcción de ENSIDESA y SEAT. La lógica era “producir a cualquier precio”, promoviendo grandes complejos petroquímicos, metalúrgicos y refinerías, toda esta actividad industrial fue financiada con créditos bancarios que, en última instancia, se terminaban monetizando.
  2. Existía una fuerte estructura legal que dificultaba la exportación de servicios y la importación de bienes de capital. El incremento de la demanda interna generó un aumento de la adquisición de productos del exterior, esta tendencia se enfrentó con una limitada capacidad exportadora muy reducida y escasamente diversificada, que soportó una política monetaria errática y un tipo de cambio que era irreal. Al aumento de las importaciones le seguía como era de esperar, una salida de capitales y continuo endeudamiento con el resto de los países. Los productos agrícolas que dominaban el mercado exportador -especialmente la naranja- se veían afectados por el tipo de cambio y el riesgo de una balanza comercial negativa era un temor constante que tenía como respuesta al control sobre lo importado.
  3. El mercado laboral se encontraba sumamente regulado por el Estado, los salarios se fijaban por decreto y en tal situación, este ejercicio muchas veces no tenía un correlato ad hoc con la situación de diferentes sectores o rubros.
  4. La rigidez de la oferta se explicaba por el nivel de monopolización de la industria, lo que a veces tenía raíces en el siglo XX.  Efecto directo de la falta de competencia abiertamente capitalista.

A nivel internacional los años 50 son marcados por una coyuntura generalizada de crecimiento económico. Se destaca en Europa el crecimiento gradual de la producción y el empleo, una mejora en la balanza de pagos y una progresiva acumulación de divisas. Esta recuperación se relacionaba con la entrada en vigor del Acuerdo Monetario Europeo, que declaraba convertibles las monedas de las economías firmantes. Además, a fines de la década, un grupo de Estados acordaron la creación de un mercado común sin aranceles -Comunidad Económica Europea-.

En este contexto, Europa occidental y Estados Unidos, fueron cambiando su consideración hacia el régimen franquista, facilitando su integración en el contexto internacional y permitiendo el inicio de relaciones económicas. Cambio similar se vive en el interior del régimen, el cual bajo la necesidad imperante de sobrevivir, ve como una amenaza constante a su estabilidad mantener la autarquía internacional y el enfrentamiento con Estados Unidos. La visita del almirante Sherman a España en julio de 1951 supuso el comienzo de conversaciones para una futura alianza y el envío de ayuda económica. En noviembre de 1950 la ONU anuló las disposiciones existentes contra la dictadura franquista de aislamiento diplomático, lo que lleva a que la mayor parte de los países envíen sus embajadores, Estados Unidos aprovecha de negociar con el régimen para que tropas estadounidenses se instalaran en bases españolas a cambio de ayudas económicas.

Así, las reformas acaecidas durante dicho decenio fueron operaciones de imagen que pretendían facilitar su acceso a los fondos del European Recovery Program, las ayudas económicas estadounidense tuvieron especial sentido desde el momento en que se comenzó a considerar al país como un aliado en la lucha contra el comunismo. En 1950 el régimen de Franco obtuvo del Congreso americano el primer crédito, España además pudo ingresar en la FAO. Tras la firma de los acuerdos de Madrid en 1953 la ayuda norteamericana se concretó a través del Programa de Apoyo Defensivo y del Plan de Suministros de Excedentes Agrícolas, vinculado a la Ley Pública 480, un sucedáneo del Plan Marshall. Al mismo tiempo, el Fondo de Crédito al Desarrollo y el Eximbank otorgaron diversos préstamos con la intención de financiar proyectos industriales. Entre 1951 y 1958 los recursos destinados a España alcanzan la cifra de unos 800 millones de dólares, de los cuales 300 eran préstamos a devolver en condiciones favorables y el resto donativo.

El acuerdo con Estados Unidos es sorprendente en un régimen que había demostrado una desconfianza casi congénita hacia cualquier relación con el exterior, era entonces, el primer paso hacia un cierto grado de aperturismo.

¿Cuáles son los indicadores de este cambio?

En primer lugar, el crecimiento económico comienza a mostrar un continuo alza desde los años 50 en adelante.

La estructura del PIB comienza a evolucionar sustancialmente con una clara participación cada vez más importante del sector industrial.

Lo que también se puede observar en la distribución de la población activa según los sectores, pasando de una mayoría campesina a una distribución más equitativa entre campo, industria y servicios.

El campo también fue muy influenciado por esta modernización, en este camino se plantearon una serie de medidas promovidas por Rafael Cavestany quien abandona la política autárquica dentro del sector agrario buscando la transformación del medio rural buscando en el camino reducir el excesivo nivel de intervencionismo heredado de la década anterior. Se fomenta la provisión de técnicas y capital que permitieran el desarrollo de un proceso industrial y que facilitaran una mayor protección jurídica y económica de los campesinos. Así, se activa la concesión de créditos y concesiones, al mismo tiempo que se impulsa una estrategia de inversiones públicas, como se puede revisar a continuación:

En síntesis, la política agraria de Cavestany frente al ministerio de Agricultura (1951-1957) significó un cambio de rumbo llevando a una progresiva eliminación del control intervencionista y a la modernización del sector. En este sentido Cavestany impulsa un programa de normalización y liberación de los mercados que tuvo importantes consecuencias puesto que facilitó el incremento y diversificación de la producción agraria.

Producto Agrario, productividad y rendimiento (1930-1960) (Pesetas de 1910)

Superficie, producción y rendimientos de los principales cultivos (1950 – 1959) en índice 1940-1949 = 100.

Los cuadros anteriores reflejan el incremento de la productividad y tecnificación del agro español, en consonancia con los objetivos propuestos por Cavestany. Lo que, en términos simples, viene a significar un incremento de la productividad generalizada del agro español, o en términos marxistas: una reducción del tiempo socialmente necesario para la producción agraria mediante la introducción de tecnología y capital constante.

A la vez, se promovió la transformación estructural del campo en cuanto su posesión mediante la colonización y concentración.

Ya durante la autarquía se tenía como objetivo extender el regadío y el asentamiento de colonos, objetivos inspirados en la política de la Italia fascista, así como de la experiencia estadounidense en los territorios del Oeste. Con esta medida el régimen buscaba sustituir la oferta republicana en relación a la reforma agraria que se pretendía llevar a cabo durante los años 30, esto, sin menoscabar los intereses de los grandes terratenientes. A su vez, se buscaba romper con el retraso agrícola sin capacidad de demanda sobre bienes industriales y escasamente dotada para ofertar alimentos que permitieran abastecer el mercado urbano. Para lograr estos objetivos se pusieron en marcha una serie de inversiones, proyectos y leyes como el Plan general de Obras Públicas vigente hasta 1963. Como parte del proyecto se dio paso al Plan de Obras Hidráulicas que inventariaba las obras destruidas durante la guerra civil. La nueva política colonizadora se impulsó mediante la Ley de Bases para la Colonización de Grandes Zonas (26 de diciembre de 1939). Ese mismo mes se funda el Instituto Nacional de Colonización encargado de inspeccionar y supervisar cada plan exigiendo el número de familias, las técnicas, plazos, Etc. Ante la escasa respuesta frente a estas políticas, entre 1942 y 1945 se promulgaron varios decretos que propiciaban la compra directa de tierra por parte de la Administración. Ya para 1949 la política colonizadora se impulsó con la puesta en marcha de la Ley de 21 de abril de 1949 sobre colonización y distribución de la propiedad de zonas regables. Este decreto recién vio frutos a partir de 1950.

Ya con Cavestany la política colonizadora es intensificada: se impulsan los regadíos con el objetivo de convertir cada año 50.000 hectáreas de secano en regadío, con este fin se prodigó la construcción de infraestructura hidráulica (especialmente embalses). En diciembre de 1953 se promulga la ley sobre Fincas Manifiestamente mejorables, en este concepto cuadraban las propiedades constituidas por terrenos incultos que podrían ser cultivados mejorando el aprovechamiento ganadero o forestal, si los propietarios no realizaban las mejoras, estas tierras pasaban a engrosar el catálogo de fincas expropiables. En sí, esta ley no buscaba la distribución de la propiedad, sino que forzar a los dueños a emprender proyectos para la mejora en sus haciendas.

Con este giro el enfoque se da hacia las zonas regables mediante la adquisición de tierras adecuadas, desdeñando la compra de fincas de secano que había realizado el Instituto Nacional de Colonización el período anterior.

Adquisiciones de tierras (hectáreas) realizadas por el Instituto Nacional de Colonización (1950 -1959)

Las ayudas concedidas para la colonización mostraron el siguiente comportamiento:

A pesar de esto, el asentamiento de colonos no experimentó una variación sustancial con respecto al período anterior, desde fines de la guerra hasta 1950 la media anual era de 1545 colonos, mientras que durante 1951-1955 alcanzó 1384 y durante 1956 – 1960 se elevó a 1975.

Por su parte, la política de concentración parcelaria buscaba solucionar los problemas del minifundismo. El planteamiento básico era establecer un número de explotaciones agrícolas con un tamaño adecuado, que tuviesen como elemento primordial la rentabilidad económica y permitiera vivir dignamente a los colonos y a sus familias. Entonces el planteamiento era que las pequeñas dimensiones de las parcelas dificultaban la utilización eficiente de la maquinaria agrícola, el lema era <<menos agricultores y mejor agricultura>>.

A finales de 1952 se aprobó la ley de Concentración Parcelaria y se construyó el Servicio Nacional de Concentración Parcelaria. Ambos tenían como objetivo poner en marcha tal reforma, este organismo junto con el INC, se vuelve un eje prioritario en la ordenación del espacio y de la estructura agraria.

A pesar de todo el esfuerzo, los resultados de esta política fueron bastante pobres.

El desarrollo industrial fue continuo durante el primer tercio del siglo XX, presentó un estancamiento a partir de la década de 1930 y se acelera luego de 1950. Durante esta década se perciben ciertos cambios en la política industrial, superando paulatina y lentamente los principios autárquicos que poco habían logrado desde 1939. Dentro de los cambios a destacar cabe mencionar, 1) una mayor facilidad en la importación de bienes de capital, 2) el establecimiento de barreras que dificultaron la entrada de productos extranjeros. Estas se complementaban con un férreo control de los cambios monetarios y el intervencionismo del Estado en la producción de bienes básicos. Si bien es cierto los controles estatales en parte se relajaron, siguieron siendo una tónica fuerte y constante durante todo este período.

A pesar de todas las dificultades, lo cierto es que hubo un progresivo desarrollo de la industria durante este período,

La recuperación y crecimiento de la industria puede ser explicado a partir de varios factores:

  1. La desaparición del bloqueo y la apertura al exterior: La continua apertura del régimen permitió el aumento de importaciones y exportaciones, el proceso fue más lento que en el resto de los países, pero igualmente aumentó el acopio de divisas, las cuales fueron utilizadas para la importación de capital con destino a la industria y a la agricultura. El acercamiento político con Estados Unidos facilitó la importación de diferentes bienes para la industria igualmente, la agricultura se vio favorecida y en un plazo de 3 años (desde 1949 a 1952) las importaciones de alimentos disminuyeron ostensiblemente de 60 a 3 millones de dólares.
  2. El papel de las importaciones: Tras el fracaso de la autarquía, el régimen comienza a liberar y superar restricciones permitiendo la importación de bienes de capital y materias primas. De este modo la industria española pudo hacer frente a la demanda de bienes de consumo que requería el mercado doméstico e interior. Por otro lado, el mercado altamente protegido era el motor del crecimiento, durante esta década la industria española acaparó buena parte de la demanda interna de bienes de consumo y un importante porcentaje de la demanda de bienes intermedios, mas, los bienes de capital continuaron siendo importados, lo cual representó una evidente muestra del atraso tecnológico del país.
  3. Aumento de la inversión: Paulatinamente también hubo un aumento en la inversión privada hacia la industria, la cual, evidenció la rentabilidad de este negocio en menoscabo de la agricultura. De hecho, entre 1948 y 1958 pasó del 11 al 18% de la Renta Nacional. El stock neto de capital privado alcanzó una fuerte expansión, concretamente entre 1950 y 1958 el stock neto en pesetas constantes presentó una tasa anual de crecimiento por encima del 4%. Hubo también un aumento de la inversión extranjera, pero, este en general y en comparación fue marginal.

Como reflejo de este crecimiento, entre 1950 y 1958, la tasa de crecimiento del índice de producción industrial en España fue del 1.9, el cual, solo fue superado en Europa por la RDA, RFA, Grecia y Yugoslavia, siendo superior al crecimiento italiano, austriaco, francés, inglés, sueco, entre otros. Del mismo modo, la tasa de crecimiento medio anual de la producción industria española, que alcanzó la cifra de 6,7% -entre 1950 y 1960- fue la tercera más elevada siendo solo superada por Alemania occidental e Italia (9,5 y 8,7% respectivamente), y supera también la media de Europa occidental con 5,9%.

A nivel de comercio exterior, la década de los años 50 presenta dos rasgos principales. En primer lugar el nivel de importaciones es muy superior al de las exportaciones, por lo que el déficit comercial presentó un aumento permanente. En segundo lugar, las exportaciones se mantuvieron estancadas luego del crecimiento manifestado entre 1948-1951 mientras que las importaciones crecieron regularmente al ritmo de la expansión económica, esto indica que el modelo de sustitución de importaciones no estaba funcionando debido a la sobrevaluación de la peseta, la baja productividad de la industria española y por lo tanto su bajo nivel de competitividad.

Para compensar este déficit en la balanza de pagos, se requería abundante capital para evitar una reducción de las reservas internacionales, no obstante las inversiones extranjeras escaseaban y la ayuda norteamericana palió los efectos durante un tiempo reducido, aun así, el efecto en las reservas internacionales quedó patente: si en 1953 las reservas se encontraban en los 225 millones de dólares, en 1958 habían descendido hasta los 64 millones. La crisis manifestada en la balanza de pagos hacía inviable mantener este modelo autárquico y explica el giro llevado a cabo desde 1959.

El Plan de Estabilización de 1959 fue un programa económico aprobado por el gobierno en julio de 1959 que adoptó una serie de medidas encaminadas a la obtención de un grado mayor de liberación y estabilidad de la economía española. El memorándum enviado el 30 de junio al FMI y la OCDE indicaba las intenciones de este: variar el rumbo de la política económica y establecer un sistema más abierto. En sí, este plan evidenciaba el agotamiento y colapso del modelo autárquico al mismo tiempo de buscar nuevas fórmulas que fomentaran el desarrollo económico, aceptando en el acto, un modelo de actuación capitalista liberal dejando detrás la economía cerrada e intervencionista.

Dentro de éste se plantean dos objetivos: 1) frenar la inflación y sanear las cuentas exteriores, es decir, corregir el déficit de la balanza de pagos; 2) reformas concretas y profundas sobre el modelo autárquico, estableciendo una economía de mercado similar a Europa occidental. En síntesis, este plan buscaba superar cuestiones como la inflación, protección e intervención por estabilidad, liberalización y mercado.

La década de 1960 marca el inicio de una nueva etapa dentro de la historia de la economía franquista, esta etapa puede extenderse hasta los primeros años de la década de los 70, momento en que suceden dos acontecimientos fundamentales, por una parte se detiene el intenso crecimiento de los países desarrollados, y por otra el régimen entra en crisis con la muerte del dictador. La política económica del régimen durante esta década estará marcada por dos elementos, primero por el plan de Estabilización, y en segundo lugar por una serie de leyes y decretos emitidos a partir de 1964 con la finalidad de aplicar planes de desarrollo.

En líneas generales el crecimiento durante los años 60 se explica por la evolución de la economía internacional y la política económica, esto último se manifiesta en la intensa industrialización reflejado en los siguientes datos:

Fuente: Banco Mundial

Fuente: Banco Mundial

Cabe destacar los factores que apoyaron este desenvolvimiento (el cual, en otras y simples palabras, se traduce en la modernización de la economía española): la llegada de divisas de las remesas y del turismo permitió la adquisición de tecnología moderna, bienes de equipo, combustible, alimento y materias primas. La inversión directa foránea (más de 3 billones de pesetas entre 1960 y 1988) permitió engrosar el ahorro nacional y benefició múltiples ramas productivas. La industria y servicio de alta rentabilidad aprovecharon la masiva llegada de trabajadores del campo con bajos salarios para cubrir la demanda existente en los núcleos urbanos.

¿Cómo evolucionaron los diferentes sectores de la economía?

Comencemos con la agricultura. La década de los 60 manifiesta la crisis del modelo tradicional de agricultura, cambio que afecta tanto a pequeños como grandes propietarios, esta crisis termina generando una modernización del sector agrario que propicia a su vez un crecimiento de la productividad. La masiva emigración hacia la ciudad motivó a la adopción de técnicas capitalizadas en el campo.

Indicadores de tecnificación y empleo de mano de obra en la agricultura española (1907-1980)

Producto agrario, productividad y rendimiento (1900-1980) en pesetas de 1910.

En conjunto, se aprecia un importante crecimiento entre 1960 y 1973.

A nivel industrial, la expansión supuso un promedio de 11,3% entre 1960 y 1974 mientras que en Europa esta fue de 5,03%. Así, los efectos se pueden observar a continuación:

Composición sectorial de la industria en España (1900-1980)

Producción y productividad de la industria (pesetas 1970)

A este ritmo de modernización también fue necesario incrementar el consumo de energía, de este modo, el consumo español pasó de más o menos 15 mil tm/carbón en 1940 a casi 90 mil tn/carbón a inicios de los años de 1970.

Durante estos años, el turismo vio un importante avance en consonancia con el desarrollo del sector terciario dentro de la economía española. El proceso urbanizador entre 1960 y 1975 incrementó de forma notable el porcentaje de la población residente en ciudades, las ciudades con más de 100 mil habitantes pasan del 27,7% al 50%, esto llevó a una necesidad constante por transformar los medios de transporte y comunicación.  El turismo ha significado un gran refuerzo a una balanza de pagos caracterizada por el déficit comercial, entre 1960 y 1988 financió un 37% del déficit comercial y en muchas ocasiones ha superado el monto de este. Para entender este repunte: si en 1960 visitaron a España 6 millones de turistas, ya en 1988 lo habían hecho 50 millones.

 La balanza de Pagos entre 1963 y 1975 contabilizó un incremento a raíz de las entradas del turismo. La balanza de cuenta corriente si bien presenta saldos negativos, las inversiones extranjeras compensaron ampliamente las salidas de divisas.

Fuente: https://www.bbvaresearch.com/wp-content/uploads/mult/131028_Observatorio_Cuenta_Corriente_Espa_a_Esp_tcm346-407130.pdf

Es importante aclarar que, con toda la liberación económica, el régimen mantuvo un importante grado de intervención económica cuestión que formaba parte de la realidad europea de aquel entonces, es en este sentido importante destacar el papel que jugaron los Planes de Desarrollo (ya mencionados), los cuales tenían como meta dibujar desde la óptica de la planificación el norte que se buscaba alcanzar (como ocurría con la Planificación Indicativa de Francia). En España, la planificación a corto y largo plazo fue encargada a la Oficina de Coordinación y Programación Económica (OCYPE), que dependía de la Secretaría General Técnica de la Presidencia del Gobierno. En este aspecto fueron tres los grandes planes desarrollados, entre los que cabe destacar:

  1. Primer Plan de Desarrollo (1964-1967): El esquema de este plan se asienta en una doble hipótesis, por un lado estipulaba el crecimiento del 1% de la población activa, por el otro, un 5% de productividad. Su objetivo central era alcanzar una tasa de crecimiento anual de su PIB del 6% en términos reales. En esencia se incidía tanto en el sector público como en el privado buscando una mejora agraria y una mejora sobre las industrias asentadas basada en la reestructuración y disciplina de las empresas nacionales, el desarrollo de la estadística y la expansión de las exportaciones. Con este fin se crearon polos de desarrollo y promoción industrial buscando facilitar y atraer la inversión concediendo beneficios muy variados, como subvenciones al 10 o 20% de la inversión y preferencia en la obtención de créditos oficiales.
  2. Segundo Plan de Desarrollo (1969-1971): Este plan tenía como objetivo superar los desequilibrios manifestados por la economía española (presión sobre los costes y deficiencias de la estructura económica). El aislamiento y la financiación inflacionista eran problemas muy enraizados en España. A diferencia del plan anterior, este no solo se enfocaba en cuestiones macroeconómicas relacionadas con el crecimiento, sino que además a los embotellamientos manifestados en el período anterior, así como en las mejoras sociales y la distribución de los frutos del desarrollo. Así, este plan se enfocó en dos direcciones: por una parte, las mejoras técnicas en términos reales y monetarios observando la evolución de los precios para alertar cualquier desviación que afectase la competitividad del sistema productivo en el exterior; la segunda se encaminó hacia una selectividad sectorial acompañado de un plan de programación financiera, en este campo se escoge a la agricultura y educación como sectores prioritarios. A finales de 1971 el diagnóstico era claramente positivo.
  3. Tercer Plan de Desarrollo (1972-1975): Los principios generales de este plan se pueden resumir en los siguientes puntos: 1) la promoción social con el afán de seleccionar adecuadamente las inversiones y establecer un mayor rigor en la asignación de recursos, 2) consolidar un sistema económico más competitivo. Su futuro último y más ambicioso radicaba en la integración económica con Europa. Las directrices se encaminan en 5 focos: medio ambiente, asistencia social, empleo, política productiva y factores de impulso a la actividad económica. Este plan no logró consumarse en parte por las dificultades administrativas y políticas, y también por la crisis económica de 1973 (año en que también es asesinado Carrero Blanco). A pesar de todo, se elaboró un plan para el período 1976-1979 pero no se pudo presentar a las Cortes pues la muerte de Franco y el cambio de Ministerio provocaron la disolución del mismo.

Finalizaba entonces en España la experiencia de la planificación.

Llegados a este punto nos encontramos con el fin de un período político y un modelo económico, el fin del régimen franquista (no del franquismo ni tampoco la superación del mismo, vale la pena mencionar) significó el paso a un nuevo período de transición hacia un modelo democrático burgués sobre las bases económicas heredades de las 4 décadas anteriores. A pesar de que este artículo no tiene como fin hacer un análisis crítico del franquismo, es indispensable dar una somera opinión del balance de este período en términos económicos: en general los años de crecimiento reflejan una recuperación del atraso manifestado tras el golpe de Estado y guerra e intensificado con la autarquía, sumado a una lenta y contradictoria liberación económica de la cual el capital internacional poco a poco comienza a invertir buscando rentabilizar su ciclo de acumulación. En este sentido es cierto que hubo un crecimiento sostenido durante años, pero también es cierto que éste se basó sobre pilares carcomidos por contradicciones que impactarían la dinámica económica de España durante las décadas venideras. El Milagro Español fue un milagro a medias.

A la par de la incertidumbre política, la situación económica no iba mejor. Desde inicios de los años 70 el mundo había entrado en crisis y la economía española había sido impactada: cae el crecimiento del PIB, lo mismo la inversión fija y las exportaciones:

Como se puede observar, la segunda mitad de la década de 1970 implicó un continuo deterioro de los indicadores económicos, efecto directo de una crisis capitalista, lo que a su vez, hacía ver que un ajuste era inevitable para poder superar esta situación.

Las primeras grandes reformas vienen dadas tras los Pactos de la Moncloa (1977). El Programa de Saneamiento y de Reforma económica nace de la coincidencia de las fuerzas políticas con representación parlamentaria sobre el diagnóstico de la crisis. Dentro de las líneas básicas del ajuste fueron: 1) Política de rentas buscando mantener el poder adquisitivo de los salarios pero disminuyendo la inflación, 2) Política presupuestaria de reducción del déficit público, 3) Política monetaria con el fin de neutralizar la inflación.

La reforma fiscal buscaba un sistema tributario diferencia y más funcional. A través de la Ley 50/1977 se establece un impuesto extraordinario sobre el patrimonio neto de las personas físicas, además de la amnistía fiscal, la tipificación del delito fiscal y mejoras de gestión y control. La Ley 44/1978 regulaba el impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas. También se suman la Ley 61/1978 “Imposición sobre Personas Físicas”; 30/1979 “Impuestos Especiales”; 32/1980 “Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos documentados”; 8/1980 “Financiación de Comunidades Autónomas”.

Las reformas fiscales continuaron avanzando e incrementando, con el tiempo, la presión fiscal:

Fuente: Rafael López del Paso, Evolución de la Presión Fiscal en España.

A nivel financiero, España por decreto Real de 1978 libera la entrada de banca extranjera, esto respondía a la conveniencia de adecuar el sistema financiero del país al vigente en la Unión Europea. Como resultado muchos bancos desaparecen o son absorbidos.

Ya para 1979 la economía vuelve a entrar en un ciclo de estancamiento, por lo cual el tercer gobierno de Adolfo Suárez debe abrirse a un nuevo programa anticíclico. EL 25 de septiembre de 1979 se presenta el Programa Económico del Gobierno (PEG), del cual se destacan:

  1. Derrumbe de la planificación económica. Cierto es que ya para 1979 este sistema estaba superado, pero el PEG es ya la formalización de un apego formal e ideológico al libre mercado.
  2. Búsqueda del Libre Mercado.

Esta fue la tónica del gobierno hasta 1982, momento en que el PSOE llega al poder. En general, durante este período podemos destacar una transición hacia un modelo “de mercado” más consolidado con unos resultados muy condicionados por la situación económica nacional e internacional, entre lo que cabe destacar como uno de los principales datos macroeconómicos negativos el crecimiento de la tasa de paro que recién a mediados de la década siguiente comenzaría a recuperarse.

Desde 1982 hasta 1996 España estaría liderada por gobiernos del Partido Obrero Socialista Español. A comienzos de 1982 la situación económica manifestaba serios problemas: La inflación seguía siendo elevada (más o menos 15%), la balanza de pagos continuaba con un déficit elevado cercano a los 5000 millones de dólares, el déficit público escalaba sobre el 6% del PIB y por último la tasa de paro no paraba de crecer. El PSOE consciente de la situación de deterioro político y económico, presenta un programa electoral resumido en un folleto titulado 100 Medidas por el cambio, donde se planteaba una serie de medidas en el terreno económico y social con un fuerte contenido socialdemócrata en las propuestas fiscales, laborales y de Seguridad Social.

Una de las políticas de saneamiento y reforma económica más llamativa fue la reconversión industrial. Esta surge del principio de evitar <<socializar las pérdidas>> asociada a la nacionalización de empresas en crisis. En efecto, como los datos de la Encuesta de Población Activa señalaba, si en el tercer trimestre de 1976 la población ocupada en la industria era de 3.506.000 personas, en el mismo trimestre de 1982 esta había descendido a 2.874.000. Estos planes afectaban a 350 empresas que suponían el 6,6% del PIB industrial y el 8% de la población ocupada en 1983. En definitiva, la reconversión industrial culminada ahora sería un proceso que cambió los tipos y características en las llamadas industrias de demanda fuerte (maquinaria de oficina y de precisión, electrónica y ofimática, química y farmacéutica), redujo sustancialmente los costes laborales en las anteriores y en las de demanda media (caucho, material de transporte, maquinaria, papel, alimentos y bebidas), y redujo igualmente la capacidad productiva y de empleo en las industrias de demanda débil (siderúrgica, metalurgia, construcción naval, minería, textil y calzado). Esta, impactó directamente en la cantidad de empleados, pues afectó en total a casi 800 empresas, y la destrucción de empleos podemos contabilizar unos 740.000, la importancia de este número queda patente en que tras la reconversión el número máximo de trabajadores que ocupó la industria española hasta 2001 fue de 3.152.000, un número todavía inferior al registrado en 1976 (a pesar del crecimiento de la población en edad de trabajar).

Tras los primeros años de ajuste la economía comienza a recuperarse, desde mediados de 1986 la tasa de crecimiento se encuentra por el 3%, situación que se perpetúa (y aumentando) durante los años siguientes, este fuerte crecimiento potencia también un proceso de creación de empleo lo que conseguirá descender significativamente la tasa de paro por primera vez desde la transición.

Durante el período que va de 1986 a 1990 se destaca igualmente la fuerte inversión en infraestructuras. Esta se centra en carreteras -I Plan de Carreteras 1984-1991, donde se invirtió lo mismo que se había invertido en carreteras desde la muerte de Franco hasta el año anterior. Del mismo modo también se invierte en ferrocarriles (con el Ave y as intercities) y en comunicaciones (especialmente a través de Telefónica Nacional de España).

Un aspecto importante que destacar durante este período es la convergencia de España con Europa en 1986, año que ingresa a la Comunidad Económica Europa (próxima Unión Europea). España debió implementar una serie de reformas en un periodo de 7 años (hasta 1992).

De estas reformas cabe destacar:

  • Una reducción del arancel aduanero del 10-15% anual hasta eliminarlos con la comunidad
  • España acepta introducir inmediatamente el Impuesto al Valor Añadido suprimiendo en consecuencia el Impuesto General sobre el Tráfico de Empresas (ITE)
  • Reducción a las subvenciones fiscales a la exportación

Un beneficio inmediato que vio España luego de ingresar en la CEE fue el balance financiero con la misma a través de los fondos comunitarios, los que con el pasar de los años no hicieron más que aumentar. Entre 1986 y 1993 el saldo asciende hasta un 1,5 billón de pesetas (más o menos 200 mil millones de pesetas por años). A partir de 1995 las entradas incrementarán su monto hasta un billón de pesetas anuales (más de 6000 millones de euros).

Otro elemento importante por destacar durante este período fue la integración española al sistema monetario europeo en junio de 1989 negociando una paridad de 133,80 pesetas/ECU y una banda de flotación del 6% más/menos, esto, significaba sobrevalorar la divisa frente al resto de las europeas y el dólar. La reforma impacto negativamente en la balanza comercial y de cuenta corriente. Con el inicio de la crisis de los 90, la peseta sería devaluada en 4 ocasiones distintas: 17/09 y 23/11 de 1992, 14/05 de 1993 y 6/03 de 1995.

¿Cuál fue el balance económico del período 1982-1996?

Como tendencia general el PIB español creció y la inflación se redujo. Desde 1986 se ha destacado la fuerte fase expansiva de la economía española que continuaría hasta 1991; entre las causas de esta fuerte expansión se destacan: los efectos beneficiosos de las medidas de saneamiento a nivel exterior, el acicate a la inversión que suponía que suponía para las empresas la integración con la CEE, inversión impulsada por el fuerte flujo de capitales exteriores especialmente de los provenientes de la CEE, a lo anterior se debe agregar el estímulo exterior de la recuperación internacional a raíz de la caída de los precios de energía desde 1986. Con todo se produjo una enorme expansión del consumo y de la formación bruta de capital que conformaron la fase expansiva hasta 1991. Desde fines de ese año el crecimiento se corta (solo un 0,5% el 4° trimestre) para pasar al año siguiente a recesión hasta fines de 1993 se recupera el crecimiento, aunque moderado (2.2% en 1993, 2.7% en 1994 y 2.3% en 1995) pues, el nivel de 3.5% solo se superará a inicios de 1997.

De las principales críticas realizadas a los gobiernos socialistas se encuentra el insuficiente crecimiento del empleo como podemos constatar a continuación:

Entonces, si la tasa de paro en 1982 alcanzó más del 15% de la población activa, en el último año del gobierno socialista se situó por sobre el 22%. La población ocupada creció sensiblemente, de 11.5 millones en 1982 a 12,8 millones en 1996, cifra muy por debajo del crecimiento anual durante esos años. Este es un problema común en la economía española: el PIB crece más que la población ocupada.

Por otra parte, uno de los aspectos más significativos de este período es el fuerte incremento de ingresos y gastos del sector público. Este pasó de representar un 32,3% del PIB en 1981 a un 44% en 1995. El gasto público per cápita pasó de 799 euros en 1980 a más de 5000 euros en 1995. Este continuo crecimiento permitió un incremento importante del llamado “Estado de Bienestar”. Lo que se reflejó en diferentes ámbitos:

  1. En educación el gasto público en relación al PIB más que dobla su magnitud entre inicio y fin del período socialista. Desde el punto de vista legislativo, la Ley Orgánica del Derecho a la Educación -LODE- de 1985, aplicó los principios constituciones de participación en la gestión de la enseñanza pública regulando el gasto público en el sector privado (Concertados). Se establece la Ley de Ordenación General del Sistema de Educativo (LOHSE) en 1990, que sustituye la ley franquista de 1970 al consolidad preescolar como etapa educativa y extender hasta los 16 años la educación obligatoria. Se universaliza la educación entre los 4 y 15 años. Como consecuencia de lo anterior, el alumnado universitario se duplico entre 1983 y 1994, el cual además puede acceder a instituciones de educación superior por el aumento del servicio público mediante la creación de nuevas instituciones que la Reforma Universitaria de 1983 y descentralización autonómica facilitaba.
  2. En sanidad el gasto público también se duplica en términos de PIB entre otros motivos, por la progresiva universalización del servicio sanitario público mediante sucesivas medidas que van ampliando la cobertura sanitaria de la Seguridad Social hasta culminar con la integración de los beneficiarios sin recursos económicos (1989) y a los beneficiarios de pensiones no contributivas. Si en 1981 un 16% estaba fuera del sistema sanitario, ya en 1991 el 100% de la población se encuentra cubierta por el mismo.
  3. El gasto de pensiones también ha sido de vital importancia, especialmente por el incremento de la esperanza de vida, así, de gastar menos del 4% del PIB en pensiones en 1980, se pasó a un 11,6% en 1996. Esto debido al incremento de los pensionados tanto contributivos (de 4,6 a 7,2 millones) como a los no contributivos desde 1990 que sumaron más de 500 mil.
  4. Por último, otro de los elementos definitorios del Estado de bienestar se encuentra la protección al desempleo. Éste fue quizás el gasto social que más creció durante el período, sobre todo desde que el paro tomase caracteres estructurales tras la crisis de los setenta. Durante los años de gobierno socialista se creó la Ley de Protección por Desempleo (1984) que amplía el período de coberturas por prestación a los desempleados, estableciendo prestaciones asistenciales para los mayores de 55 años hasta la jubilación y les incluyó asistencia sanitaria indefinida. Entre 1983 y 1985 se conforma el PER (Plan de Empleo Rural) como subsidio agrario para el desempleo de los trabajadores agrícolas. Igualmente, a consecuencia de la huelga del 14-D de 1988, el Decreto-Ley de medidas adicionales de carácter social redujo tres años la edad para recibir las prestaciones asistenciales y las amplió de forma considerables para los parados de larga duración con más de 45 años.

Es hacia 1996 cuando el PSOE deja el poder en España y es reemplazado por el PP. A estas alturas la España recibida era muy diferente de la entregada: económicamente el país había visto crecer su riqueza tanto económica como social, en términos generales los indicadores macroeconómicos más visibles habían mejorado (inflación, crecimiento económico, PIB per cápita, gasto público social) pero los problemas esenciales y estructurales de esta economía continuaban vigentes y algunos se habían agudizado.

La economía española en el marco democrático burgués

Es necesario realizar un pequeño paréntesis analítico de la situación económica española. Ya que, como se ha revisado, el período franquista lo podemos dividir en dos etapas, la primera [1939-1949] caracterizada por la autarquía mientras que la segunda [1960-1975] caracterizada por la capitalización del país con una década bisagra que sirvió de transición entre ambas (años de 1950). En resumidas cuentas, podemos asumir que la primera etapa por lo general solo implicó un estancamiento en relación a los países europeos por el bajo nivel de inversión y comercio, mientras que la segunda viene a manifestar una recuperación económica, industrialización y tecnificación del campo. Es en esta segunda etapa donde se encuentra el llamado “milagro español”; aproximados 15 años de crecimiento y desarrollo económico que modificaron las bases sociales eliminando viejas estructuras, el problema con este crecimiento es que concibió en su seno una serie de contradicciones que a la larga lo llevaron a ser muy frágil frente a los vaivenes internacionales, el principal y más representativo de estos era su déficit estructural de la balanza de cuenta corriente, manifestación y expresión de su bajo nivel de productividad en comparación con la región, lo que a su vez viene a representar el retraso en el desarrollo de las fuerzas productivas españolas.

En esta situación, la industrialización era un logro a medias en tanto las empresas no fueran lo suficientemente competitivas tendiendo a la acumulación de pasivos por sobre los activos. La crisis de los años 70 viene a quebrar con este paradigma, en coincidencia con la crisis política, la necesidad de un cambio se hacía patente y el giro político casi como respuesta estructural y natural se enfoca en más mercado, menos intervención y una reconversión industrial.

Los países industrializados hasta antes de desarrollar un músculo industrial lo suficientemente competitivo (con alto valor agregado y productividad) mantuvieron un nivel relativamente elevado de proteccionismo, intervencionismo y planificación imponiéndose frente a una comunidad internacional que solicita apertura y un “juego más limpio”. En cambio, la situación española hacia los años de 1970 era sumamente débil, por un lado, y no jugaba un rol estratégico como Corea del Sur o Taiwán, el resultado es que esta “integración económica a la economía de mercado” se tradujo en una serie de reformas que terminaron posicionando a la economía en una situación de cuasi subdesarrollo o semi desarrollo económico, con un modelo que mantuvo las contradicciones heredadas de la era franquista, de este modo, la adopción de la paridad monetaria y la desprotección del sector exportador tiene sentido si miramos a España como un país con un Estado internacionalmente débil y poco relevante.

Explicado lo anterior vale la pena preguntarse, ¿cómo se integra España a la modernidad de la CEE (luego conocida como Unión Europea)?

Una economía para crecer necesita un nivel dado de inversión. Esto, en términos marxistas viene a significar D-M-D* (ciclo de acumulación).

Para que exista esta inversión debe, en primer lugar existir un nivel de rentabilidad y ganancia:

TT = S/(C+V)

Donde S es la plusvalía, C capital constante y V capital variable. La plusvalía se define como el valor no pagado al obrero, esto es, si la producción es de $100 y los salarios remunerados son $50, entonces la plusvalía es de $50.

De esto entonces tenemos que la tasa de explotación (o tasa de plusvalor) es (S/V).

Entonces, para que haya crecimiento económico, debe haber inversión, para que haya inversión, debe de haber ganancia, y para que haya ganancia, debe existir un nivel de explotación (o plusvalía).

La inversión se divide entre la inversión en capital circulante Ic y la inversión en capital fijo If.

IC está determinada por la tasa de crecimiento del ingreso (o output) Y.

© Y = Y 2 / Y1

Ic = Ic (© Y), siendo © Ic / ©Y > 0

A su vez, If es función de la tasa de ganancia TT, ligado a la variación de esta TT’, de las perspectivas de crecimiento U y de la competencia . U depende de la evolución del ingreso (y por lo tanto la demanda) del largo plazo que se prevé [Y(e)] y del desarrollo tecnológico general □.

If = If(TT; TT’; U; √)

U = U(Y(e); □)

Por otra parte, si en términos generales TT depende positivamente de la participación de los beneficios en el Output y negativamente en la relación capital trabajo, entonces:

TT = B/K = (B/Y) (Y/L) (L/K)

Siendo: B beneficios; capital (fijo); Y output, L trabajo.

Además, la tasa de ganancia se encuentra muy influenciada por el tipo de cambio impactando en los bienes transables (BT) y no transables (BNT). Esto es, el tipo de cambio real:

q* = q*PE/P

Donde, q es el tipo de cambio nominal, PE es el precio internacional, y P es el precio nacional.

Es importante destacar que la influencia que ejerce el tipo de cambio es de manera cualitativamente diferente en los países más adelantados que en los menos, esto pues el mismo conecta los espacios nacionales de valor con la economía mundial (conectando sus respectivos grados de productividad).

Entonces, cuando la productividad es menor la necesidad de tener un tipo de cambio competitivo se hace mayor, esto es, depreciando en términos reales a fin de que los sectores BT puedan ser competitivos.

El tipo de cambio también influye en el costo del capital y su composición tecnológica.  Of es la proporción de capital fijo importado. Entonces:

K = Of K + (1+Of)K

Donde, 0 < Of < 1. Por eso Of influye en la tasa de desarrollo tecnológico (T).

T = T (Of)

Una suba o baja del tipo de cambio puede significar un incremento o una merma de la tasa de ganancia de bienes transables y no transables. Así:

© TT a / © q* > 0 ; ©TT b / © q* < 0

En otras palabras, si crece el tipo de cambio real (depreciación en términos nominales), la tasa de ganancia de bienes transables (TT a) también crece, así mismo, si crece el tipo de cambio real disminuye la tasa de ganancia de los bienes no transables (TT b). Ambas expresiones también reflejan su operación a la inversa.

Destaco que esta situación se aplica con mayor fuerza a los países con menor grado de productividad donde ambos sectores tampoco tienden a tener niveles similares y relativamente equitativos de productividad.

La inversión extranjera dependerá de la tasa de ganancia (y sus oscilaciones), la que, estará profundamente afectada por la variación de q // q*, así, una apreciación real (depreciación nominal) puede aliviar restricciones externas mientras que una depreciación real (apreciación nominal) mejora las condiciones en la que la plusvalía se transfiere y transforma en valor mundial.

La alta participación de los beneficios sobre el ingreso implica además conocer el segundo factor dinámico en el ciclo de económico, el consumo sobre en bienes durables de la clase capitalista y los sectores altos de la sociedad. Dado que la concentración del ingreso es elevada (y ascendiente cuando nos acercamos más a los países de la periferia) la decisión de consumo de estos tiene un fuerte impacto e incidencia en el crecimiento.

Entonces, si Cc es el consumo capitalista;

Cc = Cc (R;S)

Donde R son las rentas capitalistas (Dividendos, rentas inmobiliarias, financieras), y S el nivel de ahorro.

En cuanto a su composición Cc se divide en bienes de consumo No Transables (NT) y bienes de consumo Transables (T) nacionales y extranjeros. Si identificamos a 0c como la proporción de bienes de consumo transables extranjeros con respecto al total de bienes transables consumidos tenemos:

Cc = NT + 0c +(1-0c)T; siendo 0 < 0c < 1

A su vez, 0c es inversamente proporcional al tipo de cambio real.

El consumo de la clase capitalista tiene fuerte incidencia en el ciclo económico, el ahorro no es solo un flujo que invariablemente desembocará en la inversión, pues también puede derivar en atesoramiento tanto en moneda local como en activos extranjeros AF*. Si el ahorro va a activos nacionales deriva en inversión, pero si se congela bajo la forma de moneda local o AF*, la inversión baja.

La tasa de interés a diferencia del modelo convencional (curva de oferta y demanda monetaria) depende en esencia del ciclo capitalista. Esto es, de la plasticidad con que estén haciendo los negocios y la facilidad que tengan los bancos para renovar los créditos a las empresas. La política monetaria puede incidir pero no alterar el fondo de esta dinámica.

Entonces si consideramos r la tasa de interés, la rotación del capital es § y la tasa de referencia del capital es rbc;

r = r(§; rbc)

La tasa de referencia se correlaciona positivamente con la demanda de reservas en el Banco Central. Una presión sobre las reservas conlleva un incremento en la tasa de referencia, y por lo tanto, en r.

La influencia de la tasa de interés en la inversión es necesaria para la inversión sobre todo en las fases alcistas de crecimiento ya que amplían su ciclo de acumulación y reproducción. Así, cuando  § es baja, r y rbc también. Por el contrario, cuando la situación económica comienza a empeorar, y el ciclo se enfría, el aumento de la desconfianza puede llevar a aumentar el ahorro en AF* y con ello un incremento en rbc elevando r, lo cual presiona negativamente sobre la tasa de ganancia. El origen del problema en este sentido no es el sistema financiero sino que éste lo amplifica.

Planteamos entonces la siguiente identidad macroeconómica:

(Sf + Sp) – (I + G) = PX -EP*M – (r* + Prima) qDx – qB* = Kx – Km

Siendo Sf ahorro privado, Sp ahorro público, I inversión privada, G gasto público, PX exportaciones a precio local, EP*M importaciones a precio internacional, r* tasa de intereses de referencia internacional qDx deuda externa al tipo de cambio, qB* utilidades que se remesan al exterior según el tipo de cambio, Kx salida de capitales y Km entrada de capitales.

Esto sobre la base que existe una deuda externa y que las reservas internacionales no varían.

Hasta aquí, estoy haciendo un recorrido más bien lineal, en el que solo hablo de “crecimiento”, pero ¿cómo explico el desarrollo económico?

La expresión clave es la que sigue:

[(M1 × D); (D × MP)] [+ (M1 × D)]

Donde, M1 es la mercancía, D es dinero, MP son los medios de producción. Lo que viene a explicar es que en una economía avanzada, la clase capitalista consume y produce -con el dinero generado al vender las mercancías- los medios de producción para reproducir su ciclo de acumulación. En el otro extremo la clase capitalista debe utilizar su dinero a cambio de divisas para importar los mismos.

En consecuencia, una gran diferencia entre una economía avanzada y una atrasada, o para ser más exactos, entre una economía del centro y una periférica, está en su propia capacidad para generar sus medios de producción (o, bienes de capital en el lenguaje ortodoxo).

Pero si desarrollamos la idea anterior con el lenguaje macroeconómico expuesto, no vale solo con “producir” los medios de producción, ya que, si para lograrlo se destina una inversión superior al gasto, el problema se perpetúa y no se alcanza [+ (M1 × D)].

En este sentido es clave el elemento “productividad”, pongámoslo en perspectiva desde un lenguaje marxista:

C: Capital constante. V: Capital variable. S: Plusvalía. Valor individual del producto: V/O.

Supongamos que tenemos dos países, cada ciclo está separado entre sí por 50 años.  Pues bien, en el primer ciclo, se ve que tanto A como B poseen una producción equitativa en tanto valor creado. La inversión tanto en capital constante como variable, es similar. Sin embargo desde el ciclo 2 en adelante vemos un cambio sustancial y una diferencia importante entre el país A y el país B. Pasa que en el país A la producción no solo ha aumentado de valor, sino que también se ha especializado, de una producción de 100, ahora produce solo 6 bienes pero con un valor agregado mucho más intenso. En el ciclo tres las diferencias se intensifican, y el país B ha pasado a ocupar un puesto muy relegado en un lapso de un siglo.

¿Qué es lo que observamos? Que un país se ha especializado en potenciar una economía con alto valor agregado, dando mayor intensidad a su producción y productividad, mientras que el otro, se ha especializado más bien en inversiones de bajo valor agregado y cualitativamente no ha avanzado mucho en el siglo analizado. Esto es lo que ha sucedido en buena parte de la periferia capitalista, los países subdesarrollados tendencial y estructuralmente han optado, por una serie de factores, a invertir en negocios de bajo valor agregado, en producción con baja aportación tecnológica, y, aún cuando la productividad haya aumentado con el tiempo, esta ha aumentado bastante poco en comparación a los países desarrollados que se mantienen en la cúspide. El caso del país A podríamos considerarlo como el ejemplo coreano que en un lapso de 30 o 40 años, realizó las reformas y las inversiones adecuadas para poder posicionarse entre los países más avanzados.

Siguiendo el ejemplo anterior, ahora postulemos el caso de que existan tres países, los cuales producen la misma mercancía, aunque, con diferentes proporciones en la producción.

Siguiendo el cuadro anterior, lo que se puede observar es que en un primer ciclo, el país B lleva la delantera al agregar en el mercado un valor total de 156 a diferencia de A que agrega 120 y C que agrega 108. Esto se debe a la productividad distante entre uno y otro país, lo que lleva a que la tasa de ganancia en B sea del 56%, mientras que en A es del 20% y en C solo del 8%.  Ahora bien, durante el ciclo siguiente se produce otro cambio, el país B que ya era puntero, invierte en capital constante, variable y en sí, en tecnología aumentando su productividad y agregando a la economía un valor total de 179, y una producción de 166, lo que lleva a los precios a la baja, de 1.2 a 1.07, y generará una presión bajista en el mercado afectando a sus competidores. A su vez, la tasa de ganancia ha aumentado a un 63%. De esta forma, y a través de esta competencia, los capitales más avanzados barren con los menos avanzados, y el mercado se reconfigura hacia un nuevo orden. Los países más atrasados tienden a poseer capitales menos competitivos también, con mucho menor tecnología y por ende, valor, y, tienden por esta misma razón, a optar por los negocios en los que puedan ganar mayor competitividad: las actividades centradas en recursos de materia prima que otros países no desarrollan.

Pues bien, vemos ahora qué sucede si un país atrasado tecnológicamente, se integra de lleno en el mercado internacional, sin suplir estas diferencias en el balance productivo. En el siguiente cuadro, tenemos 2 países, uno -el A- aplica más tecnología a su producción que el otro -país B-.

El primer país, A, produce 4 mercancías. Qs, un bien comerciable producido con tecnología avanzada. Qp, un bien comerciable indispensable para la producción de otros productos, y producido con tecnología avanzada. Qs, un bien de servicio no comerciable intensivo en mano de obra. Y Qr, un bien de producción que es esencial para la producción de Qc. En el país B se producen tres productos. Qc pero con tecnología atrasada, Qs con una aplicación tecnológica similar a la del país A, Q’r, similar a Qr producido en el país A, pero con tecnología inferior.  Como Qp no se produce en el país B, y siendo imprescindible para la economía, debe ser importado desde el país A al B, Además en cada país los productos producidos están cotizados en sus respectivas monedas, $a y $b, una hora en A se expresa en $a5 y una hora en B en $b10. Ahora establezcamos un tipo de cambio $b1/$a, tenemos que el país B, para poder importar Qp desde el país A, debe ser capaz de colocar parte de su producción Qc en el mercado del país A y lograr así conseguir divisas para importarlos. Sin embargo, las diferencias en la producción y productividad se manifiestan desde un primer momento. Ya que mientras los productores del país A vende Qc a $a10 por producto, los productores del país B lo venden a $a80. Ante esa diferencia abismal de precios, los productores del país B, no pueden competir. Supongamos ahora que el país B devalúa su tipo de cambio tantas veces hasta hacer competitiva su producción exportable, $8b/$a.  Ahora Qc de B se vende a $10a, y se hace competitivo en el mercado de A. De esta forma, el país más atrasado es capaz de poder competir, es así como se obtienen divisas para poder importar Qp. Esta explicación da a entender el porqué de la tendiente devaluación de los tipos de cambio en los países subdesarrollados. Ya que la devaluación termina transformándose en un mecanismo para insertarse de manera exitosa en la economía mundial.

Si bien es cierto, mediante la devaluación se puede dar una integración competitiva, esta solución es solo cortoplacista, y no redunda en la profundidad real de la productividad interna de los países subdesarrollados. Por ello no es una solución de largo plazo, luego de un tiempo tenderá a generar conflictos y contradicciones. Esto porque la devaluación termina redundando en un aumento de los precios de los bienes no transables, lo que termina por encarecer el tipo de cambio real alto, y, termina afectando una vez más la balanza de pagos.

Veamos esto a través de los datos:

Fuente OCDE.

Fuente OCDE.

Como se puede apreciar, la productividad española ya sea por trabajador empleado como por hora trabajada ha crecido continuamente, no es la más elevada dentro de la zona y tiene un retraso con respecto a las economías más avanzadas de la zona euro.

Este nivel de retraso es el que ha llevado a los continuos déficits en la balanza de cuenta corriente que ya hemos mencionado. ¿Cómo se ha enfrentado la economía española? Pues a pesar de la voluntad de las autoridades la tendencia apuntó a la depreciación continua de la peseta.

Esta situación explica buena parte del porqué los altos niveles de inflación manifestados en el país hasta inicios de los años 90.

Así, durante estos últimos 40 años la economía española ha transitado en tres etapas. La primera de 1980 hasta 1996, la segunda de 1996 a 2008 y la tercera compete desde 2008 hasta el presente 2020. La primera como ya hemos revisado, implica una modernización social gracias al reforzamiento del Estado de bienestar por parte de los gobiernos socialistas, un crecimiento del PIB pero un nivel muy lento de creación de empleo.

Previamente se explicó la importancia de la inversión al momento de impulsar el crecimiento y la creación de empleo, pero esto debe matizarse. Ya que como se revisó, el capitalista puede invertir en productividad con tal de abaratar los costos. Esto significa que si durante el primer ciclo la inversión inicial fue de 100C + 50S con lo cual se generó 50S y en la segunda esta fue de 120C + 50S y una plusvalía de 70S lo que tenemos como resultado es que no hubo creación de empleo, pero sí inversión, crecimiento y aumento de la ganancia. Así, este incremento de la productividad se puede traducir tanto en un enfriamiento como en una reducción en el ritmo de creación de empleo.

Es importante recordar que,

Crecimiento del PIB = Aumento de la productividad + aumento de la población activa

Lo cual implica que un país puede crecer sin aumentar su población activa, como puede crecer sin ver incrementada su productividad.

El mejor de los casos es que haya tanto crecimiento intensivo como extensivo, es decir un incremento en la productividad como en la ocupación laboral, éste es el caso común en los países avanzados durante los períodos de auge económico.

Fuente: Banco Mundial

Fuente: Banco Mundial

Como se puede observar, el crecimiento económico en España no ha repercutido en la creación de empleos en la misma proporción que el resto de los países de la zona expuestos. En contraposición, la participación salarial dentro del PIB ha caído continuamente durante los últimos 50 años.

Fuente: AMECO.

Este dato no es otra cosa que el incremento relativo de la tasa de explotación.

Fuente: Ameco

España ha sido de los países donde más se ha incrementado la tasa de explotación durante las últimas décadas.

Actualmente es de los países que presenta la participación más reducida:

Fuente: Ameco

¿Qué conclusión podemos sacar?

Fuente: OCDE

La economía española incrementa su productividad precisamente en aquellos períodos que la tasa de desempleo está en aumento. Mientras que, cuando el desempleo comienza a caer, también lo hace la productividad. Una situación diferente a lo sucedido en su vecindario más cercano:

Fuente: OCDE

Fuente: OCDE

Aquí podemos observar la distancia entre la relación PIB per cápita español y alemán, y la productividad española y alemana, en el otro extremo vemos a Portugal sin manifestar tal grado de distancia.

Esto se explica porque, así como el crecimiento económico depende del ciclo de acumulación (M-D-M’), al momento de buscar mejoras en sus condiciones el capitalista debe modificar la relación capital/trabajo (K/L), pero en el acto la inversión en trabajo puede estancarse, manteniendo o engrosando el ejército de desocupados.

Ejemplificado:

Como se expone, en ambos casos hay un incremento idéntico de productividad y tasa de explotación, pero en el país A durante su segundo ciclo se ha dado una reducción absoluta del gasto en capital variable que responde a una reducción en la cantidad de trabajadores, en cambio, en el país B se ve un aumento de productividad, en la tasa de explotación e incluso en la tasa de ganancia aumentando la población activa.

El país A representa la estrategia tomada por España desde la década de los 80 y el país B se acerca más a Alemania.

La pregunta es, ¿por qué España ha tomado este camino?

Si recordamos las expresiones econométricas, un país debe alcanzar un grado de desarrollo económico logrando dos objetivos: i) desarrollar sus propios medios de producción, ii) tener una balanza de pagos en superávit. Países como Alemania, Corea del Sur o Japón lo lograron con políticas proteccionistas e intervencionistas hasta bien entrados el siglo XX, España no. España desde los años 60 se va integrando al mercado internacional de manera paulatina, pero ya desde la segunda mitad de los 70 se abre al mercado europeo sin protección alguna, lo que aborta cualquier desarrollo de músculo industrial. En este aspecto el régimen franquista logró desarrollar una industria poco competitiva que se mantenía a partir de un Estado sumamente voluminoso que asfixiaba el desarrollo del capitalismo, la crisis de los 70 vino a manifestar la crisis de este modelo en medio de un escenario político muy volátil y el camino elegido fue emprender hacia la modernización europea adoptando en el acto dos fundamentos que regirían sobre la economía española hasta el día de hoy:

  1. La reestructuración económica hacia un modelo competitivo
  2. La paulatina cesión de soberanía económica desde España hacia la CEE/UE

El punto (1) conllevó a una desindustrialización y una pérdida paulatina en la tecnificación de la economía:

Este índice nos permite constatar la estructura productiva española. La ventaja es que detecta no solo las principales transformaciones de la estructura, sino si estas son acordes a las experimentadas por otras economías. El IE relaciona el peso de cierto sector en la producción o empleo en dos economías diferentes (A – B), de la siguiente forma:

IE = (U i A| U iB) x 100

Donde U representa el peso relativo del sector en la economía (A – B). Por lo tanto un valor superior a 100 representa una sobre especialización de A con respecto a B y viceversa. Si se comparan entonces la estructura productiva española con la relativa al conjunto de la eurozona se pone de manifiesto el limitado avance técnico y por lo tanto, de productividad. En conjunto, las áreas de especialización española han sido hostelería y construcción, con una pequeña reducción en la primera y un gran incremento en la segunda. Por el contrario, todo lo relacionado a industria -sobre todo medio alto y alto contenido técnico- se mantiene en un grado de especialización atrasado.

Este bajo perfil técnico del capitalismo español también lo podemos constatar si analizamos el número de patentes cada millón de habitantes:

Fuente: OCDE.

España nuevamente se encuentra a en los últimos puestos solo superando a países como Hungría, Portugal, Chile y México.

La particular composición del capital técnico que presenta la economía española posee un grado de retraso comparativo con la economía de la zona europea. El cambio técnico se alcanza mediante la sustitución de capital variable por capital constante. Este grado de mecanización como podemos observar a continuación recién aumenta en proporción comparativa con la UEM tras la crisis, efecto derivado de la intensa destrucción de capitales menos productivos y el agudo incremento del desempleo.

Fuente: AMECO

Uno de los datos clave para vislumbrar el grado de innovación en una economía es el gato en I&D en relación al PIB. Aquí, nuevamente observamos cómo la economía española tiene una vocación muy conservadora en comparación a la economía de la zona del euro y Alemania:

Por lo cual, la economía española ha presentado un nivel de atraso debido a su poca capacidad y vocación innovadora, lo cual repercute en su baja tecnificación y especialización en áreas que aportan un mayor valor agregado.

Otro aspecto a destacar dentro de los conflictos que posee esta economía en su proceso de reestructuración tiene que ver con los Costes Laborales Unitarios:

Fuente: Ameco

Fuente: Ameco

Estos, entendidos como el coste laboral medio que implica la producción de una unidad, es un indicador utilizado habitualmente para medir el grado de competitividad en una economía. Entonces, entre menor sean los CLU mayor será la capacidad de una empresa (o economía) para competir pues puede entregar productos de menor precio (aunque se ignora la calidad, punto a favor de los cálculos realizados empleando terminología marxista).

En este sentido,

CLU = (MS/L)/(Q/L)

Donde MS es la masa salarial, L los trabajadores y Q la producción podemos ejemplificar a dos empresas:

Empresa A: (8000/10) / (15000/10)  = 0,5

Empresa B: (12000/10) / (19000/10) = 0,6

La empresa A es más competitiva que la empresa B pues por cada producto que crea, gasta menos en salarios (en este ejemplo damos por hecho que ambas empresas producen el mismo tipo de productos).

Sin embargo, para calcular este indicador debemos pasarlo a términos monetarios, por lo que reemplazamos   Q (producción sola sin valor) a Q*VAu (producción valorizada):

CLUr = (MS/L)/[Q*VAu)/L]

(VAu es el valor añadido, que representa la diferencia entre los precios finales de estos productos y los precios de los consumos intermedios como materias primas y otros bienes que entran en el ciclo de la producción)

CLUr representa los Costes Laborales Unitarios en términos reales.

De este modo, si ahora para la empresa A consideramos que su producción tiene un valor añadido de $100 su CLUr es de:

CLUr empresa A: (8000/10) / [(15000*100)/10] = 0,005

En este nuevo resultado estamos diciendo que cada trabajador genera una media de $150000 por una parte, y reciben un salario promedio de $800, esa relación indica que gastamos $0,005 por cada $1 producido.

En otras palabras:

CLUr = Tasa de explotación = Tasa de participación salarial en PIB

Hasta aquí, todo bien.

El problema surge cuando medimos los Costes Laborales Unitarios en términos nominales (CLUn).

Los ClUn se calculan dividiendo el salario medio (MS/L) entre la productividad en términos reales (Yr/L):

CLUn = (MS/L) / (Yr/L)

En términos económicos esta fórmula carece de sentido porque se calcula a partir de un numerador establecido en términos nominales y un denominador en términos reales. Para darle sentido, la fórmula debe ser transformada sustituyendo Yr por (Yn/P) -producción nominal dividida en precio- teniendo como resultado:

ClUn = (MS/L) / [(Yn/P)/L]  

Lo que desarrollando nos da:

CLUn = MS/(Yn/P) = (MS*P)/Yn = (MS/Yn)*P

Donde (MS/Yn) es la participación salarial o CLUr concluyendo que los Costes laborales unitarios en términos nominales son la multiplicación de los CLUr por el precio.

Podemos observar que un factor clave en la evolución de los CLUn es el precio, por lo que un incremento de los CLUn a la par de una reducción de los CLUr puede deberse a una tasa de inflación anualizada superior a la media de la región (en este caso los países comparados). De este modo, entre 1996 y 2007 el crecimiento de los CLUn fue del 2,92% para España mientras que para la UE el incremento solo fue de 1,96%. En comparación, los CLUr se redujeron en España un 0,74% en promedio durante el período 1996-2007 mientras que en la eurozona y en la UE27 un 0,61 y 0,63% respectivamente.

Fuente: Banco Mundial

Fuente: Banco Mundial

Como se puede observar, la clave está en la elevada inflación española en comparación a la región (especialmente a países como Alemania). Una inflación más elevada implica un crecimiento más acelerado de los CLUn.

En este sentido según las condiciones establecidas durante esta reestructuración económica, al capitalismo español le convino y le fue más sencillo moderar salarios -reduciendo su participación del PIB- que incrementar la productividad y hacer de la matriz productiva más tecnificada, cualificada e innovadora.

El punto (2) ha impactado en la economía española desde los 80, y, tras los 90, este impacto se ha incrementado a partir de una serie de medidas acogidas a nivel comunitario:

  1. Pacto de Estabilidad de 1997 cuyo principal objetivo fue establecer un límite al déficit fiscal en torno a un 3% del PIB por año.
  2. La creación del Banco Central Europeo (BCE) y la adopción del Euro como moneda en 1998 eliminó la soberanía concerniente a la política monetaria del país, unificando en el acto los espacios de valores de diferentes economías con diferentes niveles de productividad.
  3. El establecimiento de una Política Comercial Común a partir de la cual se eliminan paulatinamente barreras arancelarias introduciendo un arancel externo común y una política comercial común con la comunidad internacional.

Esta nueva realidad económica implicó que un país con una productividad media inferior perdiese la típica herramienta del tipo de cambio, lo que eventualmente afectaría la balanza de pagos con una balanza de cuenta corriente en rojos sostenida por una balanza financiera en superávit que impulsó una baja en las tasas de interés incentivando el consumo volcándose principalmente, al consumo de vivienda y el desarrollo de la construcción (período 1997-2007) -de esto se desprende que la construcción haya sido el área con mayor especialización-, ocupando un mayor peso en la fuerza laboral empleada. El ciclo de acumulación en el período 1997 – 2007 vino impulsado por la construcción (en promedio 0,5 puntos porcentuales del crecimiento), que en otras palabras significa que la plusvalía generada se volcaba a la construcción inmobiliaria. La inversión en ladrillos fue una opción para muchas personas de clases medias y medias-altas que ya disponían de vivienda propia. Desde un punto de vista marxista, esto significa un incremento en gasto improductivo (ya que como hemos revisado, la productividad durante estos años prácticamente no creció). Como es de esperarse, la inversión en el ladrillo llevó a que el precio en la propiedad inmobiliaria se inflase, lo cual dio más impulso al negocio especulativo y al crédito; así, los inversores esperaban que por medio del aumento de los precios se liquidaran las deudas.

Sin embargo, la construcción de viviendas no mejora la competitividad en general, y el incremento general de precios impactó en la competitividad española (mediante el incremento de los CLUn) llevando a que la cuenta corriente aumentara su déficit (llegando durante los últimos años al -10% del PIB), esto fue expresión de la inserción económica española en el mercado mundial estaba lejos de ser exitosa.

Como el déficit de cuenta corriente había sido financiado por el crédito privado, la situación era cada vez más frágil y tras el estallido inmobiliario en Estados Unidos, la burbuja española terminó por explotar, el efecto dominó no se hizo esperar: cayeron los precios de las propiedades, las deudas hipotecarias superaron el precio de las propiedades, los deudores ya no podían pagar sus deudas, los bancos comenzaron a ejecutar hipotecas pero al no poder recuperar siquiera la inversión inicial la crisis no hacía más que agudizarse. Encima, como caía el sector más dinámico de la economía, la coyuntura no tardó en impactar al resto de las áreas que dependían de la demanda y consumo para validar su producción y consumar su ganancia.

La crisis económica en términos de crecimiento recién fue superada el año 2014 que es cuando el PIB vuelve a manifestar crecimiento, ese mismo año la tasa de paro comienza a bajar, aunque nuevamente como es la tónica española, muy lentamente. Esto es el crecimiento económico español vuelve a manifestar sus contradicciones dadas a partir de su limitado nivel de tecnologización e innovación y que repercute en una lenta creación de empleo pues los capitalistas prefieren no invertir en capital variable con la misma acuciosidad hasta que las condiciones sean las idóneas.

Enlazando esto con las expresiones económicas previamente explicadas, si las perspectivas económicas no generan los mejores augurios, no hay un sector económico tecnológicamente avanzado que dé pie a un proceso de acumulación, ni tampoco se encuentra en condiciones idóneas de inserción en el mercado internacional, la plusvalía generada no se invertirá en su totalidad dentro del proceso de acumulación ni repercutirá en la creación de empleo pues, así como durante los años 80, el capitalista se mantiene en una posición “conservadora”.

En perspectiva:

Fuente: OCDE.

Tras 2008, Estados Unidos y Alemania recuperaron el nivel de su PIB (a precios constantes) en 2010 y 2011 respectivamente, en cambio España recién lo recuperó el 2017. Esto significa que todo el crecimiento económico manifestado desde 2014 hasta 2017 tan solo ha significado la recuperación de la depresión económica. Además, la economía española es una de las que mantiene una deuda externa neta más elevada en relación a su PIB dentro de la zona euro como se muestra a continuación.

Fuente: AMECO.

¿Cuál es la conclusión?

Actualmente España se encuentra en una encrucijada. Hasta el pasado año su dinámica como hemos visto era de crecimiento y de lenta creación de empleo, mas a partir de la crisis en la que nos encontramos es una de las economías con la caída del PIB más acentuada dentro de la UE, de crear empleo se ha pasado a -nuevamente- aumentar el número de parados lo que puede llevar a otra fase depresiva como la ya experimentada.

¿A qué se debe todo?

Como ya lo hemos indicado, lo fundamental en la economía capitalista es el ciclo D-M-D’ iniciado por la inversión capitalista, y esta se funda, en primer y esencial lugar a partir de la tasa de ganancia:

Fuente: Michael Roberts, “Spain: the challenge for Sanchez

Esto es, España manifiesta poca rentabilidad económica para el inversor. Como ya se ha visto, si quiere incrementar su productividad en las condiciones actuales significa que debe importar un volumen importante de tecnología del extranjero, lo que perjudica la balanza de pagos y lleva al apalancamiento (de allí su gran nivel de endeudamiento externo), si no, entonces deberá optar por rentabilizar la acumulación por la vía de salarios bajos y/o bajo empleo. Entonces, para competir el capital español o, importa la tecnología con tal de incrementar su productividad endeudándose en el acto, o mantiene una plantilla reducida y salarios bajos que si bien crecen por norma general lo harán a un ritmo inferior que el crecimiento de la productividad. Como las condiciones macroeconómicas no auguran mejores tiempos, no hay intención para embarcarse en una guerra lo suficientemente competitiva como ocurre en otras economías, y como el nivel tecnológico tampoco es el más elevado el costo de emprender tal nivel de inversión se acrecienta.

El capitalismo español fue muy poco dinámico durante el régimen de Franco, y como ocurriría con las demás economías, la tasa de ganancia fue decayendo tras los años de 1960 mientras que la Composición Orgánica del Capital iba aumentando a un 30%.

Fuente: Michael Roberts, “Spain: further stalemate

Tras la muerte de Franco el capitalismo español revirtió la tendencia mediante la inversión extranjera que llegó de Europa buscando operar con mano de obra más barata y mayores ganancias (proceso que se intensificó durante la década de 1990), a partir de 1996 la rentabilidad cayó y entonces los capitalistas se pasan a comprar propiedades aprovechando el auge del crédito barato que ocultaba las debilidades productivas del modelo. La ruptura de este proceso en 2008 nuevamente nos demuestra el gran problema español: su economía posee un nivel de tecnificación, productividad e innovación inferior a la zona euro, problemas que se ven intensificados a partir de las condiciones particulares de la UE.

Para salir de esta situación el capitalismo español debe de hacerse rentable, el ajuste salarial puede servir en un primer momento cuando se quiere superar una crisis, pero esto no puede ser sostenible si se quiere competir a nivel internacional se debe considerar que Europa oriental cuenta con países con salarios que bordean los 300-400 euros, sin olvidar el factor chino; la otra opción es incentivar el desarrollo de la productividad “made in Spain”, no obstante,  ello requiere inversión y planificación en mediano plazo (gasto en I&D, inversión en infraestructura y personal cualificado) además de conllevar una competencia directa con el capital alemán (entre otros países del centro-norte europeo), lo que, sin una política comercial y monetaria independiente, y una política fiscal muy limitada, se vuelve también sumamente difícil. Quizás se podría haber logrado manteniendo un grado de intervención económica tras la transición, pues, como también hemos revisado, la inserción en el mercado europeo bajo un contexto democrático conllevó a la economía a posicionarse en una semiperiferia de la cual hasta el día de hoy no es capaz de superar, pero el camino elegido tras los años 70 fue diferente y su desarrollo económico fue limitado.

Entonces, respondiendo las preguntas iniciales, ¿seguimos los consejos de los liberales o los keynesianos? Realmente ninguno tiene la razón en tanto ninguno ataca el origen real del problema español. Aumentar el gasto público no hará de España más desarrollada, competitiva ni permitirá superar la enorme debacle, solo llevará a un mayor endeudamiento público y en el peor caso, una zombificación económica al más puro estilo japonés; tampoco la solución es solo aplicar medidas de corte neoliberal ya que, si bien puede aumentar la rentabilidad esta rentabilidad si no es planificada correctamente se enfocará en las ventajas comparativas del país -como ya viene ocurriendo con el turismo-, ¿por qué el capitalista español invertiría en tecnología si le es más rentable invertir en hoteles y bares?



Categorías:Economia

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