Marxismo y anarquismo

Buenos días.

Desde hacía un tiempo tenía la intención de escribir sobre este tema, pero no había tenido la oportunidad pues en parte di prioridad a otros artículos, sin embargo creo que ahora es el momento adecuado para desarrollarlo. Mi interés parte por la histórica disputa entre anarquistas y comunistas tanto a nivel nacional e internacional, dentro de la política actual, e incluso en espacios tan cotidianos como pueden ser los debates universitarios y las marchas ciudadanas.

El principal problema que veo al escribir este artículo es que, desde luego, puede provocar resistencias, ¿de quiénes? Pues como yo soy marxista, la respuesta cae por su propio peso. Sin embargo, de antemano he de reconocer que así como no todos los marxistas nos sentimos identificados con, por ejemplo, el régimen estalinista, no todos los anarquistas deben ser vinculados con movimientos okupa o atentados bomba en diferentes lugares públicos.

Por lo anterior, este artículo se enfocará en la obra de Proudhon, Bakunin y Kropotkin para describir el foco del pensamiento anarquista, y de este modo contrastarlo con el marxista al punto de responder:

¿Qué es entonces el anarquismo? ¿Es una alternativa política para la clase obrera o por el contrario es una ideología propia de una clase diferente? ¿Tiene sentido la praxis anarquista? ¿Existe la posibilidad de conciliar el anarquismo con el socialismo científico?

Antes de iniciar la descripción de sus principales ideas, debemos hacer una introducción sobre la situación generalizada del momento. ¿Cuál era el contexto? Europa occidental se encontraba en pleno auge de la industrialización, lo que, con cada década que pasaba hacía más patente la proletarización de la población paralelo a la eliminación de otro tipo de actores históricos precapitalistas que hasta entonces existían, con la industrialización se instaura también un severo régimen laboral que con el tiempo ocasionaría la <<Cuestión Social>>, este intenso proceso de industrialización se manifestó también en una consecuente migración del campo a la ciudad, la cual en algunos casos derivó en niveles de hacinamiento desconocidos hasta ese entonces, conllevando también una concentración de enfermedades, delincuencia, tugurios, y un largo etcétera. Nos encontramos en pleno siglo XIX, siglo en el que los efectos de la revolución francesa en el plano político seguían vivos y vigentes. Así, las generaciones de filósofos, políticos y estudiosos que nacieron entre fines del siglo XVIII y 1850 tenían muy vivo el recuerdo pues, por una parte a pesar de no haberla vivido en carne propia, sus padres y abuelos sí que tenían la experiencia, y por otra el debate político de la época estaba moldeado directamente por las consecuencias de esta coyuntura. A pesar del intenso movimiento reaccionario de los diferentes gobiernos tras 1815, el debate estaba instalado, un debate que sumado a la evidente situación económica y social patente en la época derivó en un caldo de cultivo para el surgimiento de diferentes manifestaciones que trascendieron lo teórico e impactaron directamente la realidad.

Cuando hablo de impactar la realidad, me refiero a todas las apuestas políticas que azuzaron la lucha por el cambio. Estamos en un contexto extremadamente delicado y volátil, en una o dos generaciones el modo de vida de la mayor parte de la población había cambiado, y no precisamente para bien. Por supuesto, es en este contexto que las corrientes intelectuales del momento hicieron eco de la situación para entregar un diagnóstico y del mismo una solución.

Inmediatamente luego de 1815 y la Restauración posterior emergieron dos grandes posturas, la conservadora y la liberal.

La primera era, por supuesto, reaccionaria y entre sus postulados estaba el limitar al máximo posible esta idea tan novedosa que naturalizaba el cambio y validaba el poder en la ciudadanía. La segunda por el contrario buscaba promover el cambio, el progreso y acabar con este Antiguo Régimen.

Empero, este liberalismo durante la primera mitad del siglo XIX era muy borroso y variado. Contenía no solo al liberal clásico, sino también a un ala más radical que buscaba alcanzar un mundo sin privilegios a la vez de un mundo sin injusticia, desigualdades y capitalismo. Esta diferencia recién vino a manifestarse con la aparición del socialismo y consolidación del liberalismo como el gran centro político dominante que marcaría las diferencias entre los extremos y lo aceptable dentro de la cultura política del capitalismo.

Una vez el socialismo se separa del liberalismo, la etapa siguiente viene a ser la definición interna. Esto, en un sentido muy amplio vendría a significar la respuesta a preguntas como, ¿qué es el socialismo? ¿Cuál es el objetivo del socialismo? Y sobre todo, ¿cómo se logra este objetivo?

Entiéndase que estas preguntas en la praxis también fueron planteadas por el liberalismo y el conservadurismo.

Los liberales debieron asumir la esencia del Estado como parte íntegra del sistema mismo, lo que implicó que hacia la segunda mitad del siglo XIX la corriente liberal más antiestatista fuera excluida. Del mismo modo los conservadores asumen que la democracia liberal era un hecho, la podían detener, obstaculizar y limitar, pero irremediablemente llegaría y se instalaría, en tal situación se excluyó a las corrientes más romanticistas y autoritarias representadas por el socialismo reaccionario alemán que culminaría con los nazis en el poder.

Los socialistas al asumir estas preguntas entran en las siguientes disyuntivas,

Si se plantea la primera pregunta, entonces, ¿es el socialismo un movimiento opuesto al liberalismo? Si es así, entonces ¿el objetivo es que el capitalismo debe ser superado o solo mejorado? Y si debe ser superado, ¿cómo? Estas preguntas en parte fueron contestadas con la obra de Marx, y en parte a través  del debate interno entre los mismos socialistas.

Marx ya tenía esbozado en 1848 su programa de acción: el objetivo es superar el capitalismo y esto se logra luchando por alcanzar el poder político.

Sin embargo, esta hoja de ruta no era compartida por todos quienes hacia mediados del siglo XIX se declaraban socialistas. El debate más relevante era si se debía alcanzar o no el poder político, esto es, si se debía alcanzar el Estado mismo.

La estrategia marxista era tan social como política, y su apuesta era alcanzar el Estado, pero por el contrario el anarquismo discrepaba con esta estrategia, su apuesta en cambio era la lucha política sin alcanzar el Estado buscando derribarlo.

Como sabemos, con el pasar de las décadas esta estrategia fue minoritaria y excluida tanto a nivel político como a nivel geográfico, llegados a un punto entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX que el anarquismo en Europa se vio reducido a dos focos: España e Italia, y de estos muchos anarquistas migraron a América Latina, donde como era de esperar, también fueron opacados por los marxistas a partir de todo el siglo XX.

Si analizamos el período que va desde 1880 a 1980 veremos que la lucha política estuvo principalmente protagonizada por los socialistas en su búsqueda por alcanzar el poder mientras que el anarquismo entró en declive hasta el último tercio del siglo cuando su movimiento vuelve a recuperar impulso.

¿QUIÉNES FUERON LOS PRINCIPALES REPRESENTANTES DEL ANARQUISMO?

El anarquismo es un movimiento diverso, según Noam Chomsky (reconocido intelectual anarquista), una tendencia en el pensamiento humano que se manifiesta en diferentes formas en diferentes circunstancias, y tiene algunas características principales. Principalmente se trata de una tendencia que es sospechosa y escéptica de la dominación, la autoridad y jerarquía. Busca estructuras de jerarquía y dominación en la vida humana en todo los rangos, se extiende desde, digamos, las familias patriarcales hasta, por ejemplo, los sistemas imperiales, y se pregunta si esos sistemas están justificados. Asume que cualquier persona en una posición de poder y autoridad debe justificar esa posición. Su autoridad no es autojustificación. Deben dar una razón para su autoridad, una justificación. Y si no pueden justificar la autoridad, el poder y el control, que es el caso habitual, entonces la autoridad debe ser desmantelada y reemplazada por algo más libre y justo. Y, como yo lo entiendo, la anarquía es sólo esa tendencia. Toma diferentes formas en diferentes momentos.

Según lo visto, en este sentido puede ser entendido como un movimiento político muy amplio y con diferentes versiones y liderazgos, por este motivo nos centraremos en los tres principales pensadores que han moldeado e influido el movimiento anarcosindicalista: Pierre-Joseph Proudhon, Mijaíl Bakunin y Piotr Kropotkin.

Estos tres pensadores del siglo XIX pueden ser considerados los padres del anarquismo socialista vigente hoy en día. Repito, hay muchos otros movimientos que emergieron durante el siglo XIX y XX que también pueden ser considerados anarquistas, como el anarquismo cristiano, el anarcocapitalismo, el anarquismo primitivista, pero podemos coincidir que es el anarquismo socialista heredado por estos tres pensadores el que rivalizó en su momento con el marxismo y el que debe ser foco de nuestra atención.

Vayamos con el primero,

Pierre-Joseph Proudhon

Nacido en el seno de una familia de artesanos y campesinos en Besanzón, Francia, el año 1809. Este dato no es anecdótico, ya que influirá fuertemente en su visión y obra. Él vivió justamente los efectos directos de la revolución francesa y en una región en la que hasta 1789 había siervos de abadías que se iban orientando a fórmulas de cooperativas. También su vida familiar influyó bastante en su pensamiento, su padre, Claude Proudhon, era tonelero y cervecero, y consideraba que la cerveza que fabricaba debía venderse a un precio superior que el precio de costo, su salario que representaba el valor de su trabajo.

Sin querer entrar en una suerte de biografía porque no aporta en nada el objetivo del artículo, se deben destacar las principales ideas de Proudhon: defendía una economía mercantil pero sin la concentración de propiedad o capital, esto es, el mercado debía seguir existiendo pero a través de la pequeña comunidad inspirada en la época medieval. En su crítica a la propiedad privada, Proudhon la veía como la causante de todos los males.

El primer encuentro entre Marx y Proudhon se dio en París el año 1844 y fueron frecuentes durante un año en las cuales Marx trataba de inyectarle la dialéctica hegeliana al filósofo y socialista francés. A pesar de las coincidencias teóricas que ambos manifestaron, en los manuscritos parisinos de 1844 Marx criticó el igualitarismo que postula Proudhon en 1840 en ¿Qué es la propiedad?, el ver en la igualdad de salario el fin de la revolución social era para Marx un reformismo al por menor. Así, no es a través del igualitarismo y la atenuación, sino por la acentuación de la lucha de clases que se resuelve en Marx, la contradicción de la propiedad privada.

La ruptura entre Proudhon y Marx se dio en 1846, el 17 de mayo Proudhon le escribió una carta a Marx en la cual se declaraba partidario de un antidogmatismo casi absoluto en cuestiones de economía política. Marx escribió La Miseria de la Filosofía en 1847, obra que en realidad era un <<Anti-Proudhon>>. Se trataba de un libro polémico que enfrentó a la Miseria de la Filosofía del francés y dirigido principalmente a los exiliados alemanes en París. Proudhon es visto como un metafísico que especula con la justicia abstracta y eterna y su visión de la historia era de un idealismo extremo hegeliano, haciendo de la historia no una lucha de clases, sino que una lucha de ideas.

Para Proudhon se debía ir eliminando paulatinamente lo malo del capitalismo y reemplazarlo por lo bueno, de modo que el capitalismo debía ser reformado alcanzando así un “buen capitalismo” sin la necesidad de lucha de clases ni revolución mundial. Proudhon era partidario de perpetuar la pequeña propiedad privada y contrario a la gran propiedad capitalista que consideraba como robo, en este sentido y según esto el Estado debe desaparecer y, como no hay Estado, no hay propiedad y para que haya robo debe haber propiedad, entonces al no existir no es posible que se consume el robo.

Tampoco era partidario ni de un proletariado revolucionario ni de una revolución violenta, su solución a los problemas estaba en la construcción de un <<Banco del Pueblo>> que proporcionase crédito gratuito a través del cual los obreros intercambiarían sin necesidad de dinero los productos de su trabajo siendo los obreros dueños de los medios de producción.

Pese a que el anarquismo desea destruir el Estado, Proudhon entró en directa conversación con Napoleón III para ver si éste apoyaba sus propuestas en su régimen.

Marx y Engels criticaron duramente a Proudhon por considerar que su posición era en extrema propia de la pequeña burguesía que diviniza la contradicción pues esta se manifiesta en extremo dentro de su ser, así: 1) Enaltecía la pequeña propiedad privada de los medios de producción, 2) su propuesta era vista como reaccionaria, especialmente los “Bancos del Pueblo” que aseguraba la colocación equitativa a los trabajadores sin atacar y liquidar la propiedad capitalista de los medios de producción, 3) Proudhon veía en la miseria, solo la miseria misma y no su lado revolucionario que debería derrocar al orden vigente.

En estricto rigor, Proudhon propone solo un reformismo relacionado a la distribución, no a las relaciones sociales de producción.

Mijaíl Bakunin

Nacido el 30 de mayo de 1814 en el imperio ruso, su padre era un terrateniente liberal que fue diplomático en París durante la Toma de la Bastilla. Tras la toma del trono por parte de Nicolás I se retiró a vivir al campo donde según las fuentes poseía mil siervos.

La ideología de Bakunin, como la de Proudhon, fue moldeada por su realidad social del momento. Perteneció desde que tenía 15 años a la Academia de Artillería de San Petersburgo, luego de tres años pasaría a la Guardia Imperial Rusa a Minsk y a Goradnia. Con el tiempo Bakunin asumiría una posición contraria al despotismo.

Bakunin luego de abandonar su carrera militar se instaló en Berlín para estudiar (conociendo en ese proceso la filosofía occidental y particularmente a Hegel). La revolución de 1848 lo sorprendió en Praga, donde las autoridades lo detienen y envían a Rusia siendo condenado a Siberia donde logra escapar y termina refugiándose en varias ciudades europeas instalándose luego en Suiza.

En su juventud Bakunin fue un idealista hegeliano alejado de la política, poco a poco se iría inclinando hacia políticas radicales, sin embargo, no sería hasta la década de 1860 que comenzaría a perfilar su anarquismo. La obra cumbre de Bakunin fue Estatismo y anarquía (1873).

En 1864 conoció a Marx en Londres, de quien se enteró de la fundación de La Internacional con quien se compromete a cooperar, sin embargo, Bakunin mantenía la opinión de que Marx exageraba la importancia de la clase obrera al tiempo que sostuvo que intelectuales, estudiantes, la clase media y el lumpenproletariado eran los más probables agentes de la revolución. Por esta razón Bakunin comenzó su actividad no en el movimiento de los trabajadores, sino que en una organización burguesa llamada la Liga de la Paz y la Libertad en Suiza. Fue elegido para el comité central, sin embargo termina separándose con una minoría poco significativa.

Es en este momento que entra en la sección Romanda de la AIT en Ginebra a fines de 1868 con el fin de formar en su interior una fracción anarquista. Sin embargo tenía un problema, la Internacional estaba encabezada por el consejo de Londres donde Marx tenía una influencia importante. Para lograr su objetivo entonces, Bakunin tenía que socavar el consejo General y ensuciar el nombre de Marx.

La ruptura de Bakunin con Marx empezaría con las sociedades secretas en las que Bakunin era partidario e integrante, estas operaban en paralelo a la Internacional. En 1872 Bakunin sería expulsado de la internacional en su confrontación con Marx. En el Congreso de la Haya se procedió a expulsar a Bakunin con 27 votos a favor de la expulsión, 7 en contra y 8 abstenciones.

Bakunin y Marx chocaron prácticamente en todo: tanto en la doctrina que debían inculcarle a los obreros, como en las tácticas que debían asumir. Al igual que Proudhon, Bakunin atacaba a Marx por su idea de la “dictadura del proletariado”, decantándose por la rebelión espontánea de elementos desclasados y el campesinado.

Bakunin mezclaba el materialismo con el idealismo, ergo eclecticismo extremo. Del mismo modo seguía a Proudhon en que la libertad del individuo es el objetivo supremo de la evolución del género humano. Asimismo, se inspiraba en Saint-Simon cuando exigía la abolición del derecho de herencia. Como le escribía Engels a T. Cuno, «Bakunin tiene una teoría original, que es una mezcolanza de proudhonismo y comunismo. Por cierto, el punto básico de su proudhonismo es la idea de que el mal más grave, con el que hay que acabar, no es el capital, no es, por tanto, el antagonismo de clase que el desarrollo social crea entre los capitalistas y los obreros asalariados, sino el Estado»

En este sentido, los principales males según Bakunin, eran la religión y el Estado, de hecho la primera la definía como una “locura colectiva” que permitía el sometimiento y la opresión justificada. Así mismo, si el Estado no era destruido, nunca se alcanzaría la plena libertad, cuya propuesta post mortem del mismo, era la creación de federaciones libres de asociaciones agrícolas y artesanos – fabriles.

Su interés estaba puesto en que el trabajo se organizase al margen de toda autoridad política, de ahí a que su tendencia fuera denominada “anarcosindicalismo”. En su concepción, libertad sin socialismo genera privilegios para unos pocos, mientras que socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad, de ahí a que hiciera énfasis en la destrucción del Estado mediante estrategias ajenos al Estado mismo. En su planteamiento el hombre y el Estado están contrapuestos siendo el Estado, una realidad indeseable que corrompe a las personas más inteligentes y abnegadas. El estado mientras exista existirán guerras, y todo gobierno incluso si es votado por sufragio universal termina siendo despótico.

Siguiendo con este planteamiento, la política en Bakunin es una superestructura de la sociedad, y es que el hombre en realidad es un animal comunitario (zoom koinonikon) -propio de la visión epicúrea y de algunos estoicos y no un animal político (zoom politikon) propia a la visión aristotélica. Es decir, tras la eliminación del Estado desaparecerán instituciones políticas, burocráticas, judiciales, académicas, financieras y económicas, y en este sentido, el individuo alcanzará libertad absoluta llevando a la formación de federaciones de trabajadores que se organizarán en virtud a sus propios deseos.

Es por esto que Bakunin contrapondría su comunismo libertario con el comunismo autoritario de Marx, pues el primero no quería sustituir el Estado burgués por una dictadura del proletariado, sino que por unas redes de asociaciones cuya unión sería rigurosamente voluntaria. Para Bakunin, Marx buscaba organizar al proletariado en un Estado a través de la inteligencia y el saber de la minoría instruida, que como es natural se declara partidaria del socialismo y que en beneficio de las masas ignorantes y necias ejerce sobre éstas una autoridad legítima.

Esta disyuntiva se materializó en criterios diferentes frente a la compleja situación político y social del momento.

Por ejemplo en Francia, tras iniciar su guerra con Prusia en 1870, Bakunin apoyó a Francia por miedo a que se convirtiera en una colonia alemana. Por su parte, Marx proclamó a través del Consejo General, “Una política exterior que persigue designios criminales, jugando con los prejuicios nacionales y despilfarrando en las guerras de piratería la sangre y el tesoro del pueblo”, Marx denunciaría ferozmente a Napoleón III señalando que quien ganase, las últimas horas del imperio habían llegado. El 2 de septiembre Napoleón se había rendido y la República había sido declarada pero la guerra continuaba, en esta segunda fase Prusia ya no luchaba a la defensiva sino que aplicaba una guerra de rapiña contra el pueblo francés en su intento por quedarse con Alsacia-Lorena y saquear Francia. Marx, tras la proclamación de la república emitió un segundo manifiesto sobre la guerra en la cual se mostraba absolutamente contrario a cualquier política anexionista, instaba a los obreros alemanes a rechazar la guerra y reconocer la república en Francia, y a los obreros franceses los aconsejó para mantenerse vigilantes con la burguesía en el poder y utilizar las herramientas republicanas para organizarse y fortalecer su organización de clase con el fin de luchar por su emancipación, no obstante, Marx advirtió a los trabajadores franceses de no tomar el poder en las circunstancias actuales.

Por su parte, Bakunin hizo todo lo posible para promover la revuelta a toda costa. Así, una vez se enteró del levantamiento en Lyon, fue a la ciudad el 28 de septiembre, se instaló en el Ayuntamiento, y declaró abolida la maquinaria administrativa y burocrática Estatal, proclamando la Federación Revolucionaria de la Comuna. Tal fue su rechazo a la autoridad, que olvidó poner guardias en las puertas del Ayuntamiento, por lo cual una vez el Estado francés se manifestó a través de la Guardia Nacional, fue capaz de entrar sin problema alguno arrestando a todos los que estaban dentro.

Frente a tal situación Marx escribe:

Londres, 19 de octubre 1870

«En cuanto a Lyon, he recibido cartas no aptas para su publicación. Al principio todo fue bien. Bajo la presión de la sección «Internacional», se proclamó la República antes de que en París se hubiese dado ese paso. Un gobierno revolucionario fue a la vez establecido – La Comuna – compuesto en parte de trabajadores pertenecientes a la «Internacional», en parte de republicanos radicales de clase media. Los octrois [impuestos interiores de aduanas] fueron abolidos de una vez, y con razón. Los intrigantes bonapartistas y clericales fueron intimidados. Se tomaron medidas enérgicas para armar a todo el pueblo. La clase media comenzó, si no a simpatizar con el nuevo orden de cosas, al menos a someterse en silencio. La acción de Lyon se hizo sentir, a su vez, en Marsella y Toulouse, donde las secciones de la ‘Internacional’ son fuertes.

Pero los asnos Bakunin y Cluseret llegaron a Lyon y lo estropearon todo. Al pertenecer ambos a la «Internacional», por desgracia, han influido lo suficiente como para inducir al error a nuestros amigos. El Ayuntamiento fue tomado por un corto tiempo – fueron emitidos un decreto de lo más estúpido sobre la abolición de l’Etat [abolición del Estado] y tonterías similares. Usted entiende que el hecho mismo de que un ruso – presentado por los periódicos de la clase media como un agente de Bismarck – pretendiéndose imponer a sí mismo como el dirigente de un Comite de Salut de la France [Comité de Salvación de Francia] era suficiente para cambiar el equilibrio de la opinión pública. En cuanto a Cluseret, se comportó como un tonto y un cobarde. Estos dos hombres han dejado Lyon después de su fracaso.

En Ruan, como en la mayoría de las ciudades industriales de Francia, las secciones de la Internacional, siguiendo el ejemplo de Lyon, han forzado la admisión oficial en los «comités de defensa» de los elementos de clase obrera.

Sin embargo, debo decirle que, de acuerdo a toda la información que recibo de Francia, la clase media en general prefiere la conquista de Prusia a la victoria de una República con tendencias socialistas«

Algo similar ocurrió tras la toma de París. Como Marx había dicho, la burguesía francesa mostraría su cobardía al querer firmar con Bismarck un acuerdo en contra de la clase obrera, la cual estaba dispuesta a luchar contra las fuerzas de Prusia. El intento de la burguesía francesa por desarmar a la clase obrera parisina fue la gota que colmó el vaso y la chispa que encendió la llama de París. Los trabajadores se tomaron la ciudad y se erigió la famosa «Comuna de París» cuya duración fue del 18 de marzo al 29 de mayo de 1871.

Marx, en su manifiesto conocido como La Guerra Civil en Francia que publica días después de la derrota de la comuna, defiende a los obreros que hasta ese entonces estaban siendo demonizados por la prensa burguesa y además indica que la Comuna de París era el prototipo de un Estado obrero futuro, una expresión concreta de la «dictadura del proletariado».

Basándose en la experiencia tras las revoluciones de 1848, Marx había llegado a la conclusión que no bastaba con la toma del poder por parte del proletariado, además el Estado burgués debía ser demolido y en su lugar erigir un nuevo Estado, uno obrero administrado democráticamente por la clase proletaria, un Estado transicional que evoluciona a su propia disolución. Bakunin llegó a una conclusión absolutamente opuesta, su oposición a la política y al Estado se hizo aún más insistente, preconizando la creación de comunas en ciudades separadas tan pronto como fuera posible con la idea de que las comunas inspirarían a otros pueblos a seguir su ejemplo. Pero precisamente una de las razones -la más importante- de la derrota de la comuna fue porque se mantuvo aislada en París, tal y como lo explicó Marx lo que se requería era marchar sobre Versalles, donde estaba la base de la contrarrevolución y aplastar al enemigo antes de que éste aplastara la comuna (como lamentablemente ocurrió).

Tiempo después Garibaldi respondió a Bakunin y a sus seguidores:

Ustedes tienen la intención, sobre el papel, de hacer la guerra a la mentira y la esclavitud. Ese es un programa muy bueno, pero creo que la Internacional, en la lucha contra el principio de autoridad, comete un error que impide su propio progreso. La Comuna de París cayó porque no había ninguna autoridad en París, sino sólo la anarquía. España y Francia están sufriendo el mismo mal

Podría esbozar más, pero creo que con esto es más que suficiente en relación con el objetivo de este artículo.

Piotr Kropotkin

Conocido en español como Pedro Kropotkin, fue un geógrafo y naturalista de origen ruso nacido en 1842 en Moscú. Es considerado como uno de los principales pensadores y fundadores dentro de la escuela del anarcocomunismo.

Su origen dentro de Rusia es bastante noble, su familia era aristócrata terrateniente. Su padre era el príncipe Alekséi Petróvich Kropotkin, dueño de grandes latifundios y poseía más de 1000 siervos, su linaje se trazaba hasta los Rúrik.

Finalizada su preparación, sirvió al ejército ruso entre 1862 y 1867, periodo en el que fue comisionado a una expedición en Siberia como parte de su servicio militar. Durante este período realizó varias exploraciones en el territorio inexplorado de Manchuria, lo que contribuyó en la investigación científica sobre fauna, restos fósiles, y la geografía siberiana, pero además Kropotkin se quedaría con la idea del cooperativismo y el apoyo mutuo que vislumbró entre los animales, lo que luego se vería reflejado en su pensamiento anarquista.

A partir de una insurrección de prisioneros en Siberia seguida de una fuerte represión por parte de las autoridades zaristas llevaron a que Piotr y su hermano abandonaran el servicio militar. Tras su regreso a San Petersburgo en 1867, Kropotkin se dedicó al estudio de la geografía, para luego ser nombrado secretario de la sección de Geografía Física de la Sociedad Geográfica rusa. Durante los años siguientes, realizaría importantes contribuciones al estudio geográfico de Finlandia, Suecia y la orografía de Asia.

A la par con sus estudios y trabajos geográficos, se dedica a estudiar los escritos de los principales teóricos del pensamiento político y a solidarizarse de la penosa situación del campesinado en Rusia y Finlandia.

En febrero de 1872 parte a Zúrich -Suiza- para conocer el movimiento obrero europeo, en ese momento contacta con exiliados rusos que estaban fuertemente influenciados por las ideas de Bakunin, también contactó con sectores marxistas pero no le agradó esa versión de socialismo, por lo que tiende a acercarse más a las ideas anarquistas de Bakunin.

De regreso a Rusia, Kropotkin compatibilizaría su trabajo como geógrafo y su activismo político, en San Petersburgo asistía a las reuniones nocturnas del Círculo Chaikovski con un nombre falso, ya en aquel entonces la policía zarista había detenido a muchos miembros de dicho círculo. A finales de 1873 fue arrestado, su detención causó gran revuelo sobre todo al mismísimo emperador ya que durante años Kropotkin había sido su ayudante personal. Fue encarcelado en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, pero ya en 1876 lo trasladan a la prisión de San Petersburgo, aunque, a raíz de su deterioro físico los médicos prescribieron su traslado al hospital de la prisión, poco después Kropotkin huiría de prisión y también del país.

En agosto de 1876 terminaría refugiándose en Inglaterra y luego partiría a Suiza en diciembre de 1876 donde se incorpora a la Federación del Jura. Durante un par de años contacta con pensadores y luchadores anarquistas como Carlo Cafiero y Errico Malatesta viajando a diferentes puntos de Europa occidental, no obstante en Francia las actividades de Kropotkin llamaron la atención de la policía por lo cual debió retornar a Ginebra a principios de 1878.

El 8 de octubre de 1878 contrajo matrimonio con Sofía Ananiev, poco después funda Le Révolté, un periódico anarquista que tuvo un éxito inicial que ya para 1879 contaba con 550 suscriptores. Desde estas páginas Kropotkin comenzaría a presentar sus primeras ideas del anarcocomunismo que con el tiempo desarrollaría.

Su vida continuaría como un fuerte activista anarquista hasta su arresto y encarcelamiento en Francia entre el año 1882 y 1886, luego se trasladaría a Inglaterra, lugar donde mantendría su exilio 3 décadas. Es a partir de 1890 que su activismo político mengua a la par que crece su desarrollo como intelectual y pensador, durante este período viajaría a Canadá y Estados Unidos para realizar conferencias relacionadas a su pensamiento anarquista.

Durante los años previos a la primera guerra mundial Kropotkin rompe con el tradicional antibelicismo anarquista y se declina por la Francia republicana en contra del imperio alemán al cual consideraba el mayor peligro, esto lo llevó a distanciarse de antiguos amigos y colegas anarquistas.

Finalmente, una vez iniciada la revolución rusa, Kropotkin regresa a Rusia en 1917 tras 41 años de exilio. Él fue testigo de los eventos que configuran el devenir de la misma llegando a entrevistarse con Lenin. En febrero de 1921 fallece a raíz de una neumonía.

¿En qué consistían las ideas de Kropotkin?

En primer lugar, Kropotkin rechazaba la dialéctica y creía que el único método científico válido era el inductivo-deductivo de las ciencias naturales.

Así como Bakunin y Proudhon, rechaza el Estado como hecho prioritario en la existencia de clases y su desigual reparto de la riqueza. Así mismo, propone la abolición de la propiedad privada y el dinero. En este sentido cada individuo es libre de contribuir a la producción y satisfacer sus necesidades según sus necesidades. Eliminando el trabajo asalariado y distribuyendo el producto colectivo según las necesidades de cada persona, cada uno sería libre de participar en cualquier actividad que les parezca adecuada.

Por otra parte, Kropotkin rechazaba el valor trabajo, esto pues, según su pensamiento no hay ninguna forma para medir el valor de contribución económica de una persona, asumiendo además que la economía de mercado y el sistema de precios divide al trabajo en clases regulando la producción, distribución y consumo, limitando en el acto la capacidad de consumir el producto del trabajo. Siguiendo esto, la economía debería abolir la idea de dinero pues la producción sería autogestionada, distribuida en tiendas comunitarias donde todos los individuos tengan la posibilidad de consumir según sus propias necesidades.

Finalmente, su idea anarco-comunista difiere con el anarquismo de Bakunin ya que éste propone la propiedad colectiva en el poder de asociaciones con ganancia individual, sin embargo Kropotkin niega que la repartición de la producción sea individual a partir de su “valor-trabajo”, en este sentido refuta a los anarco-colectivistas quienes consideraban imprescindible que el trabajador recibiera en proporción a su aporte, de este modo para los anarcocomunistas cualquier producto y bien económico es en realidad, fruto de la cooperación de los trabajadores tanto dentro del país como en el extranjero, tanto en el presente como en el pasado.

En este sentido: ¿Cómo se puede establecer que un ingeniero merece una parte mayor del producto que un obrero? ¿Es que acaso ese ingeniero pudo estudiar y desarrollarse solo sin auxilio de ninguna parte? ¿Cómo se puede determinar el costo que se asume con un obrero en la sociedad cuando éste, a diferencia de un profesional, tiene una vida más pauperizada?

HACIA UNA SÍNTESIS

Habiendo hecho un barrido de los tres principales exponentes del anarquismo histórico, puedo esbozar sus principales desencuentros con el marxismo.

Si bien es cierto, su crítica hacia el capitalismo en términos muy generales es compartida, las diferencias de fondo son:

  • La organización política
  • La táctica
  • El Estado

Cada uno de estos puntos tiene una directa relación con las teorías marxista y anarquista.

En primer lugar, el marxismo tiene una hoja de ruta clara y realista conectada con un amplio conocimiento teórico de la realidad social, el anarquismo no.

Desde que se escribió y publicó el Manifiesto Comunista en 1848, se tenía clara noción de cuál era la organización política de la clase obrera, una organización centralizada en el Partido Comunista. Un partido que representa a la clase proletaria y, en esencia, mantiene una actitud revolucionaria pues su objetivo es tomar el poder revolucionariamente e iniciar su camino hacia el socialismo, pero así mismo, este partido debía mantener una lucha constante dentro de los marcos de la república burguesa con el fin de mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora.

En el mismo Manifiesto Comunista encontramos:

En suma, los comunistas apoyan en los diferentes países todo movimiento revolucionario contra el estado de cosas social y político existente

En todos estos movimientos ponen por delante la cuestión de la propiedad, cualquiera que sea la forma más o menos desarrollada que revista, como la cuestión fundamental del movimiento

(…)

Los comunistas no se cuidan de disimular sus opiniones y sus proyectos. Proclaman abiertamente que sus propósitos no pueden ser alcanzados sino por el derrumbamiento violento de todo el orden social tradicional. ¡Que las clases directoras tiemblen ante la idea de una revolución comunista! Los proletarios no pueden perder más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo por ganar.

La tarea revolucionaria de la clase obrera organizada en el Partido Comunista es clave, pero también es importante luchar por cada una de las reformas que dentro del sistema puedan mejorar la condición de vida de los obreros.

En Chile por ejemplo luchar por el aumento salarial de la clase trabajadora no puede ser sino una conquista que se materializará en una mejora en la vida cotidiana de millones de personas.

El anarquismo en cambio mantiene una propuesta superficial y confusa. Bakunin por ejemplo no dudó en centralizar el movimiento anarquista de su época en él mismo.

Olvidando temas puntuales, el anarquismo en sí -al menos este anarquismo al que hacemos referencia- niega la existencia de dirigentes, ya que los dirigentes se venden o son pervertidos por el Estado si es que llegan a puestos en la administración pública. Esta idea es mantenida por Proudhon, Bakunin y Kropotkin. En otras palabras, si el dirigente se vicia en su proceso como dirigente, ¿cuál es el sentido de tenerlos? Sin embargo, esta idea no tiene el más mínimo análisis crítico.

Vayamos a lo más simple.

Esta creencia en “los dirigentes se vician” no es un argumento lógico, sino que una falacia, específicamente la Afirmación del Consecuente.

Es decir, si A es B, entonces B es A.

O puesto en ejemplos más prácticos:

Si al comer me alegro, entonces si estoy alegre es porque he comido.

Cuando hago deporte sudo, si estoy sudado es porque he hecho deporte.

Los dirigentes políticos y sindicales se corrompen, entonces si estás corrompido es porque eres político.

Es decir, la primera afirmación indica una verdad, “al comer me alegro”, “al hacer deporte sudo” o “los dirigentes se corrompen”, pero la siguiente no, si estoy alegre no necesariamente es porque haya comido, que esté sudado no significa que he hecho deporte, ni ser dirigente implica corromperse como una relación mecánica.

Es por este motivo que el problema en esencia, no son los dirigentes, el problema es cómo se controla a los dirigentes. El dirigente no debe ser más que un representante que coordine, apoye y que actúe en democracia dentro de su propio organismo. Solo así se previene la corrupción.

Los dirigentes tienen un valor táctico y fundamental dentro de todo movimiento político: en ellos descansa el papel de la responsabilidad y representación, deben por lo tanto, ser las personas con más experiencia en tal materia. Esto no puede caer dentro del azar, si decidimos abrir un restaurant entre personas con el mismo aporte inicial y cada uno con diferentes habilidades desarrolladas, se dividirán las funciones, aquellos que tengan desarrolladas sus habilidades de cocina se dedicarán a cocinar, quienes tengan experiencia atendiendo al público, deberán encargarse de labores como meseros y administrar la caja, lo mismo aplica para tareas de aseo y la publicidad (por ejemplo en Redes sociales). En este mismo restaurant, debe existir un jefe de cocina o un chef que se encargue de dirigir y coordinar el trabajo de los cocineros, con especial importancia si estos cocineros son más de 5 o 10, entonces ¿quién será el chef? Pues como debiera ser lógico, el que tenga mayor experiencia en cocina, no cualquier cocinero ya que las habilidades y la experiencia no está pulida al mismo nivel. ¿Acaso el resto de los cocineros no tiene la misma capacidad? Pues sí, la tiene, pero la experiencia y la habilidad no está igualmente desarrollada. Del mismo modo, este restaurant dependiendo de su tamaño va a requerir alguien que lo administre con eficiencia, ¿quién estará a cargo de ese puesto? La persona con mayor experiencia en dicho tema. Es también importante aclarar que en este caso hipotético que opera como ejemplo no me refiero a la figura de un jefe, administrador o dueño como con el capitalismo, ya que estoy abstrayendo la forma del contenido, y el dirigente no es en sí, más importante que el resto de los trabajadores, así como el chef no es más importante que los cocineros, solo que su trabajo, tiempo y energía se enfoca en objetivos diferentes.

Esto último debe ser recalcado, dirigir no debe ser relacionado solo con mandar y ordenar. Dirigir es liderar y guiar, ante todo, el líder no es el jefe del capitalismo. El líder depende de los trabajadores tanto como los trabajadores de él. El líder al igual que en una democracia real, debe rendir cuentas a su respectivo equipo para poder mantener su cargo como líder.

La forma es la misma que en el capitalismo, pero la esencia es completamente diferente. El líder en el capitalismo no está ahí necesariamente por sus méritos, ni tampoco depende de sus trabajadores ya que no rinde cuentas ante ellos (una realidad patente entre más arriba nos encontremos en la jerarquía de la organización), ni en las democracias occidentales sucede eso, tampoco en los partidos políticos. En cambio, el líder en el socialismo es un compañero y trabajador más, que llega ahí por sus méritos validado por su propio equipo, por eso es tan importante el control interno inexistente en las organizaciones capitalistas donde los procesos de ascensos y designaciones de cargos en la mayor parte de los casos son decididos en una oficina desligada de toda participación de los trabajadores, lo cual es lógico, la decisión de un CEO o un gerente es tema de la mesa directiva y/o accionistas quienes buscan por sobre todo personas de confianza y de su propio interés.

Lo anterior no es imposible, a lo sumo es muy difícil, pero si se argumenta que no se puede, ¿cuál es el motivo? En última instancia vendría a ser que los mismos trabajadores son incapaces de controlar a su dirigencia, en cuyo caso ¿cómo van a ser capaces de organizarse por su cuenta si son supuestamente incapaces de controlar a una persona? Entiéndase que para los trabajadores debería ser más complicado controlarse ellos mismos que a sus líderes.

Ahora hablemos de la táctica.

El marxismo como ya he dicho, lo tiene claro: la organización política y la revolución hasta la dictadura del proletariado. Los anarquistas en general han manifestado tres tácticas diferentes:

  1. Los anarquistas pacíficos
  2. Partidarios de la sublevación social y enemigos del terror individual
  3. Partidarios de la sublevación social y el terror individual

Obviaré a los primeros porque por norma corresponde a este anarquismo aristocrático y reaccionario por lo cual, en la presente no viene al caso trabajar sobre estos.

Todas las corrientes del anarquismo tienden a observar con repugnancia la lucha política y tienden a concentrar todo su esfuerzo en la lucha económica. Para el marxismo que el fin sea la liberación económica es un punto que nos hace coincidir con los anarquistas, pero el medio siempre será el político. Así, la lucha organizada contra el capital es precisamente una lucha política independiente de la forma que tome.

Todo obrero consciente sabe que mientras no existan condiciones para establecer la dictadura del proletariado, deberá votar para que sus representantes sean miembros de su clase, porque cada uno de los representantes de la clase obrera, es un representante menos que tiene la burguesía, estos representantes, por pocos que sean, representan una derrota a la burguesía en su propio juego y podrán promover tenues pero significativos avances en la lucha política de la clase obrera.

La inconsistencia de la táctica anarquista se evidencia con fuerza cuando es necesario llevar a cabo alguna medida que exige una ofensiva organizada contra el capital. Ejemplos de estos hay muchos, por ejemplo en Barcelona en 1936 a través de la insurrección los obreros anarquistas tenía el control de la ciudad, mediante su valiente acción impidieron la victoria fascista en 1936, luego eligieron comités para el control de las fábricas y establecieron milicias obreras, a este punto el viejo Estado burgués había fallecido y solo quedaba el poder obrero; hubiera sido muy sencillo crear un gobierno y elegir delegados para las fábricas y las milicias, pero la dirección de los anarquistas no fue en esa dirección, incluso cuando Lluís Companys (el expresidente del gobierno burgués de la ciudad) los invitó a tomar el poder, estos se negaron a hacerlo lo cual fue fatal para la revolución ya que poco a poco la burguesía aliada al estalinismo reconstruyó el viejo poder estatal en Catalunya y con ello desarmaron a las milicias populares aplastando los elementos del poder obrero.

¿Qué hicieron entonces los “dirigentes” anarquistas? ¡Pues entraron al gobierno burgués y ayudaron a naufragar la revolución! Una decisión que solo se puede entender si sumamos la inservible táctica política del anarquismo más las condiciones históricas del momento. Esto no fue por obra de unas manzanas podridas en la dirección anarquista, sino que fue producto de una teoría y praxis débil e incoherente del anarquismo, ya que sin una brújula teórica que te entregue los pasos a seguir las decisiones se toman en la marcha.

Esta negativa anarquista a destruir el Estado burgués mediante la construcción del Estado obrero les condena a perturbarlo aisladamente, por medio de la confiscación de propiedades determinadas, empujándolos por la senda de los pequeños ataques contra capitalistas aislados y del terror contra agentes determinados del régimen como sucedía en Rusia. Tal táctica solo es capaz de asustar aisladamente a los capitalistas, no a su clase completa.

Revisemos por ejemplo, su táctica más consolidada y que desempeñó y desempeña un gran papel en el movimiento obrero internacional, el anarcosindicalismo;

Sus postulados son:

  1. Para conseguir la liberación del capitalismo, los obreros deben organizarse en sindicatos profesionales eludiendo la organización de un partido político de la clase obrera.
  2. Los sindicatos se unifican en una unión general o federación de sindicatos.
  3. En períodos de paz, los sindicatos realizan diariamente una lucha económica contra el capital, su arma fundamental es la huelga general.
  4. Tras la liquidación del régimen capitalista, la clase obrera no crea ningún Estado, y los sindicatos -que hasta entonces eran órganos de lucha contra el capital- pasan a ser órganos de dirección de la industria.
  5. Utilizando la lucha política, especialmente la lucha parlamentaria, la clase obrera no podrá conseguir nada y servirá de instrumento para el engaño burgués. De este modo, la organización en partido político no es necesaria porque distrae al obrero de su único camino hacia la emancipación.

Si observamos con detenimiento, ¿cuál es la estrategia más contundente contra el capital? Pues la huelga general. En sí, la huelga es una lucha clara y decisiva muchas veces para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora, por eso los marxistas la apoyamos, así como puede significar un fuerte golpe al poder gobernante, pero en ningún caso condiciona la caída de régimen alguno. Basta recordar la huelga general de octubre de 1905 en Rusia.

Con lo anterior se nos va lo medular: el anarquismo no ve en el obrero la clase esencialmente revolucionaria, sino que asume además que el lumpenproletariat y el campesinado también ocupan esta posición.

Marx indica en cambio que la posición de clase revolucionaria le corresponde al proletariado porque éste se ha liberado de los medios de producción y ataduras políticas, diferencia esencial con otras clases como el campesinado o el esclavo. En este sentido el artesano medieval tenía sus medios de producción y se encuentra atado a estos, su mente se contenta y absorbe en él, vive una relación servil con su trabajo (lo mismo ocurre con los campesinos que poseen propiedad sobre pequeños lotes). Ergo, está cautivo en sus condiciones de trabajo tradicionales. El proletariado en cambio existe porque se han roto esas ataduras con los medios de producción, ya no se preocupa de ese trabajo que realiza, ciertamente se ha alienado, pero a la vez esa alienación es constatación de su libertad, este trabajador moderno dedica su tiempo a trabajar con herramientas que no son suyas para producir mercancías que tampoco serán íntegras de su propiedad. A diferencia del artesano y campesino que poseen sus medios por más miserables que sean sintiéndose identificados con ellos sin la capacidad de pensar fuera de la caja porque generación tras generación está relacionado con dicho oficio y confinado al mismo. Para Marx, el trabajo medieval es concreto, pero no es universal. El trabajo moderno, en cambio, es universal, pero abstracto (en consecuencia el trabajo comunista debe ser concreto y universal). Como el obrero realiza labores específicas que muchas veces su propia capacitación toma un par de semanas (o menos), el trabajo se asume como puro gasto de energía, lo que lleva a que el obrero aspire a más.

Esta es la razón sociológica del porqué el obrero, y no un campesino sea en esencia revolucionario. ¿Qué ha emergido un movimiento importante de campesinos? Sí, pero son campesinos sin tierras precisamente, campesinos proletarizados.

Por esto la “igualación de clases sociales” de Bakunin es ilógica. Diferentes clases sociales implica diferentes intereses.

El campesino con su lote, al igual que un pequeño burgués que administra su panadería, no están interesados en el aumento del salario de la clase trabajadora, y mucho menos en la socialización de los medios de producción. El lumpenproletariat por su parte no trabaja, como clase es no es más que reflejo de los problemas del capitalismo en la actualidad, por lo que debe desaparecer.

Pero sobre todo, lo que más problemas genera al anarquismo es su teoría relacionada al Estado.

Como ya sabemos, los anarquistas se declaran absolutamente enemigos del Estado, por tanto una vez caído el capitalismo, su ideal no estará en la creación de un Estado obrero, tal y como lo manifestó Kropotkin:

Nosotros vemos en él una institución que en el transcurso de toda la historia de la sociedad humana sirvió para impedir la unión de todas las gentes entre sí, sirvió para obstaculizar el desarrollo de la iniciativa local, para ahogar las libertades ya existentes, y estorbar la aparición de otras nuevas. Y nosotros sabemos que una institución que existió durante varios siglos y que se consolidó firmemente adoptando una forma determinada con el objetivo de cumplir un determinado papel en la historia, no puede ser adaptada para un papel contrario

El Estado y su papel histórico

Malatesta:

El Estado no crea nada, aun llevado a la perfección es una institución superflua, que gasta inútilmente las fuerzas populares

El sistema abreviado del anarquismo

Es importante destacar que los anarquistas protestan contra el Estado explotador capitalista, lo cual coincide con el diagnóstico marxista, y por otra extienden su crítica a todo tipo de Estado, incluyendo el obrero. Esta crítica nos separa abismalmente.

Pero es que la crítica de los anarquistas en realidad entiende que no puede existir el Estado obrero, porque una vez éste nace, se provee de una élite política (por ejemplo el partido) que permite la creación de una nueva élite, por eso no hay motivo para pensar en un Estado obrero.

Sin embargo la experiencia histórica desmiente la teoría anarquista.

Así, la primera experiencia de Estado obrero la entregó la Comuna de París, comuna que el mismo Kropotkin utiliza como ejemplo de anarquía, mas sin embargo, esta comuna representaba más un “Estado” embrión. Si bien era una experiencia novedosa, mantenía las bases que todo Estado posee: poseía un órgano legislativo que todos debían cumplir, no destruyó los tribunales sino que los jueces pasaron a ser electos por el pueblo, no destruyó los ejércitos sino que lo popularizó, y así sucesivamente.

Por su parte, Marx nos indica en La lucha de clases en Francia,

“En los últimos tiempos el filisteo alemán comienza de nuevo a sentir un enorme terror al oír las palabras: dictadura del proletariado. ¿Quieren saber, estimados señores, en qué consiste esta dictadura? Ved la Comuna de París. Esto era la dictadura del proletariado”

Podríamos resumir la esencia organizativa del Estado proletario en los 4 siguientes postulados que el mismo Lenin indicó:

  • Elecciones libres y democráticas con derecho a revocación de todos los cargos públicos.
  • Ningún cargo público puede recibir un salario más alto que un trabajador cualificado.
  • No al ejército permanente o fuerza de policía, sino el pueblo en armas.
  • Gradualmente, todas las tareas administrativas deben ser realizadas por todos. «Cada cocinero debe ser capaz de ser primer ministro – Cuando todo el mundo es un ‘burócrata’, por turnos, nadie es un burócrata»

El primer problema con la percepción anarquista de la realidad proviene con el análisis del Estado mismo.

Citando a Engels:

Así, pues, el Estado no es de ningún modo un poder impuesto desde fuera de la sociedad; tampoco es «la realidad de la idea moral», «ni la imagen y la realidad de la razón», como afirma Hegel. Es más bien un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables, que es impotente para conjurar. Pero a fin de que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del «orden». Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado

El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado

Esto es, el Estado no es la causa de los problemas, sino que la representación de estos al nivel más tangible que se puede expresar.

Si entendemos que las diferentes sociedades se desarrollaron en directa relación de sus fuerzas productivas, entonces como indica Engels, el Estado tiene razón una vez estas fuerzas alcanzan un grado de desarrollo determinado.

El Estado no tenía razón de ser durante los milenios previos a la revolución neolítica porque en ese entonces la preocupación de los humanos organizados en bandas y tribus era cazar y recolectar su comida, actividad que debían realizar toda la fuerza laboral de manera directa e indirecta con el fin de no extinguirse, en ese sentido no había lugar a un cuerpo de legisladores, de policías o militares, jueces o una iglesia. La humanidad, una vez alcanzado tal grado de desarrollo que permitiera la acumulación, necesitó de una forma diferente de organización mucho más jerarquizada y opresora a la vez que eficiente para las necesidades de la época, es en ese momento que nace el Estado prístino que viene a representar la superestructura de la estructura.

Los diferentes Estados antiguos como los griegos, el romano, el egipcio, el chino, el mesopotámico y el indio representan ese grado de desarrollo. El Estado se creó y con ello nace una legislación que custodia y legitima la explotación y propiedad, una fuerza armada que da seguridad interna sobre todo a las clases propietarias y permite la conquista de nuevos territorios estratégicos, así como la instauración de una ideología dominante que envuelve de una moral aceptable todo lo construido.

En este sentido la misma historia humana cubre en esencia la misma dialéctica hegeliana.

Y es que la dialéctica en realidad puede explicar cómo se pasa del concepto particular al general.

Si entendemos que lo general antecede a lo particular (es decir Animal -> Humano) y que no se puede entender el segundo sin el primero (no se puede explicar al ser humano sin adentrarse en el animal mismo), y además asumimos que conforme vamos retrocediendo de lo particular a lo general estamos yendo de lo específico a lo abstracto eliminando las diferencias, entonces podemos indicar que el ser humano es humano porque se diferencia de los animales ya que posee características diferentes al animal como puede ser, por ejemplo -ejemplo que no necesariamente debe ser cierto- una racionalidad. Pero si eliminamos esta racionalidad, ya no tenemos al humano, solo al animal.

Si vamos eliminando las abstracciones, en un determinado momento solo nos queda lo más general, el “ser”, la mayor abstracción del Universo. En este punto, ¿cómo podemos pasar de lo general a lo particular? ¿Cómo pasamos del ser a las especies?

El problema entonces es que el Ser elimina todas las diferencias y estamos inmersos en un Universo abstracto, lo importante es descubrir cómo se pasa a lo particular. Desde lo abstracto a lo menos abstracto.

Si el Ser es lo más puro y abstracto y al no poder incluir conceptos dentro de éste, el Ser es a la vez la nada, pero si el “Ser es” la nada, entonces nuevamente retorcemos filosóficamente el concepto, ya que entonces el ser es algo, es la nada. Ergo, el ser pasa a la nada, y la nada pasa al ser. Ambas se encuentran en extrema contradicción, pero a la vez, no podemos quedarnos solo con una porque ambas están extremadamente relacionadas.

Además, en esta relación de opuestos tenemos el devenir, ya que en este constante movimiento de oposiciones hay un movimiento, y el devenir viene a contenerlos, superando al ser y la nada.

En este sistema todo contiene un aspecto positivo de semejanza, uno negativo de diferencia, y uno que contiene ambas oposiciones.

Es por esto que el Ser y la Nada contenidos en el Devenir mantienen una relación de oposición y negación. Pero la primera negación no queda ahí, ya que luego viene una segunda negación. Es decir, la nada pasa al Ser, se conservan los elementos iniciales pero potenciados en una siguiente etapa. Es aquí cuando hablamos de tesis, antítesis y síntesis.

Esta ley del desarrollo de la naturaleza, de la historia y del pensamiento; ley que… se manifiesta en los reinos animal y vegetal, en la geología, las matemáticas, la historia y la filosofía (Engels), así, por ejemplo, cuando hablamos del origen del universo tenemos un resultado similar.

Si vamos retrocediendo en la historia del universo hasta el segundo 0 del Big Bang encontraremos toda la energía concentrada en un punto… ¿y si retrocedemos todavía más? ¿Qué había antes del universo?

Las respuestas posibles son algo o nada.

Si había algo, entonces la respuesta se nos simplifica, por ejemplo otro universo. En cuyo caso la dialéctica también podría explicarlo fácilmente.

Si lo que existía era la nada, entonces muchos se preguntan, ¿cómo es que la nada originó al Universo? Muchos responden que debe existir algo superior (por ejemplo dios) que permitiera la creación porque de la nada no puede emerger el universo, es decir… ¿de dónde proviene la energía entonces?

Pero la respuesta más lógica que habría que desarrollar sería, ¿por qué no? En este sentido la Nada contiene su propia oposición un “Ser”. Representado numéricamente podemos decir que el camino del universo es 1 – 4 – 6 – 8 – 18 – 21 – 50 – 900 – ∞, esto vendría a representar la complejidad interna dentro del universo. Si nosotros vamos retrocediendo entonces veremos que los números se nos reducen hasta llegar a 1, entonces ¿qué hay antes del 1? El 0. ¿Cómo del 0 se pasa al 1? Pues claro que es posible porque si el 0 es nada, entonces la contradicción de esta nada vendría a ser el -0, un número que en informática y en algunas ciencias experimentales sí existe y que si elevamos el 0 a -0 nos da 1 (excluyo el debate matemático para no complejizar aunque el resultado entre indeterminado y 1), mismo resultado que elevar 0 a 0. En este sentido hemos pasado de 0 -nada- a 1 -algo-. Este ejercicio puramente filosófico nos debe llevar a un razonamiento científico y crítico desde un punto de vista puramente racional, si la nada previa al Big Bang permite el surgimiento de algo, entonces lo que deberíamos buscar antes de éste no es una mente maestra, una inteligencia divina o espiritual, sino que una conexión científica y material entre la nada previa, el Big Bang consecuente y el desarrollo de todo lo posterior. Siguiendo con este ejercicio podemos expresar la dialéctica también en las matemáticas, digamos a y -a, la primera es una expresión algebraica y la segunda su negación, negando esta negación tenemos -a * -a cuyo resultado es +a². Aquí tiene poca importancia que podamos conseguir el mismo resultado multiplicando a * a pues la negación se encuentra tan relacionada que posee dos raíces cuadradas, a y -a.

Miremos por ejemplo ahora la situación de una semilla. Si esta cae en el piso, y las condiciones le son favorables entonces terminará germinado, en este proceso encontramos su primera negación, ya que, bajo las condiciones adecuadas de Sol, humedad, hábitat y suelo la semilla negó su carácter de semilla y ahora es una planta. Esta negación no aparece “de la nada”, era una condición propia de la semilla, ya que la semilla en su constitución tenía la configuración de la planta en la cual se podría convertir, entonces esta semilla era a la vez un concepto general y abstracto (que a simple vista pocos podríamos diferenciar de otras semillas) y una planta diferenciada del resto, luego, una vez germinada esta planta vivirá su proceso natural de vida, e irremediablemente morirá, materializando así su segunda negación, pero tras esta segunda negación hemos vuelto no al punto inicial -semilla- sino que a la semilla pero multiplicada. El concepto semilla se puede aplicar al huevo o al material genético que engendra la vida tras la procreación, el espermatozoide masculino y el óvulo femenino representan lo general, pero éste una vez es negado bajo las condiciones adecuadas engendra su diferencia, al ser humano, pero es que en el espermatozoide y el óvulo tenemos no solo células, sino que su oposición específica y compleja, la persona, y es en su negación que terminan llegando a ser una persona.

Ahora mirémoslo en el Estado mismo. Si asumimos el punto inicial anterior, en el que el Estado surge del desarrollo humano mismo, antes teníamos una situación idéntica para todos los pueblos, con una propiedad comunitaria sobre la tierra y los pocos medios de producción a su disposición, pero aparece el Estado, no de la nada porque es creado por aquellos que se apropiarían del excedente, surge así la primera negación. Esta primera negación histórico-política solo nos muestra que dentro de esta tesis existía ya la antítesis, así el humano primitivo con propiedad colectiva encerraba dentro de sí una organización que irremediablemente se complejizaría hasta transformarse en el Estado. Pero esta negación no solo es el Estado, lo es también el Mercado materializado en la propiedad privada, las clases sociales y la explotación del hombre por el hombre. En esta negación el hombre pierde su propiedad colectiva y libertad política. Tenemos entonces dos negaciones pero no en la misma dimensión, sino que en dimensiones diferentes pero íntimamente relacionadas, por una parte en la política y otra en la economía. La negación política es el Estado, y la económica es el mercado. Ambas coexisten y se necesitan, si bien una prima sobre la otra (relaciones de producción sobre superestructura política), ambas son dependientes entre sí. En la economía la negación es la propiedad privada sobre el trabajo socializado (que en el capitalismo se expresa en un producto económico producido por la clase proletaria pero privatizado) y en la política la negación es la formación de gobiernos que eliminan esta libertad primitiva de la humanidad dictándole la forma de vivir. En este proceso el Mercado y el Estado se fueron negando a sí mismos conforme sus propias contradicciones hasta llegar a un punto en el que el mercado se volvió libre (negación del capitalismo frente al feudalismo y frente otros sistemas relevantes) a un punto que los trabajadores perdieron sus ataduras y el Estado se volvió democrático (negación del Estado liberal frente a las versiones anteriores). Este resultado se dio negando el mercado y Estado inicial con sus respectivos opuestos, los cuales no se encontraban fuera de su propia mecánica, sino que en su seno interno. Así, la oposición al mercado feudal basado en la servidumbre campesina y en los gremios artesanos era el mismo mercado capitalista que desde el siglo X se puede rastrear con el surgimiento de los protoburgueses, mientras que la oposición al Estado feudal pequeño y disgregado en diferentes nódulos fue el Estado capitalista centralizado en un sistema mundo.

Lo anterior nos lleva a tener en cuenta que la transición al futuro no es eliminándolos de la nada, sino que negándolos con sus propios intereses. El mercado capitalista debe ser negado mediante su oposición interna, lo mismo el Estado.

El Estado, en este aspecto, tiene su oposición en el Estado mismo. La democracia real es su fin. Si el Estado se democratiza entonces el Estado pierde su sentido. La negación del Estado entonces es el Estado mismo. De su propio vientre viene su fin.

Si llegamos a un punto en el que “todos son burócratas entonces nadie es demócrata”, el Estado se encuentra a un paso de extinguirse.

¿Qué sucede con la visión anarquista?

En términos simples, se saltan esta realidad.

Su objetivo es superar al capitalismo mediante la revuelta y rebelión espontánea y formar comunas y federaciones donde sean sus propios trabajadores los dueños de la producción. Es decir digamos que entre el año 2020 y 2030 cae el capitalismo y todos los países que hoy existen dejan de existir conformándose en comunas y federaciones.

Cada trabajador perteneciente a una comuna será dueño de su trabajo y soberano dentro de su comuna.

¿Cómo se distribuirá el ingreso entre las federaciones ricas de la extinta Suiza y las federaciones pauperizadas de Zimbabue? Pues lo que estamos provocando con esta organización es que los trabajadores empoderados de Suiza van a vender sus productos libremente (porque son dueños del mismo) a las federaciones de Zimbabue, la relación de desigualdad se mantiene. Un ejercicio tan simple como sacar a África de la miseria y la pobreza que un Estado centralizado podría realizar en un corto período de tiempo en las condiciones actuales sería prácticamente imposible en un mundo dominado por las federaciones anarquistas.

Un Estado centralizado solo debería proponerse objetivos refrendados democráticamente y enfocar inversiones en la región africana para sacar adelante los sectores agroindustriales para ver cumplidos tales objetivos. En cambio, las federaciones ¿cómo lograrían tal propósito? Insisto, estamos en un mundo en el que todos los trabajadores deciden libremente qué hacer con su producto pues son dueños del mismo, no hay un ente que supervise, coordine y materialice las decisiones colectivas, entonces el resultado irremediable es que el mercado en esencia es sostenido, la forma cambia pero el fondo más cruel se sostiene. En este punto la principal diferencia entre el anarquismo de Bakunin y Kropotkin con el anarcocapitalismo de Huerta de Soto es que en el primer caso los obreros son dueños de las empresas, en el segundo lo son los capitalistas, pero en ambos casos la superestructura se sostiene.

Si desarrollamos la planificación, pongamos el siguiente problema, hacia el 2040 las reservas de petróleo se comienzan a agotar. En el capitalismo este problema se conocerá con cierto desfase mediante el incremento del precio del crudo a raíz de la caída de la oferta o el incremento del tiempo de trabajo necesario para producir cada barril, por lo que los capitales fluirán en búsqueda de nuevas fuentes de energía, esto en realidad ha sucedido durante los últimos 500 años en este sistema. En el socialismo a base de una administración central este problema será más que conocido y también se enfocarán las fuerzas para superar el problema. ¿Qué harán las federaciones y comunas anarquistas? Hablamos de comunas independientes que trabajan en el peor de los casos, cuando quieren, como quieren y cuanto quieren, pues esta decisión es concerniente solo a sus trabajadores, entonces  la noticia de la escasez del petróleo podría eventualmente llegar muy tarde. Quizás la solución sea la comunicación, pero en este sentido nada me hace prevenir el interés ambicioso y colectivo por enriquecerse mediante la especulación del mismo, ¿qué sucedería si las comunas de Venezuela se niegan a informar sobre la reducción de sus reservas y continúan vendiendo a un precio cada vez más costoso? En fin, digamos que otras federaciones quieren ponerse en la búsqueda de nuevas fuentes energéticas, pero es que volvemos a caer en una competencia desigual y muchas veces desleal, los trabajadores de la comuna en Oslo tendrán la tecnología y con ella en “libre acuerdo” con las comunas siberianas hallan más reservas, el problema se sostiene en tanto ese bien será distribuido de modo muy mercantil. ¿Qué sucederá con los trabajadores de las comunas en Irak, Venezuela y Arabia Saudí que ya no poseen su más anhelado recurso? Pues a empobrecerse, no hay un órgano superior que planifique una industrialización con ellos. La sobreproducción junto con el paro forzoso, serían el eterno destino de la economía anárquica.

El problema se intensifica cuando asumimos la propiedad sobre los medios de producción. El marxismo reconoce que los medios de producción pertenecen a la clase trabajadora, a toda ella en su conjunto, por eso el sistema debe ser internacionalista y centralizado -democráticamente-, los anarquistas asumen que cada fábrica y taller, debe pertenecer a sus trabajadores organizados en comunas independientes sin nada sobre ellos. Entonces, en este utópico mundo se pierde la propiedad colectiva sobre los medios de producción y solo nos queda un cascarón vacío frente la competencia y la ambición. Los obreros terminarán pasando a tener un papel social muy similar a los pequeños burgueses. “Nosotros somos patronos”.

Además la cuestión no termina aquí. Evidentemente ante los vacíos argumentales que dejó Proudhon -quien estaba a favor de una economía mercantil- hubo otros anarquistas que sí vieron necesario el control económico bajo la condición que éste fuera realizado por los sindicatos profesionales. El problema es que el controlar por controlar nuevamente es una afirmación vacía de contenido medular, y es que el objetivo de controlar para evitar los desajustes económicos que mencioné, causará irremediablemente en un primer momento ramas de obreros favorecidas, entonces, o bien el control se realiza mediante “acuerdos voluntarios”, o bien se realiza a nivel nacional y mundial. En el primer caso volvemos al anarcocapitalismo, y en el segundo caso significa eliminar las comunas independientes.

Ahora, ¿cómo definir los salarios? En el capitalismo los salarios se fijan a precio de mercado. En el anarquismo presenciamos dos principales visiones;

Bakunin por una parte se refiere a un trabajo proporcional con el aporte, esto es, dos trabajadores trabajan 8 horas cada uno, pero el primero produce 12 y el segundo 10, el primero gana más que el segundo. Esta visión invisibiliza el hecho que las 8 horas de cada trabajador no son las mismas, ya que o no llegan en las mismas condiciones a su trabajo, o simplemente se encuentran en desventajas. Por supuesto que este tratamiento del producto y salario tiene una visión pequeño burguesa en su esencia.

Kropotkin en cambio manifiesta una visión más cercana a la marxista cuando asume que <<a cada uno según sus necesidades>>, como Marx indicó en Crítica del Programa de Gotha. Pero frente a esto cabe preguntarse, ¿cómo se realizará una distribución según necesidades cuando cada empresa es independiente y haya comunas en condiciones más ventajosas que otras? El problema es irresoluble.

CONCLUSIONES

A estas alturas solo queda ir cerrando ideas.

Creo que mi postura ya es lo bastante clara. Hay quienes consideran al anarquismo una alternativa de la lucha obrera de cara al futuro, yo no lo creo. Con esto no estoy diciendo que haya anarquistas de renombre a nivel histórico que contribuyeron la lucha obrera, pero esto no me indica que sean una alternativa perdurable en el tiempo, con lo cual tampoco quiero decir que estén destinados a extinguirse pero claramente dudo mucho que de la derrota dada a fines del siglo XIX y su exclusión del movimiento internacional, vayan a cobrar un nuevo interés mundial porque su propia carente teoría científica y práctica los hace ser sumamente inútiles al momento de concretar un logro político sustancial en el tiempo.

Tampoco creo que sean una alternativa pues en esencia, su ideología posee un fuerte carácter pequeño burgués. Que los trabajadores sean dueños de sus fábricas y estén organizados en comunas, es un sueño que ciertamente muchos artesanos del medioevo o dueños de panaderías verían con mucho interés ya que les quitas de encima los impuestos que arduamente pagan al Estado. No me extraña que en su surgimiento fueran los países menos adelantados entre los adelantados los que verían el auge anarquista (España e Italia), así como en la actualidad y desde los años 60 este auge ha cobrado en muchos sectores marginados… ninguno de ellos obreros. Hay estudiantes universitarios de ultraizquierda en universidades públicas y sobre todo de carreras determinadas, hay jóvenes, y mucho sujeto que representa el bolchevique en su juventud e inmadurez, pero es que el anarquismo es muy simple en términos teóricos, la obra de Bakunin por ejemplo no puede en absoluto compararse a la de Marx o Engels, esta simpleza la vuelve atractiva a los nuevos cuadros dentro de las juventudes contestatarias frente a un comunismo que durante toda su niñez y adolescencia vieron representados por los medios de comunicación como tiranía, represión, dictaduras y millones de muertos, el anarquismo es su tercera vía.

Su modelo a alcanzar me parece muy poco realista en términos científicos, y sus tácticas muy poco serias, a tal punto que considero son una irresponsabilidad (que Bakunin demostró con mucha imprudencia en la Comuna de París). Importante, no niego que haya muchos anarquistas y movimientos anarquistas involucrados fielmente con sudor, lágrimas y sangre en la lucha más encarnizada contra las injusticias del mundo, tampoco niego que su suma en la lucha de la calle ha sido fundamental -ya sea directa o indirectamente- al momento de alcanzar ciertos derechos sociales, ni mucho menos voy a justificar la respuesta soviética en Kronstadt.

Pero es que habiendo revisado lo anterior, el anarquismo tiene el mismo sentido práctico para la clase obrera del mundo que otras ideologías políticas que en forma son contestatarias pero que en esencia no son un gran riesgo para el capital -por ejemplo los hippies, movimiento Zeitgeist o los antivacunas-, y es que por un lado la burguesía nos dice no toquen el Estado, ya que está para los educados, por otra los anarquistas dicen no toquen el Estado, ya que es pecado, una curiosa coincidencia. Sin embargo, soy un creyente de que buena parte de estos movimientos no tendrían razón de ser si no fuera por el desencanto de la clase obrera con la experiencia socialista del siglo XX y su consecuente disolución, pues, tras los 90, ¿qué les quedaba? Quizás muchos durante 10 o 20 años se creían que “la historia había llegado a su fin” (Fukushima) y que “no había alternativa” (Thatcher), pero una vez se dieron cuenta de lo contrario la pregunta seguía patente, entonces la respuesta es organizarse políticamente, o acudir a un movimiento político limpio de algún pecado original, y así en su necesidad por mostrarse en contra de la autoridad y de las imposiciones tradicionales a un punto que raya hasta lo más absurdo (reivindicación por el crecimiento cero, el anarcoprimitivismo, la lucha contra los transgénicos, los conspiranoicos, etc.) terminan adhiriéndose a este tipo de ideologías.

La clase obrera organizada políticamente es y ha sido la única estrategia que nos ha dado importantes resultados a nivel nacional e internacional.

 



Categorías:Política

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: