Mujer, feminismo y capitalismo

Durante los últimos años el feminismo ha adquirido popularidad y vigencia en buena parte de la sociedad occidental, las diferentes manifestaciones del 8M dan cuenta de ello, este evento en realidad ha sido el clímax de un proceso anterior de empoderamiento femenino que se retrotrae como mínimo 100 años y que además, puede ser explicado perfectamente desde el materialismo histórico.

Para ello este artículo se centrará en tres ejes: i) La mujer en la historia, ii) La mujer en la actualidad, iii) potencialidades del feminismo en el futuro.

  1. La mujer en la historia

 

Se vuelve común oír que se use el concepto “patriarcado”, ¿cómo lo define la RAE?

  1. m. Dignidad de patriarca.
  2. m. Territorio de la jurisdicción de un patriarca.
  3. m. Tiempo que dura la dignidad de un patriarca.
  4. m. Gobierno o autoridad del patriarca.
  5. m. Sociol. Organización social primitiva en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia, extendiéndose este poder a los parientes aun lejanos de un mismo linaje.
  6. m. Sociol. Período de tiempo en que predomina el patriarcado.

https://dle.rae.es/patriarcado

Me enfocaré en las acepciones 5 y 6, las cuales, en conjunto, tendrían relación con el uso que se da en la actualidad, donde el patriarcado es toda forma de organización social cuya autoridad se reserva exclusivamente al hombre o sexo masculino.

La lucha feminista en su origen busca acabar con toda forma de dominio del sexo masculino sobre el femenino. Esto nos lleva al concepto sexismo, cuya definición según la RAE es;

  1. Discriminación de las personas por razón de sexo.

https://dle.rae.es/sexismo

¿Desde cuándo existe esta situación?

Debemos iniciar la explicación con los años en que la humanidad se organizaba en tribus y bandas. Durante esta era, la organización social era mucho más horizontal, nuestros antepasados tenían una vida nómada desplazándose en búsqueda de sustento, principalmente mediante la caza y la recolección. Esta situación fue la que caracterizó a la humanidad desde su origen como género homo, hasta hace unos 12-10 mil años -paleolítico o comunismo primitivo según Marx y Engels-.

La evidencia arqueológica, antropológica e histórica evidencia que estas sociedades eran igualitarias, la violencia y agresiones en su interior eran escasas y puntuales.

Durante el paleolítico, no existían clases sociales pero sí existía una suerte de división del trabajo por motivos biológicos. Mientras los hombres se dedicaban a la caza, las mujeres enfocaban su esfuerzo en la recolección y el cuidado de sus hijos.

Esto último es importante desarrollarlo.

Las diferencias biológicas entre mujeres y hombres al momento de dividir el trabajo en la tribu se manifiestan por la función que ejercían las mujeres como progenitoras más que por otra cosa. Esto es, la mujer al ser quien daba nacimiento a los nuevos integrantes de la tribu, lo tenía más complicado al momento de embarcarse en la cacería (no solo durante el embarazo, sino que también una vez ya había dado a luz y debía de cuidar a su hijo), y además, debido a la alta tasa de mortalidad y la baja esperanza de vida, la mujer dentro de la tribu no podía arriesgarse en esas actividades.

El razonamiento que debemos realizar no es que la mujer fuera a cazar debido a una inferioridad física respecto al hombre, sino que la mujer tenía un valor estratégico en la reproducción misma de la tribu o banda.

El paleolítico llega a su fin cuando nuestros antepasados abandonan su vida nómada a raíz de la revolución neolítica, la cual representó la primera transformación radical de la forma de vida de la humanidad, que pasó de nómada a sedentaria al consumarse una economía productora basada en la agricultura y la ganadería.

Punto importante, es con el neolítico que hacen su aparición las clases sociales, la división del trabajo, la propiedad privada y también el Estado.

Es aquí, en este proceso en que el humano abandona su papel como nómada y domina la agricultura, en que vemos el gran cambio. Gerda Lerner en su gran obra “La creación del Patriarcado” contrapone la tesis de Engels con la tesis de Levi-Strauss. Engels indica que a raíz de la aparición de la propiedad privada, la mujer es derrotada históricamente, Levi-Strauss en cambio lo plantea a la inversa, es decir primero la mujer es cosificada e intercambiada entre tribus y esto origina la propiedad privada.

No obstante lo anterior, es el intenso y sustancial desarrollo de las fuerzas productivas expresado por la transición entre la caza, recolección y horticultura hacia la agricultura, que las relaciones sociales de producción ven una modificación, la cual para el caso de la mujer, se ve reflejada en su inserción de sumisión absoluta frente al hombre.

Desde entonces ya podemos ver cómo las diferentes sociedades que transitaron a modelos sociales más complejos, con división de trabajo, clases sociales e incluso un Estado, la situación de la mujer se vería definida y caracterizada no solo en virtud de su clase social, sino que además eran explotadas como prestadoras de servicios y progenitoras.

Desde que existen las clases sociales y por ende la explotación, las diferentes estructuras económicas organizaron su mano de obra en unidades domésticas -familias-, estas fueron el mero reflejo del orden imperante, asegurando la reproducción de la fuerza trabajadora, así como la inculcación de los valores tradicionales vigentes en cada régimen económico.

¿Por qué la norma fue que el hombre dominara las unidades domésticas?

Porque las unidades domésticas pertenecientes a clases explotadas tenían a hombres y mujeres como parte de la fuerza laboral, pero era la mujer la que cumplía el rol de progenitora y además en muchos casos, de prostituta. Este modelo de sociedad no podía ser sostenido con una “matriarca” en cada unidad doméstica, sería incoherente con esta doble explotación y sumisión impuesta a la mujer. Su capacidad progenitora entonces, derivó en su cosificación, de ahí a que se extendiese en las diferentes culturas su mercantilización y una fuerte legislación que tenía como objetivo reglamentar su uso y disposición, así, en Mesopotamia, la antigüedad clásica y otras sociedades esclavistas, los hombres esclavistas adquirían también en concepto de propiedad el producto de las capacidades reproductivas de las mujeres esclavizadas: niños que podrían sumarse a su fuerza laboral, comerciarlos como esclavos, o casarlos según viniera el caso.

Sin embargo, tampoco podemos hablar de una dominación y explotación de hombres sobre mujeres ampliamente, más bien era una dominación de clases, donde las mujeres de clases dominantes tenían poder sobre hombres y mujeres de clases dominadas aun cuando este poder estuviera cimentado en un lazo matrimonial con un hombre. Ciertamente existía una distribución inequitativa del poder entre hombres y mujeres dentro de las clases dominantes, pero esto no exime a las mujeres de clases propietarias, explotadoras y dominantes de su papel cooperativo al momento de sostener los diferentes regímenes.

Esta fue la tónica común de las mujeres en prácticamente todos los sistemas históricos hasta el siglo XV con el advenimiento del capitalismo. Hasta antes del capitalismo, las mujeres mantenían una situación social vinculada a su clase, pero intensificada por su condición de mujer. Las mujeres no solo eran explotadas económicamente como esclavas, campesinas o siervas, también su sexualidad se mercantilizaba y de ello hay una importante suma de evidencia y material bibliográfico. Sin embargo, había un elemento importante y transversal en todos estos sistemas: el valor de la mujer como agente económico dentro de la clase explotada.

Esto, en otros términos, viene a significar que la mujer de la clase explotada era un miembro activo de la población trabajadora, y así era considerado. La opresión hacia la mujer se manifestaba en la estructura jurídico-legal y en la geocultura establecida cuyo objetivo era mantenerla en una posición de dependencia hacia figuras masculinas de su propio núcleo familiar. No obstante, la mujer en todos estos sistemas anteriores era un miembro activo de la producción, un trabajador dentro de la clase explotada ya sea como esclava, sierva o campesina. Lo anterior se entiende si contextualizamos a la mujer como parte íntegra de una unidad familiar productiva, y es que con la instauración del sistema capitalista se dio un cambio sustancial: la clase explotada perdió sus medios de producción y debió de vender su fuerza de trabajo como medio para poder sobrevivir, al ejercer esta nueva libertad el hombre de la unidad doméstica debía de trabajar extensas jornadas diarias mientras la mujer tenía como destino el hogar, y esto aunque más complejo y con variables, fue el modelo de familia nuclear ideal en la sociedad capitalista: el padre trabajando, la mujer en casa realizando labores de cuidado, aseo y cocina.

En esta nueva situación histórica la mujer pierde su último gran baluarte, su tenue aunque significativa capacidad como trabajadora activa, ahora con este nuevo régimen de trabajo asalariado su posición económica es el de la población inactiva. Sin embargo, su trabajo fue fundamental para elevar todavía más las ya altas tasas de plusvalía: la mujer trabajando en la casa minimizaba los costes potenciales de socializar el cuidado de los niños (esto tardó siglos en manifestarse), pero también la mujer podía dedicarse a trabajar en el sector informal buscando ingresos de subsistencia alternativos con el fin de complementar los ingresos laborales del hombre, esto permitía a los capitalistas pagar ingresos incluso inferiores al mínimo de subsistencia. Es en esta situación que podemos hablar de un sexismo propiamente dicho de corte capitalista.

El sexismo en el capitalismo viene a justificar un papel inferior de la mujer en muchos aspectos que antes no eran considerados, lo cual llega a intensificar la distancia entre la mujer y el hombre en aspectos determinados. De este modo, la mujer es definida, caracterizada y valorada como una persona inferior y dependiente tanto política como económicamente, la mujer no trabaja, es por tanto una carga más. Con el capitalismo la mujer es excluida del salario y su trabajo se vuelve gratuito, entonces el sexismo que surge con el capitalismo no es solo una asignación de trabajo diferente a la mujer (como ocurría en períodos previos), es la absoluta negación de este. Inventamos el concepto “ama de casa”, una persona que se contenta con “llevar la casa”, y así, cuando los gobiernos calculan el porcentaje de mano de obra activa, las amas de casa no figuran ni en el numerador ni en el denominador de la operación.

La mujer como un agente inactivo de la economía impactó en muchos aspectos de la vida: se les negó el trabajo en industrias, se le negó el acceso a la educación (o en el mejor de los casos, solo se permitía que estudiasen ciertos oficios o carreras), se les negó administrar sus bienes, pertenecer a las FFAA, vestirse como deseaban, divorciarse y como no, ejercer soberanía sobre su cuerpo.

Esta situación se mantuvo así hasta el momento en que la mujer irrumpió en el mercado laboral debido a una de las tantas contradicciones internas del capitalismo.

¿Cómo se conjuga que por una parte el sistema desee un trabajador sobre -explotado a partir de un trabajo femenino invisibilizado y por otra la contratación de mujeres? Pues el desarrollo mismo del capitalismo. Este sistema en su crecimiento histórico busca la acumulación incesante de capital, lo cual en cierto momento llevó a la contratación de mujeres.

Si revisamos las estadísticas de Estados Unidos podemos observar un repunte progresivo desde inicios del siglo XX.

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Fuente: https://www.econlib.org/library/Enc1/GenderGap.html

Una situación similar se observa en otros países europeos,

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Fuente: http://agendapublica.elpais.com/gender-gaps-en-el-mercado-laboral-espanol/

Esto en otras palabras, no es más que un proceso de proletarización de la mujer. Y como sucede con el proletariado en todos los países donde comienza a madurar, llegado el momento comienza un proceso de empoderamiento social y búsqueda de mejores condiciones tanto salariales como sociales. Es decir, dentro del mismo germen del desarrollo capitalista, tenemos la causa del cambio social histórico en las mujeres a nivel mundial.

La mujer proletaria ha adquirido y ganado un nivel de independencia mayor. Ahora con un salario no depende de un marido y tiene contacto con otros trabajadores y trabajadoras que comparten sus experiencias de la explotación en el seno mismo del capital, una situación sustancialmente diferente a la vivida durante siglos, ya que antes las mujeres si bien es cierto se relacionaban entre sí, el contexto no era el mismo y las conversaciones entonces no iban a derivar a los mismos problemas. La mujer trabajadora experimentó lo que significa ser explotada en términos económicos, por un lado, y ver cómo en el circuito del capital el desempeñarse como trabajadora se le hacía más difícil por ser mujer, el sentimiento anterior era azuzado pues sus labores hogareñas en seguían siendo las mismas.

Además, es necesario remarcar que este desarrollo del capital requiere un nivel cada vez mayor de la profesionalización de los trabajadores, y la mujer formó parte de este proceso a través de su inserción en la universidad.

Observemos los datos de Estados Unidos

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https://educationdata.org/number-of-college-graduates/

Estos datos, desde luego, no pueden ser extrapolados a todos los países, pero sin lugar a dudas la situación es la misma en buena parte de Europa y América.

En síntesis, el capitalismo en su necesidad de intensificar, acumular y desarrollarse llevó a la mujer al trabajo y a la universidad, ¿resultado? Una mujer proletaria con conocimientos del mundo, de la sociedad y de la realidad, una mujer más empoderada.

En cierto sentido entonces, el feminismo es una manifestación social que responde a los mismos paradigmas históricos que 100 años antes habían llevado los obreros en su lucha contra el capital.

Entre 1950 y 2020 tenemos el mayor auge del feminismo a nivel mundial. La historia del movimiento feminista en estos 70 años es más que conocida, hablemos ahora de su situación actual.

2.            La mujer en la actualidad

 

En la actualidad creo que existen dos principales posturas frente a la situación de la mujer. Por una parte están quienes niegan la desigualdad histórica de la mujer, y por otra quienes sí creen que la mujer vive una desigualdad en relación al hombre. Ambas son las posiciones más genéricas expuestas de un modo simplista, pues en medio existen muchas variables y tonalidades, por ejemplo hay quienes sí creen en las desigualdades pero las justifican, esta justificación a su vez se sostiene en diferentes discursos desde el biológico; también hay quienes maximizan este discurso apelando a la inferioridad natural de la mujer hasta el mismo coeficiente intelectual, igualmente hay quienes apelan a que esta desigualdad es de origen histórico-social y por lo tanto se puede corregir.

¿Cuál lleva la razón?

Primero habría que definir qué entendemos como desigualdad entre el hombre y la mujer. Hemos hecho un barrido histórico que ha analizado la situación de la mujer en la historia y cómo esta ha luchado por sus derechos desde hace ya más de 70 años, sin embargo la lucha hoy continúa patente, en esta situación nuestro primer diagnóstico es que la desigualdad se sostiene, pero nuestro dilema inicial sigue vigente, ¿de qué desigualdad hablamos? Pues podemos referirnos a diferentes -pero relacionados- tipos: económico (igual trabajo y desigual remuneración, igual desempeño y desigual resultado, mayor dificultad al momento de emprender), social (al momento de optar por un modelo de vida, dificultad al momento de planificar su vida), cultural y familiar (distribuciones desiguales en las labores del hogar, diferentes normas de vestimenta y comportamiento, o un desequilibrado planteamiento al momento de establecer metas en la vida como las carreras que hijos e hijas deberían de estudiar).

En términos cuantitativos, podemos revisar solo el primer tipo de desigualdad, los demás son más bien cualitativos.

En este aspecto también nos encontramos con dificultades, esto pues no es lo mismo la situación de la mujer en Europa occidental que en Latinoamérica, oriente medio o África, podemos a este punto afirmar que en el primer caso la mujer ha logrado mayores avances que en el resto del mundo. Así, nuestra situación puede ser planteada de la siguiente forma, si las desigualdades se sostienen en Europa, por lógica en el resto del mundo la situación será al menos igual o superior -en términos generales-.

Según lo anterior, usaremos de ejemplo a España.

España es un país considerado desarrollado, con un alto estándar, nivel y calidad de vida, socialmente de los más progresistas y a pesar de no ser dentro de su contexto el que ha alcanzado los niveles más altos de desarrollo (en comparación a los países nórdicos por ejemplo), sí puede servir de referente.

Los datos los recabaremos del informe ¿Es el feminismo dominante un movimiento liberador de la mujer?, elaborado por el instituto Juan de Mariana. Esto lo hacemos por dos motivos, el primero de ellos es que este informe responde a los pensamientos de buena parte de la ortodoxia económica, lo que implica que coincide con la idea de una mujer en relativa igualdad con relación al hombre (minimizando y negando el discurso feminista), y el segundo porque contiene datos muy interesantes.

¿Qué nos aporta este informe?

En primer lugar habla de las desigualdades de salario en relación al género. Para el año 2016, según el INE, el salario medio bruto de las mujeres fue el 77,65% del salario medio bruto de los hombres; en 2012, este era del 76%. Según el informe sin embargo, estos datos deben ser cogidos con pinzas porque:

  • Según el INE en 2017, el 24,2% de las mujeres ocupadas trabajaba a tiempo parcial, frente al 7,3% de los hombres.
  • Así mismo, el 4% de los empleados eran hombres a tiempo parcial frente al 11% de las mujeres.
  • El 50% de las mujeres que trabajan a tiempo parcial no encuentran trabajo a tiempo completo, el 58% de los hombres que trabajan a tiempo parcial viven la misma situación.
  • Sin embargo, el 22.3% de las mujeres empleadas a tiempo parcial alegan que no pueden trabajar más tiempo por sus responsabilidades en las labores del hogar, situación que solo el 3.6% de los hombres manifiestan. Sin embargo, el razonamiento detrás del informe es que esto se debe a una decisión libre de cada pareja en muchos casos.
  • Según los datos que recaban del Eurostat, a nivel de brecha salarial por hora trabajada, la diferencia entre hombres y mujeres es del 14.2%, un dato que destacan como inferior a la media de la Unión Europea, Reino Unido, Alemania y Dinamarca.
  • La explicación entregada a la diferencia de salario por hora no la asumen como discriminación por género, ya que existe una diferencia en los trabajos que realizan mujeres y hombres, así en la industria manufacturera y química se concentra un 18% de los hombres frente a un 7.6% de las mujeres, en la construcción un 10% de los hombres frente a 1.3% de las mujeres, en las telecomunicaciones 4% hombres frente a un 1.9% de mujeres. La contrapartida la encontramos en áreas como sanidad donde el 14% de las mujeres se desempeña frente a un 3.6% de los hombres, educación con 10.4% de mujeres versus un 4.3% de hombres.
  • Por otra parte, según el informe las experiencias individuales son capaces de explicar un 63.5% de la diferencia salarial. En suma, de toda la diferencia salarial, solo un 5.2% no tiene razones explicables, donde, se asume que son muchos los factores y variables y la discriminación por género solo puede ser una de ellas.

Estas diferencias individuales según explican, se debe en primer lugar a la maternidad, y es que según los datos recabados, la diferencia salarial aumenta conforme avanzamos en grupos etarios. Entre los 25 y 34 años la diferencia es del 7.7%, mientras que aumenta al 10.4% entre los 35 y 44 años, y al 16.7% entre los 45 y 54 años. Tras el primer hijo, la mujer tiende a perder un porcentaje importante de su media salarial, en los países escandinavos pierden entre un 20 y un 30% a los 10 años de tener su primer hijo y 40% en los países anglosajones y al 50-60% en los germánicos.

Ahora, según los datos que expone este informe, sí existen diferencias económicas entre el hombre y la mujer. Las diferencias se explican por el mismo hecho que observamos en un inicio cuando se manifestó la revolución neolítica: la mujer es quien procrea.

Esta diferencia sigue manifestándose en el resto de las sociedades más “igualitarias” en la actualidad. Esto en cierto sentido es sumamente cruel porque lleva a la mujer a decidir entre su faceta maternal o su independencia económica, ambas irreconciliables entre sí. La una perjudica la otra.

Ahondando en lo anterior, entonces podemos desglosar los tres grandes ejes que manifiestan la desigualdad en términos económicos:

  • Desigual distribución de labores en el hogar
  • Desigual distribución de estudios
  • Maternidad

¿Se puede corregir esta desigualdad en el marco de una economía capitalista?

Vamos al primer punto. La distribución de labores en el hogar parece ser muy simple de realizar cuando se escucha hablar del “cambio cultural, educar y mejorar”, pero los cambios culturales son lentos, además estos dependen de las condiciones económicas que ameriten el cambio.

¿Puede el padre quedarse en casa?

¿Pueden ambos trabajar y compartir responsabilidades en el hogar?

A priori sí, pero cuando se habla de la unidad doméstica en el capitalismo, se entiende que esta ante todo debe cumplir con su objetivo: reproducirse. Es aquí donde nuestro primer intento se ve obstaculizado, ya que una vez nace el primer hijo la mujer es quien debe asumir dejar de lado su trabajo. Es cierto que en los países más avanzados hay alternativas, como compartir el período posnatal, pero incluso así a día de hoy se entiende que la leche materna de la mujer es una parte íntegra del hijo/a en su primera etapa de desarrollo, por eso en muchos países se legisla para que el horario de la mujer sea flexible durante el primer año de lactancia.

Entonces nos encontramos con el primer obstáculo objetivo: la mujer no puede compatibilizar el hecho de ser madre con el ser una trabajadora que acumule años de experiencia y trabajo en el sector activo de la economía.

Esta situación desde luego, varía según la realidad de clase. La mujer de clase alta, con puesto gerencial o directivo de una gran empresa tiene el poder adquisitivo para pagar a alguien que cuide a sus hijos.

Esta situación se ve incrementada con la desigual distribución de estudios, si es que los hay desde luego.

Las mujeres son más artísticas y los hombres matemáticos, se dice, aquí encontramos un debate. Algunos opinan que las mujeres se decantan naturalmente por el arte, educación y humanidades mientras que los hombres por las matemáticas, ingenierías y ciencias, no entraré en este apelando a estudios científicos que justifiquen una y otra versión, el hecho es que actualmente hay una clara disparidad en las matrículas de cada carrera.

Según los datos de la última Estadística de Indicadores Universitarios 2018 del Ministerio de Educación, con datos del curso 2016-17, las mujeres ocupan una mayor proporción en salud, servicios sociales, educación, humanidades y artes, mientras que los hombres lo hacen en informática, ingeniería y ciencias.

Los motivos detrás de esto pueden ser varios, si los mezclamos todos en un único motivo biosocial, ¿se puede corregir?

Quizás, pero solo sería en parte.

¿Cómo haces que las mujeres se decanten más por ingeniería y los hombres por arte?

¿Qué política pública lo soluciona? ¿Algún tipo de discriminación positiva? Eso no deja de ser discriminación, y en cualquier caso tampoco se toma en consideración lo que eventualmente cada uno desea estudiar. Si una mujer quiere ser historiadora del arte y un hombre ingeniero en minería deberían de tener la suficiente libertad para hacerlo. ¿Una política de cuotas? Si asumimos que en ingeniería haya una paridad de 50/50, ¿de dónde sacas al 50% de las mujeres si estamos hablando de una situación en la que las mujeres que estudian en conjunto se decantan mucho más por educación, humanidades o servicios sociales?

Se me puede ocurrir incentivar el estudio científico e ingenieril de las mujeres mediante una mezcla de becas y cuotas, pero insisto, eso sigue siendo discriminación, y la discriminación no soluciona nada. La política de cuotas en la actualidad como se ha aplicado no ha dado buenos resultados, todo lo contrario.

Para reforzar mi punto.

La política de cuotas se ha transformado en que, si en una población hay mitad de hombres y mitad de mujeres, en toda organización tiene que haber mitad de hombres, mitad de mujeres, algo que ha proliferado en Estados Unidos y de ahí al resto del mundo. El problema con esta política es que busca generar igualdad perjudicando calidad, derecho o méritos, que haya un 50/50 entre mujeres y hombres por ejemplo, ¿debe implicar que el 50% de las fuerzas policiales deben ser mujeres? ¿Lo mismo aplica para la seguridad penitenciaria? Es indudable que una mujer entrenada puede llegar a realizar el mismo trabajo que un hombre, y también es lógico y necesario que haya mujeres policías y gendarmes, ya sea para custodiar a las mujeres, como también trabajar con ellas tras casos de violación. Lo que no es lógico, es que haya un 50% de gendarmes mujeres, ¿dónde cabe esto si la gran mayoría de los reos son hombres? ¿Van a dejar a mujeres custodiando hombres? ¿O es que en cada cárcel debe haber un 50/50 de hombres y mujeres? Lo lógico es que la cárcel de mujeres sea custodiada por mujeres evitando así, potenciales problemas como abusos sexuales. Con relación a las mujeres policías sí que son necesarias, pero importante es que la mujer que sea policía lo sea con las condiciones adecuadas, es decir que cumpla con altura, entrenamiento y otros requisitos. Si solo se pone como requisito que un 50% sean mujeres en la policía (o en cualquier empresa y/o institución), lo único que incentivas es que se modifique el perfil de acceso y selección, algo que lamentablemente ha estado ocurriendo, es conocido el caso de Brian Nichols quien era custodiado por una mujer policía de 1 metro con 57 centímetros, esto ocurrió en un país que llevaba años de inclusión a la fuerza, motivando en el acto que se rebajaran los requisitos para acceder a la policía, entonces, ¿no es más sensato incentivar a las mujeres con 1.80 M que accedan a la policía en lugar de modificar requisitos y oposiciones? Porque lo que sucede hoy en día, es que una mujer alta ve más rentable ser modelo que policía, y eso nos lleva a un problema más profundo dentro del mercado capitalista mismo: la cosificación de la mujer es altamente rentable.

Pues bien, mi punto es que la política de cuotas no da buenos resultados.

Y no da buenos resultados desde lo más simple:

  • Exigir un 50% de mujeres en las candidaturas no significa mayor empoderamiento femenino.
  • Exigir un 50% de las mujeres en puestos policiales no significa tampoco mayor empoderamiento femenino.
  • Exigir un 50% de las mujeres en los altos niveles gerenciales tampoco significa empoderamiento femenino.

No por ser mujer, la congresista será mejor o mantendrá una línea decididamente feminista, tampoco la policía mujer será “esencialmente diferente” al hombre policía, y desde luego una mujer en gerencia tampoco lo será, ¿por qué? Porque la realidad de clases también se permea dentro de la mujer. No es la misma situación una mujer de la alta clase capitalista con una mujer trabajadora, en este sentido la clase política, la policía y las altas cúpulas gerenciales no serán más o menos progresistas por ser mujeres.

Por último, ¿cómo conciliar la vida laboral de la mujer con su maternidad? Durante los últimos años en varios países europeos se han promovido distintas políticas asociadas a menguar lo máximo que se pueda el impacto negativo visto en las empresas en relación con el período de embarazo y posnatal de una mujer.

Para los empleadores una mujer embarazada muchas veces es un fastidio (no lo dicen, pero es una realidad) porque los países han legislado con el fin de protegerla y hacer más llevadero su etapa, en Chile por ejemplo una mujer embarazada técnicamente no puede ser despedida y en caso de serlo tendría muchas posibilidades de ganar un juicio contra la empresa. Luego la mujer embarazada tiene un período de baja maternal que depende de cada país, dentro de la OCDE la situación es la siguiente:

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Semanas de permisos de maternidad remunerados. OCDE

Incluso eliminando el elemento coste (como Estados Unidos), la realidad es que la mujer tras el embarazo se ausenta del trabajo. Esto lleva a que muchos empleadores se lo piensen dos veces antes de contratar mujeres para puestos claves en sus empresas.

Una reforma que puede menguar dicha situación es permitir que tanto el hombre como la mujer puedan acceder a la baja por maternidad, en Suecia por ejemplo el permiso es compartido. No obstante, lo cierto es que el embarazo en sí impide a la mujer tener continuidad laboral.

Y este es el principal problema que no se puede solucionar dentro del capitalismo: la disyuntiva irreconciliable entre la acumulación y explotación y la maternidad misma. Por más reformas que se instauren, esta disyuntiva seguirá presente en tanto al capitalista una mujer embarazada con baja, con un aumento en su ausentismo o simplemente solicitando permisos para realizar sus exámenes médicos le es una merma económica.

Entonces llegamos al meollo del asunto para el capitalismo la mujer es útil tanto como progenitora y como trabajadora, en el hogar y en el trabajo, pero ambos espacios le son irreconciliables, he ahí cuando en la práctica vemos el sexismo en plasmado en lo más profundo de las prácticas microeconómicas.

En resumen, la solución de estas tres desigualdades solo se puede asegurar en una sociedad comunista donde se dé a cada quien según sus necesidades.

3.       Potencialidades del feminismo en el futuro

 

Llegados a este punto sería bueno comprender que posibilidades tiene el movimiento feminista de cara al futuro.

En primer lugar, es necesario aclarar que el feminismo no es homogéneo a nivel internacional, ni siquiera nacional. Y es que como ya lo he mencionado, la mujer como sujeto histórico no se encuentran aislada de la lucha de clases, esto nos da como resultado que hay movimientos feministas llevados por mujeres pertenecientes a la clase obrera, como también hay movimientos feministas llevados por clase media o alta. Hay que saber discriminar entre cada uno, ya que no es lo mismo el movimiento NOW de Estados Unidos con el movimiento feminista en Chile que tiene un claro color proletario cuando leemos sus demandas:

Cito las demandas del movimiento feminista chileno (coordinadora Feminista 8M):

  1. Fin a la violencia política, sexual y económica hacia mujeres, disidencias sexuales, cuerpos racializados, migrantes y comunidades. Denunciamos la justicia patriarcal y racista. ¡No más femicidios en la impunidad!
  2. Trabajo digno, estable y seguro para todxs. Fin a las AFP. Por un nuevo sistema de seguridad social, salud y cuidados. ¡Cuidar y criar también es trabajar!
  3. HH. y constitucional a la vivienda digna. Producción social del hábitat en manos de pobladoras y pobladores. Banco de suelos y movilidad.
  4. Nueva ley de migración con enfoque de derechos y género. Libre organización y sindicalización de mujeres migrantes. Transversalizar el antirracismo en el feminismo.
  5. Despenalización social del aborto. Derecho al aborto libre, legal, seguro y gratuito. Reconocimiento de derechos sexuales y reproductivos como DDHH.
  6. Justicia y Verdad ante violaciones de DD.HH. que precarizan la vida. Construir memoria feministas, antirracista, antipatriarcal, anticolonial y anticapitalista como herramienta para las luchas y resistencias.
  7. Derecho a la educación artística interdisciplinaria. Nuevo sistema de financiamiento público a cultura la cultura y las artes. Ley de medios en Chile con perspectiva feminista.
  8. Fin al extractivismo: No más zonas de sacrificio. Soberanía y autodeterminación de pueblos y territorios en resistencia. Desmilitarización en Wallmapu. Justicia para macarena Valdés, Camilo Catrillanca y todxs los que luchan.
  9. Activismo feminista y queer en todos los territorios. Reconocimiento social y tipificación de incitación y crímenes de odio. Programas educativos sobre disidencias sexuales y género en educación y salud pública y privada.
  10. Educación como derecho social desmercantilizado. Modelo educativo democrático, no sexista, anticolonial y laico.

Fuente: https://www.eldinamo.cl/nacional/2019/03/08/estas-son-las-diez-demandas-del-movimiento-feminista-en-el-8m/

Mientras que el enfoque del movimiento NOW es el siguiente,

The Foundation focuses on a broad range of women’s rights issues, including economic justice, pay equity, racial discrimination, women’s health and body image, women with disabilities, reproductive rights and justice, family law, marriage and family formation rights of same-sex couples, representation of women in the media, and global feminist issues.

Fuente: https://now.org/now-foundation/about-now-foundation/

Cuya traducción es:

La Fundación se enfoca en una amplia gama de temas de derechos de las mujeres, incluyendo justicia económica, equidad salarial, discriminación racial, salud de la mujer e imagen corporal, mujeres con discapacidad, derechos reproductivos y justicia, derecho de familia, matrimonio y derechos de formación familiar de parejas del mismo sexo, representación de mujeres en los medios de comunicación y cuestiones feministas globales.

Como se puede ver, en el primer caso vemos una preocupación por la mujer y el hombre en tanto ambos pertenecen a la clase explotada, por eso entre sus demandas no solo encontramos puntos enfocados en mujeres sino que en la clase proletaria en su conjunto, como en temática laboral, previsional y seguridad social, así como en temática de inmigración, derechos humanos, incluyendo también demandas vinculadas al tema mapuche. En el segundo caso se puede ver una ausencia absoluta del componente de clase, si bien existe una búsqueda por la igualdad salarial, no se aprecia en absoluto una preocupación por la mujer de la clase proletaria.

Es por esto que no es lo mismo cualquier movimiento feminista, por ejemplo NOW se preocupa por la representación de las mujeres en los medios de comunicación, y realmente, ¿en qué le afecta a una mujer afroamericana en un barrio deprimido económicamente que haya 2 o 3 mujeres presentando las noticias? Definitivamente le puede servir no ser discriminada y recibir lo mismo que un hombre por su trabajo, pero más allá en realidad no hay mucho provecho que pueda sacar ya que esta mujer trabajadora aunque gane lo mismo que los hombres de su empresa, si gana poco, seguirá ganando poco. En este aspecto el movimiento NOW no tiene presencia mayoritaria de mujeres de la clase obrera, como sí lo hace el movimiento feminista chileno.

Es por este motivo que debemos entender al feminismo como la mujer politizada, la mujer que se hizo trabajadora, proletaria, y luego luchadora en política.

Y es en este punto donde descansa el potencial aporte del feminismo en el futuro. La clase proletaria es revolucionaria en esencia, una vez los factores subjetivos se manifiestan, la clase proletaria actuará en lucha por sus derechos (como bien evidencia la historia). El futuro de la humanidad se encuentra en todos nosotros, por eso es tan importante que la mujer forme parte íntegra del mismo, se empodere y luche por un futuro mejor.

Su lucha desde luego, y repito, debe darse en el marco de la clase proletaria, que es la que conjuga con el interés de la gran mayoría de las mujeres en el mundo -las explotadas- que a su vez contradice los intereses de las mujeres de otras clases sociales. La mujer proletaria politizada es la mujer feminista que aboga tanto por la igualdad de mujeres y hombres, como también por los derechos de la clase trabajadora.

El derecho más primigenio que deben alcanzar las mujeres es superar para siempre la oposición entre el trabajo y su maternidad y su función en la unidad doméstica capitalista, por lo que el potencial del movimiento feminista en el futuro descansa su carácter de clase, en luchar por un futuro sin explotación donde sus limitaciones socioeconómicas puedan ser dejadas en el pasado.

 



Categorías:actualidad, Historia, Sociología

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