Recapitulando, ciencias sociales

En una serie de artículos realicé un análisis sobre las diferentes ciencias sociales y el materialismo histórico. El enfoque era demostrar como el materialismo histórico era no solo una postura válida y coherente para analizar la historia, economía, ciencia política, sociología, antropología, geografía y psicología, sino que definitivamente era mucho más acertado que las principales corrientes burguesas hoy en día. Este artículo servirá para cerrar con una conclusión común los diferentes ensayos ya mencionados.

La intención es llevar a la reflexión de sus lectores hacia una orilla diferente de las ciencias sociales, distanciándolas de lo que hoy se repite una y otra vez cuando se indica que las ciencias sociales son pseudociencia influenciada en extremo por la política e ideología. Por este motivo, este artículo se desarrollará en torno a tres preguntas, ¿son las ciencias sociales, efectivamente ciencia? ¿Están las ciencias sociales ideologizadas como se indica? ¿Existe una o muchas ciencias sociales?

Si nos ceñimos a la primera pregunta, la respuesta corta y formal sería, las ciencias sociales se rigen por el método científico, por lo tanto, su carácter de ciencia es tan cierto como el de las ciencias naturales. Un criterio válido, pero no completa los vacíos ni responde a las preguntas que muchos se hacen: a) las ciencias sociales no son predictivas, b) las ciencias sociales no emplean estadísticas ni cuantifican, c) las ciencias sociales no crean teorías, d) las ciencias sociales no son objetivas.

Revisemos cada uno de estos puntos:

Que las ciencias sociales no sean predictivas es una afirmación que debe ser cogida con pinzas. En primer lugar la capacidad de predecir fenómenos no hace que la ciencia sea ciencia, más bien es un logro particular y loable. Pero incluso en las mismas ciencias naturales la predicción no es norma general. Es cierto que se han desarrollado muchos modelos matemáticos aplicados en meteorología y física que han dado excelentes resultados al momento de predecir fenómenos, pero esto no es 100% infalible, incluso los más prestigiosos meteorólogos yerran en sus predicciones de clima. También es cierto que hay otras ciencias que todavía son incapaces de elaborar modelos predictivos, como la sismología que todavía no puede predecir seísmos. La zoología tampoco es capaz de predecir el comportamiento de los animales (así como la sociología no lo hace con las sociedades).

De todas formas, tampoco nos podemos quedar con la vacua afirmación de la incapacidad predictiva de las ciencias sociales, ya que buena parte de las teorías generadas desde el método científico sí son capaces de generar teorías que nos permiten prever la situación en el futuro. Repito, no predecirla, preverla en un sentido amplio.

Por ejemplo:

  • La explicación marxista de las crisis económicos en Marx no predice una misma como quien predice si mañana estará nublado o despejado, pero sí que nos permite analizar la situación actual y establecer condiciones de una crisis. Que es precisamente lo que se ha hecho en este blog desde hace unos años.
  • Igualmente, la lucha de clases nos aporta el marco teórico lo suficientemente robusto como para comprender cuáles son las condiciones y factores que podrían detonar en protestas, crisis sociales y conflictos.
  • En esta misma línea, entender el comportamiento de los regímenes capitalistas también se puede adelantar tras ejercicios de reflexión. Los detalles escapan, pero el comportamiento general se vuelve previsible en buena medida. Tenemos la claridad que a raíz de su esencia como Estados capitalistas, la clase política actuará de una determinada forma frente a X situación (crisis económica, rebelión social o incluso durante una pandemia como la que estamos viviendo).

Por otro lado, las ciencias sociales no son tan dadas como las naturales para utilizar herramientas estadísticas y matemáticas, pero sí que las usan, aunque algunas más que otras. La economía se nutre de las matemáticas en sus análisis y diagnósticos, de hecho no puede haber ejercicio de economista sin matemáticas. La sociología también utiliza las matemáticas, especialmente las estadísticas para desarrollar sus propias teorías (el método Pareto por ejemplo, viene de un sociólogo). Y hay corrientes geográficas que también hacen uso de las matemáticas, la cartografía, la geografía económica y cuantitativa incluyen bastante matemáticas. También la ciencia política y la historia económica utilizan las matemáticas en su desarrollo.

Sin embargo, la ciencia tampoco se hace ciencia solo por integrar la matemática (a menos que el tema lo requiera).

¿Generan teorías las ciencias sociales? La respuesta es que sí, las generan, el problema es que estas muchas veces chocan entre sí, entran en contradicción y por ende generan una percepción generalizada de que las ciencias sociales son extremadamente teóricas y poco aplicables a la realidad. Esta situación, como he indicado, se debe a la incapacidad que han tenido los diferentes científicos sociales de centrarse en la corriente que más ha desarrollado teorías basadas en el método científico.

A través de los artículos anteriores, expuse cómo las diferentes corrientes burguesas carecían de coherencia, tenían evidentes vacíos argumentales, y no terminaban de cuajar. Es más, el problema más evidente es que no existe una coherencia entre las principales y más reconocidas teorías de las ciencias sociales burguesas como sí ocurre con las ciencias naturales.

Para que se entienda utilicemos de ejemplo la física, química y biología. Mientras que la física se encarga de estudiar los componentes fundamentales del Universo, la energía, la materia, el espacio-tiempo y sus interacciones, la química estudia la composición, estructura y propiedades de la materia, así como los cambios que esta experimenta durante las reacciones químicas y su relación con la energía, y la biología estudia los procesos naturales​ de los organismos vivos, ​ considerando su anatomía, fisiología, evolución, desarrollo, distribución y relaciones.

En su interior, existen muchas teorías y leyes que buscan explicar la realidad del mundo natural – físico del cual somos parte, y a pesar de sus diferencias (como puede suceder hoy en día entre la Teoría de la Relatividad y la Teoría Cuántica), existe coherencia entre todas estas ciencias. Por ejemplo a nivel físico, se entiende que la materia se encuentra compuesta por átomos, y a estos a su vez por conformados por protones, neutrones y electrones (con la excepción del átomo de hidrógeno -1 que no contiene neutrones y del del hidrón que no contiene electrones), estos átomos responden a una serie de leyes que se encuentran en estudio pero a la vez se sabe que son los que componen los elementos químicos ordenados en la tabla periódica por su número atómico (número de protones), por su configuración de electrones y sus propiedades químicas, y desde luego, son estos químicos los que forman la materia inerte y biológica, en este último caso, los seres vivos (es decir, animales, plantas y microorganismos como las bacterias) se componen principalmente por carbono, nitrógeno, oxígeno y nitrógeno (repito, principalmente, ya que son muchos otros los elementos químicos los que componen la materia biológica), son estos elementos los que forman biomoléculas orgánicas (glúcidos, lípidos, proteínas, ácidos nucleicos y vitaminas). Es decir, como se puede observar existe una relación entre la física, la química y la biología de manera que es imposible entender la biología sin entender los principios básicos de la química y física. De la misma forma, la teoría del Big Bang explica el origen del universo donde en un inicio se crearon elementos como el hidrógeno, el helio o el litio, luego las estrellas se convierten en fábricas de elementos más pesados que se reparten en el universo, de estos se forman otras estrellas y planetas, y a la vez con el tiempo en aquellos planetas con las condiciones adecuadas la vida (en este sentido el Experimento de Miller y Urey da una importante contribución a la teoría de la sopa primordial, en el mismo se recrean en tubos y recipientes cerrados de cristal las condiciones iniciales de la Tierra utilizando agua, metano, amoniaco e hidrógeno, por una parte se calentó el agua para evaporarla y por otra mediante electrodos se emitían descargas simulando los rayos que se manifestaban en la Tierra primitiva, después de un tiempo se obtuvo aminoácidos, algunos azúcares y de ácidos nucleicos, elementos fundamentales para el origen de la vida), nuevamente tenemos leyes que se condicen.

A pesar de los vacíos internos que tengan las ciencias naturales, sí existe una evidente relación entre sus teorías, y cuando existen incoherencias, se investiga lo suficiente para superarlas, que es lo que continuamente realizan.

En el caso de las ciencias sociales no solo existen vacíos dentro de sus propias teorías, sino que además estas se contradicen cayendo en la más absurda incoherencia. Por ejemplo, la economía ortodoxa considera a la sociedad manejada por mercados y agentes racionales cumpliendo de ese modo sus esquemas teóricos, por su parte la ciencia política ortodoxa entiende que el poder y sistema político se cimienta en las mismas sociedades, a su vez la sociología burguesa en cambio explica el comportamiento social a partir de valores y normas sociales propios de cada sociedad e incluso por su religión (dupla Weber-Durkheim), el historiador burgués, muy influenciado por una teoría de la historia sumamente idealista y narrativa, no solo no tiene una teoría que explique el porqué del avance histórico en tal o cual dirección, sino que se aleja del hoy advirtiéndose una vergonzosa distancia entre su conocimiento del pasado y del presente, el psicólogo se desgasta entendiendo la psiquis de las personas en una disyuntiva conductual o introspectiva, el antropólogo del mainstream solo intentará entender si la cultura de esa sociedad es avanzada/retrasada en una línea evolutiva, o si esa cultura es relativamente aceptable, y por último el geógrafo del capital se encargará de estudiar el espacio social, sin la sociedad, buscando comprenderlo mediante modelos matemáticos, llevándolo a un lenguaje cuantitativo con el objetivo de rentabilizar las necesidades del capitalista.

No hay coherencia alguna.

El universo del economista burgués no se condice con el universo del científico político burgués, si en el utópico mundo del economista las personas son agentes racionales, ¿a qué se deben las crisis económicas? A intervenciones públicas indebidas, estas intervenciones provienen de un Estado, gobierno, clase política y poder que a su vez, según el científico político, responden a inputs y outputs de la misma sociedad, ¿no se suponía que la sociedad estaba compuesta por agentes racionales? Además, ¿cómo pueden ser racionales si según la sociología burguesa estos actúan en un marco valórico muchas veces excluyente? El antropólogo burgués en su eterna lucha interna por entender si la cultura evoluciona en una línea o es relativa tampoco podrá cuadrar su perspectiva dentro de este supuesto universo social “científico y racional”, el psicólogo tampoco podrá hacer encajar esta compleja psiquis individual que estudia en un mundo de “elecciones racionales” a no ser que sea forzándola.

En otras palabras, las ciencias sociales burguesas nos presentan diferentes mundos con diferentes leyes, son en estricto rigor, universos separados y distanciados entre sí. Quizás este sea el motivo que nos lleva a que dentro de esta corriente se busque acomodar sus teorías en las particularidades de cada espacio y momento, llegando -en una manifestación máxima e irrisoria- a teorías sociológicas, antropológicas e históricas que solo se aplican en determinados países. Sí, nos encontramos en el absurdo, reduccionista y simplificador ejercicio acomodaticio.

Eso no es ciencia, es simple palabrería y discurso empobrecedor.

Miremos por ejemplo a los historiadores tan empecinados en estudiar, comprender y explicar el pasado de la humanidad, pues bien, en su propio seno se da esta continua disyuntiva de estudiar la historia a partir de hechos, de estructuras, solo la política, solo la sociedad, o las mentalidades, en esta problemática se manifiesta la carente teoría que llene el vacío del motor histórico, que de momento solo tenemos al idealismo dieciochesco y al materialismo histórico, el primero sumamente caduco (aunque a regañadientes y dentro de sus discursos terminan usándolo), y el segundo su rival epistemológico, social y político.

Entonces, si la historiografía asume que no existe una teoría de la historia significa que no hay una conexión entre el pasado y el presente, más que el recuerdo y su efecto sobre nosotros, así, si no existe una teoría de la historia tampoco hay leyes que expliquen eventos y sucesos políticos, económicos y sociales. Ergo, el historiador plantea un universo diferente que el científico social que analiza el presente. Hay dos mundos distantes, el pasado no contiene leyes, el presente sí las contiene. Incluso, cuando el historiador burgués se apoya en teorías sociológicas, económicas y políticas burguesas para ciertos eventos del pasado, lo hace desde la más pura excepcionalidad, porque dichas teorías al no ser ni generales ni universales, las adapta al momento y lugar que representa su incógnita.

En respuesta a la pregunta, sí, las ciencias sociales generan teorías, pero lamentablemente estas teorías no provienen de un metódico trabajo científico en el más puro de sus significados. En este sentido el materialismo histórico llena este evidente y enorme vacío, lo que me lleva a la última pregunta, ¿son las ciencias sociales objetivas?

Para responder debemos primero entender qué es la objetividad.

Dentro de la filosofía y por ende, las ciencias sociales, ser objetivo, aclamar a la objetividad y alcanzar en ese intento la realidad del mundo es un debate tanto intenso como interesante. No quiero entrar aquí en profundizaciones que desviarían el eje centra de la discusión, para ello resumiré todo en las grandes concepciones de la objetividad.

De un modo tanto sucinto como aséptico podemos decir que existen dos grandes bloques de pensamiento. Por una parte, se encuentra la idea de que la objetividad se puede alcanzar mediante el razonamiento, la actividad científica, la observación y una metodología caracterizada por un espíritu crítico. Por otra parte, tenemos aquellos que el conocimiento objetivo no se puede alcanzar puesto que todos somos miembros de comunidades discursivas de manera que estas determinan cuáles serán nuestras interpretaciones, actitudes y opiniones, de manera que cualquier interpretación que hagamos sobre el mundo reflejaría el marco interpretativo de las comunidades en las que vivimos. Sí, estamos frente al máximo planteamiento epistemológico del postmodernismo, quienes llegan a la afirmación de la imposibilidad de conocer.

Ahondando un poco más esta postura, la realidad social es una construcción subjetiva, por lo que ya no tiene sentido buscar dentro de esta realidad leyes sociales objetivas con el fin de alcanzar una comprensión y un entendimiento superior.

Este planteamiento tiene en su seno el constructivismo, el cual indica que la realidad no es independiente del observador, la realidad es construida por los sujetos, lo cual quita cualquier validez al concepto de objetividad y sí intensifica la importancia de la subjetividad en todo campo de las ciencias sociales, y aquí nos encontramos -además del postmodernismo- con los relativistas culturales, relativistas epistemológicos, constructivistas sociales, entre otros, cuyo principal efecto en la ciencia misma, es que llenan nuestras hemerotecas, revistas y ensucian nuestra producción con conocimiento acientífico.

Por supuesto, esta segunda arista en la filosofía y las ciencias es sumamente limitada, no es ni científica ni mucho menos objetiva.

Pero es que el mundo que nos rodea sí es conocible, la mente puede penetras las apariencias, podemos identificar realidades objetivas como la explotación en el capitalismo o la relación capital-trabajo. Y es que el conocimiento empírico es interpretativo a fin de reconstruir, no construir, la realidad y el objeto de conocimiento.

En términos todavía más simples:

  • El cielo es azul, ¿no? Todos lo ven azul, o más o menos azul en términos generales con variaciones dependiendo de la persona. Pero es azul, no verde ni amarillo.
  • El azul se corresponde con una gama de colores que conforman el espectro que nuestro ojo puede percibir.
  • Sin embargo, el problema es que nuestro ojo solo es capaz de percibir un rango determinado de ondas electromagnéticas, se nos escapan las gamas incluidas en el ultravioleta y el infrarrojo.
  • Esto implica que nuestro cerebro al ser incapaz de ver estos colores termina adaptándolos, interpretándolos y de cierto modo “engañándonos”

Un postmodernista o constructivista indicará que a raíz de que nuestro cerebro es incapaz de hacernos ver el mundo tal cual es, el conocimiento objetivo es inalcanzable, por supuesto, si no sabemos ni de qué color somos, ¿cómo vamos a alcanzar la verdad objetiva?

Pues no, un científico en realidad dirá: puede ser que no seamos capaces de ver el mundo como realmente es, pero lo podemos conocer. Y es que en este mismo ejemplo, a pesar de no ver ni apreciar el mundo con el ultravioleta o el infrarrojo, sí que sabemos que existen, hemos desarrollado la capacidad de percibirlo (mas no verlo tal cual es) y en consecuencia de conocer esta realidad.

El tiempo -según la relatividad- es una dimensión más, por lo tanto, es relativo al espectador y varía en relación con la fuerza de gravedad, y la velocidad, entre más nos acerquemos a la velocidad de la luz el tiempo se desacelera, mismo resultado si aumenta la gravedad. Esto nos lleva a una interesante reflexión: el tiempo que nosotros percibimos -pasado, presente, futuro, minutos, horas, días, años- existe solo porque nuestro cerebro así nos permite entenderlo, pero conforme nos acercamos a la velocidad de la luz el tiempo transcurre más lento a un punto que se detendría. Incluso más, si lo pensamos, tanto el pasado como el presente y futuro siguen existiendo dentro del espacio-tiempo.

¿Esto hace de la realidad relativa e imposible de conocer?

NO.

Lo que sí nos queda claro es que el tiempo es relativo, pero los cálculos matemáticos, los estudios físicos, y los experimentos nos acercan cada día más a la verdad objetiva.

Hoy sabemos más que hace 100, 500 o 1000 años.

Entonces, asumiendo que la verdad sí es alcanzable y que los conceptos y la arquitectura lingüística que usamos solo se limita a recrear y no crear la verdad, entonces nos queda responder, ¿cómo se alcanza la objetividad?

Muy simple, utilizando el método científico.

Y esto es algo que sí se ha hecho en diferentes campos, aunque con dificultades pues las ciencias sociales a diferencia de las naturales no son capaces de generar experimentos como quien diría dentro de un “laboratorio social”.

Sí sería posible con la psicología, pero ¿cómo se realizaría un experimento con la historia o economía? Para ello tenemos la enorme cantidad de evidencia empírica que arroja luz frente a las diferentes hipótesis.

¿Y entonces por qué a pesar de todas las corrientes que apelan al método científico estas son calificadas como poco objetivas? Avancemos a la siguiente pregunta…

¿Están las ciencias sociales ideologizadas?

Desde el interior de estas, la respuesta es no, pero desde el exterior se piensa lo contrario. Por ejemplo un físico al intentar entender un fenómeno social verá que frente al mismo fenómeno hay diferentes interpretaciones.

¿Qué sucede? Dirá el físico.

Pues que la explicación científica de la sociedad es subjetiva (punto que revisaba anteriormente), por lo que depende de cada observador y su corriente, y en consecuencia hay un grado de ideologización.

Esto nos lleva a creer que, a pesar del método científico en la realidad social, la ideología tiene una fuerte impronta en la explicación y por ende las ciencias sociales están ideologizadas.

Sí y no.

Es imposible mirar a la sociedad como un dios abstrayéndose de toda nuestra carga cultural, valórica y social, pero esto no debe limitar ni ideologizar el estudio.

El estudio social debe ser objetivo y la ideología debe ser consecuente con los resultados empíricos y científicos, no a la inversa. Esto es, si yo estudio el universo social y establezco relaciones objetivas que indican que existe explotación económica entonces puedo afirmar a partir de lo anterior:

  1. El mundo es injusto y debe cambiar
  2. El mundo es injusto pero es lo mejor que tenemos

En ambos casos estoy entregando una perspectiva ideológicamente posicionada.

La diferencia existirá cuando yo cree una teoría que no se basa en resultados empíricos ni científicos y que en su lugar confirme que el mundo es justo y no existe la explotación económica. En este caso sí que existe ideología no solo en la interpretación del resultado, sino que además interfiere en el método mismo.

Justo esto es lo que ocurre con la gran mayoría de las teorías burguesas en ciencias sociales.

Para que se entienda, no porque un científico social se declare partidario de X ideología política será menos científico, que dicha ideología se anteponga a su estudio y trabajo sí le quita validez y rigor científico. Un científico social también podría ser muy prudente al momento de señalar su color ideológico, pero en el acto podría actuar por y para el mismo (como ocurre con muchos economistas que trabajan para grandes instituciones financieras y que divulgan la meritocracia o el arduo trabajo como solución a la pobreza mundial).

En este sentido, tanto en la teoría como en la práctica, el materialismo histórico contra viento y marea sigue presentándose ante el mundo como la principal herramienta, método y visión para analizar la realidad social en todo su aspecto.

Karl Marx representa en las ciencias sociales, lo que Charles Darwin en la biología, Newton en la física y Antoine Lavoisier en química.

Éste es el principal problema interno en las ciencias sociales. Tenemos dentro una serie de teorías, la absoluta mayoría de estas no conversan entre sí y carecen de representación en la realidad, esto llega a tal punto tal que hoy en día no existe una teoría que conecte las mismas, la única que lo hace es el materialismo histórico.

Encima, pareciera ser que entre la comunidad de científicos sociales existe una continua negación a asumir que la realidad social tiene una intrínseca relación con las ciencias naturales en tanto ambos niveles se encuentra en el mismo universo, por lo que debería coexistir tanto las leyes naturales y sociales, ¿o es que acaso las ciencias sociales escapan esta realidad?

El materialismo histórico cumple con conectar las ciencias naturales con las sociales. Si entendemos que las primeras tienen un correlato entre los átomos -> los elementos químicos -> la materia orgánica, esta última determinada por el evolucionismo, y asumimos que el materialismo histórico explica la historia de la humanidad como una evolución de las relaciones humanas entre sí y entre la sociedad y su medio ambiente combinando psiquis, cuerpo y medio ambiente, entonces tenemos el eslabón perdido que faltaba para conectar las Cs. Naturales de las sociales.

¿Por qué no se acepta?

Porque aceptar el materialismo histórico significa asumir -principalmente- que el mundo es esencialmente cambiante y que el capitalismo caducará y será superado. Los científicos sociales burgueses en cambio no pueden aceptar esta realidad y la ocultan ya sea por interés o ideologización.

Por último, para ir concluyendo, ¿existe una o muchas ciencias sociales?

El relato oficial es que las ciencias sociales son diferentes especialidades que puede conversar y cuyos integrantes en caso de requerirlo, pueden acudir a la interdisciplinariedad, pero esto ha desembocado en una situación de poca seriedad y nula objetividad: el historiador se separa de la actualidad, el economista no tiene una teoría de la historia por lo que su teoría se funda en un mundo abstracto y utópico, el sociólogo y el científico político son incapaces de conversar entre sí, ¡y mucho menos con el economista! El psicólogo sigue intentando explicar la mente sin la realidad social y el geógrafo el espacio sin la sociedad. No hay sentido alguno.

Por el contrario, mi afirmación es que las ciencias sociales son una y varias a la vez, al igual que las ciencias naturales.

Esto es, son un todo indivisible, una totalidad concreta y no una simple “suma de partes”.

En este sentido, por ejemplo, la economía es economía y a la vez es sociología, psicología, historia, ciencia política, antropología y geografía. Es así como se deben entender cada una de las ciencias sociales.

Por lo que es inaceptable que haya economistas que se nieguen a hablar o debatir de política solo porque “ellos solo se dedican a la economía”, del mismo modo es inaceptable que haya historiadores que se nieguen a realizar un barrido analítico de un evento sin recurrir a la economía, geografía o sociología.

Y es que no basta con “hacer historia de España en el siglo XIX” con un capítulo dedicado a sus eventos políticos, otro a sus eventos sociales y otro a su desarrollo económico. Eso tan solo cubre una parte, la más superficial del vacío, lo sustancialmente significativo es desarrollar historia, economía o política sin abstracciones, entendiendo, analizando, describiendo y explicando que la historia es economía, política, sociedad, cultura, psicología, antropología y geografía. Ejercicio que aplica para todas las ciencias sociales.

Lograr lo anterior es imposible utilizando las teorías acientíficas burguesas, por lo cual la única opción que queda es el materialismo histórico. Pero éste te proporciona una visión esencialmente revolucionaria, y he ahí el quid de la cuestión.

Las ciencias sociales burguesas no proporcionan realidad, proporcionan justificación, y esto es rentable.

Un historiador burgués justifica la idea de naciones históricas, por lo que su trabajo es útil tanto en la educación de nuevas generaciones como en la creación de un discurso oficial a nivel de país.

Un economista burgués oculta con tecnicismos y eufemismos la explotación dentro de las relaciones económicas burguesas. Alienta el trabajo duro del obrero, y expone motivos “científicos” del porqué no disminuir las horas de trabajo, hacer huelga o elevar los días de vacaciones.

Un sociólogo burgués estudia una sociedad carente de clases sociales y sobre todo, de un mundo donde no existe una lucha de clases. En definitiva, justifica la existencia jerarquizada de la sociedad reemplazando la explotación y lucha de clases por el contubernio social.

El científico político burgués explica el sistema y poder político como una red continua de retroalimentación entre diferentes agentes, impregnando la idea de una falsa democracia como máxima meta alcanzable.

El antropólogo burgués en su debate entre universalistas y relativistas termina o bien justificando la superioridad de los países avanzados, el discurso neocolonizador e incluso las apuestas imperialistas, o bien relativizando y potenciando el discurso individualista burgués.

El psicólogo burgués enfoca su trabajo en el estudio de patologías y personalidades individuales, descontextualizándolas de su mundo y entorno material producto de las relaciones sociales cosificadas y degradantes que imperan en la sociedad capitalista, en su lugar proporciona placebos, y sin olvidar la autoayuda, coaching, gestión del tiempo y liderazgo en materia empresarial.

El geógrafo burgués separa el espacio del hombre, lo toma y estudia como un universo paralelo y en esa dinámica, sirve a la clase dominante con sus estudios cartográficos -como en el pasado- o empresariales -como sucede hoy-.

Las ciencias sociales burguesas en el fondo sirven para el poder justificándolo, pero no se acercan a la realidad.

Y este es el principal problema.

 

 



Categorías:Antropología, Economia, Geografía, Historia, Política, Psicología

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