Chile, ¿atado al subdesarrollo?

En el artículo anterior, describí el grado de retraso social chileno en comparación con los países más desarrollados de la OCDE concluyendo luego, que esta es la principal causa detrás de las manifestaciones que desde el 18-10-2019 han ocupado la atención a nivel nacional e internacional. A partir de tal conclusión, este artículo se enfocará en la otra cara del problema chileno, el subdesarrollo económico que ha persistido como causa raíz de los mayores conflicto políticos y sociales entre 1900 y 2020.

Y es que ni el más robusto Estado de bienestar puede existir sin un sector económico avanzado y competitivo, por este motivo falta dentro de la discusión un cuestionamiento a todas las políticas económicas implementadas desde que nuestro país ganó su independencia, entendiendo que nunca logramos modernizar nuestra economía como sí lo hicieron tanto países más antiguos que el nuestro, como también países con una historia nacional moderna cuyo origen se remonta a menos de un siglo.

En este preciso momento nos encontramos en un contexto internacional muy delicado, el crecimiento de China se ha ido reduciendo, en Estados Unidos la tasa de inversión (como porcentaje del PIB) no ha alcanzado un nivel similar al dado antes de la crisis de 2008, la economía de la UE no se encuentra mejor con una Alemania manifestando un crecimiento económico cada vez más reducido, Japón no ha salido de su constante estancamiento y el desplante de los países emergentes como Turquía, Brasil, el sudeste asiático entre otros, tampoco es mejor (por ejemplo Brasil apenas está creciendo), a esto sumemos el constante endeudamiento público, privado y externo de las principales economías y la incertidumbre internacional a raíz de las pugnas comerciales entre Estados Unidos y China. En esta situación, existen posibilidades de adentrarnos en una recesión internacional, de ser ese el caso, Chile no está en condiciones de resistir, y nuevamente seríamos testigos de otro proyecto modernizador fracasado.

¿Es posible prevenir o amortiguar esta endémica situación? ¿Podrá Chile por fin tras más de 200 años dar el salto cualitativo tan anhelado? ¿Esta discusión forma parte de la preocupación de los principales actores en el país -quienes a su vez pueden marcar la diferencia-?

En definitiva, ¿por qué Chile ha sido incapaz de avanzar y posicionarse a la vanguardia del mundo? ¿Es nuestra sociedad el problema? ¿Lo es nuestra ubicación geográfica y geoestratégica? ¿Estábamos desde 1818 destinados a ser un país retrasado y subdesarrollado?

Abordaremos esta temática desarrollando los siguientes puntos: a) dinámica internacional, b) casos particulares dentro de la órbita de los países desarrollados, c) el caso de Chile, e) conclusiones.

Dinámica Internacional

La economía internacional capitalista posee una serie de elementos, leyes y un comportamiento definido. Valdría la pena detenernos un momento para profundizar el análisis.

En primer lugar, tenemos los elementos que componen al sistema capitalista, estos son el mercado, las compañías, los Estados, y las unidades domésticas.

Partamos con los mercados. Estos son estructuras tanto locales y concretas, donde individuos y compañías compran y venden diferentes mercancías, así como una institución virtual a lo largo del tiempo en donde tienen lugar los mismos intercambios. El alcance que tiene el mercado es en términos simples, el espacio que posee como totalidad la economía mundo. El mercado virtual actúa como un imán que atrae a todos los productores y compradores, siendo esta atracción, un factor político decisivo en la toma de decisiones de todos los actores (Estados, compañías, unidades domésticas y clases sociales).

Este mercado además en ninguna circunstancia es completamente libre, esto no es más que una ideología mítica que funciona como influencia restrictiva, pero nunca opera en la realidad cotidiana. La razón es muy simple, y es que el capitalista requiere de mercados con un grado de libertad y restricción para lograr la acumulación incesante de capital, supongamos que existiese un mercado mundial en el que todos los factores de producción fueran completamente libres, es decir, donde los capitales fluyeran sin restricciones y hubiera un enorme número de compradores y vendedores con una perfecta información de los costos de producción asociados a cada producto, en este mercado, sería siempre posible para los compradores regatear con los vendedores hasta un punto de ganancia minúsculo, y con este bajo nivel de ganancia el juego capitalista perdería todo interés.

¿Qué tipo de mercado prefieren entonces los capitalistas? Un mercado con la existencia de monopolios, o mejor dicho, cuasimonopolios, sin embargo de esto hablaremos en breve.

Las compañías son un importante actor dentro del mercado. Se encuentran embarcadas en una competencia constante con otras compañías que no solo se encuentran en su mismo rubro y que operan en el mismo mercado, además compiten con aquellas que son tanto proveedoras de sus servicios, como sus propias clientes. La competencia es ley, las compañías fuertes y ágiles sobreviven, las débiles están destinadas a la bancarrota o a la absorción por parte de otras empresas. Esta tendencia opera como una realidad necesaria dentro del capitalismo, ya que si todas las compañías capitalistas resultaran ser exitosas, el margen de ganancia se reduciría al mínimo, por eso los constantes fracasos de los rivales no solo despejan al mercado, sino que además forma parte de una condición imperativa para la acumulación incesante de capital.

Además, las compañías que tienden al crecimiento ya sea horizontal (con el mismo producto) o vertical (en diferentes pasos de la cadena de producción), en este desarrollo, reducen los costos a través de la llamada “economía de escala”, pero a la vez se agregan costos de administración, coordinación y múltiples riesgos de ineficiencia gerencial. Es a raíz de esta contradicción, que se da un constante proceso en que las compañías crecen y luego reducen su tamaño, aunque, en realidad la tendencia secular a nivel mundial es que las compañías incrementan su tamaño, esto, a pesar de los períodos en que ven reducida su planta de trabajadores y peso dentro de una economía.

Por otro lado, la posición de estas compañías en el mercado tiene directa relación con su posición geográfica. Esto es, las compañías que se ubican en los Estados centrales tienden a poseer mercados más monopolizados (en general venden dentro del mercado mercancías de mayor valor agregado), mientras que las compañías ubicadas en los Estados periféricos tienden a poseer mercados más competitivos en tanto su matriz productiva se encuentra altamente distribuida. En este sentido, la plusvalía obtenida por las compañías de las compañías en Estados periféricos tiende a ser transferida a compañías de Estados centrales, este constante flujo de transferencia puede ser estudiado dentro del comportamiento de las balanzas de pago de cada país.

Los Estados poseen distintas funciones en los procesos productivos según la relación centro-periferia en la que se encuentren. En los Estados centrales, el comportamiento tiende hacia la protección de los cuasimonopolios de los procesos centralizados. En cambio, los Estados periféricos, son incapaces de influenciar y afectar la división axial del trabajo. Finalmente existe un tercer grupo de Estados, catalogados como semiperiféricos, los cuales se caracterizan por tener una mezcla semi homogénea de procesos de producción encontrándose en una situación complicada, lo cual los lleva a tener una preocupación enfocada en mantener la mayor distancia posible de la periferia y acercarse lo máximo al centro.

Un punto a destacar es que con mucha distancia al discurso oficial, los Estados tienden a crecer conforme se desarrolla la economía capitalista. El sistema interesatatal tiene su origen con el nacimiento del Estado moderno, esto fue institucionalizado tras Westfalia en 1648; sin embargo, el poder real del Estado en aquel entonces era bastante inferior al que conocemos a pesar de que los gobernantes se audenominaban “monarcas absolutos”. Los monarcas eran absolutos en tanto su poder era arbitrario pero éste en efecto era sumamente limitado. Es por esto que para poder asegurarse, los Estados buscaron a lo largo de los siglos un lento pero sostenido incremento en su poder real. Por otra parte, otras tendencias ajenas a la búsqueda misma del Estado conllevaron a su incremento de poder, revisaremos estas tendencias conforme avancemos en este artículo.

Por último, algo de suma importancia es la relación del Estado con las compañías capitalistas, esto es, a diferencia de lo asumido continuamente por los apologistas del libre mercado, en el desarrollo de la economía capitalista la actividad estatal fue de vital importancia apoyando la construcción de los cuasi monopolios.

Los mecanismos estatales usados son:

  1. Sistema de patentes, esto es, la reserva de los derechos de invención por un determinado número de años. Lo que significa que los productos nuevos en un mercado sean los más caros para el mercado y los más ventajosos para los productores. Las patentes pueden ser violadas y luego de un tiempo expiran, pero protegen a los cuasimonopolios durante un tiempo.
  2. Restricciones estatales a importaciones y exportaciones, mediante aranceles que dificulten la importación de artículos o bienes de capital, o también dificultando las exportaciones de ciertas mercancías.
  3. Subsidios, mecanismo mediante el cual el Estado transfiere la plusvalía generada en un sector de la economía hacia otro estratégicamente mejor posicionado.
  4. La capacidad un Estado para intervenir mediante la fuerza en otro Estado y de este modo, prevenir que tomen medidas contraproteccionistas.
  5. Intervención en la compra a escala de ciertos productos dispuesto a pagar precios excesivamente elevados.

Además, los Estados al ser soberanos, crean reglas que al menos en 5 puntos impactan directamente el interés de los empresarios:

  1. Los Estados ponen las reglas de intercambio de mercancías, capital y trabajo
  2. Crean leyes concernientes a los derechos de propiedad privada, en términos simples, se encargan de fabricar una estructura jurídica asegure al empresario la mantención de su capital acumulado.
  3. Crean reglas concernientes al empleo a través del nivel general de remuneración, las condiciones laborales, y mecanismos de contratación y despido. Todavía más importante para los empresarios, es que el Estado les asegure un continuo flujo de trabajadores, generando demanda y minimizando el desorden social.
  4. Decisión sobre los costos que las compañías deben asumir. Aquí se asumen 3 tipos de costos operativos en los que el Estado puede significar un gran alivio para las compañías. Por una parte tenemos los costos de toxicidad, los cuales son todos los residuos involucrados dentro del proceso productivo y que generan cierto daño ambiental ya sea por residuo químico, desecho de materiales o transformación al ecosistema. El modo más barato para el productor de tratar es dejarlos fuera de su propiedad sin ningún tipo de tratamiento que pueda conllevar algún tipo de coste excesivo, esto en el corto plazo reduce sus costos pero en el largo plazo alguien se debe de hacer cargo, y es aquí donde el Estado termina asumiendo la limpieza adecuada del daño acumulado. El segundo costo es el agotamiento de las materias primas, esto pues en todo proceso productivo se utiliza materias primas, y estas -aun con diferencias de tiempos- al agotarse implican un costo que tiende a no ser internalizado dentro de los balances empresariales, si bien es cierto hay casos en los que el costo de agotamiento es superado mediante la innovación, hay otros en los que simplemente no es posible, y aquí el Estado nuevamente debe asumir con la recuperación o recreación de los materiales. Por último existe el costo de transporte, si bien es cierto que los empresarios suelen pagar el costo por el transporte de las mercancías que envían o reciben, rara vez pagan la totalidad. La creación de la infraestructura necesaria para el transporte está en buena medida a cargo del Estado.
  5. Los impuestos son con frecuencia, los más mencionados como ejemplo de la interferencia estatal, esto sin embargo, no resta en absoluto que sin ellos, un Estado no podría existir. Existe una percepción generalizada en contra de los impuestos, pero también se entiende que la mayor parte de las personas y empresas están dispuestas a ser gravadas con el fin de recibir el mínimo de servicios conforme a sus intereses. En este aspecto, lo relevante es el grado de impuestos gravados, no es ninguna sorpresa que los impuestos sean una certeza y las disputas impositivas sean endémicas en la política del mundo moderno.

Las unidades domésticas son los núcleos de la clase proletaria, cuentan con frecuencia de una residencia común, y tienen como objetivo común el suministrar el ingreso para el grupo y compartir el consumo resultante de dicho ingreso.

Este ingreso que tiene la unidad doméstica proviene desde diferentes fuentes,

  • Salarios: pago recibido por un miembro de la unidad doméstica a cambio de vender su fuerza laboral al capitalista.
  • Subsistencia: esfuerzo de personas en una unidad doméstica para el consumo propio sin hacerlo pasar por el mercado.
  • Pequeña producción mercantil: producción a pequeña escala producida en la unidad doméstica que tiene como objetivo ser vendida en el mercado.
  • Renta: ingreso proveniente de alguna inversión de mayor capital (departamentos urbanos para alquiler o el subarriendo de habitaciones dentro de los departamentos), ventajas de ubicación (por ejemplo a través del pago por el uso de un camino o puente privado), es decir, no es el trabajo sino que una propiedad la que hace posible el ingreso.
  • Transferencias: ingresos de un individuo a partir de una obligación de un tercero para proveer dicho ingreso (por ejemplo las remesas).

Entendiendo lo anterior, se nos hace posible diferenciar a las unidades domésticas proletarias de las semiproletarias. Las primeras, en general recibirán la mayor parte de sus ingresos de los salarios, mientras que las segundas no. Esto implica a que para la acumulación capitalista, sea preferible tener trabajadores de unidades semiproletarias, ya que de este modo, pueden permitirse el pago de salarios por debajo del mínimo fisiológico de subsistencia.

Sin embargo, como ya veremos, existe una presión continua hacia la proletarización de la fuerza de trabajo.

Habiendo revisado cada uno de los elementos más relevantes dentro de la economía capitalista, ahora podemos indagar dentro de las leyes que operan dentro de este sistema.

  1. Construcción y destrucción de cuasimonopolios
  2. Ciclos económicos inherentes y consustancial al sistema
  3. Relocalización de los centros productivos de las diferentes cadenas productivas dentro de la operación de una empresa
  4. Nacimiento, desarrollo y decadencia de las potencias hegemónicas dentro del sistema
  5. Tendencia hacia la proletarización de la fuerza trabajadora en su núcleo más profundo, las unidades domésticas
  6. Tendencia hacia el crecimiento del tamaño estatal conforme la economía se va modernizando

Como ya hemos observado, una preocupación importante desde los Estados centrales, es proteger a los cuasimonopolios que dominan los procesos productivos de más alta gama en la economía mundial, esto significa que usarán todos sus métodos para evitar que la tecnología usada, sea alcanzada por la competencia internacional. De este modo los Estados centrales mantendrán una posición privilegiada a nivel internacional, percibiendo un porcentaje superior de plusvalía que el resto de los Estados, esto significa que el Estado que concentre el mayor número de empresas altamente competitivas y con alto grado de monopolización en los procesos productivos de mayor valor agregado, resultan ser los Estados con mayor fuerza internacional. Esto lo podemos ejemplificar en la actualidad revisando las áreas económicas que hacen uso de una intensidad superior de tecnología (robótica, biotecnología, informática, nanotecnología), en general el mayor número de estas empresas se concentra con ventaja en Estados Unidos, Europa occidental y Japón, mientras que en el resto del mundo, las áreas económicas más explotadas con primacía son aquellas con un nivel de valor agregado bastante inferior.

Lo importante es que a pesar de toda la protección y padrinazgo que proporcione el Estado, con el pasar del tiempo, más compañías comienzan a participar en este mercado otrora “monopolizado”, lo que redundará en una reducción generalizada de los márgenes de ganancia. En un proceso determinado por la competencia capitalista, las empresas no pueden darse el gusto de reducir los gastos, por el contrario lo incrementarán mediante la inversión en tecnología, mano de obra e insumos con el fin de alcanzar victorias dentro de este mercado.

En este punto, las compañías antes monopólicas, ya no tendrán las ventajas relativas que ostentaban y en tal situación deben obrar en virtud de una nueva realidad.

Lo anterior es ejemplo del comportamiento cíclico vistos dentro de la economía capitalista. Estos ciclos son objetivos enraizados en comportamientos comunes de las compañías enfrascadas en la competencia con un objetivo previamente definido, la maximización de la acumulación del capital.

Explicado en detalle, esto significa que las compañías en su búsqueda por alcanzar un máximo nivel de ganancia, invertirán en los nichos de negocio con mayor rentabilidad en un primer momento. Durante un tiempo, este ejercicio generará niveles de ganancia y bienestar apreciables y observables en muchos aspectos (descenso del nivel de desempleo, incremento de los salarios generales, acumulación de capital, y elevados niveles de crecimiento económico), sin embargo, a causa de la competencia, las compañías capitalistas tenderán a invertir en los sectores con mayores niveles de ganancia, esto llevará por un lado a un descenso en el margen de ganancia, y por otro a un incremento de los costos. Lo anterior, se entiende si volvemos a recordar que la competencia es la ley que opera como un látigo evitando la improductividad e ineficiencia capitalista-gerencial toda vez que perder terreno en el mercado traerá como resultado la derrota (bancarrota o absorción), frente a esta situación, y aun cuando las ganancias se reducen, los empresarios deben incrementar los niveles de inversión en tecnología y mano de obra ya sea capitalizando su propiedad en el mercado bursátil, endeudándose, o reduciendo todavía más sus márgenes de ganancia. Esta situación se puede sostener durante un tiempo definido, pero llegará el momento en que la masa total de ganancias se reduce, y con ello el nivel de inversiones cae, lo que se traduce en despidos, cierre de sucursales, quiebras, recesión y estancamiento; estamos entonces en un momento de recesión y/o estancamiento económico.

En síntesis, tanto el auge/declive de los cuasimonopolios como los ciclos económicos tienen una correlación en el largo plazo (no así en el cortoplazo), lo que significa que tras un largo período de estancamiento en el mercado, el panorama geoeconómico a nivel internacional se encontrará irremediablemente modificado. Ahora es cuando los empresarios capitalistas de los diferentes Estados centrales, deben adoptar medidas -en conjunto con el aparato estatal- para superar este proceso recesivo, ¿cuáles son estas medidas?

En un inicio, la medida más aclamada será la reducción de costos, con especial énfasis en los salariales. Aquí nos encontramos con todas aquellas medidas encaminadas a flexibilizar el mercado laboral abaratando el despido y el gasto en seguridad social por trabajador, así como la reducción relativa y/o absoluta de los salarios. Sin embargo, solo aplicando esta medida, la demanda global final podría verse reducida, ¿cómo superan esta contradicción? Relocalizando los centros productivos que ya no califican como monopólicos pues han perdido tal privilegio, de este modo, la demanda global se incrementará en tanto el ingreso de los trabajadores en aquellos países en los que se invierten estas plantas reubicadas tenderá a crecer. En este punto es cuando percibimos como las antiguas empresas vistas como sinónimo de desarrollo capitalista, comienzan a trasladar su producción a países menos desarrollados, en este sentido vale la pena recordar que hace unos 100 años, la producción de un automóvil se encontraba íntegramente desarrollada en los Estados centrales, mas con el pasar de las décadas, los procesos menos rentables (que perdieron su calidad de sectores monopolizados) pasaron a manos de Estados periféricos y semiperiféricos, no es de extrañar que por ejemplo Ford decidiese trasladar el 10% de la producción de la planta de Almussafes a México. Pero nuevamente nos encontramos con una contradicción ya que, si los Estados centrales relocalizan su producción, ¿en qué basarán su primacía económica? Aquí es donde surge la tercera medida buscada por los empresarios, la generación de nuevas mercancías de punta para monopolizarlas en el mercado mundial, y con ello iniciar un nuevo ciclo de acumulación dominante a nivel nacional e internacional. En este sentido, es importante recalcar que el Estado cuyas empresas no logren desarrollar uno o varios productos estrella novedosos, se terminará retrasando en comparación al resto de los Estados.

Todo esto explica por qué otro de los ciclos consustanciales al capitalismo, es el nacimiento y declive de los Estados hegemónicos. Hemos visto tres poderes hegemónicos desde el siglo XVI: Provincias Unidas, Inglaterra y Estados Unidos, y se les ha calificado como hegemónicos pues básicamente por un período de tiempo fueron capaces de establecer reglas de juego em el sistema político internacional, dominar la economía mundo tanto en producción, comercio y finanzas, en lograr objetivos políticos sin la fuerza militar, y en construir un lenguaje cultural para observar al mundo. La pregunta es, ¿por qué ninguno de estos Estados hegemónicos pudo mantener su primacía de modo permanente? Así como los cuasi monopolios en la economía tienden a caer y destruirse, las hegemonías políticas también tenderán al declive, esto pues, para ostentar una posición hegemónica es vitalmente importante concentrar la eficiencia productiva como sustento del papel dominante en la arena política. Con el pasar del tiempo, los otros Estados comienzan a mejorar su eficiencia productiva a un punto de minar los pilares del Estado hegemónico, y eventualmente su ventaja sobre el resto desaparece. Con esto desaparece la influencia política, y solo les queda la fuerza militar, esto se encuentra muy documentado en tanto el otrora Estado hegemónico hace uso de su superioridad militar para imponer sus intereses frente al resto, y aun cuando el éxito puede darse en el corto plazo, en el mediano – largo plazo el uso de la fuerza militar socava el poder económico- político, y es percibido a nivel general como signo de debilidad en lugar de fuerza.

Estos movimientos cíclicos dentro del capitalismo están detrás de la continua transición desde las unidades domésticas semiproletarias a las unidades domésticas proletarias. Entendamos que así como se ha mencionado anteriormente, el empresario capitalista prefiere emplear mano de obra semi proletaria para pagar salarios inferiores inclusos al mínimo fisiológico, con el tiempo dos presiones pujarán hacia la dirección contraria, es decir la proletarización de la fuerza trabajadora. Por un lado los asalariados buscarán proletarizarse con el fin de obtener mejores salarios, y por otra, los empleadores también lo necesitarán en virtud del sostenimiento de la acumulación del capital. Esto último también se entiende desde dos realidades internas a la economía capitalista, la primera de ellas es la necesidad de contar en el largo plazo de una demanda sustancial y efectiva en la economía para sus productos, y la segunda es la búsqueda por tener mano de obra cualificada para operar dentro de ciertas ramas de la producción, el comercio y las finanzas de sus compañías (así, ya no basta tener a un minero contratado por menos del mínimo fisiológico mientras su esposa se desempeña en la venta ambulante y sus hijos en la producción para la subsistencia, en su lugar preferirán tener a los adultos contratados y con mejores salarios, para que de este modo los hijos de la unidad doméstica puedan estudiar e ingresar al mercado laboral con un nivel de cualificación laboral superior).

Esto explica por qué la proletarización termina siendo el resultado de luchas sociales, cuyo resultado es la lenta tendencia secular que funciona como asíntota. Indicativo del porqué los países con la economía capitalista más avanzada, tiendan a tener los sistemas laborales con mayor nivel de garantías en términos de seguridad, derechos e ingresos, pero esto se debió a intensas luchas de los trabajadores cuyo objetivo era mejorar sus condiciones laborales a los largo de décadas entre la segunda mitad del siglo XIX y mediados del siglo XX.

La última ley tiene una directa relación con las leyes ya analizadas, y es que como se ha enunciado, el Estado tiende a crecer con el tiempo y desarrollo del sistema capitalista. ¿La razón? Son varias. En primer lugar ya se indicó que en un inicio estos a pesar de poseer gobiernos “absolutos”, su poder real era limitado encontrándose con muchos locales que podían presionar en su contra con mucha efectividad. Es por esto que lo primero que realizaron las diferentes entidades estatales fue reforzar su poder a través del crecimiento de la burocracia y las fuerzas militares/policiales, buscando con esto darle control sobre toda suerte de funciones políticas: cobro de impuestos, justicia, legislación, agencias de orden y control. Un segundo motivo es la ya mencionada tendencia hacia la proletarización de las unidades domésticas alrededor del mundo, este desarrollo significa en el largo plazo un incremento en las demandas sociales consideradas como derechos que debe ser consagrados dentro de la estructura nacional de cada país, así, los Estados terminarán invirtiendo un mayor porcentaje de su gasto en pensiones, seguridad social y garantías laborales con el fin de lograr un grado de estabilidad social que permita los ciclos de acumulación y explotación capitalistas. El tercer elemento guarda relación con el desarrollo mismo de los ciclos productivos y distributivos en la economía, así, el crecimiento cuantitativo y cualitativo de la economía requerirá un importante grado de participación estatal para que este camino posea una curva lo más ascendente posible, ya que en efecto, los países que gozan del mayor grado de desarrollo económico son aquellos que -en contra de la visión tradicional- conjugaron de manera correcta el mercado, las compañías, la clase trabajadora y al Estado. Por último, el liberalismo político mismo redundó como la guinda de la torta en el crecimiento estatal como asíntota en el sistema. Esto porque el liberalismo luego de 1848 aprendió que para tener la victoria asegurada, debían conjugar dos acciones dentro de su programa. Por un lado, el crecimiento de la cobertura del derecho al sufragio y, concomitante con este y esencial para ello, la expansión del acceso a la educación y de la protección a los ciudadanos en la seguridad laboral, expandir prestaciones de sanitarias y minimizar los riesgos de las fluctuaciones del ingreso laboral con el principal objetivo de construir un “Estado Nación”.

En términos históricos el relato es el que sigue,

Hacia -esto en términos sumamente relativos- el año 1500, momento en que el capitalismo estaba recién envuelto en su semilla de origen, las diferencias entre regiones del mundo eran mínimas, Europa occidental y oriental tenían una renta muy similar, lo mismo Europa con América, África y Asia. No obstante, desde el siglo XVI en adelante las diferentes regiones comienzan a intensificarse, la razón de esto está en el desarrollo de una economía capitalista. Esta nace en el occidente europeo, primero en la zona entre Inglaterra y Holanda, pero hacia el siglo XIX-XX este capitalismo terminó cubriendo todo el globo. Del mismo modo, desde el inicio este sistema se caracterizó por organizarse entre un centro y una periferia con marcadas diferencias. durante el siglo XVI el capitalismo estuvo dividido entre uno central (Noroeste europeo: Inglaterra – Holanda) y otro periférico (Europa oriental y América). La situación se mantuvo así hasta el siglo XIX en que el capitalismo central expandió sus fronteras con el ingreso de los Estados Unidos, Francia, Bélgica, Alemania, Suiza, Austria y Escandinavia. Al siglo siguiente el capitalismo central expandió sus fronteras hacia Japón, Corea, Singapur y Taiwán. Y por último durante las primeras décadas del siglo XXI aparentemente le ha tocado el turno a China. De modo paralelo, así como el centro experimentó un crecimiento numérico y cualitativo, lo mismo sucedió con la periferia lo cual se dio con mucha mayor fuerza, si en un inicio la periferia estaba representada por América y Europa oriental, con el pasar de los siglos se comenzaron a integrar la costa africana y rutas marítimas y costeras de toda Asia, para ya en durante el siglo XX toda Asia, Oceanía y África terminaron integradas dentro de la periferia del sistema.

Esto nos lleva a otra conclusión dentro de las leyes históricas: conforme se comienzan a integrar nuevas regiones en el sistema capitalista, tienden a existir oportunidades para que ciertos Estados periféricos y semiperiféricos alcancen al centro. Como alcance vale la pena aclarar que por integrar, no solo se entiende el ingreso de una región dentro del mercado (esto es, el desarrollo del ciclo de producción capitalista), también se entiende desarrollo interno de sus fuerzas productivas, la tendiente proletarización, y el desarrollo de una demanda acuciosa y sostenida a lo largo de las décadas.

En otras palabras, si entendemos -siempre hablando desde una especulación muy básica- que la relación entre la población ubicada en los países con un capitalismo avanzado y la población ubicada en países con un capitalismo periférico es de 1,5/10 (una relación muy cercana a la realidad en la actualidad), significa que por cada 100 millones de personas que se integren al sistema capitalista en los países más atrasados, un país o una región de 15 millones de habitantes ya integrados en el sector periférico o semiperiférico tendría la oportunidad de alcanzar el centro. Esto, como ya se ha indicado, no solo debe significar que ingresen nuevos trabajadores o Estados al mercado, sino también que se proletaricen, y en este punto es de vital recalcar que hacia el 2018 (según la OIT https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_670577/lang–es/index.htm) el 61% de los trabajadores en el mundo lo hacían en el sector de la informalidad, unos 2000 millones de trabajadores. Esto significa que existe un potencial de 2000 millones de personas por ser integradas totalmente al mercado conforme la economía siguiera creciendo, y siguiendo nuestra relación 1,5/10, un país o región de 300 millones de habitantes podría alcanzar el estatus de capitalismo avanzado.

Conforme lo descrito, existe una correlación intrínseca entre el desarrollo del capitalismo en Europa occidental y la integración de las colonias a la periferia capitalista en América, la costa africana y asiática durante los siglos XVI y XVII. El desarrollo industrial en Europa occidental (con particular fuerza en Gran Bretaña) y Estados Unidos tuvo su correlato con la modernización en América Latina tras la independencia, la colonización en África, y la apertura comercial del Asia pacífico durante la era decimonónica. Misma situación se percibe durante el siglo XX, la consecuente integración de África y oriente medio al mercado, el creciente desarrollo del sudeste asiático y China, conllevaron a la aparición de nuevos Estados centrales (Japón y los Tigres asiáticos). El siglo en el que nos encontramos estará marcado por la consolidación de la integración de los trabajadores en Asia y África.

En resumen, si bien es cierto este sistema es en esencia polarizado, conforme se van integrando/modernizando nuevas regiones de la periferia, existe la posibilidad para que ciertas zonas otrora periféricas-semiperiféricas, alcancen al centro. No obstante, hasta aquí solo estamos contando la mitad del relato, pues solo hemos mencionado la realidad de la situación a nivel internacional sin observar siquiera las reformas que los Estados hoy desarrollados llevaron a cabo para aprovechar cada una de estas coyunturas y de este modo lograr tal estatus. En este aspecto vale la pena recordar que como común denominador estos Estados alcanzaron su meta a través del óptimo juego de los elementos ya conocidos (Estado, mercado, unidades domésticas laborales y compañías), donde, el Estado ocupó un rol central como arquitecto, organizados y ejecutor de las reformas que llevaron al éxito económico.

Este rol incluyó uno, varios, o la totalidad de los siguientes papeles:

  • Estado inversor
  • Estado interventor
  • Estado empresarial
  • Estado proteccionista
  • Estado financiador

Ahora es cuando debemos revisar los ejemplos nacionales de los hoy llamados países desarrollados. Nos enfocaremos en los siguientes ejemplos: Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Francia, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Noruega, Bélgica, Holanda, Suiza, los países del sur europeo (Italia, España, Portugal y Grecia), Japón, Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Canadá, Australia, Nueva Zelanda e Israel.

Casos Particulares

Inglaterra

Inglaterra hacia los siglos XIII – XIV poseía una economía atrasada, y hasta antes de 1600 era un importador neto de tecnología proveniente desde Europa occidental. Sus exportaciones eran básicamente lana y tejidos de lana de bajo valor agregado que vendía a la potencia dominante de ese entonces, los Países Bajos. Los monarcas británicos gravaban en aquel entonces los productos de exportación para la recaudación, pero como los tejidos se gravaban menos que la lana, esto alentaba de cierta manera un incipiente proceso de “sustitución de importaciones”.

Eduardo III fue el primer monarca que intentó deliberadamente desarrollar la fabricación local de tejidos de lana, trajo al país tejedores flamencos, centralizó el comercio de lana virgen y prohibió la importación de tejidos de lana.

Los monarcas de la dinastía Tudor continuaron con esta estrategia, Enrique VII desde 1489 puso en práctica maneras de promover la manufactura de lana británica. Entre otras medidas, resulta importante destacar que se enviaron misiones reales para identificar lugares adecuados para la manufactura de lana, se trajo trabajadores cualificados de los Países Bajos, se aumentaron los impuestos e incluso se prohibió la exportación de lana virgen. En la legislación de 1489, 1512, 1513, y 1536 se prohibía la exportación de lana sin acabar.

Enrique VII se dio cuenta que la transformación productiva para derrotar a los Países Bajos debía ser gradual, así subió los impuestos a las exportaciones de lana virgen solo cuando la industria se encontraba mejor asentada, y tan solo luego que quedase demostrado que la industria no tenía la capacidad de procesar toda la lana que producía, se retiró la prohibición de exportación de lana virgen que había impuesto.

Además de la política de sustitución de importaciones, otros factores terminaron contribuyendo el desarrollo de la industria textil inglesa. Algunos fueron fortuitos, como la llegada de trabajadores flamencos tras la guerra de independencia de España en 1567, sin embargo también hubo otros cuya explicación tiene al Estado como principal artífice. Isabel I despachó enviados comerciales al Papa, Rusia, Mongolia y Persia con el fin de asegurar mercados. Las inversiones masivas para lograr la supremacía naval le permitieron irrumpir en nuevos mercados y a menudo, controlarlos o colonizarlos.

Revisado lo anterior, parece claro que sin esta promoción al incipiente desarrollo industrial inglés durante el siglo XVI, habría resultado muy difícil que los ingleses continuaran su camino hacia la industrialización de los siglos XVIII y XIX.

Avanzando al siglo XVIII la reforma comercial de 1721 introducida por Robert Walpole, primer ministro británico durante el reinado de Jorge I (1714-27) supuso un cambio sustancial en las políticas industriales y comerciales del país. Estas reformas tenían como objetivo promover la industria manufacturera. En primer lugar, se rebajaron e incluso eliminaron los impuestos a las materias primas que importaban los productores nacionales; en segundo lugar, las primas de importación de materias primas usadas para la fabricación de manufactura exportada aumentaron. En tercer lugar, se abolieron los impuestos para las exportaciones de manufacturas en la mayoría de los casos. En cuarto lugar, se subieron los impuestos sobre los bienes manufacturados importados significativamente. En quinto lugar, los subsidios a las exportaciones se extendieron a nuevos artículos tales como la seda (1722) y pólvora (1731), también se aumentaron los subsidios ya existentes tales como la lona para velas y azúcar refinado. En sexto lugar, se introdujo una regulación para controlar la calidad de los productos manufacturados, evitando de ese modo, que los fabricantes poco escrupulosos pudieran dañar el prestigio de los productos ingleses en mercados extranjeros.

Con la revolución industrial que se inició en la segunda mitad del siglo XVIII, Inglaterra aumentó su primacía con respecto al mundo, sin embargo incluso entonces su política de promoción industrial fue mantenida hasta al menos mediados del siglo XIX.

El primer y principal componente de esta política era la protección arancelaria. Inglaterra mantenía unos aranceles muy altos incluso hacia la década de 1820. Además se impusieron otras medidas:

  • Inglaterra prohibió la importación de productos de calidad superior de sus colonias en caso que estas supusieran riesgo a la industria inglesa
  • En 1699 Inglaterra prohibió las exportaciones de productos de lana a las colonias acabando en el acto, con la industria de lana irlandesa
  • En 1700 se impuso una prohibición a la importación de productos indios de calidad superior, debilitando lo que en ese entonces, era el sector de manufactura de algodón más eficiente del mundo. En 1873, se calculaba que el 40 o 45% de las exportaciones textiles inglesas se dirigían al mercado indio.

Tras las guerras napoleónicas, las compañías industriales inglesas ya se mostraban más confiadas y abrogaban por el libre comercio. Para ese entonces, las empresas inglesas se encontraban consolidadas como las más eficientes del mundo con salvadas excepciones, por lo cual la presión hacia el libre comercio iba in crescendo.

Este cambio se evidenció con la abrogación de la ley del trigo en 1846, y el tratado de libre comercio anglo-francés (Cobden-Chevalier) firmados en 1860 que fueron eliminado buena parte de los aranceles aplicados en Inglaterra. Esto es visto como la victoria de la doctrina clásica liberal sobre las caducas y erradas políticas mercantilistas, pero en realidad no fue más que la política imperial inglesa sobre el resto del mundo, la cual pretendía mediante el uso del “libre comercio” frenar los procesos de industrialización en Europa continental. Cabe recordar que este régimen de libre comercio se pudo implementar una vez los productores ingleses habían alcanzado un estándar de competitividad muy superior tras siglos de protección arancelaria y subsidios estatales.

Estados Unidos

Hacia la época de la independencia, las dos principales visiones sobre el desarrollo del país estaban representados por un lado por los agricultores de los Estados del sur, quienes abogaban por el libre comercio, y los Estados manufactureros del norte quienes querían imponer protecciones arancelarias. Este último bando estaba representado, entre otros, por Alexander Hamilton, primer secretario del Tesoro de los Estados Unidos.

Hamilton en sus informes señalaba que a raíz de la competencia internacional y las “fuerzas de la costumbre”, harían que las nuevas industrias incipientes de Estados Unidos no arrancaran a menos que sus pérdidas iniciales no fuesen garantizadas por ayudas estatales. Estas ayudas se podrían manifestar como impuestos sobre las importaciones o, en raros casos, prohibiciones a las importaciones de determinados productos. Es importante destacar en este sentido, la similitud en las visiones de Hamilton con Walpole anteriormente revisada.

En un primer momento, Estados Unidos carecía de una política arancelaria proteccionista a nivel federal, y los intentos iniciales para establecerla no dieron mayores frutos. Ya desde 1789 el congreso comenzó a aprobar leyes arancelarias, pero todavía se encontraban muy lejos de lo requerido por Hamilton, quien exigía un sistema arancelario que diera protección a la industria naciente y que concediera subsidios. Hasta 1812, los aranceles no habían pasado del 12,5%, pero luego para pagar los gastos de la guerra con Inglaterra estos fueron duplicados.

En 1816 se dio un vuelco en la política arancelaria estadounidense, durante aquel año se aprobó una ley que tuvo como objetivo mantener los aranceles existentes durante los años de la guerra gracias a la creciente influencia que habían adquirido las industrias bajo la protección acordada durante la guerra con Inglaterra. El algodón, la lana y los productos manufacturados de hierro recibieron una protección especial. Con esta ley, casi todos los productos industriales quedaron sujetos a aranceles del 35%.

Los Estados del sur, gracias a la ayuda de compañías navieras de Nueva Inglaterra lograron derrotar proyectos de ley que incrementaban los aranceles en 1820, 1821 y 1823, sin embargo en 1824 se estableció un nuevo arancel todavía más elevado. En 1828, el llamado arancel de las abominaciones, llevó a más divisiones dentro del país, de todas formas, en 1832 se promulgó otra ley arancelaria, esta otorgaba un 40% de descuento para los bienes manufacturados (menor a la solicitada por los sureños) y otorgaba una protección bastante elevada a los productores de hierro y textiles (por ejemplo, en un 40-45% para los productores manufacturados de lana).

Si bien es cierto, existió una reducción de las políticas arancelarias tras 1846 (reducción reforzada tras una ley promulgada en 1857), este período de relajo manifestado entre 1846 y 1860 fue relativo en comparación a los estándares históricos estadounidenses, sin embargo, la tensión en torno a la política arancelaria y la esclavitud llevó a la guerra civil (1861-1865), tras esto, en 1862 se promulgó una nueva ley arancelaria, esto subió los porcentajes a los niveles más elevados en 30 años, en 1864 los aranceles se subieron aún más, alcanzando los porcentajes más elevados que nunca para satisfacer las demandas de los gastos de guerra. De este modo, la victoria del norte permitió que Estados Unidos fuera el país más proteccionista de la historia moderna hasta la primera guerra mundial con la excepción de Rusia.

Llegados al siglo XX en 1913 se adoptó el Arancel Underwood, lo que permitió un importante aumento sobre los productos a los que se permitía la libre entrada en el país, y una reducción de los impuestos a la importación promedio. Esto redujo los aranceles desde el 44% al 25% en promedio. Sin embargo, tras la primera guerra mundial esta ley fue anulada y apelando a la emergencia de la ley los aranceles fueron aumentados nuevamente a un 30%.

Tras la gran depresión, se promulgó el arancel Smoot -Hawley en 1930, que impactó en aranceles promedio para bienes industriales de un 48%.

Recién tras la segunda guerra mundial, posicionados como la economía más eficiente y sin casi competencia, los Estados Unidos comenzaron a liberalizar sus políticas comerciales y a liderar la campaña a favor del libre comercio, pero incluso en este período, jamás llegaron al nivel de libre comercio de Inglaterra durante el siglo anterior.

Además de las políticas comerciales, la acción estatal se materializó en otros aspectos. A partir de la ley Morril de 1862, el gobierno estadounidense apoyó una amplia gama de investigaciones agrícolas. En la segunda mitad del siglo XIX, el gobierno aumentó la inversión en la educación pública -entre 1840 y 1900, la participación de la inversión pública en educación dentro del total, pasó de un 40 a un 94%-. El gobierno además tuvo un activo papel en la promoción de la infraestructura pública en materia de transportes, especialmente en la concesión de tierras y subsidios a las empresas ferroviarias. Desde 1930 el aporte público en el gasto total de I&D pasó de un 16% a un 50 y 60% durante los años de la posguerra, industrias como la informática, aeroespacial e internet, no se habrían desarrollado con tal ritmo sin la financiación en I&D por parte del gobierno federal.

Alemania

Alemania es considerado como uno de los mayores ejemplos en lo que respecta a la política proteccionista en comparación a los liberales Estados Unidos – Inglaterra, sin embargo, al revisar los datos, el proteccionismo en Alemania fue bastante inferior teniendo un papel menos relevante en la política de desarrollo económico.

La protección arancelaria para la industria en Prusia antes de la unión aduanera alemana en 1834 bajo su liderazgo fue bastante suave. Los productores de hierro carecieron de aranceles hasta 1844, el Estado prusiano resistió las presiones políticas para que se impusieran aranceles más elevados por parte de otros Estados miembros de la Zollverein. Hubo ciertos incrementos (1844 sobre el hierro y 1846 sobre el hilo de algodón), pero fueron relativamente pequeños.

En 1879, Otto Von Bismarck introdujo importantes incrementos arancelarios buscando cimentar la alianza política entre los junkers y la industria pesada. Sin embargo, esta protección estuvo destinada a la agricultura e industrias pesadas clave, especialmente hierro y acero, mas sin embargo, la protección industrial en términos generales siguió siendo baja.

A pesar de la baja protección arancelaria, el Estado alemán intervino fuertemente en la economía mediante la aplicación de otros mecanismos. Bajo los reinados de Federico Guillermo I y Federico el Grande, el Estado prusiano puso en prácticas políticas para promover nuevas industrias. Además de la protección arancelaria, las concesiones de monopolios, los abastecimientos baratos para fábricas reales y la implicación directa del Estado en las industrias clave fueron las políticas centrales emprendidas durante la época.

Cuando Federico el Grande llegó al poder, Prusia básicamente exportaba materias primas. Federico apoyó un buen número de industrias (textiles, metales, armamento, porcelana, seda, y azúcar refinado), concedió derechos de monopolio, protección comercial, subsidios a la exportación e inversiones de capital, así como atraer trabajadores cualificados del extranjero. Bajo su gestión, Federico anexionó la provincia industrial de Silesia para comenzar a trabajar en su desarrollo, especialmente en el acero e hilo instalando en la provincia el primer alto horno de Alemania contratando a su vez tejedores extranjeros cualificados (a cada uno le ofreció un telar gratuito). Tras su muerte, esta política fue mantenida, Graf Von Reden introdujo tecnologías avanzadas de los países más desarrollados mediante el espionaje, y la búsqueda de trabajadores cualificados entre fines del siglo XVIII e inicios del XIX. Peter Beuth en 1816 se convirtió en jefe del Departamento de Comercio e Industria del Ministerio de Finanzas, durante su gestión creó el Gewerbeinstitut (instituto de Artesanía) en 1820 para capacitar trabajadores cualificados, financió viajes al extranjero para recoger información sobre nuevas tecnologías, introdujo máquinas extranjeras para copiarlas y dio apoyo para iniciar negocios, especialmente en los campos de la maquinaria, motor a vapor y locomotoras.

Desde inicios del siglo XIX en adelante, el Estado encabezó otras formas de intervenciones, por ejemplo financiando las carreteras en el Ruhr, o también a través de la reforma educativa que no solo incluyó la construcción de nuevas escuelas y universidades, sino que además se reorientó el programa educativo desde la teología a la ciencia, época en que la ciencia no se enseñaba ni en Oxford ni en Cambridge, la calidad de la educación fue tan elevada que entre 1820 y 1920 unos 9000 estadounidenses fueron a estudiar a Alemania.

Desde 1870 en adelante, y a raíz del mayor desarrollo del sector privado, la capacidad del Estado se fue reduciendo, sin embargo y a pesar de este declive, la importancia de los aranceles y de la política de cárteles para el desarrollo de la industria mantuvo un importante grado de importancia en tanto que los aranceles hicieron a los cárteles más eficaces en las industrias pesadas, permitiendo a las empresas invertir e innovar de manera más agresiva.

Además, durante este período Alemania encabezó una moderna política social, importante para mantener la cohesión social y asegurar de este modo la inversión en un país recientemente unificado y que mantenía diferencias culturales, económicas y regionales.

Hacia la primera guerra mundial Alemania ya era un país altamente industrializado, y ya para los años de la posguerra, en un contexto de devastación y derrumbe económico, los aranceles en promedio aumentaron a un 26% (década de los 1950), que por aquel entonces representaba una de las tasas más elevadas en centro capitalista, esto, contrario a la idea generalizada del liberalismo emprendido por Ludwig Erhard como exclusiva explicación del milagro alemán de la posguerra, y es que si bien es cierto Alemania liberalizó la economía en comparación a la situación existente durante el régimen nazi, la economía continuaba estando altamente protegida en relación a su entorno.

Francia

De la misma forma que con Alemania, Francia ha sido calificada como un país históricamente proteccionista como una suerte de antítesis del laissez faire, pero esta situación tiene sus matices, especialmente si se observa la historia económica francesa entre luego de la revolución hasta la segunda guerra mundial.

La política económica francesa antes de la revolución fue muy intervencionista. Así, y debido a su atraso tecnológico en relación con Inglaterra, a inicios del siglo XVIII el Estado francés intentó reclutar masivamente trabajadores británicos. Además, al igual que Alemania, el Estado francés incentivó el espionaje industrial ofreciendo premios a los que obtuvieran las tecnologías a las que pretendieran acceder. Con este tipo de políticas, Francia logró reducir su retraso hasta iniciada la revolución.

Sin embargo, la revolución perturbó esta situación y cambió la tendencia experimentada. En la mente de los revolucionarios la destrucción del absolutismo tenía una correlación con la creación de una economía abocada al laissez faire.

Tras la caída de Napoleón, la política de Laissez faire estaba fuertemente implantada, situación que se mantuvo hasta la segunda guerra mundial.

En relación con la política comercial, el régimen francés carecía de un proteccionismo como el inglés, así, entre 1821 y 1913, Inglaterra mantuvo un proteccionismo superior al francés salvo un par de excepciones (1891 – 1900).

Con el gobierno de Napoleón III el Estado retomó un papel activo, el cual aunque coyuntural, incentivó el desarrollo de las infraestructuras, y creó diversas instituciones de educación e investigación. Además contribuyó a la modernización del sector financiero del país al conceder activos limitados, invirtiendo y supervisando las modernas instituciones financieras a gran escala tales como el Crédit Mobilier, el Crédit Foncier y el Crédit Lyonnais.

Sin embargo, la tendencia general del régimen francés hasta la segunda guerra mundial estuvo más apegada al laissez faire que el resto de los países, ideas como las de Jules Méline dominaban la política económica (Francia debía seguir siendo un país de granjeros independientes y de pequeños talleres), el presupuesto gubernamental consistía en gran medida en gastos de administración central, ley y orden, educación y transporte, las áreas clásicas definidas para un “Estado mínimo”.

Solo tras la segunda guerra mundial la élite francesa se vio en la imperiosa necesidad de restructurar su maquinaria estatal para enfrentar su atraso relativo, desde entonces y especialmente hasta fines de los años de 1960, el Estado convergió hacia la <<planificación indicativa>> (opuesto a la obligatoria de los regímenes leninistas), adquirió industrias claves mediante la nacionalización, y canalizó la inversión hacia sectores estratégicos mediante bancos de propiedad estatal. Estas políticas funcionaron muy bien, y hacia los años 80 Francia se había transformado en líder tecnológico en muchos aspectos.

Suecia

Suecia al igual que los casos anteriores, no llegó al desarrollo gracias al libre mercado. Tras las guerras napoleónicas, en 1816 Suecia promulgó una ley de aranceles muy proteccionista que prohibía las exportaciones e importaciones de ciertos artículos. Como resultado de una política que restringía la importación de productos acabados de algodón y elevados aranceles, la producción de tejidos de algodón se incrementó considerablemente.

Entre 1830 y 1880, este régimen proteccionista vivió su período más suave, sobre todo tras 1857, año en que se abolen los aranceles de productos alimenticios, maquinarias y materias primas. Sin embargo, tras ese período la protección arancelaria vuelve a ser realidad en Suecia, especialmente desde 1880 pues se buscó proteger el sector agrícola de la emergente competencia estadounidense. Después de 1892, la protección arancelaria se extendió al sector industrial, en particular al emergente sector de la ingeniería. En 1913 la tasa arancelaria sobre productos industriales de Suecia era de las más elevadas en Europa, y en 1930 la misma era la más elevada solo superada por Rusia.

Así, entre 1890 y 1900 Suecia era después de Finlandia la economía que más crecía entre las 16 principales economías industriales, y entre 1900 y 1913 era la economía de mayor crecimiento.

Esta protección arancelaria se combinó con la concesión de subsidios industriales y el apoyo al I&D con el objetivo de impulsar la adopción de nuevas tecnologías. Además, a fines del siglo XIX Suecia desarrolló una estrecha relación entre el sector público y privado, medida sin paralelo en otros países durante el mismo período.

La relación cooperativa se materializó a partir de la participación estatal en los planes de irrigación y drenaje agrícola, también la misma dinámica se observó en el desarrollo de los ferrocarriles, donde, el gobierno construyó las líneas principales (acabadas en 1870), y permitió al sector privado construir las líneas secundarias (sujetas a la aprobación del gobierno, y a partir de 1882, se hacía control de precios).

Otras tecnologías también observaron métodos similares, el telégrafo, teléfono y la energía hidroeléctrica entre 1880 y 1890 formaron parte de esta cooperación. En este sentido no se puede entender que compañías como Ericsson y ASEA se hicieran internacionalmente reconocida sin aceptar la importancia de esta relación público-privada.

Además, el Estado realizó importantes esfuerzos en la obtención de tecnología extranjera avanzada, donde el espionaje estaba incluido. El gobierno concedió bolsas y ayudas de viajes para estudios e investigación, se creó el ministerio de Educación en 1809 y la educación primaria se hizo obligatoria en la década de 1840. Los institutos Populares se crearon en la década de 1860 y en 1878 se introdujo un período de seis años de educación obligatoria, El Estado contribuyó al establecimiento de institutos de investigación tecnológica (como el Instituto Chalmers de Tecnología en Gotemburgo) y concedió a la industria -especialmente la metalúrgica y las vinculadas a la madera- una financiación directa para la investigación.

La política económica en Suecia vio otro giro tras la elección del partido Socialista en 1932 y la firma del histórico “Pacto Histórico” entre los sindicatos y la asociación patronal en1936, desde entonces, el régimen político estuvo centrado en la construcción de un sistema social en el que los patronos financiarían un Estado de Bienestar y realizarían importantes inversiones a cambio de la moderación salarial por parte del sindicato.

Luego de la segunda guerra mundial, este régimen incentivó el desarrollo industrial mediante el llamado Plan Rehn – Meidner, el cual, introdujo la llamada política salarial solidaria que tenía como fin explícito igualar los salarios en las diferentes industrias para la misma clase de trabajadores. De este modo, se presionaba a los empresarios capitalistas que pagaban los salarios más bajos a aumentar su capital social para no perder trabajadores, permitiendo que los empresarios de los sectores con los salarios más altos mantener los beneficios más elevados. Esto se complementó con una activa política de mercado de trabajo, que apoyó la recalificación profesional y la relocalización de los trabajadores desplazados dentro del proceso de desarrollo industrial.

La experiencia sueca, a pesar de tener marcadas diferencias con el resto de los países, en esencia comparte la creencia de que efectuar un viaje hacia sectores de alto valor agregado es crucial para el desarrollo de una nación, y que si este proceso se abandona a las fuerzas del mercado el resultado no será el buscado.

Finlandia

Finlandia ha sido históricamente por su situación geográfica, un punto de encuentro entre Europa occidental y Europa oriental, así, el país se ha visto expuesto a poderosos vecinos que la han influenciado en su progreso desde diferentes ámbitos (político, económico, social y cultural). Inicialmente Suecia fue el país que ocupó su territorio (durante unos 600 años) y promovió la introducción del cristianismo, posteriormente fue disputada por los rusos hasta quedar repartida entre ambas potencias.

Los finlandeses hablan una lengua que tiene más que ver con el coreano o japonés que con la lengua de sus vecinos suecos o rusos. Así pues, tras la independencia de Finlandia de los rusos en 1918 hizo todo lo posible para no dejar entrar extranjeros. En este sentido, durante la década de 1930, se crearon una serie de leyes que calificaban a todas las empresas con un 20% o más de titularidad extranjera como “peligrosas”. Como era de esperarse, el país tuvo muy poca inversión extranjera. Finalmente, estas leyes se relajaron en 1987 subiendo el porcentaje máximo de propiedad extranjera a un 40% pero todas las inversiones foráneas aún debían ser aprobadas por el Ministerio de Comercio e Industria. La liberalización general de la inversión no llegó hasta 1993 como preparativo para el ingreso del país a la Unión Europea.

Según la ortodoxia neoclásica, este país tan reacio a recibir inversión extranjera debería haber demostrado un desplante económico muy pobre, pero hacia los años de 1990, el país formaba parte del grupo de los más ricos en el planeta, ostentando los primeros puestos en cuanto a calidad y esperanza de vida.

Cabe destacar que entre 1971 y 1985, la Inversión extranjera directa solo representó un 0,6% del total de la inversión fija de capital. La estrategia del país se basó en que si se liberalizaba la economía al capital extranjero demasiado pronto, no habría espacio para que las empresas nacionales desarrollen capacidad de competencia y gestión. De hecho, Nokia tardó 17 años en obtener algún beneficio de su filiar electrónica. De seguro, si la inversión extranjera hubiese sido liberalizada mucho antes, los accionistas habrían exigido que Nokia dejara de subvencionar a la filial electrónica acabando así con cualquier negocio potencial.

En Finlandia además, durante los años de la posguerra, las Empresas públicas tuvieron una gran participación en el desarrollo económico del país. Lideraron la modernización económica en áreas como la forestal (Enso-Gutzeit y Veitsiluoto), minera (Outokumpu), acero (Rautaruukki), equipamiento de transporte (Valmet y Vanaja), maquinaria de papelera (Valmet) e industrias químicas (Rikkihappo y Typpi, luego se fusionaron como Kemira).

Del mismo modo, a mediados de siglo Finlandia a pesar de no haber implementado barreras arancelarias tan elevadas como las de Estados Unidos e Inglaterra, sí tuvo períodos con elevadas tasas. Por ejemplo hacia 1962 su índice industrial arancelario medio era del 20%.

En general, el país pasó a desarrollar una política de planificación estratégica con el apoyo constante del Estado y la empresa privada para desarrollar tecnología, capital humano e innovación. Así, tras 1980, el enfoque fue dado a generar productos con alto valor agregado promoviendo la innovación constante tanto en los procesos productivos como en los productos en sí, y se trató de basar el desarrollo en el conocimiento, a través de un esfuerzo conjunto entre el Estado y el sector privado.

El gobierno también se involucró en dirigir el flujo de crédito a sectores estratégicos. De este modo, el país pasó de tener un 41% del PIB per cápita estadounidense el año 1900, a tener un 78% durante el año 2008 (datos Maddison). Un siglo de intervencionismo estatal y elevadas limitaciones a la inversión extranjera hicieron del país uno mucho más moderno de cara a la liberalización y su integración al mercado europeo durante los años de 1990.

Dinamarca

Del mismo modo que Finlandia y Suecia, Dinamarca es uno de los países más desarrollados del mundo, en la mayoría de los indicadores relacionados con la calidad de vida y desarrollo económico, el país es pionero en Europa y el mundo, destacado en los foros de empresarios y economistas ortodoxos como desarrollo a raíz del libre mercado, en realidad así como el resto de los países mencionados, el crecimiento y progreso del país se debe a una mezcla de recetas donde el Estado ha sido un activo partícipe y administrador de diferentes factores económicos como revisaremos a continuación.

A mediados del siglo XIX, Inglaterra poseía una producción industrial que equivalía unas 130 veces la danesa, según los datos de Agnus Maddison, el PIB per cápita danés equivalía a un 62% del inglés hacia 1860, 130 años después esta relación pasó a ser un 112%. En virtud de la presión a raíz de la competencia del capital inglés, existía un riesgo de consolidarse una subordinación económica bajo los dictámenes del centro productivo. Sin alguna reacción fuerte, el resultado para Dinamarca habría sido la destrucción del sistema productivo artesanal y la transformación del sistema danés a un satélite de las potencias hegemónicas del momento.

Hacia 1870 la economía danesa era principalmente productora de cereales, más o menos el 50% de los cereales se vendían a Inglaterra, en aquel entonces, los nuevos competidores en la producción de cereales (Argentina, Australia y especialmente Estados Unidos) fue particularmente severa para Dinamarca. En este contexto, el país reaccionó reconvirtiendo su aparato productivo usando el grano en alimentos de ganado para la producción de carne, fiambres, quesos y otros productos lácteos. Esta especialización en productos agropecuarios fue el paso previo a la industrialización y el despegue económico danés.

En 1913 la incipiente industria que producía azúcar, maquinaria, cerveza, tabaco, tejidos, vestimenta, madera, barcos, maquinaria agrícola, materiales de construcción, vidrio y productos gráficos se encontraba protegida. En este sentido, los aranceles medios de producción de bienes manufacturados eran de un 25-35% en 1820, 15-20% en 1875, 14% en 1913 y 10% en 1925. Las dos guerras mundiales, interrumpieron el desarrollo del sistema, pero no afectaron la estructura socioeconómica del país. Después de la segunda guerra mundial, el desarrollo danés destaca por cuatro características típicas:

  1. Ofensiva a la exportación
  2. Fuerte demanda interna
  3. Política económica keynesiana con protección, control de cambios, inflación y fuerte gasto público
  4. socialización para-estatal con sindicalismo, cooperativismo, redistribución de ingresos, salud pública y seguridad social

Este modelo comienza a sufrir problemas relacionados con la balanza de pagos, endeudamiento y decreciente competitividad hacia 1970. En 1972 -después de una gran controversia interna – Dinamarca firma el convenio de ingreso al Mercado Común Europeo, comprometiéndose a una apertura programada, reduciendo niveles de protección arancelaria frente a los miembros de la Comunidad. Sin embargo, hacia dicho año su PIB per cápita ya equivalía un 120% del inglés.

Noruega

En un siglo Noruega pasó de sociedad agraria atrasada a una sociedad industrial de bienestar. Formada por sociedades campesinas de autoconsumo, con escaso desarrollo urbano, Noruega logró hacer una transición efectiva para convertirse en uno de los países más avanzados del mundo.

En 1520 fue introducida en el país la sierra hidráulica y con ello se dinamizó la producción de madera, y durante tres siglos, este rubro lideró la inserción del país en el mercado internacional. Durante parte del siglo XIX, la economía seguía siendo eminentemente agraria y dominada por extranjeros (holandeses y daneses).

Hacia 1870 la economía noruega se encontraba retrasada en comparación a Europa. Paulatinamente desde entonces, la economía noruega inicia su camino hacia la industrialización emulando el ejemplo europeo. Sin embargo, seguía en una posición de retraso en comparación a su región y continente.

Entre 1935 y 1950, se estableció una economía mixta en la que el Estado era regulador y planificador. Hacía transferencias a pescadores y agricultores, asumía los costos de infraestructuras, dejando a los privados el desarrollo de la producción industrial. Sin embargo, durante los años de la posguerra el crecimiento se aceleró por la innovación de nuevas técnicas y productos en los sectores químico y eléctrico, gracias a la intervención del Estado. En este sentido, vale la pena recordar que a inicios del siglo XX, buena parte de la industria se encontraba en manos de capitales extranjeros (minería, industria química, papel, textiles), sin embargo, tras la separación de Noruega con Suecia, se desencadenó un proceso de nacionalización sobre los recursos naturales y ferrocarriles.

Con todo, el real repunte de la economía noruega se dio a partir de los años de 1970, buena parte de este éxito se debe entender a partir del descubrimiento de yacimientos de hidrocarburos, de los cuales el país sacó un importante provecho y ya desde 1980 comenzó a superar a sus vecinos en lo respectivo al PIB per cápita. Del mismo modo, desde 1973 la participación de productos derivados de hidrocarburos en el total de las exportaciones pasó del 1,3% al 64% el año 2000.

Es importante destacar además, que Noruega a diferencia de Venezuela, Arabia Saudí, Irán, Libia, Irak y Argelia, no cayó en la enfermedad holandesa, esto es, los efectos negativos que tiene en una economía la entrada masiva de divisas producto del incremento de las exportaciones de un producto como ha sucedido con el petróleo o gas natural. Este incremento de las divisas conlleva a una apreciación de la moneda local y en consecuencia, una pérdida de la competitividad de los rubros que no se encuentran involucrados dentro de este incremento de las exportaciones, esto genera una disminución en su tasa de beneficio y con el tiempo, los capitales tenderán a ser invertidos hacia el sector competitivo, en nuestro ejemplo vendría a ser el de los hidrocarburos.

En este mismo caso, los países que han visto como unos abundantes yacimientos de recursos naturales caen en el rentismo económico, lo cual les ha significado vivir durante décadas a partir de las ganancias de un rubro económico, incrementando su dependencia de éste y su volatilidad en los precios, sin invertir el excedente en el desarrollo de empresas con mayor valor agregado.

Un dato fundamental que refleja estos continuos problemas es el crecimiento real del PIB per cápita como se observa a continuación:

N1

Noruega, a diferencia de Irak, Irán, Arabia Saudí y Venezuela, ha incrementado su productividad medida en PIB per cápita -entre 1970 y 2018- mientras que el resto de los países se han estancado.

¿Qué hizo Noruega diferente del resto de los países? Pues en términos simples, administrar correctamente sus recursos, ¿y quién los administró? El Estado.

El año 1969 se descubrió el primer yacimiento de hidrocarburos comercialmente viable. En una fase inicial, las compañías extranjeras eran las que dominaban la exploración y fueron las responsables del desarrollo de los primeros campos de gas y petróleo. Sin embargo, en 1972 se creó Statoil como una empresa petrolera estatal con un 50% de la partición pública. Uno de los objetivos iniciales al crear esta empresa, era construir una comunidad petrolera noruega, pero explorar los campos del Mar del Norte eran inviables económicamente para las empresas privadas. En esta necesidad, el gobierno apoyó a Statoil con la asignación directa de concesiones con el fin de que fueran constituyendo sus propias habilidades y capacidades tecnológicas.

En 1985 el control estatal de la petrolera fue reorganizado mediante la creación de los “Intereses financieros Directos del Estado” (SDFI), a través de los cuales el Estado participaba como inversionista.

Se puede decir que el modelo económico noruego se ha basado, desde entonces en seis pilares:

  1. Propiedad estatal sobre los recursos hidrocaburíferos
  2. Apertura a la inversión extranjera y alianzas estratégicas
  3. Reserva financiera para asegurar el bienestar de futuras generaciones
  4. Incentivos para la investigación y desarrollo
  5. Órganos de regulación económica y ambiental vigorosos
  6. Transparencia total y cero tolerancia a la corrupción

El Estado noruego mantiene una estructura impositiva basada en la Ley Fiscal Petrolera (Petroleum Tax Act). Según esta, las empresas pagan el impuesto de sociedades general del 28% y, además, un impuesto especial del 50% sobre actividades petroleras con el objetivo de gravar una actividad que hace uso de un recurso escaso y no renovable perteneciente al Estado noruego. Para no desincentivar la inversión, el Estado les compensa con un sistema de desgravaciones y amortizaciones muy generosas, por ejemplo se permiten desgravar los gastos en I&D, los gastos de exploración y desinstalación de equipo, se pueden trasladar pérdidas de ejercicios fiscales previos, ETC. Además, A partir del inicio de los 90, el SDFI comenzó a aportar beneficios se introdujeron los impuestos ambientales por emisión de CO2 y NO2 y se ha optado por la eliminación progresiva de los royalties, cuyo peso ha ido menguando hasta prácticamente desaparecer desde inicios de la década de los 2000.

El Estado ha utilizado este ingreso en el Fondo de Pensiones Global (Norwegian Pension Fund Global) creado en 1990. Este fondo es un instrumento de estabilización que sirve para suavizar los ciclos de crecimiento o recesión, es decir, se ahorra cuando los precios son elevados, y se utiliza cuando los precios caen. Por otra parte, también sirve para evitar que la moneda se aprecie demasiado en paralelo a un superávit comercial, evitando en el acto la ya mencionada Enfermedad Holandesa. Del mismo modo, los presupuestos generales del Estado dejan de depender de manera dramática de los precios del petróleo o gas natural como sí sucede en países como Venezuela o Arabia Saudí. También se trata de un fondo de ahorro para afrontar el previsible aumento del gasto en pensiones en un probable entorno de decrecientes ingresos procedentes de la explotación petrolera debido al agotamiento de las reservas.

Este fondo se compone de un 60% en renta variable, 35-40% en renta fija y 5% en activos reales (como inmuebles), según los datos, para octubre de 2019 este fondo ya alcanzaba una cifra cercana al billón de euros, esto es, cinco veces el PIB de Grecia.

El negocio noruego también se dedicó en dar valor agregado a su producción (downstream), como también en dominar tecnológicamente el upstream, esto es, prácticas más sofisticadas para encontrar y explotar los yacimientos más complejos. Siguiendo esta hoja de ruta, Noruega ha desarrollado una clase importante de productores de bienes intermedios y de capital que forman una industria de clase mundial con habilidades especiales en la perforación y desarrollo de campos en aguas profundas. Hoy Noruega ha desarrollado un nicho de mercado en exploración y explotación en aguas profundas.

Este desarrollo no hubiera sido posible de alcanzar si el negocio petrolero se hubiese arrojado al laissez faire, de ser el caso, la renta se hubiera extraído a través de empresas privadas y extranjeras, y seguramente, no se hubiera alcanzado un desarrollo económico como hoy posee. De ser el caso, el mal holandés hubiera sido una realidad de décadas.

Bélgica

Al igual que los Países Bajos que dominaron en un inicio la industria de la lana, este desarrollo también tocó el territorio que más tarde sería conocido como Bélgica. Esta industria a raíz de la competencia británica inició un relativo deterioro, mas sin embargo, Bélgica mantuvo sus capacidades y fue la segunda nación detrás de Inglaterra en iniciar su revolución industrial.

A inicios del siglo XIX, Bélgica era uno de los países más industrializados de Europa, era el líder mundial en una serie de rubros, especialmente en la manufactura de lana. Esto, a pesar de que su liderazgo había mermado a raíz de la competencia de sus rivales, éste se mantuvo hacia mediados del siglo XIX, momento en que el país era uno de los más industrializados y ricos del mundo, sobre todo en los sectores como el textil, acero, metales no ferrosos y productos químicos.

A raíz de esta ventaja económica, el mercado belga era de los menos protegidos durante gran parte del siglo XIX y principios del siglo XX, pero era considerablemente más proteccionista que los Países Bajos y Suiza durante ese período.

Durante las tres primeras cuartas partes del siglo XVIII el gobierno austriaco que en ese entonces gobernaba el territorio hoy llamado Bélgica, lo protegió con firmeza de la competencia industrial británica y holandesa e invirtió en infraestructura industrial.

A inicios del siglo XIX estuvo sometida a una activa política ICT (Industriales, comerciales y tecnológicas) como parte del Reino Unido de los Países Bajos (1815-1830) bajo el reinado de Guillermo I, y hasta 1850 algunas industrias estuvieron muy protegidas, por ejemplo los aranceles fluctuaron entre el 30 y 60% para el algodón, lana y fibra de lino, y al 85% para el hierro. Por su parte, la ley del Trigo belga no fue abolida hasta 1850.

Países Bajos

Durante el siglo XVII los Países Bajos fueron la potencia dominante en las esferas naval y comercial, durante ese período la Compañía Holandesa de las Indias Orientales superó a la Compañía Británica de las Indias Orientales, en este sentido es interesante aclarar que dicha empresa tenía un carácter estatal, demostrando que la primacía holandesa tuvo una buena cuota de importancia. También vale la pena recordar que los Países Bajos jugaron activamente en una campaña agresiva de mercantilismo en los terrenos de navegación, pesca y comercio internacional cuando estaban intentando establecer su supremacía comercial entre el siglo XVI e inicios del XVII. De hecho, en 1663 Sir George Downing, hombre de Estado británico, apuntaba con amargura que la política holandesa: “es un mare liberum en las aguas británicas, pero un mare clausum en la costa de Africa y las Indias occidentales”

Su capacidad comercial vio un importante declive durante el siglo XVIII durante el llamado “período Periwig” tras su derrota en la cuarta guerra Angloholandesa en 1780, evento que marcó simbólicamente el fin de su supremacía internacional.

Es interesante comparar el caso holandés con el británico, pues los primeros no se embarcaron en un proceso de industrialización efectiva a diferencia de los segundos por diferentes motivos. No obstante, gracias a su red comercial, siguió siendo uno de los países más ricos del mundo hasta principios del siglo XX.

Las iniciativas del rey Guillermo I (1815-1840) representaron un intento por acelerar la modernización del país. Guillermo I estableció muchas agencias que proporcionaban financiación industrial subsidiada, la más importante fue la compañía Comercial Holandesa establecida en 1824, esta compañía apoyaba industrias holandesas mediante políticas de abastecimiento definidas usando los beneficios del comercio monopolístico con la colonia de Java que a partir de 1831 fue obligada a producir cosechas rentables como el café, azúcar e índigo. Guillermo I además fundó el Fono para la Industria Nacional (1821), el Sindicato de Amortización (1822), y la sociedad General para la Promoción de la Industria Nacional (1822). Durante la década de 1830 el Estado también apoyó con mucha fuerza el desarrollo de la moderna industria textil del algodón, sobre todo en la región de Twente.

Sin embargo, tras 1840, el país volvió a poseer una economía más abocada al mercado y al laissez faire que el resto de Europa, situación mantenida hasta la segunda guerra mundial. En este sentido son tres los hechos que definen fuertemente este período: en primer lugar dentro de las economías de más alto desarrollo, los aranceles holandeses fueron los más reducidos siendo la economía menos protegida con la excepción de Inglaterra a fines del siglo XIX y de Japón antes de la restauración de la autonomía arancelaria. En segundo lugar, en 1869 el Estado eliminó la ley de patentes (introducida en 1817), y pese a las presiones internacionales el país se negó a reintroducirla hasta 1912. En tercer lugar, el gobierno holandés creó deliberadamente una compañía privada para gestionar ferrocarriles nacionales que organizó y gestionó para competir con las dos compañías privadas del sector.

Durante este período, la economía creció lentamente en comparación al resto de los países más desarrollados, según estimaciones de Maddison medidas en dólares de 1990, los Países Bajos eran hacia 1820 el país más rico del mundo tras Reino Unido, un siglo después (1913), habían sido superados por seis países (Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá, Suiza y Bélgica, Alemania estaba a punto de lograrlo).

Fue este retraso relativo el que llevó a que, tras la segunda guerra mundial, el Estado reintrodujera políticas más intervencionistas, donde, se practicó una política industrial activa especialmente en los años anteriores a 1963. Esta incluía medidas tales como la concesión de apoyo financiero a dos grandes empresas (acero y soda cáustica), subsidio a las regiones industrialmente más atrasadas, impulso a la educación técnica, promoción al desarrollo de la industria del aluminio mediante la subvención del gas y el desarrollo de infraestructuras clave.

Suiza

Suiza fue uno de los primeros países industrializados de Europa, ya hacia 1850 así como Bélgica, era una de las economías más industrializadas del mundo. Suiza era un líder tecnológico mundial en un buen número de industrias importantes, especialmente la textil del algodón, en tanto que en muchos rubros se consideraba que superaban a las del Reino Unido.

El crecimiento demográfico europeo durante el siglo XVI llevó a un fenómeno conocido como “vagabundeo”, surgiendo en muchos lugares un “lumpenproletariado”, lo que constituía una amenaza para el orden estatal recientemente establecido. La primera respuesta de los gobiernos fue reclutarlos para las fuerzas militares, lo que produjo dos efectos, por un lado suministraba empleo a algunos para controlar a otros, mantenía a raya a los señores feudales y a la vez les servía para protegerlos. Suiza fue la zona de la cual fluyó la mayor cantidad de vagabundos reclutados.

Este papel de suministrador de mercenarios, sumado a la situación de privilegiada cercanía con la economía francesa, les sirvió a las autoridades suizas para negociar rebajas arancelarias francesas. El mercado francés se convirtió en el principal estímulo de la industria suiza.

Durante la guerra de los 30 años, Suiza adoptó su clásica posición de neutralidad lo que le permitió desbancar a Francia del mercado alemán, potenciando de este modo una industria de exportación. Cuando Francia se anexó el Franco Condado en 1678 la dependencia de la industria láctea en Suiza, con respecto a la sal importada reforzó la dependencia política con Francia. Al aceptar una postura de antimercantilismo económico y la protección política de Francia, llevaron a que la industria de lácteos más la industria de relojería, posibilitara la industrialización del país lo cual generó que Suiza fuera hacia el siglo XVIII uno de los países más industrializados del continente. La política de neutralidad de Estado, entre los siglos XVII y XVIII, sirvió como sustento para un desarrollo ininterrumpido de las exportaciones y el comercio de tránsito, así como centro atractivo de inmigración de empresarios refugiados a causa de la guerra.

Esta política de antimercantilismo no excluyó los prestamos estatales a los empresarios, ni tampoco la intervención estatal en otros aspectos, por ejemplo la tecnología relojera no existía en Suiza y llegó con los inmigrantes hugonotes de Francia, en 1587 el Consejo Municipal concedió gratuitamente la nacionalidad suiza al francés Charles Cusin con la única condición de que enseñara su oficio a los orfebres locales.

Dado su grado de avance en relación con la economía líder la protección a la industria no fue muy necesaria en el país. Ciertamente el libre comercio fue un aspecto de vital importancia en la economía de suiza ya desde el siglo XVI, sin embargo, es necesario recordar la protección natural de la competencia británica acordada por la intervención de Napoleón dio a la industria textil años de relajo frente a la competencia.

Por supuesto, no debe leerse la historia solo por el arancel medio de un país. Entre fines del siglo XIX e inicios del XX, Suiza proporcionó una elevada protección a sus incipientes áreas de ingeniería, y, entre 1913 y 1931 su índice arancelario medio pasó de 9 a 19%.

Además de la arena comercial, el gobierno suizo expuso un sentido de estrategia en el camino hacia la industrialización, quien se negó hasta 1907 en establecer una ley de patentes, esta política ha contribuido al desarrollo de un buen número de industrias. Especialmente afectadas por esta política lo fueron las industrias química y farmacéuticas, donde se robaron activamente la tecnología alemana, y la industria alimentaria, en la que la ausencia de patentes posibilitó la inversión extranjera.

Incluso a día de hoy el Estado es fundamental en el comportamiento de la economía suiza. Así, a diferencia de los preceptos liberales, el Estado mantiene a la mayoría de los estudiantes en el sector público (tanto en primaria, secundaria como terciaria). Además, el Estado mantiene un importante nivel de aranceles en sectores que considera clave, por ejemplo a pesar de que los aranceles NMF promedio simple sean de un 6.61, en el sector agropecuario estos aumentan a un 36.45 y dentro de éste, los productos animales tienden un NMF promedio simple del 115.45, esto contrasta con los productos no agropecuarios donde el NMF aplicado es del 1.81 y todavía más con productos como la maquinaria no eléctrica donde el indicador se reduce a 0.52

Irlanda

La historia de Irlanda contempla cinco siglos que empleó Inglaterra en conquistarla, desde el XII al XVII y la posterior persecución que sufrieron los católicos irlandeses. Durante este período, Irlanda fue duramente explotada por los ingleses, en 1800 con el Acta de la Unión -Acta mediante la cual el parlamento inglés anuló al parlamento de Dublín- su situación se agravó. No obstante, no dejaron de protestar y manifestarse durante todo el siglo XIX. La relación entre ambos países fue conflictiva, Irlanda tuvo que soportar procesos de dominación y marginación por parte de Inglaterra, lo cual generó problemas sociales y bélicos repercutiendo en las diferentes dimensiones de la sociedad irlandesa.

Durante el siglo XIX Irlanda fue un país eminentemente agrícola, siendo el cultivo de papa el dominante dentro de las plantaciones. Sin embargo, a mediados del siglo una enfermedad que afectó el tubérculo puso en riesgo su producción, lo cual conllevó una gravísima hambruna puesto que la papa abastecía el 80% de las calorías de la dieta irlandesa. A raíz de lo anterior, hubo muchas muertes y un fuerte proceso de emigración (principalmente a Estados Unidos).

Luego de un proceso muy complejo y duro, Irlanda obtuvo su independencia el año 1921, con ello, el país pudo abrirse al mercado de diferentes países con los cuales mantenía buenas relaciones, como Estados Unidos.

Entre 1930 y 1960 el país aplicó una serie de medidas proteccionistas, pero su resultado fue deficiente. Esto se refleja en el retraso relativo del país en relación a Inglaterra, así según los datos de Agnus Maddison, la ratio del PIB per cápita irlandés/Inglés, pasó de un 53% en 1930 a un 50% en 1960. La media de crecimiento del PIB per cápita irlandés (siguiendo con Maddison) entre 1950 y 1960 fue de 2.15%, mientras que en Reino Unido y Europa occidental fue de 2.51 y 4.73 respectivamente.

Ante el avance de otras economías europeas, Irlanda centró su atención en políticas más abiertas y liberales, firmó el Tratado de libre comercio Anglo-irlandés en 1966, posteriormente en 1973 el país a la Comunidad Económica Europea (CEE), que lo favoreció en materia de relaciones comerciales y asistencia financiera. Desde su ingreso, el país recibió asistencia estructural a través de diferentes programas que fomentaron su cohesión política y cultural, entre fines de la década de 1970 y principios de los años de 1990 las transferencias netas a este país significaron entre un 4 y 7% de su PIB, fondos que le permitieron fomentar su infraestructura y atraer la Inversión Extranjera.

Pero no nos engañemos, la política irlandesa emprendida desde los años de 1970 en adelante está lejos de ser calificada como “Laissez Faire”, sino más bien -como indica el historiador irlandés Frank Barry en su libro Understanding Ireland’s Economic Growth- una estrategia intervencionista hacia el extranjero, a través de la cual la IED (inversión extranjera directa) fue atraída de manera agresiva mediante ayudas a las inversiones e impuestos corporativos bajos para las exportaciones.

La IED en estos sectores clave, sirvió para el nacimiento de empresas nacionales irlandesas, siguiendo a Barry dentro del sector manufacturero irlandés se encuentra que, 1/3 de las empresas de Software tienen a empresarios que habían trabajado en empresas extranjeras justo antes de abrir su propia empresa, y 2/3 de ellos habían trabajado en alguna empresa extranjera en algún momento de su carrera.

A este punto, vale la pena recordar los cinco pilares del desarrollo irlandés desde 1970 en adelante:

  1. Las políticas industriales: En este punto la visión fue de largo plazo, se buscó posicionar al país como pionero en diferentes rubros y áreas económicas. Buscando de ese modo, el establecimiento de lazos entre empresas nacionales y locales.
  2. Las políticas macroeconómicas: Se enfatizó solidez y estabilidad, con miras a lograr superávit comercial y fiscal.
  3. Políticas de promoción de inversiones: Aquí el foco se encuentra en la Agencia de Desarrollo Industrial (ADI) enfocándose en campañas para mejorar la imagen pública, los incentivos fiscales y financieros, asistencia a los posibles inversionistas, y promoción de vínculos entre los inversionistas extranjeros y la industria nacional
  4. Políticas de innovación: se creó en Irlanda el Enterprise Ireland, cuyo objetivo era promover la innovación y productividad, el respaldo a la creación de nuevas empresas, la capacitación comercial
  5. Políticas educativas: La educación pública ha sido clave (en Irlanda la gran mayoría de los estudiantes se encuentra matriculado en instituciones públicas), este esfuerzo ha sido constante desde 1950. A partir del mismo, se ha logrado desarrollar una clase trabajadora extremadamente práctica, con una alta capacidad de respuesta frente a la demanda del mercado laboral.

Irlanda comenzó a prosperar de verdad cuando pasó de enfocarse a una atracción indiscriminada respecto a las IED, a una estrategia concentrada que se proponía a traer inversión extranjera a sectores como la electrónica, farmacia, software y servicios financieros. Del mismo modo, desde los años 90, es el fuerte apoyo estatal al sector privado autóctono uno de los factores más relevantes para fomentar la creación de empresas nacionales con fuerte posicionamiento internacional, en este sentido tanto la ADI como el Enterprise Ireland fueron clave, así, desde 1997 en adelante, esta última ha fomentado el desarrollo de empresas de capital riesgo, las cuales obtuvieron hasta el 50% de sus fondos del Enterprise Ireland y son gestionadas por el sector privado.

Como consecuencia el crecimiento económico irlandés llevó a que la relación del PIB per cápita irlandés con el inglés transitara desde un 66% en 1989 a un 102% en 1999.

El milagro irlandés como se le conoce, si bien es cierto no se debe a medidas proteccionistas como la experiencia dada en otros países de la región, no se puede sin el importante apoyo público tanto en materia de financiación y promoción al capital privado autóctono, como también mediante la gestión estratégica en la atracción de capital extranjero en las áreas clave. Los fondos aportados por la Unión Europea (o CEE dependiendo del momento) también deben ser consideradas como un financiamiento público que, aunque no fuera fundamental, igualmente aportó un porcentaje determinado al crecimiento.

Irlanda además, pudo atraer ingentes importantes de capital foráneo estratégico toda vez que su clase trabajadora se posicionara con niveles de preparación muy elevados capaces de trabajar en empresas de alto valor agregado, donde, el sector público ha tenido un papel fundamental invirtiendo en educación durante décadas antes de esta apertura.

El sur de Europa (Italia, España, Portugal y Grecia)

Los países del sur europeo llevan una década complicada, tras la crisis económica de fines de la década del 2000, estos se han visto inmersos en crisis más profundas y duraderas que el resto de los países de Europa occidental, lo cual ha llevado a un sostenido y elevado nivel de desempleo, bajas tasas de crecimiento, altos índices de déficit público y privado, así como dependiendo de cada caso, una creciente brecha con sus vecinos más adelantados (como Alemania).

Es ya un común denominador histórico que esta región se encuentra más atrasada que el resto de Europa occidental, haciéndose evidente a través de sus elevados índices de emigración manifestadas entre el siglo XIX y XX no solo a países como Estados Unidos, sino que también a su propio vecindario (Alemania, Francia, Inglaterra) e incluso países como Argentina, Brasil y Uruguay (hoy considerados subdesarrollados).

Sin embargo, es interesante como la mayoría de estos, transitaron desde niveles de relativo retraso a relativo avance económico luego de la segunda guerra mundial, aunque con marcadas diferencias. Revisemos los datos;

N2

En comparación a Chile, el caso italiano es el que presenta el mayor nivel de avance y el griego el mayor nivel de retraso. Así, entre los años 1913 y 1920, el PIB per cápita italiano tendió a ser relativamente superior al chileno -aunque con variables- pero con márgenes muy ajustados, en cambio Grecia mantuvo un PIB per cápita atrasado respecto a Chile desde 1913 hasta 1967 con solo unas pocas excepciones, igualmente Portugal mantuvo un PIB per cápita inferior al chileno hasta 1969 (datos Maddison). España se mantuvo por su parte, en un nivel intermedio, si bien se encontraba retrasada con relación a Chile, no lo estaba al nivel de Grecia y Portugal, así como tampoco mantuvo una posición tan elevada como la italiana.

Es evidente que estos países como norma general, fueron severamente impactados por crisis sociales y políticas que llevaron a años de paralización o depresión económica como lo fue la primera y segunda guerra mundial para Italia y Grecia, o la guerra civil en España. Con todo, es evidente que tanto en comparación a Europa occidental, Estados Unidos y países latinoamericanos como Chile o Argentina, sus economías padecían serios niveles de retraso económico.

La modernización económica en consecuencia fue tardía, si excluimos a Italia, el resto de estos países recién superaron el PIB per cápita chileno entre 1965 e inicios de los años de 1970.

En términos de crecimiento del PIB per cápita, la situación es la siguiente.

N3

Como se puede observar, entre 1950 y 1982, la economía chilena mostró un grado mayor de vulnerabilidad y volatilidad ante los shock internos y externos.

Coinciden en general además, en que estos países durante mediados del siglo XX, fueron regidos por gobiernos dictatoriales o sumamente autoritarios. Así, en España la dictadura de Franco se mantuvo entre 1939 y 1975; en Portugal el Estado Novo (caracterizado por su alto nivel de autoritarismo basado en un régimen unipartidista) existió entre 1926 y 1974, la dictadura de los Coroneles en Grecia se dio 1967 y 1974; y por último el régimen fascista de Mussolini en Italia existió entre 1922 y 1945. Aquí la principal diferencia se encuentra en que la democratización del Estado italiano se dio tempranamente en comparación al resto de los países que tendieron a democratizarse ya durante la segunda mitad del siglo XX.

En cuanto a lo económico, estos países mantuvieron una convergencia desde el período de la posguerra hasta más o menos los años de 1980 (aunque esto variará dependiendo del caso), en Estados altamente participativos en términos de inversión pública, como también mediante políticas proteccionistas que conforme avanzan los años comienzan a ser relajadas. Es por esto que, durante la posguerra e inmersos en un período de ascenso económico (denominado como la Etapa dorada del Capitalismo), esta política produjo resultados en la construcción de diferentes empresas e industrias pero que, en comparación con los países más avanzados del noroeste europeo, nunca lograron consolidar un gran nivel de competitividad.

Esto último puede observarse mediante la cuenta corriente;

N4

En general entre 1976 y 2013, la balanza de cuenta corriente -como en Chile- ha sido deficitaria. Y en la mayoría de estos países, tras los años 90 la tendencia se agudizó (con la excepción de Italia) para revertirse y tener un superávit hacia el primer lustro de la década de 2010 (con la excepción de Grecia).

A raíz de lo anterior, un método adoptado por las autoridades para ganar coyunturalmente competitividad ha sido la devaluación continua de su moneda local,

N5

Entre más negativo sea el comportamiento, mayor es la depreciación acumulada con 1960 como fecha inicial. Como se puede observar, Portugal, Grecia, Italia y España han sido países que devaluaron sus monedas continuamente en más de 40 años (Portugal y Grecia son los casos más extremos), esto es un paralelismo a lo sucedido en países subdesarrollados como los sudamericanos. Ejemplo contrario es el alemán o el holandés, donde la tendencia ha sido la apreciación. Esta herramienta cambiaria sería sepultada tras la unificación monetaria con el euro como moneda única.

Mediante la mezcolanza de una intervención pública en materia de inversiones y dirigismo político, así como en política comercial y monetaria, estos países lograron consolidar un sector exportador de bienes manufacturados, aunque, de menor valor agregado que países como Alemania.

N6

Si consideramos ahora el grado de devaluación, se concluye que las exportaciones de menor valor agregado fueron las provenientes de Portugal y Grecia, en cambio España e Italia mantuvieron un grado mayor de valor agregado aunque no al nivel de los países más adelantados.

En síntesis, estos ejemplos aunque con diferencias, representan un desarrollo más bien tardío y a medias. Si bien es cierto lograron avanzar hacia la creación de un capitalismo industrial, la mayor parte de estas empresas no lograron desarrollar un alto nivel de competitividad. Este es el motivo que una vez comienzan a ingresar a la CEE/UE (Italia nuevamente es una excepción) -España en 1986, Grecia en 1981, Portugal en 1986 e Italia en 1957- gran parte de este aparataje estatal es privatizado, cerrado o absorbido por capital extranjero, volcándose la mayoría de estos países hacia el sector de los servicios.

El ingreso en la CEE/UE ha sido fundamental en la dinámica económica de estos países desde 1980 en adelante, esto pues además de los Fondos de Cohesión Social que han ayudado a países como Grecia o Portugal durante unos lustros, la apertura de mercados y fronteras les ha significado el incremento de sectores en los que mantienen ventajas comparativas únicas por su situación geográfica y climática, como el turismo.

N7

En este punto, desde 1995 hasta 2017, tanto España, Portugal o Grecia, han tenido ingresos turísticos que representan entre un 15 y un 30% de sus exportaciones, lo que ha servido para fortalecer su balanza de pagos.

Además, desde la unificación monetaria la competitividad de estos países (con una productividad inferior a la de países como Suiza, Bélgica o Alemania), se ha visto afectada a raíz del incremento de los costos en las exportaciones (lo cual tiene mucho que ver con el incremento del déficit de la cuenta corriente desde 1998 como ya se mostró), pero esto ha sido compensado mediante el incremento del crédito y el sector financiero de los países con cuentas corrientes superavitarias, lo que, permitió mantener el crecimiento económico sin mayores fluctuaciones hasta la crisis de 2008/9.

N8

Con todo, y a pesar de los efectos negativos de la unificación monetaria, tras la crisis del euro la solución emprendida por las instituciones de la UE (más el FMI) no fue más que intervencionismo público encaminado al rescate de la banca y del sector público de cada Estado con la condición de que estos implementen medidas que ajuste y austeridad fiscal.

En conclusión, estos países lograron tardíamente un nivel de desarrollo económico con diferencias marcadas -Grecia y Portugal se ubican en el decil 8, mientras que España e Italia en el 9-, han tendido a desregularizar sus fronteras y barreras comerciales en consonancia con la política de la UE y a privatizar o desmantelar las industrias que no lograron cierto nivel de competencia privilegiando el sector de servicios.

Podemos identificar tres etapas en este período de desarrollo:

  1. Entre 1950 y 1970/80, el crecimiento económico se enfocó en una alta participación estatal, dirigismo público y proteccionismo comercial. Durante esta etapa, estos países superaron a Chile en lo respectivo a PIB per cápita. En este sentido, existe un paralelismo entre el modelo adoptado por estos países, y el de aquellos que como Inglaterra o Estados Unidos ejecutaron décadas o siglos antes. Durante este período, estos países se acoplaron al crecimiento generalizado de la posguerra en Europa, pero al tener unos Estados comparativamente más débiles, fueron incapaces de sostener y profundizar este modelo en el tiempo con tal de consolidar un sector empresarial de alto valor agregado. En parte, la convergencia hacia una unificación europea, le serviría a los empresarios y sectores más consolidados de estos países para evitar que el peso estatal siguiese asfixiándolos, potenciando en el proceso, la rentabilización de diferentes empresas y nichos de propiedad estatal.
  2. Entre 1970/80 y fines de los años 1990 estos países – con la excepción de Italia- terminaron uniéndose al proyecto europeo. Esto les significó una ingente cantidad de dinero que fluiría -mediante los Fondos europeos- a la economía a través de apoyo e infraestructura pública que, al modernizarse, facilitaría la logística y eficiencia económica. Por otra parte, se comienza a gestar una compenetración económica entre las empresas de estos países y las economías más avanzadas, diferentes capitales ingresaron bajo concepto de inversión extranjera directa, adquisición de activos, y créditos que potenciaron su el crecimiento económico. En este sentido, la configuración económica europea intensificó una división del trabajo en tanto Europa del sur consume del norte tecnología avanzada, mientras que el norte los financia con créditos y les compra bienes de bajo valor agregado, como resultado se consolidan las balanzas de pago favorables para los países del noroccidente.
  3. Por último, desde fines del siglo pasado, se inicia la unificación monetaria, y con ello por lógica, los tipos de cambio. Entonces frente a los elevados déficits de cuenta corriente, la demanda por crédito se intensificó, y con una baja tasa de interés en los países meridionales se alimentó la demanda de bienes de consumo y/o construcción residencial en países como Grecia y España lo que posibilitó la burbuja inmobiliaria española. A partir de este período es que se intensifica el proceso iniciado décadas antes de división del trabajo, ya que se elimina la autoridad y soberanía monetaria, estableciendo un tipo de cambio mucho más cercano al que existía en Alemania, que el existente en Grecia.

En suma, estos países al iniciar tardíamente su proceso de industrialización en medio de Europa, sacaron provecho en tanto se encontraban muy cerca de países altamente desarrollados que podrían servir como palanca de crecimiento mediante exportaciones, inversiones, crédito y turismo, por otro lado esta situación puede haber sido perjudicial en tanto el interés de los países centrales (Alemania principalmente) no era desarrollar un Silicon Valley en Grecia, Portugal o España, sino que más bien una región con una industria de desarrollo medio bajo, con poca competitividad, consumidora de sus productos más elaborados y también mercado para su negocio bancario. Es por esto que el proyecto de la CEE/UE sirvió para potenciar tanto a los capitales altamente avanzados del norte europeo, así como a los capitales de avance medio del sur europeo.

¿Podría haber sido diferente? Quizás, pero luego de 1970 la economía internacional se enfría, y tras la democratización de estos países se hace menester -en virtud de diferentes factores como lograr alta aceptación del universo electoral- tanto en el corto y mediano plazo, sumarse al proyecto europeo. Así, recibir los fondos de la UE, e insertarse en su mercado, parecía ser una opción más atractiva que mantener modelos proteccionistas con miras a la industrialización.

La crisis de esta zona tras 2008 ha puesto de manifiesto este desarrollo incompleto. Según el informe The Global Downturn and its Impact on Euro Area Exports and Competitiveness elaborado por Di Mauro, F.; K. Forster y A. Lima en 2010, Portugal, Grecia e Italia eran los países con el mayor grado de solapamiento en relación a la competencia exportadora china, esto significa que conforme la economía china se ha ido desarrollando -a China podemos agregar otros países de Aisa- estos países han visto en riesgo su sector productivo exportador ya sea porque los salarios en China son muy inferiores, o porque el yuan está altamente devaluado.

Entonces, el futuro de esta zona dependerá de cómo los diferentes actores asumen un proyecto para esta región. Una alternativa sería potenciar industrias de alto valor agregado, pero como sabemos, Alemania y otros países desarrollados no querrán competencia, la otra alternativa será seguir potenciando el sector de los servicios, pero en este contexto, una diferencia en la balanza de pagos seguirá persistiendo, y es aquí donde la UE debiera reformular su estructura asumiendo a nivel continental una política fiscal ya que, en caso contrario, este tipo de crisis volverá a manifestarse. Otra opción sería romper con el euro e incluso con la UE para retomar un proyecto industrializador mediante políticas actualmente vetadas.

Sea como sea, como ya se ha mencionado, el desarrollo industrial, aunque incompleto no se puede entender sin la participación estatal, lo mismo las políticas que fueron asumidas tras la crisis del euro donde la participación del BCE fue clave al momento de reducir las primas de riesgo en la zona.

Israel

En la actualidad Israel se presenta como una de las economías con mejores indicadores de desarrollo innovativo. En efecto, el país se muestra como uno de los que más invierte en I&D en relación con el PIB, así, según los datos de la OCDE, para el año 2014 su gasto fue del 4.11%, el segundo más elevado de toda la organización solo superado por Corea del Sur. En la actualidad, Israel es uno de los países más ricos del mundo, con un PIB per cápita que alcanza los US$ 37.252 per cápita (dólares de 2010) según la OCDE.

Es todavía más interesante el caso israelí, si se considera que el país tan solo existe desde 1948, por lo cual sería más joven que la mayoría de los países en el mundo, y la totalidad de los países de América Latina. De todas formas, su desplante económico no siempre fue el mejor, según los datos del Banco Mundial su balanza de cuenta corriente entre 1960 e inicios de los años 2000 ha sido deficitaria, del mismo modo entre 1971 y 1997 su inflación ha sido elevada, especialmente entre 1975 y 1985, años en los que la economía israelí tuvo índices inflacionarios que alcanzaron los tres dígitos (en 1984 la inflación fue del 373%).

Siguiendo con lo anterior, la situación económica israelí a inicios de los años de 1980 era bastante delicada. Luego de las guerras de 1967 y 1973 y la crisis petrolera de los 70, la economía israelí se encontraba al borde del abismo. Obviamente en esta situación de inflación galopante, la moneda israelí (hasta 1980 la lira) había perdido valor abrumadoramente.

En medio de esta caótica situación, el gobierno de 1985 decidió implementar un plan económico y político radical para lograr la estabilidad económica. Este plan consistió en congelar precios y salarios, reducir el gasto público (incluyendo subsidios y programas de bienestar social), se fijó un tipo de cambio fijo, así como leyes con el fin de aplicar una política presupuestaria más ordenada con el norte en la responsabilidad fiscal, en resumen, se aplicó un programa claramente capitalista que buscó rentabilizar la acumulación mediante el incremento de la tasa de explotación general sobre la clase trabajadora.

No obstante, como ya se ha descrito, no basta con rentabilizar el negocio capitalista para potenciar un desarrollo estructural de la economía, entonces ¿cuál fue el camino aplicado por el país para desarrollar su economía? Vayamos al inicio de sus tiempos.

En un inicio (1948-1968), no existía en el país una política industrial de ciencias y tecnología, sin embargo una serie de sucesos relacionados a su propia historia, llevaron al desarrollo de una serie de políticas y pasos que darían pie a la creación de un sector de investigación desarrollado. En 1948 se creó RAFAEL, la autoridad de desarrollo de armamento israelí, la cual jugó un rol importante en I&D hasta los años de 1990, RAFAEL fue durante muchos años la única institución que invertía en I&D, y es la primera institución que logra desarrollar y utilizar tecnologías de investigación en Israel. En segundo lugar, el Discount Bank Investment Group se muestra dispuesto en la década de 1960 a invertir en el sector de alta tecnología, lo cual abrió la puerta al desarrollo de nuevos proyectos.

El año 1968 fue clave en la intensificación del desarrollo científico israelí, esto a raíz de dos eventos políticos. Por una parte en 1967, el presidente francés Charles de Gaulle decretó un embargo militar a Israel lo que los obligó a desarrollar su propia industria de armamento. Es así como se enfocan grandes sumas de dinero al I&D militar, incluso una vez levantado el embargo, el desarrollo militar israelí continuó su desarrollo en la búsqueda de autonomía frente a las amenazas militares de sus vecinos. Por otra parte, la recesión sufrida entre 1965 y 1967 hizo evidente la necesidad de cambiar su política económica con el fin de aumentar sus exportaciones, es así como el primer ministro Levi Eshkol, basándose en el éxito militar en el desarrollo I&D creó el llamado Katchalsky Committee, constituido principalmente por científicos, encargado de estudiar la factibilidad de usar las capacidades científicas existentes para crear industrias basadas en ciencias y tecnología. Es así como este comité recomienda la creación del Office of the Chief Scientist, cuya principal función era encontrar la manera de subsanar las fallas de mercado en el sector de I+D civil industrial.

El siguiente paso fue la promulgación de la ley de Apoyo al I&D industrial en 1985, la cual definía los principales objetivos de la política gubernamental hacia el I&D industrial. Esta ley estableció una serie de incentivos financieros, estas al cumplir ciertos criterios, pueden recibir fondos para el desarrollo de sus productos orientados a la exportación de hasta un 50% del gasto en I&D, y hasta 2/3 en el caso de Start Up. Estas ayudas se han materializado bajo las siguientes formas:

  • Apoyos a programas estándar en I&D: un comité establece los criterios que califican para recibir la ayuda, y en caso de cumplirse, las ayudas pueden incluir hasta un 50% de los gastos en I&D. Las compañías receptoras deben cumplir con: i) el I&D debe ser llevado por el postulante, ii) los productos deben ser producidos en Israel, iii) el Know How no puede ser transferido a terceras partes.
  • Programa Magnet: creado en 1993 para apoyar la formación de consorcios integrados por instituciones académicas y compañías. Este programa tenía como objetivo eliminar el gap que tenían las pequeñas compañías para financiar su gasto en I&D en el marco de instituciones universitarias de calidad mundial. Estas asociaciones podían contar con un apoyo de hasta 2/3 de subsidio en los gastos de I&D cuya duración podía llegar hasta 5 años.
  • Programas de incubadoras: Iniciado a partir de los años de 1990 con el fin de aprovechar el ingente número de inmigrantes judíos llegados de la disuelta URSS, quienes en buena parte eran inmigrantes calificados o científicos con ideas innovadoras, se buscaba apoyar la formación de empresas en su etapa más temprana. Para calificar estos proyectos deben tener un potencial exportador y estar en un período de incubación no mayor a 2 años. El financiamiento puede alcanzar los 150 mil dólares anuales. Los productos derivados deben ser manufacturados en Israel, y en la eventualidad de éxito la firma debe pagar su grant por medio de royalties atados a las ventas.
  • Programas de capital riesgo: en 1992 se crea el programa YOZMA, y al tenor de la realidad de los capitales riesgo, este programa debía tener fuertes conexiones con los mercados internacionales. Este programa ha sido altamente exitoso, el número de Start Up pasó de 300 en 1990 a 3000 en 2000, el número de fondos de capital emprendedor pasó de 20 en 1992 a 513 en 2000.

Podemos mencionar otros dos factores clave en su devenir económico.

Por una parte, el apoyo económico estadounidense fue de vital importancia para el país. En la actualidad la ayuda en relación a su PIB es bastante baja, pero entre 1975 y 1985 esta superó el 6%. Entre 1978 y 1980 superó los dos dígitos, llegando a alcanzar el 24% de su PIB en 1980. Este apoyo fue fundamental en el contexto crítico que atravesaban.

La llegada de un gran número de inmigrantes judíos entre 1960 y 2000 ha ayudado bastante a la economía. Como ya se ha mencionado, el Estado aprovechó la llegada de los más de 800 mil de inmigrantes judíos de la ex URSS, quienes en buena medida eran profesionales y personas muy preparadas. A esto se agrega las constantes oleadas de judíos que han inmigrado desde Europa, Estados Unidos, América del Sur, Oriente medio y Etiopía, quienes han pasado a ocupar diferentes posiciones en la estructura de división del trabajo en el país, ya sea como nuevos empresarios y emprendedores, o mano de obra barata, esta inmigración ha significado un respiro para un mercado en crecimiento.

Desde luego, no se pueden entender ni las políticas tendientes al desarrollo tecnológico, ni las relacionadas a la inmigración sin aceptar el papel fundamental del Estado como eje modernizador en la economía nacional de Israel. De igual forma, la ayuda recibida desde Estados Unidos debe ser contextualizada como un traspaso de plusvalía como acuerdo entre Estados. Estamos entonces, frente a otro país recientemente modernizado a partir de la gestión estatal en conjunto con el desarrollo privado, no es el ejemplo de un Estado proteccionista, intervencionista o empresarial al estilo británico, coreano o de Singapur, pero sí un Estado financiador y que ha planificado activamente la inversión nacional y extranjera mediante un papel que en términos generales tiene cierta semejanza con el caso irlandés.

Australia

Fundadas en su mayoría entre fines del siglo XVIII y las primeras décadas del siglo XIX las seis colonias británicas establecidas en el territorio australiano se autogobernaron de manera independiente en el marco del Imperio británico desde 1859 hasta conformar el Commonwealth of Australia, aprobado por la población en un referéndum y proclamado el 1 de enero de 1901 por la Reina Victoria después de la aprobación del Parlamento británico. En 1931 se proclamó el estatuto de Westminster, por medio del cual Australia accedió a la independencia manteniéndose como miembro del Commonwealth conservando su calidad de monarquía constitucional encabezada por la Reina de Inglaterra. Esta participación resultó fundamental tanto para su orientación en el proceso de desarrollo como también en el establecimiento de vínculos comerciales.

A inicios del siglo XIX su crecimiento estuvo relacionado con la inserción de su economía en el mercado mundial, exportando materias primas -sobre todo oro y lana- a la industrializada economía de Gran Bretaña.

Tempranamente la economía australiana comenzó a tener un Estado activamente interventor. Durante el siglo XIX -especialmente durante la segunda mitad del siglo- el Estado tuvo un papel importante en la formación de capital a través de la inversión pública, así como en la distribución de tierras y en las políticas que favorecían la inmigración, el gobierno se embarcó en la construcción de ferrocarriles, carreteras, puentes, líneas de telégrafo, sistemas de agua y alcantarillado, para esto, el gobierno utilizó también mano de obra presidiaria, de igual forma el gobierno asignó a convictos para trabajar en empresas privadas especialmente en la industria pastoral.

Tras los primeros años del siglo XX existía un consenso en la clase política que buscaba defender la industria australiana y un paternalismo estatal (génesis del Estado de bienestar). El establecimiento de una política industrial proteccionista sostuvo el crecimiento del sector secundario desde fines de la primera Guerra Mundial hasta inicios de la segunda. A raíz de la primera Guerra Mundial, la economía australiana se vio sumamente afectada, esto pues era muy dependiente del comercio exterior. En materia comercial, se dio la primera alza de los aranceles con la introducción del Greene Tariff en 1921, por otra parte, el país disfrutó de preferencias imperiales incluidas en los acuerdos de Ottawa (que proporcionaba preferencias arancelarias a los productos australianos que ingresaran al mercado británico). El objetivo del gobierno era defender la incipiente industria que había nacido en el contexto de las guerras mundiales, es por ello que dentro de la OCDE, Australia era una de las economías más protegidas, situación que duró hasta la década de 1970.

No obstante, el modelo industrializador australiano no produjo los efectos esperados y no dio los resultados esperados, esto porque la industria creada tendió a la baja capacidad competitiva, situación reflejada en la vulnerable situación de la balanza de pagos. Por esta situación, a partir de 1952 el gobierno conservador Robert Menzies decidió estimular los sectores primarios generadores de divisas, se apoyó la inversión extranjera en la ganadería y agricultura, así como en menor medida la minería del hierro y zinc. Es por esto que durante los años de 1950 la inversión privada enfocada en el sector secundario comenzó a disminuir su participación pasando del 60% al 50% entre inicios y fines de esa década, tendencia que se intensificó durante la década siguiente, en tanto la inversión en los sectores privados se incrementó.

A partir de 1960 la minería se desarrolló más rápidamente en parte a las facilidades proporcionadas a la IED no británica, encabezando un auge en las exportaciones por delante de las mercancías agropecuarias -que en ese entonces se veían perjudicadas por el proteccionismo agrícola de las economías más industrializadas-. Durante los años de 1970, la situación económica se deterioraba, la balanza de pagos mostraba un deterioro constante, la deuda externa iba en ascenso, el crecimiento económico estaba estancado y en el plano internacional los privilegios comerciales con el Reino Unido se habían dado por terminado en un contexto de recesión internacional, esta situación llevó al cambio formal del modelo a partir de 1980, lo cual implicó una liberalización de la economía, el abandono del ISI a favor de un modelo enfocado en la explotación de los recursos naturales y en los servicios.

A pesar de lo que se podría pensar, un modelo tan abocado a los recursos naturales no debiera ser ejemplo de desarrollo pues carece de andamiaje industrial, sin embargo vale la pena indicar que más allá de la industrialización en términos de producción manufacturera de media o alta calidad, lo fundamental para transitar entre un estadio de desarrollo bajo a uno alto, es la productividad económica. Esto implica que en determinado caso, un país minero que produzca 10 toneladas de cobre per cápita será menos desarrollado que uno que produzca 50 toneladas per cápita. Australia ha logrado lo último, enfocándose en una economía exportadora de materias primas pero con altos niveles de tecnologías invertidas en dicho proceso productivos. Así, la clave del desarrollo australiano desde 1980 a la fecha -lo mismo que en Nueva Zelanda como veremos a continuación- es la innovación en el agro y minería.

Siguiendo lo anterior, durante los años de 1990 fueron creadas las corporaciones de investigación y desarrollo (RDC) en Australia por el Estado, las cuales tenían como función facilitar la innovación en áreas rurales. Estas tienen una amplia participación privada a través de dirección y financiamiento orientándose en el I&D. También durante esos años fueron creados los Centros de Investigación Colaborativa (CRC), sociedades de responsabilidad limitada, dirigidas por un consejo integrado por representantes de las organizaciones —empresas, asociaciones gremiales, universidades, centros de excelencia— que los componen. Fueron creados con el fin de aumentar la efectividad de los aportes públicos a la investigación y desarrollo, asegurando la articulación de la empresa con los investigadores.

Además, el gobierno de Australia ha desarrollado instancias con el objetivo de avanzar en el desarrollo de las METS como la Mining Technology Services Action Agenda, la cual consistió en un acuerdo público-privado entre la industria, el gobierno y agencias federales, con el objetivo de potenciar el sector.

En definitiva, varias medidas han llevado al desarrollo de los sectores mineros y agropecuarios en la búsqueda de agregarles valor dentro de sus cadenas productivas. El caso australiano es un ejemplo de una industrialización incompleta, como en el caso de América Latina, pero a la vez expone el desarrollo del perfeccionamiento de los sectores primarios como mecanismo de insertarse de modo más efectivo en el mercado mundial.

Nueva Zelanda

Nueva Zelanda heredó sus instituciones políticas de Gran Bretaña, originalmente (como Australia) colonia británica, en la actualidad es una monarquía parlamentaria integrante de la Commonwealth. El papel del jefe del Estado es desempeñado por el gobernador general, quien representa a la Reina.

Su desarrollo histórico y social como colonia británica tiene rasgos comunes con su vecina Australia, estas características se desprenden de su posición geográfica y condición de colonia, compartiendo con ello aspectos en su integración dentro del mercado mundial. Por otro lado, a raíz de su estrechez en la especialización exportadora, Nueva Zelanda presentó una mayor vulnerabilidad frente a los vaivenes de la economía internacional manteniéndose por más tiempo cercana a Gran Bretaña que Australia.

La colonia neozelandesa gozó de un acceso temprano al autogobierno, declinó unirse a la Federación australiana en 1899 y accedió finalmente a la independencia del Reino Unido con el Estatuto de Westminster de 1931, que solo refrendó en 1947. Su carácter complementario como economía inmersa en el marco del imperio británico en un primer momento, y luego como parte de la Commonwealth orientó su especialización productiva llevando en un inicio a altos ingresos económicos a los colonos. Al igual que Australia, Nueva Zelanda se especializó en la exportación de ganadería, lana, lácteos y carnes para los cuales tenía fuertes ventajas comparativas. Así, el desempeño de este país se ha vinculado al devenir de los mercados internacionales de esos productos.

En la actualidad, Nueva Zelanda es un país altamente competitivo en la agroindustria. El surgimiento de esta industria tiene su origen en el intervencionismo estatal, en este sentido durante el siglo XIX, el gobierno fomentó la iniciativa privada mediante bonos a empresas lecheras. Esta ayuda se ha extendido al siglo XX mediante el apoyo a la investigación, el desarrollo de técnicas refrigerantes, la ayuda financiera mediante el fomento de instrumentos de manejo de riesgo, el desarrollo de infraestructura de acopio clave, y el establecimiento de normas de control sanitario estrictas que permitiesen a la industria láctea acceder a mercados lejanos. Del mismo modo, el gobierno liberal electo en 1891 desarrolló una participación en la oferta de servicios, especialmente financiero, introduciendo también las primeras reformas de protección social que funcionó como antesala al generoso Estado de bienestar de 1930.

La crisis de la década de 1930 marcó un giro hacia la intensificación a las políticas intervencionistas. Desde entonces y hasta 1984 se intensificaron los controles buscaron diversificar la economía mediante la sustitución de importaciones, proteger a la economía de los vaivenes de la economía mundial y mantener una reducida tasa de desempleo. Desde 1939 existían licencias de importación, si una empresa podía demostrar que estaba capacitada para elaborar un determinado producto, el gobierno le concedía una protección inmediata frente a la competencia externa. Los agricultores eran subsidiados fuertemente por el gobierno. Los aranceles en Nueva Zelanda eran relativamente elevados hasta 1970 lo cual le valió el apelativo de “Fortress New Zealand”, en 1970 los aranceles en promedio eran del 20% contra un 8% de la CEE, además el 42% de los bienes eran sometidos a restricciones cuantitativas. Las empresas estatales tenían alto protagonismo y hacia 1980 aportaban un 11% del PIB.

Es cierto que hacia los años 70 este modelo económico entraba en crisis y se hacía necesario rentabilizar la economía, reducir el gasto público y mantener los indicadores presupuestarios en números azules, esto llevó a que la economía fuese liberalizada y los controles estatales reducidos. A lo anterior se debe agregar que las exportaciones agrarias a Gran Bretaña se redujeron drásticamente tras el ingreso de esta a la CEE en 1972. Tras este período marcado por la estanflación en 1984 el gobierno adoptó medidas a intensificar una apertura comercial y financiera muy amplia y la disminución de la intervención pública. A pesar de que se tiende mencionar que gracias a estas políticas Nueva Zelanda vivió años de crecimiento económico, estabilización presupuestaria y desarrollo socioeconómico, es innegable que solo liberalizar la economía de la intervención fiscal no explica el exitoso proceso de integración de sus empresas agroindustriales en el mercado mundial.

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Como se puede observar, el crecimiento económico del PIB per cápita neozelandés entre 1932 y 1984 fue -según los datos de Agnus Maddison- superior al crecimiento manifestado luego de 1984. Así, en el primer período el promedio fue del 2% mientras que tras 1984 esta media se reduce al 1%. Mirando tan solo los datos, podemos verificar que el desplante económico neozelandés fue superior en la época del intervencionismo.

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Siguiendo con los datos de Maddison, se puede verificar que la proporción del PIB per cápita neozelandés ha ido en descenso desde 1870 a 2006. Esto refleja la pérdida en la competitividad a nivel internacional en contraste con dos de las economías más avanzadas (Reino Unido y Estados Unidos). No obstante, es interesante verificar que tras 1984, la ratio cayó a los niveles más bajos, mientras que es durante el período 1930 – 1970 cuando esta recuperó en parte su competencia.

No obstante lo anterior, es interesante como tras la eliminación de las barreras arancelarias la industria láctea neozelandesa se posicionara a nivel internacional aprovechando no solo sus ventajas comparativas, sino que además las ventajas competitivas tras décadas de protección y apoyo estatal.

Al igual que con Australia, Nueva Zelanda ha enfocado sus esfuerzos en el desarrollo de la innovación de sus sectores más tradicionales. Así, se han creado los Consorcios de Investigación en 2002, cuyo objetivo (como los CRC australianos) es la articulación empresa – academia, en investigaciones de mutuos interés. El Estado cofinancia el 50% de la inversión durante 5 años, los que pueden prolongarse si la investigación es satisfactoria. Las áreas sujetas a participación son búsqueda de calidad en la producción primaria, sistemas de producción sustentable, nicho de productos y servicios biológicos, innovación en alimentos, procesos de alto valor en la manufactura, servicios intensivos en conocimiento, optimización del uso físico de la infraestructura, y sustentabilidad del desarrollo tecnológico en Nueva Zelandia.

Canadá

Canadá mantiene paralelismos con Nueva Zelanda y Australia al mantener una historia colonial con Inglaterra como metrópolis, cuyo proceso de independencia se dio bajo una dinámica similar al no romper abruptamente con la monarquía británica produciendo en el camino, una monarquía Parlamentaria con la corona de Inglaterra a la cabeza. Pero a la vez mantiene una peculiaridad que se destaca y la distancia de Australia y Nueva Zelanda, y es que su construcción como nación debió incluir tres grupos étnicos claramente marcados y diferenciados, por una parte la población originada de los colonos ingleses, por otra la población cuyo origen se remonta a la colonización francesa, y finalmente la población nativa de corte aborigen. En este sentido es interesante como a pesar de esta complejidad demográfica, el país ha alcanzado uno de los niveles más elevados de desarrollo a nivel mundial siendo referente en una gran cantidad de informes y foros.

En 1867 se aprueba el Acta Constitucional que proclamó oficialmente la Confederación canadiense, y con ello, el gobierno tomó una posición de participación en la economía. Esto se dio en un primer momento, mediante tres hechos, por una parte se aprueba una política de aranceles con el fin de proteger la incipiente industria, por otra, con el fin de poblar el oeste se aprueba la construcción de tres tranvías transcontinentales, incluyendo entre estas el Canadian Pacific Railway, por último, y así como el caso australiano, el gobierno mantuvo durante la segunda mitad del siglo XIX una activa política de inmigración con el fin de poblar el territorio.

A pesar de la política arancelaria a nivel nacional, las provincias no podían imponer aranceles dentro de los límites nacionales, y en el marco del déficit púbico que fueron gestando, se hicieron arreglos fiscales alternativos en 1867 con la creación de los subsidios de Dominion, el primer programa de transferencia intergubernamental.

El proceso de asentamiento no se puede entenderse sin la intervención del Estado canadiense, el programa agresivo de asentamiento occidental se basó el establecimiento de la Política de Tierras del Dominio que permitió la concesión de tierras de 160 acres a cualquier colono mayor de 18 años por 10 dólares después de tres años de residencia y un mínimo de uso, como la construcción, una residencia habitable y cultivando una porción de la tierra.

El Estado tenía una clara posición favorable a la inmigración y poblamiento de sus tierras, y en virtud de ello, las autoridades sentían que los ingresos fiscales no podían entrometerse en esta necesidad. La filosofía del gobierno federal para encontrar ingresos con los cuales financiar su programa de construcción nacional implicaba una compensación entre deuda o impuestos adicionales. Mantener una tasa baja de impuestos indirectos se consideró crucial para atraer inmigrantes y promover el crecimiento, así como competir por el capital y los recursos humanos con los Estados Unidos. El costo de un dólar adicional de emisión de deuda implicaba la reducción de la solvencia crediticia del gobierno federal y los mayores costos asociados del servicio de la deuda, mientras que el costo de un dólar adicional de ingresos fiscales implicaba a su vez un flujo de inmigración neto reducido. Los ministros del gobierno federal fueron bastante sensibles a los efectos económicos de recaudar impuestos adicionales. En lo que respecta a la combinación de impuestos, al gobierno federal le preocupaba que la imposición de nuevos impuestos directos, a saber, un impuesto sobre la renta, pudiera alentar la emigración a los Estados Unidos.

La construcción del Canadian Pacific Railway (PCR) fue un tema fiscal importante para el nuevo país y su construcción demuestra la filosofía del gobierno de alentar la participación del sector privado en la construcción de infraestructura nacional. La PCR, un impresionante proyecto de ingeniería, también fue una empresa económica conjunta entre el sector público y privado y, en ausencia del apoyo económico del gobierno, es poco probable que se haya construido dada la escasa población al oeste del Lago Superior.

Todo el período comprendido entre 1867 y 1913 demostró un gobierno federal que vio su función como un estado liberal clásico de laissez-faire, con sus responsabilidades clave como la infraestructura institucional y la construcción económica de la nación con el gasto concentrado en las redes de transporte y comunicación. Durante esta era, como parte del PIB, el gasto del gobierno federal varió de un mínimo de 4.1% a un máximo de 10.5%, en 1885, el año de la finalización de la PCR. En la mayoría de los años, la relación entre el gasto federal y el PIB fue inferior al 7%.

El período de las guerras mundiales (1914-1945) significó para el país una caída del comercio internacional y una reducción dramática del dinamismo económico. Estas coyunturas llevaron a que paulatinamente el gobierno virase a una recaudación más enfocada en los impuestos directos, y a un gasto militar muy superior al resto dentro del componente total del gasto fiscal. Además, la Primera Guerra Mundial aceleró la industrialización en Canadá. Los esfuerzos estatales para apoyar el esfuerzo de guerra condujeron a políticas intervencionistas que impulsaron la fabricación de municiones y armas, transporte y otros equipos de apoyo. La Segunda Guerra Mundial puso fin a la Gran Depresión, ya que provocó una intervención masiva en la economía industrial por parte de los planificadores estatales federales. Esos planificadores estatales establecieron nuevas industrias y corporaciones de la corona y dirigieron a la industria privada a producir maquinaria, equipos de transporte y armamentos y municiones para el esfuerzo de guerra. Por ejemplo, Ottawa creó la Polymer Corporation, una compañía de la corona, para producir caucho para el esfuerzo de guerra, que ayudó a revitalizar la industria química en el suroeste de Ontario. En lugares como Windsor, Oshawa y Ajax, fabricantes líderes como General Motors de Canadá proporcionaron equipos y vehículos al gobierno canadiense bajo contrato. La producción de bienes de consumo se suspendió durante la guerra. Mientras tanto, la construcción naval creció en la costa este, y la producción de acero dominó en ciudades como Hamilton, Ontario. Al final de la guerra, Canadá había alcanzado el pleno empleo.

El final de la Segunda Guerra Mundial marcó el comienzo de un período de crecimiento económico robusto y prosperidad que parecía contrario a la creencia convencional de que el fin de la demanda en tiempos de guerra provocaría un regreso a condiciones económicas similares a la depresión. El período de 1945 a 1973 estuvo marcado por un crecimiento significativo en el PIB, el aumento del empleo y la expansión de la población en Canadá y en todo el mundo. En el ámbito internacional, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio de 1947 fue una refutación al proteccionismo de la década de 1930 y provocó una liberalización del entorno comercial mundial y el crecimiento del comercio a una tasa anual de aproximadamente el 7%.

El período de 1945 a 1973 también vio al gobierno federal asumir un papel más intervencionista en la economía; en última instancia, esto se caracterizó por un cambio en la composición de su gasto de bienes y servicios a transferencias, así como un aumento de la carga fiscal sobre la economía para financiar una expansión de los programas.

Todas estas reformas llevaron a que el país modificara de modo sustancial su cartera de exportaciones, ya que, desde 1962 a1998, las manufacturas comenzaron a incrementar constantemente su participación desde un aproximado 30% a casi un 70%.

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Del mismo modo, el PIB per cápita el PIB per cápita canadiense gano un relativo peso en comparación a Estados Unidos y -sobre todo- Reino Unido.

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Es importante recalcar que a pesar del importante nivel de industrialización en Canadá, el economía sigue dependiendo de los recursos naturales, aun cuando estos se encuentren procesados, lo cual hace de su economía altamente vulnerable a los vaivenes nacionales e internacionales. Además, gran parte de su producción industrial automotriz se ha desarrollado en subsidiarias estadounidenses que apostaron por Canadá al momento de invertir. Esto implica que así como Nueva Zelanda y Australia, la importancia de los recursos naturales en el país ha sido fundamental, en un inicio comenzó exportando pieles, luego productos pesqueros, para seguir con la industria forestal, el trigo y más recientemente el petróleo. Esto último, sumado al enorme grado de penetración de las empresas estadounidense nos puede indicar que a pesar del nivel de riqueza, Canadá sigue teniendo un grado de retraso relativo.

Es por lo anterior, que su norte siempre ha tenido al Estado como eje y actor basal en su desarrollo económico, así, todos los gobiernos canadienses han considerado que apoyar al sector empresarial es y debe ser una política de Estado cuyo fin es la consolidación de una nación. El método más usual no ha sido la participación directa del gobierno, sino el apoyo político y financiero a corporaciones privadas escogidas con el fin de orientar una estrategia de desarrollo nacional. En este camino, el Estado ha tendido al apoyo de ciertos intereses empresariales en detrimento de otros.

Curiosidad adicional es que Canadá logró este importante grado de desarrollo mediante un déficit público casi eterno durante más de un siglo.

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Fuente “A Federal Fiscal History: Canada, 1867-2017, Livio Di Matteo”

Ciertamente el país cayó en una grave crisis económica hacia los años de 1990, y durante estos años se cuestionó bastante el enorme déficit fiscal periódico y acumulado, no obstante no podemos negar que más de un siglo de apoyo estatal le han significado a Canadá una especialización que superó los simples clichés de un país exportador de materia prima, ya que la tecnologización, diversificación y desarrollo de empresas que se han convertido en pioneras a nivel mundial con un grado de capitalización que trasciende las fronteras canadienses. A pesar de todos los inconvenientes y elementos negativos, Canadá es un país desarrollado que ocupa las primeras posiciones a nivel internacional y mediante una política de Estado que conjugó aranceles e intervencionismo hizo de sus riquezas naturales un centro de producción de valor agregado de referencia internacional.

También es verdad que a Canadá le han favorecido el extenso territorio con abundancia en recursos naturales y una posición geoestratégica privilegiada al ser el vecino de Estados Unidos, pero esto no quita que las mismas ventajas la tuvo México, y el nivel de productividad en Canadá para el 2018 (datos OCDE) sea de US$ 52 (dólares PPP a precios constantes 2015) por hora trabajada, mientras en México esta sea de 20,7.

Japón

Japón se integró tardíamente al proceso de industrialización, en 1854 los estadounidenses los obligaron a abrirse al mercado internacional tras el incidente del Buque Negro. Al quedar expuestos a occidente, los japoneses se dieron cuenta del retraso de su país. Poco después el orden político feudal del país colapsó, y tras la llamada restauración Meijí de 1868 se estableció un régimen modernizador. Desde entonces el papel del Estado ha sido determinante en el desarrollo del país.

En un primer momento, Japón no pudo actuar de manera proteccionista a raíz de los tratados firmados en 1854 que le prohibían imponer aranceles sobre el 5%, en este contexto el gobierno japonés tuvo que recurrir a otros medios para impulsar la industrialización puesto que la autonomía arancelaria recién la recuperaría el año 1911.

Al igual que el Estado prusiano a inicios del siglo XIX, en ausencia de iniciativas empresariales privadas, el Estado japonés estableció unas fábricas modelo de propiedad estatal para un buen número de industrias (astilleros, minerías, textiles de algodón, lana y seda, militar, entre otras), aunque buena parte de estas pronto se traspasaron al sector privado, esto no supuso el fin de la participación estatal en la industria. En las décadas de 1870 y 1880 la mayor parte de los astilleros privatizados se les siguió otorgando importantes subsidios, además la industria de construcción naval recibió entre el 50 y el 99% de todos los subsidios del Estado antes de 1924. El primer molino de acero moderno – la Fábrica de Hierro Yawata- también fue creado por el gobierno en 1901.

El Estado también participó en la construcción de infraestructuras: el Estado Meijí construyó la primera vía férrea del país en 1881. Proporcionó concesiones a las empresas privadas para interesarlas en invertir en el sector de los ferrocarriles, y, durante las décadas de 1880 y 1890 otorgó subsidios a las compañías ferroviarias del sector privado. El gobierno japonés también empezó a construir infraestructuras telegráficas en 1869 y en 1880 todas las principales ciudades estaban conectadas telegráficamente.

Además, el gobierno japonés puso en práctica políticas destinadas a facilitar la transferencia de tecnologías, así por ejemplo, contrató muchos consejeros técnicos extranjeros, el máximo número fue de 527 en 1875. El ministerio de Educación se estableció en 1871 y hacia fines del siglo XIX afirmaba haber logrado una tasa de alfabetización del 100%.

El gobierno además, tomó ejemplo de las modernas instituciones occidentales para desarrollar su propio crecimiento industrial. El Derecho penal recibió influencia del Derecho francés, a su vez el comercial y civil fueron en gran medida alemanes con elementos británicos. El Banco Central se introdujo según el modelo belga y el sistema bancario en general según el estadounidense. Las universidades adoptaron el modelo estadounidense, y las escuelas pasaron a adoptar un modelo francés-alemán.

Tras el fin de los tratados de 1854, en 1911, el Estado japonés post-Meijí comenzó a introducir un número de reformas arancelarias con el fin de proteger industrias incipientes, haciendo más asequibles las materias primas y controlando los bienes de consumo de lujo. Hacia 1913 la tasa arancelaria de bienes industriales creció del 5% al 30%, convirtiéndose en uno de los países más proteccionistas, aunque no más que Estados Unidos. En este sentido, Japón como Alemania y Suecia (de fines del siglo XIX), aplicó una política de protección arancelaria focalizada, según lo cual el régimen se mantuvo en términos generales moderadamente protector, pero con fuertes tasas arancelarias en ciertas industrias clave.

Durante la década de 1920, Japón comenzó a impulsar la racionalización de industrias clave sancionando acuerdos de cárteles e impulsando las fusiones con el fin de restringir la competencia despilfarradora, lograr economías de escala, llevar a cabo una equiparación de normas e introducir la gestación científica. Este control se intensificó tras la década de 1930 en respuesta a la crisis internacional y a los esfuerzos de guerra, especialmente con la promulgación de la ley de Control de las Industrias Importantes de 1931. Así, el rearme japonés de la década contribuyó al desarrollo de las industrias pesadas al estimular la demanda y crear una expansión tecnológica.

Pese a estos esfuerzos, durante la primera mitad del siglo XX Japón no fue en términos generales, la potencia económica en la que se convirtió luego de la segunda guerra mundial, aunque vale la pena recordar que este desempeño se debe en buena medida al profundo colapso económico tras la derrota de Japón en la segunda guerra mundial.

Después de esta, y a pesar de que como ya se indicó Japón salió derrotado y con una economía en ruinas, en cierto sentido la situación fue una bendición encubierta, por una parte se los obligó a desmantelar su enorme estructura militar bajo el beneplácito de la protección militar estadounidense, por otra se creó un régimen parlamentario que a pesar de sus pobres garantías democráticas, era bastante superior al régimen anterior.

Japón a diferencia de los países más adelantados, mantuvo una política gubernamental completamente proteccionista que consideraba que no debían autorizarse la importación de tecnologías extranjeras que compitiesen con los productos domésticos hasta que estos últimos alcanzaran un buen nivel de competitividad internacional. Para lograrlo, el gobierno llevó a cabo un plan de industrialización en el que se gestionó la construcción de carreteras, puertos, industrialización de zonas costeras, desarrollo de zonas urbanas, desarrollo de ferrocarriles de alta velocidad, ETC.

Se diseñaron planes específicos para las industrias de fibra sintética y electrónica mediante el suministro de capital, tratamiento impositivo favorable, subsidio a la investigación y suministro eléctrico. Se extendió la protección y la ayuda a las industrias en dificultad como el textil y el carbón.

La mayoría de estos planes eran de 5 años con tres indicaciones básicas emanadas del Ministerio de Industria y Comercio Exterior (MITI): la primera indicaba la dirección del desarrollo económico y social deseado, la segunda indicaba la política que se seguiría para conseguir estos objetivos y la tercera indicaba las directrices de comportamiento para las empresas. En este sentido parece interesante el paralelismo con la planificación indicativa vista en Francia durante el mismo período.

En este sentido, las políticas del MITI durante la posguerra pueden dividirse en cinco categorías:

  • Políticas que influencian a la estructura industrial del país por fomentar y proteger industrias en desarrollo mediante intervenciones e incentivos, a la vez de fomentar la salida de industrias en decadencia
  • Políticas que buscan corregir las fallas del mercado mediante asignaciones de recursos a direcciones deseables utilizando de ese modo, medidas correctas que aprovechasen el sistema de subsidios e impuestos
  • Políticas con el objetivo de intervenir directamente en organizaciones industriales individuales y mejorar el bienestar económico. En específico, políticas que pretenden intervenir en la estructura competitiva y reparto de recursos en industrias
  • Políticas adoptadas no por motivos económicos sino en base a requerimientos políticos. Ejemplos como la privación de exportación y acuerdos multilaterales con el objetivo de enfrentar la fricción comercial
  • Políticas macroeconómicas, políticas para estandarizar el ingreso, controlar la contaminación, promoción del I&D y políticas para pequeñas y medianas empresas

Durante la posguerra Japón el crecimiento económico del país no tuvo competencia, especialmente entre 1950 y 1973. Este éxito económico la posicionó como un actor internacional en la geopolítica, y detrás del mismo, no se puede entender el elevado crecimiento japonés sin la activa intervención del Estado en materia industrial y comercial.

Corea del Sur

Luego de la segunda guerra mundial la península coreana quedó divida, el norte bajo la órbita soviética y el sur bajo la influencia estadounidense. Este país emerge luego de la segunda guerra mundial liberado de la ocupación japonesa para luego formar una entidad ajena de su par del norte, luego de una cruel guerra entre 1950 y 1953, el destino de este país fue distanciarse cada vez más de Corea del Norte. En aquellos años, el país se encontraba retrasado en relación a las economías más avanzadas, sus exportaciones se componían de productos de muy bajo valor agregado, pero tras unas décadas la situación dio un giro abismal al punto que hacia la década de 1990 el país pasó a formar parte del grupo de los que ostentaban la economía más avanzada en el mundo.

Durante las décadas que le siguieron el país fue liderado por una dictadura represiva que promovió la industrialización por medio de fuertes políticas intervencionistas apelando incluso a la planificación centralizada.

Corea del Sur establece un régimen político sumamente autoritario, a partir del cual las compañías fueron apoyadas tanto por el Estado como por los subsidios estadounidense. En un inicio, la clase burguesa se encontró fuertemente apadrinada por el Estado. En este sentido vale la pena mencionar que entre 1945 y 1961 Corea no recibió ni créditos ni inversiones extranjeras, en cambio durante el mismo período Estados Unidos entregó una ayuda US$ 3100 millones, un 10% más de lo que recibió Reino Unidos por concepto del Plan Marshall.

En esta misma tónica, el Estado intervino activamente en la propiedad agraria, así hasta comienzos de la década de 1950 el 75% de la población era fundamentalmente agraria, en este aspecto las autoridades militares de ocupación estadounidense procedieron a una agresiva reforma agraria sin indemnización a los japoneses (pero sí a los terratenientes coreanos), la propiedad no podía ser superior a 3 hectáreas por familia. Además, las rentas que antes pagaban los campesinos a los terratenientes fueron reemplazadas por impuestos al Estado. El Estado además impuso como reglamento cuotas mínimas que los campesinos debían alcanzar y entregar a los organismos estatales a un precio fijado por las autoridades. En resumen, a cambio del acceso a la propiedad de la tierra, el campesino coreano liberado, de los grandes latifundios tuvo que trabajar para el Estado.

Mediante la política anterior, el Estado pudo proveer a los ciudadanos de alimentos a precio subsidiado, de tal forma, los salarios en otras ramas de la economía podían mantenerse bajos sin que ello significase una pauperización feroz de los trabajadores.

El Estado a partir de los excedentes obtenidos de las contribuciones campesinas, los impuestos y las ayudas estadounidenses, pudo importar bienes industriales de Estados Unidos para impulsar la industrialización. El 71% de las inversiones estatales hasta 1961 se financiaron principalmente con ayuda estadounidense. Mediante esta industrialización, la hoja de ruta del Estado coreano fue la Industrialización por sustitución de Importaciones.

Si lo anterior fuera poco, Park Chung Hee aplicó una política de industrialización acelerada bajo la aplicación de planes quinquenales. En el primero (1962-1966) se dio prioridad al desarrollo energético, los abonos, el textil, el cemento. En el segundo (1967-1971) se puso el acento en las fibras sintéticas, la petroquímica, el equipamiento eléctrico. El tercero (1972-1976) se centró en la siderurgia, el equipamiento del transporte, los electrodomésticos, la construcción naval. El Estado favoreció el desarrollo de chaebols, amplios conglomerados creados a partir de un número limitado de sociedades privadas, seleccionadas por Park, para constituir la punta de lanza de la nueva industria, hoy son muy conocidos: Samsung, Hyundai, Lucky Goldstar, Daewoo, Kia, y fueron apoyados por el Estado las cuales a menudo eran gratuitas.

Siguiendo estas políticas, entre 1960 y 1980 la sociedad surcoreana cambió sustancialmente:

  • La población urbana pasó del 28% en 19609 al 55% en 1980
  • Del total de la población activa en 1960 el 63% trabajaba en la agricultura, el 11% en la industria y la minería, y el 26% en servicios, mientras que en 1980 34 % en la agricultura, 23 % en la industria y la minería y 43 % en servicios

Si el PIB per cápita coreano en 1950 representaba el 9% del estadounidense, hacia 1980 ya representaba un 22% y un 38% en 1990. Relación que se ha acortado según los datos de Maddison. Es cierto que desde los años de la década de 1990 la economía se ha liberalizado, un proceso que avanzó en paralelo con la democratización del país, pero esta liberalización de la economía trajo rentables beneficios en tanto la clase empresarial coreana tras 40 años de intervención y padrinazgo estatal pudo desarrollarse para competir abiertamente en el mercado internacional.

Taiwán

Taiwán es una isla ubicada al oeste de China, tras la guerra civil en China y la victoria comunista, esta isla se convirtió en el bastión de los Nacionalistas quienes liderados bajo Chiang Kai-shek se trasladaron a la misma e hicieron de Taipei la capital temporal de la República de China en 1949.

Taiwán igualmente vivió un período de alto crecimiento económico, entre 1952 y 1992 el PNB creció un 8,6% anual, en 1952 las exportaciones industriales representaban un 8% del total, mientras que en 1965 ascendieron a un 46% y en 1990 un 95%.

Este éxito, al igual que en el caso coreano y japonés, se debe entender a partir de una activa intervención estatal que estudiaremos a continuación.

Una vez los nacionalistas exiliados en la isla se asentaron, instauraron un régimen autoritario de partido único, al tenor de la crisis diplomática con la China continental el Estado de sitio se mantuvo hasta 1987.

Los aspectos estructurales que fundamentaron el éxito del modelo de desarrollo taiwanés fueron:

  1. Una burocracia fuertemente desarrollista introducida desde la China continental, esta al llegar a la isla se encontró con una región sin una burguesía industrial nativa.
  2. Una estructura industrial altamente polarizada, con grandes empresas especialmente públicas y una gran cantidad de pequeñas y medianas empresas abocadas a la exportación. La ausencia de una política de concentración industrial (por el temor del gobierno a la consolidación de un sector nativo poderoso) contrasta con la relación pública-privada que se dio en Corea y Japón. En este sentido, las empresas públicas tuvieron un papel relevante, aunque variable en el tiempo, durante la década de 1950 participaron activamente en diferentes áreas llegando a representar el 50% de la producción industrial, hacia los años de 1960 esta se centró en la industria pesada e infraestructura. La inversión extranjera ha tenido un papel relevante, aunque sectorizado en ramas donde su importancia fue superior.
  3. Una situación geopolítica que le ha permitido sostener una intensa relación con Estados Unidos y Japón. Destaca la imitación taiwanesa a la industrialización en Japón.
  4. El control gubernamental del sistema financiero que le permitió canalizar los ahorros hacia la actividad productiva. Este sistema durante décadas estuvo monopolizado por los bancos públicos, donde se mantuvo tasas de interés relativamente elevadas que conllevaron al ahorro empresarial, ahorro que a su vez fue canalizado a sectores que no tenían acceso a tasas preferenciales.
  5. Política económica que combinó estrategias industriales y comerciales activas con una gestión de variables macroeconómicas donde se privilegió la estabilidad de precios y el equilibrio presupuestario. Esta estabilidad se reforzó con el rígido control de cambios (mantenido hasta 1987) que permitió aislar a la economía de la inestabilidad de flujos financieros internacionales.
  6. La activa participación de las entidades públicas en la guía de los mercados con base en la gestión de las empresas públicas.
  7. La combinación de incentivos a la inversión extranjera -por medio de libre repatriación de utilidades, incentivos fiscales, zonas de procesamiento de exportaciones, etc.- con un estricto control orientado a adecuar los recursos al proceso de desarrollo. Así en la negociación de cada propuesta importante de IED se han incluido exigencias en cuanto a participación nacional (pública y privada) en los emprendimientos, grados mínimos de contenido nacional (diferenciados conforme al destino de la producción, sea al mercado interno o la exportación), metas de producción y exportación, etc. Los requisitos de exportación tienden a proteger a los productores nacionales en el mercado interno, asegurar el equilibrio del sector externo (al menos en la primera etapa) y favorecer la incorporación de tecnologías modernas, necesarias para competir en el mercado internacional. Asimismo, numerosos sectores fueron vedados a la inversión extranjera.
  8. Importancia al sector educativo y a la oferta de este conforme las necesidades económicas.

En un primer momento el gobierno aplicó una serie de medidas orientadas al desarrollo enfocadas en los planes cuatrienales iniciados en 1953. Los dos primeros se enfocaron en desarrollar el sector agrícola y de ese modo apoyar con el excedente una primera etapa de industrialización en sectores intensivos de trabajo, durante los años de 1950 se reformó la propiedad agrícola, se incrementó el rendimiento en el campo, se implementó una política de Industrialización por Sustitución de importaciones a través de medidas arancelarias y asignación de recursos públicos de las divisas necesarias para importar, también la ayuda estadounidense fue de vital importancia en tanto ayudó a corregir las desviaciones negativas en la balanza de cuenta corriente durante esos años.

Durante los años 60 la ayuda estadounidense ya no seguiría fluyendo, así entre 1958 y 1962 el gobierno lanzó una política tendiente a industrializar al país en industrias livianas. Las políticas proteccionistas comenzaron a incluir exigencias desde el sector privado, se mantuvo controles sobre productos importados, a su vez se mantuvieron y ampliaron las restricciones a las importaciones que discriminaban según el origen. La participación pública en la industria disminuyó y se concentró en sectores de la industria pesada (acero, astilleros, etc.).

Durante la década siguiente, Taiwán ya experimentaba un superávit de cuenta corriente y sus salarios crecían más rápidamente que sus competidores. El sexto plan cuatrianual (1973-1976) destacó la necesidad de avanzar en sectores seleccionados (petroquímica, maquinaria eléctrica, electrónica, instrumentos de precisión, terminales de computación, etc.). Para ello se identificaron los subsectores susceptibles de ser desarrollados por empresas nacionales, los que requerían conversiones con empresas públicas o extranjeras y los que podían desarrollar un patrón mixto. La concertación con el sector privado fue muy activa, lo que dio lugar a numerosos proyectos de esa naturaleza. Se desarrolló un plan de obras públicas centrado en obras de infraestructuras (ferrocarriles, energía nuclear, caminos y puertos) e industrias intensivas en capital (acero, petroquímica y astilleros), se produjo un cambio en la política comercial para reducir la proporción de artículos sujetos a control de importaciones y se incorporaron instrumentos arancelarios al esquema de promoción de industrias infantiles.

Por último, durante los años de la década de 1980 Taiwán se encontraba en medio de una nueva relación geopolítica, Estados Unidos se distanciaba a raíz de su acercamiento con la China continental y con ello, aumentaban las presiones para que liberase su economía y aliviar así el déficit comercial que Estados Unidos tenía con Taiwán. Diferentes presiones llevaron a que el país comenzase a liberalizar su economía en diferentes ámbitos, pero para ese entonces el desarrollo industrial de la isla ya se encontraba lo suficientemente asentado para transitar progresivamente hacia una situación de mayor competitividad internacional tal y como sucedió con Corea del sur.

Singapur

Singapur es un país con alto nivel de vida y equitativo nivel de ingreso. Es un vigoroso centro comercial, industrial y financiero del sudeste asiático. Durante la segunda mitad del siglo XX pasó de ser una pequeña economía comercial, a ser una economía de reciente industrialización para terminar siendo un país altamente desarrollado.

El modelo adoptado por esta Ciudad-Estado apuntó al de un Estado desarrollista con alta participación en la producción nacional.

Los orígenes de este modelo de desarrollo tienen estrecha relación con el Partido Acción Popular, en el poder desde 1959. La estrategia de marginar a la comunidad empresarial de origen chino, en lugar de apoyarse en ella, se corresponde con su preferencia por el modelo de desarrollo de <<dos piernas>>, cuya base se cimenta en dos pilares, las empresas paraestatales por una parte, y las transnacionales por otra. Los fuertes lazos de carácter estratégico que estableció con Estados Unidos le dieron el apoyo necesario para desarrollar su estrategia de desarrollo.

Cuando Goh Keng Swee se convirtió en el ministro de Finanzas en 1959 vio en la industrialización una oportunidad para desarrollar al país. Enmarcado en este contexto, los dos pilares de desarrollo del país fueron la Junta de Desarrollo Habitacional (creada en 1960) y la Junta de Desarrollo Económico (en 1961). El papel dominante de las empresas transnacionales y paraestatales permitió al Estado prescindir del capital de origen chino. El arrancar la estrategia de industrialización, a partir de las grandes empresas, se consideró como un necesario primer paso para dar a los subcontratistas locales el tiempo necesario para generar crecimiento.

Al Estado desarrollista de Singapur también se le conoce como Singapur Inc debido a que las empresas paraestatales han contribuido al crecimiento económico del país. Este modelo se caracteriza por un Estado fuerte y autoritario, en el que no se presenta una fuerte división con la sociedad, con la cual está, empero, profundamente integrado a través de alianzas socioeconómicas semipermanentes. El sector privado en general, cumplió la función de abastecedor de las empresas públicas.

Una de las dificultades de Singapur en su proceso de industrialización, era que la economía del país no se prestaba naturalmente a la industrialización. A su ya actitud reacia de potenciar el capital chino, se suma que los mercados de capitales estaban relativamente subdesarrollados y tampoco han sido capaces de apoyar grandes empresas y el sector privados era reacio al riesgo. Esta fue la necesidad para llevar a que el gobierno tomase una actitud activa en el proceso, los líderes del país consideraban sobre los mercados e instituciones nacionales clave es la forma más efectiva de responder a las oportunidades en la economía mundial para cumplir con los principales objetivos de planificación de absorber el excedente de mano de obra y promover el crecimiento económico. Más importante aún fue que la retirada británica sirvió como catalizador para la mayor participación estatal, dentro de esta retirada, los británicos traspasaron al gobierno en Singapur algunos de sus activos, uno de ellos fue el astillero naval en Sembawang, del mismo modo con el Keppel Shipyard creado en 1968 a partir del Keppel Harbour tomado de los británicos, la antigua base aérea de la Royal Air Force Changi fue elegida en 1975 para ser el sitio del aeropuerto internacional de Singapur y el sitio se expandió a través de la recuperación de tierras, además de la isla Sentosa, que es una importante atracción turística; el antiguo cuartel general del ejército británico en Fort Canning; el aeródromo militar Seletar; y el complejo militar Pasir Panjang, que ahora alberga la mayoría de los departamentos académicos de la Universidad Nacional de Singapur, la universidad más antigua del país.

El gobierno de Singapur no se detuvo con la propiedad heredada de los británicos, de hecho fue más allá de donde la antigua autoridad colonial pensaba que podría actuar, por ejemplo creando el National Iron and Steel Mills Limited el 12 de agosto de 1961 la cual fue la primera planta de fabricación en el estado industrial de Jurong que el gobierno había establecido. El Banco de Desarrollo de Singapur, ahora conocido simplemente como DBS, se estableció en 1968 para hacerse cargo de la sección de financiación del desarrollo de EDB. Ergo, fue un catalizador importante para el desarrollo industrial de Singapur en los primeros años después de la independencia ya que, para muchos empresarios incipientes, la banca comercial no entregaba créditos al percibirlos como riesgosos. Otras empresas importantes creadas por el Estado fueron Singapore International Airlines; Neptune Orient Lines, compañía naviera nacional, y Chartered Industries of Singapore Pte Ltd, establecida para fabricar municiones para las Fuerzas Armadas de Singapur. En 1968, Singapur Shipbuilding & Engineering Pte Ltd ahora conocida como ST Marine Limited, entre otros.

Si bien es cierto que en Japón, Corea y Taiwán hubo participación estatal en el sector empresarial, esto no fue generalizado como sí se dio en Singapur, la diferencia puede explicarse en parte por la facilidad que los británicos proporcionaron al momento de entregar tierras al gobierno local para utilizar con objetivos económicos y/o defensa. Este enfoque era más pragmático que ideológico, a falta de un apoyo financiero superior como el entregado por Estados Unidos a Corea o Taiwán, y sin un mercado interno tan fuerte ni atractivo, el gobierno optó por dicho rumbo.

Goh Keng Swee creía que las políticas laissez faire de la era colonial habían conducido a un bajo crecimiento económico, desempleo elevado, viviendas miserables y educación inadecuada.

Temasek Holdings se creó el año 1974 para mantener y administrar las inversiones y activos que anteriormente tenía el gobierno de Singapur. Su único accionista es el Ministro de Finanzas y la transferencia de activos del gobierno a Temasek fue para permitirle administrar esos activos sobre una base comercial.

A través de este modelo, Singapur ha logrado un crecimiento económico que la ha posicionado a nivel internacional. Según los datos del Banco Mundial, el PIB per cápita del país pasó de 3500 dólares (precios constantes 2010) en 1950 a 58.000 en 2018. Este país ha logrado tal éxito no con medidas proteccionistas como la mayoría de los casos revisados, sino que en virtud de su realidad interna, a través de un Estado desarrollista altamente intervencionista en la creación de empresas operadas con aceptables niveles de rentabilidad. Aun hoy, el grupo Temasek sigue representando un importante actor económico en el desarrollo de Singapur, así según su sitio oficial, su portafolio asciende a 313 mil millones de dólares, lo cual equivale a un 85,9% del PIB

(https://www.temasek.com.sg/en/what-we-do/our-portfolio consultado el día 07-01-2020)

Además el 90% de su tierra sigue en propiedad estatal y el 85% de las viviendas son provistas por un organismo público. Su sistema educativo es en mayoría público, y su sistema de salud a pesar de la propaganda ortodoxa, no sigue los cánones del libre comercio toda vez que el gobierno interviene regulando y reestructurando el sistema de salud, así el gobierno interviene en la oferta de camas y médicos y regula las tarifas para los servicios hospitalarios evitando así que los precios se eleven a nivel de mercado (como sucede en Estados Unidos).

https://www.healthaffairs.org/doi/full/10.1377/hlthaff.14.2.260

Hong Kong

Hong Kong es reconocido como el ejemplo del desarrollo a través de políticas Laissez Faire y en buena medida así lo ha sido hasta el día de hoy. En este sentido, esta “ciudad-Estado” es un paradigma del modelo de desarrollo neoclásico. El año 2017 Hong Kong cerró con un PIB per cápita de 46 mil dólares, la esperanza de vida para el año 2016 fue de 84 años, y las últimas estimaciones lo posicionan en el cuarto puesto según IDH a nivel mundial.

¿Cómo es posible que Hong Kong haya alcanzado tal grado de desarrollo sin la intervención estatal que se ha indicado como factor clave en los países que transitaron hacia etapas de capitalismo avanzado? Para entender su desarrollo, primero es necesario acercarnos hacia su situación como “Ciudad-Puerto”, y específicamente, como “Puerto Libre”, esto es, un puerto con una legislación relajada con respecto al resto del país, esto se ejemplifica con impuestos y aranceles bajos o inexistentes, una legislación favorable, y por lo mismo, tienden a ser zonas que, en virtud de su situación, poseen una economía más pujante y por tanto, un desarrollo más elevado que su región. Por supuesto, este modelo no puede ser implementado a nivel nacional, ya que para que fuera efectivo necesitaría de una demanda creciente en el tiempo bastante superior en un mercado varias veces el tamaño demográfico del puerto, siempre entendiendo que el foco del puerto franco es el comercio y los servicios, no la industria. Abordaremos este punto conforme desarrollemos a fondo el caso hongkonés.

La historia de Hong Kong además, debe entenderse como un puerto que conectó, desde el siglo XIX, a occidente con el mercado chino continental. En 1842 Hong Kong era considerado una roca pelada en la que habitaban pescadores tradicionales, ese mismo año y a raíz de la guerra de Opio, China cedió Hong Kong a Inglaterra a perpetuidad. Sin embargo, en 1898, ante el crecimiento demográfico de Hong Kong y la necesidad de contar con un posicionamiento estratégico entre la colonia y China, Inglaterra obtuvo el arrendamiento de la isla durante 99 años, marcando con ello una etapa que culminaría con la reincorporación a China el año 1997.

Durante este período, Hong Kong se convirtió en uno de los mejores puertos de aguas profundas en el mundo, se convirtió en un centro neurálgico a través del cual Inglaterra importaba porcelana y seda china, y exportaba opio procedente de India. Durante este proceso, surgieron las grandes empresas de capital inglés que dominarían la economía de la isla y el acceso a la economía china hasta fines del siglo XX.

Tras la proclamación de la República China en 1912, la guerra chino-japonesa en 1937, la segunda guerra mundial y la proclamación de la República Popular en 1949, Hong Kong vio el segundo impulso que pudo hacerla transitar desde una economía netamente comercial a un centro industrial, así, entre 1945 y 1950, la población pasó de 600.000 habitantes a 2.2 millones; este gran flujo de inmigrantes aportó lo necesario para el desarrollo industrial basado en mano de obra de bajo costo, más de un millón de pobres campesinos de la provincia limítrofe de Cantón proporcionaron una mano de obra muy barata, el desplazamiento de las élites de Cantón y Shangai fue el acicate para convertir a Hong Kong en uno de los focos de industria ligera más importantes del mundo.

Aunque en el tercer cuarto del siglo XX China aumentó su aislamiento del mundo, Hong Kong mantuvo su posición privilegiada de acceso al mercado chino tanto por vías legales como por el contrabando.

En 1978 China comenzó un proceso de recapitalización emprendida por Deng Xiaoping, esto marcó la etapa china hacia el desarrollo económico capitalista y la integración con el mercado internacional. El establecimiento de las primeras zonas especiales en Shenzhen al otro lado de la frontera con Hong Kong, además de Zhuhai (al otro lado de la frontera con Macao), Shantou (en la costa de la provincia de Cantón), Xiamen (en la provincia de Fujian) y la provincia insular de Hainan en 1980, fue el gatillante para la configuración económica enfocada en estas regiones de pujante crecimiento, esto pues, en estricto rigor estas zonas se abrieron económicamente y para los empresarios de Hong Kong esto supuso una oportunidad toda vez que existía una amplia reserva de mano de obra muy barata, costes de producción inferiores, logísticamente atractivos al estar cerca de la isla, y sin regulación claramente definida.

A partir de 1980 la actividad productiva comenzó a trasladarse al sur de China en un primer momento, y posteriormente a otras regiones. Como consecuencia la actividad industrial pasó de un 30% del PIB en 1985, a un 25,4% en 1990, un 14,2% en 2000, un 6,8% en 2010 y un 6,5% en 2018. Del mismo modo, el empleo proveído por la industria pasó de un 34,9% en 1991 a un 11,7% en 2019 según los datos del Banco Mundial. Los datos comparados con otros países son reveladores, en Japón la industria representó 29% del PIB en 2017, el 35% en Corea para 2018, el 17,5% en Reino Unido para 2017 y el 18,2% en Estados Unidos para el 2018.

Seguido de lo anterior, la apertura de China no solo ha significado el ingreso de capitales extranjeros, también ha implicado la expansión de empresas chinas al exterior, y en especial hacia Hong Kong. Con el regreso de la isla a China el año 1997, la influencia de Pekín en asuntos económicos se incrementó considerablemente. Como consecuencia de esto, gran parte de las empresas en Hong Kong provienen de China, buena parte de ellas, de propiedad estatal como se puede revisar a continuación.

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Actualmente según la OCDE, la participación de empresas públicas en Hong Kong es de las más elevadas en el mundo, estas empresas por supuesto, provienen de China continental.

Como consecuencia desde 1980 a la fecha, el papel de Hong Kong inmersa en esta paulatina fusión económica con China, el papel de la isla transitó de ser el tráfico de mercancías al servicio de valor agregado (logística, diseño, financiación y marketing), esto explica por qué los servicios en la isla pasaron del 66.5% en 1985 al 88.5% en 2018 (muy por sobre el 69% de Japón, el 77% de Estados Unidos y el 54% de Corea del Sur).

La economía hongkonesa a su vez, persiste en su función como puerto que conecta a los flujos comerciales del mundo con China, esto a pesar del surgimiento de otros puertos y centros comerciales. Así, entre 1994 y 2004, en promedio el 90% de las exportaciones de la isla son en realidad reexportaciones, las cuales en mayoría se dirigen al mercado chino.

Podemos concluir luego de haber analizado un poco el proceso hongkonés, que si bien es cierto su modelo de desarrollo se dio en el marco de un Laissez Faire muchísimo más marcado que cualquier otro ejemplo existente, este no debe ser considerado como el de un país desarrollado gracias al libre mercado. En primer lugar porque como hemos visto, Hong Kong no es ni ha sido un país, más bien es una zona, una ciudad, y un puerto con mayores condiciones de libertad económica inmersa en una macroestructura económica y política mayor altamente intervencionista, así, en un primer momento perteneciente a Inglaterra (que como hemos visto desarrolló su economía con un alto grado de intervencionismo y proteccionismo estatal) y luego a China (otro país que si bien es cierto se capitalizó y liberalizó en 1978, la participación estatal ha sido fundamental desde entonces). El bajo grado de intervencionismo estatal se puede entender en parte por esta condición, ya que el gobierno de la isla no necesitó gastar ni un dólar en materia de defensa militar puesto que en su carácter de colonia o zona autónoma, la defensa militar la proporcionó Reino Unido y China. Además como ya hemos descrito, el crecimiento económico de Hong Kong no se puede entender sin contextualizarlo dentro del crecimiento económico de Reino Unido (y occidente, especialmente Estados Unidos) y China (países que como se indicó, con Estados altamente involucrados en la economía), este crecimiento incentivó la inversión y el comercio del cual Hong Kong se nutrió durante todo el siglo XX y lo que va del siglo XXI; enlazado a lo anterior, vale la pena matizar que la población en la isla es de 7,3 millones de habitantes, un 0,5% de la población en la China continental, en comparación Iquique (una ciudad con un puerto libre en Chile) tiene una población que representa el 1% de la población chilena, la población de Hamburgo (cuyo puerto también funciona bajo la dinámica de “Puerto Libre”) representa el 2% del total en Alemania, esto refuerza la idea que el modelo de la isla no puede ser emulado por un país completo de gran población en tanto éste debiera tener como contrapartida una población que represente más o menos 50 veces la población local, además el PIB de Hamburgo representa aproximadamente un 2,6% del PIB alemán, el PIB de Hong Kong representa un 2,7% del chino, en tales condiciones por ejemplo, un país como Estados Unidos para mantener ahora un desarrollo al estilo de Hong Kong debiera de pertenecer a una economía superior de unos 703 billones de dólares (actualmente el mundo posee un PIB de 87 billones según el FMI), por tanto irrealizable.

En suma, vale la pena mencionar que este laissez faire también incluyó áreas estratégicas de intervencionismo público, uno de ellos es el sector inmobiliario. En Hong Kong no existe la propiedad privada en la tierra (excepto la parcela sobre la que se erige la catedral presbiteriana de St. John), y toda propiedad de la tierra es del gobierno de China administrado por el gobierno regional de Hong Kong, más del 75% de la población reside en viviendas públicas. Esto ha implicado que a partir del control de la tierra el gobierno administra el desarrollo de las empresas inmobiliarias que a su vez durante años formaron las cabezas de los grupos empresariales de la isla, siendo a su vez uno de los principales financiadores de la actividad bancaria (liderado por el grupo HSBC en el que el gobierno es directa o indirectamente el mayor accionista) y cuyos fondos públicos de reserva han estado dentro de los principales accionistas de la Bolsa de Hong Kong. Otro ámbito donde el sector público tiene una importante participación es en la educación, aquí la mayor parte de los estudiantes se encuentran matriculados en escuelas o institutos públicos, situación por cierto muy diferente a la que se manifiesta en Chile en (en la isla el 82% de las matrículas son públicas para el nivel primario versus un 38% en Chile, para el nivel secundario el 80% de las matrículas van al sector público en la isla mientras un 38,1% van al sector público en Chile, en cuanto al nivel terciario un 82% de las matrículas corresponde al sector público frente al 15,6% de las matrículas en el sector público de Chile).

En síntesis,

Los países hoy desarrollados, alcanzaron su nivel económico a partir de dos factores importantes. Por una parte, la economía mundo en su desarrollo y crecimiento posibilitó a que ciertas regiones concentraran mayor grado de riqueza estructurando y reforzando tanto el centro, como la periferia y semiperiferia, este mapa geopolítico se ha mantenido casi intacto en siglos, pero como ya se ha descrito, en ciertos períodos caracterizados por el crecimiento internacional de la economía y el desarrollo de las economías en la periferia (reflejado por la integración de nuevas zonas en la economía mundo), se abrió el espacio para que regiones otrora periféricas/semiperiféricas ingresaran al centro capitalista. Por otra parte, estos países no llegaron a esa posición solo a partir de los vaivenes internacionales del capitalismo, sino que debieron de invertir energía, esfuerzo y mucho capital para reformar las estructuras y relaciones sociales internas con el fin de modernizarse y evolucionar a un grado maduro de producción.

Como norma, estos países usaron al Estado para en un primer momento dirigir la economía y gestar la consumación de compañías con alto valor agregado. Lógicamente, este hecho se entiende si tomamos en consideración la inmadurez y nula perspectiva a largo plazo que poseen las compañías capitalistas enfocadas casi exclusivamente en la maximización de las ganancias, esto significa que para transformar la producción de un país desde el sector eminentemente agrícola al industrial con alto valor agregado, se debió invertir y planificar entendiendo que el laissez faire, la desregulación comercial y la confianza absoluta en la inversión privada solo potenciará los rubros tradicionales ya que en última instancia, el objetivo de todo capitalista es el incremento de su ganancia en el marco de la competencia capitalista.

Una vez el país tiene un sector maduro cuya producción es de alto valor agregado, sí se puede desregular, ya que la desregulación sí beneficiará la tasa de ganancia de estas compañías capitalistas (evidencia empírica) mediante una reducción de impuestos, aranceles, o la mayor capacidad de financiación del sector bancario, además que con este nivel de madurez la necesidad misma por competir los llevará a la innovación tecnológica con el fin de lograr ganar mercado frente a su competencia.

Chile, ¿atado al subdesarrollo?

Durante años ha sido común escuchar y leer que el país, debido a ciertos logros económicos, ha dado el salto al futuro, ha dejado de pertenecer a América Latina, y se encuentra en el umbral del desarrollo, todo ello, debido a la “Revolución Silenciosa” que habría tenido lugar en el país durante la dictadura de Pinochet. Estas afirmaciones generalmente provienen del sector oficialista y de los apologistas del modelo, aunque naturalmente quienes no se hayan visto beneficiados por el fenómeno, no hacen suyas estas palabras. Por esto se hace pertinente recordar las afirmaciones de los diferentes presidentes y miembros de los gabinetes ministeriales del país durante los últimos años. El año 2000 el entonces presidente Ricardo Lagos dijo en su primera cuenta pública que hacia el 2010 Chile sería un país desarrollado; en 2007 el ex ministro de hacienda durante el primer gobierno de Bachelet Andrés Velasco sostuvo que Chile sería un país desarrollado hacia el año 2020 con un nivel de vida similar al de Portugal; Sebastián Piñera había asegurado en 2012, que Chile alcanzaría al desarrollo en 2020, 5 años después aseguraría que Chile podría convertirse en el primer país desarrollado de América Latina en el año 2025. Como ya sabemos, esto no ocurrió, y aunque todavía falta para el 2025, es muy probable que dentro de 5 años Chile siga dentro del grupo clasificado como “en vías de desarrollo”.

Es evidente que en la actualidad, Chile es el país más avanzado en términos de riqueza (PIB per cápita) de América Latina, de hecho según los datos del Banco Mundial el PIB per cápita (a dólares 2010) chileno representó, para el año 2018, un 104% del uruguayo -el país más cercano-, un 129% del panameño, 137% del brasileño, un 145% del mexicano, un 151% del argentino, un 197% del colombiano, un 234% del peruano y un 591% del boliviano (ni mencionar Haití, en cuyo caso la relación salta al 2072%). Que Chile sea el país económicamente más avanzado de América Latina también se expresa en el boom de inmigrantes que han ingresado durante los últimos 20 años, y un sinfín de otros indicadores continuamente publicitados en los diferentes foros e instituciones internacionales (infraestructura, penetración de telefonía celular o internet, competitividad, entre otros). Por el contrario, Chile indudablemente se encuentra retrasado si lo comparamos a los países cuyas economías son avanzadas, por ejemplo el PIB per cápita chileno solo representa un 16% del noruego, un 27% del australiano, un 28% del estadounidense, un 31% del japonés, un 35% del británico, e incluso un 63% del portugués.

Para comprender esta situación debemos contextualizarla en el tiempo.

N16

El gráfico contiene la relación del PIB per cápita chileno con respecto a diferentes economías. Como nota, para el caso europeo se han considerado las 12 economías avanzadas de Europa occidental según Agnus Maddison, y en el caso de América Latina, se han considerado los 8 países más grandes (Brasil, Argentina, Colombia, Chile, México, Perú, Uruguay y Venezuela).

Al comparar la economía chilena con Europa occidental y América Latina entre 1870 y 2007 se puede concluir que:

  • Chile siempre se ha encontrado a la cabeza de América Latina, empero su ventaja comenzó a reducirse durante la primera mitad del siglo XX hasta caer con fuerza durante la década de 1970 y por un breve período de tiempo, el país se ubicó en una posición de retraso comparativo. Hacia los años de 1980 el país comenzó a recuperar rápidamente la ventaja a niveles similares al último cuarto del siglo XIX
  • Chile en comparación a Europa occidental, si bien ha mostrado una endémica posición de retraso relativo, esta posición se incrementó con el pasar del tiempo. En este sentido la relación en 1900 era del 72%, mientras que en 1990 había disminuido al 38%.
  • Más acusado es el retraso progresivo en el tiempo si se compara la ratio del PIB per cápita chileno con el sueco, japonés y finlandés. Hacia 1900 el PIB chileno era un 131% del finlandés, un 99% del sueco y un 186% del japonés, un siglo después la relación pasó respectivamente a 52%, 50% y 50%.

Esto significa que entre el último cuarto del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX, el país se encontraba mucho más cerca de los países desarrollados que 100 años después, el desplante económico del país en el largo plazo demuestra que no siempre estuvo atado al subdesarrollo. Entonces, ¿qué pasó? Para responder esta pregunta es necesario hacer un somero barrido histórico de la historia económica nacional desde su integración moderna al mercado capitalista.

Hacia 1850 Chile se insertó plena y decididamente en la economía internacional en un momento de expansión productiva y comercial y de importantes transformaciones sociales. Como resultado de esta expansión emergió un nuevo y paradigmático modelo de desarrollo económico a partir del cual la revolución industrial, el desarrollo del transporte y las comunicaciones, y la formación de importantes mercados nacionales terminaron por sustituir en forma definitiva la economía de “antiguo régimen”, basada principalmente en la explotación agropecuaria y artesanales, estamos entonces en el momento del apogeo de la modernización capitalista.

El cambio más evidente registrado en el mercado internacional entre 1850 – 1875 fue el desarrollo de una industrial ingenieril y el aumento de la liquidez internacional; y además, dentro del país se registraron dos factores internos que permitieron responder ante estos estímulos, en primer lugar se dio una estabilización político-institucional lograda en la década de 1830 -que salvo convulsiones políticas en los años de 1850, se mantuvo y perfeccionó hasta 1891-, el segundo fue la reactivación económica desde comienzos del decenio de 1830.

Este impulso económico potenció la modernización chilena en diferentes aspectos: se salió del letargo colonial; se cambió significativamente las prácticas comerciales y financieras, naciendo así las casas comerciales chilenas y extranjeras; se consolidaron las finanzas públicas, permitiendo al país acceder al mercado financiero de Londres, y con ello se potenció el crecimiento de los empréstitos públicos llevando a un significativo aumento del gasto público materializado en infraestructura, gasto burocrático-administrativo y educación en todos los niveles.

El desarrollo de la infraestructura pública liberó a las compañías privadas de realizar importantes inversiones en las áreas señaladas, redundando en un mayor poder y autonomía del Estado. En este sentido es importante señalar que el incremento del poder Estatal en el país, y su intervención en materia económica operó como respuesta ante esta coyuntura económica internacional de ciclo expansivo ante la escasa capacidad de respuesta por parte del sector privado. La primera necesidad fue reemplazar la anticuada y caduca infraestructura de transportes y comunicaciones con nuevos sistemas que permitiesen hacer más eficiente la administración política y tributaria en el país, así como la agilización del transporte de bienes y servicios. La actividad del Estado fue determinante en la creación de una red telegráfica que hacia 1875 se extendía por 5500 kilómetros y que permitía en 1872 la comunicación con Buenos Aires y de allí a Londres por cable. Con la construcción de ferrocarriles la extensión hacia 1875 alcanzaba los 1700 kilómetros y eran de creación pública, en otras palabras, entre 1850 y 1874 se construyeron en el país 68 kilómetros de vías férreas por año y a fines del período había 0,82 kilómetros de línea por cada 1000 habitantes.

El desarrollo de empresas ferroviarias puso en marcha nuevos nichos de negocio completamente nuevos, uno de ellos fue la industria del carbón, en la que se materializaron ingentes cantidades de inversión, un alto nivel de empleo y un rápido crecimiento de la producción. Otras áreas vieron un acelerado desarrollo durante este período, la rama de mayor importancia fue la de productos metálicos, maquinarias y equipos, seguida de la elaboración de alimentos, las ramas que seguían en desarrollo eran maderas y muebles, papel, imprentas, bebidas y textiles.

Las empresas del sector metalúrgico, maquinaria y equipos elaboraron material rodante (especialmente carros de carga) para la industria de ferrocarriles, motores a vapor, calderas, hélices y otros implementos para barcos mercantes y de guerra, maquinarias y equipos para faenas agrícolas y equipos para la explotación salitrera. Se puede establecer que en casi todas las industrias durante los años de 1860 y 1870 se registraron logros productivos, de mercado y tecnológicos que constituyen en conjunto combinaciones nuevas, es decir, una suerte de industrialización chilena.

Otro punto de desarrollo económico fue la monetización de la economía. Hasta 1850 la demanda por dinero era limitada, al igual que el crédito y las transacciones. Los problemas más graves asociados eran la escasez de moneda divisionaria y la falta de medios de pagos alternativos. La existencia de bancos fue promulgada en 1860, desde entonces y hasta 1875 el crecimiento del sector bancario fue significativo.

El proceso de modernización económica también incluyó la expansión geoeconómica al norte y al sur. Hacia el norte esto se expresó a través de las inversiones salitreras, en Caracoles y en diferentes exploraciones. Hacia el sur a través de empresarios que entraban y salían del territorio indígena y en la costa a través de las explotaciones en la minería del carbón.

Hacia el último tercio del siglo XIX la situación económica chilena se encontraba mucho más cerca de Europa que 100 años después, incluso comparada la economía chilena con la japonesa, finlandesa o sueca, el desplante ostentado por Chile nos haría creer que 100 años después el país debiese posicionarse entre los más desarrollados del mundo, es más, una serie de datos adicionales nos podrían dar a entender esta situación, por ejemplo en términos absolutos la cantidad de locomotoras y la extensión de vías férreas en términos absolutos era superior en Chile que Dinamarca o Japón, la misma situación se daba si se tomaban en consideración los mismos datos pero por cada 1000 habitantes.

¿Por qué países como Japón, Suecia o Finlandia sí pudieron avanzar hacia el camino de la industrialización y Chile no? La crisis manifestada en la segunda mitad de los años de 1870 conllevó a que en el país, a diferencia de lo acaecido en Europa occidental o Estados Unidos, las fuerzas tradicionales predominaran al momento de gestionar reformas con el objetivo de impulsar el crecimiento económico. Por una parte, la propiedad agraria tradicional fue reforzada durante el avance del siglo XIX, la concentración de la riqueza también se manifestó durante este período, así según los datos de Arnold J. Bauer, el grupo de mayores ingresos aumentó su participación del ingreso nacional 26,8% al 38,8% entre 1854 y 1874, mientras que el segundo grupo de ingresos vio disminuida su participación desde 40,2% al 32,6%. En otras palabras, los sectores de pequeña y mediana propiedad experimentaron un continuo proceso de empobrecimiento relativo en relación al ingreso total. Es decir fue durante esos años y no durante el régimen colonial, que la gran propiedad y los terratenientes estuvieron en condiciones de influenciar de modo indeleble la vida política y económica del país.

Así como en el agro, en la minería también predominaron elementos tradicionales, donde la vigencia de procedimientos técnicos rudimentarios y relaciones de baja productividad, inversiones limitadas, escasa innovación, explotación con intensiva fuerza de trabajo predominaban. Contrario a la corriente de los países en pleno proceso de industrialización, en Chile las fuerzas apuntaban a centros de producción artesanales.

En consecuencia, si los sectores del agro y la minería se encontraban atrasados, la demanda por bienes de consumo fue limitada implicando un óbice al desarrollo de dichos mercados, e inevitablemente no solo se verían esas áreas limitadas en su crecimiento y desarrollo, sino que se bloqueó la modernización del sistema económico en general.

Esto implicó que iniciado el siglo XX Chile se alejase de los países industrializados acrecentando su retraso, para, una vez llegada la crisis de 1929, el país y toda su élite política se encontrase con la realidad de un país atrasado como parte de lo que luego se conocería como Tercer Mundo.

La élite chilena optó -entre 1880 y 1920- en diferentes ocasiones una salida tradicional a las crisis manifestadas, esto con el fin de no intervenir, perturbar o desordenar el orden socioeconómico que tanta riqueza les generaba. En este sentido la respuesta de la élite chilena al involucrarse en la guerra del Pacífico en pro de los intereses capitalistas por las riquezas salitreras en el norte en primer lugar, y la guerra civil de 1891 de la cual se sepultó la búsqueda de Balmaceda por articular en el Estado el eje del crecimiento económico en medio de una compleja situación social, no son más que evidencia de que la élite chilena mantuvo una situación tradicional y con ello, resguardó el mayor tiempo que pudo sus nichos de riqueza sin la intromisión estatal o social.

Estos 40 años fueron clave, Chile perdió la oportunidad de modernizarse, es posible que la guerra civil tuviera en Chile una importancia similar que la guerra civil estadounidense 30 años antes. La riqueza del salitre no fue usada en potenciar la productividad de los sectores industriales en el país, sino en mantener una matriz estancada y en el consumo suntuario durante décadas, llegados a la tercera década del siglo XX este proyecto modernizador quedaría totalmente sepultado.

Con el fracaso del modelo anterior, se emprendería un nuevo modelo que buscaba modernizar la economía nacional, este duraría hasta 1973 con el golpe de Estado que terminaría con el gobierno de Allende. Este nuevo proyecto inició su carrera buscando hacer del Estado un activo ente empresarial, es por esto que el sector público comienza a participar en la economía mediante la creación de diferentes empresas con el objetivo de consolidar una política ISI, siguiendo el ejemplo de los países desarrollados.

Este período vio el nacimiento de diferentes empresas y organismos empresariales cuya meta era industrializar al país, sin embargo nuevamente los elementos tradicionales jugarían a un ritmo diferente, es por esto que mientras el Estado apoyó la creación de empresas que producían bienes de consumo por una parte, por otra se hizo de la importación y venta de bienes de capital; a nivel arancelario mientras estos eran muy elevados frente a la importación de bienes de consumo extranjeros, eran muy reducidos al momento de importar bienes de capital. Entonces, la economía cambia su eje, se le cede al Estado y sus organismos la participación en las empresas que vendían el valor final de la producción industrial, esto conllevó a un déficit estructural en la balanza de pagos donde al Estado conforme pasaron los años, lustros y décadas, se le hizo cada vez más difícil mantener un flujo apropiado de importación de bienes de capital. La desnutrición tecnológica provocó la caída de la inversión, la productividad y el crecimiento.

Durante estas décadas de constante déficit en la cuenta corriente, el sector público se vio en la necesidad de monetizar el déficit público y como resultado, la inflación tendió a superar los dos dígitos entre 1946 y 1973. Es por esto que la nacionalización y expropiación del cobre se volvió una necesidad más imperiosa con tal de satisfacer la necesidad de divisas para importar bienes de capital, cuando la situación se agravó a inicios de los años de 1970, el Estado dio un paso más allá expropiando todas las compañías apropiándose en el acto de la masa de plusvalía nacional, se inicia entonces desde 1972, la expropiación de fábricas, fundos y otras empresas. El Estado empresarial que nació para apoyar con insumos básicos al empresariado privado, se expandió para sustituir la acción empresarial de los privados.

La clase política intentó hacer por sí misma lo que durante siglos el empresariado privado no había podido realizar: generar el desarrollo industrial sobre la base de importar bienes de capital necesario, con déficit en la cuenta corriente y con un conglomerado mercantil extranjero poco o nada productivista. Es así como las crisis económicas de 1943, 1949, 1955, 1962, 1967 y 1972 (que pusieron fin respectivamente al proyecto desarrollista del Partido Radical, del caudillismo ibañista, del gobierno empresarial de Alessandri, la revolución en Libertad de Frei y la transición democrática al socialismo de Allende), no fueron más que el reflejo de una economía que continuaba siendo retrasada y periférica, y que ya para 1973, el PIB per cápita chileno se encontraba todavía más alejado del PIB per cápita de las economías avanzadas.

En este punto vale la pena desarrollar una evaluación de los 100 años que se dieron entre 1870 y 1970, considerando que este siglo fue el momento clave en que Chile paso de ser un país con cierto grado de desarrollo relativo, a ser un país mucho más retrasado un siglo después, siendo un ejemplo más del llamado “Tercer Mundo”.

En primer lugar, como ya se ha revisado, conforme avanzó el siglo la propiedad agraria se concentró en pocas manos y con ello, el potencial sector agropecuario se estancó. Un siglo después la tenencia de la tierra se había vuelto insostenible, lo cual gestó un gran problema social que derivó a un elevado número de protestas y agitación social que ya hacia los últimos años se tornó violenta. Esto además obstaculizó el desarrollo de una eficiente y productiva industria agropecuaria, si miramos los datos del Banco Mundial solo el 10% de las exportaciones de 1972 provenían del agro, mientras que en 2018 más del 30% de las exportaciones provenían de este sector. Este es un elemento tradicional reforzado con la modernidad, en comparación con otros países industrializados como Corea, Taiwán, Japón, Estados Unidos, Finlandia o Dinamarca (entre muchos más), la tenencia de la tierra ya era tema trabajado y el fenómeno de los latifundios con muy bajo valor agregado no eran una realidad a mediados del siglo XX.

En segundo lugar, siempre observando el desarrollo tecnológico del país, es claro que este durante un siglo se enfocó en la mono producción como desplante económico en la inserción dentro del mercado internacional. Así, las exportaciones del salitre pasaron a ocupar un 70% de las exportaciones totales del país hacia los años de la primera guerra mundial (http://www.icarito.cl/2010/06/47-9190-9-3-historia-de-la-mineria-chilena.shtml/), las exportaciones de cobre en 1972 representaban un 84,4% de la totalidad de las exportaciones del país. Esta poca diversificación exportadora hacía del país vulnerable ante los vaivenes de la economía internacional, además se aprovechó muy por debajo de su potencial, en este sentido el país no tuvo un posicionamiento estratégico en estos recursos que podrían haber potenciado otras áreas de desarrollo como sí lo hizo Noruega con el petróleo, y lo poco que recaudó el Estado chileno tampoco se usó de modo eficiente.

Relacionado a lo anterior, teniendo claro que la vocación nacional hacia un proceso industrializador fue sepultado por la élite política y económica del país durante el último quinto del siglo XIX, el esfuerzo estatal enfocado en la creación de una industria de bienes de consumo entre 1930 y 1972 jamás tuvo el foco puesto en el desarrollo de una industria de bienes de capital, lo cual generó importantes déficit en la balanza de pagos y con ellos, desajustes económicos que calaron profundamente al finalizar el período. Esto es, sin una política que en efecto desarrollara con el pasar de las décadas tecnología que sustentara la producción fabril en Chile, lo que se logró en su lugar fue la consolidación de dos grupos muy marcados de empresarios, unos abocados al mercado interno, fuertemente protegidos y hasta subsidiados por el Estado, por lo que podían sostener sus ciclos de acumulación a pesar de no ser realmente competitivos, y otros abocados al mercado internacional, sin mayor regulación ni protección -en especial la gran minería- y en buena medida, de propiedad extranjera. Tal nivel de desajuste eventualmente propiciaba al abismo, pero es que nuevamente buscar desarrollar tecnología en Chile significaba una intromisión importante que afectaría de lleno los intereses de la arcaica clase capitalista chilena aliada con la extranjera.

Tras el golpe de Estado en 1973, el modelo anterior fue sepultado, iniciándose una serie de reformas que marcarían la economía, política y sociedad del país hasta la actualidad. El Estado abandonaría su rol empresarial, y siguiendo la asesoría de los estudiantes de la escuela de Chicago crearía los pilares de lo que se llamaría “modelo Neoliberal”. Esto llevó a las siguientes reformas:

  • Privatización de las empresas estatales
  • Reducción del gasto público
  • Liberalización de la política comercial y monetaria
  • Eliminación de las políticas intervencionistas que hasta entonces el Estado practicaba

Esto es en términos generales, cada una de las reformas emprendidas significó la promulgación de diferentes decretos y leyes, y durante los 17 años de dictadura, el grado de implementación de las mismas varió dependiendo del contexto (así, tras la crisis de 1982, el Estado no dudó en fomentar el empleo público como medida para paliar los graves efectos sociales), de igual modo, una vez iniciado el período democrático tras el retiro de Pinochet, los diferentes gobiernos no dudaron en mantener e incluso intensificar el modelo heredado, destaca en este sentido la profundización de la liberalización comercial mediante los Tratado de Libre comercio con países como Estados Unidos o China.

Durante este período la economía volvió a crecer a un ritmo elevado, aunque no sin recesiones en el camino. Así, entre 1982 y 1997 (primer período de crecimiento sustantivo luego de la crisis de 1982 y antes de la crisis asiática que afectó al país en 1997) el PIB per cápita según los datos de Agnus Maddison creció un promedio del 5%, mas, entre 1999 y 2007 el PIB per cápita creció un 3%, mismo crecimiento manifestado entre 2010 y 2017 (datos Banco Mundial). La economía chilena recuperó terreno frente a Europa occidental, pero nunca al nivel existente a fines del siglo XIX por lo cual su carácter de economía subdesarrollada prácticamente se ha mantenido.

Conclusiones

Actualmente Chile se encuentra en una coyuntura política y social histórica, las diferentes manifestaciones ciudadanas dadas desde el 18 de octubre de 2019 han puesto en jaque y cuestionamiento el orden político y económico existente y a sus pilares que desde los años de Pinochet han existido sin peligro alguno. Como a fines del siglo XIX, la crisis social que hoy se vive en Chile desde una lectura económica pone en la palestra la necesidad de un cambio en de modelo económico que posibilite un salto cualitativo hacia un nivel de desarrollo que realmente nos posicione como países del “Mundo desarrollado”.

De la experiencia extraída al estudiar la economía internacional, debemos tener en consideración que el sistema posiblemente entre en un ciclo recesivo durante los próximos años, pero luego nos volveremos a encontrar en un período de crecimiento sostenido a nivel mundial, en ese momento, la tasa de participación y ocupación laboral crecerá y permitirá acceder con el pasar de los lustros y décadas, a millones de personas a un nivel de ingresos como los que hoy poseen los países avanzados. ¿Chile tendrá asegurado su ingreso al selecto club de los países avanzados? En absoluto, aquí es cuando se debe analizar la experiencia particular de los países desarrollados que hemos descrito.

Si consideramos las etapas y períodos en los que estos países alcanzaron al primer mundo, podemos afirmar que: i) por una parte, estos países se encontraron en una posición geopolítica favorable dentro de la estructura de la economía mundo y ii) las élites modernizaron su engranaje económico a través de un programa de integración pública – privada, nunca liberalizando las fuerzas del mercado siguiendo las creencias de los economistas neoclásicos, austriacos o monetaristas, pues realmente el Laissez Faire jamás logró el desarrollo de una economía nacional.

A nivel internacional, los dos grandes períodos en los que diferentes economías ingresaron dentro del grupo de los países desarrollados -de 1870 hasta el fin de la segunda guerra mundial, y desde la segunda guerra mundial hasta 1970/80- cumplieron características diferentes. Como se ha analizado, los países a través de sus Estados juegan un rol fundamental en el progreso económico, pero para que estos Estados tengan mayor tasa de éxito, deben poseer cierto grado de fuerza para de ese modo superar las barreras que los países ya industrializados les interponen, es por esto que el primer período es clave en tanto significó el deterioro hegemónico de Gran Bretaña incentivado por la competencia estadounidense y alemana, mientras que el segundo período contó con Estados Unidos como potencia hegemónica sin rivalidad, pero el contexto de la guerra fría privilegió a países que en ese entonces eran enclaves estratégicos claves (Japón, Corea, Taiwán, Singapur) y que en tal situación fueron apoyados por Washington en su desarrollo como forma de contrarrestar la influencia soviética. Actualmente nos encontramos en medio de un proceso de declive estadounidense, es por eso que países como Chile tienen una oportunidad histórica para emprender en reformas estructurales que conlleven a un desarrollo cualitativo de la matriz económica.

A nivel interno, la diferencia clave entre los países desarrollados y Chile, como hemos visto fueron reformas realizadas hace más de 100 años, ¿por qué ellos las realizaron y Chile no? Una respuesta simple sería porque quisieron, entonces ¿por qué nuestras élites -en permanente matrimonio con la clase capitalista nacional- optaron por un camino tradicional? Porque les era y sigue siendo conveniente, esto es, en lugar de sacrificar parte de su enorme tasa de plusvalía en pro de desarrollar nuevos nichos de negocio, prefieren mantener la estructura económica para sostener su acumulación, entonces ¿las clases capitalistas de los países desarrollados son más altruistas, visionarias y culturalmente más educadas que la clase capitalista chilena? En principio uno podría pensar que sí, pero en realidad si nos adentramos al fondo del pensamiento estándar del capitalista, el objetivo sigue siendo el mismo, maximizar la acumulación y la ganancia, además, la clase capitalista chilena en principio tiene el mismo acceso educativo que la clase capitalista internacional (llevan décadas de capital cultural acumulado pues no le faltan los recursos para estudiar en las mejores universidades del mundo, ni viajar alrededor del mundo conociendo las diferentes experiencias de industrialización), entonces ¿a qué se debe la diferencia en la toma de decisiones? En primer lugar, según mi perspectiva, a los azares de la historia, diferentes coyunturas que se dieron en los actuales países desarrollados terminaron potenciando una dominante idea tendiente a la industrialización como norte político, aquí tenemos los casos de la revolución Meijí en Japón, la guerra de 1812 y la guerra civil de 1861 en Estados Unidos, las guerras napoleónicas, o la misma situación durante la guerra fría que benefició a los países del extremo oriente mencionados anteriormente, en el caso de Chile las coyunturas históricas -especialmente la guerra civil de 1891 y la guerra del pacífico- potenciaron las fuerzas tradicionales. En segundo lugar, y en parte relacionado a lo anterior, la élite chilena a pesar de haber tenido un acceso histórico a una educación de alta calidad en las mejores universidades del mundo, en términos ideológicos siempre adoptó los paradigmas creados en las potencias dominantes dentro de cada siglo, así ha sido desde un inicio, esta élite política es de origen peninsular y con el desarrollo de la economía colonial su objetivo siempre estuvo adoptar una posición no de rivalidad, sino que de complemento a la hegemonía de turno, es por esto que durante los años de la colonia la élite de origen castellano-vasca pactó en diferentes ocasiones con la élite peninsular con el fin de obtener un posicionamiento político destacado, luego tras la independencia, su norte estará en Francia e Inglaterra, y con el avance del siglo XX virarán hacia Estados Unidos, por lo que como indica Gabriel Salazar su identidad de clase apunta al “imperio de turno”, esto explica por qué en la actualidad la élite chilena sea de las más fervientes seguidoras al pensamiento de la Escuela económica de Chicago.

En resumen, las condiciones históricas han continuamente reforzado una élite chilena que como clase, ha utilizado la energía de siglos en converger hacia las clases dominantes de la potencia de turno, entonces necesariamente adoptan políticas librecambistas permitiendo el acceso de la élite extranjera y dominante en los nichos de negocio que más les convenía a nivel de clase y no a nivel nacional, esto significó que el capital extranjero llegó como compañías comerciales y asociadas a las riquezas naturales del país. Esta alianza internacional les ha significado seguridad al momento de mantener su estatus nacional, y ello ha implicado la permanencia -e incluso incremento- de los elementos tradicionales económico-sociales, vetando cualquier intento de desarrollar una industria nacional contrario a sus intereses.

En la actualidad predomina el modelo económico implementado, casi a rajatabla, bajo los preceptos de la escuela de Chicago, esto se ha traducido en el abandono absoluto de cualquier intento por modernizar e industrializar al país. Es cierto que el país ha crecido (aunque la tendencia ha sido hacia la baja), pero también es cierto que buena parte de este crecimiento se dio bajo la base de un aumento absoluto y relativo de la tasa de explotación tras los años de la dictadura militar, la reducción de los salarios, la eliminación de los subsidios, la reducción absoluta del gasto público y la liberalización del mercado implicó un ascenso de la tasa de explotación y ganancia, pero en el fondo, la inversión se enfocó en los mismos nichos de negocio con la excepción del agropecuario donde sí hubo un crecimiento sustancial. Esto último resulta interesante toda vez que no se puede entender la modernización del campo, sin la reforma agraria que destruyó para siempre al viejo latifundio con nula productividad, lo que demuestra que las reformas estructurales sí han gestado importantes cambios con el pasar de las décadas, de igual modo la nacionalización del cobre en buena parte se mantuvo, Codelco no fue privatizado por Pinochet lo que le permitió mantener las cuentas públicas más o menos saneadas, quizás si estas reformas se hubieran adelantado 100 años, otra sería la situación.

A pesar del crecimiento tras las reformas neoliberales, los problemas de fondo como se ha indicado persisten. La economía a pesar de estar más diversificada en su matriz exportadora sigue encontrándose atrasada, el continuo déficit de cuenta corriente es prueba de ello. El crecimiento de la deuda externa y la depreciación del peso chileno también ejemplifican esta situación. Además, el efecto de las reformas liberalizadoras se está terminando -como demuestra la caída del crecimiento del PIB per cápita durante las últimas 2 décadas-, en este sentido es posible que Chile esté entrando en la llamada “Trampa de los ingresos medios”, es decir, ya ha dejado de volverse una economía atractiva por las elevadas tasas de ganancia y explotación a raíz de los bajos salarios -fuente de atracción de los países pobres- y no tiene la tecnología suficiente para incentivar tasas elevadas de ganancia como los países ricos, por tanto el crecimiento económico se estanca.

Nuevamente en este aspecto, la vocación de la élite por impedir el desarrollo de una industria nacional ha sido también una tónica constante durante los años de gobierno de la Concertación. Como indica un artículo de Ciperchile basado en la investigación de Tomás Bril-Mascarenhas y Aldo Madariaga, Business power and the minimal state: the defeat of industrial policy in Chile,

En 2004 Lagos envió un proyecto de royalty minero que fue rechazado en el parlamento. Pero en 2005 se consiguió aprobar un impuesto específico a la minería que estaba ligado a la reinversión de esos recursos en innovación y competitividad. En el proyecto citaban los casos de Finlandia y Corea del Sur como países que “explícitamente orientaron las prioridades políticas en innovación y competitividad”.

El proyecto propuso la creación de un Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC), que iba a recolectar los ingresos del nuevo impuesto minero; también propuso la creación del CNIC, con el mandato de dirigir el uso de los recursos del FIC. Luego, durante la primera administración de Michelle Bachelet, se buscó institucionalizar el CNIC, emulando las experiencias de Israel y Finlandia, para que pudiera coordinar la nueva política industrial.

(…) el sector empresarial se enfocó en el debate sobre la política industrial que se quería poner en marcha. Los autores describen un duro proceso legislativo que separó el impuesto al cobre de la política industrial a la que estaba asociado; luego, el poder empresarial logró que gran parte de los fondos se destinara a las regiones mineras, con lo que se aumentó la posibilidad de las corporaciones mineras de influir en la ubicación de los nuevos recursos.

Y por último, los empresarios influyeron en la composición del directorio del CNIC “para que fuera técnico”. Se demandó más presencia del sector privado en general y de las asociaciones empresariales, argumentándose que el CNIC debería ser como el Banco Central. El entonces senador Hernán Larraín (UDI, actual ministro de Justicia), dijo que la propuesta del gobierno era “un exceso de presidencialismo y un innecesario cesarismo”

(…)

Cuando Sebastián Piñera llegó al gobierno en 2010 la política industrial en ciernes fue lentamente disuelta. Un ex miembro del CNIC durante la administración de Piñera, dijo a los autores que “muchos de los miembros del consejo creían que la política de clúster no era una buena idea. Dos meses después de que el nuevo consejo empezara, cerramos la puerta a todas las iniciativas sin mucho análisis. Y durante el periodo 2010-2014 la política de clúster nunca fue discutida de nuevo”.

(…)

Finalmente, Piñera redujo en un 50% su presupuesto. Cuando Bachelet volvió al poder en 2014, del CNIC no quedaba nada. La política de clúster se había desmantelado y el presupuesto obligaba a reducirla aún más

Fuente: https://ciperchile.cl/2018/04/12/como-la-elite-torpedeo-los-intentos-de-sacar-a-chile-de-su-dependencia-de-las-materias-primas/

N17

En este gráfico queda cuantifica como se ha cumplido la trampa de los Ingresos Medios entre 1965 y 2018, divide los países por PIB per cápita en deciles comparando la situación en 1965 y 2018. Si asumimos que los países ricos son aquellos ubicados entre el octavo y décimo decil, los de ingreso medio serían aquellos ubicados entre el decil 6 y 7, mientras que los restantes serían países de bajos ingresos, tendremos a Chile como vivo ejemplo de un país atrapado en el grupo de ingresos medios, éste se mantuvo en el séptimo decil dentro de la economía internacional tanto en 1965 como en 2018, por ende no ha avanzado nada en comparación al mundo. En términos generales los países que hacia 1965 se encontraban entre el décimo y octavo decil, siguen en ese rango, casos particulares como el de Venezuela (del noveno al sexto), Argentina (del octavo al séptimo), Sudáfrica (del octavo al sexto), Uruguay (del octavo al séptimo) y Nicaragua (del sexto al tercero) ejemplifican casos de retraso todavía más agudos al chileno. Por el contrario, los países que avanzaron más significativamente fueron Singapur (del séptimo al décimo), Corea del Sur (del cuarto al octavo), y China (del primero al sexto). Además de Chile, los países que se han mantenido dentro del grupo de “ingresos medios”, han sido México, Irán, Brasil, Turquía, Perú, Panamá, Colombia, principalmente.

Es interesante su comparación con Australia, otro país que como Chile, se ha abocado al desarrollo de una industria productora de recursos naturales. En este sentido, entre 1870 y 2007, el crecimiento del PIB per cápita en ambos países ha sido de un 2% en promedio, sin embargo más que el promedio, lo importante es revisar los ciclos económicos, ya que tener una caída del 15% del PIB per cápita no impactará lo mismo dependiendo del momento, el nivel de PIB per cápita, o a la inversa también se aplica, esto significa que es preferible tener 20 años de crecimiento al 2%, que 20 años con un comportamiento voluble con picos muy marcados ya que en ese sentido, la riqueza y productividad acumulada será menor.

N18

Como se puede observar la dinámica chilena ha sido mucho más caótica que la australiana, ¿cómo ha impactado esto en más de 100 años?

N19

El PIB per cápita chileno se fue alejando continuamente del australiano, particularmente entre 1925 y 1985.

En este sentido, si el crecimiento del PIB per cápita chileno entre 1925-1933 por una parte, y 1972-1982 hubiese sido el mismo que el australiano, el resultado hubiese sido el siguiente.

N20

Pareciera ser que la diferencia no es muy marcada, al fin y al cabo son solo unos 18 años entre 137, pero el grado de riqueza chilena hubiera sido muy superior.

N21

Las comparaciones son odiosas, pero es importante recalcar que mientras en Australia se buscó desde un inicio la diversificación económica, donde el Estado como hemos visto fue un actor preponderante mediante el apoyo directo a las ovejeras incluso a través de mano de obra presidiaria, en Chile el Estado fue ausente permitiendo que su economía se insertara desde el último cuarto del siglo XIX mayoritariamente en un único recurso, el salitre.

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Ya a fines del siglo XIX, Australia tenía una cartera exportadora más diversificada (lo que se incrementa si se considera que las exportaciones agropecuarias incluian lana, carne, mantequilla, grano y forraje, mientras que dentro de las exportaciones mineras la principal de ellas era el oro, cuya participación era del 28%, en el caso de Chile, las exportaciones mineras eran en mayoría salitre), lo cual se perpetuó durante el siglo XX.

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Recién desde los años 90 el país ha diversificado su cartera exportadora, ergo estamos 90 años retrasados al proceso australiano, y lo que es más complicado aún, es que tras el 2003 la participación de la minería ha vuelto a escalar (en 2018 esta compuso el 53% del total). Esto en la actualidad puede implicar que frente a un contexto recesivo mundial y profundo, la economía chilena se encuentra muchísimo más vulnerable que la australiana, a pesar de que ambas sean netamente productoras de materias primas.

Entonces, ¿qué opciones le quedan a Chile? La crisis social que vive el país no se puede entender sin tomar en consideración estos procesos fallidos de modernización. Un país sin un nivel de desarrollo económico tampoco puede hacer sostenible un grado respectivo de bienestar social como sucede en los países más avanzados. Es cierto que la creación de un Estado de bienestar se vuelve urgente en la actualidad, pero también es cierto que Chile debe potenciar el desarrollo de una industria que le permita saltar desde el decil 7, al 8 o 9 como mínimo. Y el contexto en el que nos encontramos es clave.

Por una parte Estados Unidos se encuentra en un declive estructural del cual no va a salir, China esta tomando una posición cada vez más activa en la geopolítica mundial, en este proceso, tenemos como país más margen de acción sin efectos adversos. Por otra parte, esta crisis -debemos reconocerlo- ha estallado en el rostro de la clase política íntimamente ligada con la élite económica, la cual como siempre ha vivido en una burbuja separada y aislada del resto del mundo no ha terminado de digerir y por ende comprender la causa raíz del descontento chileno (en caso contrario no se entiende la maniática y hasta esquizoide tendencia a buscar un enemigo externo que haya financiado o dirigido las protestas), lo que ha resultado en la posible muerte de la Constitución de 1980.

Esta coyuntura histórica puede dar el espacio económico y social para que por fin, tras más de 200 años de vida como país, se establezca un proyecto que permita la modernización del país. Es por esto que es clave mirar los ejemplos que países como Australia, Nueva Zelanda, Noruega, Corea del Sur, Israel y tantos más nos han entregado.

Cuando Cecilia Cifuentes indica en una entrevista a CNN que lo más importante para salir de la crisis es que el país crezca más, y que para ello se debe recuperar el Estado de derecho y la cultura cívica, lo que indica, muy en el fondo, es que la solución es implementar más neoliberalismo, “más competencia” como indica, significa fortalecer el modelo existente que como he mencionado, jamás ha desarrollado a país alguno.

Es por esto que me gustaría volver a diferenciar la base de la acumulación en los países avanzados y retrasados.

Ciclo de acumulación en una economía capitalista avanzada,

[(M1 ×D); (D×MP)] [+ (M1×D)]

Donde M1 es la mercancía producida y ofertada en el mercado, D es el dinero, MP es el medio de producción (insumos, bienes de capital). El ciclo de acumulación en los países avanzados implica que, luego de vender al mercado sus mercancías, el excedente lo utilizan para financiar la producción de los medios de producción, lo que en conjunto, genera una venta de mercancías con cada vez mayor valor agregado.

Ciclo de acumulación en una economía capitalista atrasada,

[(M1 × D1) (D1 × D2)] [(D2 × MP) (+ M1×D)]

Aquí aparecen nuevos conceptos, D2 son las divisas. En este ciclo, los países atrasados en lugar de producir MP, lo compran del mercado internacional con divisas, y una vez conseguida la tecnología foránea, impulsan la producción de sus mercancías. Lo que generará déficit en la balanza de cuenta corriente, dependencia y vulnerabilidad frente a los mercados internacionales, depreciación o devaluación continua de su moneda y una economía más voluble con períodos recesivos más profundos.

Simplemente, lo que debemos hacer en Chile, es eliminar el ciclo (D1 × D2)] [(D2 × MP) y en su lugar potenciar el (D×MP).

¿Cómo?

Política Industrial

Pues como demostraron los países desarrollados, incentivando una mezcolanza entre el Estado y el sector privado, potenciando el gasto público en el financiamiento del desarrollo de empresas que generen tecnología para potenciar el crecimiento y desarrollo de diferentes sectores (minería, turismo, acuicultura, servicios globales, biotecnología, sofware, empresas offshoring), elevar el gasto público en I&D, reestructurar el cuerpo tributario actual, disminuyendo impuestos a empresas y sectores clave, incrementando a otros que tienen una elevada tasa de plusvalía, buscando alianzas internacionales con países como China, y, por qué no, con país más pobres y potenciales mercados de una producción y servicios diferentes a los tradicionales donde las empresas chilenas puedan tener más clientes potenciales.

Política Comercial

Comercialmente el país debería en lo posible adentrarse en una política de proteccionismo clave en sectores determinados, mas sin embargo, Chile en la actualidad se encuentra en un contexto de apertura comercial traducida en la firma de una gran cantidad de TLC (a inicios de 2018 sumaban más de 26 TLC, lo que representaba un 85% del PIB mundial y el 63% de la población en el planeta). Ir en contra para un país con las condiciones como Chile podría ser contraproducente, es por esto que quizás una alternativa interesante sea firmar acuerdos comerciales con países con los cuales Chile no ha emprendido esta política, pero con la particular diferencia de que en estos el objetivo sea exportar una nueva cartera de productos.

Desde luego, el TPP no nos serviría…

Otras reformas estructurales

  • Un incremento sustancial en la presión tributaria no a las utilidades de las empresas, sino que a los salarios y rentas de las personas con el fin de solventar un fondo de ahorro internacional, podría permitir un aporte de más de US$ 9000 millones por año, ceteris paribus, esto en 10 años nos permitiría tener un fondo de US$ 90.000 millones de dólares. Considerando los valores que nos proporciona el FMI actualizados, la situación puede cambiar dependiendo de la dinámica de crecimiento.
  • Reconsiderar la posición del sector público con respecto a las empresas productoras, en este sentido es fundamental el papel en los sectores que ya son competitivos, como el cobre, aprovechándolo como palanca de cambio para la generación de empresas de alta gama o para los fondos de inversión o capital riesgo. Chile posee una baja participación del Estado en las empresas en comparación a otros países incluso de la OCDE como Noruega, Austria o Suecia.

Reformas microeconómicas

Reformas microeconómicas con el objetivo de facilitar legalmente la creación de negocios y empresas eliminando con ello las barreras administrativas que se imponen al momento de crear una empresa. Según el informe Doing Business del Banco Mundial, Chile se encuentra en el puesto 59 a nivel mundial, y dentro de la OCDE se encuentra en los últimos puestos.

Este informe incluye diferentes criterios que incluyen tiempos y costos en los trámites necesarios para desarrollar negocios (tiempos y costos para abrir una empresa, tiempos y costos para la construcción, rigidez en el mercado laboral, en el horario de sus trabajadores y las facilidades tanto de contratación como despido, tiempos y costos del registro de bienes comerciales, así como otros trámites a realizar frente al comercio trasfronterizo, Etc.).

Chile se encuentra muy por debajo de la OCDE en términos generales, lo cual implica lo complicado que es a nivel microeconómico la creación de nuevas empresas. En este aspecto sería importante avanzar en:

  1. La reducción, facilitación y unificación de todos los trámites y firmas requeridas para abrir y registrar una empresa, así como los registros de propiedad o construcción.
  2. Unido a lo anterior, implementación a nivel nacional de un E-Gobierno frente a todos estos procesos. En este sentido una firma digital reduciría el tiempo y costo de la etapa inicial de un negocio, como en su desarrollo y comercio.
  3. Flexibilización de la jornada laboral fomentando nuevos tipos de horarios conforme a las necesidades del mercado, las empresas y sus trabajadores, la fijación de objetivos de productividad por sobre el cumplimiento de contratos (en las empresas cuyo tipo de negocio lo haga posible), así como un incentivo a los trabajos WAHA (Work at home)
  4. Facilitación del contrato de los trabajadores reduciendo los requisitos exigidos en gran parte del mercado laboral (como los certificados de nacimiento y antecedentes penales, o los certificados de estudio en los rubros que sea posible). Por otro lado, reducir la indemnización por despido injustificado e incrementar de manera sustancial el seguro de desempleo, con esto ni los trabajadores ni los empleadores tendrían tantas trabas al momento de tomar decisiones relacionadas.
  5. Refuerzo al uso de alternativas de pago en débito/crédito/prepago y plataformas E Commerce.
  6. Creación de un seguro de propiedad universal para Pymes y empresas que no tengan la posibilidad del pago del valor de la prima.

Finalmente,

Estas reformas son posibles, pero ante todo requieren voluntad política y un programa estatal de larga duración donde todos los actores nos encontremos involucrados haciendo de este proceso lo más transparente posible. Ahora es el momento clave, estamos inmersos en una coyuntura social de crisis nacional, con demandas que buscan terminar con el modelo heredado de la dictadura, esto sumado a la posible crisis económica internacional, hace menester reconfigurar nuestra estrategia de inserción ante el mercado capitalista.

El neoliberalismo provocó años de crecimiento económico y progreso social, pero como ya hemos visto en términos comparativos seguimos siendo un país más atrasado que a inicios del siglo XX, y nos encontramos entrampado entre los países de ingresos medios tal y como durante los años 60, por lo cual no hemos avanzado un ápice al desarrollo en casi 60 años.

Liberalizar la economía como se hizo en Chile entre 1980 y 2000, les sirvió a los países desarrollados toda vez que sus ya consolidadas industrias y empresas de alto valor agregado podían competir y arrasar en diferentes mercados, para el caso chileno por el contrario la apuesta implicó solo un reforzamiento de su posición en la división internacional del trabajo como un país atrasado. En este sentido, un ejemplo de lo que implica liberalizarse antes de alcanzar un músculo industrial competitivo es pan para hoy y hambre para mañana, y el crecimiento económico manifestado se debe principalmente a la rentabilización de diferentes nichos (mediante la privatización y desregulación) y al incremento de la tasa de explotación (a partir de la reducción de salarios durante la dictadura), así el crecimiento económico se asemeja al de una familia que vende su casa y hacer uso de ese dinero sin mayor pensamiento al largo plazo.

Es momento de implementar un modelo económico que cimente las bases de una economía desarrollada -y que de paso permita un robusto Estado de bienestar-, este es el momento, el mundo se acerca cada vez más a la multipolaridad política por ende las autoridades tendrán más poder de negociación internacional, tenemos una posición estratégica en una serie de recursos naturales básicos en la elaboración de muchos productos que hoy se comercian en el mundo, y con o sin recesión internacional, en el mediano plazo hay muchas posibilidades de ver el nacimiento de nuevos mercados emergentes donde expandir nuestras exportaciones, y más importante, estamos todos inmersos en un proceso único en la historia nacional de cambio político materializado en diferentes hechos dentro de los cuales el más importante -hasta ahora- es la creación de una nueva Constitución, ¿quizás sea el momento de implementar en la misma Carta Magna una política de Estado que busque la modernización efectiva?

 



Categorías:actualidad, Chile, Economia, Historia

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