Sociología (parte 3)

La sociología, al igual que la historia, nace durante el siglo XIX y busca erigirse como ciencia social con el primer padre fundador Aguste Compte. En este primer acercamiento científico, la metodología de este sociólogo estaba enfocada en separar la sociología del resto de las ciencias sociales, y negar a la vez, la realidad material tras los eventos acaecidos en sociedad. Luego, con Durkheim y Weber, la sociología adquirió otros matices y desarrolló su carácter profesional, pero la debilidad era la misma: los eventos sociales tenían una explicación desde una casuística determinada, no existía detrás una ley establecida y certera que diera explicación de los eventos sociales en el mundo.

Recordemos que la sociología en su génesis busca explicar el comportamiento, los fenómenos y la situación social de un determinado país o ciudad, esto es, desde una mirada actual de la realidad. La perspectiva que heredaron los sociólogos burgueses, de la tradición Compte-Durkheim-Weber, no reconoce una ley general que se pueda aplicar a las sociedades en cualquier punto del mundo.

Compte establece que la sociología debe seguir tres criterios, por una parte, se deben separar los juicios de hecho y de valor, por otra, el principio de las minorías dominantes que por su superior estatus deben dominar el mundo, y finalmente, las élites con sus recursos deben facilitar la integración de los problemas, el control de las tensiones y el mantenimiento del modelo. Por cierto, en su intento por establecer una corriente científica sociológica, Compte marcaría desde un principio una distancia enorme entre el estudio del comportamiento social, con el estudio de la economía política, desestimando el apoyo con otras ciencias sociales como lo haría posteriormente el materialismo histórico.

Weber genera un marco explicativo a los eventos políticos y manifestaciones acaecidas en Alemania a principios del siglo XX. Él, en su tentativa por desmerecer la interpretación marxista, esbozó un planteamiento según el cual no existía un motor del desarrollo histórico, y que lo existente era una explicación multicausal, tantas causas como datos disponibles y realidades sociales analizables. Weber no se limita ahí, también refuerza su idea de que la religión es un fundamento para el desarrollo del capitalismo, en su estudio, el protestantismo daría posibilidad a un desarrollo económico social a través del tiempo y una consolidación efectiva de la economía moderna. Es por cierto, con Weber que la sociología burguesa desliga su análisis de la realidad socioeconómica estructurante, enfocándose netamente a las cuestiones de la superestructura para explicar el comportamiento social.

Weber enfoca su pensamiento en la legitimidad, la cual se encuentra directamente vinculada a la autoridad, preguntándose entonces, ¿por qué la sociedad obedece a quienes dan órdenes? Weber identifica una serie de razones (como la costumbre), pero la más importante es la creencia en la legitimidad, esta, cimentada sobre fundamentos racionales, carismáticos y tradicionales. Sin embargo, la tradición se basa en la estructura del pasado, mientras que el carisma es fundamentalmente transitorio, se queda con la autoridad-racional como el tipo específicamente moderno de administración. La imagen que nos entrega es que la autoridad es administrada por la burocracia, un equipo desinteresado que no tiene tomado un partido a priori, la burocracia es imparcial, tomando sus decisiones según la ley, razón por la cual la autoridad es denominada racional-legal. Es esto lo que explica en su razonamiento, que las autoridades sean generalmente aceptadas y obedecidas hasta cierto grado.

Entonces, el axioma de Weber dice que existen subgrupos de menor grado que conceden legitimidad a la estructura de autoridad basado en que ello les permite sobrevivir y sostener, en el mediano plazo, un grado de estabilidad requerida.

Durkheim, da primacía a los valores y a las normas, la educación, familia, despreciando con ello las relaciones sociales que las determinan dichos fenómenos y comportamientos. La anomia sería uno de los mayores aportes a la sociología burguesa en su intento por explicar fenómenos sociales sin aplicar el método marxista, esta es, en términos simples, la explicación del porque las clases explotadas dentro de la sociedad europea del siglo XIX abandonan, de modo misterioso, las normas y valores sociales. Desde luego, mirándolo de modo objetivo, la anomia no es más que la queja burguesa de que existan miembros de las clases explotadas que no se sienten a gusto con las normas que les convienen a ellos como clase explotadora.

Esto, se suma al hecho que, dentro de su pensamiento, el enfoque se centra en explicar por qué ciertos individuos tienen una serie de valores específicos y otros no, y por qué, individuos con antecedentes similares, tienen entre sí más probabilidad de compartir la misma serie de valores que otros individuos con antecedentes disímiles. Durkheim, avanza en su trabajo (Prefacio a la segunda edición de “Las reglas del método sociológico, escrito en 1901) indicando tres proposiciones: 1) los hechos sociales deben ser tratados como cosas, lo cual según él no debe malinterpretarse en reducir lo social a algún sustrato físico, sino que atribuye al mundo social un grado de realidad igual que al atribuido al mundo físico, 2) los fenómenos sociales son externos a los individuos y 3) la coacción social no es lo mismo a la coacción física porque no es inherente, sino que impuesta desde fuera. Agrega además que, para que un hecho social exista, deben existir interacciones individuales que resulten en creencias y modos instituidos por la colectividad. Estas tres proposiciones en conjunto constituyen lo que Durkheim llama el principio básico, de esto, podemos decir que el axioma básico de Durkheim es que existen grupos sociales que tienen y mantienen estructuras racionales.

Por su parte, la sociología marxista reviste una lectura basada en el desarrollo de las fuerzas productivas junto a las relaciones sociales de producción, la dinámica general de esta sociedad es la lucha de clases, por lo que, todo evento social puede ser explicado a partir de estas leyes universales. El ser humano, como ente social, se mueve dentro de un campo determinado, limitado, posibilitado e impulsado por las condiciones materiales de su contexto, lo cual explica que diferentes rebeliones, en diferentes sociedades distanciadas por miles de kilómetros entre sí, sean comprendidas considerando dichas leyes objetivas y universales.

Según Marx, los grupos sociales tienen conflictos en su relación interna. Para explicar estos conflictos, Marx pone en relieve la lucha de clases en su intento de entender el conflicto social. Desde luego, su atención se centró en el hecho de grupos que tienen centrada su existencia en su relación con los medios de producción, algunos poseyéndolos otros no. Además, aunque ha estado muy de moda cuestionar que la lucha de clase no sea el único, ni siquiera el principal motivo de conflicto social, y se han ofrecido diferentes categorías – grupos de estatus, grupos de afinidad política, género, raza, credo, etcétera- que sustituyen a la clase, se sigue asumiendo el conflicto social entre estos grupos sociales como una característica relevante dentro de la realidad social.

Hagamos tan solo una actividad común dentro del método sociólogo como lo es una encuesta/sondeo de opinión, ¿qué es lo que se hace?, en términos generales se asume que se lograrán una serie de respuestas ante una gama de preguntas, cuando se obtienen estas respuestas, se correlacionan con una serie de variables como el estatus socioeconómico, la ocupación, etnia, raza, género, educación, entre otras, esto se relaciona presuponiendo que cada variable alberga un continuo de personas a lo largo de la dimensión estudiada, y que los hombres de negocio, los asalariados, las mujeres, hombres, ancianos, jóvenes, tenderán a diferentes respuestas para cada pregunta. Si no existiera el supuesto de la diferenciación social, la sociología no estaría dispuesta a esta empresa.

Actualmente, dentro de la sociología existe consenso en que los intereses reflejados en los sondeos de opinión reflejan grupos sociales diversos que no necesariamente representan las clases sociales, de todas formas, estos grupos tienen su opinión/interés explicado por su existencia como clase social. Los gays, por ejemplo, pertenecen tanto a la clase propietaria de los medios de producción como a la clase asalariada, y bien pueden tener puntos en común ante ciertas preguntas, estas coincidencias tan solo se explican en un aspecto determinado de su vida. Lo importante entonces, es colegir dónde se encuentra la centralidad de la preocupación de un grupo o subgrupo determinado, en otras palabras donde se enfoca su interés primigenio.

De lo anterior, se extrae que lo medular está en encontrar el origen del interés, preocupación y necesidad de cada grupo social. Se entiende que los homosexuales coinciden en su interés por la liberación sexual, el matrimonio y la adopción homoparental, pero en temas como seguridad ciudadana, educación, salud, política, relaciones internacionales la concordancia no existe; por ejemplo miremos el caso chileno, según la encuesta CEP para julio-agosto del 2017, las principales preocupaciones donde el gobierno debiera enfocar su esfuerzo son: delincuencia, salud, educación, sueldos y empleo, aspectos donde el género, la raza o el credo no son lo medular y sí la clase social, es decir, la relación del grupo social con los medios de producción y el trabajo. Otro ejemplo, según la encuesta nacional de la UDP para el año 2015, un 46% de los encuestados de nivel socioeconómico elevado se sentían ganadores con el desarrollo económico nacional, mientras tan solo un 38% de los encuestados de clase baja lo percibía de tal modo; a la inversa, un 37% de los encuestados de clase económica acomodada se sentían perdedoras en este desarrollo, mientras que un 46% de los encuestados de clase económica baja compartían ese sentimiento, es contraste, la percepción no varía significativamente entre hombres y mujeres (42,6 y 42,7%). Del mismo modo, los insatisfechos con la democracia representan el 70,7% para los miembros de clases acomodadas, y 80,1% para las clases más desfavorecidas, mientras que entre hombres y mujeres la diferencia es bastante menor (80,2 vs 79,5%). La aprobación del gobierno varía entre un 21,7% para miembros de clases acomodadas vs un 15,6% para miembros de clases populares, en tanto, la diferencia entre hombres y mujeres es de 19 vs 20,9%.

El conflicto social también tiene una explicación diametralmente opuesta. Mientras en Marx y los marxistas, este deviene de las clases sociales y del conflicto interno a estas, en la sociología burguesa (Compte-Durkheim-Weber) estos conflictos tienen un fuerte componente en las ideas que representan a una multitud de grupos sociales que trascienden las clases. En este sentido, si bien es cierto que las clases sociales no explican el comportamiento social en su conjunto, estos sí tienen un comportamiento que converge hacia una realidad objetiva que proviene del mundo material, y no de las ideas. Las minorías étnicas, sexuales, políticas, de género, regionales existen en todo espacio y lugar, pero no así su grado de conflictividad. Un dato que, aunque incompleto (que se puede complementar ciertamente aunque no en este ensayo) demuestra mi punto de vista es el grado de conflictividad social entre diferentes realidades nacionales, en todos los países hay razas, etnias, credos, sexos, provincias y partidos políticos, pero no en todos los países existe el mismo nivel de conflicto social, ¿cuál es el elemento común que explica esta diferencia? La dinámica de intereses confrontados entre las clases sociales, desde luego, no es el único, pero sí el más relevante y cuya existencia es origen del resto.

Hacia el siglo XX una de las principales corrientes de sociología burguesas que hizo su aparición fue el Funcionalismo. Uno de sus principales representantes fue T. Parsons y R. K. Merton, entre ambos existieron algunas diferencias secundarias, en concreto las que existen entre las subcorrientes estructural-funcional y funcionalista. La primera pretendía ser más abarcadora, sistémica y coherente en su interpretación de la sociedad, para ello lo funcional (capacidad de todo organismo para desintegrar las tensiones e integrar sus efectos en la dinámica expansiva de ese organismo) debía ser integrado en lo estructural, es decir, en el conjunto de partes que componen ese organismo. Por otra parte, el Funcionalismo de Merton era una profundización de las tesis típicas del Círculo de Viena, insistía en que toda sociedad tiene la capacidad de integrar sus diferencias y tensiones antes de que estallen en conflictos y luchas destructoras; esa capacidad ha de ser reforzada y sostenida por la política institucional con ayuda de la sociología. Ambas servían perfectamente para analizar situaciones estáticas, aisladas y simples, pero fallaba en el momento de producir la síntesis teórica, penetrar en el movimiento e interrelaciones de los problemas y, sobre todo, en sus contradicciones.

De lo anterior se desprende que muchos sociólogos terminan aferrándose a la lógica formal y a su aplicación rigurosa según los principios del Círculo de Viena, desarrollando el criterio neopositivista de la causalidad. De este modo, la metodología quedaba condenada a la lógica formal, algo que ya desde hacía mucho tiempo los marxistas habían demostrado que era insuficiente.

Dentro de su universo teórico, cuatro ideas destacan:

  1. La sociedad es un colectivo donde los conflictos apenas existen, y si existen apenas son importantes al ser solo disfunciones que se pueden solucionar en beneficio del orden vigente
  2. El acto central que impulsa a la sociedad es la comunicación, las normas, la cultura, el ejemplo de los grupos de referencia, etc.
  3. Las posibilidades de los grupos o individuos que forman la sociedad intervengan creativamente en ella, imponiendo otros objetivos y caminos, son muy reducidas por no decir inexistentes
  4. Esta corriente sociológica tiene una concepción filosófica del ser humano que lo reduce a simple sujeto de las fuerzas centrípetas, integradoras, de la sociedad

Esta corriente fue muy funcional a las necesidades políticas de su momento, entre otros ejemplos destaco como el concepto de “anomia” sirvió para “demostrar científicamente” la necesidad de disciplinar a unos obreros revoltosos y desviados y desactivar sus potentes huelgas, como la de la General Motors que a comienzos de 1946 tenía 225.000 trabajadores en lucha.

La incapacidad de esta corriente para dar respuestas científicas a los acontecimientos manifestados en el mundo lleva a que hacia la década de 1970 se viera inmersa en una crisis de la que no puede salir más que dando paso a otras corrientes sociológicas dentro de la burguesía. En la historia de la sociología vemos por tercera vez que las escuelas burguesas sufrían un varapalo. La primera fue de la sociología de Comte y Spencer en su incapacidad para entender y explicar los conflictos que se daban dentro de la sociedad capitalista conforme se expandía durante el siglo XIX. La segunda fue el fracaso de la sociología de Durkheim y Weber para explicar la complejidad del auge en ascenso.

Con la crisis de la sociología funcionalista ocurre algo similar, aunque con variantes significativas. Por un lado presenciamos el auge del individualismo en las corrientes de la teoría del intercambio, del interaccionismo simbólico y de la etnometodología; y por otro se recupera la tesis interclasista del conflicto social.

La primera gran corriente es el Conflictismo que tuvo su nacimiento con Dahrendorf y su publicación Clase y conflicto de clases en la sociedad industrial en 1957, en la cual se opuso seriamente a Parsons, sin embargo esta posición ya había sido anunciada en 1956 por L. Coser con su obra Las funciones del conflicto social reforzada a su vez en 1961 por J. Rex que publicó Problemas claves en teoría sociológica. La recuperación de la sociología del conflicto se produjo en un momento preciso del capitalismo caracterizado por las luchas antiimperialistas y la manifestación de la lucha de clases dentro de las principales metrópolis capitalistas. El funcionalismo no podía explicar por qué los pueblos resistían tan tenazmente al saqueo imperialista, y la burguesía intelectual reformista necesitaba con urgencia una teoría más adecuada para rebatir los argumentos de las diversas corrientes marxistas. Dahrendorf, que postulaba la obsolescencia de Marx, afirmaba que la sociedad de mediados del siglo XX seguía siendo industrial, pero había dejado de ser capitalista porque el capital se había dividido y repartido entre diferentes accionistas de modo que esta “gran burguesía” minúscula en tamaño pero poderosa en poder había desaparecido, por el contrario, había aparecido una nueva clase media que provenía de estos accionistas y de las transformaciones del trabajo. Además, estos cambios se precipitaron con las conquistas democráticas de la ciudadanía (algo aún parcial durante los años de Marx), como consecuencia de todas estas transformaciones para Dahrendorf, había desaparecido la lucha de clases opuestas y en su sitio había surgido un nuevo conflicto social institucionalizado, además, había surgido una nueva clase dirigente que ya no era la antigua burguesía, sino que élites político-administrativas, burocráticas e institucionales.

Esta teoría la podemos leer en J. Rex quien indica que el conflicto social no implica desorden fortuito, sino que dada la interrelación de los conflictos con las instituciones se producen “interrelaciones funcionales”. Además, indica que los conflictos son fundamentales para el desarrollo de las sociedades avanzadas. Y, en tercer lugar, las luchas quedan circunscritas a luchar por el control del mercado. En otras palabras, la sociología burguesa vuelve a quedar al desnudo al centrar en el mercado la preocupación, especialmente con dicha corriente que ve en éste el espacio donde se desenvuelven los conflictos más importantes.

Al adentrarnos en la teoría del Conflicto nos encontramos con cada vez más lagunas, pues, al centrarse solo en el mercado (distribución) y no en el trabajo (producción) se limitan al efecto en lugar de la causa, perdiendo lo decisivo. Es por esto que, a pesar de todo su desarrollo teórico, de todas sus lecturas y opiniones además de consejos, todo quedó en nada tras la debacle económica internacional vivida entre inicios de los años de 1970 y 1980. El mercado se demostró incapaz de solucionar los problemas pues, estos venían dados por contradicciones inherentes e inmanentes del capitalismo, las cuales operaban como leyes objetivas que no se podían entender ni prever sin el manejo del materialismo histórico.

La otra alternativa a la crisis del funcionalismo consistió en poner al individuo sobre lo colectivo. En este campo tenemos a tres corrientes fundamentalmente individualistas, pero con diferencias internas. La teoría del intercambio, del interaccionismo simbólico y de la etnometodología comparten este rasgo, pero las dos últimas comparten además la idea de Webber sobre la acción social de los sujetos individuales de las definiciones que éstos hacen de su realidad, de sus acciones y las consecuencias de esas ideas en las interacciones sociales.

La teoría del Intercambio fue presentada en 1961 por Homans. Para él, el intercambio se sostiene en la idea que los individuos tienen una adecuada y realista idea de su situación e intereses en la sociedad. El individuo es soberano y libre para realizar los intercambios que estime pertinente o que pueda realizar. Del mismo modo, las condiciones que impiden realizar el intercambio en uno permiten el intercambio en otro. Estas condiciones no dependen del capitalismo, sino que de los errores previos del sujeto concreto que ha sido incapaz de crear condiciones óptimas para obtener beneficio en los intercambios con otros sujetos. Homans sigue las ideas de Adam Smith y Locke, defiende que el mercado es bueno y es el medio perfecto para permitir el desarrollo pleno de todos los individuos mediante los intercambios.

Esta corriente es sumamente útil para el poder dominante, por una parte abría una perspectiva contraria a las colectivistas (desde Parsons hasta las conflictivistas) y además lo conectaba con la teoría contractual de la primera burguesía; por otro lado, preparó las condiciones ideológicas para que la derecha más republicana en el país contraatacara como sucedió con la llegada de Reagan a la Casa Blanca.

La etnometodología surgió como un desarrollo específico especialmente en Reino Unido y Estados Unidos. Mientras que la teoría del Intercambio había respondido a las relaciones costo-beneficio entre sujetos dentro del mercado, la etnometodología busca adentrarse más en el fondo, en el proceso por el que los sujetos aceptan la rutina cotidiana, los hábitos y códigos de comportamiento, y lo hace estudiando el comportamiento y el acto, así del fenómeno exterior comprende la naturaleza del problema tratado. Para esta corriente tanto el Funcionalismo como la Teoría del Intercambio habían menospreciado el importante factor del comportamiento habitual que se toma como lógico y normal. El objetivo era descubrir las causas de tales comportamientos comunes y “desviados”.

Así como la teoría del Conflicto busca explicar el porqué de las tensiones y problemas sociales, la etnometodología reconoce igualmente los problemas sociales pero propone una salida diferente. Para ello comienzan criticando las limitaciones del lenguaje oficial y del saber sociológico que no tienen en cuenta los procesos internos de la creación del “sentido común”. Garfinkel investigó sobre el comportamiento y las reacciones en situaciones de normalidad y rutina, pero también en situaciones en las que se han roto o forzado los códigos tradicionales de interpretación. Como resultado observó que los sujetos tendían a repetir mecánicamente lo aprendido e interiorizado como “normal”, en síntesis confirmó que cuando esa costumbre y cotidianidad se debilitan el sujeto se hunde en un estado de confusión, miedo, ansiedad, ETC. En realidad, lo que descubrió la etnometodología fue, mediante la investigación, lo que muchos autores marxistas habían afirmado con mucha antelación. No obstante, para la burguesía este conocimiento fue muy útil pues le demostraba lo imperativo que era educar a los trabajadores en nuevos hábitos de trabajo, se trataba de un verdadero estudio de la sociología del trabajo en beneficio del capital.

El Interaccionismo Simbólico surgió antes del Funcionalismo, pero se mantuvo tras bambalina hasta que tuvo la oportunidad de hacer su aparición. Solo cuando la sociedad de consumo estuvo asentada se requirió de una teoría que diera explicación a dichos comportamientos que no repitiera las limitaciones del Funcionalismo ni el Conflictivismo. En comparación, si el Intercambio retrocedía a los padres ingleses de la ideología burguesa, el Interaccionismo se conectaba con una etapa anterior, la del individuo burgués netamente norteamericano, Emerson, Thoreau y otros, que a diferencia del inglés y su apego con la economía clásica, criticaba cualquier concepción que integraba al individuo en las estructuras sociales.

A pesar de su diversidad interna, dos son sus aspectos centrales: la interacción y el lenguaje.

La interacción del individuo con su entorno se produce desde su nacimiento y gracias a ella el individuo aprende pautas de comportamiento, lo social le viene condicionado por ese aprendizaje.

Esta corriente abandona cualquier pretensión de conocer lo que sucede socialmente y se centra en lo simbólico, en el lenguaje. Ergo, tiende a separarse del estudio social, lo cual irremediablemente es un retroceso ante cualquier intento objetivo de hacer y estudiar ciencia social.

Mientras lo anterior sucedía en Estados Unidos y en todas las zonas donde su influencia cultural era muy elevada, en Europa la transición hacia una nueva corriente filosófica que impacta de lleno en la sociología toma otro curso. Nos encontramos frente al Postmodernismo. La ofensiva del capital, el debilitamiento del movimiento obrero, la transición de los partidos comunistas hacia formas reformistas (Eurocomunismo), y la posterior disolución de la URSS lleva a que buena parte de la intelectualidad europea, se replantee los criterios hasta entonces establecidos desde la ilustración.

¿Cómo podemos entender al Postmodernismo? Pues como es un “post” de la modernidad, ¿pero qué es la modernidad?

Bolívar Echeverria en Modernidad y capitalismo, contempla 4 ethos.

  1. Ethos realista: La valoración del valor y el desarrollo de las fuerzas productivas
  2. Ethos romántico: Variación del anterior pero desde una posición del “Hombre Empresa”
  3. Ethos clásico: Que expresa tanto la atracción como el rechazo del ethos realista, pero sin ir ni al extremo de la izquierda ni al extremo de la derecha
  4. Ethos barroco: Obedecer la norma sin cumplirla

La clave de esto es que incluye no solo el contenido capitalista de la modernidad sino que además su opuesto crítico, el marxismo.

¿Qué es entonces el Postmodernismo?

<<“Posmoderno” probablemente no es un buen término, pues implica la idea de “periodización” histórica y “periodizar” es una idea todavía “clásica” o “moderna”. “Posmoderno” indica simplemente un estado de ánimo o mejor, de pensamiento. Podría decirse que se trata de un cambio en relación con el problema del sentido. Simplificando mucho, lo moderno es la consciencia de la falta de valor de muchas actividades. Lo que tiene de nuevo es el no saber responder al problema del sentido. El romanticismo, en lo que tiene de ausencia de sentido y de consciencia de dicha ausencia, es moderno; también el dandismo, o lo que Nietzsche llama “nihilismo activo”, que no es sólo la consciencia de la pérdida de sentido, sino además la activación de esta pérdida. La modernidad ha pretendido dar una respuesta filosófica y política al romanticismo y al dandismo. Ha intentado producir lo que podríamos llamar “gran relato”, ya sea el de la emancipación, a partir de la Revolución francesa, o el discurso del pensamiento alemán sobre la realización de la razón. También el relato de la riqueza, el de la economía política del capitalismo. De algún modo todos estos discursos han sido intensificados y reorganizados por el marxismo, que ha ocupado la escena filosófica y política de Europa y del mundo durante todo un siglo. Mi hipótesis es que, para una gran parte de las sociedades contemporáneas, estos discursos ya no son creíbles ni bastan para asegurar como pretendían un compromiso político, social y cultural. No confiamos ya en ellos. Hemos de afrontar el problema del sentido sin la posibilidad de resolverlo por la esperanza en la emancipación de la humanidad, como la escuela de las Luces o el Idealismo alemán, ni por la práctica del proletariado para conseguir una sociedad transparente. Incluso el capitalismo, el discurso liberal o neoliberal, me parece difícilmente creíble ahora mismo. Por supuesto que el capitalismo no está acabado, pero ya no sabe cómo legitimarse. Ya no hay quien se crea aquella justificación de que “todos se enriquecerán”>>

Lyotard. ¿Qué es lo Posmoderno? 2007

Evidentemente hay una ausencia de contenido de praxis, es un elemento perenne en esta corriente, porque lo que instauran es un cuestionamiento a los metarelatos y a cualquier intento por alcanzar la verdad de modo objetivo y científico. Esta corriente logró lo que ninguna otra había hecho: castrar a las ciencias sociales en general, y la sociología e historia en particular, de su rigurosidad científica, su crítica social, y su praxis esencialmente contestataria. Caracterizada por su rechazo a cualquier tradición racional heredada de la ilustración, elaborar teorías desconectadas de cualquier evidencia empírica, y por un relativismo cultural, cognitivo y epistemológico en el que la ciencia social queda reducida a simples relatos, discursos y narraciones, todo en conjunto, lleva a la sociología a simple palabrería.

PRINCIPALES DIFERENCIAS

La sociología burguesa y la sociología marxista entonces, puede diferenciarse en los puntos clave que vamos a mencionar.

Orden social. –

La sociología burguesa nace durante el siglo XIX de la mano de Compte, pero se perfecciona y profesionaliza entre el último tercio e inicios del siglo XX, con Durkheim y Weber. Este contexto es determinante ya que, como la sociología se desarrolla fundamentalmente en Europa, un continente convulsionado por transformaciones sociales y políticas, el peligro del movimiento obrero en medio de las crisis económicas, significa que el científico social debe explicar estos fenómenos y determinar cuál es la sociedad adecuada a defender/criticar.

Es por esto que todas las corrientes dentro de la sociología burguesa buscan, ante todo, defender al capitalismo como la sociedad que se encuentra en el estado más evolucionado de la escala humana. Todo trabajo y obra intelectual del sociólogo burgués, se corresponde con este objetivo.

En consecuencia, los problemas desatados y analizados por el sociólogo, o bien no tienen una causa directa emanada del capitalismo, o bien sí lo tienen, pero su solución es particular. El sistema es perfectible pero no superable.

La sociología marxista plantea la problemática social desde una arista diferente. Estos provienen del sistema capitalista, lo cual implica leer la sociedad desde la segmentación clasista y la división del trabajo, la explotación y la acumulación capitalista. Estos problemas son insuperables dentro del capitalismo.

Como los problemas son insuperables, la solución para el sociólogo marxista se encuentra en la superación del capitalismo y la superación de la explotación del hombre por el hombre.

Clases sociales. –

La proposición de la sociología burguesa con relación a las clases sociales es que, o bien no existen como tal, y los conceptos correctos a utilizar son etnia, raza, las castas, las masas, las agrupaciones orgánicas, o bien se reconocen pero están supeditadas a las dinámicas de ascenso vertical o integración horizontal, lo cual de lleno anula las contradicciones expuestas por el marxismo –luchas de clases-. Por último, están quienes sí creen en la existencia de las clases sociales, y en un conflicto entre estas, pero que siempre se impone la clase más inteligente y preparada para gobernar y dominar la sociedad sobre el resto de clases subalternas, a las cuales, no les queda otra opción que aceptar esa ley social.

La sociología marxista en cambio cree no solo en las clases sociales y en la lucha entre estas, sino que además la existencia de esta oposición clasista no es algo que se pueda asumir como efecto de cuestiones subjetivas o elementos intelectuales como el grado de cultura dentro de la clase dominante, sino que es efecto de la propiedad sobre los medios de producción despojados a la fuerza tras la acumulación originaria, al resto de las clases sociales.

Élites nacionales. –

Según la corriente de sociología, esta postura puede variar pero en lo medular, para las corrientes burguesas hay un acuerdo en que la élite nacional de cada país, tiene un grado superior de cultura, información y estatus que le permite el deber y derecho de tener la potestad para ordenar el mundo. Se entiende entonces, que un régimen social será más ordenado si tiene una élite más responsable y diligente con su trabajo. A partir de esta perspectiva (que parte con Compte pero que se reafirma en la ciencia social con Weber), pueden existir órdenes sociales donde la élite padece de patologías o enfermedades que le impiden realizar un trabajo a la par de otras élites, lo cual conlleva como corolario, problemas sociales y conflicto interno.

Pareto, Mosca y Michels coinciden en su planteamiento sobre la existencia de la élite social. Ellos sostienen que la élite se compone de lo mejor de la sociedad, mientras que el resto lo compone el pueblo; esta élite está predispuesta a ganar los conflictos que tenga con su pueblo, el cual está predestinado a perder; la élite se renueva constantemente, cooptando a los mejores miembros del pueblo, incluso aquellos elementos partícipes de protestas y procesos revolucionarios.

Un aditivo para esta visión es que la élite forma parte del grado de avance que toda sociedad humana alcanza, esto significa que, a pesar de los orígenes sociales con órdenes horizontales, o el grado de organización que alcanzan las sociedades llegados a un punto, la élite nace para encabezar y encaminar el trayecto de la misma. Es por esto por lo que, la élite como constructo social, aunque no siempre haya existido, siempre existirá.

El marxismo en cambio plantea que si bien es cierto –coincidiendo también con su par burgués- la élite emerge tras un grado de evolución económica –esto es, desarrollo de las fuerzas productivas-, la élite no existe solo por tener un estatus superior al resto, ni por tener la potestad moral, jurídica y espiritual de llevar el la ley y el orden, sino que tiene el poder afincado en la posesión de los medios de producción capitalista. Bien, una vez que se tiene posesión sobre los mismos, cada élite se las ingenia para justificar moral y jurídicamente su estatus, la base de su poder está en la realidad económica.

Esto nos lleva a otra conclusión, y es que, a partir de lo anterior, la élite no es permanente, tanto en su forma como en su fondo, es dinámica en sus variaciones internas (algo que igualmente comprenden sociólogos burgueses), así como superable. Esto último se enlaza directamente con la lucha por conseguir un futuro en el que no existan clases sociales, con lo cual cualquier forma que posea la élite será desechable ipso facto.

La sociedad subalterna.-

He utilizado el concepto sociedad subalterna para referirme a todo aquel que no forma parte de la élite social en cada país. Aquí, podemos hablar del pueblo, las mayorías, la sociedad, ETC, pero queda claro que nos referimos a la sociedad que no tiene el poder para ejercer gobierno e influencia en el resto del país.

Ahora, si es complicado entender a la élite, mucho más enrevesado se hace entender a todo aquel que no nació ni forma parte de la élite. Llegados a este punto, la sociología burguesa como ya he mencionado busca o bien negar o minimizar la existencia de las clases sociales, es común de hecho en la actualidad, leer en sus estudios la conclusión “no existen las clases sociales”, o “ya no existen las clases sociales”. Frente a esto, la sociología prefiere usar otras categorías sociales como la raza, etnia, género o sexo, demostrando con ello que no todo se reduce a lo económico.

Entonces, para el sociólogo burgués, la sociedad es un caleidoscopio de diferentes colores raciales, etnias culturales, sexos y grupos etarios. Por supuesto entiende que el factor económico sigue teniendo un peso, aquí la división de la sociedad en quintiles y deciles es parte de su lenguaje, pero no se habla de clases sociales, más bien de estratos socioeconómicos, un artilugio discursivo para diluir el efecto que tiene la fragmentación clasista dentro del comportamiento social.

Al margen de la discusión acerca la primacía de la clase, el sexo, la raza, la edad o etnia, que ya he esbozado con anterioridad, deseo agotar la perspectiva marxista con respecto a esta cuestión, donde, la importancia de la clase social tiene que ver con factores objetivos mientras que las demás categorías tienen que ver con factores más bien subjetivos. Es decir, mientras las existencias de las clases sociales tienen relación directa con la estructura económica, la conformación dentro del restante de las categorías más bien se explica por elementos dentro de la superestructura.

Para el sociólogo marxista, la clase social nace en relación a un modo de producción determinado (en nuestro caso, el capitalista), y una posición determinada dentro de ese modo de producción. Aplicado dentro del capitalismo, tenemos dos clases sociales protagónicas, la capitalista, que tiene poder absoluto sobre los medios de producción, y la clase proletaria que no tiene poder alguno sobre estos, pero sí sobre su fuerza de trabajo, en consecuencia, esta última vende la fuerza de trabajo a la primera para poder solventarse. Además, entre ambas, existe una clase intermedia de pequeños burgueses representada por pequeñas y medianas empresas y profesionales independientes que pueden hacer uso de su fuerza de trabajo con mayor influencia que la clase obrera, así como miembros de Staff (intermedio) de empresas privadas, y funcionarios públicos del Estado. Esta jerarquización de clases sociales tiene su impacto directo y visible en la distribución de los ingresos salariales por quintiles y deciles, podemos ver que, en cada país, la clase proletaria ocupa los escalafones más básicos mientras se avanza hacia los escalafones superiores, donde, la clase capitalista ni siquiera es representada porque la división del ingreso no da cuenta de su real poder económico.

Al margen de lo anterior, existe también un sector de la población que ni tiene poder sobre los medios de producción, ni vive vendiendo su fuerza de trabajo al valor del mercado formal, sino que vive al margen de lo legal y socialmente aprobado, el llamado lumpenproletariat. Estos, en determinados momentos y lugares, recurren a la caridad y/o delincuencia para poder sobrevivir. Aquí nos encontramos con delincuentes comunes, vagabundos, mendigos, entre otros, una masa sin forma clara pero que cada sociedad los ve como excluidos y desaprueba su existencia (desaprobación que se puede dar bajo las formas de lástima o menosprecio).

Esto es objetivo, y dentro del capitalismo no puede ser de otra forma ya que, hay quienes deben vender su fuerza de trabajo y quienes buscan generar la plusvalía.

Raza, nación y etnia son para la sociología marxista, conceptos subjetivos, creados con un fin determinado.

La raza como concepto, justamente se origina durante el siglo XVI, en concordancia con el nacimiento del capitalismo y del sistema mundo moderno. El capitalismo, a diferencia de otros sistemas previos, en su intento por maximizar la ganancia y proveer de recursos para la acumulación, requiere de una libertad mayor en la movilidad de capitales, entendido esto como la movilización de recursos económicos (materia prima, medios de producción), y mano de obra, fuerza de trabajo. Esto trae aparejado un gran cambio en el orden socioespacial de las poblaciones. Podemos decir que hasta el siglo XV la homogeneidad entre grupos sociales era tónica más o menos común, ya que los grandes procesos migratorios a través de la historia se habían desarrollado en determinados momentos, y no eran constantes al menos en la magnitud actual, es el nacimiento del capitalismo lo que posibilita este cambio, y el ritmo de la migración se multiplica de década en década y siglo en siglo.

En este contexto, cada región dentro del sistema capitalista se vio envuelta en dinámicos procesos de intercambio demográfico, a la vez que se integran una división internacional del trabajo, donde, las regiones de África, Asia y América, ocupaban los puestos más básicos y de menor valor agregado de producción, con igualmente, una población de tez más oscura, esto llevó a que el sistema el racismo moderno, no significara la búsqueda por la expulsión absoluta de aquel que era diferente (no era necesario promover persecuciones como vivían durante la edad media los judíos), sino que la justificación de que estos individuos pertenecientes a una raza determinada, percibían ingresos inferiores que el resto.

En esencia lo que estamos percibiendo es un efecto propio a la modernización de la fuerza laboral. Se entiende que no es posible que toda la fuerza laboral perciba lo mismo, y el lenguaje racista así sea por debajo de la seriedad que entrega la ley, permita que importantes sectores de la población reciban menos ingresos que el resto de la clase trabajadora, incluso ingresos inferiores al mínimo.

En este sentido la sociología marxista entiende a la nación, como una construcción generada por la élite capitalista, para generar coherencia y validez a su proyecto político – estatal, consumando la idea nacional, se legitima el proyecto estatal de la élite. Generar una idea de nacionalismo provee de seguridad a cada élite, ya que, si esta idea no existe, puede generarse un conflicto interno que cuestione gravemente su poder, el punto es que la nación en esencia impone el universalismo de igualdad a todos los nacionales, ante ello el nacionalismo es un excelente complemento para contrarrestar los efectos disruptivos del racismo. Nación y raza son conceptos que juegan en una balanza para mantener al sistema en coherencia: se permite que exista una mestización dentro de la clase obrera, pero se justifica que aquellos considerados más oscuros, sean los que menos perciben y en peores condiciones viven. Obviamos en este sentido el fenómeno más radical que hemos visto durante procesos históricos determinados, como puede ser la convergencia del nacionalismo y el racismo hacia el mismo punto, donde la nación y la raza se entremezclan para discriminar abiertamente a grupos determinados del país en cuestión, como sucedió en la Alemania nazi o en el apartheid Sudafricano durante el pasado, o en Israel en la actualidad, pero estos fenómenos son dentro de todo, relativamente escasos en la dinámica general y susceptibles a un abanico de críticas.

La etnificación de la fuerza laboral requiere la necesidad de desarrollar un concepto adicional, el de la etnia. Aquí hablamos no solo de aspectos referidos al fenotipo de las personas, sino que culturales. Somos conscientes que, en países con elevadas tasas de inmigración, tiende a perder sentido el uso de la raza toda vez que, poblaciones inmigrantes con un aspecto muy similar al nacional tienen un ingreso y una calidad de vida inferior al local. Esto ha llevado a las élites a concebir que la raza no es lo único que explica comportamientos determinados, un musulmán sirio o libanés, por ejemplo, puede ser reconocido como caucásico, pero al ser éste perteneciente a una minoría étnica, posee unos cánones culturales y sociales diferentes que lo determinan a trabajar en los sectores más básicos de la sociedad. Musulmanes, cristianos, judíos, hispanos, árabes, paquistaníes, asiáticos o indígenas, son expuestos como miembros de colectivos con actitudes diferentes, casi predestinados a trabajar en áreas de baja remuneración, y muchas veces calificados como conflictivos al no tender a la integración. La etnia entonces, viene a funcionar como complemento a la raza para justificar este conflicto entre clases sociales.

¿Y qué hay de la mujer?

La mujer dentro de la clase proletaria vale como reproductora de la fuerza de trabajo, y mantención interna a la unidad familiar, ambas características son incompatibles como parte de la población ocupada, sin embargo, el sistema capitalista a diferencia de otros anteriores, la integra al engranaje económico en calidad de clase trabajadora. Esta situación lleva a que como parte de la dinámica en la explotación la mujer se vea en una disyuntiva entre trabajar, y abandonar su responsabilidad con la unidad familiar, o quedarse en el hogar evitando formar parte de la clase trabajadora. El sexismo moderno viene entonces a justificar esta delicada situación de la mujer, se justifica que o bien ganen menos que el resto, o bien se les dificulte el trabajar, pero si el sistema lo requiere, puede existir un grado mayor de participación económica toda vez que las necesidades reproductivas no son necesarias.

Esta disyuntiva la viven las mujeres de la clase trabajadora, no de la clase capitalistas (o pequeña burguesa) quienes, pueden evadir la doble responsabilidad acudiendo a medidas auxiliares como el uso de trabajadores de hogar.

En esta situación, las minorías sexuales también cuadran en la misma dinámica.

Seamos claros en una cosa, las minorías sexuales siempre han existido, y no son monopolio de la especie humana. Los comportamientos homosexuales se manifiestan en otros mamíferos dentro de nuestro planeta. El debate en torno a la causa que determina que un hombre o mujer sea homosexual no es de mi interés para este artìculo, eso cabe más en el campo de la antropología, biología y neurología, pero el hecho es que, dentro de la sociedad capitalista, el homosexual ha sido visto con desprecio y repulsión. Es necesario precisar aún más, los homosexuales no han sido discriminados siempre durante la historia, ni las religiones han puesto su foco en castigarlos, el enfoque sobre el homosexual como minoría perseguida y discriminada se debía a una realidad objetiva que preocupaba a las clases capitalistas: el homosexual no se reproduce, ergo el homosexual no sostiene a una familia. Es entonces, en esta situación de preocupación por la familia nuclear y heterosexual, que las manifestaciones homosexuales son perseguidas, esto, por cierto, no se inicia con el capitalismo, sino que más o menos desde la crisis del sistema esclavo y de las sociedades clásicas durante la antigüedad tardía

El siglo XIX vio recrudecer la hostilidad hacia la homosexualidad. Los problemas devenidos de las crisis sociales acaecidas en el seno de la sociedad capitalista y en medio de la clase trabajadora, llevaron a que la familia proletaria se tambaleara y peligrara en su continuidad. Es por esto por lo que el capitalista, con apoyo de las instituciones estatales y paraestatales establecieron una rígida doctrina familiar, social y moral que seguir, donde, la homosexualidad estaba lejos de cualquier norma aceptable, y es más, la discriminación trasciende puntos penales y se mezcla con aspectos médicos y científicos, pasando a considerarse por más de 100 años como una enfermedad digna de estudio, tratamiento y claustro médico.

El sexo y las minorías sexuales entonces existen y se configuran a partir de una necesidad objetiva de la clase explotadora, por proveer a la maquinaria económica de una fluida masa de trabajadores a quienes explotar. La unidad familiar debía poder ser sostenible, y esto significa que debía tener la capacidad de reproducirse a través de las generaciones. La mujer tenía un papel clave en este sentido, pero difuso dentro y fuera los límites familiares, mientras que el homosexual, al no tener un modo de vida que se adapte a esta unidad familiar, debía ser excluido de todo espacio público y privado.

Como apunte adicional, no estoy indicando que categorías como mujer-hombre, homosexual-heterosexual, negro-blanco, sean inventadas por, durante, con, y a través del capitalismo, lo que indico es que estas categorías asumen un sentido determinado directamente relacionado con la realidad materialista y clasista de esta estructura económica. Nuestra realidad nos entrega un sexo, fenotipo y sexualidad, esto no es un “invento”, lo que sí es una construcción es el sentido que le entregamos a estas categorías, un sentido que viene dado según la necesidad imperante del momento.

Unidad doméstica. –

La unidad doméstica, entendida bajo el lenguaje coloquial como familia, es igualmente un tema en que divergen los sociólogos burgueses de los marxistas.

La sociología burguesa entiende que la unidad familiar, forma parte de una construcción humana acorde con un comportamiento aprobado y aceptable. La familia monógama se corresponde con los valores a los que Durkheim tanto énfasis hizo mención. La importancia de la familia está puesta en su función al momento de sociabilizar a los individuos, impregnándolos con los valores necesarios para poder vivir en sociedad.

Para la sociología marxista, en cambio, la familia como unidad doméstica tiene su importancia en su capacidad para sostener y reproducir a la clase trabajadora. Aunque, todavía se llega más allá: la unidad doméstica tiene también la capacidad de mantener a los individuos con ingresos salariales todavía más bajos que el mínimo fisiológico.

Esto último sucede porque las unidades domésticas dentro de las sociedades capitalistas que están comenzando a modernizarse, pueden proveer a sus individuos con ingresos adicionales que no provienen del trabajo asalariado. Ingresos devenidos del trabajo autónomo – doméstico, el arrendamiento, actividades de subsistencia o transferencia forman parte de los ingresos extrasalariales que pueden ayudar a una unidad doméstica para sobrevivir incluso percibiendo ingresos bajo el mínimo fisiológico.

Estas unidades deben tener un tamaño intermedio entre 3 a 10 integrantes. Estas unidades no deben ser inferiores (pequeñas), ni más numerosas (unidades grandes), porque no le es rentable al capitalista. Una unidad pequeña no es reproducible en el tiempo, una mujer soltera y sin hijos, o una pareja que decide no tener hijos, o una pareja gay que no puede tener hijos, no asegura en el largo plazo la reproducción de la fuerza laboral, es por esto que desde que el individuo socializa, es inculcado con el objetivo de formar una familia, que no es otra cosa que tener hijos y proveer al sistema de fuerza de trabajo. Por otro lado, las unidades familiares numerosas, como los clanes y tribus (por ejemplo, como sucede hoy en día con muchos clanes gitanos o tribus indígenas), tienden a mantener microeconomías internas de casi autosubsistencia, lo cual en el largo plazo no es benéfico para el sistema capitalista. Detrás de esto, se encuentra la razón del porqué frecuentemente, conforme se modernizan las sociedades en el mundo, se impone un modelo único de familias, la familia monógama. Así, la poligamia fue penalizada en la mayoría de los países capitalistas, y aunque todavía haya países que la mantienen legalizada, solo se permite en la medida que el hombre puede mantener a más de una mujer mediante su ingreso salarial, lo cual no es otra cosa que una presión generada para evitar la poligamia dentro de la clase trabajadora, pero sí para la clase acomodada.

Conflictos sociales. –

Por último, tenemos que adentrarnos en la explicación sociológica sobre los conflictos sociales que se desatan en un respectivo contexto.

La sociología burguesa tiene una explicación un tanto superficial de estos fenómenos. Dentro de las corrientes burguesas, podemos diferenciar tres perspectivas que dan cuenta y explicación acerca el conflicto social.

La primera de estas explicaciones tiene que ver con que la sociedad es naturalmente armoniosa, por lo que las fricciones y conflictos derivados de la explotación y la opresión económica y social, son determinados y puntuales.

La segunda perspectiva, indica que, en esta sociedad armoniosa, los comportamientos de la economía juegan un papel menor siendo otros elementos los centrales. Así, la cultura, las comunicaciones, las normas, las posibilidades de ascenso social, representan ser un factor central que impulsa la sociedad en su comportamiento.

La tercera indica que hay pocas posibilidades de que el ser humano, en conjunto, intervenga dentro de los funcionamientos de la sociedad e innoven imponiendo otros objetivos y caminos, esto es, la acción social está enmarcada dentro de los límites de la funcionalidad social.

Lo anterior fue parte de las ideas generalizadas dentro de la sociología estadounidenses de mediados del siglo XX. Parsons y Merton en conjunto, dan cuenta de estas ideas en la que la sociedad tiene una operativa funcional, una capacidad como organismo de desintegrar las tensiones e integrar, a posteriori, los efectos en la dinámica expansiva del organismo.

Contrario a la propuesta burguesa, la sociología marxista entiende que el conflicto social es permanente en una sociedad dividida por las clases sociales. En nuestro caso, dentro de la sociedad capitalista existen siempre tensiones entre las diferentes clases sociales. Estas tensiones pueden adquirir formas superficiales y matizadas en diferentes pugnas menores, o bien pueden derivar en conflictos abiertos dependiendo de ciertas condiciones.

Esta visión es diametralmente opuesta a la burguesa ya que la sociedad no vive en armonía, el conflicto es permanente, y como organismo no tiene entre sus funciones eliminar este conflicto, sino que perpetuarlo. La explotación del hombre por el hombre es el origen de este conflicto.

El estallido de los conflictos se puede dar a raíz de coyunturas determinadas, para adquirir la forma de protestas y manifestaciones determinadas, donde la ideología central de la clase dominante pierde fuerza, como también puede tomar la forma de una manifestación revolucionaria directamente enfocada a terminar con la estructura o superestructura existente. Aquí pueden entrar a jugar las condiciones subjetivas, es decir, la consolidación de una vanguardia revolucionaria que tenga el respaldo una gran parte de las clases sociales, y tenga entre sus metas, la superación del régimen establecido. De todas formas, las manifestaciones políticas que puede tomar una sociedad, lo veremos en un apartado próximo.

El conflicto social a su vez puede adquirir forma de violencia sin una meta política clara, aunque a veces puede entremezclarse con movimientos con fines políticos, este tipo de problemas se desata entre los mismos habitantes de una sociedad respectiva. La violencia interna puede obtener muchas formas: delincuencia básica, delincuencia organizada, luchas internas como persecuciones, luchas internas y rivalidades de otros tipos, intolerancia y extremismos religiosos, políticos e ideológicos.

La lucha de clases es fundamental para entender lo anterior. La polarización de clases sociales puede, en determinados momentos, y dependiendo de condiciones subjetivas, provocar alza en una violencia interna a un pueblo o país determinado. Con condiciones objetivas entendamos elementos tales como desigualdad de ingresos, oportunidades o polarización en la calidad de vida, y con condiciones subjetivas entendamos el desarrollo de un pensamiento o una ideología subalterna, reactiva o proactiva que se opone a la ideología/falsa conciencia emanada por la élite.

Sociología vs marxismo

La oposición entre sociología burguesa y marxismo se puede desarrollar como se expone a continuación.

<<La preocupación por la alienación del trabajador industrial, el empeño de Comte y de Durkheim por establecer nuevas bases de consenso social en medio de los conflictos económicos y la diversidad de códigos morales, la preocupación de Weber por el mal necesario que supone la burocracia, todos esos son aspectos de una preocupación muy honda por el precio social y humano del progreso social>> J. H. Goldthorpe, Los padres fundadores de la ciencia social.

Aquí, el autor indica que los padres fundadores de la sociología poseen una serie de problemas fundamentales, pero en la misma mezcla conceptos irreconciliables como la alienación (marxista) con el consenso social y burocratización (burgués). La alienación (o enajenación) en términos simples, es la supeditación del valor de uso al valor de cambio dentro del capitalismo, y que se origina de la privación de los medios de producción pero que con el capitalismo se intensifica y que se traduce en diferentes consecuencias: i) respecto del producto de su trabajo, ii) respecto del acto del trabajo, iii) respecto de la naturaleza, iv) respecto de otros hombres. El consenso social, por otro lado es un viejo anhelo de la burguesía (o de su parte más progresista y reformista) que busca mantener la explotación capitalista mediante el consenso democrático, la paz cívica y el sacrificio colectivo. La burocratización nace de la necesidad de agilizar con efectividad tanto el consenso social en beneficio de la minoría propietaria de las fuerzas productivas, como la penetración del poder estatal, sobre todo el de la violencia, en todos los poros y rincones de la sociedad.

Ambos conceptos son irreconciliables. El marxismo ve en la desalienización una praxis revolucionaria mundial, la segunda, burguesa, ve en el consenso y burocratización como medidas destinadas a mantener el sistema capitalista. En otras palabras, el consenso social y la burocratización aumentan en la medida que la alienación se sostenga y se incremente. Es por esto que la sociología no puede ser científica si asume con normalidad ambas realidades. Una falla fundamental de la sociología burguesa.

<<Los más grandes sociólogos se han interesado apasionadamente por algunos problemas sociales, y han estado con frecuencia extremadamente comprometidos (pienso en Max Weber, Durkheim y Pareto) y esto puede influir en la importancia y en la emoción intelectual de sus obras. La cuestión consiste en saber si este compromiso se manifiesta con demasiada fuerza, no solamente en la selección de los temas de investigación, sino en la formación de conceptos y de modelos, que se convierten en tipos-ideales de una especie demasiado ideal, y en la conducta y presentación de sus investigaciones, que se hacen demasiado selectivas, demasiado bien protegidas contra el posible descubrimiento de ejemplos contrarios>> T.B. Bottomore, ¡Karl Marx: ¿Sociólogo o marxista?

En este artículo escrito el año 1966 Bottomore ve necesario advertir el excesivo subjetivismo en el que había caído la sociología, pero por el contrario en el mismo artículo, no ve un problema en que los tres sociólogos mencionados hayan sido activamente reaccionarios y conservadores hasta la médula, justo lo contrario a Marx. ¿Cómo puede introducir en una misma “ciencia sociológica” a dos métodos tan opuestos en la práctica social como, por un lado, el marxismo y, por otro, la mezcla de elitismo y el conservadurismo antisocialista? La respuesta es muy simple dentro del pensamiento sociológico burgués: el capitalismo ha cambiado y las palabras de Marx están desactualizadas.

Ya en 1964 P. Naville en su libro Marxismo y sociología hizo una crítica a los sociólogos oficialistas para quienes la “sociología no puede ser sino una ciencia objetiva, es decir, una ciencia que no toma partido en los conflictos sociales, sino que los estudia, los examina, trata de explicarlos, pero que se prohíbe toda toma de posición que pudiera tener efecto sobre el mismo análisis», y afirma luego que en las universidades reaparecen estudios sobre problemas y teorías sociales clásicas para los que el marxismo ya había dado respuestas válidas hacía tiempo, pero que ese redescubrimiento se produce «bajo una forma moderada, extremadamente tímida y débil (…) la sociología se presenta frecuentemente como un débil calco de atemperación de soluciones y problemas abordados en el movimiento socialista y, en particular, bajo la égida del marxismo, de manera mucho más profunda”.

La sociología burguesa durante la segunda mitad del siglo XX retrocedió a la matriz positivista, ¿a qué se debe esta tendencia regresiva? A su propia naturaleza como ciencia burguesa. Para que la sociología hubiera seguido avanzando creativamente hubiese tenido que aprender a usar como un todo el concepto fundamental marxista, cosa que se niega a hacer hasta el día de hoy.

Conclusión

Luego de haber analizado la tradición sociológica burguesa y la sociología en el materialismo histórico, queda concluir, ¿es realmente científica la sociología burguesa?

Decir que sí, implica asumir que sus criterios, categorías y diagnósticos se cumplen como cualquier otra ciencia, por ejemplo cuando yo digo que al calentar el agua esta aumenta su temperatura, estoy diciendo algo objetivo que tiene una aplicación concreta en nuestra realidad. Esta afirmación tiene sentido si la vemos desde un punto de vista lógico (algo + calor = algo con más calor) y empírico. ¿Hacia dónde llega la sociología burguesa? Pues según lo revisado, en realidad sus principales postulados se han adaptado conforme ha cambiado el contexto y con ello, la necesidad de dar respuesta a diferentes enfoques sociales. A fines del siglo XIX era necesario explicar la dinámica modernizadora de la economía, a mediados del siglo XX era necesario explicar la situación capitalista de la guerra y el colonialismo, tras esto el foco cambio hacia la explicación de un capitalismo en crisis y una sociedad altamente volátil. En cada etapa esta sociología creó conceptos, categorías y análisis que solo tenían sentido en dicho momento y se terminaban confrontando entre sí, ¿cómo es posible que una <<ciencia>> sostenga tal dinámica? Esto sería como si un día aceptamos la gravedad como ley, y tras 20 años decimos que esta no existe, así de profundo es el cuestionamiento que nos debemos hacer.

Y es que el problema de la sociología ortodoxa viene dado de su propia esencia ideológica de la burguesía dominante. Al negar conceptos claves como acumulación, enajenación, capital, clase dominante, conciencia de clase, división del trabajo, formación económico-social, ideología, modo de producción, dialéctica, entre otros, los sociólogos del mainstream deben crear su propio castillo conceptual que dé pie a una explicación tan completa de la realidad social como la entregada por Marx. Cuando niegan la acumulación, las clases sociales en constante conflicto y la división del trabajo, buscan explicar a la sociedad como un ente armónico y sin conflictos, o con conflictos pero de fácil superación al ser estos una parte funcional del sistema, generando en el acto una teoría en la que todo puede ser solucionado mediante la reforma interna del sistema tanto a nivel nacional como internacional, pero en este intento se niegan a prever conflictos sociales que están fuera de su marco analítico y que siempre -en su visión- llegan por sorpresa. Cuando niegan conceptos como el modo de producción y la formación económica-social, deben trabajar en su propia explicación del capitalismo, llegando a decir que el mismo no existe y que ha evolucionado con el fin de superarlo, pero como tal trabajo requiere un esfuerzo de proporciones magnánimas, son incapaces de coincidir en categorías y definiciones sostenibles, cayendo nuevamente en la nebulosa conceptual sin mayor sentido. Las limitaciones de esta ciencia entonces se traducen -como ya había indicado- en el excesivo subjetivismo.

Este subjetivismo es un grave problema porque lleva a que la gran mayoría de las teorías de los sociólogos no puedan ser sometidas a los principios básicos de la epistemología sin poder ser falsables ni reproductibles. Algunas teorías explican ciertos fenómenos, en ciertos momentos y lugares, pero luego en otro espacio tiempo caen en desuso y obsolescencia, esto es tan poco científico como decir “el rojo provoca un aumento de la tensión e irascibilidad”, luego si cotejamos esta afirmación con la realidad empírica vemos que en el primer sitio A sí ocurre pero en el segundo sitio B no, entonces la afirmación no cumple, sucede entonces que a veces el rojo influye y a veces no, por lo que seguimos en la nebulosa, si a veces ocurre, entonces puede ser que otros sean los factores, si son otros, la afirmación se invalida; bien, pues esto es lo que ha ocurrido con la sociología burguesa durante toda su historia, cada una de sus diferentes corrientes van intentado corregir los vacíos de la predecesora para en el intento, construir nuevos vacíos que sus sucesoras intentarán corregir, un círculo vicioso de nunca acabar, claro que su tónica común es la de cuestionar las bases del marxismo, pero este cuestionamiento es precisamente lo que las lleva a un límite del cual no pueden escapar. En el caso chileno, las diferentes manifestaciones desatadas durante los últimos 20 años no tienen cabida dentro de la lectura de los sociólogos ortodoxos quienes desde el más derechista hasta el más “progresista” asumen una misma posición de validez al sistema imperante (lo que significa eliminar las categorías marxistas de cualquier análisis), la diferencia entre ambos cae entonces en lo superficial -ya sean los valores, la distribución de la torta, Etc.-, es por eso que normalmente llegados a un punto se muestran satisfechos con ciertas reformas, y es por ese motivo que su discurso tiende a relativizar movimientos de menor fuerza y número, o en caso más extremo los criminalizan hasta que llega el punto que no pueden desconocer más el problema y lo asumen (como ha ocurrido con Eugenio Tironi y Patricio Navia). Este comportamiento muy dado la voltereta argumental es en el fondo un moralismo ideológico, no un planteamiento científico, es casi praxeológico (digo casi, porque si utilizan datos estadísticos y matemáticos adquieren algo más de sustancia y seriedad).

En la actualidad podemos revisar diferentes informes de ONG e institutos hablando sobre el incremento de las manifestaciones a nivel mundial preguntándose el porqué, pero cuando analizamos la realidad social mediante el materialismo histórico, el porqué no es una pregunta, ya que la respuesta la tenemos hace más de 150 años. La polarización y lucha de clases, la explotación, la dinámica del capital y su acumulación, la enajenación y la conciencia de clases, hace que nuestra sociedad capitalista sea constantemente un caldo de cultivo para el conflicto (precisamente lo contrario a lo que afirman las corrientes burguesas), por lo que la pregunta no es el porqué, sino el cuándo y dónde. Partiendo de esa base (científica, empírica y lógica), podemos entender que se van proliferando las luchas, huelgas, manifestaciones e incluso rebeliones: la acumulación se ha intensificado en muchos lugares del mundo, vinculado a lo anterior la explotación y polarización se han agudizado, y cientos de millones de trabajadores se encuentran sumergidos en una dinámica alienante del trabajo que los consume día a día, ¿a alguien le podría parecer sorprendente que haya manifestaciones y pugnas? Lógico está que a un sociólogo ortodoxo sí, pero es que según él la sociedad es armónica y existe un nivel de derechos que deberían evitar cualquier protesta, aseveraciones como “la pobreza se ha reducido de 40 a 20”, “ahora ya no hay analfabetos como hace 50 años” o “el salario ha aumentado un X por ciento” demuestran esa posición, a ellos les parece extraño que haya protestas en un país en crecimiento, pero es que aun cuando la población ha visto reducida su tasa de pobreza, eso no niega en absoluto que la explotación se haya incrementado por ejemplo, esto pues, forma parte esencial del capitalismo y como no ven estas leyes objetivas del sistema ya que directamente las niegan, son incapaces de adelantarse a todos fenómenos, por lo tanto, el único camino que les queda es trabajar temas puntuales, asesorando gobiernos, organismos estatales y empresarios en el cómo modificar patrones y generar imaginarios (allí sí han tenido un éxito sustancial pero muy localizado).



Categorías:Sociología

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