SÍNTESIS DE LAS CIENCIAS SOCIALES

Luego de lo ya señalado, debemos concluir que el materialismo histórico, aplicado en las ciencias sociales, significó un gran avance dentro de su desarrollo específicamente en la historia, sociología, economía y politología.

Dentro de la historia, el materialismo histórico aportó una teoría causal que integra la realidad objetiva económica dentro de la historia del ser humano, una teoría que se aplica en para el análisis transversal tanto cronológico como espacial. Esta teoría explicada como “motor de la historia”, representó un avance sustancial de la tradición positivista puramente descriptiva atenta a los sucesos documentados.

Por su parte, la sociología, el materialismo histórico aportó un axioma que, dentro de la cultura general de la sociología que llega a nuestros días, se mantiene, y, aun siendo secundario, es norma general dentro de esta ciencia social: todos los grupos sociales, contienen subgrupos que se escalonan según jerarquías y que entran en conflicto entre sí. Aunque esta norma básica, entendida por todo sociólogo, representa un mestizaje del marxismo, es una premisa de la mayoría de los sociólogos, la cual, reitero, se engendró desde el materialismo histórico.

La economía tuvo un importante desarrollo desde el materialismo histórico. Es cierto que la hegemonía dentro de esta ciencia social, terminó siendo acaparada por la síntesis neoclásica – keynesiana, el materialismo histórico ha sabido explicar los vacíos teóricos en una serie de puntos. El materialismo histórico representó a la economía, una profundización del estudio científico de la economía misma en la medida que fuera libre, desinteresada y desprejuiciada, a diferencia de la economía burguesa muy sujeta a los intereses de las élites sociales.

Finalmente, la ciencia política también recibió aportes del materialismo histórico: la caracterización clasista del Estado, la disyuntiva entre la democracia y el capitalismo, y la transitoriedad de todas las instituciones, forman parte de lo mencionado. El materialismo histórico, aplicado a la ciencia política, hace de su análisis, más certero al momento de explicar los procesos y acontecimientos acaecidos dentro de contextos determinados.

¿QUÉ TIPO DE CIENCIA SOCIAL DEBEMOS ESPERAR Y CONSTRUIR EN MIRAS HACIA UN SIGLO XXI INCIERTO?

Habiendo realizado un amplio barrido sobre las ciencias sociales y su convergencia hacia preceptos burgueses, de los cuales, muchos de ellos no tienen un basamento en el método científico, es nuestra tarea plantearnos el futuro que deseamos y esperamos de las ciencias sociales y como estas, pueden ayudar a contribuir en el desarrollo de la humanidad en su conjunto.

Propondré mi perspectiva enfocada en 5 puntos fundamentales que todo científico social debe plantearse: 1) Crítica sociopolítica, 2) Cuestión de la ética, 3) Objetividad dentro de la ciencia social, 4) Planteamientos de desarrollo futuro, 5) Trabajo político

Crítica sociopolítica como posición fundamental de todo científico social

El científico social, al estudiar científicamente las diferentes dimensiones de la humanidad, tiene dentro de sí una posición determinada que defender. Esto en la actualidad todavía es una cuestión que resulta ser un tanto áspera y de difícil defensa pública. La ciencia como conocimiento neutro sigue siendo una aspiración del economista, historiador o sociólogo, pero esto es una meta imposible, ya que el ser humano ante todo, es un ser que piensa y se socializa en un ambiente donde sus patrones morales se van configurando conforme avanza en su vida.

La crítica debe ser la base de toda aspiración científica. Una crítica inmanente con conocimiento de base. Una crítica válida, debe estar fundada en una estructura, una teoría del mundo que pueda ser empíricamente válido.

Es aquí donde la verdad científica como común denominador es lo que debe primar. De este modo, podemos diferenciar entre una crítica antojadiza, dominada de fobias, filias y prejuicios, de una crítica objetiva donde la verdad es el medio para enarbolar nuestro objetivo como científicos.

Las diferentes corrientes científicas chocan con este axioma al entrar en delicados temas políticos, la ciencia social burguesa opera buscando, a sabiendas o no, la justificación de un sistema que opera bajo la explotación del hombre por el hombre, mientras que dentro de las corrientes marxistas la tradición estalinista sigue muy vigente, lo cual impide el desarrollo de una correcta crítica.

Estamos en este momento, en condiciones de explicar por qué hay importantes sociólogos o historiadores que caen en la más absurda de las contradicciones criticando los golpes de Estado militares en Sudamérica durante los años 60 – 80, y por otra justificando regímenes opresivos y represivos de corte comunista con total naturalidad, y aunque no sea formal, en la práctica se repiten ideas como que “X no es cierto porque X fue mencionado por medios económicos de derecha, hegemónicos, y por ende, es falso”.

La crítica y el cuestionamiento siempre genera dolor y respuestas negativas, pero si la búsqueda del científico social es la verdad, esta verdad no debe estar cargad bajo elementos no científicos como la ideologización misma de la palabra.

En nuestro pensamiento, la posición crítica del científico puede adquirir tres formas:

1° Apologética ante el sistema vigente, donde, no existe una crítica, sino que una justificación permanente para con el sistema vigente. Esta justificación tiene como condimentos las mentiras, medio verdades, y falacias que apoya el discurso dominante, y esta excesiva justificación provoca la más ridícula de las contradicciones frente a la realidad.

2° Crítica acientífica sobre la sociedad, es decir, un cuestionamiento que, aun siendo permanente, no posee un basamento teórico científico, es más bien una crítica que yerra por lo infantil e inmadura. Este tipo de críticas se caracterizan por un comportamiento intransigente donde no hay espacio a la convivencia con verdades que pongan en entredicho su versión. Una versión poco conocida que podemos usar de ejemplo, es el socialismo utópico el cual, si bien no existe formalmente, mantiene sus ideas presentes en gran parte de la izquierda mundial. Este socialismo nos ha heredado una perspectiva completamente reacia a aceptar cualquier tipo de desarrollo emanado del sistema actual, teniendo que ir contra viento y marea para validar su posición inicial.

3° Crítica científica sobre la sociedad, y con científica, entendemos que la verdad debe estar cimentada sobre argumentos validados por su método. Por ello, tanto lo bueno como lo malo que tenemos, debe ser defendido y criticado a luz de la ciencia. El científico social entonces, no debe decir que todo el sistema es malo, o todo el sistema es bueno, ambas afirmaciones son intransigentes en forma y acientíficas en su fondo, en tanto que asumir que el sistema capitalista nos ha entregado elementos positivos y negativos, que debemos cuestionar o utilizar, es lo más crítico que se puede hacer en la actualidad.

El científico social entonces, debe ser un amante de la ciencia y de su objetivo resultado, la verdad. Esta verdad no tiene por qué caer bien a todos, lo cual nos lleva a entender que el científico social es un actor en la vida pública que no les agradará a todos, ya que perturba, molesta, y es peligroso ante las clases dominantes porque siembra las semillas de la duda por donde sea que camine.

Su posición crítica debe ser obligada dentro de su título, carnet y currículum, no puede negarlo, a diferencia del científico de la naturaleza quien puede sustraerse de esta responsabilidad.

Marx, desde lo más profundo de su obra, siempre indicó que la crítica de la sociedad debía formar parte del saber científico. El investigador no debe ocultar sus convicciones porque estas no le agradan al jefe, las instituciones o la opinión pública, y debe “seguir lo que nos dicta el estudio de los datos, y el razonamiento”.

Lisa y llanamente, ciencia y pensamiento crítico van de la mano, el resto hablamos de vileza, cobardía intelectual, o el calificativo que nos guste, pero no es ciencia.

LA ÉTICA

El científico no debe demostrar purismo y objetividad inanimada, debe comprender la sociedad y expresar una opinión llena de moral y ética.
En general los científicos sociales burgueses prefieren callar ante su ser político, “no debemos asumir presupuestos morales” es una afirmación común, “no es correcto tomar partido por un bando”, redunda constantemente dentro de su universo académico. Pero al igual que la crítica social, la ética forma parte íntegra en todo científico social, el punto a discutir es qué tipo de ética deseamos que se mantenga.

Desde nuestra apreciación, la ética debe fundarse en valores propios de nuestra era, sistema y mundo, estos valores deben ser la libertad e igualdad del humano. Ambos conceptos, creados dentro de nuestro sistema moderno, no deben ser asumidos bajo el mismo fondo conceptual que el presente dentro del discurso dominante, debemos ir más allá de las ataduras ideológicas corrientes.

La libertad debe ser entendida como una necesidad constante de todo ser humano para poder realizarse en todo nivel y dimensión de la vida. La libertad apadrinada por el sistema y sus ideólogos, es una libertad política cuya consumación ha sido posible en tanto el régimen capitalista así lo puede permitir en determinadas situaciones, como sucede dentro de la democracia burguesa. Sin embargo nuestro concepto de libertad debe ir enfocado a un punto político, social, económico y cultural, el ser humano debe ser libre no solo de coerciones políticas, también debe estarlo de coerciones económicas y sociales, y es en este aspecto en el que siempre nos encontraremos en conflictos, ya que nuestro sistema opera bajo la explotación, y no puede existir sin explotación, ergo la libertad no puede ser concebida dentro del sistema capitalista.

El ideólogo burgués siempre minimizará la situación social del ser humano, aduciendo que la libertad burguesa le provee de herramientas para superarse en el tiempo, lo cierto es que, por más herramientas que existan, la realidad objetiva está afirmada y construida sobre una red de relaciones sociales que tienen a una clase explotadora, numéricamente inferior, con la capacidad de explotar y generar ganancias de una clase trabajadora numéricamente mayoritaria. Esta realidad impide que el ser humano pueda autor realizarse.

La igualdad desde los ideólogos de la burguesía, tiene un horizonte similar a la libertad. Esta se entiende como una igualdad de oportunidades frente a un pasado de tradiciones concebidas como inamovibles. La igualdad entonces se entiende como una igualdad de oportunidades en un sistema político. Pero como ya hemos afirmado, un cambio en la superestructura no va a repercutir, necesariamente, en la estructura, la realidad es más bien a la inversa, y en nuestro sistema, la sociedad vive una polarización asumida como natural.

Nuestra posición, desde el marxismo, es que esta desigualdad intrínseca debe ser foco a superar desde toda arista. Solo superando la explotación del hombre por el hombre, se puede alcanzar una igualdad real, y a partir de esta, construir una nueva sociedad con todos los elementos positivos que podamos heredar del sistema en el que vivimos.

Ni la libertad, ni la igualdad se han alcanzado, ni se podrán construir si no superamos la explotación, esto es lo primordial. Libertad e igualdad van de la mano, no pueden superponerse una sobre otra, y el científico social debe tener a nuestro modo de ver, este horizonte planteado.

LA OBJETIVIDAD

La objetividad es un tema de debate continuo entre las diferentes corrientes de las ciencias sociales. La preocupación se centra en la posibilidad de alcanzar un grado de conocimiento sobre la realidad objetiva del ser humano.

Las ciencias sociales más nomotéticas, destacaron que el modelo de eliminar la subjetividad era mediante el uso de datos cuantitativos, herramientas matemáticas y la dureza de los datos tanto en mensurabilidad y comparabilidad, esto podría aplicarse con las ciencias que se aplican en el presente, pues la recolección de datos sobre el momento presente, es cuando el investigador más posibilidad tiene de verificar la calidad y validez de estos. Los historiadores ideográficos analizaron la perspectiva desde otro punto de vista, pronunciándose a favor del uso de fuentes directas, no intervenidas por intermediarios, y en favor de los datos con los cuales el investigador no se involucre personalmente. Esto significó que el enfoque estaba puesto en datos cualitativos sobre el pasado, en los que la riqueza del contexto podía llevar al investigador a comprender la plenitud de las motivaciones implicadas.

Desde luego, también emergieron corrientes que cuestionaban la posibilidad de acercarnos hacia cualquier modo de objetividad posible, una meta inalcanzable para un ser humano en tanto la comprensión del mundo se articula mediante el lenguaje, este lenguaje por su parte, al ser creación humana está cargado de subjetivismo, por tanto lo objetivo no se puede conocer. Este es el terreno del posmodernista, quienes en su versión más dogmática, insisten en la imposibilidad de avanzar hacia el conocimiento real de nuestra sociedad pues dentro de su planteamiento, en el fondo todo se resume a construcciones discursivas, es decir, la atención queda puesta sobre el elemento conceptual; esto es, las sociedades se forman por una nube, masa y contenido inmenso de conceptos y materia lingüística, estando cada nube estructurada por un juego de lenguaje, por pautas de interacción socio-lingüístico. En el fondo todo está enfocado en un juego de relatos, es por esto que la existencia de las clases sociales es negada, y en su lugar se estudia la realidad lingüística detrás de todos esos conceptos, deconstruyendo en el acto todo tipo de concepto objetivamente planteado.

Este acercamiento al subjetivismo, dirige nuestra discusión hacia otro campo de análisis, el respectivo a las normas socialmente aceptables. Hablamos de normas aceptables todas aquellas que la sociedad en su conjunto considera aprobadas y que en consecuencia, se pueden realizar sin miedo a una reprobación o reacción hostil. Si dentro de una sociedad, las relaciones sexuales (incluso consentidas) con menores de edad, el asesinato, el robo o la estafa son actos socialmente punibles, tenemos la convicción de que, existe una tendencia, dentro de cada sociedad con un grado de complejidad y desarrollo, de la existencia del bien y del mal, de lo aprobado y lo reprobado, de lo correcto e incorrecto. Sin embargo, también hay quienes cuestionan esta perspectiva en tanto, el bien y el mal es solo relativo, y todo dependerá de las apreciaciones personales de cada ser humano, de su educación y proceso de socialización con su entorno, es por esto que lo que una sociedad considera correcto, otra lo puede considerar incorrecto, y realmente ninguna estaría equivocada.

Dentro de las ciencias sociales, esta diferencia se enfoca entre etnocentristas y relativistas culturales, evolucionistas y particularistas. Dentro de los etnocentristas-evolucionistas, el planteamiento considera reglas generales y estados evolutivos sociales universales, por lo tanto lo bueno/correcto y malo/incorrecto se aplican para todas las sociedades, no hay entonces relativismo a considerar, existen entonces sociedades menos avanzadas, más corrompidas en sus valores y prácticas, por ejemplo: una sociedad prehispana acostumbrada a los sacrificios de infantes, estaría en un grado de avance social menor que una sociedad Europea con leyes que den protección a los menores de edad, los etnocentristas considerarían que su modo de organización es superior al resto del mundo; a su vez, dentro de los partidarios por la segunda corriente, nos encontramos con ideas tendientes a validar comportamientos toda vez representen un momento, lugar y una cultura determinada, no existen entonces, sociedades superiores a otras, las sociedades solo son diferentes entre sí.

Esta disyuntiva igualmente se aplica a comportamientos personales: un evolucionista considera al hombre moderno, imbuido de valores occidentales, estará en un grado superior de desarrollo que un hombre premoderno considerado más retrógrado, los relativistas estiman que ambos están en el mismo nivel pero condicionados bajo normas culturales diferentes, normas a la vez, cualitativamente válidas.

Desde nuestra perspectiva, la objetividad es alcanzable dentro de las ciencias sociales. Un grado de conocimiento es objetivo bajo condiciones determinadas que conduzcan al conocimiento más cercano al objeto que se busca conocer. En palabras simples: se acepta que la interpretación y la subjetividad personal es propia e inherente al ser humano, pero llegar a un grado de entendimiento sobre el objeto de estudio, al realismo, y a conceptos universalmente aceptados sí es posible.

Este realismo epistemológico según el materialismo histórico, es compatible con el conocimiento humano sobre el mundo que nos rodea, y la subjetividad de nuestros esquemas conceptuales, no elimina el externalismo del contenido mental. Este contenido real de nuestra sociedad y contexto, puede ser aproximado, pero a la vez fruto y objeto de discusiones y examen colectivo, por lo tanto, es perfectible, tal cual lo es el conocimiento generado dentro de las ciencias naturales. En otras palabras, nuestros conceptos como capital, explotación, clases sociales y capitalismo, son forma del fondo en la realidad humana, y a diferencia de lo que plantean en el fondo, muchos miembros de las variantes interpretativas, el lenguaje no crea realidad, es la realidad la que nos lleva a generar un lenguaje para entenderla. En un simplificado ejemplo: un genocidio no existe desde que entendemos y construimos el concepto del genocidio, este ya venía dándose milenios antes, es nuestra necesidad para entender al genocidio como una masacre cualitativamente más grave que otras, las que nos lleva a complejizar nuestro basamento discursivo.

Bajo esta misma línea, podemos barajar una serie de metas sociales a las que todos debemos llegar para garantizar igualdad, libertad, calidad y nivel de vida. No nos debemos dejar llevar por una visión infantil y subdesarrollada del relativismo cultural, ya que es objetivo que existen sociedades más avanzadas que otras, pero claramente, si afirmamos que es el materialismo histórico es nuestra visión filosófica que da sustento a nuestro trabajo, entonces debemos ser capaces de afirmar con evidencia, que toda sociedad puede alcanzar esas metas. De este modo podemos confirmar que una sociedad prehispana ubicada en Chile hacia el siglo XI, estaba varios niveles por detrás de las sociedades árabes durante la misma época, no podemos ni debemos relativizar esta situación, ya que ello nos puede llevar a conclusiones erradas según las cuales justifiquemos prácticas sociales no compatibles con nuestra propia visión de la evolución social a través de la historia.

Planteamientos de desarrollo futuro

El enfoque que las ciencias sociales deben tener en torno al desarrollo como concepto igualmente ha sido objeto de estudio. ¿Es necesario que todas las sociedades avancen? ¿O por el contrario se requiere que exista una armonía entre los diferentes modos de vida? Así mismo, ¿se puede avanzar mundialmente hacia un grado de desarrollo económico, o se debe privilegiar por un método para el buen vivir compatibilizado con la situación ecológica que se nos presenta?

El desarrollo del humano considerado como una tendencia evolutiva, significa que el enfoque está dado se encuentra principalmente en el crecimiento económico como modo para aumentar los medios de consumo en la población. Frente a esta proposición que en extremos casos resulta economicista, se encuentra la concepción del buen vivir, según la cual más allá del crecimiento económico, está la sustentabilidad de la vida y naturaleza, no del desarrollo, y cuestiona la idea del desarrollo lineal y universal, por lo tanto, según versiones por supuesto, se acepta la idea que no existen países más desarrollados que otros, ya que no acepta el antropocentrismo, y la calidad de vida y bienestar no viene dado por los bienes y servicios materiales. Esta postura se refuerza en el mundo a partir de las ideas de movimientos indígenas fuertemente manifestadas desde 1994 con el surgimiento del movimiento zapatista en México, estos movimientos afirman su objetivo en el control de los recursos naturales, con miras hacia el equilibrio ecológico.

Ambas ideas entran en conflicto cuando la discusión está en cómo desarrollar la sociedad mundial, ¿planteamos modelos de crecimiento económico? ¿O planteamos modelos de armonía ecológica?

Consideramos que no se puede sostener ninguna de ambas posturas de manera pura, ya que ambas contienen elementos incompatibles con el futuro; mantener una idea economicista basada en el crecimiento económico como primacía, puede derivar en inversiones dañinas y poco planificadas pensando en la armonía ecológica, a su vez, pretender que lo fundamental es mantener un balance en el medio ambiente como prioridad, significa minimizar el desarrollo económico socavando logros sociales tan necesarios como la reducción de la pobreza y la desnutrición. Es por esto que, dentro de las próximas décadas, la tarea fundamental de las ciencias sociales debe tener en su horizonte el desarrollo de las fuerzas productivas, pero este desarrollo no solo debe significar un incremento de la productividad medida como el Q de producción por persona, además debe considerar la tecnología y eficiencia productiva en el acto.

Se puede plantear un crecimiento en el futuro como método para solucionar los problemas sociales en el mundo, pero este crecimiento no será sostenible si, por ejemplo, mantenemos una base productiva como la que hoy existe; el crecimiento afincado en la extracción del petróleo no será sostenible en tanto este recurso es limitado y dañino para el planeta y todos los seres que viven en él. El desarrollo de las energías alternativas no convencionales entonces, puede significar un cruce entre ambas posiciones si es que nuestro planteamiento así lo busca.

Alternativas contrarias al crecimiento y a la sostenibilidad del planeta, podrían en el mediano – largo plazo, poner en riesgo nuestra supervivencia como sociedad mundial, es por esto que las ciencias sociales deben privilegiar por una postura en miras de ambos objetivos.

TRABAJO POLÍTICO

Por supuesto, una propuesta explicativa y analítica sobre el mundo, debe llevarnos obligatoriamente a una postura frente a la política actual, y al como manifestarnos de cara a cada uno de los problemas de preocupación social.

El problema es que nos encontramos en una disyuntiva, ¿qué tipo de trabajo político se debe fomentar dentro de las ciencias sociales? ¿No deberían los científicos sociales abstenerse de realizar un trabajo político? ¿Es el científico social entonces, un trabajador independiente de la política?

Las respuestas a estas preguntas dependerán en cierta medida, de cada científico social, pero al estar su trabajo enfocado en la sociedad en sus diferentes dimensiones, resulta virtualmente imposible que el trabajo de estos profesionales se mantenga totalmente separado de la política. En otras palabras, siempre tendrán una opinión formada en cada tema, y a la vez, dentro de sus diferentes contribuciones existirá un aporte a los temas de mayor relevancia política.

Pues bien, hasta aquí tenemos que contrastar las dos posiciones que puede tener un científico social: o bien apoya el régimen/sistema en el que vive, o bien no lo acepta. Si lo acepta, entonces su trabajo debe ir enfocado en apoyar al menos teóricamente, su postura. En cambio, si su postura es contestataria hacia el régimen en el que se encuentra inmerso.

Un científico social que busca otras alternativas, deberá enfocar su trabajo en dos niveles, el teórico y el práctico. En ambos aspectos, debe presentar un basamento para el trabajo político, ya sea desarrollando su trabajo, o participando directamente dentro de un movimiento político, su objetivo es lograr que la política dé avances a la clase social trabajadora.

En este nivel, el trabajo social debe enfocarse a su vez en perspectivas de corto y mediano-largo plazo. En el corto plazo, su enfoque debe buscar todo avance para la clase trabajadora y las clases subalternas, hechos como el incremento del poder de compra, la reducción de la desigualdad, o el incremento de las pensiones. Pero es en el mediano-largo plazo la búsqueda debe ir enfocada en los cambios estructurales que se gestan dentro del sistema, aquí el trabajo ¿hacia el socialismo? No puede ser reglamentarse de modo estricto, ya que muy posiblemente hablemos de un período sumamente caótico, pero lo importante es no perder el norte: la victoria debe estar en la clase explotada.

Lo anterior implica no creer en ilusiones, ante la necesidad de cambios, todo proyecto debe estar construido sobre la realidad que la ciencia nos presente, no se deben presentar metas ridículamente inalcanzables, hay que adaptarse al momento y lugar, y por supuesto, buscando una victoria progresiva de la clase subordinada. Cuando hablamos de no hacerse de ilusiones ni de metas inalcanzables, nos referimos directamente a no adoptar como propio, el discurso reformista del socialismo burgués: la victoria en el largo plazo no se dará mediante la reforma del sistema, sino que a través de una transformación estructural.

Recordemos que una premisa básica, es el desarrollo de las fuerzas productivas, solo cuando estas entren en conflicto con las relaciones de producción capitalistas, podremos avanzar hacia un sistema superior, pero hasta entonces, las propuestas y metas a conseguir no deben provocar falsas expectativas, ni el trabajo político debe apoyar proyectos de socialistas burgueses, los cuales, siempre tienden a jugar a favor de la clase explotadora…

…Y es que, en conclusión general de lo que hemos desarrollado a través de este artículo, asumimos lo que hemos establecido al inicio de éste, las ciencias sociales deben tener un marco científico claro tanto para explicar la realidad actual de la humanidad en todas sus dimensiones (social, económica y política), así como el pasado (historia), y el futuro tanto en el corto como en el mediano y largo plazo (a través del activismo político a través de la teoría como el trabajo). Tenemos la obligación, como científicos sociales, de ser lo más objetivos en nuestra búsqueda de la verdad, solo de ese modo podemos dar cuenta ante nuestros pares, de explicaciones y propuestas ante las diferentes problemáticas que se nos presentan, y por supuesto, debemos mantener una postura política clara y transparente, donde nuestra moral sirva de precedente ante cualquier tipo de lucha o activismo social, no vivimos ajenos a nuestro espacio y tiempo, somos conscientes de que existen cosas mejores que otras, no hay relativismo en ello, por lo que debemos mantener una postura coherente con los valores universales construidos por la sociedad, igualdad y libertad deben ser prioritarios en nuestro discurso y diario vivir. No debemos apoyar regímenes y sistemas que no privilegien la situación de la clase trabajadora, en el acto y realidad, ni debemos negar u ocultar nuestra crítica hacia la situación de las sociedades inmersas en esos regímenes.

Ahondaremos esto último en los próximos artículos sobre Venezuela, Chile y la situación en el mundo árabe musulmán.



Categorías:Economia, Historia, Política

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