Historia (Parte 2)

La historia como ciencia social, y según lo desarrollado, ve su nacimiento en el seno de la sociedad occidental del siglo XIX. ¿Por qué el siglo XIX marcó un hito en el desarrollo de la historia como ciencia? Porque si bien es cierto la historia desde hacía milenios se estudiaba, es tras este siglo que se introduce el método científico en su desarrollo.

La historiografía inicia un ascenso en un contexto sumamente efervescente de la Europa del siglo XIX, especialmente durante la “era de las revoluciones” (Hobsbawm), la consolidación de los Estados liberales y el ascenso de la burguesía moderna. El siglo XIX es el siglo de la historia (Augustin Thierry), esto explicado por la vital importancia política que cobró el discurso histórico en la conformación de una “historia nacional”.

Este ejercicio requirió de mucha energía, ya que hasta inicios del siglo XIX la historia además de un relato explicativo del pasado incluía en su seno una fuerte impronta idealista (Hegel, Kant, Heder y Fichte, principalmente), cuya perspectiva se basaba en el espíritu o alma colectiva de cada pueblo como motor de la historia. Esto no solo sugiere una fuerte impronta romanticista y abstracta.

En un primer momento, podemos encontrar el desarrollo de una historiografía de corte liberal muy presente en Francia, de esta destacan Francois Guizot, Agustín Thierry y Alexis de Tocqueville, entre otros. Esta historiografía no era ya una “historia filosófica” dieciochesca, y el mismo Thierry lo confirma al afirmar que la Revolución e implementación de un gobierno representativo habría llevado la «historia filosófica» a un terreno más decisivo como la «historia política» o institucional. Esta corriente mantenía una pretensión de globalidad, y reforzaba su idea de ser una ciencia, Guizot veía el trabajo del historiador como si fuera el de un médico, los hechos eran la anatomía de la historia con el fin de descubrir leyes generales. Esta corriente se centró en el estudio de la historia de las instituciones y hechos políticos, y además mantuvo un fuerte apego en la Revolución como punto de partida del análisis. La Revolución Francesa marcaba el final de una época que se remontaban al feudalismo y a la edad media, de donde se pensaba detectar el surgimiento de la burguesía o el “tercer estado”; continuaba con las monarquías absolutas y la reforma protestante; seguía con la revolución e instauración de la monarquía constitucional en Gran Bretaña en el siglo XVII; y culminaba con la Revolución de 1789, la Revolución entonces marcaba el fin del Antiguo Régimen e iniciaba una nueva era.

El prestigio de esta corriente muy imbricado e implicado con la Revolución francesa inicia su irresoluble decadencia tras 1848 debido al descrédito de la monarquía orleanista y la Segunda República Francesa. Sus obras ya no eran representativas, sino que excepciones y debían de competir con la fuerte historiografía profesional que emergía desde mediados del siglo XIX.

Empero, debemos de reconocer los aportes que perpetuaron a la posteridad. Por una parte consolidaron el concepto de “historia nacional”, lo que llevó a un estudio más intenso de las artes, costumbres, hechos económicos y literatura de un país, del mismo modo su pasión por la documentación de los historiadores liberales preparó el terreno para que el trabajo erudito acabara siendo plenamente reconocido, Thierry recorrió bibliotecas en busca de documentos originales para poder articular su estudio de historia medieval.

Esta corriente la podemos considerar como una transición entre un siglo XVIII y un siglo XIX moderno y científico.

Esta nueva etapa vino de la mano de la postura de Leopold Von Ranke, quien analizaba la historia como ciencia usando de base el texto y a los documentos para determinar su veracidad. En su trabajo, heredado por historiadores a posteriori, establece una diferencia con el pasado al determinar que el foco debe estar puesto en los hechos y acontecimientos políticos, con fuerte uso de la filología. En este aspecto, la historiografía no admite la aplicación de leyes universales, pues al limitarse a los sucesos políticos explicados por los documentos objetivos según su visión, no hay un común denominador aplicable en términos analíticos. El énfasis de esta historiografía estaba en escribir la historia como realmente fue, sin admitir una teoría de la historia, una historia con dominio de los hechos singulares, irrepetibles, sometidos a rigurosas normas de crítica de fuentes.

La visión de Ranke fue claramente innovadora desde esta perspectiva, pero debo admitir que no era científica desde un punto de vista que no encontró ni buscó leyes universales que dominasen este motor de la historia. En este aspecto Ranke consideraba la historiografía una “disciplina” pero no una ciencia social al estilo de los historiadores ilustrados y liberales capaces de enunciar “las leyes que gobiernan el mundo moral”.

El positivismo en su excesivo interés por los hechos, todos separados entre sí, y explicados por los individuos de la época, podía explicar en el corto plazo la generación de una revolución o guerra, pero esa explicación carecía de una causalidad orgánica con reglas universales. Por ejemplo, ¿por qué el imperio romano terminó sucumbiendo a la invasión de pueblos germanos? El historiador positivista mencionará cada uno de los hechos históricos hasta la caída del imperio, pero no se detendrá a una explicación analítica que dé origen a cada uno de esos hechos, la casualidad y el desorden pueden formar parte de un frío análisis, pero ambos, no formarán más que un azar de la historia y no parte de una regla general aplicable a las crisis terminales de otros imperios o Estados; según éste, los sucesos se dieron entre sí uno tras otro sin una dinámica macro, sucedieron porque sí. Cuanto mucho, habrá historiadores que encontrarán en el plano de las ideas (el idealismo que ya explicamos) el origen de estos sucesos, pero volvemos a caer en el mismo problema: ¿los romanos del siglo V se encontraban en términos morales en un nivel inferior que los romanos del siglo I? Si es así, ¿existe alguna forma de cuantificarlo? La respuesta es no, entonces, no estamos frente a una explicación científica, sino que metafísica-teológica.

Con todo, el gran aporte de la historiografía positivista fue la profesionalización de esta dentro del oficio del historiador. Una vez consolidada esta visión, se produce a inicios del siglo XX una transición hacia nuevas concepciones. Estas, por su relación con otras ciencias sociales o con determinadas tradiciones teóricas, comienzan a identificarse con expresiones como «historia social”, dando prioridad a temas económicos y sociales. Esto no implica que hacia el siglo XIX no hubiera intentos y trabajos de una historia más amplia que los hechos, pero la tónica general entonces, pero tanto la corriente liberal como positivista concibieron su visión alrededor de la importancia del relato de los personajes políticos, bien fuesen personas o instituciones.

En el seno mismo de la historiografía burguesa, durante la primera mitad del siglo XX, se ddesarrolla entonces la escuela francesa de los Annales, esta, reconocida internacionalmente en el mundo académico, aportó bastante y superó igualmente la visión del positivismo decimonónico.

Así como la escuela histórica alemana fue en el siglo pasado la corriente fundadora de la disciplina histórica y, por tanto, la que marcó las pautas a todas las demás; en el XX, la de mayores percusiones internacionales, ha sido la llamada escuela de Annales, que recibe el nombre de la revista francesa fundada en 1929 por Lucien Febvre y Marc Bloch, Anales de Historia económica y social, que en 1943 cambió el nombre por el actual: Anales. Economías. Sociedades, Civilizaciones.

El programa de Febvre y Bloch consistía en dos principios:

  1. Una historia de la civilización: una historia interdisciplinaria, especialmente con dos nacientes disciplinas universitarias: la Geografía Humana de Vidal de la Blache y la Sociología de E. Durkheim y su grupo
  2. Renovar la metodología histórica: hacerla coherente con el reconocimiento del valor “contemporáneo” del conocimiento histórico especialmente mediante el uso de dos recursos, por un lado la “historia problema” sustituyendo la “historia relato” o “historia historizante”; y el recurso a la comparación y al establecimiento de tipologías, que sobre todo Marc Bloch desarrolló siguiendo los planteamientos de Durkheim en La sociedad feudal (1939-1940), en esta obra trata a la sociedad feudal como un todo, y no solo como un fenómeno único, lo cual da pie a comparar el feudalismo europeo con el japonés a pesar de las distancias.

La consolidación de esta escuela vino de la mano de Fernand Braudel, discípulo de Febvre, quien actuaría como guía de toda esta corriente durante los años 50 y 60.

Lo que caracterizó su historiografía fue:

  1. La impronta de una historia económica en el sentido amplio, manteniendo distancia del marxismo, al cual a pesar de reconocer sus aportes, consideraban determinista, por lo que definían su propuesta como una historia de la civilización como posibilidad en el tiempo
  2. El intento por comprender la historia desde una perspectiva mundial
  3. La importancia de la Geohistoria, es decir, una historia cuyo transcurso es casi imperceptible y una historia en la que todo cambio es lento. Algo que más tarde llamaría “larga duración”.

De este modo, la escuela de los Annales aporta principalmente a la historiografía:

  1. La interdisciplinariedad
  2. Una renovada manera de observar el tiempo histórico
  • Una nueva visión sobre la historia mundial, superando los límites políticos

A Braudel no le interesaba la historia de las mentalidades, los métodos cuantitativos y además desconfió de la historia de los acontecimientos, no obstante lo anterior, en los «años Braudel» la escuela de Annales dio un gran impulso a la «historia cuantitativa». Efectivamente, fue Ernest Labrousse -que no se suele incluir en la escuela de Annales precisamente por ser un historiador marxista- el principal inspirador de los más importantes trabajos de la propia escuela en los años cincuenta y sesenta.

Ya hacia lis años 70 una vez que Braudel no lideraba el grupo decreció el interés de la escuela de Annales por la historia económica y cobró prioridad la “historia de las mentalidades”, historia cultural o sociología histórica. Esta nueva generación -o también llamada, tercera generación- disgrega su práctica historiográfica. Su interés viró en torno al acontecimiento, a la historia política renovada, a la historia de las mentalidades, a la historia de las representaciones y también a la llamada “historia total”.

Ya hacia los años 80 se considera que esta escuela entra en crisis y se comenta que ha entrado en declive.

La respuesta burguesa a partir de los años 70, fue simple y llanamente, retroceder a un punto anterior al desarrollo de la historia como ciencia. Se retorna a la narrativa, por una parte, y se reduce el marco de análisis y estudio hacia lo particular, por otro.

Uno de sus máximos ejemplares fue el posmodernismo.

Esta última, enfocó su estudio en una perspectiva muy cercana a la literatura, rechazando entonces a la historia como ciencia, relativizando la capacidad de conocer la naturaleza, esto porque el foco del estudio se encuentra en el análisis discursivo, lo cual está determinado por opiniones subjetivas, interpretaciones y actitudes, y como el conocimiento del mundo se enfoca en discursos y un contenido lingüístico creado por sujetos, es imposible conocer la naturaleza social. Esta corriente burguesa de historiografía llega a tal punto, que retrocede a la bibliografía en su campo más dinámico de estudio. Llevado al extremo, esta posición es incapaz de analizar la historia utilizando conceptos como genocidios o matanzas, pues si el concepto genocidio es un invento más bien actual, no sería posible aplicarlo en los estudios de la historia humana, este enjambre metodológico, se aplica a conceptos como el capitalismo, los modos de producción, etcétera.

De todas formas, y tal como lo indica Carlos Barros en su artículo Oficio de historiador, ¿nuevo paradigma o positivismo? Durante inicios del siglo XXI se identifican cuatro grandes corrientes historiográficas: 1) El retorno al viejo positivismo de Ranke, Langlois y Seignobos. 2) La continuidad de las nuevas historias de los años 60 y 70. 3) La historia posmoderna. 4) Los nuevos paradigmas historiográficos, donde se inscriben en lugar destacado los logros de Historia a Debate.

En consecuencia, la historiografía burguesa vendría a resumirse dividirse entre positivistas, las diferentes corrientes que derivan de los Annales (nuevas historias)

¿Qué aporta el materialismo histórico?

Dejaré de lado el enfoque descriptivo para enfocarme en el análisis del enfoque que el materialismo histórico aporta.

El materialismo histórico creó un andamiaje teórico según el cual, existía una relación entre los sucesos determinados que componían la historia del ser humano, y una regla general – desarrollo de las fuerzas productivas, lucha de clases y relaciones sociales de producción-, es aquí donde puede dar cabida a explicaciones sobre desarrollos históricos coincidentes en el universo del ser humano. La visión de Ranke, tan positivista en su momento, no era capaz de entender por qué en un momento determinado, dos civilizaciones separadas por un océano y miles de kilómetros entre sí, avanzaba a formas de desarrollo similares, o por qué, se manifestaban las revoluciones o guerras civiles.

El materialismo histórico encuentra en el desarrollo histórico, elementos que funcionan como común denominador, así, la caída del imperio romano se explica por el desgaste de su modelo de desarrollo económico, esto es, la estructura de relaciones sociales de producción. El esclavismo durante los últimos siglos vivió su declive y en ese proceso, el imperio al menos en su lado occidental sufrió rebeliones, crisis política y en su debilidad, invasiones que terminaron llevándolo al fin. Esta misma lectura se puede entender en el devenir de las civilizaciones de la historia humana, desde Noruega hasta Japón, desde las sociedades mapuche, hasta las mongolas y chinas, leyes que explican su historia, no obstante, la importancia de los hechos no se olvidan, los historiadores que se ciñen al materialismo histórico no son economicistas, sino que igualmente deben conocer el devenir de sucesos, pero la prioridad es el desarrollo de las fuerzas de producción, los sucesos importantes per se, no flotan en un vacío del azar universal, sino que se rigen por tales leyes.

De esta forma, podemos diferenciar la historiografía burguesa de la historiografía marxista a partir de los siguientes puntos:

  1. La historiografía burguesa tiene un enfoque marcadamente episódico y narrativo, es decir, el trayecto de la humanidad en su devenir está compuesto por diferentes episodios, capítulos y puntos que van trazando un camino determinado. La historiografía vista desde el materialismo histórico, en cambio, enfoca su análisis desde la base del desarrollo de las fuerzas productivas y la lucha de clases, la historia como ciencia social no tiene la separación marcada con la naturaleza que rodea al ser humano como sí planteaban sus contemporáneos, esto implica que explicar el comportamiento humano durante el pasar de los años, décadas y siglos, tiene una explicación entendida en relaciones con la naturaleza materializadas en la técnica, desarrollo, y todas las aplicaciones que se desprenden de esta vinculación.
  2. Una segunda diferencia importante estriba en que, para Marx, las esferas de construcciones culturales se expliquen por medio de sí mismas. No se reconoce en Marx, la inmanencia de los procesos dentro del universo de las ideas humanas, en cambio la historiografía burguesa considera que el desarrollo del arte, la filosofía, religión y otros aspectos del pensamiento humano, tienen un desarrollo al menos autónomo sino independiente de un motor intrínseco explicado por una ley inherente de la historia humana.
  3. En tercer lugar, la historiografía en Marx se diferencia de la burguesa en su concepción del mundo. Esto porque los últimos entienden de la historia mundial, un barrido sucinto del proceso histórico desde el comienzo de la historia humana en un trayecto lineal – ascendente. Marx difiere de esta perspectiva, y en sus estudios logra corroborar que los diferentes aspectos de la humanidad no avanzan con el mismo ritmo de desarrollo. Se logra concluir entonces, que puede haber etapas históricas donde existe un gran desarrollo del arte o el conocimiento jurídico a la par de un pobre desarrollo de la técnica productiva. Esto cuadra con el alto desarrollo de las artes griegas y romanas, en un contexto en el que el desarrollo de las fuerzas productivas se encontraba pobremente desarrolladas en medio de relaciones de producción esclavistas. Marx comprueba entonces, que el esquema lineal de escalones sucesivos no era satisfactorio.
  4. El sujeto histórico también entra en el área de las discrepancias. Mientras la historiografía burguesa pone su interés en la élite política, construyendo su trabajo alrededor de los líderes nacionales de cada país, circunscrito todo a las fronteras nacionales, la historiografía en Marx recuerda que la sociedad humana es un todo más complejo, no solo observa a las élites definidas como clases explotadoras, ya que también observa detenidamente el devenir de las clases explotadas, posibilitando de este modo el desarrollo de la historia social como fuente de trabajo dentro de generaciones que siguieron el método de Marx. Los límites fronterizos, por su parte, no se terminan en las demarcaciones fronterizas nacionales, ya que la historia en Marx debe ser leída en un cuadro geográfico mucho más amplio, muchas veces continentales e incluso mundiales, todo vinculado al desarrollo de las fuerzas productivas.

Antes de Marx y Engels, el paradigma dominante en la historia consideraba que esta se componía de puntos interdependientes que, en conjunto, conformaban una línea de avance con un comportamiento azaroso sin mayor explicación causal que la encontrada en el mundo de las ideas y la moral. No había una explicación general de estos, no existían tendencias generales regidas por “leyes”, entonces, al establecer que en el fondo todo el trasfondo histórico de la historia dependía del desarrollo de las fuerzas productivas, Marx y Engels sitúan el desarrollo de la historia sobre una base científica.

Este método científico nos permite entender la historia no como un trazado semiconectado de sucesos particulares, sino que como un proceso enlazado y conectado entre sí. Se explica como un proceso complejo que abarca en conjunto los niveles y dimensiones de economía, sociedad, política, artes, etc.

En este sentido, el mismo Marx fue muy claro en que las estas “leyes universales” no eliminan el libre albedrío de los seres humanos, ya que las relaciones entre los seres humanos y las condiciones objetivas dentro de un contexto determinado son mucho más complejas, estas últimas si bien es cierto, condicionan el comportamiento social durante el devenir de la historia, no lo determinan, pero en términos generales y a través del mediano y largo plazo, las tendencias se corresponden con estas leyes generales mencionadas. Es por esto que, en un momento determinado de la historia como veremos, puede haber individuos o actores políticos que no encajan con su contexto y ser reconocidos por la opinión popular como adelantados, atrasados o incomprendidos para su época, pero que no podrán revertir, adelantar o modificar estas tendencias generales.

El determinismo económico no es una apuesta de Marx/Engels, más bien es una tergiversación absurda y vulgar del materialismo histórico incluso impulsada por conocidos marxistas en el campo de la historiografía, mas no se corresponde con las ideas generales inicialmente planteadas por ambos autores.

Es por esto que se hace menester aclarar una serie de postulados generales dentro del materialismo histórico:

  1. El desarrollo de las fuerzas productivas es una tendencia general, pero no absoluta ni en todo el contexto geográfico, ni en términos cronológicos. Esto quiere decir que, a pesar de que se reconozca que a grosso modo las fuerzas productivas se desarrollan, puede haber momentos (que, por cierto, los hay, y los mismos marxistas los estudian) en que este desarrollo se estanca e incluso retroceden.
  2. La lucha de clases es de igual forma, es una ley general dentro de la historia del ser humano desde que estas existen, simplificando: una vez que el excedente social llegó a un punto que permitió la especialización y división de labores productivas y no productivas, se configura una oposición entre diferentes clases sociales, dentro de las cuales dos llevan el protagonismo representando a los explotadores y explotados. Estos intereses se contrastan a través de toda su vida, y desde luego, son irreconciliables. Hay momentos determinados en que esta lucha se enfría, pero sigue latente, y hay otros momentos en que esta confrontación se vuelve intensiva y visible al ojo de cualquier habitante.
  • El desarrollo de las fuerzas productivas condiciona una estructura económica determinada, esto es, relaciones sociales de producción. Estas a su vez se materializan, de modo visual, a través de la superestructura política-ideológica, religiosa, moral, científica, ETC. Entonces, una estructura económica, va a exponer un cuerpo legal, estatal y científico-filosófico particular, lo cual no significa que todo sea renovación de lo anterior, hay momentos determinados en que ciertos aspectos de la superestructura se cogen de etapas anteriores, ejemplo de ello es el cuerpo legal capitalista emulado del romano. Así, se entienden procesos de herencia y sincretismo cultural, las ideas no nacen de la nada.
  1. Cuando el desarrollo de las fuerzas de producción entra en conflicto con la estructura económica, se generan períodos de revolución social. En otras palabras, si el nivel tecnológico llega a un punto determinado en que su uso es desaprovechado a partir de relaciones de trabajo determinado, la dinámica histórica se encaminará hacia una transformación social hacia una estructura económica diferente. Esto fue lo que sucedió cuando se generó la transición feudalismo – capitalismo, o esclavismo – capitalismo. Es en estos momentos en que la lucha de clases se ve evidencia con mayor agudeza.
  2. Un período revolucionario puede desembocar en una estructura económica superior, como también puede terminar abortada o estancada, el resultado es mucho más amplio y complejo del explicado por ciertos científicos sociales.
  3. Como hay cambios, lo cual es tendencia general según lo explicado, esta nueva estructura se cimienta no en acuerdos sociales, sino que en la imposición forzada de una clase sobre otra. En este sentido, los historiadores marxistas a diferencia de los burgueses, son capaces de explicar que el origen de la propiedad privada burguesa tiene su génesis en una apropiación forzosa de los medios de producción: guerras, expropiaciones, matanzas, deportaciones masivas, son eventos que dan cuenta de este proceso, pero que la historiografía burguesa reduce a simples sucesos azarosos sin mayor análisis.

Como ya se ha mencionado, la escuela francesa de los Annales enriqueció el trabajo historiográfico en su momento, esto en el seno de una historiografía eminentemente burguesa, la cual a pesar de todo mantuvo interesantes coincidencias con el materialismo histórico: 1) la perspectiva en el estudio histórico en torno al largo plazo como tiempo histórico, 2) un enfoque materialista en el análisis del pasado, 3) un estilo crítico contra el pasado tradicional (positivista e historicista), 4) la explicación del pasado mirado bajo una confluencia e interacción de fuerzas sociales colectivas y estructuras, rechazando la visión reduccionista tradicional que se enfocaba en las élites políticas y en los sucesos militares, 5) un enfoque común para restituir la totalidad en funcionamiento del período estudiado, 6) predilección por el análisis como parte de las ciencias sociales, buscando así las relaciones explicativas que dieran respuesta a los fenómenos del pasado, crítica directa a los relatos de sucesos irrepetibles, o a las narraciones estilo “crónicas”.

Para ir resumiendo, a las diferentes escuelas historiográficas las podemos entender a partir de las preguntas básicas que se debe hacer todo historiador: Donde, cuando, quienes, por qué, cómo.

¿Dónde? Planteamiento básico de todo trabajo histórico, ¿dónde enfocar el estudio? Las corrientes positivistas enfocaban su estudio a los límites políticos nacionales, es decir desarrollaban una historia netamente estatal.

En la misma senda la historiografía postmoderna es todavía más reductiva en su enfoque, interesándose como ya se ha mencionado, en personajes, biografías y discursos.

La escuela marxista y francesa de los Annales por su parte, entendían que el espacio en la historia trasciende límites arbitrariamente construidos por el ser humano durante momentos determinados. La historia puede ser nacional, como regional o mundial. Los eventos, procesos y sobre todo las estructural avanzan, se accionan, perecen y renacen ignorando estos límites, ejemplo de ello son las revoluciones de 1848 en Europa, coyunturas que no pertenecían tan solo a una realidad nacional, sino que a una región completa. De la misma forma, los movimientos sociales que emergieron en occidente hacia el 2011 (los ocupas de Wall Street, indignados, estudiantes) ejercieron presión en diferentes países como España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Chile, los cuales, estaban muy separados entre sí bajo un punto de vista cronológico, pero que, sin embargo, respondían a factores idénticos y poseían un comportamiento, igualmente idéntico.

Las escuelas historiográficas burguesas tienden a enfocarse en los límites políticos y territoriales de las naciones, la escuela marxista y francesa de los Annales en cambio abarcan un espacio mayor entendiendo a la historia como humana y no solo nacional.

¿Cuándo? La respuesta a esta pregunta significa entender el tiempo dentro de la historia. La escuela positivista, considera que el tiempo histórico está dominado por eventos, y a estos hay que ceñirse casi sin interpretación y análisis.

El postmodernismo da un vuelco, olvida la importancia del historiador como científico social, y prefiere dedicar su tiempo y energía en elementos más propios a los del periodismo o lingüista.

La escuela marxista y la escuela francesa, el tiempo histórico no solo es representado por eventos, a los cuales se conoce como tiempo corto, sino que se agregan las coyunturas –tiempo medio- y las estructuras –tiempo largo-, todas estas, viajan en ritmos muy diferentes.

Si bien es cierto, Marx y Engels no se detuvieron a pensar ni a conceptualizar las diferencias entre los tiempos, ya habían desarrollado conceptos que los representaban, así, la revolución social que modifica estructuras, o la misma estructura económica, representaban bajo el lenguaje braudeliano, tiempos medios y largos.

La historia entendida solo desde los episodios es para estas escuelas, mero trabajo cronológico o periodístico, lo cual no le resta mérito académico, pero le resta a la historia como ciencia social, su importancia al momento de entender todas las variables importantes.

¿Quiénes? El historiador debe estudiar al ser humano, lo cual significa… ¿estudiar al humano como género? ¿Al humano como político? ¿Al humano como etnia? De igual forma, los positivistas estudiaban la clase dominante reflejada en el actuar político de presidentes, reyes y líderes, soslayando al resto de los sujetos, actores y agentes históricos. Curiosa coincidencia con el trabajo postmoderno en la actualidad generada de su excesivo interés por las biografías.

El marxismo coge a la historia y la estudia entendiendo la existencia de clases sociales que se contraponen entre sí. Los líderes políticos muchas veces representan los intereses de una de las clases políticas, pero es importante entender igualmente la historia del resto de las clases políticas, enfocándose en buena medida en la clase explotada más numerosa dentro del capitalismo, el llamado proletariado.

La escuela francesa interviene aportando una idea similar, es decir, el sujeto en la historia no solo se encuentra dentro de la política, la historia política es importante, pero no menos que la historia económica y social con la intervención de una metodología sustancialmente diferente. La obra de Braudel, El Mediterráneo, manifiesta este propósito al utilizar a la geografía dentro de su estudio, entendiéndola como un factor relevante que interviene en el comportamiento de la sociedad humana, y por supuesto, en su desenvolvimiento.

¿Por qué? El porqué es una significativa diferencia entre las escuelas de pensamiento, los positivistas y el resto de las escuelas burguesas, aunque no se planteen en profundidad un motor de la historia, tienen una apuesta al idealismo. Esto es, si bien enfocan su estudio en eventos políticos, protagonizados por políticos determinados, estos eventos tienen una última explicación en las mentalidades que llevan a que cada actor político-histórico actúe de tal forma. Puede haber diferencias dentro del planteamiento filosófico ante origen idealista de la historia, pero en definitiva el origen detrás de todo movimiento histórico, está en la mentalidad, en la cultura, en los paradigmas subjetivos.

La escuela francesa si bien no se enfoca en hechos, acontecimientos y personajes, tampoco tiene clara una teoría del motor histórico, siendo en este sentido muy ecléctica tal y como Febvre, Bloch y Braudel lo hicieron saber.

La escuela marxista, se adentra en el materialismo, es decir y como ya hemos mencionado, el origen último del devenir histórico se encuentra determinado por factores objetivos, materiales e incluso cuantitativos que se pueden representar con números y operaciones matemáticas.

Esta última afirmación podría resultar exagerada, pero el materialismo no debe ser entendido como un economicismo que opera mecánicamente, ya que hay que entender que al desarrollo material se le pueden escapar muchos eventos y comportamientos determinados, pero ya nos hemos referido a tales sucesos y actores. Un suceso idéntico puede generar resultados diferentes dependiendo de las condiciones materiales y las estructuras que ya hemos mencionado.

¿Cómo? Entender cómo se desenvuelve la historia, significa plantearse la existencia de leyes que rigen sobre la historia misma.

Si se lee la historia, como entienden las escuelas burguesas, la historia al ser una secuencia de eventos particulares que se explican solo por el evento anterior, y que no existen leyes que determinan la secuencia de dichos eventos, o bien todo se explica por ideas, es decir mediante un entrampado teórico basado en el subjetivismo, lo cual, en sí, carece de leyes objetivas capaces de abarcar la historia del ser humano en todo momento y lugar.

La escuela francesa con el pasar de las generaciones y su análisis del tiempo largo no logra generar leyes objetivas que dominen la historia.

El materialismo histórico en cambio, plantea leyes vinculada a conceptos arraigados en elementos objetivos dentro de la sociedad: lucha de clases, desarrollo de fuerzas productivas, estructura económica y modos de producción. La historia se mueve en torno a tales leyes científicas que, aunque generales, se corresponden a la realidad según esta perspectiva.

Aquí nos encontramos en una disyuntiva entre quienes entienden la historia como etapas regidas por leyes que se entienden solo al mirar el devenir del humano en el tiempo largo, o quienes entienden la historia como la secuencia de episodios explicados a lo sumo, por el subjetivismo del ser humano. La primera visión es desde luego científica, la segunda no, no hay leyes humanas, sucedió porque sí.

Aquí existe una diferencia fundamental entre la historiografía burguesa (de corriente liberal o conservadora) positivista, postmoderna o la mismísima escuela de los Annales, mientras una teoría de la historia se encontraba carente en su trabajo y principales postulados, la historiografía marxista interpreta la historia de la humanidad desde un punto de vista diferente, mucho más científico, basando en leyes científicas. Lo anterior significó, por ejemplo, en la historiografía británica, una de las más coherentes y prestigiosas aportaciones al estudio de la historia social y económica.

Vayamos a poner la teoría en contexto con un caso que a todos nos debería llamar la atención: el declive y crisis terminal del imperio romano (occidental).

Es de coincidencia generalizada que el imperio romano no cayó de la noche a la mañana, esto se derivó de un proceso que tomó al menos 3 siglos. Ante esto, la historiografía burguesa en sus diferentes variantes (premoderna, positivista e historicista), dio una explicación enfocada en un comportamiento natural según el cual los valores y las ideas van decayendo y la sociedad en su conjunto se desgasta hasta dar paso a nuevos órdenes y construcciones históricas.

En concordancia con esta corriente nos encontramos con historiadores como Edward Gibbon quien explica la decadencia romana como un declive de los valores republicanos, virtudes cívicas y la aparición del cristianismo como religión dominante. Tras una era denominada como racional, se inicia una época donde el triunfo de lo pagano y cristiano gana terreno llevando la irracionalidad a las cúpulas de poder. En esta misma línea tenemos a Jacob Burckhardt, quien explica la decadencia romana como un envejecimiento social que terminó desintegrando la sociedad clásica.

Según el materialismo histórico en cambio, las razones del declive estructural romano se deben encontrar en el foco del desarrollo de sus fuerzas productivas, la dinámica de las relaciones sociales de producción y la lucha de clases.

Debemos partir que la fuente de ingresos y ganancia, dentro del imperio, estaba fuertemente basada en la esclavitud. La configuración interna del imperio requería para alimentarse, un crecimiento constante y continuo en términos territoriales para poder proveer a su maquinaria económica de un ingente número de trabajadores. Misma situación se podía observar en la obtención de materias primas.

Es durante este constante proceso de crecimiento territorial, que la organización social y política del imperio se hizo más numerosa y compleja. Con el crecimiento la burocracia imperial se incrementó, y la sociedad urbana pudo sostener un nivel de vida que variaba dependiendo de la clase social, pero que resultaba ser bastante ostentoso para las clases más privilegiadas, los señores dueños de mano de obra esclava.

El problema con este sistema, es que era netamente extensivo, su crecimiento era alentado por expansiones militares, y no por innovaciones tecnológicas tendientes a incrementar la productividad. Esto es fácil de explicar, la fuerza laboral esclava, es de las más retrasadas ya que, aunque se pueda emplear bajo normas de seguridad casi inexistentes y presiones coercitivas enormes, no tienen un grado de instrucción y capacitación, además de motivación, que los lleve a hacer uso de recursos y medios de producción innovadores. Hechos que podemos usar para graficar esta situación, es que, llegado a un determinado momento, el desarrollo de las fuerzas productivas no era bien aprovechado por los agentes económicos, veremos que el desarrollo tecnológico ya conocido hacia los primeros siglos de nuestra era (como el molino), no pudieron ser empleados apropiadamente porque las relaciones de producción no estaban a la talla.

Esto significa que en el largo plazo, la historia romana podía ir bien siempre y cuando se pudiera expandir territorialmente, proveyendo a su economía de materia prima y trabajadores. Una vez esta dinámica se estanca, la tendencia se revierte. Esto fue lo que sucedió el año 117 después de Cristo, cuando se marca la estabilización de las fronteras romanas, suceso que no se dio por simple decisión o gusto, sino que la logística romana ya no iba a resistir próximas expansiones y estaba viendo sus límites en sectores determinados como al norte de la actual Gran Bretaña, al nororiente de Europa, y al sur del Sahara. Desde este momento, el flujo de esclavos se comenzó a reducir, y ya que la unidad interna de reproducción esclava no era capaz de mantener su número en el largo plazo, la tendencia fue encaminada al incremento de los precios, esto es: esclavos se hacen más costosos -> producción se hace más costosa -> valor de cambio de los productos intercambiados dentro del imperio entra en ascenso, de hecho, que el Estado comenzara a emitir más monedas con menor valor, es un efecto de este proceso.

El incremento del costo de producción redujo el porcentaje de la ganancia de la clase dominante, lo que llevó a una serie de medidas tomadas para menguar esta negativa coyuntura: se utiliza la red de puestos públicos como medios para obtener más riqueza, pero también se buscan nuevos sectores sociales para extraer un grado de ganancia. El incremento de la tasa de explotación, derivó en una lucha interna y en conflictos sociales dentro del seno de la sociedad romana.

Las medidas adoptadas por la clase dominante fueron:

– Incrementaron los impuestos sobre la clase de pequeños campesinos con propiedad

– Se instauró una normativa más compleja para evitar la libertad de movimiento de este campesinado. Constantino por ejemplo, penalizó todo movimiento de los campesinos y permitió que los terratenientes usaran medidas coercitivas para impedir dicho acto

– EL año 365 se prohibió a todo campesino a vender su propiedad sin autorización del terrateniente, para luego entregarle la potestad del impuesto a los coloni

– En 396 se prohibió a los colonos demandar a sus señores con contadas excepciones, donde el incremento de los impuestos por sobre la costumbre podría ser una de ellas.

– Se permitió el préstamo usurero bajo la pena de pérdida de tierras por parte de los antes campesinos libres

Los conflictos desatados no hicieron esperar, la lucha entre diferentes clases tomó la forma de baguadas y revueltas religiosas. Estamos entonces, en un período en que la clase dominante, en búsqueda por incrementar la tasa de explotación y ganancia, optó por explotar a la clase de campesinos libres, lo que llevó a una dinámica en que la lucha de clases tomó forma física y violenta.

Esta enorme crisis, cobró auge durante el siglo III, el Estado entraría en crisis y en un período de 50 años (entre Alejandro Severo y Dioclesiano), se contabilizan decenas de emperadores. Es esta crisis lo que debilita la fortaleza interna del Estado romano, llevando a que sean tan propensos a ataques externos. Tras siglos de incremento de poder de los terratenientes, el Estado perdió ingresos económicos y refuerzo militar, esto implicó que, en determinados momentos, la necesidad imperial de reclutar hombres para la guerra, como sería con germanos y persas, la opción acogida por los terratenientes sería la evasión y el patrocinium para sus colonos. Por ejemplo, en 397, Honori necesitaba reclutar a los coloni para luchar contra enemigos externos, tuvo que asumir la oposición del Senado, y permitir que los terratenientes en lugar de enviar a sus reclutas, pagaran 25 soldi por hombres.

Esta crisis llevó a que un Estado con la capacidad para reclutar a más de 250.000 hombres, fuera derrotado por pueblos que como mucho tenían una fuerza de 25 – 30.000 soldados.

La historiografía que sigue el materialismo histórico entonces, apuesta por el establecimiento de leyes universales en el desarrollo de la historia, estas leyes se pueden aplicar en todo momento y lugar y permiten que vacíos importantes dentro nuestro conocimiento, sean completados con apoyo a esta corriente. La historia no es solo una serie de hechos aislados entre sí, esta se compone de procesos que se explican por leyes generales que rigen la sociedad, creer lo contrario, y que la historia humana no se avanza según leyes claras, resulta ser totalmente ajeno a la ciencia.



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