Economía (parte 4)

Esta ciencia social al igual que el resto, en su nacimiento forja nuevas escuelas de pensamiento moderno que previamente no existían. Como ya analizamos, el conocimiento económico no era algo nuevo en la realidad humana, pero carecía de una metodología propiamente científica, y no se hallaba separada del resto de doctrinas. Las diferentes escuelas de pensamiento económico hasta el día de hoy, se encuentran fuertemente influenciadas por la corriente neoclásica, la cual, surge a partir de finales del siglo XIX, de todas formas, también extrae elementos de la corriente clásica.

El desarrollo de esta escuela tiene sus orígenes durante el temprano siglo XVIII, ya con Adam Smith en la palestra, representando la economía clásica, la cual dominó como se mencionó el mundo académico, hasta la segunda mitad del siglo XIX. Dentro de sus principales exponentes tenemos a Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill, entre otros. Por su parte, desde la segunda mitad del siglo XIX hasta entrado el SXX, se nos presenta la escuela de pensamiento neoclásica, la cual, tiene entre sus principales exponentes a Carl Menger, Jevons y Alfred Marshall.

Durante el siglo XX, se sumaron otras escuelas relevantes, pero los exponentes que mencionaré serán los de Keynes y sus seguidores a partir de la década de 1930, y la confluencia de los denominados neoliberales, una mezcolanza entre la escuela austriaca y de Chicago.

De todo, lo que tenemos hasta la fecha es una escuela ortodoxa y heterodoxa de economía que es una síntesis de neoclásicos y keynesianos, quienes representan la tradición burguesa en esta ciencia. Sin embargo, desde un principio, estos economistas burgueses mantienen una serie de errores que demuestran la incapacidad de ser calificada como científica en los siguientes puntos:

• Valor,

La síntesis neoclásica y keynesiana, explica el valor dentro de la economía, como fruto y originado de apreciaciones subjetivas, es decir, de las decisiones interpersonales en torno a un bien o servicio determinado, lo que, en definitiva, establece su precio en el mercado.

Así, dentro de esta postura, los factores claves que determinan el precio de nuestros bienes y objetos vienen dados de una demanda gravitante y fundamental, basada en apreciaciones subjetivas emanada de los actores económicos, es entonces la sociedad en virtud de su libre capacidad para decidir qué hacer con su dinero, la que determina qué bienes comprar con mayor interés que otros; por otra parte la oferta de estos bienes se limita a los costos para producir los cuales siempre van incrementándose porque para producirlos, se debe hacer uso de tecnología y materia prima limitada. Por tanto, según esta visión una empresa al producir más bienes, los producirá a un mayor costo, ignorando que puede existir una capacidad ociosa o mano de obra desempleada lo que puede facilitar el incremento de la producción sin un incremento de los costos relacionado.

Esta teoría del valor, es la dominante actualmente en el saber ortodoxo de la economía, y de aquí se desprenden el resto de los análisis macroeconómicos, donde la ganancia proviene de vender más caro, pero el problema es que la demanda tiene un límite objetivo, y es el ingreso total dentro de una economía, este ingreso viene dado por la producción (lo que no es más que la suma del excedente y los salarios, el excedente a su vez dividido entre los pagos y gastos, más la inversión capitalista), por ende, nunca podría haber una ganancia proveniente de la demanda; en términos simples, si un vendedor logra ofertar un producto con un precio por sobre su costo de producción, la ganancia no será más que la pérdida del comprador.

La teoría marxista del capital trabajo, en cambio, afirma que el valor de las mercancías producidas dentro de una economía determinada, se encuentra central y prioritariamente establecido por el tiempo de trabajo destinado a su producción con determinadas excepciones. Precisando, se reconocen dos partes del valor, dos dimensiones, caras de una misma moneda, el valor de uso y el valor de cambio. El primero, no es más que un interés subjetivo y requerido por la sociedad sobre un bien/servicio determinado, funciona prerrequisito fundamental para la producción de dichos bienes, el segundo es el valor expresado bajo los términos establecidos en el mercado, y es aquí donde la teoría del valor trabajo se aplica.

Para especificar las diferencias, retomaré lo que escribí hace un tiempo en este mismo sitio:

La TLV surge con la escuela clásica de economía, vale decir desde Adam Smith en adelante pasando por David Ricardo y finalmente Karl Marx, que aunque hubo otros exponentes, estos fueron los más representativos dentro de dicha escuela. Es decir estamos hablando de una teoría que tendría sus raíces en los años del siglo XVIII, más o menos unos 100 años antes de la aparición pública de Marx en las bibliotecas del mundo.
Por otra parte, la teoría de la utilidad marginal, o TUM de ahora en adelante define y designa el origen del precio de las mercancías en un valor subjetivo, personal y emocional de la sociedad individualizada hacia dicho producto económico. Este valor asignado tendría una relación de inversa proporcionalidad entre la cantidad del producto ofertado y la utilidad que dicha mercancía tiene para las personas, es decir, según esta teoría una mercancía “X” tiene “N” de utilidad para una sociedad, no obstante si esta mercancía se duplica en cantidad al año siguiente, la utilidad podrá aumentar pero no de modo proporcional sino que de manera decreciente, dicho de manera coloquial, entre más se tenga aquella mercancía, la utilidad crecerá pero de modo más lento a un punto en que dicho incremento sea marginal y finalmente negativo.

Dicho a través de los mismos ejemplos mostrados.

Inicialmente tenemos que: X = N (X mercancía es igual a N utilidad).

Al año siguiente tenemos que: 2X = 2N
Al siguiente año: 4X = 3.8N
Al siguiente año: 8X = 4N
Al siguiente: 16X = 4.1N
Al final: 32X = 4N.

Veamos, la utilidad fue aumentando, pero no aumentó en igual magnitud ni proporción que la cantidad del producto, la utilidad marginal entonces sería el incremento neto de esta utilidad: el primer año la utilidad marginal fue del 200%, al siguiente año la utilidad marginal se incrementó un 190%, luego el incremento un 105%, al siguiente año esta se incrementaría un 102.5%, pero durante el último año esta utilidad marginal caería un 2.4%. Es otras palabras ante una abundancia de cierta mercancía, la población tenderá a valorizar menos dicho producto a un nivel en que la utilidad comience a descender pues la satisfacción psicológica se ha completado a un punto en que ya resulta contraproducente seguir ofertando el mismo producto. Esta teoría se sostiene a partir de la paradoja del agua y los diamantes; el agua es más valiosa que los diamantes porque el agua es vital y básica para toda la vida humana a diferencia de los diamantes que son bienes suntuarios. Sin embargo, el agua es mucho más abundante en la Tierra ya que se calcula que dos tercios del globo están cubiertos por agua en tanto los diamantes son bienes escasos por lo que son mucho más valorados por la sociedad, resultado, el diamante tiene un valor superior que el agua. Es decir, hay tanta abundancia de agua en el planeta en comparación a los diamantes, que la utilidad marginal es comparativamente inferior, y es por eso que buena parte del mundo tiene acceso a agua potable pero no a una caja llena de diamantes.

Esta teoría se sostiene a su vez en la corriente económica neoclásica, que como bien indica su nombre, es posterior en rangos cronológicos a la corriente de economistas clásicos. Los principales exponentes de esta escuela son Jevons, Walras y posteriormente a Menger. El rango cronológico en el que esta escuela de pensamiento hace su aparición se da entre 1860-1870 fundamentalmente, extendiéndose hacia el siglo XX.

Entonces, fundamentalmente, la TLV establece que es el trabajo humano, y el tiempo aplicado en cada mercancía de modo objetivo lo que genera el precio, por eso es denominada teoría objetiva del valor pues se determina a partir de factores concretos y objetivos, mientras que la TUM establece que son las apreciaciones personales las que establecen el mismo, de ahí se denomina a esta teoría como la teoría subjetiva del valor al depender de factores netamente abstractos y subjetivos. Son, como se puede ver, dos posiciones diametralmente opuestas.

Ahondando más específicamente…

La teoría laboral del valor a su vez tiene las siguientes reglas y especificaciones:

Distingue entre el valor de uso y valor de cambio, el primero se refiere a la utilidad social que tiene cada mercancía (es decir, a la necesidad de una sociedad por tener dicho producto), el segundo es el precio con el cual se vende en el mercado. Lo fundamental de esto es que para que la TLV aplique a cabalidad, debe como prerrequisito existir valor de uso, por lo que, si no hay valor de uso, una mercancía determinada por más trabajo aplicado que tenga no podrá consumarse, es decir, habrá trabajo perdido.

La TLV solo funciona en un contexto de mercancías (bienes y servicios) reproducibles, o dicho en términos contemporáneos, en productos inmersos en la producción en cadena. Cuando en cambio, nos encontramos con productos que no son reproducibles (como cuadros de arte, por ejemplo), la TLV no aplica y solo la demanda establece el precio.

La competencia capitalista es fundamental para entender el funcionamiento de la TLV dentro de un marco capitalista. A saber, en un contexto de producción económica capitalista motivada por la ganancia, los precios de venta en el mercado no son iguales a los precios determinados por el valor trabajo, pero sí son proporcionales, ¿esto acaso no es una contradicción con lo que se ha dicho anteriormente? No, más bien es una precisión necesaria para entender la realidad de la economía capitalista. Bien, digamos que en una economía tenemos 3 ramas productivas diferentes (A,B y C), la primera rama tiene una tasa de ganancia de 10%, la segunda tiene una tasa de ganancia del 20% y la tercera tiene una tasa de ganancia del 30%. Ahora digamos que la rama A vende sus mercancías a un precio de $110, la rama B la vende a un precio de $120, y la rama C la vende a $130. ¿Por qué es importante la competencia? Porque en virtud de la misma, los capitales tenderán a invertir en aquella rama en la cual la tasa de ganancia sea superior. Mírese que si promediamos las tasas de ganancias entonces tendremos una cifra del 20% como tasa de ganancia nacional promediada. ¿Qué pasa entonces? Los capitales tenderán a invertir en las ramas más rentables, es decir en C, donde la tasa de ganancia es superior al resto de las ramas, en cambio en la rama A, donde la tasa de ganancia es inferior al promedio, la inversión dejará de fluir en igual magnitud que en el resto de las ramas. En consecuencia, y en un marco de libre competencia capitalista, las tasas de ganancias tienden a igualarse, así, la tasa de ganancia de la rama C tenderá de 30% a 20%, ¿por qué? Porque con mayor inversión y competencia en esa rama, mayor productividad y oferta, lo que reduciría los precios, en cambio en la rama A, donde los capitales ya no fluyen con la misma fuerza, la tasa de ganancia tenderá a elevarse del 10% al 20%, ¿por qué? Porque a menor competencia e inversión, menor productividad y oferta, lo que llevará al incremento de los precios. En otras palabras, en un contexto capitalista con ganancias, los precios de venta no son iguales a los precios determinados por el valor trabajo, pero sí están condicionados y determinados por estos; el valor trabajo funciona como un centro de gravedad donde giran los precios de venta.

Muy relacionado con lo anterior, la TLV también establece que la oferta y demanda generan variaciones dentro de los precios de una economía, mas no generan precios, solo los modifican coyunturalmente. Volvamos a un ejemplo práctico, si en una economía se ofertan dos productos cada uno a un valor de 1$ (pues el valor trabajo es el mismo), se ofertan 5 productos A y 5 productos B, por lo que la demanda agregada en toda la economía es de $10. Digamos que el primer producto, por determinadas circunstancias adquiere más demanda que el segundo, el producto A ahora es demandado en 6 unidades, ¿qué pasa con el producto B? Pues que, en lugar de verse demandado en 5 unidades, se verá demandado en 4. En promedio el valor es exactamente el mismo, pero la demanda ha generado una variación coyuntural que con el tiempo tenderá a igualarse. Coyunturalmente el valor de A se verá incrementado mientras el valor de B caerá, pero esto es solo coyuntural, en promedio el valor trabajo es exactamente el mismo.

Por otro lado, la teoría de utilidad marginal tiene como reglas y especificaciones:

La demanda es fundamental para determinar los precios, ya que es esta la única determinante de los mismos según los principales autores neoclásicos como Jevons y Menger. Por lo tanto el valor se origina en apreciaciones subjetivas de los agentes económicos. Esta curva de demanda solo puede tener una pendiente negativa, lo que significa que a menor precio mayor demanda y viceversa.

La oferta según los neoclásicos siempre tiene una pendiente positiva, esto significa que la oferta de bienes no puede ser incrementada sin un aumento de los costos dado que los factores de producción son escasos. Según esta perspectiva el mercado estaría dominado por una relación objetiva como la existente en una subasta, donde la oferta es limitada y son los intereses, gustos y apreciaciones subjetivas quienes generan una demanda y establecen el precio. Capacidad ociosa en una empresa o mano de obra desempleada que pueda llevar a un incremento constante de la oferta sin un incremento de los costos es algo que no se puede concebir según esta teoría.

Ambas curvas son independientes y no interdependientes entre sí. Es decir, la curva de demanda se fundamenta únicamente en los gustos personales de la sociedad. Mientras que la curva de oferta se fundamenta en los factores productivos que son escasos.

Por lo tanto, según esta perspectiva, donde ambas curvas son independientes, un cambio o variación de una no provocará una variación en la otra curva, sino que solo un cambio en los precios.

oferta y demanda

Por último, vale la pena aclarar que, según esta perspectiva, los factores productivos (tierra, capital y trabajo) se remuneran según su productividad marginal. La producción es igual a la productividad del capital y del trabado (Q = f [K,L]). El salario es igual a la productividad marginal del trabajo, mientras que el capital lo es en cuanto a la productividad marginal física del capital, lo que es lo mismo que la tasa de interés, es decir, y según la teoría, la productividad del capital y del trabajo es remunerada absolutamente. Esto implica a su vez que, según la teoría neoclásica, a mayor capital invertido menor tasa de interés.

Problemas más evidentes vistos en la TUM

Esta teoría, a pesar de tener una serie de problemas para asentarse en la realidad, sigue siendo el centro de toda explicación en los manuales de micro y macroeconomía en los cursos universitarios

Si el capital es igual a su productividad física, entonces se debe determinar su productividad física para determinar a su vez su precio. Pero para determinar la productividad física del capital cuando estamos frente a diferentes productos (por ejemplo electricidad y hierro) se debe sí o sí homogeneizar dicha producción a través del precio, pero para hacer tal cosa se debe conocer la escasez y demanda del capital mismo, para lo cual se requiere conocer la tasa de interés, pero a la vez para conocer la tasa de interés se debe conocer la productividad marginal del capital, por lo que nos encontramos en un razonamiento circular sin horizonte.

Si el salario es igual a la productividad marginal, y esta se modifica con el nivel de empleo existente, se requiere conocer el nivel de empleo para determinarlo, pero para esto se requiere el nivel de producción, y para conocer el nivel de producción es menester conocer la demanda, la cual a su vez depende del ingreso, el cual depende del salario real. Una vez más nos encontramos en un razonamiento circular sin una lógica consecuente detrás.

En relación a lo anteriormente mencionado, nadie en el mercado, ningún empleador ni capitalista, calcula la productividad marginal del trabajo al momento de establecer los niveles salariales que pagará a sus trabajadores. En realidad, lo que hacen los capitalistas es ofrecer un salario vinculado a la relación de fuerzas entre los ellos y los trabajadores en un determinado momento histórico, si la relación es favorable para los trabajadores, los salarios tenderán a ser más altos, y viceversa.

Con respecto a la curva de demanda, prácticamente es imposible objetivar los millones de apreciaciones subjetivas que giran en el mundo entre sus habitantes, y las mercancías que ahí existen. En realidad, la curva de demanda no tiene relación con estudios empíricos a través del tiempo, sino que a observaciones específicas en un momento dado. Las sucesivas variaciones dentro de la demanda no tienen una explicación científica dada de estudios a través de las décadas de observación, más bien todos los ejemplos que suelen citar los economistas neoclásicos y partidarios de esta teoría, son de carácter coyuntural y particular. No existe modo para que millones de apreciaciones subjetivas se cuantifiquen de manera científica ni hay evidencia empírica que demuestre cómo se cuantifica apreciaciones subjetivas de miles de millones de habitantes, esto sucede porque cuando los precios se determinan directamente en función de la demanda, no hay ley económica imperante.

La curva de oferta, por otro lado, se determina como ascendente en tanto siempre un incremento de la producción significa un incremento de los precios pues los factores productivos son escasos. Sin embargo, ¿qué sucede si las empresas aumentan el stock de máquinas, capacitan la mano de obra y en definitiva elevan la productividad de la economía? Pues que la curva de oferta ya no es ascendente, sino que horizontal, y en tal caso todo el andamiaje teórico neoclásico se derrumba pues en una economía en la que la curva de oferta sea horizontal la demanda no puede fijar precios y estos se acercarán a los costos de producción.

Entonces, dentro del sistema capitalista lo fundamental es que la curva de oferta no es ascendente, sino que horizontal. Parte de la competencia capitalista radica en que esta se desata a través de los precios a la baja incentivando la productividad dentro de cada rama. Según la teoría neoclásica los capitalistas no pueden reproducir su producción a la vez que reducen los costos, pero la evidencia empírica demuestra que, durante los ciclos de alza económica, los capitalistas son capaces de elevar su producción económica reduciendo costos y luchando por vender los bienes o servicios a precio más competitivos. Así, la teoría neoclásica contrastada con la realidad no tiene asidero alguno.

Finalmente debo de agregar que el obstáculo más grave que tiene esta teoría para aplicarse en la realidad está en la ganancia capitalista. ¿De dónde viene la ganancia? La explicación neoclásica asume que los costos son remunerados según la productividad del trabajo y el capital (L,K), el precio de venta en tanto, debe ser superior a este costo y de la diferencia sale el beneficio (ganancia) del empresario (capitalista). Pero, insisto en la pregunta, ¿de dónde viene la ganancia? Si el economista neoclásico reitera que proviene de la diferencia entre el precio de producción y el precio de venta tiene que explicar la siguiente cuestión: la demanda tiene un límite objetivo, el ingreso total económico dentro de una sociedad, este ingreso a su vez tiene un límite objetivo, la producción económica dentro de una sociedad. Veámoslo de modo más didáctico, digamos que en una economía la productividad del trabajo y la productividad del capital suman un output de 100 divididos en igual proporción, ambos como dice la teoría neoclásica serán remunerados a partir de su productividad, entonces, ¿de cuánto será la demanda? Simple, de 100, la demanda está determinada por la misma remuneración de los factores en toda la economía. ¿De dónde viene la ganancia? Misterio absoluto, el economista neoclásico no tiene respuesta ante esta pregunta, es más, si se piensa que todos los capitalistas deciden comprar barato y vender caro nadie podría realizar la ganancia pues sería una suma de cero.

La razón fundamental de este último problema se encuentra en el dilema de dónde se origina el valor agregado que se suma en la economía, o es en la producción, o es en el comercio. Si es en el comercio, como afirman los neoclásicos, es imposible la ganancia en conjunto, por ejemplo hay dos personas que intercambian dos mercancías mutuamente a $5 cada uno durante un determinado momento, si al día siguiente estos dos individuos vuelven a intercambiar las mismas mercancías pero ahora uno de ellos lo vende a un precio mayor, digamos a $6, en tal caso su ganancia no implica un incremento generalizado de la economía, más bien es una pérdida del otro individuo. Un resultado neto que no muestra ninguna variación pues mientras el primer sujeto gana $6, el segundo individuo pierde $1, los $10 de la economía se mantienen intactos.

Planteamiento teórico de la TLV, contraste con la realidad

La TLV puede demostrarse teóricamente a través de las siguientes premisas

PxQ = PIB
Productividad laboral = PIB/ N° Trabajadores.
N° de horas trabajadas x productividad laboral = Q (producción)
PQ/V = M
PIB/N° Horas = precio del producto promedio.
Horas trabajadas en total/producción física = tiempo de trabajo necesario.
Donde P es precio, Q es producción física, V es velocidad de circulación monetaria y M es masa monetaria.

Bien, ahora digamos que en una economía tenemos 8 personas, en total trabajan 10 horas produciendo 10 sillas en total. Dentro de la economía existe una masa monetaria de $4 y una velocidad de rotación de 5.

¿Cuál será el valor promedio de la silla en esta economía? ¿Cuál será el tiempo objetivo dedicado a la producción de sillas? Solo basta sacar cuentas.

PQ/V = M
Px10/5 = 4
Px10 = 4×5
Px10 = 20
P = 20/10
P = 2

Entonces el PIB dentro de nuestra economía es de $20. El precio de nuestro único producto, las sillas, es de $2. Ahora, ¿cuál es el tiempo de producción objetivamente necesario para producir las mismas? Cada silla requiere de 1 Hr. de trabajo para su producción.

Pues bien, ahora digamos que en esta economía la productividad, por incentivo tecnológico, se duplica produciéndose 20 sillas en el mismo tiempo de trabajo. El primer cambio que tendremos es que el tiempo de trabajo necesario para producir cada silla disminuirá a la mitad, por lo que 10/20 tenemos un tiempo de trabajo necesario de 30 minutos. Ahora, ¿y el precio? Por lógica si ahora el tiempo de trabajo es la mitad, el precio también se reduciría una mitad, pero podríamos volver a mirarlo de la misma forma que anteriormente.

PQ/V = M
20P/5 = 4
20P = 4×5
20P = 20
P = 20/20
P = 1

Un incremento de la productividad al doble ha llevado que el precio del producto se reduzca a la mitad pues el tiempo de producción se ha reducido igualmente a la mitad. Esto, como he dicho, comprobado teóricamente en un ejemplo hipotético ad hoc para este caso.

Ahora digamos que tenemos una economía vecina con las mismas características exceptuando la producción misma, la cual es de 3 televisores. Siguiendo el cálculo anterior podemos sacar como conclusión que el tiempo de trabajo necesario es de 3 Hr. con 20 minutos, mientras que el precio de cada producto es de $6.6, proporcionalmente la producción de cada televisor en tiempo de trabajo es 3 veces la producción de sillas en nuestro primer ejemplo a la vez que, de igual forma, el precio del producto es de 3 veces superior que el de las sillas en el primer ejemplo.

Como se puede observar entonces, la TLV tiene una clara explicación desde un aspecto teórico a diferencia de la TUM, sin embargo esta no aparece ni es mencionada en los manuales ortodoxos de economía más extendidos alrededor del globo.

• Inversión, ahorro y consumo,

La síntesis neoclásica keynesiana tiene sus postulados establecidos a partir del siguiente marco teórico.

El neoclásico afirma que existe la siguiente secuencia: el ingreso dentro de una economía, en un período determinado, está basado en la ley de Say, según la cual toda oferta genera su demanda, de este ingreso se deriva el consumo y el ahorro, el ahorro a su vez, genera de modo mecánico inversión, por lo cual, para el neoclásico, es la decisión de ahorrar, lo que permite la inversión y esta inversión genera una demanda determinada.

Entendamos que con ahorro nos referimos al dinero no utilizado en consumo y gasto suntuario, el excedente que queda, y que el neoclásico entiende determina de modo activo la inversión en la economía.

Además, remarco que si la ley de Say es la que determina demanda y oferta, entonces el ingreso dentro de una economía se da por el uso pleno de los recursos, esto es, el capitalista no tiene capacidad ociosa en sus empresas, y no existe posibilidad a la existencia de un desempleo involuntario.

En Keynes en cambio, el ingreso no se supone a priori, se encuentre al nivel pleno del uso de los recursos, por lo que se entiende existe posibilidad en la mayoría de los casos de capacidad ociosa, negando de este modo la ley de Say. La inversión, a su vez, es la que genera un nivel de ingreso y es un factor activo mientras que el ahorro es un residuo. La inversión viene dada por la eficiencia marginal de capital y la tasa de interés, detallando, la eficiencia marginal del capital, es la tasa de descuento que iguala su valor presente de los ingresos iguale el precio de oferta, por ejemplo, si un bien de capital tiene un costo de $500, una durabilidad de un año, y se estima que su uso producirá $540, la eficiencia marginal de capital vendrá a ser, la tasa que se debe descontar a 540, para que su valor sea 500, en este caso, un 7,5%. Si, esta tasa es superior a la tasa de interés, entonces la inversión es rentable.

La demanda por su parte, está determinada por la propensión marginal al consumo, según la cual, por norma psicológica, los humanos están dispuestos a gastar más a medida que aumenta su ingreso, pero ese aumento del consumo no crece como lo hace el incremento del ingreso, por lo tanto, nos encontramos en una brecha lleva a que la demanda efectiva sea inferior al potencial, y el pleno empleo no se alcanza, una visión diferente al planteamiento neoclásico. La demanda se divide entre la demanda de la inversión, y la demanda del consumo, pero es esta última la que da dinamismo a la economía pues el objetivo dentro de la economía, es generar consumo para los bienes producidos por el capitalista.

De estas posturas, se desprenden diferentes políticas de desarrollo y crecimiento económico. El neoclásico propondrá que para que un país tenga un nivel de crecimiento sostenible en el largo plazo, el ahorro deberá representar una parte importante del ingreso, donde, la tasa de interés sea elevada pues así se provee de una inversión eficiente eliminado gastos innecesarios y torpes. El keynesiano en cambio propondrá que, para mantener un crecimiento sostenible de la economía, se deberá mantener una alta propensión al consumo, una demanda efectiva que permita una inversión, esta inversión se verá alentada a su vez por una baja tasa de interés, por lo cual la preocupación central está en el consumo y la inversión, lo que, llevará a la creación de un sistema bancario que genere crédito será fundamental dentro de esta concepción.

Ambas posturas, hoy muy mimetizadas en el discurso del economista burgués, tienen falencias de las cuales son incapaces de superar.

Si para el neoclásico, el uso de los recursos es pleno, entonces no se entienden las crisis económicas bajo una explicación científica, estas entonces, estarían dadas solo por eventos extraeconómicos que perjudican la armonía del mercado.

Si para el keynesiano lo fundamental está dado por la demanda, y esto a su vez por el consumo, la explicación no tiene cabida ya que sobran ejemplos empíricos que exponen  diferentes intentos por reforzar la demanda, los cuales no provocan inversión y crecimiento, el ejemplo japonés es muy interesante en ese sentido.

Estos problemas no figuran dentro de los planteamientos del materialismo histórico, ya que el crecimiento dentro de una economía, viene dado por la acumulación capitalista, esta, iniciada por la inversión del capitalista en un circuito que busca la valorización del capital en proceso, “D-M-D*”, donde D es el dinero invertido, M es la mercancía producida, y D* es el dinero producido, con una revalorización conocida como plusvalía. Por ende, el proceso no depende del consumo, sino que de la acumulación capitalista, en otras palabras, la decisión del capitalista por revalorizar el capital, donde el consumo juega un papel secundario. En estricto rigor, es el capitalista quien inicia el ciclo y no el consumidor.

Esto último no es un dato meramente especulativo, sino que completamente comprobable en la realidad, de hecho, el producto interno bruto, que mide el consumo final en una economía en un plazo determinado, no es más que el 20% de la economía real, el resto lo compone el valor bruto de la producción (VBP). En otras palabras, en números, es la inversión el motor de la economía y no el consumo.

Esto explica también por qué en Marx sí se puede explicar y entender que un país tenga elevadas tasas de crecimiento económico, a la par de elevadas tasas de inversión y amortización, mientras que en Keynes ese hecho no sería plausible ni parte de la realidad (según su visión, a mayor amortización, la demanda efectiva se vería constreñida).

• Dinero endógeno, dinero exógeno,

EL origen del dinero es también un tema de discrepancia según las escuelas.

Según la teoría neoclásica/keynesiana, el origen del dinero viene dado de manera exógena, esto es, que en un primer momento, es el Banco Central el cual genera la base monetaria (billetes y monedas), mediante movimientos exógenos –determinados en muchos casos por decisiones políticas como la compra de bonos públicos-, luego, ese dinero se transfiere a los bancos comerciales, quienes lo utilizan para otorgar créditos a los actores económicos (inversores, empresarios, consumidores, tarjetahabientes) creando así la masa monetaria, este proceso deriva en un ciclo “reproductivo” en el que los actores económicos lo utilizan para el consumo como también para los fondos y depósitos, lo cual da lugar para nuevos créditos, hasta agotar la cantidad de excedente de la reserva.

De este modo, dentro del criterio de los economistas burgueses el papel activo es del Banco Central, el cual siempre actúa motivado por razones políticas, mientras que los bancos comerciales reaccionan ante la voluntad política de la entidad mencionada. Esto nos lleva a que, el tamaño de la base económica (M1-M2-M3) expone un comportamiento procíclico, es decir, cada vez que el Banco Central incrementa la masa monetaria, los bancos comerciales incrementarán la base monetaria, y viceversa.

Esta lógica tan mecanicista, tiene un problema que no ha podido superar, y es que el conocimiento empírico demuestra que en determinados momentos el comportamiento entre el crecimiento de la base y masa monetaria no es concordante, por ejemplo durante los periodos recesivos, es común que los bancos centrales opten por expandir la base monetaria mientras que los bancos comerciales disminuyen la masa monetaria. Este comportamiento contracíclico, no podría ser explicado y es uno de los tantos vacíos que tiene la tradición económica burguesa al momento de analizar la realidad.

La tradición de Marx en cambio no contiene estos problemas ya que, la teoría de creación de dinero en Marx, es la endógena, la cual tiene una marcada diferencia con el planteamiento anterior. En términos generales, el origen de la creación del dinero no es el Banco Central como elemento activo, sino más bien los capitalistas en su necesidad por dinero para la acumulación, en este aspecto, los capitalistas solicitan dinero al banco para invertir más de lo que podrían sin el crédito, acto seguido los bancos otorgan el dinero a los capitalistas iniciando su creación. Esto significa que, en períodos de crecimiento y acumulación, cuando la tasa de ganancia es elevada, habrá un incremento mayor de la masa monetaria, esto, independiente de las decisiones tomadas por el Banco Central, comportamiento que igual ocurre en un sentido contrario.

Lo anterior explica cómo, en períodos recesivos, la autoridad monetaria central interviene en el mercado con objetivo de incrementar el tamaño de la base monetaria, sin una respuesta siquiera similar de la masa monetaria bajo responsabilidad de la banca comercial. Esto pues, si la tasa de ganancia es reducida, o decreciente, los capitalistas no buscarán invertir, y los bancos preferirán atesorar en lugar de otorgar créditos. En otras palabras, la creación de dinero se detiene a pesar de los intentos del Banco Central, esto último, es algo habitual dentro de la historia económica, mas, la ortodoxia económica no se detiene a analizar contrastando su teoría con la realidad.

• Empleo y salario,

Según el planteamiento neoclásico, el mercado del trabajo está determinado por la oferta y la demanda de trabajo, y que todo trabajador que quiere trabajar al nivel de salario de equilibrio, puede hacerlo. Esto quiere decir que, quien está desempleado lo está porque así lo decidió libremente.

La teoría se basa en la creencia acientífica de que los salarios se igualan a la productividad marginal del trabajo, esto significa que se remunera a cada trabajador, según la productividad que estos poseen. Básicamente este razonamiento proviene de la idea que, el beneficio (de los capitalistas) y los salarios (de los trabajadores) se encuentran igualados a la productividad de los factores (tierra – capital) y del trabajo, la tendencia estructural y el comportamiento común, es que al ser tanto la tierra como el capital limitado y constante, mientras que el trabajo es dinámico, el incremento de la ocupación en la economía, irremediablemente implicará la caída del salario real.

Keynes por su parte, asume que esta teoría no explica la realidad, pues indica que a pesar de que suban los precios mientras los salarios nominales permanecen iguales, permanece una oferta de trabajo estable, por un lado, y una demanda de trabajo similar, por otro. Keynes sostiene que pueden manifestarse variables en la tasa de empleo sin que existan cambios en la productividad y en los salarios reales.

Keynes acepta que a medida que aumenta el trabajo, la productividad laboral no sucede en una primera fase pues existe una capacidad ociosa, esto es, los empresarios no utilizan el 100% de sus recursos y capitales, por lo que puede existir un aumento de producto y de trabajo, sin que ello implique una reducción de la productividad laboral, y por tanto, una reducción del salario real, en Keynes por tanto, la teoría neoclásica solo se sostiene a partir de una ocupación plena de la capacidad productiva, solo en ese momento un incremento en la ocupación traerá aparejado una disminución de los salarios reales.

A pesar de las diferencias, es más notorio las semejanzas. En ambas corrientes la centralidad está puesta en que, ceteris paribus, el incremento de la ocupación implicará una caída en el salario real ya sea por la vía nominal, como también por los precios, Keynes avanza al indicar que antes de que exista ocupación plena no se da ese comportamiento, y sí un incremento de la ocupación sin una baja de la productividad y salario real. Empero, esta perspectiva en su aspecto más medular, yerra al momento de explicar que, en el punto más álgido de crecimiento económico, los salarios reales no tienden a bajar, sino que siguen creciendo a la par con la ocupación. La evidencia empírica demuestra que constantemente los capitalistas contratan trabajadores durante los ciclos de crecimiento, llevando la tasa de desempleo a mínimos históricos sin que existan salarios reales, en promedio, inferiores a años anteriores o al punto exacto en que se inició el ciclo económico.

En Marx, en cambio, la teoría es mucho más certera para explicar el comportamiento de la tasa de ocupación y el salario real. Según él, el capitalista busca potenciar el ciclo de acumulación capitalista para valorizar al capital mismo, esto se lleva a cabo comprando fuerza laboral directamente del ejército de desempleados. El ciclo económico se inicia incrementando la tasa de ocupación, la cual irán in crescendo en la medida que la acumulación sea sostenible en el transcurso de los años. El salario se fija en función no a la productividad laboral, sino que, a la capacidad de negociación de cada parte, de cada clase, la empleadora – capitalista, y la empleada – proletariada. Al capitalista lo que le interesa, es lograr un grado de ganancia la cual se obtiene de la explotación a sus empleados, esto es, producción total menos salarios remunerados, de ese excedente y de los costos que debe asumir y pagar, el capitalista obtiene sus ganancias.

Entonces, en contraste con el planteamiento burgués: a) la ocupación depende de la acumulación capitalista, en la medida que esta crezca, la ocupación aumentará, b) las remuneraciones dependen de una directa contraposición de fuerzas e intereses. Esto significa que, incluso cuando los niveles de ocupación de las fuerzas productivas sean plenos, la contratación de nuevos trabajadores no va a significar una reducción del salario real, esto pues, el capitalista podría eventualmente remunerar a sus trabajadores entre el mínimo fisiológico y un máximo en que su ganancia se vea en peligro, sin que la acumulación se vea impactada. Esto es lo que generalmente se puede apreciar durante el clímax de una fase de crecimiento económico tras años de competencia y de luchas sociales por aumentos salariales.

• Deflación e inflación,

La ortodoxia neoclásica explica el fenómeno de la inflación haciendo uso de la teoría cuantitativa del dinero, MV = PQ. Según esta, el nivel de precios está determinado por la cantidad de dinero dentro de la economía, así, según la teoría donde M es la masa monetaria, V es la velocidad de transacciones dentro de una economía, P representa los precios y Q la producción total, si se incrementa M, los precios irremediablemente se elevarán.

Keynes en cambio plantea que el incremento del dinero dentro de una economía afectará solo en la medida que la tasa de interés (según Keynes la cantidad de dinero en una economía determina la tasa de interés) afecta la demanda.

Keynes indica que el nivel de los precios depende del precio de los factores que entra en el costo marginal y en la escala de producción, estos a su vez dependen de la demanda, por lo que lo medular está en el efecto del incremento del dinero sobre la demanda y el efecto de la variación de esa demanda sobre la producción y los costos, además, como según Keynes la economía normalmente no está en pleno uso, la variación del empleo y el producto dependerá de la elasticidad de la demanda respectiva.

El foco, entonces, está puesto en la elasticidad sobre los salarios, el producto y los precios en relación a la demanda.

En números, para entenderlo:
La elasticidad precio (eP), es la relación entre el aumento de precios y el aumento de la demanda: ep= dlog P / dlog D
La elasticidad salario (eW), es la relación entre el aumento de los salarios y el aumento de la demanda: Ew= dlog W / dlog D
La elasticidad producto (eO) es la relación entre el aumento del producto y el aumento de la demanda: EO= dlog O / dlog D
Entonces, para entender matemáticamente la lógica de Keynes:
eP = 1 – eO (1 – eW)

En otras palabras, dependiendo de la situación y el contexto, un incremento del dinero incidirá en el nivel general de precios, por ejemplo, en un momento de recuperación post recesión, el incremento de la demanda incidirá positivamente en el producto, mientras que los salarios reales se mantendrán congelados mientras exista un nivel de desempleo elevado. No obstante, llegará un momento en que la tasa de ocupación será plena en que eW sea igual a 1 y eO igual a 0 y, en ese instante, todo incremento en la demanda se traducirá en un incremento de la inflación. De ahí a que Keynes afirmara que los gobiernos no deberían preocuparse por la inflación mientras la desocupación fuese elevada ya que el estímulo de la economía podía asumir una dosis de inflación.

Ambas explicaciones contienen incoherencias que llevan a que no sean capaces de explicar la realidad, por ejemplo, el incremento del dinero dentro de la economía muchas veces no es acompañado por un incremento de los precios en igual proporción, como indica la teoría cuantitativa del dinero. Así, comúnmente el incremento de la masa monetaria no refleja el incremento de la inflación en igual proporción, actualmente por ejemplo, Estados Unidos es un país donde la M3 en relación al PIB es superior a Venezuela, pero la inflación en Estados Unidos se mantiene cerca del 0%, mientras que en Venezuela raya los tres dígitos. El economista burgués en la actualidad explica la inflación venezolana como un fenómeno netamente monetario, indicando que hay que enfocar la atención en los agregados monetarios (m1, m2, m3) en comparación al PIB, encontrando un comportamiento similar entre el crecimiento de estos y la inflación, pero soslaya en el acto, que el mismo comportamiento monetario en Estados Unidos (y otros países de la zona) no conlleva un crecimiento de los precios siquiera cercano. Ergo no hay una regla científica aplicable.

Por otro lado, la explicación de Keynes también encuentra sus límites toda vez que, si fuera cierto que la inflación elevada y preocupante –como lo es en Venezuela- se debe dar en un contexto de plena ocupación tanto laboral como económica, entonces no se entienden los fenómenos como la estanflación. Así, existen eventos históricos en los que se manifiestan recesiones acompañadas por elevadas tasas de inflación, lo cual contradice la explicación keynesiana clásica, de hecho, en Venezuela la capacidad ociosa en la industria se calculaba hacia el 2015 en un 50%…

¿Entonces, cómo se explica la inflación venezolana?

Si se toma partido por la explicación neoclásica, debemos asumir entonces la tarea de explicar que el crecimiento de los agregados monetarios en Estados Unidos no se explica, lo que conlleva a una contradicción que la ciencia social debe descartar. Si se toma, en cambio, la explicación keynesiana, se debe asumir que la ocupación económica debiera ser plena, no obstante, el panorama en el país es completamente inversa: la ocupación económica no está ni cerca de ser plena, la producción industrial va en picada, mientras que la tasa de desempleo igualmente ha aumentado, los datos contradicen completamente esta teoría, es decir, no puede ser verificada a través del método científico.

En Marx y el materialismo histórico esta problemática es superada. Hay que entender que en Marx la inflación sí tiene un componente monetario, pero con marcadas diferencias con la tradición neoclásica, esto pues, a diferencia de los neoclásicos, la ocupación no se encuentra reflejada por el pleno empleo, los precios vienen ya determinados por la ley del valor trabajo, y dada una cierta velocidad de circulación del dinero, la cantidad de este, ya viene determinada… que no es otra que afirmar que la cantidad de dinero en una economía no viene fijado por factores exógenos, sino que endógenos.

Otro aspecto importante en Marx, es afirmar que el dinero no solo es un medio de pago, también es un modo para atesorar el valor creado en una economía (atesoramiento), por lo cual no puede ser un mero signo que facilita transacciones como creen las escuelas burguesas, el dinero entonces para cumplir la función de intercambio y medida de valor, debe presentarse en el mercado como una mercancía más, con un valor ya determinado por las leyes del valor trabajo. En términos simples, la mercancía que toma la forma de dinero en la economía es establecida por la sociedad a partir de un bien que pueda ser duradero, privilegiado y útil en su uso como dinero más que con otra función, es aquí donde el oro y la plata, y es entonces cuando el dinero ya tiene un valor predeterminado a partir del tiempo de trabajo destinado para extraer oro/plata y convertirlo en monedas y lingotes.

Con el tiempo, este dinero comenzó a tomar otras formas, primero como papel moneda intercambiable por oro en la banca, y luego como dinero fiduciario que no tiene tal característica. Y es que, si bien es cierto, estamos en una época con décadas de separación y recuerdo del dinero con poder de cambio, el dinero fiduciario tiene su validez puesta en la capacidad del Banco Central para validar ese mismo dinero no con las mercancías que circulan, sino que con la mercancía que representa la encarnación del valor, es decir el oro.

En síntesis, el valor del dinero, convertible o no, depende de su comparación –aunque no mecánica- con las reservas que tiene el Banco Central en oro y por supuesto, en moneda extranjera, moneda que por cierto, en última instancia también tiene su validez puesta en el oro. Ejemplificando, si el dinero que existe en una economía es de 100.000 billetes, y el oro reservado por el Banco Central es de 100 toneladas, cada billete representará el valor de 1 Kg. de oro. Ahora, si la cantidad de billetes es de 150.000 y se mantienen las 100 toneladas, el valor de cada billete pasaría a representar 0,6 Kg. de oro. Por cierto, esta relación como indiqué, no es mecánica, y es que si bien inicialmente todo parte por la cantidad de reservas internacionales, con el crecimiento económico la confianza de los capitalistas hace el resto.

En otras palabras, las épocas de hiperinflación, como sucede hoy en Venezuela, están marcadas por una emisión de dinero muy por sobre el crecimiento de las reservas internacionales del Banco Central, o, como sucede hoy en día, un crecimiento del dinero en contraste con la disminución de las reservas internacionales. No se trata de comparar la cantidad de dinero con las mercancías existentes, sino que con las reservas internacionales. Esto último se entiende porque, al ser el dinero un medio de pago, como también un medio de atesoramiento, si aumenta la cantidad de dinero sin un comportamiento similar en la producción económica, los bancos y empresarios, en lugar de hacerlo fluir en calidad de inversión/crédito, lo reservarán por lo que la teoría cuantitativa no tendría cabida. Este comportamiento, por cierto, es muy común en momentos de estancamiento, recesión o enfriamiento económico.

Retomando el punto inicial, si la ocupación no significa pleno empleo laboral y económico, los precios de las mercancías vienen establecidos por la ley laboral de trabajo y la velocidad de circulación está determinada por las condiciones económicas asociadas a la acumulación (tasa de explotación y ganancia), la cantidad de dinero se fija internamente, ya que se crea de manera endógena, esto explica por qué dentro de una economía con un crecimiento “sano y sostenible”, la tasa de inflación debe estar entre el 2 y 5%, pues de esa forma los capitalistas pueden asegurar un negocio sostenible, y es que sin inflación, los salarios reales aumentarían por efecto del incremento en la productividad, y ello mellaría en su contra sin capacidad de contrarrestarlo más que a través de una reducción nominal, lo cual, de hacerse, implicaría un incremento en las tensiones sociales.

Hablamos aquí de la creación endógena de dinero, dinero que se crea a partir de la actividad bancaria, pero puede existir una creación exógena, un caso habitual es la emisión de dinero inorgánico por parte del Banco Central para comprar bonos públicos para financiar déficit fiscal, en este caso, no hay creación endógena de dinero, se emiten billetes para financiar un déficit público, lo que se está haciendo es emitir dinero de modo exógeno, por decisiones políticas, no compensadas por una actividad económica y que sí es inflacionario. Lo cual explica que un común denominador dentro de los períodos inflacionarios, sea un estructural déficit público, muchas veces creciente.

Finalmente, esta compleja relación entre el oro y el dinero, explica por qué el precio del oro se ve afectado directamente por la emisión del dólar, así, cuando la FED determina años de emisión monetaria, el valor del dólar se incrementa, igual sucede a la inversa. Lo cual no es más que la desvalorización/valorización de dólar en relación al oro.

• Tasa de interés,

La tasa de interés es el costo asumido por los “agentes económicos” al momento de endeudarse, y que, impacta directamente en la inversión económica. Al igual en los casos anteriores, la explicación a su existencia varía dependiendo de la escuela de pensamiento.

Según el neoclásico, la tasa de interés está determinada por los flujos de ahorro e inversión. Para entender esto, debemos retomar una idea mencionada antes en este artículo: la economía se encuentra en pleno uso y ocupación, el ingreso está dado por la ley de Say (toda oferta genera su demanda), de este ingreso se deriva el ahorro y consumo, el ahorro es activo y de este se mueven fondos para la inversión, es esta oferta y demanda entre ahorro e inversión lo que determina la tasa de interés.

Para entender este planteamiento, se debe partir de la base que la tasa de interés es, según el neoclásico, el exceso en porcentaje, de la deseabilidad presente de bienes presentes sobre la deseabilidad presente de bienes futuros. La tasa de interés entonces está determinada por las preferencias individuales de los agentes económicos y por la suma de rasgos personales.

Estas preferencias a su vez, se vinculan a un planteamiento que las personas hacen sobre el futuro, así, en la medida que las personas esperan que sus ingresos aumenten con el tiempo, y en vista que en la medida que aumenta el ingreso (output) el salario real disminuye, es preferible ahorrar, pero ese ahorro debe ser compensado por un valor superior al presente, esa diferencia constituye el interés. De igual forma nos podemos situar desde la inversa, esto pues, si se estima que el ingreso disminuirá con el tiempo, las personas igualmente ahorrarán porque supondrán que el salario real aumentará en el tiempo y tendrá una utilidad mayor.

En consecuencia, si alguien toma dinero prestado, es necesario que ese valor sea devuelto al prestamista en una proporción mayor, y esa diferencia es el interés. De aquí se desprende que este interés sea para los neoclásicos un elemento económico basado entre la oferta y demanda, los cuales, dependen del intercambio de bienes -presentes y futuros- relacionados con factores enteramente subjetivos.

Como la productividad marginal del capital es la tasa de retorno del capital, es esta la que determina el crecimiento del producto, y al ser la tasa de interés el punto de equilibrio entre el ahorro (que se determina por las preferencias Inter temporales) y la inversión (determinada por las oportunidades), la tasa de interés será igual a la productividad marginal del capital.

Esto último se entiende, nuevamente, volviendo a la matriz conceptual de la teoría neoclásica. Q= F(K,L), donde Q es el producto, K es capital y L trabajo. Como ya hemos revisado, K es el rendimiento del capital, el cual es decreciente, lo mismo sucede con L, donde la productividad física del trabajo tiene un comportamiento decreciente en el tiempo. Esto quiere decir que a mayor aporte de capital (K/Q), el rendimiento es inferior. En este sentido, al existir un ahorro que viene originado por la necesidad de tener un valor mayor en el futuro, las empresas demandan esto bajo la forma de préstamos para sus inversiones, así, las inversiones (K) se mantendrán hasta que la productividad del capital iguale la tasa de interés (todo ahorro genera una inversión, ley de Say).

En un ejemplo simple, si un país «X» produce solo petróleo, y durante un año determinado los precios disminuyen un 50%, ceteris paribus, la inversión de las empresas debería de caer. Esto significa que la relación Q = F(K,L) debería de disminuir. Hay menos inversión en K, por parte de las empresas, y menos trabajadores contratados, por ende un menor ahorro, lo que impactaría en el interés el cual aumentaría y la inversión en K solo se sostendría hasta igualar un nivel de interés más elevado (esto es, un nivel K/Q inferior al que existía previo la baja de precios indicada).

Keynes por su parte, indica que la economía (en contraposición de los neoclásicos) no está en su máximo nivel de ocupación, y es el ingreso el que determina la inversión, del cual se origina el ahorro, por lo cual este último sería un residuo. Luego, la inversión al estar determinada por la eficiencia marginal del capital y la tasa de interés, deriva en un ingreso, y de éste ingreso se origina el ahorro.

Además, la tasa de interés no es el cruce de las decisiones personales entre consumir y ahorrar, sino que es un fenómeno estrictamente monetario ya que mide la resistencia a desprenderse de la liquidez y no se encuentra determinada por los flujos de ahorro e inversión, sino que viene dada por la cantidad de dinero dentro de la economía en un punto determinado. Para contextualizar, esta liquidez debe ser entendida como el hecho de que los agentes económicos conserven su dinero y no se desprendan de éste, para los neoclásicos este suceso no tiene sentido en la realidad porque siempre se puede ganar invirtiendo a no ser que detrás haya un comportamiento irracional.

Lo anterior es fundamental en Keynes, ya que en su sistema conceptual, el ahorro no siempre fluirá a la inversión, y este se puede conservar tanto en dinero como en bonos.

Keynes entiende que el dinero no tiene un beneficio propio, pero encarna la liquidez de la economía a diferencia de cualquier otro bien o mercancía. A la vez, la elasticidad de producción es cero pues cuando aumenta la demanda en el sector privado, no puede aumentar su oferta (dinero exógeno), y no puede ser reemplazado por otros bienes, por lo cual su elasticidad de sustitución igualmente es cero.

A partir de esta concepción, Keynes se pregunta ¿por qué alguien querría usar el dinero como reserva de valor si puede obtener intereses de él? Keynes determina que este hecho lo explica la característica del dinero como reserva de riqueza, y por tanto, es la prima que se debe pagar para que alguien desee desprenderse de su dinero durante un tiempo determinado. La gente está dispuesta a pagar esa prima en la medida que existe seguridad en mantener la liquidez en su poder. Así, el interés es lo que induce a no atesorar, y si disminuye la tasa de interés disminuye la incertidumbre, lo cual significa que los agentes económicos no tienen dudas, temores o problemas con sus perspectivas hacia futuro.

Keynes consideraba que en el largo plazo, mantener la demanda era difícil. Asociado al incremento de los costos y la utilidad marginal, en el sistema de Keynes el comportamiento de estos rendimientos es estructuralmente decreciente, y conforme avanza esta tendencia, el rendimiento alcanza la tasa de interés, crece la incertidumbre, lo que incide en la mayor demanda sobre el dinero sin que haya una oferta para sustituirlo.

Es aquí donde si se incrementa la oferta de dinero, la tasa de interés tenderá a disminuir, es por esto que según Keynes, la tasa de interés está determinada por el stock de dinero dentro de una economía, un factor no real sino que político.

Entendiendo lo anterior, se pueden plantear relevantes incoherencias en la realidad y que cada teoría no puede explicar.

Por una parte, si según los neoclásicos el ahorro siempre es igual a la inversión, no se entiende entonces por qué la tasa de interés varía, esto nos lleva a una incertidumbre, un razonamiento circular. A su vez, para que funcione la teoría neoclásica, se debe entender que tanto la inversión, como el consumo, se mueven independientemente, pues el primero depende de las oportunidades de negocio y el segundo de las preferencias intertemporales, de esta forma, si se incrementa la inversión el ingreso (que lleva al ahorro) se debe mantener intacto, lo cual llevaría a un incremento de la tasa de inversión, pero si la inversión se incrementa, esto significará que el ingreso también se incrementaría, y por ende el ahorro ya que se iguala a la inversión, es decir, la tasa de interés debería mantenerse intacta. La tasa de interés está indeterminada. De lo contrario, si aumenta la inversión y el ahorro se mantiene (explicando un aumento de la tasa de interés), se debería asumir de facto, que el incremento de la inversión afectaría de manera inversamente proporcional a lo entendido, y es que si la inversión aumenta pero el ahorro se mantiene constante, eso significa que ha aumentado el consumo, pero es que si la inversión crece, lo hace igualmente el producto, y en tal caso la utilidad marginal laboral no debería caer, en síntesis, no hay una ocupación plena en economía. Y en tal caso, no todo ahorro se deriva en la inversión.

Por otra parte, si la teoría keynesiana es funcional, y es la cantidad stock de dinero la que determina la tasa de interés, y se suma que la decisión de consumir o ahorrar está determinada por la propensión al consumo, el ahorro no necesariamente (como con los neoclásicos) se mantiene en bonos bancarios, sino que también bajo la forma de dinero líquido, aquí es donde cabe la incertidumbre que determina la tasa de interés, esto significa que, si la incertidumbre es elevada las personas preferirán mantenerse con su dinero líquido que destinarlo a los bancos. Entonces, cuando el Banco central asume una actitud activa, e incrementa la cantidad de dinero, la tasa de interés disminuye por efecto directo, lo cual es una disminución de los costos asumidos por los empresarios y consumidores por el incremento del dinero. Si es así, el tema en cuestión está en que un incremento en la cantidad de dinero implicaría una disminución en la tasa de interés, y esto realmente no se observa en la realidad histórica, ya que hay momentos y situaciones en las que una reducción de la tasa de política monetaria va en contra al comportamiento de las tasas de interés en crecimiento, comportamiento muy común en momentos de recesión y depresión económica. Y es algo que, opera de igual forma en sentido contrario toda vez que el Banco Central incrementa los tipos de interés de la política monetaria, pero en un contexto de crecimiento económico y euforia de acumulación, los tipos de interés bancarios igualmente tenderán a reducirse.

Además, otro problema que presenta el esquema de Keynes es el origen prístino del interés, esto, entendiendo que para Keynes el interés es un costo agregado al beneficio del empresario, el cual no surge de la producción, sino que se deriva del riesgo y del premio a la espera, por lo que se entra en un círculo indeterminado del origen del interés. Según Keynes este riesgo asociado al miedo del prestamista al incumplimiento por el prestatario, es un costo puro extra y adicional a la inversión y al beneficio empresarial, en este aspecto, siendo tanto el beneficio como el interés, agregados al costo salarial que no se da durante la producción, sino que, durante el intercambio, esto conlleva a que la ganancia surge de la diferencia entre el costo de producción – el costo de venta, en términos simples: B = A – (U+F), donde, B es el beneficio, A es el precio final, F es el costo de los factores (salarios), y U es el costo de uso, es decir el beneficio se obtiene por vender más caro, en tanto el interés surge por el riesgo asumido por el prestatario, una adición pura al costo de inversión que no existiría si el prestatario y el inversor fueran las mismas personas, de aquí se concluye que la existencia del interés, su origen prístino no tiene explicación más que en la nebulosa teórica, ya que si dentro de una economía, la producción es de $100, donde $50 se van como costo de salario, y el restante como costo de reposición maquinaria y materias primas, ¿de dónde surge el interés si no es en la producción misma? No hay respuesta.

Por otro lado, recordemos que, según Keynes, la tasa de interés se funda en la incertidumbre social, que es la prima que se debe pagar para que alguien decida desprenderse de la liquidez, así, la tasa de interés es lo que induce a no atesorar, en la medida que aumenta la incertidumbre, aumenta la tasa de interés… en otras palabras, si existe un ingreso familiar de 100, del cual 50 se gasta, y el restante figura como ahorro, este ahorro puede ir a bonos y/o fondos bancarios, como puede terminar atesorado en forma líquida, si se mantiene en forma líquida, esto se debe según la explicación a que la tasa de interés no cumple las expectativas. Esta explicación es insatisfactoria, ya que la demanda de dinero por motivos psicológicos dependería de cómo piensan los tenedores de dinero que evolucionará la tasa de interés y de qué tasa de interés consideran normal, así, supongamos que la tasa de interés actual es de 5% y que un agente económico considera normal el 4,5% de interés, supongamos ahora que la tasa baja al 4%, la familia debería pasarse al dinero, pero esto es indeterminable porque se podría asumir que la tasa de interés y la tasa normal han disminuido, pasando esta última a ser 3,5%, por lo que el dinero se debería mantener en bonos. En definitiva, la tasa de interés se encuentra indeterminada.

Estos problemas, tanto en la doctrina neoclásica como la keynesiana, no tienen razón de ser dentro de la teoría de Marx pues, el interés no es un agregado exógeno a la producción, éste proviene de la plusvalía generada dentro del proceso de explotación laboral. Según Marx, la actitud normal del capitalista dinerario (banquero), es lanzar su dinero al circuito de valorización, no retenerlo, por lo cual no se entiende la existencia de una prima que compense su despojo de liquidez, es la competencia capitalista la que lo obliga para no perder terreno. Esto significa que no puede haber interés sin generación de valor, explotación y capital.

Y, si bien es cierto en momentos de crisis y convulsiones, el interés puede ser superior a la tasa de ganancia, a largo plazo y en términos generales, está limitada a esta, por lo cual no se puede elevar de modo arbitrario como sí cabría suponer dentro de la teoría keynesiana. De esta forma, el interés es fijado en cada momento, según la oferta y demanda de dinero para operar dentro del circuito de valorización de capital. En este sentido, tiene la teoría de Marx, coincidencia con la teoría neoclásica, aunque solo en la forma y no en el fondo (donde cabría explicar conceptos como generación de valor, ingreso, ahorro, inversión, ETC, conceptos donde hay evidentes divergencias en ambas teorías). Según el enfoque marxista, durante cada ciclo de crecimiento, enfriamiento, recesión y recuperación, el comportamiento de la tasa de ganancia y tasa de interés es procíclico.

Lo anterior queda demostrado haciendo uso de la evidencia empírica tras cada ciclo económico: cuando la tasa de ganancia es elevada, y el ciclo económico está en auge, las tasas de interés tienen a disminuir porque hay mucho flujo de dinero en búsqueda de entrar en los circuitos de valorización de capital, luego, una vez la situación comienza a variar, las tasas de ganancia disminuyen paulatinamente año tras año, la tasa de interés comienza a elevarse hasta llegados a un punto de crisis y destrucción de capitales, la tasa de interés llega a un punto máximo dentro del ciclo, y una vez producto del incremento de la tasa de explotación (reducción de personal, disminución de salarios, reducción de costes y eliminación de capitales menos productivos), la tasa de interés vuelve a bajar, a la sintonía con el incremento de la tasa de ganancia.

Si fuera cierta la teoría keynesiana del interés, entonces en Estados Unidos, durante los años previos a la crisis de 2008-9, con tal euforia consumista y demanda de dinero, las tasas de interés interbancarias deberían haber sido mínimas, pero desde 2004 hasta 2008, la tasa Prime y las tasas activas de interés fueron incrementándose desde un 4 a un 8%, contrario a la explicación de Keynes quien, habría asumido que durante aquel entonces la incertidumbre no llegaba a atesorar sino que a demandar dinero líquido y usarlo, y es bien conocido que meses antes de desatada la crisis, el consumidor promedio de EEUU seguía consumiendo y endeudándose, no había espacio para el atesoramiento familiar/empresarial. En cambio, visto desde una perspectiva a lo Marx, las tasas de ganancia iban disminuyendo paulatinamente, año a año la masa de ganancia se veía más limitada, y, por ende, el capital dinerario comenzaba a tomar distancia ofreciendo su dinero a unas tasas mayores de interés pues la plusvalía iba en descenso.

• Ciclos económicos,

Una cuestión central en la preocupación de los economistas, es la existencia de ciclos de crecimiento, enfriamiento y recesión económica tanto a nivel general como a nivel internacional. En la teoría general de Keynes, la explicación de los ciclos viene dada por la volatilidad de la Eficiencia marginal del capital (EMC), que a su vez puede vacilar por las variaciones en la demanda agregada. Es entonces, la EMC, la que constituye la centralidad de la explicación de los ciclos económicos, y si bien es cierto, el interés puede contribuir y acrecentar el problema, las fluctuaciones violentas son explicadas por la EMC. Keynes sostiene que las variaciones y alteraciones de recesión y crecimiento, se deben a que los bienes de capital son de variada duración y se desgastan con el tiempo, de manera que si la inversión baja más allá de cierto nivel mínimo, será cuestión de tiempo para que la EMC vuelva a subir.

A su vez, dentro de su obra igualmente se integran factores psicológicos que pueden afectar al nivel de inversión, durante las últimas etapas de crecimiento, las inversiones se pueden dar por una euforia psicológica que hacen obviar coyunturalmente los costos elevados y la tasa de interés.

Una vez se desatan los problemas de inversión, el pesimismo viene de acompañamiento lo que incrementa la preferencia por la liquidez, ergo el incremento de la tasa de interés, y en consecuencia, un agravamiento de la crisis. A su vez, la baja de la EMC reduce la propensión a consumir, por lo cual el consumo no puede compensar la caída de la inversión.

Luego, la salida de la crisis dependerá también de la recuperación de la confianza en los negocios, lo que elevará la EMC y, por tanto, la inversión. El factor psicológico es determinante, actuando como un amplificador de los efectos de la EMC. Por cierto, aquí también entra en juego el hecho que el pesimismo dado al ver una rentabilidad positiva, pero inferior a la esperada, puede influir todavía más a la baja del ciclo.

Una vez producida la caída, habrá un tiempo de recesión que conllevará a una escasez de capitales, lo cual elevará la EMC, y acompañada esta de factores anexos, conllevará al nacimiento de una nueva fase de crecimiento económico.

La explicación keynesiana tiene fuertes componentes psicológicos:

– Los rendimientos de bienes de consumo disminuyen conforme aumenta su cantidad, debido a su utilidad decreciente (precios explicados a partir del valor subjetivo)
– La EMC varía conforme los estados psicológicos de los mercados, y también con los rendimientos decrecientes de los bienes de consumo
– Las tasas de interés tienden a la resistencia hacia la baja por la incertidumbre y las previsiones que hacen los agentes económicos hacia el futuro
– Se suman las olas de pesimismo y optimismo en cada fase de auge y caída
Ante esta realidad, Keynes afirma que el gobierno y el Estado debería adoptar una política monetaria activa, que incentive la reducción de la tasa de interés, y una política fiscal activa, que incentive la demanda.

En Marx, en cambio, la crisis tiene una explicación diferente. Según su teoría, las crisis se desatan por una reducción de la tasa de ganancia, derivada por contradicciones objetivas –alejadas de apreciaciones psicológicas como las emanadas en la explicación de Keynes- endógenas al sistema capitalista.

Según Marx, la tasa de ganancia = S/(C+V). Donde S es la plusvalía (excedente generado dentro de la producción), C es el capital constante representado por maquinaria, materia prima, tecnología y otros bienes de capital/medios de producción, y V es el capital variable, es decir el salario.

Dentro de esta lógica de acumulación objetiva, el capitalista como clase, busca adelantar la valorización del capital, por lo cual en su búsqueda debe acumular para no ser derribado en la competencia capitalista, esto significa que, para competir, se debe invertir más por cada obrero contratado, esta inversión se materializa en mayor capital constante por empleado, la llamada composición orgánica del capital.

Conforme pasan los años, el incremento de la composición orgánica del capital mellan en contra de la tasa de ganancia provocando su reducción hasta llegado el punto que, la masa general de ganancia, se estanca y disminuye, estamos entonces, en el momento de recesión y crisis.

La salida de esta crisis se encuentra el incremento de la tasa de explotación y derivada, la tasa de ganancia, lo cual significa una reducción del empleo, de los salarios, facilitación del despido, relocalización productiva, por lo cual la atención se enfoca no en el incremento del consumo, sino que en el incremento de la inversión.

Visto lo anterior, podemos diferenciar las principales perspectivas entre la postura keynesiana y marxista:

– Según la postura de Keynes, llegados a la crisis, la propensión a consumir debería ser inferior que durante el momento de auge. En Marx en cambio, antes de la crisis los salarios deberían estar en su máximo nivel
– La superación de la crisis capitalista en Keynes, se puede acelerar mediante una política fiscal activa, incentivando la demanda, mientras que en Marx tal política no tendría un efecto sustancial, esto porque mientras no existe un incremento de la ganancia, una inyección de demanda o liquidez, puede derivarse en medidas empresariales como la reducción de stock sin vender o a cancelar deudas, pero no para contratar trabajadores o invertir en nuevos nichos de negocio.

Las diferencias anteriores se pueden poner en la perspectiva empírica: la evidencia demuestra que meses antes de desatada la crisis, las tasas de ocupación y salarios reales se encuentran en la cima del ciclo, lo mismo el grado de consumo, por lo cual la teoría de la propensión al consumo no se cumple.

A la vez, si la crisis es larga, se pone en evidencia que el multiplicador keynesiano provocado por la política fiscal tampoco es efectivo, como ocurrió durante la década de los 70 en los países de la OCDE y durante los 90 y 2000 en Japón.

Siguiendo, los neoclásicos no conciben que el sistema capitalista las crisis se puedan dar de modo endógeno, no creen en leyes que generen las crisis, ya que se afirman en la ley de Say, según la cual toda oferta genera una demanda y no hay perturbaciones económicas generales que desemboquen en crisis. Todas las escuelas económicas que siguen estos planteamientos generales (monetaristas, escuela austriaca, entre otras), conciben entonces explicaciones de orden político y exógeno a las crisis económicas, actualmente una de las más conocidas es la teoría de ciclos austriaca.



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