CIENCIAS SOCIALES Y MATERIALISMO

El desarrollo de las ciencias sociales se remonta al siglo XVI. Es durante este siglo que se aprecia como el estudio de la sociedad contemporánea, y a la vez de la sociedad en la historia, se profesionaliza y adapta al entonces, joven concepto de la ciencia. La ciencia como rama del conocimiento y saber humano, determinado y dominado por criterios y procedimientos estandarizados, objetivos y verificables, es el desarrollo de todo el conocimiento humano que durante milenios se catalogó como filosofía, sabiduría oral que en algún momento de la historia podía transmitirse a la escritura, la ciencia entonces, es heredera de milenios de desarrollo y recopilación de estos conocimientos. La diferencia entre la ciencia desarrollada durante el siglo XIX y el conocimiento anterior, es que, para el estudio del universo humano, natural, biológico, físico y químico, se desarrolló un método científico con protocolos y pasos estandarizados de modo universal para dar una respuesta objetiva y certera en cualquier lugar del mundo.
La ciencia fue construida con dos bases: por una parte, tenemos al modelo newtoniano, el cual nos indica que existe una simetría entre el presente y el pasado, pues todo coexiste en un eterno presente, lo cual nos permite alcanzar certezas universales; y, por otra parte, tenemos la dualidad cartesiana, lo que nos indica que existe una diferencia entre lo humano y lo natural, lo espiritual y lo físico.

Así, la ciencia pasó a ser definida como la búsqueda de leyes naturales y universales que se mantendrían en todo espacio y momento cronológico. La ciencia entonces, produce un conocimiento objetivo a diferencia de otros campos del conocimiento humano como la estética o filosofía.

Las ciencias naturales, tal como se entendían en los siglos XVII y XVIII, derivaban del estudio de la mecánica celeste. En un inicio los científicos no marcaban mayor distancia de los filósofos, pero conforme desarrollaron una dinámica más acorde con la búsqueda de leyes que explicaran el comportamiento de la naturaleza, ambos dominios comenzaron a manifestar sus diferencias. En su desarrollo, el estudio empírico y experimental fue el que marcó la distancia, fue entonces cuando la filosofía comenzó a aparecer para los científicos naturales como un sustituto de la teología, pues en definitiva para ellos, eran culpables de afirmaciones a priori imposibles de poner a prueba. Finalmente, a inicios del siglo XIX la primacía de la ciencia en el conocimiento humano, llegó al mundo de la lingüística, el concepto ciencia pasó a ser identificado con la ciencia natural, lo que marcó la culminación de la ciencia natural como un conocimiento con una legitimidad socio intelectual totalmente separada y superior de lo llamado filosófico.

A estas alturas, la alternativa a las ciencias naturales parecía estar mucho menos definida, no había un nombre único, ya fueran letras, humanidades, filosofía e incluso cultura, no tenía un único fuerte de defensa, y no se presentaba ante las autoridades políticas y científicas, como un conocimiento capaz de entregar resultados prácticos. No obstante, era necesario desarrollar el ala B de la ciencia pues, era claro que para los Estados no solo bastaba con controlar y desarrollar el conocimiento sobre la naturaleza, sino que también el conocimiento sobre el mundo humano.

Los filósofos sociales comenzaron a hablar sobre “física social”, y los pensadores europeos comenzaron a hablar sobre la existencia de múltiples tipos de sistemas sociales en el mundo cuya variedad requería una explicación científica. Entonces, la teología perdió importancia y en ocasiones desapareció por completo superada por un simple departamento universitario de estudios religiosos dentro de las facultades de filosofía. Así, la historia del SXIX está marcada por la profesionalización y disciplinarización del conocimiento, en otras palabras, de la creación de estructuras institucionales permanentes diseñadas tanto para producir un conocimiento, como para reproducir a los productores de conocimiento. Ciertamente el contexto histórico europeo, había llevado a una creciente preocupación para el desarrollo de mecanismos que ayudaran el conocimiento de la realidad humana – social.

De hecho, el interés de los que podemos reconocer como primeros científicos sociales, era reconciliar el orden y el progreso con la política, para Compte la importancia de la “física social” era salvar a occidente de la corrupción sistemática. La física social entonces, tendría su germen en el intento e interés por ordenar la situación social y política caótica luego de la revolución francesa. Esta ciencia dejaría de lado la metafísica, teología y todos los demás modos de explicación de la realidad, entonces, se debía ceñir solo al estudio de hechos reales. Es obvio que entre 1500 y 1800 existía un trabajo sobre asuntos que hoy entran en el campo de la ciencia social: mecánica macroeconómica, instituciones políticas y dinámica social, de hecho, todavía leemos a los pensadores del siglo XVI en las facultades universitarias, sin embargo, aún no nos encontramos con estudios propiamente científicos, y todavía esos estudios no se consideraban separados del resto de los campos del conocimiento humano.

La creación de múltiples ciencias sociales durante el siglo XIX, fue el intento por generar pautas concretas y objetivas para entender la realidad humana con base a descubrimientos empíricos. La institucionalización tuvo lugar fundamental en cinco puntos geográficos: Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Alemania y la actual Italia. La separación de estas disciplinas tardó más o menos un siglo, y hacia la primera guerra mundial, había un consenso general en torno a unos pocos nombres definidos, la historia, economía, sociología, antropología y ciencia política eran los campos de estudios del comportamiento humano.

La historia, como campo de estudio y conocimiento, existe desde hace milenios, pero la diferencia particular es que desde el siglo XIX, los historiadores científicos, comenzaron a estudiaron la historia que efectivamente sucedió y que sobrepasaba en certeza a la historia como conocimiento oral, de tradición y muchas veces mezclada con elementos mitológicos de larga data. La fuente del conocimiento histórico en este momento, se vería dada por los textos y documentos recopilados, estos textos por supuesto, debían ser científicamente verificables. El contexto histórico llevó a los historiadores del siglo XIX a desarrollar y enfocar su trabajo en sus propios estados, el foco de estudio lo centraron en los pueblos que existieron dentro de las fronteras de cada Estado o nación, lo que a su vez, ayudaba a los gobiernos para generar cohesión nacional y legitimidad en términos de justificación.

Por su parte, los gobiernos requerían de una ciencia social que los llevara a mejorar la eficiencia de la administración de sus recursos materiales, tecnológicos y humanos en el presente, en ese campo la historia no tenía mucho que aportar, es ahí donde hace su aparición la economía. Si bien es cierto, entre 1500 y 1800 los diversos Estados ya se habían acostumbrado a dirigirse a partir de especialistas en los campos de estadística, ciencia administrativa, jurisprudencia, y economía política, es durante la primera mitad del siglo XIX cuando en las facultades universitarias comienza a estudiarse y enseñarse la economía política, para durante la segunda mitad de ese siglo pasara a denominarse economía. Al eliminarse el concepto político, los economistas podían sostener que la economía era fruto de comportamientos individuales universales no determinados a partir de instituciones socialmente construidas, argumento que luego podría usarse la naturalidad del término laissez faire.

Al mismo tiempo, se desarrollaba una disciplina nueva con un concepto inventado: la sociología. Para su inventor, Compte, la sociología debía ser la reina de las ciencias. Una ciencia social integrada y unificada que era positivista, sin embargo, en la práctica, su desarrollo vino dado en la segunda mitad del siglo XIX como resultado de las transformaciones sociales reflejadas en el mundo académico, con fuerza en las facultades universitarias, donde el trabajo estaba dado en búsqueda de encarar principalmente los problemas, el desorden y descontento social del presente. La sociología estaba preocupada por la gente común y por el impacto de la modernidad en su diario vivir, esto combinado con su impulso positivista y orientación al presente, llevo a que fuera una ciencia netamente nomotética.

La ciencia política surgió como ciencia todavía más tarde, principalmente porque a las facultades de derecho les costaba asumir la pérdida de ese campo. La resistencia de las facultades de derecho se explica por la importancia que los científicos políticos atribuían al estudio de la filosofía política, la llamada teoría política. El estudio de la ciencia política permitió a los Estados modernos justificar, legitimar y favorecer su maquinaria de orden interno y soberanía nacional frente al resto de los Estados, a la vez que, en conjunto, mantener y sostener la permanencia de un sistema interestatal con reglas pre y posteriormente determinadas que dieran cierto nivel de legitimidad y orden internacional frente a riesgos que amenazaran la sostenibilidad del sistema mundial.

En síntesis, la ciencia social se erige con la intención de marcar su cercanía con la ciencia natural, y lejanía con el conocimiento premoderno. En este esfuerzo, debían marcar pautas estandarizadas para así lograr explicar el comportamiento de la sociedad en el pasado (historia), y en el presente en los tres niveles transversales: mercado (economía), sociedad (sociología) y política (ciencia política).

Como hablamos de ciencias sociales, el método científico debía ser la norma, a la vez que se debía generar leyes universales que dieran explicación al comportamiento social del ser humano en los tres campos determinados. Y es aquí donde las ciencias sociales fueron incapaces de calibrar su perspectiva a diferencia de las ciencias naturales, porque mientras un hecho tan cotidiano como lo es que una persona salte y vuelva inmediatamente al piso es explicado unánimemente por la ciencia natural a partir de leyes universales, una revolución, guerra o el surgimiento de una dictadura o de los Estados modernos no tiene explicaciones unánimes regidas por leyes universales a partir de las ciencias sociales. Este fallo de un conocimiento que se autodenomina, muchas veces de modo meramente nominal, como científico, tiene su explicación en una disyuntiva que se originó durante el seno del siglo XIX en Europa: idealistas vs materialistas, es decir, en el centro del origen de la ciencia social, en la filosofía misma del conocimiento.

Mientras el idealismo considera que el motor de la historia, en lo fundamental, son las ideas, el materialismo sostiene que son las condiciones objetivas, es decir materiales – económicas, las que tienen prioridad explicativa sobre los fenómenos -económicos, políticos, sociales e históricos-. Las diferentes corrientes dentro de las ciencias sociales desarrollarían sus estudios basándose en una u otra perspectiva filosófica, y es aquí, en esta disyuntiva no superada, donde encontramos la explicación a la incapacidad para tener una ciencia social capaz de dar respuestas explicativas como lo son las ciencias naturales. El materialismo histórico desarrollado por Marx y Engels en pleno siglo XIX es quien aporta la segunda perspectiva, y es el cual, a mi juicio, posee las características más certeras como explicaré.

Vayamos primero a aclarar por qué es el materialismo, y no el idealismo la base para una explicación científicamente certera y racional sobre el devenir de la historia del ser humano. Cuando hablamos de una explicación certera, nos referiremos a la historia, pues, la historia dentro de su seno, no es más que una suma de básicamente, la economía, la sociología y la ciencia política, solo que aplicadas hacia el pasado y no en el presente.

Entiéndase que el idealismo, como ya hemos indicado, explica que los eventos que se dan en la historia de la humanidad dependen fundamentalmente, de las ideas que dominan dichas sociedades, la regla común entonces de todos los científicos sociales que se identifican con esta corriente, entienden que, como Hegel en su momento el progreso de la humanidad dependía del desarrollo de la conciencia humana, Spengler afirma que el organismo vivo de la historia es la cultura, y que en su maduración cada civilización adquiere desarrollo, Weber por su parte creía que el desarrollo de la historia humana era el progreso de la razón colectiva hacia el máximo de su desarrollo, Keynes en su teoría general afirma que el mundo está gobernado por las ideas de los economistas y filósofos políticos. Hasta el día de hoy, quienes realizan sus estudios y análisis dentro de las ciencias sociales desde esta perspectiva, lo hacen sin un razonamiento de fondo en torno a su perspectiva filosófica de la historia humana, a pesar de que, de este razonamiento se desprenda todo el andamiaje teórico que explica todo lo demás.

El problema de este planteamiento está en que, dentro de lo que es la ciencia, el progreso de las ideas, del pensamiento, o de la cultura, es algo meramente metafísico, e imposible de cuantificar, medir o estudiar de manera certera. De esta falta, nos surgen los problemas fundamentales que esta rama del conocimiento está imposibilitada en responder: ¿por qué una civilización determinada adquiere un nivel de desarrollo mayor que otra? Estos científicos sociales afirmarían que es por el progreso de la cultura y conciencia, ¿y por qué en dicha civilización se desarrolló más la conciencia colectiva? Para responder esta pregunta los diferentes científicos plantean diferentes respuestas, todas, metafísicas, en buena medida vinculada a las ideas religiosas preconcebidas. Hegel indicaría que esa conciencia humana no era más que norma divina reflejada en la realidad. Es general que el desarrollo de la historia bajo esta perspectiva, debía explicarse por elementos metafísicos, teológicos y abstractos, no por elementos materialistas ya que, en caso contrario, la supremacía del idealismo sobre el materialismo no podría establecerse. En síntesis, el meollo de todo estudio científico social, desde esta perspectiva, contiene una fuente no científica, de hecho, el intento de la ciencia por separarse del conocimiento teológico-metafísico que no pudiera concretarse en hechos reales, verificables, comprobables y objetivamente cuantificables, no se dio en este bando dentro de los científicos sociales, y esto significó durante más de un siglo y medio que las ciencias sociales se encontraran varios niveles debajo de las ciencias naturales, siendo, fuente de toda crítica por la opinión pública generalizada.

Al planteamiento anterior, desde mediados del siglo XIX Marx y Engels sumaron el materialismo histórico, el cual como ya se indicó, no es más que la prioridad explicativa de lo económico, sobre lo político, social y cultural dentro de la historia del ser humano. Esto significa que ahora la norma generalizada no sería un elemento metafísico imposible de ver, medir o comparar en estudios, sino que es el desarrollo de la técnica humana, de la tecnología, y la relación de la sociedad con esta, lo que marcaría el motor de la historia. Así, el comportamiento de una sociedad en un momento determinado, dependerá de la economía de modo prioritario, mas no mecánico, de esta forma el desarrollo de las ideas, por ejemplo, se entiende desde el simple hecho que la sociedad es capaz de entregar un excedente económico para permitir que exista una minoría que no realiza trabajo productivo, sino que se dedica a pensar, filosofar o realizar estudios científicos. Esto es fundamental, pues en definitiva se plantea algo socialmente conocido desde que tenemos noción de nosotros, y es que el ser humano para pensar, tiene que comer, y para que una sociedad pueda tener una filosofía, ciencia o religión determinada, requiere de tener un excedente para mantener una minoría que piense, y desde luego, para cada forma de organización política materializada en un Estado, se necesita un nivel de ganancia generalizada para poder sostener un ejército militar y un cuerpo numeroso de funcionarios públicos, esto, sumado a una estructura legal que siente las bases permitidas que rigen aquella sociedad.

Esta perspectiva resulta ser significativamente más acabada y precisa, pues en términos científicos permitía realizar estudios bajo el método científico con leyes objetivas universales capaces de usarse en todo momento y lugar. En este sentido, Marx y Engels esbozaron un marco teórico de estudio social según el cual, la primacía se enfoca en el desarrollo de las fuerzas productivas como infraestructura social en un contexto determinado, esto es, el desarrollo de la tecnología, la ciencia y la capacidad de la sociedad para producir en estrictos términos económicos, esta infraestructura se materializa en la estructura económica, las relaciones sociales de producción dominada por la lucha de clases entre diferentes polos sociales, los cuales, se encontrarán enfrentadas en la búsqueda por alcanzar sus respectivos intereses, finalmente, esta estructura converge en el mundo político, legal e incluso cultural (académico y religioso – ideológico) en lo denominado superestructura, aquí el Estado y las leyes no son más bien el reflejo político de una estructura –relaciones sociales de producción- específica, la función de estos entonces, se abocaría a dar legitimidad pública en el desenvolvimiento de la estructura.

Veremos que, según la teoría planteada:

i) El desarrollo de las fuerzas productivas debía ser la tónica dentro de la historia humana. Esta afirmación está basada en conocimiento empírico y científico cuantificable, la productividad laboral es una de las mediciones que más bien refleja este hecho.

ii) Las relaciones sociales de producción, es decir la relación entre las clases sociales, y de las clases con los medios de producción, denominado como estructura, es la forma como se materializa la infraestructura (fuerzas productivas) en el campo económico. Algo igualmente comprobable, ya que la tecnología y técnica no se mueve en un plano diferente e independiente de la sociedad.

iii) Si el desarrollo de las fuerzas productivas entra en contradicción con las relaciones sociales de producción, nos enfrentamos a un período de revolución social, rebelión, golpes de Estado o guerras civiles de las cuales pueden surgir una nueva estructura, o una estructura reformada y adaptada a las necesidades, como también puede haber otros resultados, como un retroceso o estancamiento.

iv) El resultado anterior dependerá del desenvolvimiento del enfrentamiento político, social y hasta militar entre las diferentes clases sociales. En estos momentos de lucha, es cuando la coyuntura histórica se encuentra más susceptible a modificaciones que dependen de la fuerza de cada clase social.

Es aquí, donde las leyes del materialismo histórico al ponerse en perspectiva, estudio y análisis empírico, dan respuesta explicativa a los sucesos que le conciernen al hombre. Son, por tanto, leyes universales que se pueden aplicar en todo momento y lugar que le conciernan al ser humano.

Ahora bien, esta teoría significó para cada una de las ciencias sociales, un avance en su metodología, vamos a explicar punto a punto el aporte del materialismo histórico en la historia, la sociología, la economía y la ciencia política. Explicando luego, por qué estimo que hasta el día de hoy es el materialismo histórico el que mantiene una metodología mucho más certera y cercana para dar explicaciones a la realidad social en cada una de sus disciplinas.

Primero, antes de partir con cada una, se hace necesario entender que el materialismo histórico, a diferencia del resto de las doctrinas de pensamiento dentro de las ciencias sociales, no se subdivide entre quienes se dedican a una u otra rama, sino que es uno que se aplica a la sociedad en su conjunto. Puede haber científicos sociales que estudien con mayor cabalidad la historia o la economía, pero todos deben hacer un análisis completo de la realidad, integrando todas las ciencias sociales mencionadas. Esto de por sí, es una ventaja al momento de comprender la realidad, y no impide a los científicos sociales ni los limita a un campo determinado, los economistas, por ejemplo, evitan caer en el economicismo exacerbado o en lo errado de las posiciones tecnocráticas. Dicho lo anterior, avanzaré en el punto.



Categorías:Economia, Historia, Política

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