Ciencia Política (parte 5)

La ciencia política, como el resto de las ciencias sociales, toma forma durante el siglo XIX, pero se consolida independientemente de otras ramas de las ciencias y el saber humano, hacia 1945.

Su objetivo central tiene el estudio en los fenómenos políticos, los cuales, toman forma en instituciones públicas, un orden determinado y un reglamento socialmente establecido.

La ciencia política tiene sus raíces desde el siglo XVI, la obra de Maquiavelo en “El Príncipe” es estudiada en todas las facultades de Cs. Política de al menos occidente, y se considera indispensable dentro del saber de todo científico político. Pero no es sino hasta el siglo XIX que adquiere rasgos científicos en la práctica.

Podemos entender el desarrollo de la ciencia política desde tres procesos diferentes, pero interrelacionados entre sí.

El primero de ellos es el campo netamente académico, dentro del cual, la ciencia política moderna tardó en independizarse de las leyes, la economía política y la filosofía no porque su tema, el Estado y la política moderna, fueran menos propicios para el análisis nomotético, sino debido a la misma resistencia de las facultades mencionadas para renunciar al monopolio dentro del campo. La resistencia de la facultad de derecho podría explicar la importancia de los científicos políticos al estudio de la filosofía política, conocida también como teoría política, esto, hasta la revolución conductista de 1945.

El segundo es el campo netamente teórico, se necesitó de la maduración de las ideas políticas nacidas durante el siglo XIX para que la ciencia política tuviera, además de un método, un objetivo central e independiente de estudio. Y es que, desde la revolución francesa a fines del siglo XVIII, durante todo el período decimonónico se desarrollaron las tres ideologías dominantes de la modernidad que sirvieron a su vez, como basamento teórico para las principales teorías de la ciencia política: el liberalismo, el conservadurismo, y el socialismo. Esta triada de ideologías estuvo realmente consumada recién hacia el último tercio del siglo XIX, lo cual, por cierto, retrasó la consolidación de la ciencia política.

Las convulsiones políticas y económicas durante los primeros 40 años del siglo XX posiblemente retardaron su independencia. Que Estados Unidos saliera victorioso de la segunda guerra mundial, fue un elemento que jugó a su favor y que determinó en gran medida que, desde entonces, la ciencia política tuviera como eje de desarrollo prioritario la potencia hegemónica de entonces.

Desde entonces diferentes corrientes de ciencia política desarrollan su existencia, la más importante y conocida, es el conductismo, reflejo de la euforia por hacer del estudio político lo más científico posible. Esta centraba su análisis en el estudio directo, observable del comportamiento de los seres humanos, lo cual debería ser susceptible a la comprobación empírica, en este sentido, las conclusiones de sus estudios deberían: a) contar con coherencia interna, b) estar en concordancia con teorías homólogas, c) proporcionar predicciones empíricas comprobables por predicción.

Entendiendo lo anterior, podemos diferenciar las diferentes corrientes en las Cs. políticas según su afiliación ideológica:

  • Los científico políticos conservadores, heredan parte de sus ideas y planteamiento de Thomas Hobbes: los hombres nacen libres, pero en su libertad, se desata el peligro de la anarquía, el Estado emerge de la necesidad de asegurar orden, y, por cierto, derecho sobre la propiedad. El Estado, y el soberano, surge por acuerdo social para asegurar estabilidad.
  • Los científico políticos liberales comparten con los conservadores la idea de que los hombres nacen iguales, como también que la sociedad es un pacto gracias al cual, algunos derechos son cedidos al Estado, como lo es la seguridad de sus habitantes. Sin embargo, el Estado debe limitarse a intervenir en las demás áreas lo máximo posible.
  • Los científico políticos socialistas, en tanto, se asemejaban con los liberales en el supuesto del progreso lineal del ser humano, el cual tiende al progreso, pero diferían en la situación concreta del Estado y la política del ser humano en contexto. Para el socialista el Estado no es fruto de un acuerdo de la sociedad, es una imposición determinada por una clase social.

Comencemos haciendo un resumen de las principales líneas teóricas de la ciencia política burguesa. Abarcaremos la siguientes: positivismo, conductismo, teoría sistémica, la hermenéutica y la política comparada.

El positivismo, tal y como se ha revisado dentro de la historia, busca separar cualquier teoría o visión acercada a la metafísica si se pretende alcanzar el conocimiento científico, por lo cual solo la observación de los hechos puede conducir a la construcción de conocimiento científico. Para el positivismo si se quiere alcanzar la verdad, se debe despojar al discurso científico de cualquier carga emocional cuya comprobación empírica sea imposible. Al igual que con otras ciencias sociales, uno de los aportes más valiosos del positivismo fue la demarcación rigurosa para determinar el carácter científico de cualquier discurso.

Kart Popper decía,

“Sólo admitiré un sistema entre los científicos o empíricos si es susceptible de ser contrastado con la experiencia. Estas consideraciones nos sugieren que el criterio de demarcación que hemos de adoptar no es el de la verificabilidad, sino el de la falsabilidad de los sistemas. Dicho de otro modo: no exigiré que un sistema científico pueda ser seleccionado, de una vez para siempre, en un sentido positivo; pero sí que sea susceptible de selección en un sentido negativo por medio de contrastes: ha de ser posible refutar por la experiencia un sistema científico empírico”

Popper, K., La lógica de la investigación científica

El conductismo, por su parte y como su nombre lo indica tiene su objetivo en el estudio de la conducta humana. A diferencia de enfoques anteriores, el conductismo abandona la idea de explicar las acciones de los hombres en términos de motivaciones subjetivas. Ejemplificado, al conductista no le importa saber por qué a un niño le hace feliz un regalo, lo que le importa es verificar que frente a tal estímulo, se responderá siempre de una misma manera. En este sentido el conductismo se asociará con la psicología y utilizará una metodología básicamente cuantitativa, basándose en estudios a personas, no en juicios ni en procesos históricos.

Es debido a lo anterior que el conductismo carece de un desarrollo teórico importante, y es que a los conductistas no les importa generar una teoría universal aplicable, simplemente se busca controlar la conducta humana del mismo modo que se controla el agua y el fuego para producir la ebullición.

Entonces, el postulado básico del conductismo es tratar la ciencia política como una ciencia natural.

Otro gran cambio que introduce esta corriente, es que hasta los años 50 la base de estudios eran las instituciones (como el Estado), pero desde entonces el estudio se enfocó en las personas.

Según Skinner,

Necesitamos llegar a una teoría del comportamiento humano que no sólo sea plausible, que no sólo sea lo suficientemente convincente para “vendérsela” a un gran público, sino una teoría que haya probado su valor dentro de la productividad científica. Debemos prepararnos, no sólo para hablar acerca de los problemas del mundo, sino para hacer algo al respecto de ello, para lograr la clase de control que es el objetivo de la investigación en la ciencia del comportamiento. La superioridad de tal teoría será entonces clara y no tendremos que preocuparnos por su aceptación Conforme avanzan las décadas, las transformaciones políticas en el campo de la realidad, se reflejaron en las tendencias políticas de esta ciencia. Tras la década de 1870, y sobre todo iniciados el siglo XX, la triada política terminó desembocando en un binomio político diferenciado entre la derecha y la izquierda, ambas fluctuantes entre el centro y su extremo, pero coincidentes en sus apreciaciones más importantes

Skinner, B. F. “Experimental psychology”

Además de la psicología, el conductismo se acercará a la economía ortodoxa en sus estudios, de la cual utilizará el concepto de “equilibrio natural del mercado”, conocido como la mano invisible.

El enfoque conductista entonces, buscará encontrar ciertas regularidades en los comportamientos singulares produciendo generalizaciones y predicciones que puedan ser generadas empíricamente sin necesidad de desarrollos especulativos.

La teoría Sistémica se desarrolla como una oposición al conductismo, por este motivo posee dentro de sí un nivel de abstracción muy superior. Deja de lado al individuo y vuelve a centrarse en las instituciones. Su principal objetivo era desarrollar un conjunto de relaciones que le permitan explicar cómo se asignan en una sociedad, los valores comunes ante los cuales se sienten obligados.

Esta teoría encontrará en la división del trabajo un punto central de análisis. Un segundo punto de análisis es el conjunto de valores y normas que condicionan las interacciones con los individuos. Finalmente, el tercer punto será el grupo de personas cuyo rol social será gestionar el sistema político, constituyéndose como autoridad.

La teoría sistémica abandona la idea de estudiar la conducta humana como medio para tener una explicación aceptable de un sistema social. La lógica entonces es a la inversa, es el sistema el que explica los actos individuales. Esto es, solo se acepta que un individuo está socialmente condicionado y, por ende, en cierta forma producido por el sistema, se puede considerar que sus actos son explicativos del funcionamiento del sistema como totalidad.

Según David Easton (principal exponente):

La diferencia de las grandes teorías políticas tradicionales, la nueva teoría tiende a ser analítica, no sustantiva, explicativa, más que ética, menos particular y de mayores alcances. El sector de la investigación política que comparte esta adhesión tanto a la nueva teoría como a los medios técnicos del análisis y la verificación, vincula de este modo la ciencia política con tendencias conductualistas más amplias de las ciencias sociales, de ahí el calificativo de conducta política. Este es el sentido e importancia cabales del enfoque conductualista en la ciencia política.

Easton se propone desarrollar una serie lógicamente integrada de categorías integradas con relevancia empírica que permitan analizar la vida política como un sistema de comportamiento; a saber, un esquema conceptual con sus códigos. En síntesis, su esquema se basa en una «teoría de sistemas» que busca emular campos diversos como la biología o las matemáticas en la política. Entre otras nociones, introduce el inputs y outputs como decisiones que afectan la asignación de valores en la sociedad.

CS POLITICAS

Como se puede observar, este esquema aplicado a un país indicaría que, la interacción de diferentes individuos en función a ciertas pautas sociales define al sistema político, así el sistema político distribuye valores que la sociedad considera como útiles (educación, poder, dinero, etcétera), estas interacciones operan mediante ingresos -inputs- y salidas -outputs- y a través de un dinámico intercambio se da la retroalimentación. Los ingresos son las demandas que el sistema político recibe de la sociedad, el sistema político es responsable de articularlas para luego entregar la respuesta (outputs), que son decisiones y acciones tomadas tras un proceso de decisión. Una vez estas respuestas interactúan con el entorno, el proceso se repetiría en un circuito de feedback el cual permite a las autoridades sondear y mejorar/corregir errores y perturbaciones.

Para Easton entonces, el objetivo del sistema político es alcanzar su persistencia, es decir perseverar en el tiempo en un ambiente de tensión constante.

La hermenéutica comienza su apogeo (ya que en realidad es muy anterior) a partir de los años 60, y a diferencia del conductismo y el análisis de sistemas, considera que la política no puede ser analizada como una ciencia al mismo nivel de las ciencias naturales, y por ende se centra más en la interpretación de las fuentes. La oposición con las posturas sistémicas y conductistas es evidente: no hay un acercamiento objetivo a los hechos políticos.

Por último, una de las corrientes más relevantes dentro de la ciencia política es la corriente comparatista. Esta corriente cobra una importancia relevante hacia la segunda mitad del siglo XX, se constituye como fuerte oposición del conductismo. Parte de su capacidad crítica sin abandonar su intención por encontrar un conocimiento objetivo y respaldado por técnicas de investigación metódicas, en este sentido si bien la comparación es un método también utilizado por el conductismo, el comparatismo agregó a esta metodología componentes ideológicos y teóricos, negando el carácter meramente descriptivo de la ciencia política. Toman distancia entonces del empirismo ateórico y del idealismo que hacía de la medición algo secundario.

Norberto Bobbio (uno de sus mayores y principales exponentes), indica lo siguiente:
El desarrollo real de la ciencia política es guiado (…) por el ideal de una política científica, esto es, de una acción política fundada sobre el conocimiento lo más rigurosamente posible de las leyes objetivas del desarrollo de la sociedad, no abandonado entonces al azar o a la intuición de los operadores políticos. En la lucha contra la adulteración ideológica de los reales móviles de la acción humana, la ciencia política nace ella misma en un contexto social e ideológico individualizado, en el que va abriéndose camino el ideal de la política como ciencia, es decir de una política no ideologizada. Consecuentemente, la competencia más urgente y conjuntamente más comprometida que espera en esta fase a la ciencia política es aquella de someter a análisis, y eventualmente cuestionar, la misma ideología de la política científica, examinando su significado histórico y actual

Bobbio, N., Matteucci, N. y otros; Diccionario de política

Entre sus características están:

  1. Buscar similitudes y semejanzas entre diferentes sistemas políticos
  2. Comprender un sistema diferente al propio es la mejor forma para entenderlo
  3. Utiliza tanto el método estadístico como el método histórico

Consecuentemente, la competencia más urgente y conjuntamente más comprometida que espera a la ciencia política es aquella de someter a análisis, y eventualmente cuestionar, la misma ideología de la política científica, examinando su significado histórico y actual. En este sentido sus focos de estudio son los siguientes

  • I. Sistema Político
  • II. El gobierno.
  • III. El Poder.
  • IV. Las políticas públicas
  • V. La democracia y los sistemas políticos
  • VI. Las relaciones internacionales.

¿Cuál es la posición y perspectiva que tiene la ciencia política?

Partamos con el Sistema político (donde incluimos al Estado), aquel ente del cual todos hablamos, pero pocos entienden desde un punto de vista conceptual. Como hemos revisado, hay corrientes dentro de la ciencia política que se alejan del estudio de instituciones, como sucede con el conductismo, pero cuando nos adentramos en el desarrollo teórico de corrientes como la comparatista o el análisis de los sistemas surgen estudios con mucho desarrollo, es por esto que resulta sumamente interesante el aporte de los diferentes científicos políticos que debatieron en torno a la naturaleza, origen y sustancia del Sistema Político. En general, estas corrientes divergen en aspectos puntuales como la característica del sistema político, sus prioridades o su eje de acción, pero sí convergen al momento de asumir que este engranaje es una materialización de la sociedad con fines determinados y que por definición, su realidad interna es más bien imparcial, neutra y responde a factores en esencia políticos. Esto es, en palabras de Samuel Phillips Huntington, un sistema político es un conjunto formado por unas determinadas instituciones políticas, que tienen unas determinadas expresiones formales identificables en el régimen jurídico, en relación con un cierto nivel de participación que se manifiesta en conductas observables empíricamente y referidas al ejercicio del poder político por medio de las instituciones y los actos del gobierno, a la vez, Gabriel Almond indica que un sistema político es un sistema de interacciones, existente en todas las sociedades independientes, que realiza las funciones de integración y adaptación, tanto al interior de la sociedad como en relación con las otras, mediante el uso o la amenaza del uso de la violencia física más o menos legítima.

Por su parte, Bobbio parte de la idea conceptual del Estado desde su doctrina iusnaturalista del Estado como ente racional. A partir de lo anterior, rescata que el Estado consiste en el factor coercitivo que soporta a la propiedad privada, dándole la potestad de regulación, para lo cual se apoya en la racionalidad. En su conceptualización el origen y fundamento del Estado es el estado de la naturaleza, además existe una relación de contradicción entre el estado de naturaleza -entendida como sus individuos en libertad e igualdad uno del otro- y el estado político ya que este último surge en contraposición del primero, por lo cual el paso de un estado a otro sobreviene a partir de uno o más actos voluntarios de los individuos interesados en salir del estado de naturaleza, la legitimación de esta sociedad política (a diferencia de la patronal y familiar) descansa en el consenso.

Una síntesis de la tradición de la ciencia política burguesa la entrega de modo brillante y conciso Ralph Miliban,

Una teoría del Estado es también una teoría de la sociedad y de la distribución del poder en esa sociedad. Pero la mayoría de los “estudiosos de la política” occidentales, a juzgar por sus obras, argumentan, a partir del supuesto de que el poder, en las sociedades occidentales, es competitivo, y está fragmentado y difuso: todo el mundo, directamente o a través de grupos organizados tiene algún poder y nadie posee o puede poseer una cantidad excesiva del mismo. En estas sociedades, los ciudadanos disfrutan del sufragio universal, de elecciones libres y regulares, de instituciones representativas, de derechos ciudadanos efectivos… y así los individuos, como los grupos, hacen amplio uso de estos derechos, bajo la protección de la ley, de un poder judicial independiente y de una cultura política libre”

De lo anterior, lo que se puede extraer entonces es que tanto el gobierno como el poder, en una sociedad democrática, descansan en la legitimación de la sociedad civil empoderada, por lo mismo, las políticas públicas vendrían a representar una serie de medidas, programas y acciones que -como expresa Easton en su teoría- operan como outputs frente a los inputs civiles.

Toda esta estructura conceptual conlleva a que la ciencia política burguesa, estudie modelos políticos de diferente índole y los catalogue bajo diferentes conceptos y versiones a partir de un marco ideológico claro, el liberalismo político. Entender la complejidad del liberalismo implicaría trascender los límites de este artículo que versa sobre la ciencia política y el marxismo, sin embargo es posible afirmar que la ortodoxia defina los modelos políticos en función a su modelo democrático. Las variaciones también se explican como un espejo del liberalismo, y es aquí donde vale la pena profundizar qué tipos de modelos políticos son los que entiende el saber ortodoxo.

Por una parte, nos encontramos con la democracia como modelo político, la cual se erige según los preceptos liberales, esto es, la democracia representativa, según la cual el poder de la sociedad se refleja en las elecciones periódicas, la libertad de opinión y conciencia, el ensalzamiento a los derechos humanos, la separación de poderes e igualdad ante la ley. Por otra parte, están aquellos que observarán con reticencia el desarrollo de modelos liberales por lo cual se mostrarán más atraídos por modelos autoritarios con mayor control sobre las libertades civiles.

En el aspecto económico, también tenemos dos grandes divergencias. La primera percepción es la de una economía regulada, con un nivel relativo de participación estatal, controles en las exportaciones y administración pública en los sectores clave, y la segunda se acerca más a los principios del liberalismo económico: apertura de fronteras, reducción de impuestos y preponderancia a la actividad privada empresarial.

La tercera disyuntiva es la social, aquí tenemos aquellos modelos progresistas a favor de medidas sociales encaminadas al empoderamiento femenino o LGTB, postura favorable a la inmigración, ETC., en contraste y oposición, están los modelos conservadores que prefieren refugiarse en los valores considerados como tradicionales asumidos como esencia de la cultura nacional.

Estas tres variantes -política, económica y social- forman parte de disyuntivas propias del liberalismo y su oposición más próximo, el conservadurismo, pero a la vez son un reflejo de la esencia e incógnita del liberalismo. ¿Hasta dónde llega ser liberal? ¿Se puede ser liberar en economía y no en la política?

Así, el estudio político se centra en un marco del cual difícilmente podrá salir sin una postura realmente científica. Y es que el científico social mirará en el liberalismo y el conservadurismo el marco dizque científico de cómo son o deberían ser los gobiernos. Un gobierno como el de Pinochet es una dictadura porque políticamente limitó en absoluto libertades, censuró opiniones y persiguió a opositores, pero por el contrario, un gobierno como el del Tatcher es una democracia a pesar de haber cercenado en buena medida derechos económicos y sociales de la clase obrera en Reino Unido.

Finalmente visto lo anterior, nos queda entender las relaciones internacionales según la ciencia política burguesa. Así como ya se ha revisado, las divergencias son muchas pero en esencia son sus similitudes las que nos permiten hablar de una ciencia “burguesa”. ¿Cómo podríamos comenzar entonces a definir las relaciones internacionales según la ciencia política ortodoxa? En términos simples, parten su esbozo con la realidad del sistema interestatal que surge hacia el siglo XVI en Europa, momento que además, la soberanía como concepto se integra dentro de esta nueva realidad. Esto nos indica un factor clave en su análisis: las ideas explican las realidades de constante cambio. Norberto Bobbio define soberanía como “pura y simplemente ‘poder supremo’, es decir, poder que no reconoce por encima de sí mismo a ninguno otro. En la escala de los poderes, bajo los que cualquier sociedad jerarquizada está constituida, si se parte de abajo hacia arriba, se observa que el poder inferior está subordinado al superior, el cual, a su vez, lo está a un poder todavía más elevado. Al final de la escala forzosamente existe un poder que no tiene por encima de sí mismo ningún otro. Este poder supremo, o summa potestas, es el poder soberano, y donde hay un poder soberano, hay un Estado”. En definitiva, este nuevo sistema interestatal estudiado por la ciencia política nace por el desarrollo de una diplomacia renacentista en la península italiana y es institucionalizado finalmente tras la paz de Westfalia en 1648. Con el desarrollo de los siglos, el avance de las ideas aportará nuevos elementos en la codificación de las relaciones internacionales. Dos son los más importantes, el primero tras la revolución francesa es el cambio de la idea de soberanía, desde la monarquía al pueblo o ciudadanía, y el segundo es la materialización, tras la segunda guerra mundial, de los derechos humanos y el fin de la colonización derivado del derecho de la Autodeterminación.

Así, las relaciones internacionales estarían configuradas como las relaciones entre los Estados (o sistemas políticos) de cada país en búsqueda por asegurar las demandas civiles, programas políticos y medidas de carácter público. En este sentido todo tipo de pugna política internacional vendría a ser entendida como un residuo de los problemas emanados inicialmente al configurarse la soberanía de cada Estado (diferencias territoriales, por ejemplo), o por la acción ilegítima de un régimen sobre otro (como sucedió tras la invasión alemana en Polonia). En este sentido, cada pugna internacional será asumida como aceptable o no, en relación con los principios descritos.

Para el marxismo este esquema político se queda corto y no resulta científico toda vez que no es capaz de encontrar en la política, el meollo y origen de su devenir. La relación entre infraestructura/estructura y superestructura es de vital importancia, pues en esta última se encuentran todas las manifestaciones ideológicas, éticas y sobre todo políticas que se pueden observar en una sociedad. Es decir, a X estructura Y superestructura política/ideológica. En este sentido, ¿por qué ya no existen los imperios expansivos? O al revés, ¿por qué existieron los imperios?

Como ya se ha indicado, es la estructura económica la que antecede a la superestructura política, entonces si observamos la historia del imperio romano, su estructura económica se basaba en una serie de sectores con una fuerte presencia del trabajo esclavo. Para mantener el enorme flujo de esclavos, el Estado romano se debía asegurar de flujos de recursos por lo cual era sumamente necesario que la organización política fuese lo suficientemente robusta para satisfacer dicha necesidad, lo que explica la dinámica constante de guerras y expansiones territoriales del imperio. No es de extrañar entonces, si miramos la historia política y económica en profundidad, que la historia de la humanidad entre el 8000 antes de nuestra era y 1500 se resumiese el devenir, expansión, contracción y conflicto entre imperios. No es, como podrían pensar los científicos políticos burgueses, una situación nacida a partir del pensamiento humano o una simple interacción, sino más bien como explica el materialismo histórico, una concreción de la realidad en las relaciones sociales de producción, esto es, el Estado o sistema político, nace de la necesidad de la clase económica dueña de los medios de producción (y en el caso romano, también de la fuerza de trabajo), por organizarse a través de instituciones, legitimarse a través de cuerpos legales, protegerse mediante sus fuerzas armadas, y hegemonizarse en la sociedad mediante la masificación e inculcación de un discurso beneficioso para la élite, es decir la ideología. Si nos centramos en la época contemporánea, el nacimiento del Estado moderno emerge motivado por una clase capitalista que se va fortaleciendo con el tiempo, pero que requiere de un garante de seguridad y acumulación. Es por esto que la ciencia política marxista contiene un elemento que la ciencia política burguesa nunca tendrá: la verificación de que el Estado posee una clase social determinada, la capitalista, que actúa por y para los intereses de los capitalistas ante todo. Lo anterior explicaría por qué los gobiernos incurren en medidas poco populares cuando van en contra de la demanda social, como sucedió en España tras la crisis inmobiliaria (recortes y ajustes), pues su objetivo más puro, es priorizar la acumulación capitalista, lo que Easton llamaría decisiones racionales, en realidad son decisiones de clase. Lo mismo ocurre en Chile tras década de un modelo neoliberal que ha despojado a la clase proletaria de seguridad social y protección, ha llevado a millones de ancianos a la pobreza, ha posibilitado que miles mueran esperando atención médica, y ha sostenido una pésima gestión de los recursos hídricos, ¿cómo se puede entender esta dinámica política a partir de decisiones racionales? ¿Cómo se puede entender la situación chilena luego de años de cuestionamiento dentro del esquema de Inputs, outputs y feedbacks de Easton? De igual modo, ¿cómo puede nacer el Estado desde actos voluntarios de los individuos cuando la evidencia histórica demuestra que el surgimiento de este se dio con violencia, expropiación y en muchos casos masacres?

El Estado moderno y el sistema político en consecuencia, son creaciones de la clase capitalista con el objetivo de mantener asegurado y legitimado su constante ciclo de acumulación. El Estado no es neutro, ni tampoco es creación de una interacción en la cual todos estamos incluidos, equivalemos lo mismo y participamos como seres racionales, sino que nace dentro de la organización de una clase que se impone al resto. En un inicio a través de monarquías absolutas, pero conforme se va complejizando la realidad, profundizando las relaciones capitalistas y por ende la polarización social, se manifiestan diferentes crisis que abren la necesidad de reformarlo y democratizarlo. Una democracia que también tiene un carácter eminentemente burgués toda vez que en su surgimiento mantiene las contradicciones de clase cada vez que los partidos políticos no son más que instrumentos de la clase capitalista para filtrar justificándose en los méritos al mejor candidato. Entonces, dilemas y debates como liberalismo político versus autoritarismo, progresismo versus conservadurismo, o liberalismo económico versus proteccionismo no son más que caras dentro de una misma moneda: la superestructura política se adapta, transforma y muta en relaciones a las necesidades capitalistas. Los científicos políticos se sumergen en un debate sin fondo ni fin, están abstraídos en conceptos concretos pero perdidos en un mar de realidades que les termina superando su visión de la realidad.

Es en esta situación, que el Estado moderno capitalista puede contener dentro de sí, diferentes modelos de organización, monarquías, teocracias, regímenes totalitarios, regímenes caudillistas, dictaduras, y democracias burguesas de todas las corrientes (parlamentaria, presidencialista, multipartidista, bipartidistas, etcétera), lo cual hace del capitalismo mucho más dinámico y moldeable que otras estructuras económicas, sin embargo este dinamismo también tiene límites remarcados por la acumulación misma del capital, es por lo anterior que regímenes verdaderamente populares o imperios expansivos no se pueden concebir y en su intento (como con la experiencia de Napoleón, Hitler o la comuna de Paris) las diferentes élites nacionales se aúnan para exterminarlos.

En este aspecto, el poder se mantiene a través de la seguridad de las fuerzas armadas, y la legitimación de las clases sociales mediante la masificación de discursos que terminan formando ideologías. Instituciones como las escuelas, los medios de comunicación, museos, celebraciones nacionales, calan hondo en la mente de las sociedades que asumen como real conceptos tales como nación, patria, raza, soberanía nacional. La ideología entonces opera como un conjunto de representaciones, valores, creencias con coherencia interna que conciernen al mundo en el que viven los seres humanos, y por lo tanto están en todas sus prácticas sociales, incluyendo las relaciones de explotados y explotadores, ocultando de facto las contradicciones de la sociedad capitalista. Permitiendo entonces asegurar desde el discurso mismo, la explotación y el predominio de clases.

¿Y las relaciones internacionales? Nuevamente el materialismo histórico aporta una postura mucho más científica, lo cual permite entenderlas de un modo más acabado. Si entendemos este sistema interestatal como una compleja red de diferentes integrantes posicionados a su vez en diferentes niveles y lugares dentro de la división internacional del trabajo, podemos concluir de modo somero, que las relaciones internacionales vendrán dada por tal condición, esto nos lleva a entender por qué existen países hegemónicos, guerras, colonización dentro del marco de soberanía y autonomía nacional. Para entender esta contradicción, debemos preguntarnos, ¿por qué el sistema interestatal es la forma final de la superestructura política? Volvamos a ver el caso del imperio en Roma, el Estado romano existía como una materialización política de las relaciones sociales de producción de corte esclavista, en aquel entonces los grandes imperios o bien basaban su economía en grandes masas de esclavos, o bien se configuraban a través de formas cercanas al modelo asiático, pero en general eran imperios que vivían en constante expansión y contracción, cuya dinámica entre sí era muy poco fluida, con poco contacto demográfico y cuando este contacto era mayor se debía precisamente a encuentros bélicos a raíz de necesidades opuestas, generalmente tras dichos encuentros un imperio se imponía sobre otro. Esta somera explicación nos debería llevar a dos ideas, por una parte tenemos una superestructura política compleja con un mercado propio, esto es, el mercado tiene un límite marcado por la extensión misma del Estado, lo cual no quita ni excluye que existiese algún comercio con otros Estados o imperios, pero por lo general era muy minoritario y no implicaba en absoluto el grueso de las ganancias, por otro lado estos imperios tenían sus propias leyes, nada sobre ellos los limitaba a hacer lo que les significase algún beneficio. En este sentido las relaciones interestatales capitalistas suponen una diferencia sustancial frente los imperios, y es que cada uno de los Estados depende del comercio y negocio con el resto de la comunidad, y existen ideas que operan como leyes para evitar la creación de imperios.

Lo anterior se debe al carácter y comportamiento mundial que posee el capitalismo, es decir, no puede existir dentro de una sola frontera política, no puede sobrevivir dentro del imperio, sino que debe expandirse y extenderse lo máximo posible, a lo anterior se suma la necesidad contradictoria del capitalismo por un universo político que le proporcione tanto seguridad como libertad en tanto un Estado les puede proporcionar seguridad, pero conforme éste se va hipertrofiando, se vuelve más sofocante impidiendo la maximización de ganancias. Lo anterior expliquémoslo con un ejemplo, digamos que el día de mañana se funda un gobierno mundial, un Estado mundial, y un sistema político mundial con las mismas características fundamentales que hoy posee el Estado nacional (es decir, política fiscal, impuestos, moneda, leyes, policía, instituciones, ETC.), una preocupación prioritaria de cara a la clase capitalista vendrían a ser los costes de su producción, como impuestos y normativa medioambiental vinculada a sus residuos industriales, ¿cómo solucionará este Estado mundial las diferencias entre países? Una primera opción, sería igualar a todos las normativas e impuestos, de aquí surge una segunda pregunta, ¿Cuál sería el nivel de impuestos adecuados? ¿Cuál sería la normativa medioambiental pertinente? ¿Cuál sería la regulación laboral concerniente a seguros de desempleo, cotizaciones, salarios y protección de trabajadores? Se nos desprenden dos opciones, o bien este Estado opta por lo alto -homologando a Noruega, Suecia, Alemania- o bien por lo bajo -Perú, Colombia, Chile, Bangladesh-, ¿qué sucedería si se hace lo primero? Se afectaría enormemente a las empresas que hoy se encuentran ubicadas en los países menos desarrollados con un capital poco avanzado, ¿y qué sucedería si se hiciese lo segundo? Pues que el Estado mundial percibiría un nivel bajo de ingreso fiscal para sostener su estructura. Una segunda opción sería no homologar los costos, pero en esta situación, las empresas podrían aprovechar la instancia para relocalizar su producción como hacen hoy, pero con el plus de formar parte del mismo Estado, frente a esto el Estado mundial podría impedirlo a través de trabas burocráticas y legislativas, pero todo se traduce en el incremento cualitativo y cuantitativo de funcionarios públicos orientados a la fiscalización y administración. Frente a esto, ¿qué sucede con los derechos sociales de la nueva sociedad mundial, pues ocurre algo similar que con las empresas, ¿un peruano tendrá la misma posibilidad de acceso a la salud y educación pública que un noruego? ¿Cómo se haría cargo el nuevo Estado de reducir las enormes brechas económicas? ¿Qué sucederá con la inmigración? A este punto, el problema de la homologación social vuelve a ser el mismo, y es que homologar significa incrementar costos, y su incremento vendría a materializarse en mayores presiones para las ganancias capitalistas, luego, si el Estado decidiese no homologar estos derechos, entonces la configuración política no podría ser liberal ya que esto significaría que los ciudadanos no se encuentran en igualdad frente a la ley. Por otro lado, ¿cómo aseguraría este Estado un nuevo orden mundial? Pues mediante la policía y las fuerzas armadas, ante esto, ¿cuál vendría a ser el nivel adecuado? Abarcar conflictos como el existente en oriente medio, las guerrillas en África y el narcotráfico en Sudamérica, Centroamérica y México requiere también ingentes cantidades de dinero y de fuerzas policiales para asegurar un nivel aceptable de estabilidad, ¿de donde saldría este dinero si no es que de las ganancias mismas de los capitalistas?

En definitiva, ¿cómo congeniar los diferentes intereses capitalistas en un único marco estatal? ¿Cómo elaborar el mismo plan de acción en materia monetaria, fiscal, arancelaria, subsidiaria, etc.? Son muchos intereses que posee una clase que termina materializándolos en su manifestación de Estado, independiente de los otros, a la vez que dependiente del mundo, pero en esta yuxtaposición tan contradictoria, encuentran su ecosistema político óptimo. Por supuesto, al esbozar los dilemas de un “imperio mundo” que encubra al capitalismo, estoy asumiendo hipotéticamente que existe opción a sostener una sociedad bajo la dinámica actual con un único Estado, pero como se ha esbozado, es la estructura económica la que se sobrepone a la política, y a la clase capitalista lo que le interesa es una red de diferentes Estados pertenecientes al sistema, no un único Estado. Lo anterior explica por qué la transgresión de este sistema es sancionada en el acto (Felipe II, Napoleón, Hitler). Un único Estado puede llevar como respuesta, intensos movimientos separatistas con relativo grado de éxito, tal y como ha ocurrido tras cada movimiento de independencia exitosos donde lo que ha ocurrido, es que la clase capitalista se construye su propia versión de Estado con sus propias condiciones de explotación.

Habiendo explicado lo anterior, las relaciones internacionales son ante todo, relaciones de Estados capitalistas, y buscan por tanto, facilitar la acumulación capitalista mediante la apertura de mercados, inversiones y negocios. En esta relación, no todos los Estados tienen el mismo poder e influencia, así los Estados centrales contienen un mayor grado de concentración de las industrias pioneras de la economía en su momento, mientras que los Estados más periféricos solo poseen industrias y economías basadas en rubros de bajo valor agregado, de esta polarización, emergen Estados que convergen hacia una situación hegemónica -como lo fueron las Provincias Unidas, Reino Unido y Estados Unidos-, es esta relación entre la hegemonía y el resto del mundo, la que explica la diplomacia, los hechos políticos y las guerras más relevantes en la historia internacional -siempre dentro del marco del sistema interestatal-, la guerra de los 30 años representó el gran intento español por imponer un imperio dentro del sistema interestatal de cuyo fracaso tras la paz de Westfalia, emergen las Provincias Unidas como primera potencia hegemónica, las diferentes guerras anglo holandesas del siglo XVII fueron marcadas por la disputa de esta hegemonía entre las Provincias Unidas e Inglaterra, las sucesivas guerras entre Francia e Inglaterra desde inicios del siglo XVIII hasta 1815 (que los historiadores acuñan como la segunda guerra de cien años) fueron los pasos marcados entre ambos países por la disputa de la hegemonía mundial, las diferentes guerras del Opio representaron la hegemonía inglesa a nivel mundial (que ahora trascendía América y Europa, ingresando directamente en el lejano oriente), las guerras prusianas representaron a su vez el próximo ascenso alemán como posible potencia hegemónica, mismo caso con Estados Unidos y sus diferentes intervenciones en el exterior, llegados al siglo XX las guerras mundiales también marcan la victoria estadounidense sobre su rival más próximo -Alemania- así como también para con el alicaído imperio británico.

Por supuesto, no todas las guerras se explican bajo este componente, pero sí las más relevantes a nivel internacional se explican por el auge, declive o consolidación de una potencia hegemónica. Esta realidad empírica y contrastable incluso hoy (las diferentes pugas políticas entre Estados Unidos y China vienen a significar lo mismo que las pugnas entre Inglaterra y Francia siglos atrás) explica por qué dentro de este mismo sistema político existen leyes como la soberanía al mismo tiempo que invasiones internacionales, esto pues la soberanía asegura a nivel internacional la existencia del sistema, pero no asegura a nivel más micro que en estos diferentes ciclos un Estado -especialmente uno hegemónico- intervenga en otro, como hizo Estados Unidos en Irak a inicios del presente siglo, al fin y al cabo, son leyes que crean y respetan los Estados capitalistas, lo cual las hace en extremo flexibles (que no traspasables).

Habiendo revisado entonces, las principales diferencias y distancias entre la ciencia política burguesa y marxista, nos queda entonces concluir que es la segunda la que realmente estudia a la política bajo un método científico claro, con una visión mucho más integral con otras ciencias sociales superando la premisa básica positivista que todavía pervive en las ciencias sociales burguesas: estudiar a la sociedad en sus partes, fragmentos u órdenes institucionales (Weber), cada una comprensible en sí misma constituyéndose por eso mismo en una disciplina particular, la sociología estudia a la sociedad, la economía al mercado, la antropología cultural se encarga de la cultura y el universo simbólico -muy enfocada en las sociedades atrasadas-, la historia ve el pasado separándolo del presente y la ciencia política se adentra en la política. En la política marxista entonces, la democracia burguesa no convence, porque no deja de basar su existencia en un sistema donde la tónica es la polarización y la explotación del hombre por el hombre, en su lugar su propuesta es la eliminación del Estado capitalista, la reabsorción del Estado por la sociedad civil plasmado en la fórmula del “autogobierno de los productores”.



Categorías:Política

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: