¿TIENE FUTURO EL CAPITALISMO?

Hace unos días me terminé un libro titulado de la misma forma que este artículo, en éste una serie de autores hacen la presentación y desarrollo de su respectiva apreciación con respecto al futuro de nuestra civilización entendida como una estructura capitalista. Los autores muestran diferentes perspectivas, pero agrupadas en dos vertientes; la primera está representada por Wallerstein y Collins estiman que el capitalismo tendrá una fecha de caducidad marcada por reglas objetivas que se vienen dando dentro del desarrollo mismo del capitalismo, la segunda es defendida por Maichel Mann y Craig Calhoun quienes forman parte de la vertiente reformista la cual considera que una solución socialdemócrata podría significar el futuro para el capitalismo.

En este artículo me detendré a analizar los principales puntos esbozados por Mann, quien es a mi juicio, el más férreo defensor de la solución socialdemócrata como futuro capitalista. Luego de describir cada punto me encargaré de describir mi apreciación sobre las reglas objetivas capitalistas que darían un fin al sistema, estas reglas son una suerte de síntesis y embudo que lleva a la convergencia de las posturas Wallerstein – Collins para finalmente, esbozar, describir y analizar los vacíos, las debilidades y los problemas que harían del análisis de Mann una apreciación a mi juicio, errada a futuro.

 

…Una solución socialdemócrata…

 

Michael Mann inicia su análisis expresando su escepticismo acerca de la teoría de ciclos económicos que sostienen buena parte de la visión de Wallerstein sobre el desarrollo capitalista. Wallerstein considera que el sistema capitalista tiene un comportamiento volátil, cíclico, pero ante todo coherente en relación a sus propias reglas. Estos ciclos tienen una duración de entre 25 y 50 años –a los que denomina Kondratiev por el economista que enfocó parte de su vida académica en el estudio de dichos ciclos-  que se suceden entre sí entre ciclos de ascenso y descenso generalizado en la economía. Mann explica que estos ciclos no coinciden entre sí con una prolongación determinada y exacta, que vendría a ser 54 años, a la vez que indica la incapacidad de ver que estos ciclos sean aplicables de manera generalizada a las economías dentro del globo capitalista. Para esto último indica que ni la gran depresión de 1929 ni la última gran recesión de 2008 afectaron al mundo en su totalidad ya que mientras buena parte de los países más industrializados cayeron en graves crisis, esta crisis no afectó a muchos países y que por tanto no pueden considerarse globales.

Parte de la crítica anterior tiene que ver también con los ciclos, pero no con los ciclos netamente económicos, sino que con la lectura geopolítica de Wallerstein sobre el surgimiento, desarrollo y crisis de las potencias hegemónicas dentro del mundo. Wallerstein analiza la historia del sistema mundo desde sus albores (en un momento hacia el siglo XV) hasta la actualidad y considera que desde entonces ha habido tres potencias hegemónicas en la historia, la primera potencia fueron las Provincias Unidas las cuales dominaron la realidad política durante el siglo XVII, la segunda potencia fue Gran Bretaña la que, al igual que la anterior dominó la situación política durante el siglo XIX, y finalmente Estados Unidos realizó la misma labor desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Según Wallerstein todas estas potencias gestaron su dominio durante un período determinado hasta el momento en que entraron en declive siendo finalmente desplazadas de su posición, actualmente Estados Unidos se encontraría en un franco proceso de declive político. Mann considera que la cronología y caracterización de las respectivas potencias no es correcta, concluye que ni las Provincias Unidas ni Gran Bretaña fueron efectivamente potencias hegemónicas en relación a los poderes políticos del momento, por lo que desde su visión, los ciclos hegemónicos políticos no concuerdan con la realidad aunque sí cree que Estados Unidos se encuentra en un franco declive cuyo futuro vendrá representado por una multipolaridad entre Estados Unidos, China, India, Brasil, Rusia y la Unión Europea.

Hasta este punto, Mann solo realiza un esbozo que funciona como preludio del cuerpo de su posición. Es aquí cuando comienza con su contraargumentación a la postura Wallerstein/Collins. Según Mann, una consecuente proletarización y desruralización del mundo eventualmente podría significar un incremento de los costos capitalistas pero estos mismos, podrían ser compensados por un incremento en la productividad y en la demanda agregada por parte de los países recientemente industrializados. Al mismo tiempo, un incremento en los costos ecológicos/geográficos podría ser compensado mediante la “destrucción creativa”, es decir, una innovación en la producción tecnológica, invirtiendo en una nueva cartera de mercancías (bienes y servicios) a ofertar.

Por otra parte, Mann igualmente considera que la perspectiva de Collins es incorrecta. Esta describe el futuro capitalista como un mundo con una creciente tasa de desempleo provocada por la tecnologización, robotización y automatización de las labores, empleos y producción. Mann estima que los datos cuestionan este planteamiento, que en realidad el empleo ha aumentado conforme se desarrolla la tecnologización de la economía mundial por lo que la visión de Collins es alarmista e infundada.

Finalmente, Collins considera que el futuro del capitalismo <<no sería tumultuoso, sino aburrido>>, según su visión el capitalismo avanzará hacia un desarrollo convergente en el que todas las regiones del mundo tendrán un grado de tecnologización tal, que el crecimiento económico será leve, de un aproximado 1%, pero que asegura incentivos y desarrollo social, algo muy similar a lo que sucede hoy en los países más desarrollados como pueden ejemplificar los Estados de Europa del norte. En este contexto mundial, un desempleo estructural del 15% o incluso del 30% sería insignificante y no aseguraría una salida revolucionaria ni una muerte del capitalismo, más bien solo implicaría dos escenarios posibles: a) un mundo en el que ese máximo tercio de la humanidad viviría excluida de la sociedad, b) un mundo en el que ese máximo tercio de la humanidad viviría siendo mantenida para que no caiga en la inanición ni en la pobreza absoluta.

Michael Mann entonces, consciente de las debilidades y fortalezas del sistema, estima que las políticas posibles y ejecutables son aquellas de carácter socialdemócrata con gobiernos que distribuyan la renta de modo más o menos equitativo, dando, por ende, cabida a un futuro con amplio desarrollo social sin grandes perturbaciones sociopolíticas.

Realidad y Realidad

 

Vayamos a realizar una lectura crítica de cada uno de los puntos esbozados por Mann anteriormente.

  1. En primer lugar, que existan ciclos económicos dentro del capitalismo, no significa que estos ciclos sean “mundiales”. Si por mundiales entendemos que afectan a todos por igual y de modo generalizado, esta definición no puede ser más que una apreciación errada. Desde ya debemos entender que las crisis no van a afectar a todos los actores por igual, ni en el mundo, ni en las regiones, ni siquiera dentro de los mismos países (y ya, ni en las mismas ciudades). De hecho, dentro de la misma crisis del 29, hubo empresarios que, aunque pocos, se enriquecieron a diferencia de sus pares. Esto es lógico si aplicamos un ejemplo básico para corroborar nuestra perspectiva:

 

a) Digamos que en una economía mundial tipo, existan 10 actores económicos mundiales, 3 de ellos producen bienes manufacturados, mientras que los 7 restantes producen materias primas destinadas a los 3 países mencionados. Los tres países productores de manufactura proveen al mundo de automóviles, televisores y celulares mientras que de los 7 países proveedores de materia prima proveen al mercado diferentes mercancías: 3 proveen de metales (cobre, oro y hierro), los siguientes 3 venden productos derivados de los combustibles fósiles (petróleo y gas natural), mientras que el último exporta productos agrícolas. Ahora bien, digamos que los tres productores de bienes manufacturados entran en recesión, ¿esta afectará por igual a los siguientes 7 países? No. Y no lo hará porque todo dependerá de elementos claves como la elasticidad de la demanda, la participación comercial y la capacidad interna de cada país para defenderse y sobreponerse de los shocks externos negativos. Por ejemplo, si consideramos que los productos derivados del agro tienen una elasticidad de la demanda inferior a los derivados de combustibles fósiles y minerales, entonces podemos inferir que el único país productor de mercancías agrícolas verá sus exportaciones menos afectadas que el resto de los países y por ende no será afectado en igual proporción.  Por otro lado, si modificamos la participación productiva/comercial de un producto determinado el efecto de una crisis también se verá afectado, bien digamos que, de los 7 países exportadores de materia prima, solo uno provee al resto de petróleo, entonces igualmente la demanda a sus exportaciones no se verá tan afectada a diferencia de si su producto estrella lo proveyeran otros 2 o 3 productores internacionales. Y al mismo tiempo, si los países que entran en recesión caen en diferente proporción, por lógica, sus socios comerciales más cercanos tampoco se verán tan afectados como los socios comerciales más cercanos a los países más afectados por el evento recesivo; esto último fue lo que vivió América Latina tras 2008, una región que si bien es cierto se vio afectada por la crisis, se mantuvo dentro de todo dentro del margen de lo aceptable y no vivió un proceso tan negativo como el vivido por otras regiones, ¿la razón? La todavía creciente y dinámica economía china como principal foco de demanda de materia prima latinoamericana.

b) Al caso anterior, se agrega que es durante una crisis cuando un país puede aprovechar condiciones especiales, aunque no replicables para ganar terreno dentro de la economía. Volviendo al caso anterior, podemos decir que, de los 3 países productores de bienes manufacturados, no se verán igualmente afectados ni experimentarán el mismo grado de crecimiento económico si, por ejemplo, uno de los países afectados posee mayores indicadores positivos para la inversión empresarial. Veamos que, en nuestro caso hipotético de los tres países, uno de ellos posee salarios e impuestos inferiores al de los otros dos, esto significará que los productores optarán por invertir con mayor intensidad en tales países antes que en el resto. De igual forma si uno de esos países ha enfocado sus esfuerzos más que el resto en tecnología de punta capaz de monopolizar la exportación de una mercancía de punta, por lógica tendrá una recuperación más intensa que el de sus pares. Por supuesto ni la ventaja de parte de salarios bajos ni de tecnología monopolizada puede ser compartida ya que resultaría en un juego de igual cero.

 

  1. Los ciclos hegemónicos igualmente tampoco se deben entender como ejemplos de potencias dominantes que tienen posesión territorial por sobre grandes extensiones territoriales o que posean economías gravitantemente poderosas solo porque sí. Una potencia hegemónica es en primer lugar, una potencia que tiene influencia sobre el marco de una economía mundo, no del mundo completo, por ende y, por ejemplo, las Provincias Unidas en pleno siglo XVII no podrían ser consideradas potencias mundiales pues en ese siglo el sistema mundo solo incluía Europa y América principalmente. Aun así, las Provincias Unidas tenían claras características de ser una potencia hegemónica. Y estas las podemos contabilizar en tres vertientes principales: producción, comercio, finanzas y fuerza militar.

 

a) Los sectores productores de las Provincias Unidas tenían una clara posición ventajosa en relación a todos sus rivales en Europa occidental. La documentación de la época es contundente al demostrar que, en una serie de rubros claves, los empresarios holandeses tenían una ventaja sobre el resto: i) en el campo de la producción de alimentos, los holandeses habían innovado con el haringbuis, un barco de pesca cuya maniobrabilidad y velocidad era superior al resto de barcos usados dichos años, esto les permitía a los pescadores holandeses alejarse de las costas entre seis y ocho semanas; los holandeses también dominaban la pesca del bacalao en Islandia y de las ballenas en Spitzberg, la pesca de ballena era destinada para la producción de jabón y combustible, en otras palabras, potenciaban otros sectores de manufactura de la época, era tal la ventaja holandesa en materia de pesca, que los ingleses durante el siglo XVII no evitaban mostrar su irritación al ver a los pescadores holandeses frente a sus costas no solo pescando, sino que también vendiendo sus productos a precio competitivo en sus puertos; ii) en materia de agricultura los holandeses también mostraban una clara ventaja frente a la competencia, este logro se destaca bastante más si consideramos que las condiciones geográficas de las Provincias Unidas no eran en modo alguno las más atractivas para el cultivo de cereales. Esta ventaja se logró gracias a una serie de avances: en primer lugar el proceso de drenaje de agua para obtener más tierras condujo a la invención de molinos de viento y al desarrollo de la ingeniería (llevando a Holanda en muchos aspectos a ser el centro de la mecánica de Europa), esto condujo a que la agricultura holandesa fuera fundamentalmente intensiva, llevando a aplicar un importante nivel tecnológico en la productividad de la tierra, para esto el aumento de la producción se lograba mediante la aplicación de plantas industriales como lino, cáñamo, árboles frutales, la horticultura, el lúpulo y la producción de tintes, en todos estos sectores los holandeses tenían muy pocos competidores durante el siglo XVII, esta especialización en los cultivos desarrollados llevó a que a mediados del siglo, la mitad de los habitantes de Holanda, Ultrech, Frisia y Groninga se alimentaran de cereales importados, en otras palabras, la producción agrícola menos especializada se destinaba al extranjero mientras los productores nacionales se enfocaban en producción con mayor valor agregado; iii) lo anterior permitió que las Provincias Unidas desarrollaran un importante sector industrial, el sector textil es el primero a destacar, la producción de “nuevos paños” (sargas, camelotes, fustanes, Etc) tenía su centro en Leiden. La supremacía holandesa en la producción textil queda evidenciada en el comercio del Báltico siendo capaces de vender una producción de alto valor a precios más competitivos que sus rivales, especialmente ingleses. El segundo sector pionero en la producción industrial holandesa fue el naval, esta se encontraba muy mecanizada, esta se basaba en serrerías accionadas por el viento, alimentadores mecánicos para las sierras, grandes grúas para mover maderos, etc. Entre otras industrias a destacar se encontraban: el destilado de azúcar, el papel, las municiones, la producción de libros, la industria del ladrillo y la cal, tabaco, pipas, la cervecería, la producción de aceite y jabón, y la producción química especialmente enfocada en la confección de químicos. En definitiva, hacia el siglo XVII las Provincias Unidas se erigen como un fuerte centro productor en rubros pioneros como el textil y naval con altos niveles de beneficio, dominando a su vez en otras industrias que le permiten erigirse en el área comercial dentro del sistema mundo. Las Provincias Unidas son, sin lugar a dudas, el primer país industrializado dentro de la historia del sistema mundo.

b) La navegación holandesa dominó el sector de transporte mundial en el siglo XVII, multiplicándose por 10 entre el siglo XVI y XVII. Hacia 1670 los holandeses poseían un tonelaje 3 veces superior al de los ingleses, y superior al de ingleses, españoles, portugueses, franceses y alemanes juntos. Era tal la superioridad comercial de los holandeses que hacia 1728 Daniel Dafoe se refiere a los holandeses como los <<transportistas del mundo, los intermediarios en el comercio, los agentes y corredores de Europa>>. La capacidad comercial de las Provincias Unidas era tal que en pleno siglo XVII sus redes comerciales se extendían por las Indias orientales, el mediterráneo, África y el Caribe, al tiempo que dominaban el comercio en el Báltico aumentando a su vez la participación del comercio en Europa del noroeste. La presencia de los mercaderes y comerciantes holandeses por el mercado del sistema – mundo era ampliamente conocida, su posición empoderada caracterizaba a las Provincias Unidas.

c) Las finanzas holandesas representaban la tercera faceta en la triada económica que define a las Provincias Unidas como la potencia hegemónica del siglo XVII. De hecho, su gran fortaleza se cimienta en su carácter como uno de los pocos países con finanzas saneadas y confiables, con una hacienda pública sólida haciendo de Amsterdam centro de sistema de pagos y mercado monetario. Esta sana situación de las cuentas nacionales estatales permitía a las Provincias Unidas pedir empréstitos y superar los déficits en la cuenta corriente. En 1609 se fundó el Wisselbank van Amsterdam, el cual llegó a convertirse durante ese siglo en el gran centro de cambio y depósito europeo donde los grandes empresarios, propietarios, burgueses y aristócratas atesoraban sus ahorros en momentos de inestabilidad e inseguridad económica. Esta solidez bancaria y el flujo de depósitos permitió que las Provincias Unidas adquiriesen una función crediticia en primer lugar mediante anticipos para los depositantes y luego a través de los créditos de aceptación. Tal era la seguridad que representaba la posición financiera y económica de las Provincias Unidas que permitían la circulación de metales preciosos con libertad tanto para el ingreso como para el egreso, esto convertía al país en la gran excepción de los Estados con políticas eminentemente mercantilistas, desde luego esta política solo era posible en tanto la confianza hacia el Estado holandés condujese al constante atesoramiento de metales preciosos en el sistema bancario de Ámsterdam. Por último, la confianza en la calidad de la moneda holandesa era tal que se convirtieron en <<moneda de comercio mundial>> por sobre incluso los reales de a 8 españoles.

d) El poderío militar de los holandeses es reflejo del contexto económico descrito, de hecho, un antecedente a la influencia militar, es la hegemonía económica, y de tal forma las Provincias Unidas lo demostraron. Ya en 1588 las Provincias Unidas habían apoyado a Inglaterra en su lucha contra la armada española, en 1634 el escudo naval en el Caribe había sido penetrado tras la toma de Curazao. A su vez, en el plano europeo contextualizado por la guerra de los 30 años, el papel central lo tuvieron las Provincias Unidas, es allí donde se organizan las intervenciones de Dinamarca (1626), Suecia (1629) y Francia (1635). En 1645 la flota holandesa interviene en el Báltico para terminar con la guerra entre Dinamarca y Suecia que afectaba sus intereses. Por supuesto, por sus condiciones geográficas y demográficas, la expresión militar de las Provincias Unidas en el plano europeo no puede ser tal como la vista por potencias que le suceden (por ejemplo, Inglaterra), sin embargo, para la fecha es claramente una potencia que domina la situación, interviene en guerras siempre fuera de sus fronteras e inclina la balanza hacia el bando ganador. Al menos esa es la situación entre 1600 y 1650. Luego de ese período la situación varía en detrimento de su posición.

Lo anterior nos lleva a una conclusión diferente y distante a la asumida por Mann cuando afirma que “la república holandesa parecería ser una opción extraña como primer poder hegemónico de Europa (…) los Habsburgo y Francia eran los poderes dominantes en la Europa de esa época”. En realidad, no parece entonces ser tan extraña si entre 1620 y 1650 concentraba todas las características que he mencionado. Por supuesto, su pequeño tamaño demográfico y territorial –sumado a los ciclos naturales de la economía-  impedirían de todos modos hacer más duradera su privilegiada situación geopolítica, y los reveses militares que las Provincias Unidas vivieron durante el siglo, no refutan lo señalado, así como los reveses militares estadounidenses tampoco hacen de Estados Unidos una potencia sin hegemonía.

  1. Mann asegura que el incremento de los costos puede ser sopesado y superado por un incremento de la productividad, con lo cual descarta los argumentos de Wallerstein. A la vez que indica que el desarrollo de la tecnologización, robotización y automatización de la economía no tiene por qué generar un incremento ascendente del desempleo de la población mundial, la razón detrás de esto último no tiene una explicación argumentada más allá de los datos precedentes (incremento del empleo absoluto y a nivel mundial durante la última década). El problema de este planteamiento es que precisamente, no tiene un sustento teórico válido especialmente en la matriz de todo lo que le concierne a la economía: la creación del valor. Para lo siguiente vamos a realizar un esbozo de la teoría que yo mismo planteé en artículos anteriores.

 

El capitalismo como sistema se sostiene a base de la explotación asalariada de los trabajadores. Es esta relación la que crea valor dentro de la economía, el valor agregado se produce mediante la explotación del capitalista: si el año 1, el capitalista emplea a 10 trabajadores, los cuales en promedio producen un valor de $10 cada uno, el output equivale a $100. Ahora, si al año 2 estos mismos 10 trabajadores proveen cada uno de $15, entonces el output equivaldrá a $150, es decir el valor generado ahora sería de un total de $50 adicional. ¿De qué modo lo genera el capitalista? Puede ser mediante un incremento absoluto, lo que podría darse mediante el incremento de la jornada laboral o del incremento del esfuerzo físico aplicado por los trabajadores. Sin embargo, lo que generalmente sucede es que el incremento de la producción se da mediante el incremento de la tecnología aplicada, es decir mediante nuevas tecnologías ahora los trabajadores, en el mismo tiempo, son capaces de producir más.

 De todos modos, el capitalista se mueve por el ánimo de expandir a niveles exorbitados la tasa de ganancia, el motor del capitalismo tiene dentro de sí la incesante acumulación del capital, por lo cual el comportamiento generalizado de la clase capitalista no es ordenado, y esto se refleja en la competencia como ley inherente del sistema. Esta ley se permea en el comportamiento del sistema cada vez que un capitalista innova en su producción; supongamos que en el mismo rubro tenemos a tres empresas que participan en el mismo, empresa A, empresa B y empresa C. Si la empresa B innova invirtiendo en tecnología, maquinaria y otros medios de producción para elevar la productividad, podrá ser capaz de vender las mismas mercancías que su competencia a un precio más rentable ganando más terreno en el mercado. Por supuesto los capitalistas de C y A no se quedarán de brazos cruzados viendo como pierden terreno, ellos por supuesto también invertirán en tecnología para ganar terreno.

Esta dinámica se perpetúa en un ciclo económico hasta que los costos por invertir en tecnología y maquinaria (capital constante) comienzan a presionar abajo la tasa de ganancia de tales empresas. Esto se refleja mediante la composición orgánica del capital (COC), la cual no es más que la proporción entre capital constante (gasto en maquinaria y tecnología) y capital variable (gasto en mano de obra). Cuando se desata un período recesivo, la COC está en la cima y la tasa de ganancia en sus puntos más bajos.

Una vez desatada la crisis, esta es superada mediante la desvalorización del capital: reducción de salarios, reducción de costos, quiebras masivas, ETC. Pero a pesar de este efecto, la situación en el largo plazo es la mayor tecnologización de la economía en general. Esto se puede contrastar en casi todos los rubros de la economía, de hecho, la población trabajadora ha sido desplazada del sector agrario, un ejemplo es la población activa española, la cual en 1900 se centraba en casi un 70% en el sector agrario mientras esa proporción disminuyó a un 10% el año 2000, y a menos del 5% en la actualidad. Por su parte, la población empleada por el sector industrial pasó de poco menos del 40% en 1970 a poco más del 20% en 2010. El sector terciario es el que más se ha incrementado en tamaño, de un 18% en 1900 a un 70-72% en 2010. Este comportamiento ha sido generalizado en las economías capitalistas y aunque a día de hoy aún haya países con fuerzas económicas fundamentalmente enfocadas en el sector primario y secundario, el comportamiento apunta a una tercerización de la fuerza de trabajo.

Para poder recuperar sus tasas de ganancia, los capitalistas deben consumar tres cambios:

-> Reducción de los costes salariales.

-> Incremento de la demanda agregada.

-> La creación de nuevas mercancías – vanguardia.

El dilema está en que reducir los salarios en conjunto va en contra del incremento de la demanda agregada, por lo que la solución global es relocalizar la producción en regiones más precarias, donde los salarios sean inferiores en términos absolutos. De este modo reducen los costes salariales e incrementan la demanda. Esta es la razón por la cual el sistema capitalista se ha expandido geográficamente conforme pasan las décadas.

Por su parte, la creación de una nueva cartera de productos novedosa que genere demanda es fundamental para que un grupo reducido de capitalistas, en un número pequeño y determinado de países, gestione una oferta y genere una demanda para incentivar el comercio y el crecimiento económico.

El problema de esta dinámica es que tras cada relocalización de la producción las zonas con costes salariales inferiores se van reduciendo, esto porque tras décadas desde las primeras inversiones, los trabajadores se proletarizan y sus demandas salariales comienzan a crecer a un punto que ya no es igual de rentable invertir. Este proceso se puede vislumbrar como una asíntota que termina provocando movimientos irreversibles dentro del sistema capitalista. Por supuesto, los principales afectados –empresarios, inversores, accionistas, banqueros, y sus aliados políticos- pueden intentar aplicar todas las medidas posibles para reducir dichos costes, la aplicación del neoliberalismo es prueba fiel de ello, sin embargo, como mucho ello puede generar una ralentización del proceso, mas no una reversión del mismo.

Esto último el capitalista igualmente lo sabe, y ante ello tiene otra viable salida –muy bien planteada por Mann- que es el incremento de la productividad a través del aporte tecnológico. Es decir, si ya no puedo reducir los costos invirtiendo mi producción en zonas donde los salarios sean en términos absolutos inferiores, invierto en tecnología para que la producción sea superior con un coste similar por lo que las ganancias igualmente se ven incrementadas. El punto de inflexión aquí es que, con cada gran inversión en tecnología, esta paulatinamente va incrementando su peso y participación en la producción económica.

Una inversión superior en tecnología eventualmente desplaza en el corto, mediano y largo plazo, a la mano de obra y la reemplaza por tecnología. Esto como ya mencionamos, se vio con el sector agrícola, y se está viendo con mucha fuerza en el sector industrial. La población ha sido paulatinamente desplazada hacia el sector de servicios: aseo y ornato, comercio y distribución, administración, finanzas, educación, salud, administración, turismo, ETC. El punto es que conforme se desarrolla la tecnologización y automatización de la producción, eventualmente el sector terciario también desplazará mano de obra. Esto no significará que toda la población se quede sin trabajo, ya que nuevos nichos se podrían crear, como aquellos de mantención a las nuevas tecnologías, pero, así como no fueron creados puestos de trabajo en el sector agrario que dieran cobertura a los desplazados, tampoco podría ser posible que lo mismo se aplique al sector terciario conforme se tecnologiza, de hecho no parece plausible que del mismo modo que se destruyan puestos de trabajo en el sector de las ventas por la inversión en cajeros y operadores automáticos, estos sean reemplazados en la misma proporción por ingenieros y técnicos destinados a la construcción y mantención de tal tecnología.

Entonces tenemos una contradicción perpetua: por una parte, los capitalistas viven, piensan y trabajan para que sus niveles respectivos de beneficio se incrementen, por otra, ello significa que deben reducir costos, si los costos se reducen por medio del uso de mano de obra barata, esta eventualmente se comienza a extinguir y los costos absolutos y globales se incrementan presionando hacia abajo la tasa de ganancia, si los costos son reducidos mediante la inversión tecnológica, en última instancia los niveles de desempleo absolutos y globales se incrementarán.

¿Sería posible que en un contexto así la lectura de Mann sea viable? Mann enfoca su solución en una apuesta socialdemócrata al afirmar que un mundo tecnologizado y proletarizado en su totalidad, podría significar –y administrarse- con un sistema capitalista como el existente en Europa tras la segunda guerra mundial. Con trabajadores con iguales derechos sociales y niveles de renta en relación a la producción. Esto incluso podría aplicarse, según el autor, en un mundo donde la tasa de desempleo estructural esté por el 30%. Puede que en un contexto así, esa situación sea posible en tanto ese 30% sea mantenido por el restante 70%. Sin embargo, el capitalista en sus ansias por la incesante acumulación de capital –en un contexto donde las regiones vírgenes ya no existan más y reducir los costos relocalizando la producción ya no sea una posibilidad-  optará por seguir invirtiendo en tecnología reemplazando el trabajo ya no del 30% de la población trabajadora, sino que el 50, 70 u 80% de la misma. En tal realidad la solución de Mann sí que parece una utopía.

Diferentes estudios indican que solo durante las próximas décadas el 50% de los puestos de trabajo de Estados Unidos podrían ser reemplazados por robots. E incluso, por más que haya quienes afirmen que todavía quedan trabajos que solo los seres humanos pueden desarrollar, lo cierto es que cada año la ciencia de la inteligencia artificial se encuentra más desarrollada, si seguimos desarrollándola, es muy posible que en un futuro prácticamente todos los trabajos que hoy realizamos sean operados por máquinas, robots, industrias automatizadas, ETC.

Estudios sobre el comportamiento de las tasas de ganancia en las economías avanzadas indican que estas a pesar de sus altibajos, tienden a reducirse;

reduccion-tasa-ganancia-global

Fuente: Esteban Maito, The historical transience of capital: the downward trend in the rate of profit since the 19th century

Finalmente, ¿y tiene efectivamente futuro el capitalismo?

Cerrando este artículo me detengo en un par de ideas: Michael Mann comete el mismo error de todos aquellos intelectuales, pensadores, científicos, que apoyan una salida reformada a los problemas que los demás llamamos como estructurales, consustanciales e intrínsecos al capitalismo: desconoce las leyes de valor objetivo que operan en éste. Un mundo donde los países tengan un grado equitativo de desarrollo, con niveles similares de renta, gasto social directo e inversión, eliminaría buena parte de las ventajas del sistema mundo.

Similares niveles de ganancia para el capitalista, y de salarios para los trabajadores, inevitablemente llevarían a que los primeros incentiven todo medio tecnológico para poder ganar terreno en la economía. Esto es, mientras el capitalista tenga las posibilidades de ganar territorio económico, hará uso de cada una de esas opciones, este actor histórico no desperdiciará 5 siglos de bonanza solo para mantener un sistema más estabilizado de buenas a primeras.

Bastará con que tan solo un capitalista dentro de un rubro enfoque su esfuerzo por la competencia, y este equilibrio de “crecimiento al 1%” llevaría al desequilibrio y a la consecuente inversión en capital constante, ergo el desplazamiento de la población activa.

Mann indica entre sus esperanzas a futuro que, bajo su hipótesis a futuro “la humanidad viviría en una economía de estado estable, como ha ocurrido en Japón en los pasados veinte años”, precisamente Japón, un país que invierte fuertemente en la robótica, y que es el segundo mayor exportador de dicha tecnología, y de cuyo interior ya existen voces y estudios que, como indica el centro de estudios japonés Nomura Research Institute, dentro de 15 años, el 49% de los empleos que hoy existen en el país nipón, serán reemplazados por robots.

Dura lex, sed lex, por donde sea que se mire, las leyes objetivas del capitalismo irrumpen por todos los poros del discurso de Mann.



Categorías:actualidad, Economia

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: