EL HOLOCAUSTO Y LA ACTUALIDAD

El holocausto judío es uno de los fenómenos históricos más conocidos y estudiados que se han dado en la historia. Sin embargo, éste ha sido cuestionado por diferentes sectores de la sociedad entre los que podemos destacar: nazis y filonazis, conspiranoicos, sectores de izquierda “nacional desarrollista”, sectores propalestinos, entre otros, estos grupos son reconocidos como revisionistas.

La razón detrás de esta actitud es diversa y sus consecuencias son, políticamente hablando, igualmente diversas. Las analizaremos en el artículo que sigue.

 

¿POR QUÉ SE NIEGA EL HOLOCAUSTO?

 

Como ya se mencionó, diferentes grupos sociales y políticos niegan el holocausto en virtud de creencias, prejuicios y posiciones determinadas.

Los nazis, filonazis y conspiranoicos estiman que el holocausto es un invento propagandístico que benefició tanto a los aliados occidentales como a los soviéticos para legitimar sus proyectos nacionales a la vez que ocultar sus propios crímenes. También creen que el holocausto benefició a la población judía en tanto proveyó de una justificación a su proyecto nacional en Israel, a la vez que movilizó una gran cantidad de recursos económicos bajo el concepto de compensaciones monetarias. Por cierto, la idea de una historia fabricada en conspiración tras conspiración judía donde, desde la revolución rusa, la construcción del comunismo, el dominio sobre las finanzas, el mando de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, también resulta ser un elemento importante sobre todo en las áreas más conspiranoicas de la facción “revisionista”, idea que por cierto se puede rastrear de “Los protocolos de los sabios del Sion”, una publicación que data desde 1903 y que mostró a los judíos como conspiradores contra el Estado, lo que a pesar de estar científicamente desmentido, ha sido perpetuado hasta nuestros días, y cuya propaganda ha sido realizada por los sectores más anticomunistas y antisemitas de la sociedad.

Por su parte, igualmente hay sectores de la izquierda, principalmente vinculados a la izquierda nacional desarrollista, quienes coinciden en que el holocausto es una farsa ideada por la derecha judía en complicidad con la derecha estadounidense y liberal de Europa occidental. Su objetivo es, según ellos, además de legitimar la creación y consolidación del Estado de Israel, la minimización de cualquier atrocidad, crimen, vejación o falta a los derechos humanos en el mundo por parte de regímenes liberales. Esta izquierda es particularmente cercana a los regímenes no liberales, incluso aquellos reconocidos por su carácter reacio, contrario o enemigo de las clases explotadas, de hecho, no sería extraño encontrar entre sus filas a izquierdistas filofascistas que ven en Mussolini o Hitler, una idea de líder antisistema.

Post Scriptum: Por liberalismo entenderemos todo aquel régimen o gobierno que pertenezca al espectro político de centro, centro – izquierda y centro – derecha, aquellos regímenes que se salen de ese marco pueden ser los populistas latinoamericanos como el gobierno de Hugo Chávez, Juan Domingo Perón, Ahmadineyad, Rodrigo Duterte, Hitler, Stalin, Mao, Castro, Pinochet, y contando… aquí no visualizamos a los liberales como menos criminales, ya que un gobierno liberal como el de Reagan hizo mucho más daño a la humanidad que uno no liberal como el de Hugo Chávez, simple y llanamente el liberalismo se entiende en este contexto como un sector céntrico de la ideología política moderna, el cual puede como no puede ser tan o más nefasto que cualquier otro proyecto o constructo político.

Hay algo que debe quedar claro, todos estos cuestionamientos benefician a un sector político determinado: la ultraderecha fascista o filofascista. Todos los demás sectores políticos se ven perjudicados de este discurso. Los sectores liberales representados por los aliados en la segunda guerra mundial son acusados de imperialistas que coartaron el derecho del pueblo alemán para emprender en un proyecto anticapitalista. Mientras que los sectores socialistas quedan como cómplices, secuaces o títeres de los actores liberales, judíos y banqueros internacionales. No es inusual que constantemente se mencione que los bolcheviques fueron financiados por la banca judía y que la revolución rusa no fue más que otra de las escenas orquestadas por el judaísmo internacional.

En el normal de los contextos, en un sistema en balance, este tipo de creencias no tiene mayor implicancia ya que sus partidarios son insignificantes en número, pero cuando entramos en crisis como en el momento en el que nos encontramos, este número tiende a intensificarse como está sucediendo en Europa donde la ultraderecha aumenta de número y de proporción en los diferentes parlamentos nacionales.

 

¿QUÉ TAN CIERTA SON LAS ACUSACIONES DE ESTOS SECTORES?

 

Realmente muy pobres. La existencia del holocausto está demostrada bajo la rigurosidad del trabajo científico de diferentes historiadores, investigadores, analistas judiciales, químicos, biólogos, a través de los últimos 70 años. Y las pruebas que corroboran esto son tan diversas que dejan poco espacio a la duda:

  • Los documentos de Wannsee, documentos por cierto oficiales, dentro de los cuales se extraen los planes que tenían los nazis para con los judíos en Europa, las palabras son claras: hay que hacerlos trabajar en la construcción de carreteras, donde, la gran mayoría de ellos “morirá por causas naturales” y los más resistentes que sobrevivan deberán ser tratados de “manera adecuada” para que luego ellos no hagan renacer al judaísmo según la experiencia histórica.
  • Las confesiones de Rudolf Hoss, Himmler, y Eichmann, cabecillas y principales líderes de las fuerzas nazis, admitieron el plan de exterminio nazi a los judíos, además del hecho de que no solo Hitler sabía de esto, sino que el mismo Hitler lo había ordenado (extraído de las memorias de Hoss). Eichmann en su último juicio declaró públicamente que la responsabilidad directa de los asesinatos masivos recaía en Hitler.
  • Los testimonios de miles de supervivientes de los campos de concentración, la evidencia visual de los mismos campos de concentración existentes con sus respectivas cámaras de gas y los restos humanos que a la fecha iban quedando.
  • Los restos de judíos que fueron asesinados en diferentes fusilamientos a manos de los nazis y sus aliados. Esto pues, no todos los judíos murieron en los campos de concentración, muchos murieron tras fusilamientos masivos.
  • Y finalmente, una de las evidencias más contundentes de la existencia del holocausto es la estadística misma: cerca de 6 millones de judíos dejaron de existir en los archivos estadísticos nacionales e internacionales de los diferentes países del mundo antes y después de la experiencia nazi. Antes de la segunda guerra mundial, habían 16.5 millones de judíos en el mundo, luego de esta la cifra descendió a cerca de 11 millones… la pregunta es… ¿dónde quedaron los cerca de 5.5 millones de judíos no contabilizados en ninguna estadística nacional?

Para cada una de estas evidencias los revisionistas tienen diferentes respuestas:

  • Los documentos de Wannsee no tienen validez en tanto en ningún momento se afirma que se desea “exterminar” a los judíos de Europa. Es cierto, directamente no se dice, pero indirectamente cualquiera lo puede entender. Obviamente el lenguaje no tiene por qué expresar siempre un mensaje literal, la literalidad del lenguaje en realidad forma parte de un mecanismo poco usual dentro de la comunicación de los seres humanos. El lenguaje conforme ha avanzado con la evolución social de nuestra especie ha adquirido diferentes formas, intensidades y manifestaciones. De hecho, la gran mayoría de lo que expresamos no es literal, para ello está la comunicación no verbal. Por supuesto indicar que poner a trabajar a millones de judíos hasta su muerte como un plan centralizado resulta y redunda en lo que se entiende por exterminio y genocidio, y si se desea, se puede apelar (como se ha hecho) a indicar que todos esos documentos son falsos, pero ello entra en contradicción directa con el resto de evidencias.
  • Las confesiones de los altos mandos nazis provienen de torturas y vejaciones. Un poco contradictorio en tanto la tortura es usada, generalmente para sacar verdades, no mentiras. Los diferentes regímenes que usan la tortura como arma, lo hacen para extraer de sus enemigos declarados todo tipo de información útil. Y por supuesto, lo hacen en individuos que desean vivir y que ven en su confesión, una forma para sobrevivir. Tipos como Eichmann no caben en tal caso, más aún si consideramos que sus palabras además de grabadas, las repitió públicamente… ¿para qué iba a mentir si no estaba siendo torturado en ese momento? ¿Y para que iba a mentir si de todas formas él iba a ser ejecutado? Encima hay que considerar las confesiones de muchos nazis quienes ni siquiera fueron condenados, ¿para qué iban a mentir ellos? ¿Mentían para ganarse el indulto o amnistía? De ser así, entonces ¿para qué confesaron Eichman, Hoss, Himmler, Et Al? La contradicción de los revisionistas no puede ser explicada.
  • Los revisionistas acusan que no existe ninguna evidencia del uso de las cámaras de gas en acción. Es cierto, no hay evidencia de los nazis metiendo a decenas de judíos, asesinándolos y luego apilando sus cuerpos para ser reducidos a cenizas. Pero es que es ilógico pensar que ese tipo de material fuese guardado solo porque sí. Además… ¿tenemos nosotros evidencia visual del uso del coliseo por parte de los romanos? No, ¿eso quiere decir que todo lo que sabemos del coliseo es falso? Los revisionistas además indican que buena parte de lo que conocemos en los campos de concentración no es más que creación soviética, defensa estéril en vista de que, así como no hay evidencia visual del uso de las cámaras de gas, tampoco hay evidencia visual del ejército soviético construyendo las mismas. Eso sí, tenemos la evidencia de multitud de restos de cabello humano (que yo mismo he visto en Auswitch) con marcada presencia de gas Ziklon b, el cual es el gas usado por los nazis para matar a millones de judíos en sus campos de concentración… imagino entonces que el ejército soviético (o préstese a la especulación revisionista, ejército estadounidense, inglés o de cualquier aliado) se hizo cargo de recolectar miles de pelucas y cargarlas con ese químico… hilarante cuanto menos.
  • Poco se puede decir acerca de los restos de judíos en fosas comunes, ya que a pesar de que los nazis intentaron ocultar sus crímenes desenterrando los cadáveres para luego quemarlos, muchos restos siguieron en las mismas y fueron recuperados posteriormente. Es más, décadas después se siguieron encontrando fosas comunes con miles de restos judíos… ¿qué explicación dan los revisionistas? Seguramente que esas masacres no fueron perpetradas por los nazis, sino que, por otras fuerzas militares, pero vale la pena recordar que los mismos documentos del Einsatzgruppen avalan la gran cantidad de matanzas cometidas por los nazis.
  • Por último, los revisionistas indican que los millones de judíos que no se registran más en las estadísticas nacionales, emigraron fuera de Europa especialmente a Estados Unidos y Palestina, pero esa afirmación es fácilmente refutada una vez se verifican los datos estadísticos de ambos países en los cuales en ningún caso la inmigración judía alcanzó los cerca de 6 millones. Tampoco es posible que tantos millones de personas cambiaran su identidad (nombres, apellidos y religión) para desaparecer de los registros, tal cambio masivo de identidad sería fácilmente detectable gracias a los censos nacionales, por supuesto tras 70 años más de un investigador se habría percatado de tamaña mentira, pero no ha sucedido así.

Es menester mencionar que para demostrar que una afirmación es falsa, no basta con decir que es falsa, se debe contrastar con otra afirmación y demostrar que la misma es cierta. Y, de momento, no solo cada una de las apelaciones de los revisionistas ha sido desmentida o dejada desactivada, sino que, además su versión de los hechos no se sostiene sobre pruebas, solo en hipótesis caducas.

En otras palabras los revisionistas debiesen de ser capaces de confirmar que “el exterminio judío nunca se dio, todos los documentos oficiales que se han recopilado son documentos falsificados, los testimonios de los supervivientes son falsos, que los soviéticos entraron en campaña de construcción masiva de maquetas para falsificar y ensuciar el nombre de los nazis, y que finalmente, más de 5 millones de judíos cambiaron de identidad absoluta engañando a miles de millones de seres humanos por más de 70 años. Tal versión de los hechos, fantasiosa en extremo, no ha sido demostrada y no podrá ser demostrada.

Es cierto que la historia la escriben los vencedores, pero esta afirmación ha sido prostituida y maquillada a conveniencia. La historia la escriben los vencedores en tanto que la evidencia objetiva se tergiversa. Si los nazis hubieran sido los ganadores de la guerra, probablemente la humanidad hoy conocería –y se espantaría- mucho más de los genocidios perpetrados por Gran Bretaña en el tercer mundo que el genocidio perpetrado por los nazis en Europa. Pero el genocidio nazi igualmente sería conocido, solo que minimizado.

 

HOLOCAUSTO – HOLODOMOR

 

Si lo anterior nos parece extremadamente irrisorio, lo que sigue como mínimo cae al mismo nivel, pero yo creo que lo es todavía más. Son estos mismos grupos revisionistas los que mientras niegan el holocausto, le dan validez de existencia, credibilidad y espacio a la reproducción discursiva del holodomor, esto es, “la hambruna planificada por el gobierno soviético en contra del pueblo ucraniano”, en otras palabras, es la versión del holocausto –un exterminio- pero de manos del gobierno comunista de Stalin. Cabe resaltar que la versión del holodomor no tiene que ver para nada con el holocausto en tanto no existen documentos oficiales (como los de Wannsee) en los que se verifique el intento de aniquilar total o parcialmente a la población ucraniana, tampoco existen confesiones de jerarcas soviéticos (como en el caso de Hoss o Eichmann para el holocausto) afirmando la intención de Moscú por acabar con los ucranianos, y lo que sí tenemos es evidencia de lo contrario: malas planificaciones, malas cosechas, colectivización forzosa, poco incentivo a la producción y escasez. Encima, si la intención de Stalin hubiese sido la de sofocar al pueblo ucraniano de hambre, las políticas habrían sido mantenidas una vez llegaron las noticias de la hambruna, pero en cambio las cuotas fueron rebajadas.

…Y DETRÁS DE TODO…

Por último, detrás de toda esta historia nos encontramos con lo medular del asunto. El holocausto que no solo afectó a judíos, sino que también a soviéticos, comunistas europeos, homosexuales, negros, gitanos, entre otros, no es más que la respuesta que se vienen repitiendo en la modernidad de la historia tras diferentes convulsiones político – económicas dentro de Estados que deben centralizar la atención en una minoría étnico – cultural en tanto lleva una acción mayor para generar ganancias extraordinarias. Nada nuevo dentro de la historia del sistema mundo capitalista: el colonialismo y el imperialismo provocó, a lo largo de 5 siglos, decenas de millones de muertes, tan solo en América el colonialismo español/británico, provocó la muerte de cerca del 90% de los habitantes originarios, a eso hay que sumar los muertos en África, Asia, Oceanía y la Polinesia.

El antisemitismo nazi tampoco es nuevo, éste tiene en Europa al menos un milenio de antigüedad, quizás más. Pero con fuerza desde el siglo XII se vienen reiterando en el continente pogromos, matanzas, masacres, expulsiones y limpiezas étnicas contra la población judía acosada en virtud de las condiciones socioeconómica por parte de –sobre todo- las capas medias de la sociedad. Esta situación histórica fue explotada a un nivel desconocido por parte de los nazis, pero insisto, no es nuevo en la realidad europea.

La experiencia nazi en realidad es como el genio que sale de la lámpara: expresa los miedos, frustraciones, fobias y filias de una parte de la población europea elevada a la enésima potencia en un contexto de crisis económica, derrota y humillación militar, desintegración imperial dentro del espacio nacional alemán. Una situación así de radical permitió que un sector político hasta entonces minoritario encabezado por Hitler, pudiera alcanzar el poder.

Desde 1844 el ala conservadora de derecha se había diluido en el centro liberal, y desde entonces los conservadores solo representaban otra versión del liberalismo un tanto más cerrado de mente, pero liberal de todas formas. Sin embargo, siempre existen residuos que, aunque menores en número, pueden (como sucedió) multiplicarse en determinados contextos. Fue la derrota de Alemania tras la primera guerra mundial la que posibilitó el auge del luego conocido Nacional Socialismo: un sector político muy conservador, antiliberal, con una visión romanticista del mundo (contraria al positivismo marxista y liberal del momento), pero por sobre todo racista (antisemita y antieslavo), ultranacionalista, y anticomunista.

Este menjunje de ideas llevó a la creación de un gobierno que intentó retomar el papel de Alemania previo 1818: un imperio que recuperara el poder y el espacio de aquel país mediante la ocupación territorial. Los imperios a su vez tienen una larga data de mecánica racista, esto evidenciado por los últimos 5 siglos en los que la división social del trabajo ha coincidido con la etnificación de la fuerza laboral, destinando las peores labores para las etnias ubicadas en la base de la pirámide pigmentocrática. En un imperio colonizador, la base social étnica no solo realiza las labores más elementales, sino que además los subyuga a situaciones cercanas a la esclavitud y el trabajo forzado como sucedió en América con los indígenas – africana tras el arribo español y británico.

Es entonces que, en medio de una situación de crisis interna y profunda que la sociedad alemana diverge en diferentes posturas. No es cierto que toda la sociedad alemana apoyase a los nazis, pero al menos 1/3 sí lo hacía. Este tercio estaba compuesto fundamentalmente por clases medias – pequeña burguesía. La pequeña burguesía es eminentemente anticapitalista, sobre todo en momentos de crisis, esto pues el capitalismo tiende a centralizar la pequeña propiedad a favor de la gran propiedad, y ello los perjudica, sin embargo, a la vez la pequeña burguesía tiende a ser a su vez clasista. Es una clase intermedia que como tal no posee una ideología completamente propia, y en tales situaciones tiende a ser capturada, engatusada y engañada por ideologías que se llaman anticapitalistas pero que no representan cambios radicales como pueden ser los marxistas. El ecologismo, el pacifismo, el movimiento hippie fueron casos que evidencian las tendencias de la pequeña burguesía en diferentes momentos de la historia, pero en Alemania la posición tomada por la pequeña burguesía alemana fue la de la ultraderecha nazi, esta los atrajo con promesas claramente anticapitalistas pero que en definitiva no le significaban cambios radicales a su modo de vida: propuestas en contra del capital financiero, la gran empresa, la internacionalización del capital, ello sumado al discurso ultranacionalista, le significó a la pequeño burguesía una enorme atracción.

No obstante, estas promesas, el gobierno nacional socialista era eminentemente capitalista, y, es más, fue apoyado fuertemente por los capitalistas alemanes (e internacionales) a pesar de todas las promesas que Hitler y sus cercanos realizaron antes de 1932 y 1933. Un gobierno capitalista, pero con un comportamiento internacional completamente ajeno a las reglas internacionales relativamente respetadas desde la paz de Westfalia en adelante: el intento de construir un imperio en el seno europeo, mismo intento que llevó al fracaso de la política imperial española con Carlos V y Felipe II a la cabeza y la política imperial francesa con Napoleón liderando.

Esta política conllevó a la guerra internacional y es en este proceso de creciente inestabilidad, descomposición social, política y económica, que la solución final se desata con todas sus letras. Un comportamiento que va acorde a momentos de descomposición generalizada: la aniquilación completa del enemigo, y esto integra tanto a militares como civiles de todas las edades y sexo.

EN CONSECUENCIA…

Los nazis, por cierto, no solo atacaron a judíos, su maquinaria exterminadora atacó comunistas, socialistas, soviéticos, homosexuales, gitanos, negros, ETC. En realidad, entre 10 y 11 millones de personas murieron por obra tan solo del holocausto, de estos 5.9 eran judíos, entre 2 y 3 eran soviéticos, 2 millones eran polacos, unos 500 mil eran serbios, cerca de 270 mil discapacitados, unos 200 mil gitanos, unos 20 mil eslovenos, unos 15 mil homosexuales, 5000 testigos de Jehová, y 7000 republicanos españoles.

Por supuesto la gran mayoría de estos individuos eran miembros de clases explotadas o clases medias bajas. La mayoría de ellos no tenía el dinero para pagarse un billete y viajar a zonas más seguras de América (como hicieron los más afortunados). Buena parte del proyecto nazi tenía un claro objetivo, el cual era destruir el movimiento obrero potencialmente peligroso para el andamiaje económico alemán. Si nos centramos una vez más en los judíos, las clases capitalistas judías –una minoría exigua dentro de la población judía internacional- no se encontraban entre esos cerca de 6 millones de individuos.

En consecuencia, la negación del holocausto – sea este judío, soviético, gitano, republicano, homosexual, ETC- no es más que la negación directa o indirecta de un proyecto neoimperialista capitalista, reaccionario y ultranacionalista por acabar con cualquier atisbo de la lucha de clases dentro de la realidad europea. Los nazis al hablar de la “solución final” lo que buscaban era acabar con la lucha de clases que carcomía sus propias bases institucionales. Quienes en la actualidad se nieguen a esta realidad o bien lo hacen porque están en contra de la lucha de clases como motor histórico, o bien por ignorancia y desinformación.

No hay de otra.

 



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