AVANCE Y RETROCESO ESPAÑA Y ARGENTINA

Luego de 500 años de existencia del sistema mundo capitalista, una tónica común se ha ido repitiendo en una infinidad de ciclos: el auge, estancamiento y depresión económica dentro del sistema que ha traído como corolario, la reconfiguración muchas veces de la división axial del trabajo internacional. Es durante estos ciclos que antiguos Estados que tenían una ubicación central-periférica-semiperiférica, se ven trasladados a una nueva ubicación. Esto tiende a ser más acentuado dentro de lo que conocemos como semiperiferia, países que tienen una fuerza, un nivel de productividad y riqueza entre el 50 y un 70% de los países más ricos, ya que son estos países los que tienen más posibilidades de, o bien ascender al centro o descender a la periferia. En 500 años de historia capitalista, esta fluctuación ha sido constante dentro de este grupo de países, y sucede que en el seno de estos países se encuentran los potenciales nuevos centros de desarrollo económico social, como los potenciales casos de fracaso histórico como veremos a continuación.

En este aspecto analizaremos en contexto el desarrollo dispar entre España y Argentina, países que hasta los años de 1960 y 1970, se encontraban en una situación bastante pareja en lo que implica los aspectos más representativos de lo que se entiende como desarrollo económico: PIB per cápita relativo al sistema mundo, y, en especial, a los países del centro. Sin embargo, desde 1970 en adelante la disparidad se acentuó bastante lo que ha llevado a que España ocupe un puesto muchísimo más cercano a las regiones con alto valor agregado dentro de la división internacional del trabajo mientras Argentina ha ocupado un puesto mucho más periférico.

Antes de comparar ambos casos, necesario resulta que se repase las causas detrás del crecimiento con desarrollo o sin desarrollo generalizado dentro de una zona semiperifpérica inmersa en el sistema mundo.

¿Momento de cambio?

Precisamente, es durante los períodos de fluctuaciones entre ascenso y descenso económico que los Estados semiperiféricos pueden ganar o perder terreno en el comercio, producción y finanzas del mundo. Los factores claves pueden ser resumidos en los siguientes:

  • Diferencias en las tasas de plusvalía y beneficio dentro y entre las regiones centrales y semiperiféricas.
  • Cualificación del personal y de la mano de obra en las regiones semiperiféricas.
  • Acceso a un mercado interno potencialmente consumista que posibilite las ganancias de los empresarios.
  • Conexión geográfica con mercados de importancia relativa.
  • Disponibilidad de materia prima y recursos que faciliten la inversión interna.
  • Un Estado consolidado, fuerte y confiable.
  • Disponibilidad del crédito para emprender nuevos proyectos.

Es, por tanto, la conjugación de estos factores lo que posibilita que ciertos Estados de la semiperiferia puedan avanzar o retroceder tras los ciclos expansivos y recesivos de la economía capitalista. Vamos a desarrollar cada uno de los puntos.

Un Estado con una tasa de plusvalía más elevada que otro tiene un mayor potencial para el incentivo de los ciclos acumulativos. Generalmente los Estados más pobres tienden a tener tasas de plusvalía más elevadas puesto que los salarios de las clases trabajadoras son inferiores a los de Estados desarrollados pertenecientes al centro capitalista. Esto significa que un país con salarios más reducidos incentivará la inversión extranjera desde los Estados centrales donde los capitalistas buscan rentabilizar sus negocios. De la misma forma, un Estado que desee atraer inversiones extranjeras no solo se puede bastar en salarios inferiores si su objetivo es incentivar la acumulación capitalista en los nichos de negocios con más valor agregado, además debe tener una población trabajadora cualificada para además de atraer la inversión, posibilite la inversión propia a rubros más adelantados.

Un mercado interno de potencial demanda incentivará a su vez mayor demanda toda vez que un mayor número de habitantes sean potenciales nuevos compradores de mercancías capitalistas. Esto se ve todavía más incentivado en momentos que los capitalistas requieren hacer de sus inversiones redituables en tiempos que las mismas no generan el mismo resultado en los mercados ya explotados. Esto, si se suma a un mercado con una base trabajadora cualificada como hemos mencionado anteriormente, redunda en todavía más ánimo por la inversión.

Una posición geográfica estratégica facilitará la inversión desde dos vertientes. Por un lado, una conexión geográfica adecuada a los mercados más importantes traería como consecuencia un mayor interés al establecimiento de inversiones dentro de un campo espacial estratégicamente ubicado, no es lo mismo en este aspecto inversiones en el seno europeo, a inversiones en la zona austral de Sudamérica. Por otro lado, un Estado que tiene soberanía sobre regiones geográficas ricas en recursos naturales potenciará las inversiones mismas, en parte porque la disponibilidad de recursos naturales lleva a la creación de nichos de negocios basados en tales mercancías, y también porque disminuye la dependencia hacia los recursos naturales del mercado extranjero.

Si a lo anterior agregamos un Estado fuerte, soberano y seguro para los capitalistas, sus inversiones podrán fluir con mayor intensidad que en países donde el Estado viva en medio de cierto nivel de inestabilidad que no permite resguardar y validar el patrimonio de la clase capitalista. Este ha sido uno de los principales problemas de América Latina, ya que mientras sigan persistiendo los conflictos políticos y la inseguridad jurídica, los capitalistas no invertirán sus capitales a un nivel tal como en regiones con Estados más estables. Esta fue la gracia de países como Singapur o Taiwán entre la década de 1960 y 1970, donde sus respectivos Estados se caracterizaron para los capitalistas de la región del Sudeste asiático invirtieran sus recursos en lugar de sus países de origen.

 

Punto de inflexión

El grado de desarrollo económico entre España y Argentina se mantuvo al mismo nivel hasta mediados de la década de los años 70. Desde entonces la diferencia se comenzó a acrecentar.

Si en 1974 la diferencia entre los PIB per cápita de cada país era prácticamente nula, en 2008 el PIB per cápita argentino representó un 23% del español. ¿Qué determinó este cambio?

Una diferencia fundamental fue la posición geoestratégica y geográfica española y argentina. Mientras España se encontraba en el oeste europeo, Argentina se ubicaba en el Conosur de América Latina. Diferencias importantes y significativas porque mientras España tenía cerca mercados como el británico, alemán y francés, con PIB que en 1980 llegaban a los 950 mil millones de dólares (Alemania), el mercado Sudamericano tenía a sus más importantes mercados con Brasil, un país cuyo PIB superaba recién los 235 mil millones de dólares. De hecho, para hacer la comparación todavía más contextualizada, el conjunto de América Latina poseía un PIB en 1980 de 772 mil millones de dólares, el PIB de Argentina representaba un 9.8%, mientras que el PIB de solo Alemania, Francia y Reino Unido representaba más de 2 billones 200 mil millones de dólares, tan solo sumando esas economías el PIB de España representaba el 10%. Habría que agregar el enorme potencial económico que representaba el resto de los países del continente como Italia, Irlanda, los países nórdicos, Austria, Holanda, Bélgica o Suiza.

A inicios de los 70 el mundo entró en un período de inestabilidad económica, aunque con diferentes ritmos, hitos y fines. La actividad económica tendió a enfriarse en diferentes regiones del mundo, los capitalistas debían de buscar nuevas zonas donde invertir a la vez de reducir los costos laborales e insumos requeridos para la acumulación del capital. En este período de inflexión España y Argentina divergieron en sus caminos por sus posiciones geoestratégicas en el sistema mundo.

Un punto importante para analizar el éxito o fracaso de una política económica en el largo plazo es mirar el comportamiento de la balanza de pagos de una economía durante 25 años. La balanza de pagos registra todas las transacciones entre los residentes de un país y del exterior (por residentes se entiende no solo habitantes, también gobiernos, empresas, bancos). La balanza de pagos a su vez engloba la balanza de cuenta corriente y la cuenta de capital. La balanza de cuenta corriente registra operaciones en bienes, servicios (turismo, viajes, comercio), rentas (intereses, dividendos) y transferencias corrientes (remesas, jubilaciones en el exterior, ETC). La cuenta de capital, engloba los cambios de la propiedad extranjera de activos domésticos – cambio en la propiedad doméstica de activos extranjeros, en otras palabras, la CK registra la entrada y salida neta de capitales, o en términos más simple esta cuenta se desglosa en la inversión extranjera, inversiones de cartera, cuentas de reservas y otras inversiones.  Los déficit o superávit de CC + CK se compensan con variaciones en la cuenta financiera (CF) o en las reservas internacionales, en otras palabras, si (CC + CK) < 0, habrá una disminución de las reservas o alternativamente, un incremento en la CF por lo que una necesidad por financiar el déficit mediante la deuda. Por el contrario, si (CC + CK) > 0, bien las reservas internacionales se pueden ver las reservas internacionales incrementadas o bien, la balanza financiera reflejar una disminución de la deuda externa y un incremento en la posición de las instituciones financieras del país como acreedoras de deudas internacionales.

Si comparamos el comportamiento de las balanzas de pago en Argentina y España, veremos que mientras en España la balanza de pagos desde 1959 hasta 1990 fue negativa solo en 5 años, la situación es muy diferente en Argentina, donde su déficit en el mismo período es constante y mucho más repetitivo. De todos modos, en ambos casos la balanza de cuenta corriente es estructuralmente negativa, lo que quiere decir que a nivel de competencia internacional ambos países no poseen sectores exportadores ventajosos en comparación a sus socios, sin embargo, la cuenta de capital ha sido ventajosa para España no así para Argentina. Lo último ha significado que las inversiones extranjeras en España han sido mucho más importantes y le han dado un superávit a la balanza de pagos. En Argentina en cambio la balanza de pagos ha sido estructuralmente negativa entre 1970 y 2000, el problema de esto es que entre 1970 y 1990, la opción que tomó Argentina fue la devaluación mediante reducciones de reservas internacionales, llevando a constantes ciclos hiperinflacionarios con graves crisis y recesiones cíclicas. Desde 1990 en adelante hasta 1990-2001, la opción tomada fue la del endeudamiento externo, pero el tope de esto vino de la mano de la crisis de inicios de siglo donde el PIB argentino se redujo en más de un 25%.

Entre 1980 y 2005 Argentina vivió 11 años de recesión. Mientras que durante el mismo período España vivió 2 años recesivos. El PIB per cápita argentino de 1980 representó el 93% del PIB per cápita en 2005, ergo el incremento fue marginal en 25 años. En España en cambio el PIB per cápita de 1980 representó el 55.5% del mismo en 2005.

¿De dónde vino esta diferencia? Como ya he esbozado, la diferencia principal provino del comportamiento no de la CC, sino que de la CK. Argentina ubicada en el extremo austral del continente americano, en medio de una región poco dinámica que enfrentaba en conjunto diferentes crisis por causa de la deuda, la inversión y la dinámica económica terminó en constantes crisis, aproximadamente 30 años de estancamiento regional y particular y es por ello que la diferencia de los PIB per cápita de España y de muchos países latinoamericanos, Argentina incluida, se disparó a la diferencia que hoy vemos. España desde 1975 en adelante, se conectó con el mercado europeo y estadounidense con una tasa de ganancia bastante superior a la alemana, estadounidense, británica y por momentos también superior a la italiana, lo que la proveyó de una ingente cantidad de capitales con lo cual pudo competir en un mercado donde su CC era y ha sido estructuralmente deficitaria.

CONCLUSIÓN

En definitiva, vale la pena indicar que la posición geoestratégica en el sistema mundo ha sido vital en los caminos divergentes tomados por Argentina y España. El hecho de que constantemente se mencione que Argentina era un país desarrollado el cual perdió su puesto en parte es cierto toda vez que hasta los años 70 su PIB per cápita estaba muy cerca en proporción al de economías hoy desarrolladas según estándares de la OCDE, el FMI, el Banco Mundial y el PNUD. España por su parte, se vio beneficiada de abrirse a los mercados en un momento en que los capitalistas de su región requerían invertir en campos con mayores tasas de retribución empresarial, a la vez que el PIB en conjunto de Alemania, Francia y Gran Bretaña era muy superior al PIB en conjunto de Sudamérica y México, por lo que la región no benefició a Argentina como sí lo hizo con España. La construcción de la luego llamada Unión Europea permitió el ingreso de más recursos bajo el nombre de fondos de cohesión, esto permitió modernizar la infraestructura en España mientras que durante el mismo período el conjunto de América Latina se encontraba estancada y el avance fue casi nulo. La construcción de la UE trajo para España corolarios no esperados, la moneda común llevó a un incremento en el déficit por cuenta corriente y la tasa de interés incrementó la actividad especulativa que terminó provocando una burbuja inmobiliaria la cual, luego de estallada, ha provocado casi una década de estancamiento y las soluciones a mediano plazo no se ven promisorias. Argentina (y América Latina) están viviendo el inicio de un período de recesión y estancamiento del que saldrán en función a  sus movimientos y a los ajustes del sistema mundo.

Tanto España como Argentina (y América Latina) tendrán que ser capaces de competir por capitales y por el mercado en el mundo, de momento la estrategia ha sido la de devaluar los costos pero esta estrategia aplicada sin mesura puede acarrear riesgos deflacionarios además de privar a los productores de incentivos para realizar esfuerzos en I&D. Un crecimiento de ese estilo podría ser mucho más extensivo que intensivo, y por ende los niveles de productividad podrían estancarse como sucedió en Argentina durante los últimos 30 años, o como aparentemente sucederá en España luego de que las reformas de austeridad fueran impuestas para superar la crisis. Tanto Argentina como España podrían beneficiarse de un crecimiento generalizado de la economía en un plazo de 10 o 15 años a futuro, un crecimiento que aun siendo extensivo (fuertemente arraigado al agro y turismo respectivamente), podría aprovecharse en la matriz productiva nacional. Y esto último a su vez dependerá de la posición que tome tanto la UE en el mundo al momento de resguardar sus intereses, como la posición de España dentro de la UE. Para Argentina un mundo multipular con Estados Unidos, la UE, Rusia, China, India y Brasil encabezándolo le podría ser muy benéfico siempre y cuando la alianza geoeconómica con Brasil les sea más beneficioso que perjudicial en el contexto de un Mercosur más fortalecido que en la actualidad.



Categorías:Economia, Historia

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