SIRIA, CRISIS MUNDIAL EN CONTEXTO

El conflicto en Siria se ha convertido en uno de los más violentos y destructivos durante el último siglo, sin lugar a dudas el más violento en lo que va el siglo XXI. El elevado número de refugiados y muertos habla por sí solo. Un conflicto de tal magnitud por supuesto ha derivado en una serie de consecuencias regionales y mundiales en el plano de la geopolítica internacional y que guardan relación con los cambios estructurales que está viviendo el sistema mundo en su conjunto.

Cuando analizamos los conflictos internacionales en la historia del sistema mundo tenemos dos tipos. El primero de ellos son los conflictos que responden al juego de ajedrez interno en el que las grandes potencias tienen claro las metas a alcanzar, estos conflictos a pesar de ser enormemente crueles y caóticos (como lo fue la primera y guerra mundial), el hilo de los ganadores y vencedores es de fácil trazado, este tipo de conflictos tiende a proliferar en momentos donde el sistema tiene una potencia hegemónica consolidada la cual puede posicionar sus intereses sin rivales que le hagan el peso. El segundo tipo de conflictos tiende en cambio, a proliferar en contextos internacionales sin potencias hegemónicas dominantes, en períodos de transición política y en este juego de poderes, de egos internacionales, la conclusión de los mismos es mucho menos certera.

En el contexto actual dentro del cual nos posicionamos, vivimos en medio de un período de transición en la que Estados Unidos ha ido en declive y ha dado paso a un nuevo orden geopolítico, donde, muy probablemente China se alce como la potencia hegemónica durante el resto de siglo. Mientras tanto la situación se ordena, el desorden y la carencia de metas en el mediano plazo nos seguirá llevando a cada vez más conflictos intestinos como el que estamos viendo en Siria, pero, más allá de comenzar con una evaluación del problema, vayamos a realizar un pequeño barrido histórico del asunto cogiendo los casos más representativos.

Mencionaremos el caso de la descolonización americana dada entre los años de 1770 y 1830 como directa consecuencia de los cambios geopolíticos dentro del sistema mundo y cuyo proceso se asemeja bastante a lo que hoy estamos presenciando en Siria.

LA DESCOLONIZACIÓN DE AMÉRICA

La descolonización de América se puede tomar como un gran proceso bélico con períodos de calma intermedia que se dieron entre la independencia de las 13 colonias -ahora Estados Unidos- y la independencia de la América española.

A mediados del siglo XVII el territorio de América estaba jurídicamente dividido entre Inglaterra, Francia, España y Portugal, cada Estado europeo tenía posesión legal sobre dichos territorios. Este orden se dio tras más de siglo y medio de guerras de conquista y colonización en la que el sistema mundo se instaló dominante y hegemónico en el continente, integrándolo dentro del capitalismo. El cambio se dio tras 1763, hito que marcó el inicio del fin de un proceso largo en el que tanto Inglaterra como Francia se disputaban el puesto como potencia hegemónica dentro del sistema mundo. EL triunfo de Gran Bretaña en esta guerra planteó, por primera vez en América, el debate de cómo distribuir los réditos al interior de las clases dominantes.

El asunto en el corto plazo, tras el fin de la guerra era si Gran Bretaña se quedaba con Guadalupe, colonia rica en producción de azúcar francesa, o sobre Canadá al norte de América. Este dilema llevó al centro del debate a dos grupos, uno deseaba que Guadalupe pasara a formar parte del territorio británico por su enorme producción azucarera, sin embargo, esto llevaba al temor por parte de los productores de azúcar en las indicas occidentales, fue, en definitiva, este temor el que llevó a privilegiar Canadá por sobre Guadalupe. Si a esto agregamos que los británicos tenían cierto orgullo sobre la conquista territorial, podemos entender por qué tomaron dicha decisión.

Tras la victoria británica, el Estado podía realizar dos modificaciones. Por una parte, reducir el gasto militar en vista de que Francia se encontraba con fuertes problemas fiscales internos, y por otra, llevar la carga fiscal a América del Norte. Tras la victoria entonces, se pretendía por parte de los británicos llevar a una racionalización del imperio, el esfuerzo se podía concentrar en la estabilización de las finanzas internas, mas sin embargo por parte de los colonizadores, la necesidad y el deseo estaba puesto en reducir las cargas impuestas para costear los gastos imperiales. Tales deseos no podían, sino que chocar eventualmente.

A nivel económico, el ascenso de la economía internacional con fuerza luego de 1745, promovió el incremento de la participación sobre el output del imperio por parte de las élites productoras británicas en desmedro de las élites colonizadoras. Efecto explicado además pues, al finalizar la guerra de los 7 años, se dio una depresión económica que afectó a dos tercios de los productores en Norteamérica. La tensión económica no hizo, sino que agravarse desde la década de 1760 a 1770 y los conflictos entre productores y trabajadores se intensificaron, a modo de ejemplo durante tal crisis, los grandes productores proyectaban su malestar hacia los productores británicos, por su parte los pequeños productores la canalizaban tanto a los británicos como a los grandes productores, y los trabajadores urbanos se veían pauperizados por el incremento de la desigualdad y pobreza absoluta.

Gran Bretaña tras la victoria también puso interés en el valle de Ohio como reserva indígena, de modo que, se podría tener a los indígenas norteamericanos como aliados contra Francia. Empero, esta situación intensificaba la rivalidad de intereses con los colonos enfocados en expandirse hacia el oeste en vista de su crecimiento demográfico. La línea de demarcación establecida a inicios de la década de 1760 no hacía más que limitar toda posibilidad de expansión colonial. Los británicos intentaban detener el avance hacia el oeste de sus colonias utilizando dicha zona como foco de comercio pacífico con los indígenas.

Al mismo tiempo los británicos trataron de hacer que los colonos pagaran los costes del imperio, imponiendo normas y restricciones mercantilistas. Este incremento en la imposición llevó a una década de controversias entre colonos y británicos, controversias que irían escalando hasta converger en las luchas armadas.

Finalmente, otro importante cambio que irritó a las 13 colonias vino de la mano con la promulgación de la ley de Quebec, según la cual Londres reconocía al pueblo francés en Canadá su derecho a la autonomía, el uso de la lengua francesa, la práctica del catolicismo, el uso del derecho romano en lugar de la jurisprudencia anglosajona. ¿A qué se debió este cambio? Los colonizadores británicos en Canadá deseaban tener su propio gobierno autónomo, alejado de los franceses, desde la apropiación de Canadá por parte de Gran Bretaña para así alejarse de los papistas. Finalmente, el gobierno británico cedería en 1774 con la promulgación de la ley de Quebec. Este cambio, además, incluiría dentro de Quebec la provincia de Ohio. Ante este cambio los colonizadores británicos de la costa noroccidental reaccionarían en contra pues se encontrarían rodeados entre franceses e indígenas, por una parte, y la intolerancia católica -imaginario desde la inquisición- se podría consumar preocupantemente cerca.

La reorganización del sistema mundo se vio reflejada en primer lugar dentro de la soberanía de la potencia que iba ganando el terreno en la lucha por el dominio y la hegemonía, este nuevo contexto en el que Gran Bretaña no requiere de tanto esfuerzo en su contienda con Francia, lo desvía hacia sus colonias para así rentabilizar sus propias finanzas. Esta presión puesta sobre sus colonias sumado a los cambios en las divisiones administrativas incrementó las contradicciones y las tensiones, las cuales posteriormente llevarían a una escisión y a una guerra que terminaría con la independencia de las 13 colonias.

Ya que estamos refiriéndonos a la potencia colonizadora que venía ganando terreno en la lucha geopolítica, los tres restantes se enfrentaron a dificultades similares, pero todavía más acentuadas. España, al margen de los avances y retrocesos puntuales tras la guerra de los 7 años, se veía en el mediano plazo en una posición mucho más desventajosa que antes, ahora Francia ya no tenía posiciones dentro del continente dejando a Gran Bretaña como la potencia dominante. En tales condiciones la situación geopolítica española era muy delicada, por lo cual y por fuerza, debió organizar las finanzas administrativas del aparataje estatal mediante diferentes reformas emprendidas por los Borbones con el fin de hacer más rentable la administración colonial, en gran medida las reformas borbónicas tenían ese fin.

Portugal igualmente tomó decisiones similares, el marqués de Pombal buscaba, tras la nueva expansión económica, aprovecharse de la situación y hacer de Portugal un país más independiente en materia económica, pero sin cuestionar jamás la alianza con Gran Bretaña, esto por el temor de la corona en Lisboa ante la amenaza de España. Esta política de Pombal reduciría considerablemente el comercio con Gran Bretaña, llevaría a una reacción negativa de la mano de los productores brasileños.

Así fue como en 1763 tanto Gran Bretaña, como España y Portugal comenzaron a aplicar diferentes reformas con el fin de reorganizar sus respectivos espacios de soberanía colonial y mejorar sus finanzas, teniendo como principal corolario el descontento de las clases productoras coloniales. Mientras en las colonias británicas tiraron el Té en el puerto de Boston en 1770, en las colonias españolas tiraron el aguardiente en Socorro en 1781.

La guerra se iniciaría en Norteamérica presionando a España y Francia en su apoyo a los revolucionarios con tal de contrarrestar la influencia británica. Los franceses tenían la meta definida: limitar el poder británico, y en un inicio la ayuda a los revolucionarios se dio bajo la arena pública, pero conforme las fuerzas revolucionarias iban ganando terreno, Francia intensificó su ayuda y la hizo pública sumándose abiertamente a la guerra.

España por su parte dudaba en ayudar a los norteamericanos pues esto podría legitimar la lucha anticolonial. Finalmente, y tras negociaciones con Francia, España se suma al bando francés con el fin de recuperar Menorca y Gibraltar a la vez de desalojar a los ingleses de todas las posiciones en el Caribe. Esta guerra causó fuertes y negativas consecuencias en las finanzas españolas, entre ellas la más importante fue el ciclo inflacionista que malogró la situación interna en las colonias.

La victoria de la independencia de los Estados Unidos marcó otro hito en el cambio en la relación de poder dentro de América. La existencia de un país independiente, llevaría a dos sucesos, por una parte, Se configuraba una nueva potencia continental que poco a poco comenzaría a rivalizar con las otrora potencias coloniales. Y, por otra parte, el nacimiento de Estados Unidos como república motivaría a otras élites colonizadoras para emprender sus propias luchas independentistas.

Francia fue, sin lugar a dudas, el país más afectado tras este proceso.  La situación económica en la potencia derrotada se encontraba muy delicada, sumado a los enormes gastos luego de la guerra de independencia norteamericana, habían fomentado una situación crítica en la sociedad y economía francesa, lo que, unido a otros factores, provocó una revolución en Francia la cual rápidamente se expandió a la colonia Saint Domingue. La revolución en la colonia francesa terminaría con la consolidación del primer Estado negro en el sistema mundo. Este proceso derivó en una guerra racial que alarmó a las potencias: Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y España. Los británicos se posicionaron a favor de los colonos blancos que buscaban autonomía de Francia e intervinieron directamente en la isla, una intervención que terminaría en un rotundo fracaso militar. Estados Unidos no veía con agrado la intervención británica que amenazaba su posición como socio comercial en la isla, por lo que se mantuvo como proveedor de alimentos al tiempo que se evitaba todo compromiso político. España, por su parte, no veía con entusiasmo como la mitad de la isla se descomponía en una revolución que rápidamente podría contagiarse a su territorio, por lo que irremediablemente la intervención española no tuvo más fruto que la británica. En Francia la posición estaba dividida, pero en conjunto la posición de la Asamblea se ponía del lado de los mulatos como sector que garantizaba la transición civilizada.

Para España la revolución francesa tuvo directas consecuencias una vez que el ascenso de Napoleón le significó a la corona la pérdida temporal de su poder sobre el imperio. Una vez que las tropas francesas se hicieron del control español, las colonias españolas entraron en un debate interno el cual, inicialmente tenía como objetivo gestionar una autonomía leal al rey. Al cabo de unos años las posiciones rupturistas ganaron terreno y la independencia se convirtió en meta para las élites dentro de las colonias españolas. Eventualmente hacia 1825 todas las colonias hispanoamericanas habrían ganado su independencia.

Finalmente, Portugal vivió un destino similar al español. La ocupación del país por parte de las tropas francesas provocó que la corona se refugiara en Brasil, hecho que provocó que en Brasil la transición se diera de modo mucho más ordenado, sin rupturas internas, hacia una transición interna hacia una independencia del poder portugués. En 1815 en lugar de regresar a Portugal, el rey optó por elevar a Brasil a la categoría de reino recíproco al nivel de Portugal.

Así, en poco más de 6 décadas, los diferentes colonos blancos de América avanzaron en la creación de estructuras estatales independientes con la única excepción de Haití. La razón profunda detrás de este nuevo orden político internacional se encuentra en la restructuración de las potencias geopolíticas dentro del sistema mundo; en su ascenso, Gran Bretaña llevó a presionar e incomodar a sus colonos norteamericanos quienes, fundaron el primer Estado independiente, éste en un primer momento apoyado por los Estados rivales de Gran Bretaña, en un corto período pasaría a ocupar una orilla distinta en el juego de influencias pesando en su contra. Francia, Portugal y España en respuesta al resultado de la guerra de 7 años realizaron reformas similares a las británicas e, igualmente, sus respectivos colonos reaccionarían en contra. Haití, por su constitución étnica, económica y al ser colonia de Francia, caería gravemente en una guerra civil interna, se consolidaría como el único caso de un Estado creado por la clase social esclava negra siendo entonces relegado de la arena interestatal durante décadas.

Este ejemplo histórico demuestra cómo en un contexto donde aún no existe una potencia hegemónica, conflictos políticos, guerras y crisis, terminan permitiendo el actuar de un número importante de actores, los cuales, eventualmente actuarían en contra de las aspiraciones iniciales de las élites en las Metrópolis, además de actuar en contra del resto de las clases sociales que tenían en mente sus propias ideas.

Luego de finalizada la coyuntura, Gran Bretaña termina consolidándose como la potencia hegemónica dentro del sistema mundo, pero incluso el país ganador perdió parte importante de su territorio tras la independencia de Estados Unidos. Francia, Portugal y España perderían más influencia además de la mayoría de sus colonias. Los resultados finales de este proceso en ningún caso eran los que esperaban las potencias colonizadoras, este resultado se explica solo por las características inherente a las luchas acaecidas durante períodos caóticos en los que o bien las potencias entran y apoyan lo que esté más cerca de sus intereses cortoplacistas, o se quedan atrás y pierden terreno en la lucha por la hegemonía. Es un acto obligatorio dentro del papel histórico de una potencia que actualmente estamos presenciando en el contexto árabe.

EL CONFLICTO SIRIO PUESTO EN CONTEXTO

Analizado el caso de la descolonización de América entre mediados del siglo XVIII y las primeras décadas del siglo XIX, podemos contrastar las características de ese período con los sucesos dados actualmente en la región árabe musulmana, la cual, desde el año 2011 viene viviendo convulsiones sociales que han derivado en rebeliones, crisis y guerras civiles.

Para entender la crisis en Siria debemos dar por sentado que esta se relaciona directamente con los sucesos que se desataron en la región árabe desde fines del año 2010, donde, la autoinmolación de Mohamed Bouazizi, en Túnez, provocó una reacción en cadena dentro de los países de la región entre Marruecos e Irak, fundamentalmente. Esta reacción tuvo diferentes niveles de violencia, represión y, por supuesto, resultados. En el caso de Siria hemos presenciado el conflicto bélico más largo e intenso tanto en años de duración como en número de muertos y destrucción material, que ya hemos mencionado.

A nivel internacional esta crisis está generando las mismas contradicciones que se dieron en el sistema mundo entre 1770 y 1830. Por una parte, la coyuntura se ha iniciado por dos corrientes que entre sí se contradicen. Por otra parte, las potencias han sido arrastradas a esta coyuntura so pena de perder territorio en su influencia dentro del mundo.

El conflicto árabe y sirio se ha originado por la convergencia de dos corrientes contrapuestas. La primera corriente es la que representa a las clases bajas y medias luego de 50 años de cuestionamiento al sistema político instaurado, esta tendencia es mundial y se ha manifestado desde 1968 hasta la fecha en diferentes momentos y lugares. En sí, podemos encontrar un común denominador entre las manifestaciones estudiantiles en Chile durante el 2011, las manifestaciones de los indignados en España, el movimiento ocupa Wall Street de Estados Unidos y los manifestantes que inicialmente ocuparon la escena en la región árabe. Estos actores son principalmente campesinos, estudiantes universitarios, desempleados, entre otros; su principal objetivo en el corto plazo es democratizar sus respectivas estructuras políticas. Así mismo, la segunda corriente está compuesta por los protagonistas geopolíticos nacionales e internacionales cuyo objetivo es controlar a los actores principales de la primera corriente con tal de lograr que cada cambio no se concrete en ninguna pérdida para ellos.

Esto quiere decir que inmediatamente iniciadas las protestas en Túnez, Libia, Siria, Argelia, ETC, las diferentes capas sociales dirigentes llevaron a cabo sus esfuerzos para cooptar la dirección de estos eventos.

Esto último llevó a que, desde un primer momento, los dirigentes de las potencias internacionales a tomar partido en esta coyuntura. Esta necesidad por tomar partido siempre existe en las potencias con un grado de importancia mundial o regional ya que, de no tomar partido, los réditos políticos potenciales son perdidos ipso facto, y además, no solo no gana terreno en la influencia internacional, sino que además pierde terreno frente a otras potencias.

En un primer momento la actitud de las potencias frente a la primavera árabe fue mantener un apoyo así sea solo de facto a los dirigentes árabes frente a su lucha contra las rebeliones, pero una vez esta postura comenzó a ser cuestionada por la ciudadanía general, debieron de tomar una actitud mucho más proactiva frente a las rebeliones, pero siempre y cuando, esto les favoreciera. En otras palabras, si no se puede mantener el apoyo a antiguos aliados como Mubarak o Gaddaffi, entonces se les hace enemigos, pero a la vez se busca sostener un nuevo aliado que realice el mismo papel que el líder anteriormente depuesto. Que todo cambie para que nada cambie. Un ejemplo interesante es el caso de Egipto, donde tras años de cambios interiores, se terminó instalando un dictador militar que tan solo representó de manera simbólica que, aunque sacaron al dictador anterior, el régimen se mantiene casi intacto.

Las potencias han actuado en la región ya sea apoyando a sus facciones de manera directa, como en Libia, o de manera indirecta como en el caso sirio, de cualquier forma, su participación en el conflicto es fiel reflejo de los eventos que se suceden.

Una vez iniciada la guerra civil en Siria, y al igual que en otros países, las potencias irremediablemente tomaron partido en el conflicto. Hay tres principales facciones dentro del conflicto: en primer lugar, tenemos al régimen político, el cual, ante todo busca sostenerse y evitar el mismo destino que el otrora régimen libio, en segundo lugar, tenemos a los rebeldes conformados por ex partidarios de las FFAA sirias y partidarios <<moderados>> que de una u otra forma mantienen un discurso islamista, estos grupos son apoyados por los países de la OTAN, Arabia Saudí, Turquía y Qatar, principalmente, y en tercer lugar, tenemos los grupos más radicales en su discurso: Al Qaeda-Al Nusra, y  El Estado Islámico. El régimen sirio es apoyado por Irán, Hezbollah y Rusia. A los llamados <<rebeldes moderados>> los apoyan los países de la OTAN (Estados Unidos, Israel, Turquía, Francia y Gran Bretaña, principalmente), además de Arabia Saudí y Qatar. Por último, el tercer grupo implicado no es apoyado directamente por las potencias implicadas, aunque recibe un financiamiento indirecto de parte de los grupos que sí son apoyados por los países implicados.

El apoyo entregado se da porque cada potencia necesita como mínimo, y como se ha mencionado, no perder terreno en su influencia política a nivel nacional e internacional; Estados Unidos debe seguir siendo la potencia dominante en la zona contra todo tipo de rivalidad, tónica permanente desde que decidió invadir Afganistán e Irak para mantenerse como la potencia internacional dentro del sistema mundo; Israel busca ante todo evitar que la posición de Irán salga fortalecida, Turquía requiere emerger como potencia con importancia regional mediante el apoyo a la Hermandad musulmana y sus aliado, Qatar necesita evitar que Arabia Saudí siga fortaleciendo su posición, Arabia Saudí desea ante todo ejercer una cruzada wahabí para consolidar su carácter como líder regional en contraste con Qatar, Turquía y, sobre todo, Irán.

En contraste Rusia invierte sus recursos para posicionarse como potencia internacional en contraposición con Estados Unidos, a la vez que Irán tiene como meta convertirse en una potencia regional opacando tanto a Turquía y Arabia Saudí. Su apoyo a Bashar Al Assad no es más que una búsqueda por no perder aliados regionales y con ello debilitarse en la geopolítica regional.

Dentro de esta mezcla de intereses cabe mencionar que cada país ha caído en un conflicto muy desgastante bajo una lógica reactiva, todos desean que el conflicto termine para así evitar el gasto de dinero, las bajas, y los potenciales contagios regionales, pero tampoco pueden dar la espalda al conflicto obviando los intereses geopolíticos de cada actor internacional.

Como hace 250 años, nos encontramos en un período de transición en el que una potencia hegemónica da paso lento, pero progresivamente a una nueva, Estados Unidos a China como entre el siglo XVIII y XIX Inglaterra se alzaba en el podio del sistema internacional. En tanto el proceso no termine, el desorden internacional será mayor y este tipo de conflictos dará resultados inciertos y muchas veces inesperados. Como hace 250 años, se alzan millones de personas en contra del sistema impuesto, y también como hace 250 años, las élites nacionales e internacionales convergen para evitar que las exigencias de las capas oprimidas se materialicen en contra de sus propios intereses, al igual que hace 250 años las rebeliones generaron diferentes resultados: en Egipto, como en Chile, el derrocamiento del dirigente no modificó la base del régimen, y en Haití, como en Siria, las rebeliones han terminado en una larga guerra donde las potencias han intervenido en la búsqueda de imponer sus propios objetivos, lo cual es, ante todo, evitar que se concreten los objetivos de las clases populares y contrarrestar la influencia de sus rivales y enemigos.

CONCLUSIÓN PROVISORIA

La crisis siria es el reflejo de las contradicciones del mundo árabe, como lo fue en su momento la guerra civil libanesa. Al mismo tiempo, la crisis del mundo árabe es reflejo de los cambios a nivel global que se desarrollan en el seno del sistema mundo: una potencia en declive inexorable e incapaz de ordenar las relaciones internacionales, potencias de segundo grado que se enfrascan en luchas para hacerse de más influencia en el mundo o, al menos, no perderla (Francia, Gran Bretaña y Rusia), y por último una potencia con la capacidad de posicionarse en el corto – mediano plazo en la cima del orden internacional pero que, vigilante, aguarda el momento adecuado para intervenir directamente en tanto solo invierte esfuerzos en desarrollar su maquinaria económica interna (China). Cambios que también se materializan en la internacionalización del rechazo hacia los sistemas políticos impuestos, ya sea contra la democracia liberal, la dictadura ilegal, o los regímenes autoritarios, la población a nivel general se muestra descontenta en algún grado, esto ha llevado a que la posición centralista propia al liberalismo se debilite mientras los sectores extremistas de derecha e izquierda se fortalecen, en la región árabe esto ha desembocado en la <<primavera árabe>> dentro de la cual se desarrolla la guerra siria.

Esta guerra aún no finaliza, y de momento lo único seguro es que, a pesar de los avances y retrocesos de uno u otro bando, el resultado final no debería ser una región en las mismas condiciones políticas existentes en la actualidad, pero tampoco el reemplazo de un régimen de modo absoluto -ya que, a diferencia de Libia, aquí la presión de potencias internacionales en diferentes bandos sí ha consumado-, las fuerzas seguirán en disputa solo hasta que ascienda la potencia sucesora de los EEUU. La tónica actual es la inestabilidad y será así hasta que la reorganización entre las potencias finalice.  Por otra parte, la problemática en relación al nivel de rechazo de la sociedad mundial al sistema político, tiene fecha de caducidad indefinida, por lo cual, no tenemos la certeza (siquiera, intuición) de si organizaremos un nuevo sistema político o mantendremos este, ni de qué modo (consensuado o impuesto), ni cuándo ni dónde.

Hasta entonces, a las potencias involucradas solo les queda resistir.



Categorías:actualidad, Historia, Política

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