DINÁMICA DEL CAPITALISMO: EL DESARROLLO Y SUBDESARROLLO

Recientemente y tras la crisis que está viviendo Venezuela, además de las respectivas recesiones en Brasil, Argentina, y el enfriamiento a nivel general de la región, me ha tocado discutir en diferentes espacios de la red sobre la razón detrás de la incapacidad de América Latina por emular los pases seguidos por Europa para conseguir el anhelado desarrollo capitalista, y de una vez, evitar los endémicos problemas que sufre de cíclicamente; hoy lo toca a Venezuela, pero en virtud de nuestra historia mañana le podría tocar a Chile o Colombia y así el ciclo se va repitiendo.

El nudo del problema de América Latina como un todo específico, y del tercer mundo como un todo general, es la reinversión de la plusvalía para ampliar la escala de la producción y mejorar la productividad. De hecho si analizamos los datos de los últimos 30 años podremos verificar esta situación:

  • La productividad por trabajador empleado en Bolivia era de U$S8500 en 1980 mientras que en 2012 cerró en US$8400. No hubo un aumento, todo lo contrario.
  • En Brasil la productividad pasó de US$12.500 a US$13.500 entre 1980 y 2012.
  • En Chile la productividad pasó de US$ 20.800 a US$ 33.700 respectivamente.
  • En Ecuador esta cifra varió de US$ 15.000 a US$ 14.600 respectivamente
  • En México se pasó de US$ 19.900 a US% 20.200.
  • Venezuela pasó de US$ 30.000 a US$ 33.000.

En efecto y según estos datos, la clave del crecimiento latinoamericano no está centrada en el avance cualitativo de la matriz productiva, de lo contrario el nivel de productividad debería evidenciar un avance significativo, sin embargo lo que vemos es que tras 3 décadas existe un estancamiento generalizado en la región.  Diferente al caso de los países desarrollados con un sistema capitalista avanzado:

  • Austria en 1980 tenía una productividad por trabajador empleado de US$32.000 mientras que en 2012 su productividad era de US$ 49.200.
  • Bélgica pasó en el mismo período de tiempo de una productividad anual de US$ 37.700 a US$ 54.800.
  • Dinamarca avanzó de US$ 30.700 a US$ 47.100
  • Francia vio un progreso de US$ 35.600 a US$ 52.500
  • Reino Unido incrementó su productividad de US$ 28.500 a US$ 49.500
  • Estados Unidos igualmente mostró un cambio de US$ 41.600 a US$ 68.300

En otras palabras, mientras los países avanzados expusieron un incremento sostenido de sus niveles de productividad, los países atrasados de América Latina o bien se estancaron o bien avanzaron muy poco.

La razón técnica detrás de esta diferencia se encuentra en el método en que se incrementa la productividad dentro de un país.

Si entendemos por productividad;

Productividad = PIB/Trabajadores

Podemos a su vez verificar que;

Productividad = $100.000/100

La productividad en este caso es de $1000, es decir por cada trabajador hay una producción de 1000 durante un momento X establecido. Si, en cambio, en un momento posterior, digamos X+Z la productividad aumentara a $1500 entonces concluiríamos que en tal período de tiempo esta vio un incremento del 50%. ¿A qué se debió tal incremento? Para entenderlo entonces debemos ejemplificar cual era el producto ofrecido por estos trabajadores. Si suponemos que los trabajadores producían Televisores Led a un valor de $1000 la mercancía, siendo ellos 100 trabajadores, entonces durante el momento X cada trabajador producía 1000 televisor Led y durante el momento X+Z cada trabajador producía 1500 televisores Led. ¿Cómo se logró tal avance? Dos opciones se nos presentan: o bien el trabajador trabajó más durante el mismo tiempo (en otras palabras utilizó más esfuerzo físico), o bien se realizó una inversión tecnológica que aumentó la producción, en otras palabras, el cambio radicó en que lo que antes se realizaba de modo manual, ya no era necesario trabajarlo a través del mismo método.

La productividad entonces varía en función tanto, a la fuerza física empleada, su disponibilidad y orden en la aplicación, como también en la tecnología empleada.

La primera opción es útil y sirve en tanto los métodos se puedan aplicar, lo que tiene un límite. En otras palabras se puede llevar a que los trabajadores se esfuercen más en producir mediante una serie de formas (incentivos a través de comisiones, regalías, bonos, ETC), pero el límite siempre lo pone la fuerza humana, la cual es finita.

Por otro lado la segunda opción, mucho más costoso en su inversión inicial, es mucho más eficaz y tiene un potencial bastante mayor en el largo plazo a futuro (potencial virtualmente infinito). El problema con este método es que requiere de mayor esfuerzo, y de tiempo en un personal especializado que estudie y genere en el plano de las ideas esta nueva tecnología para luego ser puesta en marcha.

Cuando un país se propone elevar de manera importante y sustancial su productividad, debe invertir altos montos para poder dar marcha a tales ambiciones, y ello a su vez significa que la clase capitalista en su mayoría nacional, debe organizarse para que el Estado -como ente capitalista que arbitra y representa los intereses de tal clase- gestione tales proporciones de inversiones. Esto se traduce en mayores impuestos, restricciones y retenciones a los capitalistas. Tales cambios solo son posible una vez que la clase capitalista tiene un interés generalizado en potenciar cualitativamente su producción, lo cuantitativo queda de lado.

Los países con un capitalismo avanzado gestaron ese método lo cual significa que en un momento determinado sus respectivas clases capitalistas se organizaron para modificar la matriz productiva. ¿A qué se debió tal cambio? ¿Por qué no fue un cambio generalizado en los países integrados en el sistema? ¿Podría ser de un modo diferente?

Los países que fueron capaces de dar el salto cualitativo se encontraron en un contexto histórico preciso en el que sus clases capitalistas debieron por obligación o necesidad, organizarse para modificar de raíz su matriz productiva. Estos países fueron los que desde que el capitalismo nace, a inicios del siglo XVI, lograron avanzar hacia una estructura capitalista conformando desde un inicio al eje de regiones centrales, lo cual significó la conformación de una zona periférica y semirperiférica.

Las regiones centrales lograron instaurar una estructura económica basada en las relaciones sociales asalariadas, lo cual a su vez fue el prerrequisito para establecer un proceso industrializador. Las regiones periféricas en cambio instauraron una estructura económica de carácter esclavista o servil. La semiperiferia desarrolló una forma intermedia, la aparcería, como alternativa.

¿Por qué se dio tal diferencia? Las regiones centrales –Europa noroccidental- tenía una densidad demográfica bastante más elevada que en el resto del mundo integrado en el sistema mientras que las regiones periféricas –América y Europa oriental- tenían una densidad demográfica inferior. Si replanteamos esta situación a la relación tierra/trabajo; si existe abundancia de tierras, se puede implementar un sistema de trabajo poco eficaz como el trabajo obligado y la agricultura extensiva, la agricultura intensiva en cambio, requiere trabajadores libres. La aparcería en cambio se encuentra en algún punto intermedio.

Tras la crisis de la Baja edad Media, la declinación de la población llevó a una baja en la demanda de productos por lo que hubo una caía en la tasa de beneficios de los grandes propietarios por lo cual en ese momento hubo dos alternativas. O bien dedicaban sus tierras para la producción agrícola (especialmente grano) o bien comenzaban a especializarse en otras ramas económicas, como la ganadería. Ya que durante el siglo XV los precios de la lana y la carne habían resistido más que los granos la caída, se avanzó en la ganadería como una alternativa de producción, esto llevó a que el costo por producción agrícola aumentara y para seguir haciendo rentable la misma, debía de hacerse intensiva en lugar de extensiva. El aumento de la cría de ovejas llevó a un gran movimiento de cercamientos en Inglaterra motivado en gran medida por propietarios a pequeña escala, el famoso yeoman. Dado que el aumento de la cría de ovejas creó una escasez de alimentos, esta fue suplida por una producción de labrantío más eficiente (el yeoman) y luego por la producción agrícola de grano del Báltico (donde la estructura económica estaba basada en el trabajo obligado y no libre). Más aún, el incremento del número de cercados hizo posible en las áreas rurales de una incipiente y ascendente industria artesanal, como la industria textil.

En este aspecto a Europa occidental (Inglaterra, Provincias Unidas y el norte de Francia) le convenía mucho más la especialización ganadera y la posterior agricultura intensificada. No podían haber tomado el camino de Europa oriental en pleno siglo XV porque no existía un mercado internacional que demandase tales productos, por una parte, y porque el excedente que existía en Europa occidental era tal, que el trabajo libre que se comenzó a desarrollar era mucho más rentable que mantener una estructura de trabajo obligado como en Europa oriental y América. De hecho en América fue la caída demográfica del siglo XVI la que explica el incremento de la gran empresa de trabajo forzoso.

A su vez, mientras se consolidaba la estructura económica en el centro, la periferia reaccionaba ante estos cambios instaurando sus propios límites. Tanto en Europa oriental como en América la relación tierras/trabajadores era bastante mayor, existía un grado importante de escasez de mano de obra, es por esto que en Europa oriental a diferencia de su par en el oeste, gestiona una refeudalización de la economía. Esto para poder desarrollar una economía agrícola que produjera granos para el centro occidental. Por su parte la integración de América a este nuevo sistema internacional, se dio bajo rasgos particulares que implicaron entre otros, invasiones y guerras, la gracia de América fue principalmente la gran cantidad de metales preciosos que existían, lo que durante un siglo de continuo crecimiento significaría una especialización en la exportación de una cartera exportadora dependiente de los Estados centrales.

Teniendo tanto a la periferia como al centro consolidado en el sistema, nos queda solo la semiperiferia. Esta es una región un tanto difusa en su determinación dado que es difícil establecer un límite determinado entre lo que es el centro y la periferia. Por supuesto estas regiones eran aquellas donde no predominaba ni una forma de trabajo asalariada, ni una forma de trabajo obligatoria, sino que un punto intermedio. El mejor ejemplo era la aparcería. Particularmente interesante es el caso español, el cual en pleno siglo XV estaba llevando un camino muy similar al inglés al fortalecer la ganadería y la industria textil, pero fue su conformación como imperio la que derivó en un letargo dentro de la semiperiferia.

Hacia el siglo XV no habían diferencias entre la economía española e inglesa en lo fundamental, ambas parecían ir por el mismo camino. No obstante la conformación española como imperio significó para el recién establecido Estado centralizado, una serie de concesiones económicas a la clase aristocrática en desmedro por la incipiente clase burguesa artesanal. Esto, sumado a la necesidad imperante por colonizar América llevó a que el excedente de mano de obra fuera exportado o expulsado por lo cual durante todo el siglo XVI a nivel económico se ve cómo la producción artesanal cae en proporción y comparación a otras áreas económicas. Si a lo anterior sumamos el enorme gasto fiscal que le significó al imperio todas las guerras religiosas, podemos entender por qué durante siglo y medio el Estado no pudo poner en marcha una política que llevara al país a modificar su situación dentro de la división del trabajo internacional.

La semiperiferia es una de las regiones más volátiles dentro del sistema internacional, pues dentro de esta se cobijan las próximas potencias que pasarán a ocupar un lugar dentro de los Estados centrales, como también dentro de esta región se cobijan Estados que en virtud a su historia terminarán formando parte de la periferia capitalista.

Una vez se han establecido las regiones dentro del capitalismo, cada Estado dentro de la región intensificó a profundidad la base estructural de su economía. Así, mientras Inglaterra dio paso a su revolución industrial una vez las condiciones económicas lo permitieron, le siguieron Francia y las Provincias Unidas. Por su parte en América y Europa oriental se especializaron en la producción de materia prima para vender a los mercados del centro.

Conforme la economía internacional va creciendo y se va expandiendo tanto en términos geográficos como económicos, el incremento de las ganancias puede o bien permitir un salto cualitativo en la división internacional del trabajo, o bien intensificar las relaciones ya establecidas. Conforme nos vimos envueltos en la vorágine capitalista del siglo XIX y XX los Estados de la periferia consolidaron su situación con contadas excepciones (Japón, Corea del Sur, Taiwán y Singapur), mientras que los Estados de la semiperiferia lograron dar el salto cualitativo o retroceder en sus aspiraciones.

Es más, conforme se desarrolla el capitalismo ha habido un ensanchamiento de  la desigualdad económica. Así, en 1900 la diferencia económica entre Chile y Estados Unidos era mucho menor que en 2000, un siglo más tarde.

Los Estados semiperiféricos en cambio, como Estados Unidos, Prusia (luego Alemania), Rusia o España avanzaron en caminos diferentes. Estados Unidos ve iniciada su historia como colonia británica al noreste de América donde su metrópolis era la potencia dominante la cual a la vez se encontraba lo suficientemente alejada para que todas las medidas proteccionistas no le afectaran pudiendo potenciar el sector maderero vinculado a la producción naval que, posteriormente daría paso a una incipiente industria. Ya en el siglo XIX la situación de este Estado semiperiférico representaba el máximo de la definición al ser un país dividido entre un norte dominado por las relaciones de trabajo asalariadas mientras en el sur predominaba el trabajo esclavo, las fuerzas más modernizadoras del norte lograron imponerse tras la guerra civil y desde entonces la industrialización llevó al país a ser desde 1870 una de las potencias cada vez más predominante en el sistema.

Prusia por otra parte era una zona periférica de la economía capitalista que, a pesar de ello, tenía una concentración menor de las tierras y una clase aristocrática más debilitada. El Estado prusiano tenía más posibilidades de fortalecerse en tales condiciones que otros Estados periféricos de la región.  Prusia en pleno siglo XVII tenía un suelo relativamente pobre y unos propietarios sin mayores extensiones territoriales lo que hacía más atractivo trabajar para la corona prusiana de manera que a inicios del siglo XVIII se había convertido en un Estado semiperiférico. Aun así, para entonces Prusia era un Estado netamente agrícola, fueron los eventos de la guerra de sucesión austriaca los que determinaron el resultado, luego de la misma Prusia se quedó con el territorio de Silesia, la región más industrializada de Austria, desde ese momento Prusia se erigió como una potencia mundial mientras que Austria sería una potencia de segunda línea hasta 1918.

El caso español ya fue analizado previamente. Solo acotar que así como su conformación como imperio los llevó a hacer predominante una economía basada en formas de trabajo más atrasadas, configuraron un Estado enorme pero con poco poder interno sobre su territorio, un Estado que frecuentemente se encontró con la imposibilidad de pagar sus propias deudas para ser cada vez más un campo de lucha por intereses externos.  Hacia el siglo XVII España solo le significaba a Europa ser la plataforma de metales preciosos a Europa. Hacia el siglo XVIII España figuraba dentro de una guerra donde su poder no era relevante sino que lo fundamental era la pugna francesa e inglesa. Y hacia el siglo XIX en medio de la desintegración  de su imperio su declive se acentuaba para llegar al siglo XX convertido en uno de los países más pobres de Europa occidental con graves conflictos internos que llevarían a una guerra civil en 1936.

Finalmente el caso ruso también es llamativo.  Durante el siglo XIX era un Estado con una estructura económica retrasada pero que territorialmente se expandía con fuerza. Desde 1870 hasta 1917 Rusia poseía un Estado poderoso con una industria relevante y un ejército importante, pero era dentro de los Estados industrializados, el más débil. Es por ello que este país contenía las condiciones adecuadas para gestar una revolución como la dada, mezcla de nacionalismo, antiimperialismo y reivindicaciones de clase. En los Estados centrales los obreros tenían otras alternativas más atractivas, y en los Estados periféricos no existía una base social para dar gestionar tal cambio. Instalada y ganada la revolución, el Estado ruso/soviético comenzó un camino industrializador que llevaría a la formación de una superpotencia militar e industrial.

Visto lo anterior, podemos esbozar por qué una vez instalado el capitalismo es muy difícil modificar la posición de un país dentro de la división internacional del trabajo. Una vez se posiciona cada Estado en un punto dentro de la producción internacional, las clases capitalistas focalizan sus intereses en sectores económicos particulares, cualquier cambio les significará períodos volátiles en los que sus ganancias pueden decaer, y aunque ello sea coyuntural, a su juicio es una apuesta muy arriesgada. Además un período de transformación estructural de la economía siempre trae consecuencias negativas y positivas que varían de sector en sector, por lo que un proceso industrializador exitoso dependerá de las fuerzas modernizadoras dentro de la misma clase capitalista. En los Estados que alguna vez fueron semiperiféricos, como Estados Unidos, las fuerzas industrializadoras demostraron ser más predominantes tras su victoria en la guerra civil. En Chile en cambio diferentes luchas internas determinaron que serían los sectores comerciantes y productores de materias primas los que predominarían hasta el día de hoy.

Todo se enmarca en la realidad del sistema capitalista, en el cual la producción de puntas se encuentra centralizada y monopolizada en pocos Estados altamente desarrollados mientras que la producción de bajo valor agregado se encuentra extendida entre los países de la periferia, los cuales representan a la mayoría. Es la base del sistema, veámoslo con un ejemplo; si un país le vende a otros 10 el valor por 10 productos valiosos, ese país tendrá el capital para reproducir el ciclo de inversión capitalista y seguir modernizando su matriz productiva. En cambio, si 10 países producen los 10 mismos productos valiosos o una mercancía equitativa, cada uno solo tendrá el 10% del capital para invertir y en tal contexto ninguno tendrá el poder para incentivar el crecimiento por su cuenta y el crecimiento del sistema se vería reducido.

Es por ello que a nivel de capitalismo, no puede existir un contexto en el que todos tengan el mismo nivel de productividad, he ahí del porque tras el envejecimiento del sistema, la propiedad ha tendido a concentrarse. Y es por ello que actualmente una América Latina industrializada, es algo que se encuentra fuera de lo esperable o requerido.

Es cierto que una clave del éxito en la modernización es la alianza entre las clases capitalistas y el Estado hacia un camino estructural, pero no todos los Estados pueden intentar llevar a cabo esa dinámica y tener éxito pues el éxito de unos es el fracaso de otros. Si bien existen constantes alteraciones en el estatus internacional, estas se dan principalmente en base a dos rasgos, i) momentos de recesión y estancamiento internacional donde la producción de punta se “redistribuye” entre un número mayor de Estados  ii) y en regiones geográficas semiperiféricas donde los ascensos y descensos son mucho más comunes que en las áreas centrales o periféricas. Por ende es mucho más plausible que en unos 60 años Turquía pase a ocupar un escalón productivo superior que Perú, por ejemplo. De hecho actualmente nos encontramos en un período de estancamiento y aparentemente estamos ad portas de una crisis de importantes proporciones en la cual países semiperiféricos como China o Rusia, acaparan mucho más la atracción de los capitalistas de Estados centrales para reubicar sus industrias, ni Chile, ni Argentina, ni Venezuela ocupan tales privilegiados puestos porque, precisamente, no poseen las características de un Estado semiperiférico: una clase trabajadora numérica y preparada, un mercado interno atractivo, y unos salarios lo suficientemente bajos para hacer rentable el traslado.

Además, es importante recordar que conforme la economía capitalista se ha expandido, los que antes eran parte de la semiperiferia (Estados Unidos o Alemania), ahora pertenecen al centro. Pero ya que la expansión geográfica está llegando a un tope cuesta creer que tales cambios se sigan dando con tal nivel de frecuencia. Pareciera ser que se dará todo lo contrario.

En tal contexto países como Venezuela o Chile, difícilmente van a poder dar el salto cualitativo en un contexto internacional como el que hoy existe. Modificar su estructura productiva sería sumamente complejo sin un marco internacional y nacional específico y excepcional ya que hoy el consenso en su clase capitalista dominante es que vale más vender crudo o metales, que modificar la base productiva. Países como Corea del Sur, Singapur o Taiwán desarrollaron sus economía a base de Estados sumamente centralizados, muy intervencionistas, gestaron un ciclo industrializador apadrinado por las potencias internacionales toda vez que ello significara una derrota ideológica del comunismo en Corea del Norte, Vietnam o China.



Categorías:Economia, Historia, Política

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