El fracaso del sistema privado de pensiones

El pasado domingo 24 de julio una masiva manifestación se dio dentro de las diferentes ciudades de Chile en contra del sistema de Administración de Fondos de Pensiones, conocido por sus sigas AFP. Dicho sistema ha estado desde su implementación en el ojo de administradores públicos, economistas y políticos por representar una alternativa al histórico sistema de reparto pues según sus apologistas este sistema garantiza una sostenibilidad mayor en el tiempo, reduciendo costes públicos y permitiendo en el largo plazo asegurar pensiones decentes sin preocuparse por el envejecimiento demográfico que se ha manifestado en las zonas más avanzadas del mundo y que también se ha comenzado a generar en las regiones y países en desarrollo (Chile y Cuba son ejemplos de ello).

El caso chileno es interesante toda vez que cualquier resultado, sea positivo o negativo, le permite al resto del mundo comprender y evaluar los efectos de una política tan radical como la privatización absoluta del sistema de pensiones. En este aspecto la opinión dentro del país cada vez se centra más en lo negativo de las AFP, aún así no es menor el sector que sigue sosteniendo un apoyo así sea parcial del sistema.

Ahora bien, ¿cómo podemos realmente hacer el balance frente a este debate?  Para lograrlo primero que todo debemos comparar ambos sistemas en virtud de los datos más objetivos que comparen dos puntos: i) nivel de pensiones; ii) sostenibilidad del sistema. Para comparar estos datos antes que todo es fundamental a su vez homologar el resto de los datos que influyen en el monto de las pensiones y que son, a su vez, compartidos entre ambos sistemas. De lo contrario, cualquier tipo de comparación caería en el sesgo de la subjetividad y parcialidad.

Para comenzar la comparación y contraste, es menester recalcar cuáles son los factores que influyen de igual forma tanto al sistema de reparto como al sistema de capitalización individual: el salario, el porcentaje de retención como cotización y los años cotizados. Son factores compartidos porque afectan para ambos sistemas, vale decir, si los años cotizados son menores o los salarios son bajos, por lógica, las pensiones serán menores. Por ende cualquier ejercicio hipotético debe tener a esos datos igualados. Hablaremos entonces de un país hipotético donde el porcentaje de retención por concepto de cotización es del 10%, con 40 años de trabajo cotizado por los trabajadores sin lagunas de cesantía y con un salario que es fijo cada década pero que va ascendiendo con el paso de las mismas ($100, $200, $300 y $400 al finalizar el período).

Teniendo lo anterior se puede proceder a comparar. Parto con el sistema de capitalización individual el cual es el que hoy se encuentra en la palestra por las consecuencias negativas que está generando en la sociedad. Para continuar es necesario a su vez establecer los factores que determinan el monto de pensiones para el caso particular de este sistema, en este caso el factor fundamental que determina el monto de las pensiones es el porcentaje de rendimiento del fondo de pensiones ahorrado mes a mes. Es decir, entre mayor sea el rendimiento, mayor la pensión. Para realizar el ejercicio entonces se calculará el monto acumulado tras 40 años de trabajo con los salarios respectivos ya mencionados con una rentabilidad del 2, 4, 6 y 8% respectivamente, y posteriormente determinar la tasa de reemplazo en cada caso.

EJEMPLO NÚMERO 1

Pensiones 1

En este primer caso hipotético tenemos una rentabilidad promedio mensual del 4%. En este caso el fondo acumulado por las personas ganando el salario promedio anteriormente especificado es de $2380. Teniendo el fondo calculado, es posible entonces determinar la pensión del trabajador. Esta pensión se calculará en función a los años que vaya a vivir luego de la jubilación. Digamos que a diferencia de lo que realmente sucede, en nuestro hipotético país no hay diferencias entre hombres y mujeres en lo respectivo a la esperanza de vida ni a la edad de jubilación, es decir, todos luego de jubilarse viven unos 15 años. Con estos datos entonces se puede calcular que la pensión percibida es de $159 y la tasa de reemplazo del 39,8%

 

EJEMPLO NÚMERO 2

Pensiones 2

En este caso la tasa de rentabilidad ha aumentado un poco, teniendo un fondo de $2681 y una pensión promedio de $178,6. Esto implica que la tasa de reemplazo es de un 44,6%

EJEMPLO NÚMERO 3

Pensiones 3

Finalmente en el mejor de los casos, hemos calculado un fondo tras 40 años de trabajo rentando un 8%, el resultado nos daría un fondo de $4363, una renta de $290,8 y una tasa de reemplazo de 72,7%

Como podemos visualizar recién con una rentabilidad del 8% el sistema es capaz de entregar pensiones decentes que se acercan al último salario percibido. Recibiendo menos que ese monto las mismas no estarían al nivel para mantener de manera similar el nivel de vida de los recién jubilados,  bajo ese monto el empobrecimiento es seguro.

Esta es la realidad objetiva, si no existe una rentabilidad promedio del 8% o más, las pensiones serán bajas. El problema que se nos presenta es que la rentabilidad de estos fondos se sustenta en el comportamiento de los mercados bursátiles, por ende mientras los mercados renten, todo irá bien y para ello se necesitan mejores inversionistas.

Sin embargo objetivo esto no puede funcionar así. El mercado bursátil es el espacio donde se tranzan capitales ficticios, los cuales se denominan ficticios (principalmente acciones) porque si bien en un primer punto del ciclo representan el valor de la producción de una empresa, con el paso del tiempo las acciones comienzan a revalorizarse (así crece el mercado bursátil) en virtud única y exclusivamente de la euforia colectiva, no porque la producción o ganancia hayan aumentado. Es por eso que en el mercado bursátil no existe creación de valor agregado, solo hay transferencia de montos. Cuando estas acciones aumentan más allá de un punto razonable la burbuja explota y el valor de la acción debe retornar al valor original. Esta es la razón de los cracks bursátiles y caídas de la bolsa.

En consecuencia de lo anterior no podemos creer que sea posible una rentabilidad del 8% durante 40 años de trabajo. Es imposible por razones económicamente objetivas.

Para finalizar la idea anterior es pertinente hacer una pequeña mención. Las AFP frecuentemente mencionan que sus fondos rentan un porcentaje determinado que incluso llega al 8% anual promedio desde inicios de la década de 1980, teniendo en cuenta esto, es fácil creer que moviendo los ahorros a los fondos con tales niveles de rentabilidad es posible llegar a los 65 años con una pensión decente de más del 70% como tasa de reemplazo. Sin embargo dentro de esa afirmación hay un engaño: el promedio de rentabilidad anual no es reflejo real y tangible de lo que entregará una inversión, para ello se calcula la Tasa Interna de Retorno (TIR).

Vayamos al ejemplo hipotético;

Pensiones 4

En este ejemplo vemos que el promedio de rentabilidad de casi el 8% anual. Mirando este dato, la inversión inicial parece tener un comportamiento bastante prometedor, pero si luego integramos los flujos de caja, costes y resultado final, veremos que en realidad la tasa de retorno es de tan solo un 5,5% en 9 años.

La diferencia se encuentra en que solo sacar la rentabilidad promedio no se cuenta ahí los costes ni los flujos de caja, por ejemplo si el año 0 tenemos un fondo inicial de 10, el año 1 este fondo se incrementa a 15 y el año 2 éste se reduce a 10, tenemos que el primer año de rentabilidad esta fue de 50% y el segundo año de rentabilidad fue de -33.3%, si sacamos el promedio de ambos años tenemos un 8.3% de rentabilidad anual promedio. Pero éste es un número que no se condice con la realidad si vemos que el último año el fondo quedó en el mismo piso que el inicial. Es decir, la rentabilidad real fue del 0%.

En este sentido es pertinente citar los datos de Cenda, donde año tras año se calcula la tasa de retorno que generan las AFP, y el resultado entre 1982 y 2012 es del 3.2%, muy inferior al 8.5% de rentabilidad afirmado oficialmente por las AFP y la SAFP. A nivel de la OCDE los fondos de pensiones solo rentaron un 0,1% durante la década pasada (entre 2001 y 2010), por ende no es solo un fenómeno dado en Chile.

Por otra parte debemos entender la base del sistema de reparto, éste, a diferencia del sistema de capitalización individual no se sustenta en fondos de ahorro capitalizado año a año, sino que en cotizaciones que día a día son usadas para pagar las pensiones de los jubilados. Es decir, con el dinero que hoy es cotizado se pagan las pensiones de los jubilados y así, los que hoy cotizan recibirán en un momento en que se jubilen, pensiones dadas a partir de los trabajadores que coticen en aquel momento específico. Éste es el método aplicado en la gran mayoría de los países del mundo y sobre todo, en los países más desarrollados que pertenecen a la OCDE incluso con las reformas y privatizaciones realizadas.

Vayamos al caso hipotético, tenemos ahora el mismo país que habíamos mencionado, cuya población se compone de 100 personas dentro de las cuales 60 se encuentran trabajando percibiendo salarios de $500 y 10 personas están jubiladas; de las restantes 10 son menores de edad 9 son desempleados y los 11 restantes son personas inactivas (una proporción de jubilados similar a la que existe hoy en Chile), tendríamos –con una tasa de cotización del 10%- $3000 para pagar pensiones,  es decir, podríamos perfectamente pagar pensiones por el valor de $300 a los pensionados sin sufrir ningún déficit, la tasa de reemplazo sería del 75%, superior incluso al sistema de capitalización rentando un 8% anual durante 4 décadas.

A su vez debemos atender el caso de las pensiones dentro del sistema de reparto, ¿de qué depende el monto de estas? En este caso, y además de los factores compartidos como los mencionados anteriormente) el monto depende de una serie de factores, los cuales son;

  • El desempleo o desempleo existente.
  • El volumen de actividad económica.
  • La distribución de la renta.
  • La extensión de la economía sumergida.
  • La tasa de ocupación y actividad femenina.
  • La productividad del trabajo.

Esta es la razón por la cual para que el sistema opere correctamente debe de existir en un primer lugar un nivel de empleo seguro, ya que si estamos frente a una situación de desempleo estructural, no habrá dinero para sostener las pensiones de los jubilados. Actualmente en España la crisis económica ha llevado que cerca de 10 años el desempleo supere los 2 dígitos llegando incluso de momentos al 25% de desempleo.  Esto por supuesto ha traído una serie de consecuencias entre las que se cuentan los problemas derivados a las pensiones.  Ejemplifiquemos, si tenemos un país con 100 personas, de las cuales 70 forman parte de la población en edad de trabajar, de estas 60 se encuentran trabajando y 5 se registran como personas que buscan trabajo –es decir, forman parte de la población desempleada, con un 8.3% de desempleo a nivel nacional-, cada trabajador por su parte percibe un salario de $10. De los 30 restantes, 15 son personas jubiladas, y los otros 15 son menores de edad. Asumamos además que el porcentaje de cotización es del 10%, entonces la seguridad social posee $60 para financiar las pensiones. Ahora, si por el contrario, en lugar de 60 trabajadores tenemos 50 personas trabajando y 15 buscando trabajo (25% de paro como en España), la seguridad social se reducirá a $50 mientras que los jubilados siguen siendo 15 y sus pensiones irremediablemente se reducirán. Esto con la misma estructura demográfica, es decir, no ha habido envejecimiento en la población.

Mismo caso se aplica a la participación laboral femenina. Siguiendo el ejemplo anterior, en este país con 100 personas 70 formaban parte de la población en edad de trabajar sin ningún impedimento físico o mental para hacerlo, de estas 70, 5 están buscando trabajo y 5 no lo hacen por lo que no forman parte de la población desempleada estadísticamente hablando, seguimos teniendo un paro del 8.3%. Si las 5 personas que figuran como inactivas, son amas de casa o personas que no buscan trabajo por bajo interés o inconvenientes que ahora integramos a la fuerza laboral, nos encontraremos con 65 personas trabajando, es decir la seguridad social tendrá $65 para financiar sus gastos. Esto implica que ya sea, integrando a población desempleada, o a la población inactiva, el efecto positivo dentro del financiamiento de la seguridad social es el mismo.

La distribución de la renta es igualmente importante para que el sistema opere, supongamos que un país con un PIB de $100, donde el gasto total en pensiones es del 17% y que estas son financiadas por los trabajadores con un 30% de su salario. Si las rentas de los trabajadores representan un 70% del PIB, la seguridad social tendría un total de $21 y por tanto un superávit de $4. En cambio supongamos ahora que las rentas de los trabajadores caen a un 50% del PIB el cual sigue siendo de $100, en este caso los ingresos a la seguridad social serían $15, es decir habría un déficit de $2. Esta es la realidad que se viene dando desde hace unos 30 años más o menos, la participación salarial en el PIB de los países en el mundo ha venido cayendo progresivamente, lo que, ha impactado directamente en la financiación de la seguridad social lo cual afecta no solo a las pensiones de jubilados, sino que a todas las áreas respectivas (salud, educación, ETC).

Finalmente hablemos del último factor, pero a la vez, el más relevante dentro de los que he mencionado visto en el largo plazo: la productividad laboral. La productividad es la cantidad de valor agregado por hora/día/mes/año de un trabajador respectivo. Es decir, si el año 1, un trabajador produjo 10 televisores al día, mientras que el año 2 produjo 20, entonces la productividad se duplicó. Esta es determinada tanto por la fuerza física implementada en el trabajo, como por el nivel tecnológico aplicado, este último es el más relevante y el que más afecta en el incremento de la productividad; siguiendo el ejemplo anterior, un trabajador va a producir más televisores no solo porque trabaje más en ellos, sino que –principalmente- por la aplicación de nuevas tecnologías que le permitan elevar la eficiencia de su trabajo. Esta ha sido la tónica del crecimiento y éxito del sistema capitalista durante los últimos 5 siglos, el incremento de la productividad, ergo, el desarrollo de las fuerzas productivas, es por esto que labores y sectores económicos que antes requerían un nivel de trabajo elevado, y un número de trabajadores importante, hoy requieren un nivel de trabajo inferior y trabajadores reducidos, como puede ser la producción agrícola que cada vez representa menos trabajadores en el total de la población activa, y aun siendo menos, producen bastante más que antes.

Es este factor el que echa al piso la afirmación de los economistas ortodoxos que aplauden el sistema de capitalización individual, ellos cuestionan la sostenibilidad del sistema de reparto en virtud del envejecimiento progresivo de la población. Esto pues, si hay un mayor número y proporción de población en edad de jubilarse, el sistema de reparto no podría sostenerse. Por ejemplo y volviendo al caso hipotético: el país en cuestión con una participación salarial del 50%, sigue teniendo 100 personas 60 trabajando, cada uno percibiendo $500, 15 son los jubilados, 9 son desempleados, 10 son personas inactivas, y los 6 restantes son menores de edad, estamos en un país con una pirámide demográfica más envejecida que antes, si continuamos con los datos que usamos inicialmente y cada trabajador percibe $500 tendríamos un fondo para las pensiones de $3000 y por ende las pensiones deberían reducirse a $200, lo cual irremediablemente llevaría a que la tasa de reemplazo fuera del 50%. Este problema realmente puede solucionarse modificando factores como el nivel de desempleo o participación laboral:

  • Si la tasa de desempleo en un inicio es del 15% con 9 personas desempleadas, ahora podríamos integrar a 5 de esas personas al mercado laboral reduciendo la tasa de desempleo al 6,1% con lo cual la seguridad social aumentaría su fondo de pensiones a $3250.
  • Si a su vez integramos a otras 5 personas de la población inactiva a la actividad laboral, ya tendríamos a 70 trabajadores que aportarían $3500. Lo anterior ya nos significaría un 16% de ingresos extra solo para las pensiones.
  • Si vemos que el PIB es de $70.000, podremos notar que 35.000 son salarios, y de esto el 10% se destina a cotizaciones para los jubilados. Es decir el total usado para pensiones contributivas representa tan solo el 5%. Ahora hay $35000 que queda como excedente para las clases capitalistas. Si el Estado extrae por concepto de impuestos un total del 20% como en Chile, tiene $7000 para sus gastos el cual usa para gastos administrativos, FF.AA., educación, salud y otros. En ese contexto perfectamente podría aportar más al fondo de las pensiones mediante las pensiones no contributivas. Un incremento moderado de la presión fiscal al 25% (los países de la OCDE imponen impuestos bastante más elevados, en algunos casos por sobre el 40%), esto llevaría a poder volver a pagar pensiones por sobre el 75% de la tasa de reemplazo.

Anteriormente se mostró como con una estructura demográfica más envejecida (con un 15% de personas en edad de jubilación), realizando un par de cambios, las pensiones son perfectamente sostenibles. El miedo expandido por los diferentes economistas ortodoxos y su particular obsesión por el tema demográfico no tiene asidero, incluso aunque sea cierto que la tendencia mundial va hacia el envejecimiento no hay ninguna evidencia científica en que ello vaya a significar hecatombe alguna.

Los cálculos del INE estiman que en Chile hacia el 2050 el 20% de la población tendrá más de 65 años. En tal caso por supuesto habrá una población en edad de trabajar menor en proporción, pero ello no debe por qué implicar que un sistema de reparto fuera a colapsar, Alemania, Austria, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Italia, Reino Unido, Suecia, Suiza, entre otros de la OCDE, poseen una población mayor de 65 años que supera el 18% de la población total y en algunos casos supera el 20%. A pesar de ello, no se ve ninguna hecatombe y en todos ellos sigue existiendo un sistema de reparto operativo, aunque en casos como el español ahora esté en déficit, el problema ahí no es el envejecimiento de la población, sino que el desempleo que ya se arrastra 9 años.

Si, por ejemplo, tenemos un país el cual en 1990 tenía 100 habitantes, con 80 personas en edad de laboral (de las cuales 70 trabajan, el restante o no quieren trabajar, o no encuentran trabajo), 10 menores de edad y las restantes 10 jubiladas, con un salario  de $100 y una participación salarial del 50%, el PIB de $14.000, lo que implica que la productividad de $200 por trabajador. Si la tasa de cotización es del 10%, entonces el Estado estaría percibiendo un total de $70 para financiar las pensiones de los 10 jubilados, cada uno de ellos percibiría $70. La tasa de reemplazo sería del 70%.

Es decir, del total del PIB un 5% se destina para pensiones, si asumimos que el Estado debe usar 20% del PIB para sus gastos públicos, entonces podemos ver que del total ($2800 usados para educación y salud más otros gastos), el 75% es destinado para el resto, entre lo que nos encontramos las ganancias capitalistas.

Ahora digamos que han pasado 60 años, han cambiado generaciones completa y la estructura demográfica del país ha variado, mantenemos los 100 habitantes, pero ahora tenemos 60 trabajadores, 20 jubilados, 10 personas que no trabajan y 10 menores de edad. Si proyectamos que en 2050 el PIB será el doble entonces la productividad habrá aumentado a $400, una proyección que coincide con las que han sido realizadas para el caso chileno. Si la participación salarial y la tasa de cotización se mantienen intactas, entonces cada trabajador estaría percibiendo un salario de $233, lo que significaría $1400 para las pensiones, cada pensionado percibiría $70 en pensiones. La tasa de reemplazo se reduciría al 30%.

No obstante lo anterior, estamos pensando en mantener el gasto total de las pensiones en un 5%, pero hay que tener claro que ahora estamos hablando de un contexto diferente donde la realidad del país ha cambiado, ahora hablamos de un país más desarrollado, con un capitalismo instalado y a un nivel más avanzado. Parte de la realidad lógica del capitalismo es el incremento del peso estatal en la economía conforme se desarrolla el mismo, si a inicios del siglo XVI el peso estatal era mínimo, tras 500 años los Estados más desarrollados han llegado a una participación sobre el PIB del 30 o 40%, y con respecto a las pensiones el gasto ha llegado a representar el 15%. De hecho dentro de la OCDE el gasto promedio es del 8.4%,  mientras que Italia destina el 15% de su PIB en estas. Si asumimos que el 15% del PIB es usado en 2050 tendríamos un fondo de $4200 con el cual podríamos pagar pensiones de hasta el 90% como tasa de reemplazo.

En este aspecto lo que veríamos sería un incremento de la participación estatal. Ya no tendríamos un 20% del PIB en manos del Estado, sino que el 30 o 40%, una realidad dada el día de hoy en países como Suecia, Noruega o Finlandia, países que en ningún caso pueden ejemplificar la crisis terminal del sistema.

Si con un PIB de $28000, tenemos un 20% destinado para los gastos en educación, salud, FFAA entre otros, el fondo destinado habría aumentado a $5600. Lo cual aportaría bastante tanto en términos cuantitativos como cualitativos porque estamos hablando de un país que en 2050 mantendría la proporción de jóvenes (por ende hablamos del mismo gasto en educación), de personas (por tanto el mismo gasto en salud y FFAA) pero que requeriría un gasto mayor para los jubilados porque ese segmento de la sociedad ha aumentado, y con un incremento de 10 puntos porcentuales que pudieran usarse en los pensionados llevaría a que el Estado tuviera $2800 extra que se sumarían a los $1400 ya presentes por concepto de cotizaciones. Hasta un 90% como tasa de reemplazo podría estar asegurado.

No se aprecia en ningún caso una catástrofe demográfica ni una hecatombe social. Si podrían señalar los agoreros de tal hecatombe es que la productividad no dará tal cantidad de capital para sostener el incremento del peso estatal, pero el sistema capitalista depende su crecimiento fundamentalmente del incremento de la productividad ya que de lo contrario el crecimiento de este se debería explicar por la expansión territorial no solo entendida por el espacio físico, sino que también por la integración de más habitantes en el sistema, algo que se ha venido dando luego de la integración de África y Asia en el sistema desde inicios del siglo XX en adelante, pero el reto del sistema es crecer no solo hacia al lado, más bien y fundamentalmente hacia arriba, incrementando la productividad, lo cual se ve reflejado en el incremento del PIB per cápita.

De tener razón los agoreros, y el sistema capitalista no podrá seguir incrementando su nivel de productividad, entonces la única fuente de crecimiento sería la expansión territorial y la integración de más mano de obra. Pero la primera opción está limitada a las fronteras del planeta en el que vivimos, y la segunda está descartada pues estamos hablando de un mundo que está envejeciendo. Entonces ese argumento llega a un punto sin salida donde, al no existir incremento en la productividad, no hay salida posible, y el sistema en sí se comerá y fenecerá sin vuelta atrás. En ese apocalíptico contexto, un futuro distópico, el sistema de capitalización individual no tendrá tampoco futuro alguno, ya que si el crecimiento del sistema llega a su fin, las ganancias de los fondos privados también caerán y frente a tal situación, o dejan de pagar las pensiones, o quiebran.

Recordemos que la lógica detrás de cada fondo de pensión es la siguiente: me entran $100 como cotización y pago $70, por lo que tengo un excedente de $30.

Si deja de haber un crecimiento, entonces la situación podría ir a un oscuro panorama en que entran $40 y pago $70… ¿de dónde saco el resto?  Ya que los “fondos ahorrados por los trabajadores” en realidad no son solo fondos, es dinero que se reinvierte en otros negocios y si entra más del que sale hay ganancia, si no, hay pérdidas. Las AFP operan con la misma lógica que los bancos, es por ello que la tasa de interés que aplican los bancos va en inversa relación con la tasa de ganancia y acumulación existente en una economía determinada. Si la tasa de acumulación crece y la de ganancia está en las nubes, la tasa de interés estará baja para así asegurar el negocio, del cual depende, caso contrario, que es el caso de recesiones o depresiones, la tasa de interés se dispara porque así los bancos se refugian.

En síntesis de lo anterior, no hay comparación posible, el sistema de reparto es superior al sistema de capitalización individual, o visto los montos de las pensiones, entrega pensiones superiores mientras que el sistema de capitalización individual es incapaz de competir. Si nos referimos a la sostenibilidad del sistema el sistema de reparto es sostenible en el tiempo tanto como el sistema de capitalización individual, y frente a un distópico futuro en el que la hecatombe demográfica acabe con el crecimiento económico, ni el sistema de reparto, ni el sistema de capitalización individual tendrían la capacidad para sostenerse pues en un sistema donde no hay crecimiento económico de modo estructural y generalizado, nada está garantizado. En todo caso en un mundo con tal futuro, las pensiones serían uno de los aspectos menos preocupantes (ya que ni la alimentación estaría asegurada).

Si el sistema de AFP se mantiene, o aún más, si éste fue creado, es porque se logró formular un modelo novedoso para realizar lo que ni los bancos pueden: capitalizar fondos de todos los chilenos de manera segura, progresiva, masiva y con costos limitados. Es decir, 1) un banco recibe los ahorros de los clientes de manera opcional, mientras que las AFP lo reciben de modo obligatorio (todos están obligados a cotizar en una AFP); 2) si un cliente así lo decide, puede retirar todos sus fondos del banco, nosotros en cambio no podemos sacar nuestros fondos de las AFP, estamos obligados a tener nuestro ahorro de toda la vida sin tocarlo. De este modo, obligando a millones de trabajadores a mantener nuestros ahorros en tales fondos, tienen más ventajas que los mismos bancos para realizar los negocios respectivos. Negocio perfecto.

 

 



Categorías:Economia, Política

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