Libre comercio y libre tránsito, ¿existe en la economía capitalista?

Hace unos días en una charla cotidiana con un amigo surgió este interesante aunque para mí, en ese momento, oxidado tema vinculado a los movimientos dentro del capitalismo. Y es que aunque ya a la luz de la actualidad parezca finiquitado no deja de tener ásperos puntos que tratar. ¿Existe en la economía una libertad para la movilidad del capital? ¿Existe en la economía una libertad para la movilidad del trabajador? A simple vista uno tendería a responder sí y no. Es decir, para el capital sí existe el laissez faire, pero para el trabajo no existe el laissez passer. Aunque más allá de las percepciones comunes valdría la pena analizarlas puntualizando en primer momento las diferentes posturas.

  • En un primer lugar describo la posición de aquellos científicos partidarios de teorías ortodoxas de cortes neoclásicos, liberales y cercanos a los establishment más propios a los sectores de las economías centrales de la economía capitalista. Dentro de esta posición se tiende a coincidir en que la libertad es un rasgo básico dentro de una economía capitalista, sin libertad de factores no hay un capitalismo avanzado y no puede haber un crecimiento sostenido en la economía. Esta corriente estima que los países más avanzados crecieron sostenidamente a través de los siglos porque lograron establecer desde un cuerpo legal una estructura base en la cual la libertad fuera un elemento clave y fundamental para el crecimiento y desarrollo. Actualmente estos pensadores se encuentran ubicados, en términos geográficos, principalmente en las regiones norte del planeta, Estados Unidos, Japón y Europa occidental. Y son estos quienes insisten en la creación de tratados de libre comercio con economías de regiones menos desarrolladas.
  • En un segundo puesto concibo a los pensadores partidarios de posiciones más heterodoxas pero al mismo tiempo burguesas. Es decir, son economistas y políticos que consideran al capitalismo como sistema económico primordial para el desarrollo que debe ser mantenido, pero a la vez aceptan que éste no se ha desarrollado a partir de la libertad dada a los factores productivos sino que todo lo contrario. El desarrollo de los países más ricos se dio a partir de medidas esencialmente proteccionistas a partir de las cuales se logró desarrollar un músculo industrial, y la apertura de fronteras perjudica a los sectores industriales a favor de los sectores más mercantiles en cada sociedad. Aquí nos encontramos con partidarios del keynesianismo, sectores cepalianos, desarrollistas, entre otros. Estos pensadores se encuentran fundamentalmente localizados en las regiones geográficas del sur, especialmente en aquellos países que a pesar de pertenecer a zonas periféricas, poseen un mercado medianamente importante, y por ende, más gravitante que el resto de sus vecinos, ejemplo de ello son Brasil, Argentina, Nigeria, Sudáfrica, India, Paquistán, Turquía, Malasia, Indonesia, entre otros.
  • En un tercer lugar se encuentran los partidarios por las teorías marxistas que consideran que el capitalismo como estructura económica crece con el pasar de los siglos y en su crecimiento aumentan las transacciones bancarias, el comercio y en sí el nivel de acumulación. Ello provoca un crecimiento de la economía donde las antiguas barreras nacionales cada vez importan menos lo que lleva a que, irremediablemente, se abran las fronteras, todo sea para favorecer el negocio del capitalista. Los partidarios de estas teorías están ubicados de manera más o menos uniforme en los países, pero son más bien minoritarios dentro del círculo académico.

Pues bien, ¿qué estimo yo en este debate? Mi posición está enfocada en que todas estas posturas tienen aciertos e imprecisiones y por ende, fallos que impiden que sean 100% verídicas. Es cierto como indican los partidarios del libre comercio, que la superación de las barreras comerciales se genera con el fin de potenciar el crecimiento de la economía capitalista, pero es falso que esa sea la lógica histórica del capitalismo. Aquí los partidarios del proteccionismo tienen la razón, y es que los países que hoy son los desarrollados, necesitaron décadas, si es que no siglos, para poder establecer y consolidar una estructura de producción interna lo suficientemente competente para poder competir en el mercado, sin embargo yerran al no estimar que el proteccionismo en el largo plazo es tan perjudicial como lo es el libre comercio, y esto sucede porque el proteccionismo se basa en, por una parte, establecer barreras arancelarias a la competencia internacional, y por otro lado en una red de subsidios hacia los sectores económicos considerados más importantes en el desarrollo a largo plazo.

Esto en un período de tiempo funciona, pero en un momento cronológico comienza a hacer agua pues dentro del mercado nacional comienza a darse una lógica de competencia por el mayor porcentaje del subsidio. Como el Estado no puede subsidiar a todos, debe hacerlo con unos en detrimento de otros. Por ejemplo en un país A, la producción de alimentos agrícolas es la que posee la tasa de ganancia más elevada, e imponiendo una estructura tributaria particularmente fuerte encima, se puede subsidiar al sector manufacturero que provee al país de televisores. Sin esos subsidios los productores de televisores no podrían funcionar. Si esta política se sostiene los productores agrícolas comenzarán a buscar todos los métodos para saltarse esas limitaciones. Digamos que ahora los productores agrícolas dejan de invertir tanto en tierras para producir y en su lugar comienzan a invertir en fábricas de televisores, así en lugar de solo pagarle al Estado en calidad de impuestos y retenciones, comenzarán a recibir de éste en calidad de subsidios para el Estado. Esto termina generando cuellos de botellas y en un determinado momento la otrora producción de punta agrícola al perder inversión termina en la periferia económica y el país entraría en problemas. Justamente esto es lo que ha sucedido en Argentina con la política de subsidios entre los sectores productores de soja y los sectores productores de trigo, irremediablemente en un momento el Estado deberá de eliminar la política de subsidios y protecciones pues se vuelve inviable, y, de sostenerse, la distorsión dentro del mercado se incrementará.

Por último la posición de los marxistas es cierta cuando vemos que desde, por ejemplo, 1960 a 2014, el número de transacciones, el nivel del comercio, y el volumen de las captaciones y colocaciones bancarias se ha incrementado a un nivel cada vez superior. En tal contexto cada vez se hace más necesario incentivar la eliminación de barreras comerciales con el fin de potenciar el ciclo de acumulación capitalista. Sin embargo aquí tenemos un problema, si se continúan eliminando las barreras comerciales nacionales, en un determinado punto cronológico en el futuro, los Estados nación dejarían de existir. ¿Podría existir el capitalismo en un contexto de gobierno mundial o regímenes populares sucesores de los Estados nacionales? De momento esta teoría puede entenderse solo en el marco de la movilidad de los capitales, no así en el marco de la movilidad del trabajo, pues mientras se abren las fronteras del capital, no sucede lo mismo con las fronteras del trabajo, o no sucede con la misma fuerza, ya que por ejemplo para mí es mucho más fácil en términos legales (dejando de lado la cuestión económica) enviar un producto comercial a Japón, que ir yo mismo a Japón, en ambos casos los requisitos que me ponen encima son diferentes, para el segundo caso son bastante superiores.

La realidad dentro del sistema mundo capitalista

El capitalismo es tanto estructura, como modo de producción. Con estructura se entiende una relación social de producción, y en el capitalismo esta estructura es asalariada, en la que los capitalistas poseen los medios de producción (maquinarias y materias primas), mientras que los trabajadores poseen su fuerza de trabajo. Así los trabajadores venden su fuerza de trabajo al capitalista y se genera entonces el ciclo de crecimiento económico. Con modo de producción en cambio se entiende el modo en que se usan los medios de producción en un determinado momento, y tiene tres puntos: modo de explotación, según el cual dentro del capitalismo hablamos de una explotación económica, puesto que el trabajador se inserta en la explotación de modo “libre” sin coerciones políticas que lo obliguen, fin de la acumulación, en el capitalismo el fin que lleva a la acumulación es la maximización de las ganancias, en otras palabras se produce para ganar y ganar, y por último forma de plustrabajo, que no es otra cosa en la forma que adquiere el extra que produce cada trabajador y que es apropiado por el explotador (en nuestro caso, el capitalista), en el capitalismo este plustrabajo es la plusvalía. No ahondaré más en este tema porque me desviaría del centro, en otro artículo escribiré más…

Todo lo explicado tiene que ver con la estructura, sin embargo sobre esta existe una superestructura, y está es la forma política, social y cultural que adquiere cohesión y forma a partir de (y sobre todo determinado por) la estructura economía, en este caso el capitalismo. Pues bien, la superestructura política dentro del capitalismo tiene la forma de una red de Estados nacionales cada uno con sus límites y con su propia forma política interna, ¿y qué diferencia tiene esto con superestructuras políticas anteriores al capitalismo donde también habían diferentes Estados coexistiendo entre sí? La clave está en que a pesar de que existan diferentes Estados, todos están relacionados entre sí y poseen reglas establecidas que no se pueden pasar a llevar. A esto el sociólogo e historiador norteamericano, Immanuel Wallerstein denominó “Economía mundo”. Hagamos un corto pero clarificador barrido conceptual sobre esta postura.

Immanuel Wallerstein entiende que dentro de la historia del ser humano, desde que éste existe, han surgido dos tipos de superestructuras políticas: los minisistemas y los sistemas mundo.

Los mini sistemas son unidades pequeñas en términos geográficos, demográficos y débiles en lo económico, las cuales funcionan como nódulos básicos donde se desarrolla la vida humana. Fundamentalmente se dan dentro del contexto de estructuras económicas más bien precarias, como puede ser la economía humana previa la existencia del primer Estado, llamado Estado prístino, como también se dieron previo la existencia de las clases sociales. Pero no solo se dan estos minisistemas en un contexto previo al Estado, también se fundaron a partir de diferentes coyunturas históricas que llevaron a enormes colapsos estatales como puede ser el mismo sistema feudal.

Los sistemas mundo en cambio son grandes superestructuras que agrupan a cientos de miles, millones o cientos de millones de habitantes dentro de su soberanía, poseen límites y una cultura política propia. Dentro de estos nos encontramos tanto con los imperios mundo como con las ya mencionadas economías mundo. ¿Cuál es la diferencia entre ambas?

Desde que existe el Estado prístino y la formación de clases sociales, existió el Imperio Mundo. Éste es como ya mencioné, un gran cuerpo político que agrupa poblaciones, leyes y economía dentro de un único centro administrativo. Generalmente este centro funcionaba como polo de gravedad recibiendo tanto beneficios económicos como a su vez una gran y diversa población de explotados  y explotadores. Esta superestructura política se gestó fundamentalmente ligada a estructuras económicas que requerían constante expansión territorial como pueden ser las estructuras esclavistas (mírese a Roma), donde su expansión geográfica tiene explicación en la constante necesidad por proveer a la economía de materias primas y esclavos trabajadores.

La economía mundo en cambio, es una estructura casi inédita en la historia del mundo, si bien es cierto previo al siglo XVI ya se han dado hallazgos históricos de una tenue formación de estos sistemas, nunca lograron consolidarse, siempre el imperio mundo logró imponerse. La más importante diferencia entre los imperios mundo y las economías mundo radica en el centro de control. Mientras en los imperios mundo, el centro es administrativo, en la economía mundo el centro es económico y los centros administrativos son diversos.

Es decir mientras en el imperio mundo existe un gran cuerpo político que agrupa diferentes pueblos (o naciones), en la economía mundo existen diferentes cuerpos políticos con un centro hegemónico-económico. Por ejemplo en el imperio romano, Roma era el centro administrativo que imponía soberanía sobre el mar Mediterráneo, sin embargo las áreas más productivas se encontraban en el oriente medio, fundamentalmente en Egipto. Actualmente el centro hegemónico del mundo, aun en declive, es Estados Unidos, el país con el PIB más elevado, pero a su vez no es el único centro administrativo en el mundo.

Este tipo de cuerpos políticos se ha consolidado únicamente con la estructura capitalista. Y es que el capitalismo no puede existir con una superestructura diferente.  Explicado con más detalle, el capitalismo se sostiene en la explotación asalariada como ya mencioné. Para que esta explotación pueda ser llevaba a cabo, se requieren ciertas leyes básicas, fundamentalmente protección a la propiedad capitalista. Por lo que existe un importante nivel de autonomía política para su existencia; regímenes como las dictaduras, las monarquías, las autocracias, las democracias burguesas, y regímenes totalitarios pueden sostener una estructura capitalista. Esa es la gracia de la economía mundo, pues genera una amplia posibilidad de gestión política. En la misma economía mundo tenemos regímenes demócrata-burgueses (Estados Unidos, Europa occidental), monarquías absolutas (Arabia Saudí, Qatar), regímenes de partido único (China), dictaduras (Chile con Pinochet), entre otras formas.

En cambio el esclavismo no puede concebirse en el marco de una superestructura que no fuera el imperio mundo. Ni el feudalismo se podría sostener en una superestructura que no fueran los minisistemas.

El capitalismo solo puede existir en una economía mundo, y hasta ahí llegan sus límites en cuanto a la autonomía política. Por esto el capitalismo, a pesar de poder coexistir con las ya mencionadas formas de orden político, no puede coexistir con formas políticas que trasciendan la economía mundo. Por ejemplo el capitalismo no puede existir en un marco de milicias populares ni tampoco puede existir en un sistema de gobierno único (imperio mundo). En un marco de milicias populares, como sucedió en los años inmediatamente posteriores a la revolución Rusa, no puede mantenerse un sistema capitalista porque para que éste se sostenga debe de existir propiedad privada sobre los medios de producción, algo que no existe en este marco. Y en un gobierno único, que es lo que nos compete en este artículo tampoco podría existir un sistema capitalista porque esto requeriría derribar los muros nacionales, ahora ahondaré en este aspecto.

El capitalismo y el gobierno mundial

El capitalista requiere que exista un poder político con el cual mantener una relación política especial. Si el poder político es débil, entonces la seguridad jurídica sobre la cual descansa su economía se vería amenazada (que es lo que sucede tras cada revolución), si en cambio el poder político es muy fuerte, como sucede en el caso de un imperio-mundo, sus intereses tenderían a imponerse por sobre el ánimo por la ganancia, lo que limitaría enormemente al capitalismo.

Un único Estado mundial llevaría a un incremento en los costos asumidos por los productores en cada punto del mundo, sin la posibilidad de trasladar su capital hacia sectores regionales más baratos. El Estado mundial debería de ser capaz de gestar un aparataje político y militar proporcional a las necesidades del mundo completo, esto sin contar con cada gobierno regional dentro del mismo contexto.

Un único gobierno además llevaría a la eliminación de las barreras nacionales, ergo la libertad de movilidad de los factores  y por ende un libre mercado absoluto. Pero esta realidad no es más que una utopía dentro del sistema capitalista, esto pues la libertad de mercado dentro del capitalismo llevaría a una reducción imposible de soportar de la tasa de ganancia capitalista. Es cierto que la clase capitalista frecuentemente manifiesta desear un mercado libre, pero estos desean de hecho mercados semi-libres y no absolutamente libres. Si el mercado fuera libre en su totalidad, los diferentes productores capitalistas en diferentes regiones del mundo, se verían expuestos absolutamente desnudos a la competencia, y ello gravitaría igualmente en contra de buena parte de la producción.

Es por esto que en la historia del sistema, los Estados juegan a favor de sus productores capitalistas en la búsqueda por potenciarlos a la vanguardia en el mercado mundial. Los Estados más avanzados buscan, ante todo, establecer oligopolios en las ramas más avanzadas de la economía. Ante ello los Estados tienen diferentes mecanismos para proteger a sus productores;

  • Sistema de patentes con el cual al menos intelectualmente protegen su propiedad.
  • Proteccionismo en el comercio internacional imponiendo trabas como impuestos especiales.
  • Subsidios para impulsar la producción en ciertas ramas económicas.
  • La fuerza misma de Estados poderosos ante Estados débiles para prevenir el uso de medidas proteccionistas.
  • Y el tipo de cambio como útil mecanismo cortoplacista para defender a los sectores productivos de cada país.

Un gobierno mundial significaría el fin de estas medidas proteccionistas usadas por todos los países, y por ende una caída significativa en las ganancias. Un ejemplo a nivel menor, pero bastante clarificador es lo que se ha dado actualmente en el marco de la Unión Europea. Una unión que es más económica que política, y que ha llevado a los productores de las regiones más pobres del sur (Grecia, Portugal y España) a caer en graves crisis a la vez que paulatinamente se han integrado en una posición más periférica dentro de la división internacional del trabajo.

¿Laissez faire… laissez passer?

Luego de analizar los inconvenientes de un gobierno mundial, sin límites políticos establecidos para el desarrollo de una economía capitalista, vale la pena caer en las preguntas, ¿qué pasa con la libertad de capitales y la libertad del trabajo?

Los capitales no son libres, son semilibres, como afirmé previamente. No pueden ser libres porque la competencia perfecta en el mercado mundial disminuiría a un punto insuperable las ganancias del capital. Esto es lo que ha sucedido desde que el capitalismo existe. Los países con estructuras económicas verdaderamente fuertes, poseen Estados igualmente poderosos, y tienden a ser los más propensos a promocionar los beneficios del libre mercado, en tanto los países moderadamente fuertes aunque sin una autoridad política consolidada, tienden a ser proteccionistas, y finalmente los países débiles sin un Estado fuerte, no pueden protegerse y tienden a caer en el libre mercado ya que no son capaces de instaurar su proteccionismo, caso de Chile.

En la historia del capitalismo las ambigüedades podemos encontrarlas en tres momentos claves de la historia, justamente durante los momentos de diferentes hegemonías, la holandesa, la inglesa, y actualmente la norteamericana. Durante los años en que Holanda (en ese entonces Provincias Unidas) tenía la hegemonía durante la primera mitad del siglo XVII, eran los más eficientes productores de Europa y predicaban los frutos del libre mercado a los más débiles Inglaterra y Francia, aun así, los holandeses seguían protegiendo ciertos mercados. Luego cuando Inglaterra se hizo con la hegemonía desde fines del siglo XVIII, comenzó a aplicar medidas de libre comercio especialmente virulentas y dañinas para países como Francia, mientras tanto impedían a las 13 colonias norteamericanas establecer aranceles para proteger su propia industria, esto hasta la independencia de las colonias norteamericanas, claro. Finalmente cuando Estados Unidos se hace con la hegemonía tras la segunda guerra mundial, evitó durante un primer momento imponer el libre comercio frente a sus aliados más cercanos (Europa occidental y Japón) en el marco de la guerra fría con la URSS porque necesitaba que estos se fortalecieran, pero una vez estos aliados políticos (pero rivales económicos) se fortalecieron durante los años 70’, Washington comenzó a ejercer presión en contra de sus medidas proteccionistas. Mas, curiosamente, Estados Unidos desde los 80’ en virtud de la enorme competencia internacional debió de ceder a presiones de productores locales por acceder a retomar medidas proteccionistas desde entonces.

Actualmente a pesar de que Estados Unidos es uno de los países que se muestra ante el mundo como el más adepto al libre comercio y mercado, jamás se ha visto que se pronuncie abiertamente a un libre mercado absoluto, es decir, que todos los países en conjunto eliminen sus barreras proteccionistas. Tal medida sí que significaría libre mercado, pues lo que hoy se llama Tratado de Libre Comercio no es más que un acuerdo ordenado bajo la norma; (E°- N°), siendo el primer Estado, y un número de Estados que jamás llega al total de los Estados en la economía-mundo. Es decir jamás se ha llegado a acuerdos de TLC al unísono donde todos los países se pongan de acuerdo con comprar y vender sin limitantes. Los Estados que están dentro del acuerdo a su vez no hacen más que generar un espacio de proteccionismo marginado del resto del mundo.

Los acuerdos de libre comercio no son más que concesiones a cambio de dadivas. Se cede por un lado a cambio de ganar por otro. Por ejemplo ahora con el Tratado Trans-pacífico, que busca ser firmado por 12 Estados (Chile, Perú, Japón, Canadá, Nueva Zelanda, Estados Unidos, México, Singapur, Vietnam, Brunei, Australia, Malasia), la competencia está en establecer qué se protege y qué no, por ejemplo Canadá busca proteger su sector productos de lácteos mientras que Nueva Zelanda busca expandir su venta de productos lácteos, a su vez Nueva Zelanda y Australia desean mantener sus beneficios en el uso de medicamentos genéricos, mientras Estados Unidos busca inhibir la producción de los mismos en beneficio de su industria farmacéutica, así, negociaciones que debían de haber finalizado en 2012, a fines de 2015 aún no finalizan.

El trabajo tampoco es libre en absoluto, aunque tampoco es cerrado. Es cierto que se han dado ciertas facilidades para la movilidad de los trabajadores, pero una vez más nos encontramos en un terreno sumamente hipócrita y voluble. Las regiones más ricas tienden a ser las que reciben un mayor porcentaje de los inmigrantes mientras que las regiones más pobres son las que ven un mayor número de emigrantes.

Para las zonas más acaudaladas recibir inmigrantes tiene un sabor agridulce, mientras les favorece para disminuir los salarios, les termina generando problemas políticos en un punto determinado por la poca popularidad de esta medida. En tanto en las zonas pobres una salida de trabajadores puede parecer benéfico en tanto las poblaciones más pobres disminuyen, a su vez es negativo porque la fuerza laboral tiende a disminuir. Entonces la contradicción en esta realidad está en que si se eliminan las fronteras nacionales, las ventajas para el capital dadas por las diferencias salariales entre una región y otra también tenderían a ser eliminadas, y con ello, la ganancia sería sofocada.

Es por esto que los Estados son bastante zigzagueantes al momento de establecer un espacio de libre tránsito. Dentro de la Unión Europea se pudo hacer posible por ostentar de niveles de renta no tan disparatados en cuanto la desigualdad, pero incluso así se han generado problemas que han llevado a países como Suiza o Inglaterra a poner en cuestionamiento los acuerdo de Schengen.

Finalmente… ¿existe el libre comercio y libre tránsito?

Debo aceptar que la pregunta que se me hizo ayer me puso en cuestionamiento porque no es de fácil respuesta, aunque lo parezca. Y no es de fácil respuesta porque no tiene una lógica directa y clara. Por supuesto donde hay hipocresía no puede haber lógica, eso lo tenemos que tener claro.

Los Estados más poderosos tenderán siempre a favorecer argumentos pro libre mercado, pero en realidad seguirán cada segundo observando los resultados en caso de necesitar intensificar el proteccionismo. Y de ser necesario potenciar una nueva área productiva, no dudarán en protegerla.

Es por esto que por más que crezca el capitalismo, como indican los marxistas clásicos, el libre mercado no existe. Lo que existe es un semi-libre mercado. El libre mercado no puede darse en las condiciones capitalistas porque resultarían contraproducentes.

El trabajo tampoco es inmóvil o móvil al 100%, es semi-libre igualmente. El trabajo no puede mantenerse estático porque ello impediría que las naciones más avanzadas (a la vez que envejecidas en términos demográficos) puedan revitalizarse, pero tampoco puede ser móvil porque ello significaría en una constante igualación salarial entre el norte y el sur.

Cuando nos encontramos en esta incómoda posición intermedia, nos vemos en una moral absolutamente hipócrita, es por esto que en Chile por ejemplo la población que tiende a mostrarse en contra de la inmigración de bolivianos, peruanos y colombianos, se muestra a favor de la llegada de europeos o estadounidenses. Mismo caso sucede en las grandes ligas, los capitalistas y sus medios de comunicación criticaban a la URSS por impedir que sus ciudadanos emigraran libremente del país, sin embargo una vez que cayó el socialismo, los Estados del oriente europeo dejaron que las poblaciones más empobrecidas fluyeran libremente hacia occidente, y entonces estos últimos terminaron cerrando las fronteras ante la llegada inmigratoria.

Con la libertad de mercados pasa exactamente lo mismo, el gobierno de Estados Unidos critica a Argentina por sus medidas proteccionistas, siendo éste sumamente proteccionista y habiendo recibido el mayor número de demandas ante la OMC por la misma razón (121 acusaciones).

En un sistema capitalista no existe la libertad.



Categorías:Economia, Historia

1 respuesta

  1. Unas aportaciones sobre la movilidad del «factor» trabajo:

    · La movilidad espacial de los trabajadores puede ser positiva si se entiende como la libertad de los trabajadores para llegar allí donde ellos estimen. Esto sería coherente con la libertad que predica el liberalismo. Los nuevos trabajadores forzarán la bajada de salarios allí a donde lleguen, por lo general, y un alza de los salarios en la zona que abandonan.

    · La movilidad espacial de los trabajadores puede ser negativa si se entiende a efectos de planificación, certidumbre o aspectos demográficos. Aunque se acostumbra a pensar que a mayor fuerza laboral mejor, lo cierto es que desde finales del s.XIX el capitalismo lucha por el control demográfico, poniendo especial énfasis a la planificación familiar y de la natalidad…buscando siempre reducirla. Podemos decir que nos hallamos, ahora, con los problemas derivados del excesivo éxito de las políticas de control de la población.

    · La movilidad absoluta del trabajo se refiere al proceso de proletización y luego (aunque no de forma necesaria), de asalarización. Este punto se halla relacionado con el término «ejército de reserva», que permite mantener los salarios bajos en el capitalismo. La movilidad absoluta condiciona un factor de remplazo el cual es determinante en el poder negociador con las fuerzas capitalistas y burocráticas.
    A medida que se completa la movilidad absoluta, el factor de remplazo (la capacidad de los capitalistas de sustituir a los actuales trabajadores) va siendo menor, lo que incide en un mayor poder relativo del trabajo sobre el capital, que puede generar fugas de capitales e inversiones, pero también establece una mayor propensión objetiva al reformismo, por parte de dicha sociedad.

    · La movilidad relativa del trabajo se refiere a la movilidad de trabajadores ya incorporados al capitalismo que se desplazan de una formación a otra, incrementando el factor de remplazo del que hablábamos. El capitalista tiene mayor posibilidad, por tanto, de sustituir mano de obra autóctona por foránea, o por capital, aumentando así si poder de imposición (o negociador) e impidiendo la opción reformisma o socialdemócrata en una sociedad.

    El factor activante, el cual posibilita las opciones de un «pacto social» recoge tanto la movilidad absoluta como relativa del trabajo como la movilidad del capital. A mayor movilidad absoluta del trabajo, menor capacidad de remplazo y luego mayor factor activante al pacto social. A mayor movilidad relativa del trabajo, mayor capacidad de remplazo y luego menor factor activante al pacto social. A mayor movilidad del capital más capacidad de negociación/imposición del mismo lo que incide negativamente en el factor activante de una opción reformista.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: