Los impuestos… ¿son los impuestos inflacionarios? El caso de la bencina en Chile…

El común de los economistas y de las personas, muy imbuidas en el saber ortodoxo burgués, tiende a pensar que los precios de diferentes bienes y servicios están compuestos por una suma en la que se integra todo coste de producción de manera independiente (salarios, insumos e impuestos). Así, el común de las personas asocia que, si se incrementa uno de esos costes, el precio irremediablemente tenderá a elevarse para que se acomode al nivel de los costos, así, el valor de un bien está determinado por estos factores de manera independiente. De tal modo que, el sentido común dentro del saber convencional de los economistas, está situado en afirmar que si se incrementan los salarios, los beneficios o los impuestos, los precios irremediablemente se incrementarán. Nadie por supuesto en las clases de micro o macroeconomía, se detiene a pensar que este sentido común choca directamente con la teoría convencionalmente aceptada sobre el valor, la teoría de utilidad marginal.

Si los precios son determinados por los costos, ¿cómo es posible que entonces sea la demanda y la valorización individual de cada persona la que determine los precios de bienes y mercancías? No tiene sentido que en clases de macroeconomía se enseñe que las empresas calculan los precios de sus productos sumando salarios, beneficios e impuestos mientras que en microeconomía se enseñe sobre la utilidad marginal y la curva de oferta y demanda. Ambas posturas son irreconciliables y contradictorias.

Pongamos un ejemplo de esta teoría, si un automóvil cuesta US$1000, con un impuesto a la venta de los automóviles del 15%. Ahora, digamos que por cada automóvil vendido, el salario obtiene US$100, es decir los beneficios empresariales representan US$750.

¿Qué diría el economista adoctrinado por el conocimiento corriente y convencional? Asumiría que cada costo se cuenta de manera independiente, y que el incremento de uno significa el incremento generalizado del valor del producto entregado. Si, al año siguiente el gobierno decide elevar los impuestos a un 20%, este economista asumirá que el valor del producto entregado –automóvil- se incrementaría un 7% más. Es decir, la constitución de salarios-beneficios-impuestos serían los mismos, ahora el valor del automóvil sería de US$1070, así el empresario podría sostener su ganancia. De este modo el capitalista pagaría 214 como impuestos a la venta, más 100 como salarios, lo que llevaría a sus ganancias a US$756.

Este pensamiento lleva incluido una imposición ideológica subliminal en tanto se asuma que cada incremento eleva los precios, los empresarios siempre estarían ganando y nunca perdiendo, un incremento generalizado de los salarios o impuestos significaría un incremento generalizado de los precios y los empresarios continuarían ganando sin una pérdida asociada, entonces, ninguna reforma tributaria o lucha por ganancias salariales tendría un horizonte efectivo.

La teoría laboral del valor y los impuestos

A diferencia de la teoría anterior, la TLV marxista establece que el valor de un producto se explica por la cantidad de horas aplicadas en la producción de dicho producto, por tanto es objetivo, y no se encuentra sujeto a arbitrariedades. Si un producto es creado tras 10 horas de trabajo valdrá entonces menos que otro que es producido tras 20 horas de trabajo, es decir, se establece de modo objetivo. Si un producto se produce tras 20 horas de trabajo, su valor está determinado por esas horas de trabajo aplicadas, y no puede valer lo mismo a un producto que es producido en 40 horas de trabajo, es decir, no está sometido a arbitrariedades.

En este sentido, volvamos al ejemplo del automóvil que en el mercado valía US$10.000. Digamos que esos 10.000 equivalen a 20 horas de trabajo objetivo. Digamos además que el salario pagado al trabajador equivale a US$100 luego de producir ese producto. Y de igual forma los impuestos son del 15% a la venta.

¿Cómo explica el materialismo histórico esto? Pues que el valor objetivo del automóvil es de 10.000, y el salario establecido es de 100, lo que significa que la tasa de explotación es del 900%. Pues la plusvalía significa un valor 9 veces superior que el del salario pagado. ¿Qué sucede con los impuestos? Según el materialismo histórico estos se extraen directamente de la plusvalía que el capitalista logró. Esto es, se restan de los 900 inicialmente extraídos del capitalista al trabajador. El resto del cálculo ya estaba hecho, el capitalista entonces termina quedándose con US$750, lo que significa que la tasa de ganancia es del 300%.

¿Qué pasaría si el gobierno eleva los impuestos al 20%? Entonces, en ese caso, el capitalista reduce su tasa de ganancia pues debe de pagar más de su plusvalía a los impuestos. En ese caso los salarios de los trabajadores siguen siendo 100, la plusvalía 900, y los impuestos 200. La ganancia neta del capitalista sería de 700, ahora la tasa de ganancia sería de 233%.

¿Cuál es la teoría correcta entonces?

Viendo y contrastando ambas teorías, lo que queda es demostrar cuál se condice más con la realidad contrastada con los datos empíricos.

Si los impuestos tuvieran un carácter inflacionario, eso significaría que los capitalistas podrían elevar sus precios de modo arbitrario, lo que implicaría que ante cualquier necesidad, los precios podrían elevarse a gusto y paciencia de los actores políticos capitalistas. Lo que a su vez invalidaría cualquier teoría económica y por tanto, llevaría a pensar que los precios en la economía se establecen sin una ley detrás y sin un orden claro además de coherente. Si el capitalista puede elevar sus precios bajo la justificación del incremento de los costos, ¿por qué no podría elevarlos bajo cualquier justificativo que se les ocurra? Esa arbitrariedad va en contra de cualquier lógica de mercado y competencia.

Esta teoría no tiene a su vez sustento en la realidad monetaria. Volvemos a la explicación monetaria, si P/V=M, con P como precios de las mercancías, V velocidad de circulación y M cantidad de dinero en la economía, ¿qué pasa si los precios (P) se elevan arbitrariamente mientras que M se mantiene constante? No es posible. Es más, el régimen monetario de un país es el principal óbice dentro de una economía para que los capitalistas manipulen los precios a conveniencia. Por ejemplo, digamos que en una economía se producen 10 mercancías cada una a $10, la velocidad de rotación es de 10, y por ende la cantidad de dinero es de 10. Si entonces se elevan los precios a $12 sin una justificación detrás, la cantidad de dinero existente en la economía se mantendría constante, entonces no se podría sostener esa subida de precios pues al haber sido arbitraria, resultaría fallida desde el inicio. Debemos recordar que la cantidad de dinero y la velocidad de circulación se han mantenido constantes por lo que el incremento de precios arbitrarios no puede manifestarse en la realidad.

Esta teoría a su vez rompe con la competencia dentro de una economía capitalista, lo que quiere decir que niega el carácter competitivo del capitalista quien, en su afán por elevar sus ganancias incentive en productividad y compita mediante precios a la baja. Si todos los capitalistas pueden elevar sus precios, lo que sucede es que se dará un juego de suma cero. Por ejemplo, en una economía hipotética existen 3 empresas, A, B y C. La empresa A provee de materias primas a la empresa B, esta a su vez provee de insumos a C. Digamos que A vende en total 100, digamos que B produce 200, y C produce 250, el valor total de la producción en la economía 550, nótese como la producción de la empresa C pasa a formar parte de las ventas de la empresa B y luego esta de la empresa A, mientras la empresa C produce 250, se gasta 200 en las mercancías de la empresa B, mientras que la empresa B de su producción de 200, se gasta  se gasta 100 en las ventas de la empresa A, así, C>B>A. Por último, la empresa A produce 100 unidades, la empresa B produce 200 unidades y la empresa C produce 250 unidades.

En suma, la tasa de explotación en la empresa A es del 100% (25 como capital variable y 25 como plusvalía), mientras que la tasa de ganancia es del 33%. La empresa B tiene una tasa de explotación del 100% (50 variable y 50 plusvalía) y una tasa de ganancia del 33%. Mientras que la empresa C tiene una tasa de explotación del 100% (capital variable 25 y plusvalía del 25) y una tasa de ganancia del 11.1%.

Luego A eleva los precios en un 20% para elevar sus ganancias, lo ha hecho de modo arbitrario y sin una lógica económica objetiva detrás, su producción entonces equivale a 120, sin embargo B y C han mantenido sus precios estables, ¿qué sucede? Pues que no hay suficiente producción para poder comprar lo que ha producido por el incremento de costos, B en lugar de gastar 100, debe desenvolver 120 para la misma producción, lo que le significa una caída en las ganancias al 17% y de la explotación al 60%, una caída de ese tipo no permitiría mantener un nivel de acumulación dado, esto porque optaría por gastar solo $100 en la compra de productos de la empresa A, por lo que solo podría comprar 83 unidades, de manera que estaría trabajando en un 83% de su capacidad, produciendo 166 unidades y afectando con ello a la empresa C la cual igualmente debería reducir su producción. Es decir todos pierden. La producción en su conjunto habría caído.

Ahora bien, si la empresa B eleva sus precios un 20%, quedándose con una producción de 240, mientras que C le sigue el juego y su producción termina en 300, en estricto rigor las condiciones siguen siendo las mismas. A vende 120 a B, éste le vende 240 a C quien termina produciendo 300. Si se mantienen las condiciones de explotación, entonces en la empresa A aumenta su nivel de explotación a 55% y una tasa de ganancia del 60%. B eleva su tasa de explotación a 180% y la tasa de ganancia al 60%. Y la empresa C eleva su tasa de explotación al 300%, mientras que la tasa de ganancia al 33%. En definitiva, todo aparentemente estaría bien, no obstante la composición del PIB ha variado enormemente, mientras antes de la variación de los precios el PIB era de 550, ahora el PIB es de 660. Antes los salarios equivalían 100, un 18% del total de la economía, ahora esa misma cantidad solo equivale 15%.

Lo que se daría en tal caso entonces, es más bien un cambio meramente nominal, no es un incremento productivo, sino que un incremento en términos nominales de los precios dados. Una situación de este tipo significaría que los capitalistas no incrementan niveles de productividad con el fin de poder ganar competencia mediante la baja de los precios. Lo cual no tiene sentido. Además, si es solo un sector el que eleva los precios arbitrariamente, significaría la pérdida de los otros sectores, lo que generaría inmediatamente efectos negativos en toda la economía, como mostré en el caso de que la empresa B no elevase los precios en reacción al actuar de A.

…La realidad puesta en acción…

Llegados a este punto resulta necesario analizar todo este problema desde los datos económicos que entrega la realidad empírica.

Sin más que agregar, solo se requiere comparar a través del tiempo los datos que presenta la OCDE; desde 1980 hasta 2005 la presión fiscal en estos países aumentó el 30.1% al 34% del PIB. No obstante el índice inflacionario pasó del 14% anual en 1980 a cerca de un 2% en 2005. La relación que se puede apreciar durante 25 años es la inversa a la que debería darse según la teoría del impuesto inflacionario, esto significa que los empresarios no recargaron el costo de los impuestos sobre los precios, en caso contrario la tendencia inflacionaria durante el cuarto de siglo, debería haber ido al alza y no a la baja como se muestra.

Mismo caso se puede concluir al analizar los ejemplos del G7. Estados Unidos pasó de una inflación del 13.5% en 1980 al 3.4% en 2005, en tanto la presión fiscal pasó de un 25.5% del PIB en 1980 a un 26.1% en 2005. Francia pasó de una inflación del 13.6% en 1980 a una inflación del 1.7% en 2005, mientras que su presión fiscal pasó del 39% en 1980 al 43% del PIB en 2005. Japón pasó del 7.8% de inflación en 1980 al -0.3% en 2005, mientras que la presión fiscal pasó del 25% al 27% desde 1980 a 2005. Reino Unido tenía una inflación del 18% en 1980 y una inflación del 2% en 2005, mientras que una presión fiscal del 33.5% del PIB en 1980 al 33.8% en 2005. Italia pasó de una inflación del 21% en 1980 a una inflación del 2% en 2005 mientras que ostentó de una presión fiscal del 28.7% en 1980 al 39% en 2005. Canadá ostentó una inflación del 10% en 1980 a un 2.2% en 2005, su presión fiscal en tanto su presión fiscal pasó de un 30% en 1980 a un 32% en 2005. Finalmente Alemania tenía una inflación del 5.4% en 1980 y del 1.5% en 2005, su presión fiscal en tanto pasó del 36% al 34% en 1980 y 005 respectivamente.

Nos encontramos frente a la evidencia de que las mayores economías del planeta los impuestos no son inflacionarios, por lo tanto esa evidencia es falsa.

Por otra parte, si fuera cierta la teoría de los impuestos (y salarios) inflacionarios, entonces no se podría dar cuenta de una tendencia objetiva y científicamente demostrable de alzas y declives de los niveles de explotación dentro de una economía capitalista, ni tampoco se podría explicar el porqué de las crisis capitalistas causadas desde la caída de la tasa de ganancia. Es decir, según esta perspectiva que hemos refutado, no podría existir una regla que determine las alzas y bajas del nivel de excedente que percibe el capitalista, ya que si son capaces de cargar el precio de sus costos a la producción para que los consumidores se hagan cargo, no debería tener el peligro de perder niveles de excedentes a partir de los impuestos o los salarios.

salarios paises UE

En el gráfico anterior, se puede apreciar como durante 15 años, desde 1960 hasta 1975, la participación de los salarios en el PIB ascendió desde el 63 al 68% más o menos en los países de la UE-15, mientras que desde 1978 a 2008 esta pasó del 68 al 58%. En lo medular, los salarios vienen fijados previo el proceso productivo, lo restante es la plusvalía, y a partir de la plusvalía se pagan los costos e impuestos, así un incremento de los impuestos no necesariamente tiene que repercutir en los salarios de los trabajadores.

Es importante aclarar esto último, porque cuando se afirma que un incremento de los impuestos no puede ser recargado en los salarios se hace entendiendo que los capitalistas no pueden elevar los salarios de modo arbitrario, esto porque para ello se requiere modificar el régimen monetario, lo que nos puede dar dos posibilidades.

  1. Si la cantidad de dinero se mantiene constante, un incremento de los impuestos repercutirá en la masa de plusvalía del capitalista. Si el capitalista produce 100 (100 unidades de $1 cada una), 10 se quedan en el trabajador, otros 30 se remuneran como costos y 60 se quedan como plusvalía, teniendo que pagar un impuesto del 10% a la venta, eso significará que el capitalista tendrá una ganancia neta de 50. Si al año siguiente el impuesto a la venta se duplica e incrementa al 20%, entonces en este caso el trabajador sigue percibiendo 10, el capitalista sigue pagando 30 como costos, sin embargo ahora deberá pagarle al fisco 20 como concepto de impuestos, viendo reducida sus ganancias a 40.
  2. Si la cantidad de dinero no se mantiene constante, y su oferta se dispara como sucede en ciertos contextos donde la inflación está disparada, el capitalista tiene la posibilidad de cargar los costos a sus consumidores toda vez que tiene la posibilidad de elevar sus precios en virtud del contexto inflacionario en el que se encuentra en la medida que no eleva los salarios. Digamos por ejemplo que el capitalista sigue produciendo 100 unidades, pero ahora la inflación se ha disparado y cada unidad vale $2, eso quiere decir que la producción es de 200, sin embargo los salarios no se revalúan, o se revalúan tan solo a 15, ¿qué sucederá? Que en términos nominales el salario crece, pero en términos reales cae, su participación en el total de la producción ha retrocedido, por ejemplo antes los salarios equivalían al 10% de la producción, ahora equivalen solo un 7.5%, es decir el capitalista ha elevado su tasa de explotación del 900% al 1233%.

Que esto último no se preste a confusión, cuando se afirma que el empresario podría pasar los costes en un contexto inflacionario, lo que se está diciendo es que se aprovecha de la inflación, no que la esté creando, en el fondo hay una importante diferencia causal en la afirmación, ya que no estamos afirmando que los empresarios eleven los precios para recargar los costos a las ventas, estamos afirmando por el contrario que en un contexto en que los precios se están elevando por acción ajena, ellos usan todos sus mecanismos (económicos, políticos, legales, culturales) para evitar que el trabajador se organice y luche por incrementar su salario más allá de la inflación, esta cuestión es clave.

Chile y el precio de la bencina

Convenientemente se ha repetido que los impuestos son los culpables de los elevados precios de los bienes y servicios a los que debemos de acceder, en Chile controvertido es el caso del impuesto a los combustible, por ejemplo…

En Chile, los impuestos representan el 40% del valor por litro. Esta cifra incluye el IVA, los costos de transporte y refinamiento, lo que da como resultado una base de $340 pesos fijos que se añaden por cada litro de combustible

Es decir, el precio del litro de bencina es de $850, mientras que el 40% de este, es decir $340, provienen de los impuestos. Según esta visión una reducción de los impuestos significaría una caída de los precios, es entonces cuando saltan los gritos mediáticos que abogan por una eliminación o reducción de los impuestos a la bencina, ya que sin estos el precio de la bencina iría en los $510 aproximados.

No obstante, según la teoría laboral de valor esto no sucede así. Si el precio del litro de bencina es de $850, esto quiere decir que el trabajo aplicado para producir un litro de bencina condiciona ese valor, como primer punto, a esto se suma el incremento de la demanda interna a raíz de los años de crecimiento y acumulación económica. Pero, fundamentalmente tenemos que considerar que el precio de este litro se puede subdividir entre el capital constante, el capital variable y la plusvalía. Tomando en cuenta el barril del crudo de mediados de septiembre del 2015, tenemos que tomar en cuenta que el precio de un litro de crudo sería de $179 aproximados, por lo que los $671 es el valor agregado que fue producido por el trabajador. Este valor agregado se subdivide entre los salarios y la plusvalía. De este valor agregado digamos que el empresario paga $87 como concepto de salarios (el valor no es arbitrario, ya que en promedio en Chile, los trabajadores se quedan con el 13% del valor agregado), lo que implica que la plusvalía es de $584 por cada litro. De esta plusvalía sale el pago a los impuestos, por tanto paga $340 a los impuestos, esto significa que el empresario obtiene del negocio de comprar crudo y vender gasolina, $244 por litro, una tasa de ganancia del 40%.

Hay algo que sí debe ser aclarado antes de finalizar este apartado. Si bien es cierto el precio de un bien o servicio está determinado por el tiempo de trabajo que subyace detrás de éste, lo fundamental de todo es que exista competencia entre los diferentes capitales, así, diferentes capitalistas competirán en la misma rama para obtener mayor rango en las ganancias. De este mismo punto, se colige que cuando hay diferentes tasas de ganancias en las diferentes ramas económicas, encontraremos un nivel diferente de inversión pues los capitales tenderán a girar hacia las ramas económicas con la tasa de ganancia más acentuada. Es por esta razón que cuando una rama económica tiene un nivel de tasa de ganancia superior al promedio, los precios tenderán a ser menores pues los capitales invertirán con mayor fuerza y la competencia llevará los precios a la baja, por el contrario, las ramas económicas con niveles inferiores de ganancia, tenderán a ver un menor nivel de inversión, y ello provocará que los precios tiendan a la alza y a ser superiores al promedio nacional. Por lo tanto, un incremento constante de los salarios y/o impuestos en una rama  económica determinada, generaría hipotéticamente una caída de la tasa de ganancia en dicha rama y por lo tanto, en el mediano plazo una caída en la inversión y consecuente alza de precios. Sin embargo esta alza de precios no se debe a un “recargo” de los precios hacia los consumidores, en el fondo del asunto los costos siguen siendo asumidos por la plusvalía, y no por los consumidores por lo tanto lo fundamental no es mirar el factor impuesto solo sin los demás, sino que la tasa de ganancia sectorial en relación a la tasa de ganancia promedio de toda la economía.

Una disminución de los impuestos en el rubro de las bencinas, o en cualquiera, no significará una caída de los precios en el corto plazo. Si en Chile se eliminasen los impuestos a la venta de bencinas lo que harían las empresas sería reemplazarlos y recargarlos al valor en conjunto elevando la tasa de ganancia. Vale decir, el litro de bencina vendido en Chile ($850) dejarían de tener un porcentaje pagado a los impuestos ($340), pero éste pasaría a las ganancias y por ende el valor del litro de bencina sería el mismo y la ganancia sería de $584. Sin embargo al incrementarse la tasa de ganancia del 40% al 69% se daría pie a un incentivo para la inversión en dicho sector y con el paso del tiempo los precios tenderían a la baja por la competencia.

Esta es la lógica tras todo tipo de mecanismo de orden proteccionista, cuando un Estado aplica barreras arancelarias e impuestos especiales a las importaciones lo que hace es limitar la tasa de ganancia de un importador que adquiera bienes desde el extranjero, con tal motivo, desincentivará en el mediano plazo la competencia y los precios tenderán a ser más elevados, a su vez, cuando se eliminan las barras arancelarias y los impuestos especiales a la producción extranjera, lo que se termina haciendo es elevando la tasa de ganancia e incentivando la competencia, es decir, en el mediano plazo la competencia llevará a que más actores que antes no tenían la posibilidad de importar, puedan competir en el mercado presionando los precios hacia la baja.

Una apreciación final

Un incremento generalizado de los impuestos al IVA o a la producción misma, no modificaría en nada el poder adquisitivo de los salarios, ni generaría un cambio en la redistribución de la renta. Digamos que en una economía el valor agregado es de $100, y el Estado cobra un IVA del 20% a las ventas, bien, digamos que la determinación del salario es del 50% de la producción/valor agregado, es decir que la plusvalía es igualmente de 50. Ahora, el capitalista no pagará 50 a sus trabajadores, optará por pagar 70, lo que significa que 20 terminarán en las arcas del fisco por concepto de impuestos, la redistribución entonces es la misma, los impuestos se han pagado con la plusvalía. Ahora digamos que el Estado decide eliminar ese impuesto al IVA, y ahora todas las compras se realizan sin impuestos cargados, los precios se mantendrían intactos, y entonces la distribución entre salarios y excedente se mantendría intacta.

Vayamos a otro ejemplo, digamos que en una misma economía, donde la producción es de 100, y el asalariado recibe 50 mientras que el capitalista recibe 50, los impuestos son de 10% cargados en partes iguales a los salarios de los trabajadores y al excedente del empresario. Bien, en este caso si el salario neto del trabajador es 50, como habíamos dicho, su salario bruto tendría que ser de 55, por lo que el capitalista tendría que hacerse cargo tanto de los impuestos del salario de sus trabajadores como del impuesto de su propio excedente. Esto porque los impuestos siempre son pagados desde el excedente mismo, de la plusvalía, ahora si el Estado eleva los impuestos al 14% tanto para el excedente como para los salarios, el capitalista tendrá que destinar de su excedente un total de  7, pero en cuanto al salario de los trabajadores esto dependerá de si el salario socialmente aceptado seguirá siendo 50 o el capitalista logrará reducirlo. Si sucede lo primero el salario bruto ahora sería de 57, si sucede lo segundo, el salario sería reducido a 48. En el primer caso, la tasa de explotación sigue siendo 100%, en el segundo caso esta ha aumentado al 108%, en última instancia todo depende del valor social aceptado para el pago de la fuerza de trabajo, y este valor refleja directamente la fuerza de organización y presión de los trabajadores organizados, esto explica por qué en países donde la fuerza sindical está debilitada y atomizada, no existen salarios elevados.



Categorías:Economia

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