Venezuela, crisis de un modelo rentista

Actualmente  Venezuela está viviendo una coyuntura especialmente delicada para la realidad de su país. Los problemas son evidentes y conocidos en todo este hemisferio a causa de la particular virulencia con la que se refieren y centran los medios de comunicación al gobierno venezolano. Esta crisis se ha caracterizado desde hace años por la elevada tasa de inflación la cual ha acarreado problemas vinculados al desabastecimiento, y ahora se suma además la fuerte caída de los precios del crudo que han llevado a las finanzas de un país cuyas exportaciones representan más del 80% del total a agudizar su cada vez mayor déficit. Las repercusiones de esta intensificación se han manifestado en una serie de acciones que han tomado diferentes bloques de poder como medio de reacción: el gobierno mediante decretos busca obstinadamente controlar el bachaqueo económico o contra las redes del mercado negro y el acaparamiento; por otra parte los diferentes actores económicos se enfocan en obtener la máxima ganancia de todos estos desajustes económicos, como es lógico dentro de su pensamiento, a partir de medios ilegales como lo son los ya mencionados, el tráfico a Colombia, el mercado negro, la especulación, etcétera. Si esta tendencia de polarización entre los actores económicos privados y el gobierno no se revierte, la crisis interna podría desembocar en una crisis económica mayor. Las culpas por supuesto, son achacadas dependiendo del sector político del cual emane la acusación; el sector oficialista acusa a los opositores por querer boicotear la economía, el sector opositor acusa al gobierno por sus malas prácticas económicas, y así las acusaciones saltan de un lado al otro como dimes y diretes.

El problema realmente, es tanto más profundo y viene de al menos el último medio siglo y se relaciona con el modo que Venezuela ha logrado basar su ciclo de acumulación capitalista más importante y competitivo en la renta petrolera.

El principal problema de Venezuela: el rentismo

La economía venezolana lleva ya más o menos medio siglo explotando el rubro petrolero, y ha caído ya, desde hace décadas, en el típico mal holandés. Este problema se puede explicar desde la lógica del materialismo histórico ya que al ser el negocio petrolero tan rentable, los capitales terminarán fluyendo hacia el mismo en detrimento del resto de los sectores económicos. Como en el sistema capitalista la competencia prima y constriñe al resto de los capitales menos competitivos a desaparecer o reformular su estrategia de mercado, la tendencia en el mediano plazo, en un país donde el negocio petrolero es el más atractivo, apunta a una tendiente desindustrialización y a un realineamiento económico destinado fundamentalmente al sector terciario, en específico, comercio, ventas y banca.

Este período de rentismo petrolero se puede subdividir en dos momentos. El primero va desde los años 60 hasta inicios de la década de los 80’, el segundo es el que se nos sucede hasta el día de hoy.

En esta primera fase del rentismo, el negocio petrolero generaba la mayor parte de los ingresos del país en medio de un marco económico clave. Venezuela poseía un tipo de cambio bastante apreciado por lo que el poder adquisitivo venezolano era alto. Durante estos años la clase media venezolana era capaz de mostrar su ostentación ante el resto de sus pares en la región, podía ir de compras a Miami mientras la burguesía nacional industrial podía importar bienes de capital con la intención de industrializar el país. El problema es que esta estrategia ocultaba la falencia más profundo en una economía capitalista atrasada y periférica, su bajo nivel de productividad; en una economía con poca productividad mantenida por los años, la estrategia de industrialización por sustitución de importaciones no funciona si esta industrialización no se realiza mediante la capacidad de potenciar el ciclo de acumulación de modo interno y no externo; dicho en términos marxistas:

El ciclo básico del capitalismo es D-M-D’, en el cual D representa el dinero, M la mercancía y D’ es el dinero invertido más la plusvalía. En otras palabras el ciclo básico se resume en la inversión dinero para producir mercancías que luego son vendidas por más dinero que el invertido originalmente. Esta valorización se da en el ciclo productivo y se traduce en la plusvalía, que no es más que el excedente que obtiene el capitalista del ciclo productivo. Pues bien, en el caso de América Latina el ciclo de producción se redujo al siguiente ejemplo;

[(D – M1) (M1 × D1) (D1 × D2)] [(D2 × MP) (+ M1×D)]

Donde el capitalista latinoamericano en un inicio invierte dinero (D) para producir mercancías (M1), con lo cual obtiene una ganancia (D1), y con esta ganancia puede obtener divisas (D2) para con ellas adquirir en el mercado internacional medios de producción más avanzados (MP) para así potenciar su ciclo siendo capaz de producir más mercancías (+M1) con las que podrá adquirir más dinero. En contraste, las economías avanzadas tienen un ciclo de acumulación cualitativamente diferente;

[(D x M1) (M1 × D); (D × MP)] [+ (M1 × D)]

En este caso el capitalista invierte el dinero (D) para obtener mercancías (M1), estas las vende para obtener más dinero (D), con el cual puede producir sus propios medios de producción (MP), para así, por su cuenta, incentivar un ciclo de producción más intensivo y productivo. La diferencia fundamental entonces entre el capitalismo avanzado y central, y el capitalismo subdesarrollado y periférico se encuentra en que este último es capaz de producir sus propios medios de producción y no depende de las divisas ni de la oferta externa.

En Venezuela y en toda América Latina el caso que se ha dado desde siempre, es el primero, ¿por qué falla este ciclo de acumulación al momento de buscar industrializar un país o región? Porque depende del mercado internacional, y para ello se requiere de divisas extranjeras, ¿cómo las obtenemos? Exportando al mismo, no obstante un país atrasado no tiene la capacidad de ganar en esta competencia pues su productividad es inferior teniendo pocos rubros que sí pueden competir. En el caso de los países latinoamericanos, el sector competitivo por realidad geográfica son las materias primas. Y en Venezuela, como ya se mencionó, el rubro fundamental es el petrolero.

Desde que el petróleo comenzó a ser la punta de lanza en Venezuela, las divisas provenían de este sector, y de este modo el espacio de valor venezolano se conectaba con el espacio de valor internacional. Mediante un cambio apreciado, la burguesía nacional tenía la capacidad para importar bienes de capital (Medio de producción) y así potenciar su ciclo de acumulación. El Estado nacional favoreció a esta burguesía mediante el proteccionismo y los subsidios, y así transfirió parte de la renta petrolera hacia el sector empresarial poco productivo. Sin embargo en tanto no se modifique la base del ciclo de acumulación, estos subsidios no son más que ayudas a un pozo sin fondo, por más que se potencie un ciclo de acumulación atrasado, mediante subsidios y proteccionismo, éste sigue siendo atrasado.

Así, desde inicio de los 60’ hasta inicio de los 80’, esta burguesía poco productiva pudo mantenerse compitiendo en tanto recibieran subsidios estatales y créditos internacionales. Durante estos años la deuda externa venezolana se fue incrementando peligrosamente, pero a diferencia del resto de los países  latinoamericanos que ya en los 70’ experimentaron problemas económicos, no fue sino hasta la caída de los precios del crudo del 83 que la situación explotó. En aquel año se inicia la segunda fase del período rentista venezolano, al entrar en crisis se debió devaluar el bolívar para potenciar las exportaciones venezolanas y alivianar el déficit fiscal que hacia 1983 llegaba al 9.3%, desde entonces la época rentista se caracterizó por un comportamiento volátil en el que se repetían los ciclos devaluación-inflación-déficit fiscal-devaluación.

Durante la década de los 90’ la aplicación de reformas liberales y el fin a los subsidios no hizo más que desenmascarar el atraso de la industria venezolana, lo que llevó a una caída de su participación en el PIB, así, de representar un 18% del mismo, pasó a representar poco más del 16%.

La llegada de Chávez al poder coincidió con un incremento coyuntural del precio del barril de crudo cotizado en el mercado internacional, con lo cual se pudo invertir en desarrollo social y superar de modo importante la pobreza y desigualdad. Pero sin embargo, la base de desarrollo económico continuó siendo netamente rentista, la volatilidad de los precios del crudo dio forma al comportamiento marcoeconómico del país durante la década del 2000. Así mismo, la devaluación siguió funcionando como un mecanismo para superar los problemas coyunturales que se daban en Venezuela.

Esta es la razón por la que, desde 1983 hasta el día de hoy, Venezuela tiene un creciente problema con la inflación. Los gobiernos bolivarianos han intentado frenar este problema estableciendo precios pero esto ha generado un mercado negro cada vez más importante en el mercado nacional. Las constantes devaluaciones a su vez han llevado a una intensificada huida de capitales, lo que ha generado una respuesta por parte de las autoridades venezolanas que se ha reflejado en una búsqueda por limitar la libertad de los capitales mediante diferentes tipos de cambio establecidos en el país. Sin embargo, estas medidas lejos de solucionar la crisis económica han generado nuevos problemas que aunque secundarios, pesan sobre la vida de los venezolanos.

En síntesis, el modelo rentista venezolano, que lleva a que el sector petrolero en Venezuela sea el más competitivo al momento de comerciar en el mercado internacional, es la causa principal y profunda de los problemas económicos en Venezuela. Los 16 años de gobierno bolivariano, a pesar de los importantes avances sociales, no han logrado modificar esta realidad, más bien se ha mantenido intacta.  La participación del sector manufacturero en Venezuela hacia el 2014 bordeaba el 14% en relación al PIB, mismo nivel ostentado hacia 1975. La población empleada por el sector manufacturero bordeaba el 11% hacia 2013 mientras significaba cerca del 17% hacia 1979. Las exportaciones petroleras y derivados del petróleo en relación al total, en 1970 representaban el 90%, hacia el 2012 estas representaban cerca del 95%. En consecuencia la estructura productiva venezolana no ha variado casi nada, más bien se ha intensificado su proyección al sector petrolero lo que se ha manifestado en los problemas que ahora se experimentan.  

Inmersos en el modelo rentista los problemas económicos seguirán generándose. En medio de un ciclo de altos precios los problemas pueden pasar más bien desapercibidos, como sucedió entre 2003 y 2009, pero cuando estos caen los problemas se hacen evidentes. Las lecturas realizadas tanto por el oficialismo como por la oposición derechista no dan cuenta del real origen del problema venezolano y se centran únicamente en las consecuencias de éste más que en sus causas fundamentales.

Las crisis que se avecina, una penosa realidad

Actualmente Venezuela vive una situación económica muy delicada, padece la inflación más elevada del mundo (superior al 60%),  un déficit fiscal de dos dígitos, el precio del petróleo ha caído en un 60%, la prima de riesgo más elevada en el globo, una caída del PIB del 4% y una importante caída de reservas internacionales. En esta situación el Estado aparentemente no tiene por donde financiarse, y considerando que para este año vencen bonos soberanos por el valor de 5000 millones de dólares y el próximo vencen bonos soberanos por el valor de 20.000 millones de dólares,  un escenario en el que el default esté a la vista no sería de extrañar.

En un ambiente así, la oposición estará expectante en búsqueda de cualquier medio legal para por fin tener el poder ejecutivo en sus manos. El próximo año es el momento en que se puede realizar un referéndum revocatorio, y si la crisis se desata como estoy previendo, muy probablemente la ciudadanía se decantará por líderes como Capriles y se daría la llegada de la derecha al poder.

No obstante, sea quien sea que esté en el poder tendrá que hacerse cargo del pago de bonos soberanos, y ante ello hay dos opciones que veo posibles.

La primera es que se acuda a una solución capitalista, dentro y por el capitalismo, mediante devaluación interna (lo que significa reducción de salarios reales, despidos y derechos sociales) para así poder elevar el margen de ganancia e incentivar el ciclo de acumulación (vale decir, inversión).

La segunda salida es que se acuda a una opción diferente por medio de la cesación de pagos, expropiación de la gran empresa y estatización de la propiedad bancaria para por fin, poder proceder a instalar un modelo diferente del rentista.

Sea cual sea el futuro, ciertamente Venezuela se encuentra en un punto clave dentro de su historia, y las acciones tomadas en estos momentos desencadenarán importantes reacciones que trascenderán durante lustros.



Categorías:Economia, Historia, Política, Socialismo

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