Grecia; un sinceramiento necesario

La crisis en Grecia ha dado espacio para largos debates sobre su profundidad y posible alcance a nivel internacional. No obstante, como no podía ser de otra forma, el debate ha sido llevado a lugares y espacios obscenos condicionando a la sociedad a desarrollar un discurso eminentemente funcional a las clases más ricas del continente. Así, jugando con el discurso y utilizando herramientas de manipulación mediática se ha logrado insertar en la médula del pensamiento social la idea de que la crisis en Grecia se debe a un constante despilfarro de recursos públicos producto de años de vivir por sobre las posibilidades, lo que se ha expresado en el constante incremento de la deuda pública nacional, esto llegado un momento terminó siendo insoportable y sus gobernantes debieron de salir al llamado de la ayuda en la Unión Europea. A tal grado de explotación se ha puesto este discurso, que se ha logrado deshumanizar la compleja situación que debe de padecer Grecia y se ha logrado de facto, vetar cualquier tipo de oposición y disidencia a este discurso dominante so pena de ser calificado como un radical.

La lógica subyacente de este discurso no es sino, una herramienta más de las clases más ricas de Europa, clases capitalistas, por enajenar a las clases más populares y naturalizar todo tipo de reformas dictadas. De este modo se logra que el común de los mortales asuma como normal la pauperización del trabajador griego, bajo esta visión impuesta el trabajador griego vivió por sobre sus posibilidades y ahora debe de ajustarse, ese ajuste significa más empobrecimiento y explotación económica, pero una vez más las herramientas eufemísticas adquieren una sustancial importancia mediática. El economista burgués, en alianza con el periodista de la mass media, imponen términos como competitividad, rentabilidad, prima de riesgo, en lugar de lo que realmente están diciendo: se eleva el grado de explotación para hacer rentable la inversión y el crecimiento económico. De este modo se generan imaginarios que funcionan como dogmas en la visión del ciudadano.

Vamos por partes.

¿Era Grecia un derrochador endémico? De ser así, ¿se debía ese derroche a niveles demasiado elevados de gasto social?

Si observamos los datos de gasto público social, hacia el año 2008 (año en que se desata la crisis internacional), Grecia invertía el 22.2% en proporción de su PIB, gasto que era inferior al de países como Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Finlandia, Alemania, Italia, o Suecia con un 26.8, 27.3, 26.8,  29, 25.3, 25.2, 25.8 y 27.5% respectivamente. Actualmente el gasto público social griego es de un 22%, similar a la media de la OCDE de 21.9 e inferior a muchos países como Alemania con un 26%, por tanto es falso que en Grecia se viviera por sobre las posibilidades. Al menos no vivían por sobre las posibilidades con un Estado de bienestar más grande en proporción que en otros países de la región.

El gasto público general del gobierno era, hacia el año 2010, de un 51% del PIB, del mismo nivel que la zona del euro en 51%. Tampoco se es testigo de un enorme gasto público en contraste del resto de la región, Grecia más bien representa al común denominador de toda la zona.

Por otra parte, el número de funcionarios público en relación al total de la población ocupada, en Grecia nunca ha sido muy elevado, si en la OCDE como media hay un 16% de su población ocupada en sectores estatales, en Grecia esta proporción desciende al 9%, en tanto Alemania está un poco adelante con el 10% y bastante más adelante se encuentran los países escandinavos –históricamente con un Estado abultado- con un 30% de su población ocupada en el sector estatal.

En otras palabras no se puede decir que los griegos vivieran por sobre sus posibilidades, gastaran más de la cuenta, o que tuvieran un Estado excesivamente abultado. Al menos los datos no lo evidencian de tal modo, el Estado griego no tiene una participación económica distante al resto de los países de la región del euro.

Donde sí encontramos evidentes diferencias es en los ingresos tributarios que percibía el gobierno a través de los impuestos. Mientras Grecia hacia el año 2008 ingresaba en impuestos el total de 32.1% del PIB, Alemania percibía el 36.5%, Francia un 43% y la OCDE como media un 34.5%. Es decir, en Grecia la presión fiscal era menor que en la OCDE hacia el año que se desata la crisis internacional, lo cual no ha variado ya que hacia el 2012 (último año que se tienen referencias) la presión fiscal en Grecia era del 33.8% del PIB. Lo que significa que con respecto a los ingresos tributarios, Grecia estaba un paso atrás de la OCDE.

El origen de la deuda griega

Es importante centrarse en el comportamiento de la deuda pública griega durante los últimos 15 años. En 2000 esta representaba un 98% del PIB, hacia el año 2008 esta deuda representaba un 108% del PIB. Lo que significa que durante esos 8 años previos al inicio de la crisis internacional (años que dio sea de paso el gobierno de Grecia falseaba sus datos fiscales particularmente el respectivo al déficit fiscal) la deuda se incrementó un 1.02% anual. Desde entonces hasta el año 2014 la deuda se incrementó a un 177% anual, es decir, en un más del 10.6% anual, y durante el último lustro en que Grecia sigue cada uno de los dictámenes de la Troika el incremento de la deuda es del 10.11% anual. No tiene sentido entonces que se siga argumentando que la deuda representa un modo de vida por sobre las necesidades del griego, más bien las razones de este endeudamiento se deben buscar en un análisis más profundo. Más del 60% de la deuda pública asumida por Grecia a día de hoy, se originó luego del año 2008, y más de un 40% de esta deuda se creó durante los años en que Grecia siguió a rajatabla los dictámenes de la Troika.

Estamos entonces, frente a un sinrazón, ya que si el incremento de buena parte de la deuda pública griega se da con posterioridad a los rescates financieros de la Troika en Grecia, y sus consecuentes reformas draconianas, ¿de quién es la culpa? Si un empresario realiza malas gestiones y termina quebrando, ¿la culpa es de él o de los empleados? De igual modo, si la Troika impone reformas y el gobierno de turno acata en contra de la voluntad general del pueblo, ¿es culpa de toda Grecia, de todo su pueblo, o tan solo de un grupo social específico nacional e internacional?

Una explicación diferente desde el materialismo histórico

La competencia capitalista implica, en el fondo de la realidad, una comparación de horas de trabajo entre productores capitalistas. En este sentido, si tenemos dos productores –A y B-, ambos producen la misma mercancía pero con diferentes tiempos de trabajo aplicados, A produce su mercancía en 2 Hr. De trabajo y B la produce en 4 Hr. De trabajo, entonces el valor de ambas mercancías, de igual modo, será diferente. El productor B producirá una mercancía el doble de costosa y que por tanto en el mercado será vendida a un precio superior que la misma mercancía del productor A. Ahora bien, digamos que el productor B introduce tecnología y reorganiza la producción dentro de su empresa incentivando así la productividad al triple, entonces ahora el productor B necesitará solo 1,3 Hr. de trabajo para producir dichas mercancías. En otras palabras la competencia lleva a que los capitalistas constantemente incentiven su productividad invirtiendo en tecnología fundamentalmente. Es por esto que el dato de la productividad es primordial.

Siguiendo con el punto anterior, si en lugar de dos productores hablamos de dos países, A y B, ambos con niveles diferentes de productividad, entonces la inserción en el mercado internacional será más fructífera para el país con los mayores niveles de productividad. En este aspecto, el tipo de cambio funciona como un enlace directo con el mercado internacional, de modo que modificando el mismo, se puede así sea solo de modo coyuntural, modificar el precio de las mercancías vendidas en el mercado y ganar competitividad. Por ejemplo, si el país A produce su mercancía en 2 Hr. y el país B en 4 Hr, el país A venderá su mercancía en US$ 2 mientras el país B la vende en $4, el cambio entre ambas naciones sería de US$/$1. Lo que implica que la mercancía del país B se cotizaría en US$ 4 en el mercado internacional, no obstante si el país B decide modificar su tipo de cambio devaluando su moneda a US$/$2, entonces el precio de su mercancía ahora sería de US$2, lo cual la haría plenamente competitiva.

Esta estrategia de devaluación para ganar competitividad trae consigo consecuencias negativas que no examinaremos en esta reflexión, solo me centro en aclarar que para las naciones más atrasadas el tipo de cambio sirve como un arma útil para ganar competitividad, esta es la razón que usualmente las naciones más atrasadas se vieran atraídas a vorágines devaluatorias con sus respectivas consecuencias.

En este sentido es bueno recordar que la Unión Europea se construyó con una unión monetaria de fondo y como premisa más importante. Dato fundamental en este análisis es recordar que igualar los tipos de cambio en economías con productividades tan diversas. Mientras a inicios de siglo Alemania tenía una productividad de 27 dólares por hora trabajada, Grecia poseía una productividad de 14 dólares por hora trabajada, lo que significa que la productividad griega implicaba el 51.8% de la productividad alemana.

En medio de esta unión monetaria, los países pierden su independencia monetaria, lo que implica que la herramienta devaluatoria ya no se puede usar ni como método coyuntural para salir ganar competitividad, ni como medio para salir de una crisis. Es así como los países más atrasados entraron en una dinámica de déficit de cuenta corriente. Grecia, desde el 2000 hasta el 2012 solo registró déficit en su balanza de cuenta corriente, llegando el 2008 al 14% del PIB. Países como España o Portugal igualmente vivieron una dinámica similar. Por otra parte los países con los niveles de productividad más elevados como Alemania, registraron constantes superávit de cuenta corriente, así este país pasó del -0.3% en 2001 al 7.4% en 2014. Esta contradicción dentro de la UE de modo generalizado, los países más avanzados del norte registraron constantes superávit en su cuenta corriente, mientras los países con niveles más atrasados registraron constantes déficit en su cuenta corriente.

Este déficit fue suplido por constantes préstamos bancarios, ya que si la tasa de cuenta corriente es deficitaria, la tasa de capitales es superavitaria, lo que significa que la deuda crece. Así, durante la década pasada los países en déficit, especialmente Grecia, se financiaban con préstamos generados desde los países en superávit. Es así como este flujo de capitales determinó una caída de la tasa de interés en estos países y llevó a un incremento de la demanda y de los precio. Esto último a su vez llevó a que, por efecto de la apreciación del tipo de cambio real, los países como Grecia perdieran aún más competitividad.

Entre 2000 y 2008 la inflación griega acumuló un incremento cercano al 29.8%, mientras que la UE en conjunto acumuló un incremento inflacionario de 20.6%. Si el tipo de cambio real es de [E*P/P*], donde E es el tipo de cambio nominal, P es el índice de precios nacionales y P* es el índice de precios internacionales. Para la zona del euro podemos despejar E porque el tipo de cambio es el mismo al compartir todos la misma moneda (E=1), entonces el tipo de cambio real, reflejo de la competitividad adquirida o perdida, se da en el cociente  entre la inflación nacional y la inflación internacional. Así, entonces, Grecia acumuló un incremento en su tipo de cambio real en un 13%. Alemania en cambio acumuló un incremento de 15.8% en el mismo periodo, es decir inferior al promedio de la zona, lo que le significó una apreciación del 6.9%, bastante inferior que la griega. En la medida que se avanzó en la década pasada, la competitividad se fue perdiendo a causa de esta apreciación desigual en el tipo de cambio real, lo que a su vez reflejó el dispar comportamiento de la tasa de cuenta corriente. Esta dinámica pudo ser mantenida en tanto se pudiera sostener un constante flujo de capitales hacia Grecia, una financiación continua a su sistema bancario y por tanto, un sostenido crecimiento de la actividad económica.

El shock que significó el inicio de la crisis internacional implicó serios reveses dentro de la economía griega. Ya que luego de más de una década viviendo en déficit,  sus sectores más importantes como el turístico y naviero, se encontraban fuertemente endeudados, y ante la caída de las ganancias muchos terminaron quebrando, lo que llevó a un constante incremento del desempleo a la vez que la economía comenzó a deprimirse con el tiempo hasta llegar al momento en el que nos encontramos. 

Es necesario sincerarse

Seguir el discurso dominante que desde los medios masivos de comunicación, y de los economistas ortodoxos surge, no hace más que ocultar el quid de la cuestión: el problema fundamental es propio al de una economía capitalista, como común denominador, a la vez que es un problema con particularidades a la construcción europea como unión, con elementos propios a problemas internos de Grecia. Pero centrarse solo en la deuda pública y acusar que es obra del griego común que vivió despilfarrando su dinero es mentir al mundo, y además es poner en confrontación a poblaciones completas pertenecientes a una misma clase social. El problema no se originó de la clase social explotada griega, el problema, como todas las crisis capitalistas, se originó en el capitalista mismo. Y lo que hacen hoy los políticos de la Troika, no es salvaguardar los intereses nacionales de los ciudadanos obligando a los griegos a pagar sus deudas, lo que hacen es, a costa sí de todos los ciudadanos de la UE, salvaguardar los intereses de la clase social explotadora.

En efecto, los rescates aplicados en Grecia desde 2010 a la fecha no han servido más que para traspasar activos tóxicos [bonos de tesoro griego] desde la banca privada (principalmente alemana) a las instituciones públicas de la Unión Europea. Lo que se ha hecho con estas reformas emanadas de la Troika entonces ha sido salvar a la banca privada por un lado, y por otro mediante la austeridad y las privatizaciones, elevar de modo importante la tasa de explotación no solo en Grecia, sino que en todos los países afectados por la crisis.

Esto último, parte de la historia del capitalismo, es lo que economistas ortodoxos y periodistas de los grandes medios ocultan con un lenguaje perverso a la vez que muy bien utilizado con el propósito de normalizar esta situación y hacerla corriente en la realidad del ciudadano medio.

Finalmente, más papistas que el Papa

Por último cabe señalar un punto no menos importante, la Unión Europea como organismo supranacional ha sido creada con reglas tales que permite beneficiar a la élite regional a mayor nivel que en Estados Unidos.

Lo digo porque mientras se privó a los Estados de tener potestad sobre la política monetaria, a través de la creación del euro, a la Unión Europea no se le entregó poder alguno sobre autoridad fiscal, es decir, no existe ningún gobierno a nivel europeo con presupuesto anual que intervenga con su consumo como sí sucede en Estados Unidos con el gobierno federal. En otras palabras se eliminó el peligro de la devaluación como arma de doble filo para los capitalistas, pero a la vez se impidió que un gobierno europeo pudiera socorrer a gobiernos regionales con su presupuesto como sí sucede en Estados Unidos con los Estados que se encuentran en problemas de pago, por lo que desprovistos de tal autoridad, cada Estado debe arreglárselas con la banca privada y por supuesto, con sus tasas de interés sustancialmente superiores lo cual en definitiva termina siendo beneficioso para ciertos sectores capitalistas.

Conclusión final, dentro del sistema capitalista no existe ningún derecho humano asegurado…

La vorágine depresiva en Grecia no es ajena a la realidad capitalista. Tras un período de expansión capitalista vendrá un período recesivo, el cual, de vez en cuando  se verá intensificado en función a particularidades de cada región, en el caso de la crisis del euro la carencia de una política monetaria es fundamental al momento de entender por qué esta crisis ha terminado siendo una depresión económica, sin embargo en lo medular las crisis económicas capitalistas poseen un comportamiento similar y una salida que solo significará empobrecimiento, depauperización, eliminación y reducción de beneficios sociales, en otras palabras cada crisis capitalista generará un incremento de la tasa de explotación, esta realidad no se modificará en medio de la crisis, y recién en un período de expansión posterior se podrá vislumbrar un cambio a tal situación, pero hasta entonces la clase explotada solo verá reducir sus derechos sociales e incrementar el grado de explotación que impone la clase capitalista con fin de iniciar una vez más el ciclo de acumulación económica. Esta es la razón que Tsipras no pudo cumplir con el programa de gobierno de Siryza, ya que más allá de traiciones internas, el hecho de que intentar modificar tendencias estructurales le era imposible para un gobierno inmerso en el sistema capitalista, ergo, es imposible dentro del capitalismo, evitar las consecuencias sociales dadas a partir de las crisis económicas capitalistas, y es por eso que los programas de la izquierda burguesa, en estos contextos, están destinados a fallar. Un gobierno dominado por el socialismo burgués no podrá revertir la necesidad del capitalismo por constantemente ir en contra de los derechos humanos.



Categorías:actualidad, Economia, Política

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