¿Vivimos mejor con el capitalismo?

capitalismo

Un debate interesante que al menos lleva unos 200 años en el plano político, económico e ideológico (principalmente), tiene que ver  con el ascenso social de la sociedad inmersa en la modernidad capitalista. Este debate se centra a partir de las siguientes preguntas: ¿vivimos mejor con el capitalismo? ¿Ha mejorado sustancialmente el nivel y calidad de vida luego de 5 siglos de auge capitalista? ¿Tenemos más derechos y libertades en sistemas y organizaciones sociales previas al capitalismo? ¿O por el contrario estaríamos replicando el tópico de la edad de oro y todo pasado fue siempre mejor? Este debate, aunque antiguo, no ha sido zanjado hasta el momento pues de vez en cuando surgen nuevos exponentes que le dan un nuevo impulso a una u otra posición. No obstante lo anterior la posición que afirma y cree que en la actualidad se vive mejor que en el pasado precapitalista es la dominante, mas a pesar de eso yo considero que su criterio es errado y pretendo en este artículo señalar algunos puntos que pueden contribuir al debate.

Un poco de historia

Si hay una idea que en el mundo existe desde los espacios más académicos hasta los más coloquiales es la idea del progreso, y si me permiten darle apellidos, del progreso lineal y ascendente. Aunque no siempre fue así, esto porque durante las primeras décadas posteriores a la revolución francesa el debate en torno al progreso como realidad o utopía tenía como protagonistas a liberales y conservadores. Los liberales encarnaron toda la idea del progreso como realidad patente, y desde inicios del siglo XIX todo liberal conserva en los orígenes de sus ideas el progreso como matriz central de la realidad e historia, afirmando entonces que el capitalismo era superior a sistemas previos, y que por ende profundizar el capitalismo significaba avanzar más en el progreso; los conservadores por otro lado no eran tan optimistas y lo que buscaban era volver como mínimo a un punto anterior a la revolución francesa. Este debate interno entre estas dos facciones varió una vez hizo aparición otro sector político e ideológico que plantearía sus propias ideas: el socialismo científico.

El socialismo científico hizo su aparición a partir del trabajo de Karl Marx, siendo el socialismo, a pesar de su rivalidad con los liberales, un fiel creyente del progreso pues basaba su ideología política en la lógica evolucionista de la historia humana. En otras palabras, si el feudalismo era inferior al capitalismo, eso implicaba que el capitalismo sería inferior al socialismo. En suma, si el feudalismo cayó luego de explotar sus fuerzas todo lo que podía, dando paso al capitalismo, mismo destino iba a tener este último gestando así el espacio necesario para el socialismo histórico.

La aparición de un tercer jugador ideológico en el campo, más los constantes cambios coyunturales en la realidad esencialmente europea como lo serían las rebeliones y revoluciones de mediados del siglo XIX, motivarían a estos actores a replantear su posición en el campo de acción en búsqueda por un futuro en el poder político estatal. Así, desde mediados del siglo XIX hasta inicios del siglo XX estos tres jugadores convergerían en dos grandes tendencias políticas, la centroizquierda y la centro derecha. En este nuevo rompecabezas político encontraremos diferentes elementos comunes entre sí: la idea por llegar al Estado como primer paso a la vez que el progreso sería el norte al cual apuntarían por lo que en definitiva todos estos sectores políticos trabajarían una vez llegados al poder, por el capitalismo, a favor de profundizarlo y no en contra de éste.

Así, llegados al siglo XX el progreso era un dogma casi indiscutible que no solo se manifiesta en la política, más bien este dogma trasciende otras áreas del ser humano, especialmente en lo respectivo a la ciencia la cual a través de su principal corriente filosófica, el positivismo, expresión máxima que daba cuenta de que los principales científicos del mundo estimaban que la historia mundial era ascendente y progresista, sin ir más lejos y dentro de las ciencias sociales, no era extraño que economistas, historiadores y antropólogos establecieran clasificaciones ordenadas en un patrón ascendente para las diferentes organizaciones sociales que estudiaban.

El período que se cuenta desde 1914 hasta 1945 mostró grandes contradicciones entre las ideas progresistas de todo color político y las coyunturas históricas que significaron las guerras mundiales y las masacres humanas que se dieron a raíz de los diferentes gobiernos implicados en las mismas, y es a partir de este momento en que hacen su aparición nuevos detractores a las ideas establecidas poniendo en duda en la palestra la realidad del progreso como realidad en la sociedad.

Bases argumentativas del progreso

A lo largo de la historia la humanidad ha temido una serie de males que asolaban: pestes, hambre y guerra, ante este temor los argumentos que esgrimen todos los sectores a favor de la ideal del <<progreso capitalista> giran en torno una realidad, que es el aumento de la riqueza generalizada en la humanidad, una verdad que se utiliza para justificar su argumento, ya que si incluso esa riqueza se distribuye de modo desigual, la teoría del goteo les basta para decir que incluso los más pobres dentro de este sistema viven mejor que sus antepasados pues inmersos en el sistema han mejorado sustancialmente su calidad de vida. Gracias a este argumento, los promotores del sistema pueden afirmar que, como el progreso es una ley constante, natural, lineal y ascendente, el sistema mismo no solo es mejor que cualquier sistema anterior o posible dentro de la realidad humana, sino que además es un sistema que forma parte de la naturaleza humana. La principal prueba entonces que en efecto, el mundo en la actualidad es más rico, posee más tecnología y por ende la sociedad estaría en una mejor situación que antes del capitalismo. Este argumento ha sido muy disuasivo para un gran número de personas y ha sido adoptado por buena parte de estas lo que ha llevado a que la idea de progreso sea aun a día de hoy un importante pilar universal, casi como una religión.

Un argumento de tal magnitud debe ser evaluado y analizado punto por punto, es decir, la lucha en contra de la peste, del hambre y de la guerra, lo que se puede traducir en el mejoramiento de las condiciones sanitarias, el estándar de vida y la seguridad personal y mundial como logros del sistema capitalista a través de la historia.

¿Qué sucede en la lucha contra las pestes a favor de la sanidad? Aclaremos ciertos puntos. Antes del capitalismo, las pestes se tendían a manifestar de modo cíclico en la humanidad, lo que daba como resultado un gran número de muertes. La última gran peste previa al nacimiento del capitalismo fue la peste negra, la cual según los cálculos terminó con la vida de un tercio de la población de las zonas afectadas. Con el incremento de la tecnología y conocimiento médico la situación mejoró, las pestes comenzaron a erradicarse poco a poco y enfermedades antes mortales, o fueron eliminadas, o se encontró un tratamiento efectivo para disminuir sustancialmente su mortalidad. Estos logros se debieron a dos causas, primero el cuidado personal en lo respectivo a la higiene mejoró con el tiempo, y segundo la sanidad colectiva incrementó su cobertura y calidad. Ambos cambios llevaron a que la mortalidad disminuyera, y un efecto de esto se manifestó en el incremento de la esperanza de vida cuantificado en los datos de cada país.

En este sentido hay claramente un avance, pero sobredimensionado, ya que la esperanza de vida no es un indicador claro en el tiempo que vive una persona. Esto porque la esperanza de vida no es más que el promedio de vida de las personas en un país determinado. Así, por ejemplo, si en un país determinado viven dos personas, A y B, A vive hasta los 60 años, y B muere al nacer, la esperanza de vida sería de 30 años. En cambio, si en realidad A viviera 60 años, y B 20, la esperanza de vida aumentaría a 40 años, esto significa que en este caso, no hay un incremento en la longevidad de la tercera edad, más bien hay una caída de la mortalidad infantil luego de nacer. Así, si A  ahora vive hasta los 80 años y B muere al nacer, la esperanza de vida seguiría siendo de 40 años. Todos estos ejemplos sirven para demostrar que un incremento en la esperanza de vida no necesariamente implica un incremento real en la longevidad de todas las personas en el mundo.

Actualmente la esperanza de vida mundial ronda los 67 años aproximados. Durante la edad media la esperanza de vida rondaba los 30-35 años. Esto quiere decir que luego de más o menos 500 años, la esperanza de vida habría aumentado 2.3 veces. Sin embargo en un mundo tan polarizado como lo es el actual, la esperanza de vida responden a esa desigualdad, y todavía hoy tenemos países con esperanzas de vida que con suerte pasan los 50 años, como Suazilandia, mientras que en el otro extremo tenemos países con esperanzas de vida que ya bordean los 90 años.  A escala mundial durante los últimos 50 años tenemos también la siguiente realidad: un 8% de la población mundial supera los 60 años en 1950, en 2014 el 12.4% supera los 60 años aproximadamente, lo que quiere decir que prácticamente la situación se ha mantenido constante, es cierto que hubo un incremento en la población mayor de 60 años del 8 al 12%, pero esta población se centra netamente en los países más desarrollados; en África en tanto la población mayor de 60 años representaba en 1950 un 5.2%, actualmente en África el 5.3% de sus habitantes tiene más de 60 años. En estricto rigor la población no ha modificado su longevidad. En comparación, EE.UU, en 1830 tenía a un 3.8% de habitantes con más de 60 años y una esperanza de vida de 38 años, muy similar a la que había durante los años previos al capitalismo, por lo que si cogemos estos datos, y usamos la pirámide demográfica estadounidense del año 1800 como ejemplo de una pirámide demográfica más o menos equivalente a la de una pirámide demográfica precapitalista, entonces se puede observar que, la población mayor de 60 años no ha variado sustancialmente, el poco avance que ha tenido se debe principalmente a las minorías de clases medias que han podido vivir más allá de los 60 años, mientras que las clases populares de la gran mayoría del mundo muy posiblemente no viven más años que sus antepasados de hace 500 años atrás.

¿Por qué entonces la esperanza de vida mundial pasó de 48 a 67 años? ¿Por qué la esperanza de vida africana pasó de 35 a 49 años? El principal cambio que determinó un incremento en la esperanza de vida fue la constante caída de la mortalidad infantil, esta rondaba los 133 en 1950 y pasó a 41.8 (por cada 1000 nacidos) en 2010. En África la mortalidad infantil pasó de 179 a 71 entre los años 60 y 2012. Lo que me lleva a volver a mi caso hipotético anterior, “si un país tiene tres ciudadanos, A, B y C; A muere al nacer, B vive hasta los 20 años y C hasta los 80, la esperanza de vida de ese país sería de 33.3 años; ahora, si en lugar de morir al nacer no tenemos al ciudadano A porque la tasa de natalidad ha caído (como efecto de políticas anticonceptivas), la esperanza de vida inmediatamente aumentaría a 40 años, es decir estaríamos concluyendo que la gente vive 7 años más a pesar de que en estricto rigor la pirámide demográfica se mantiene intacta”.

Es cierto que los avances en la sanidad universal y personal ha conllevado a una reducción en la mortalidad infantil, ahora más que nunca hay más posibilidades de no morir antes del primer año de vida. Así, además, muchas enfermedades y pestes han sido erradicadas, pero este balance positivo se vuelve moderado si profundizamos un tanto más la realidad actual. Simplemente nos referimos anteriormente al caso de las enfermedades y pestes que se erradicaron o controlaron en virtud de los avances científicos y médicos, sin embargo también deberíamos poner atención a los peligros que se derivan de los avances científicos ya mencionados así como los cambios demográficos que tiene el mundo y que se manifiestan en las enfermedades emergentes, es decir, enfermedades que principalmente se desconocían o cuyos agentes estaban controlados hasta que vuelve a emerger arriesgando la salud de millones de personas. Tal es el caso de diferentes epidemias surgidas durante el siglo XX, como la gripe española, el SIDA, la gripe aviar, la gripe porcina. Además, el peligro latente por un resurgimiento de enfermedades previamente erradicadas en un contexto en el que los intercambios migratorios, viajes turísticos, y comercio mundial se han intensificado a niveles jamás vistos, lo que maximiza el riesgo potencial de una nueva enfermedad o de una enfermedad que pueda resurgir. Lo que se suma a la tendencia creciente en la población mundial, crecimiento que no es acompañado de una acorde mejora en las condiciones sanitarias e higiénicas, generando una serie de focos demográficos donde la infección y la proliferación de virus o bacterias es un riesgo permanente. En este contexto solo un desastre natural puede generar la aparición de enfermedades emergentes o reemergentes, tal fue el caso de Centroamérica luego del Huracán Mitch que asoló la zona en octubre de 1998 provocando una fuerte crisis sanitaria lo que gestó a su vez el reflorecimiento de enfermedades tales como el cólera, el dengue y la leptospirosis. Christopher J L Murray, en una investigación realizada en 2006 calculó que una pandemia de gripe aviar daría un saldo de 66 millones de muertos concentrados principalmente en los países en desarrollo. En términos cuantitativos esta pandemia sería peor que la gripe española, por tanto de las más graves en la historia. Un informe de la OMS del año 2007 titulado “Un porvenir más seguro”, estima que una pandemia con las características de la gripe Aviar afectaría directamente a un 25% de la población mundial, y aunque los efectos en la salud de las personas no fueran tan graves, las consecuencias sociales y económicas como resultado de la aparición súbita de tantas personas enfermas serían enormes.

En síntesis, el balance que se puede extraer de los avances en materia de medicina y sanidad pública es moderado, pues si bien es cierto hemos logrado tratar una serie de enfermedades, igualmente cierto es que no estamos inmunes a brotes de nuevas o viejas pestes, epidemias o pandemias que proliferen en un contexto globalizado con una mayor proporción de la población en constante movimiento y con importantes focos de pobreza en los que se puede desarrollar algún germen potencialmente dañino. También es verdad que hoy hay más posibilidades para sobrevivir el primer año de vida, pero no está tan claro cuánto se ha incrementado la esperanza de vida luego de ese año, aparentemente el incremento se ha enfocado en una pequeña parte de la población principalmente concentrada en los países de más elevado desarrollo, no en la población generalizada, ni mucho menos en los sectores de África, Centroamérica, y centro-sur de Asia. Me presto a decir que estamos frente a un avance a medias.

¿Y la lucha contra el hambre y la pobreza? Antes del capitalismo el principal problema se derivaba de la escasez y carestía de alimentos en el corto plazo, la baja capacidad productiva llevaba a que de vez en cuando a causa de los cambios climáticos, sumado a la poca capacidad de almacenaje y transporte, provocaba que cualquier disminución en la oferta de alimentos se derivara en graves crisis o directamente hambrunas. Por otra parte, el crecimiento constante de la economía y su desarrollo ha provocado un bienestar material que antes no se tuvo, el nivel de consumo se ha expandido a buena parte de la población, tenemos bienes y servicios que antes nunca se hubieran imaginado: agua corriente, teléfonos, internet, electricidad, televisión, refrigeradores, autos, entre otros, antes del capitalismo un libro incluso era un bien de lujo.

Cierto es que hoy a grosso modo las personas comen más, las tasas de desnutrición han tendido a caer alrededor del planeta. Hoy hay menos hambre que antaño, ciertamente es un logro el poder abastecer de alimento a la sociedad, aunque debería ponerse atención igualmente a la nutrición de los diferentes estratos socioeconómicos de la población pues estamos cambiando la subnutrición por la malnutrición, y valdría la pena ver hasta qué punto es preferible tener una población malnutrida y cuya dieta está basada en productos con bajo valor nutricional y alta proporción de grasas u otros elementos poco saludables como sucede hoy en día; pero si nos enfocamos solo en la subnutrición podemos decir que en efecto ha habido una disminución constante del hambre en el mundo.

A pesar de ello, cierto es que la economía capitalista ha llevado a un proceso constante de deforestación y daño ecológico que pone en riesgo la producción agrícola en el largo plazo. La constante deforestación de selvas y sabanas en búsqueda de nuevos terrenos de cultivo o nuevos mercados para la industria maderera o papelera implican la destrucción de gran cantidad de hectáreas cada año lo que a su vez interfiere en las condiciones normales de la biósfera, esto pone en entredicho la provisión de alimentos en el mediano y largo plazo. Por lo que mientras por una parte hemos satisfecho la demanda de alimentos en el corto plazo, el costo ecológico que ha significado la expansión de la economía invierte y sustituye las amenazas a corto plazo por las amenazas a largo plazo derivadas el avance en la destrucción de la capa de ozono, la deforestación y el cambio climático, amenazas que afectarían a toda la población, especialmente al 80% más bajo.

También es cierto que el estándar de vida de buena parte de la humanidad ha mejorado, como mencioné, también es cierto que hoy esta población accede a bienes y servicios que antes no eran pensados ni imaginados, sin embargo a estas mercancías solo accede entre el 25% y 50% de la población en la pirámide superior, los estratos inferiores (es decir, entre el 80 y 50% más pobre del mundo) no tienen acceso a estos bienes pues la distribución de las riquezas dentro del capitalismo es extremadamente desigual, por ejemplo el 96% de los estadounidenses posee celular, mas solo el 6% de las personas en Eritrea posee uno, el 84% de los estadounidenses tiene acceso a internet, pero solo el 6% de los habitantes de Camboya posee dicho acceso, la mayoría de las familias estadounidenses posee automóvil (96%), sin embargo solo el 4.1% de las personas posee automóvil en Bolivia.

Más allá de la extremadamente polarizada distribución del ingreso en el mundo, rasgo natural a la polarización capitalista, producto del aumento de la explotación relativa conforme la economía capitalista requiere impulsos para seguir expandiéndose, también se debe agregar el incremento de la explotación absoluta y la depauperación absoluta, esto es el incremento a través del tiempo de la pobreza absoluta de las capas más desfavorecidas del mundo, así como  una separación de los ingresos entre el 5% más rico y el 5% más pobre. Es cierto que durante 5 siglos  la productividad se ha incrementado, mas no significa que las familias incrementen sus ingresos en paralelo con el promedio y por ende no es cierto que por un aumento de la riqueza y producción promedio, la pobreza disminuya, es más, la tendencia para el 50, 20 o 5% más pobre del mundo tiende a ser la contraria.

Si uno analiza la población mundial que vivía con menos de 2 dólares PPA (dólares de cualquier año como referencia) antes y durante el capitalismo lo que puede vislumbrar es una tendencia a la baja de esta población, pasamos de un más o menos 90% de personas que vivían con ingresos inferiores a un 50%, ciertamente la pobreza ha disminuido, pero al mismo tiempo el tiempo usado para tener ese nivel de ingreso ha aumentado considerablemente. Reconocido es a nivel histórico que en sistemas y organizaciones humanas previas al capitalismo, el tiempo usado en horas para el trabajo era considerablemente menor. Los estudios históricos dan cuenta que las tribus y bandas, los campesinos organizados en alodios, o los trabajadores en regímenes feudales gastaban menos horas de sus vidas en labores como sí pasaba y pasa con los trabajadores en el capitalismo. De hecho, tomando de ejemplo a los campesinos durante la era feudal, el tiempo de descanso y ocio era muy elevado, llegando a tener la mitad del año dedicado al descanso: en la Inglaterra feudal del siglo XIV el campesino dedicaba no más de 150 días al año al trabajo, los restantes eran vacaciones.

Entonces, lo que tenemos es un constante proceso de empobrecimiento de la clase trabajadora más pobre del sistema. Si hacemos el siguiente cálculo esa conclusión sacaremos: como unidad de análisis tomemos a toda la población inmersa en el sistema capitalista (todos los países excepto Cuba y Corea del Norte) comparada con cualquier sistema u organización humana previa al capitalismo y existente en el año 1500 en Europa y América, o en 1800 en África y Asia, la comparación debe ser entre los pobres y más pobres pertenecientes a ambos sistemas, es decir aquella población cuyos ingresos eran inferiores a 2 dólares PPP (de cualquier año estandarizado), ingresos a su vez divididos por el número de horas trabajados al año, y tendremos como resultado un claro proceso de depauperación absoluta por una parte, y un aumento de la explotación absoluta por otra.

Hagamos un cálculo somero y posiblemente susceptible a errores pero que nos servirá de ejemplo, digamos que en el régimen feudal con 150 días de trabajo al año, y 8 horas de trabajo al día, se conseguiría un total de 1200 horas de trabajo al año (menor a cualquier país de la OCDE, actualmente el país con menos horas de trabajo al año es Holanda con 1384 horas, casi 200 horas más), si consideramos como ejemplo de régimen capitalista uno en el que se trabajen 8 horas al día, con 30 días de vacaciones entre días laborales y fines de semanas, en total estaría trabajando unas 2680 horas al año. Ahora, los más pobres de ambos sistemas (aquellos que ganan menos de 2 dólares al día) estarían ganando unos 730 dólares PPA al año, lo que significa que por cada hora que trabajara un campesino medieval estaba recibiendo un total de 60 centavos mientras que el trabajador actual más pobre estaría ganando unos 52 centavos al día. Estamos entonces frente a un claro proceso de depauperación, polarización y aumento de la explotación absoluta de los trabajadores más empobrecidos de la sociedad.

Ante esta realidad palpable a día de hoy, quienes argumentan a favor del sistema afirman que todos aquellos pobres pertenecen a los países más “atrasados” que no han fomentado una economía capitalista, es decir, no han desarrollado una economía en la que la fuerza laboral se base en un proletariado completo, sin embargo esta visión tiene un error estructural, y es que el capitalista busca todos los medios para tener una fuerza laboral entre un punto intermedio en el trabajador precapitalista y el trabajador totalmente asalariado, en otras palabras, un trabajador que vive con un 50% o menos de sus ingresos relacionados a su trabajo como asalariado, es decir estamos hablando de trabajadores subproletarios y a quienes el capitalista puede emplear por menos que el salario mínimo de subsistencia.

¿De qué viven entonces estos trabajadores? Hay al menos otros cuatro ingresos a los que los trabajadores subproletarios pueden acceder para completar sus gastos: a) actividades de subsistencia como producción familiar para poder sobrevivir, llámese esfuerzo rural para producir su propio alimento, b) pequeña producción mercantil, es decir, productos fabricados en la unidad familiar y que luego son vendidos en el mercado, c) renta de alguna propiedad o espacio al que la unidad familiar tiene poder, d) pago de transferencias, que se puede traducir como el pago de una persona a otra no por un trabajo sino que por una obligación que se genera a partir de una relación afectuosa o familiar, algo que generalmente se da en las familias más numerosas y unidas. Es así como estos trabajadores pueden sobrevivir y mantenerse aun cuando reciban por sus empleos un salario inferior al mínimo de subsistencia, y es por eso que el capitalista una vez invierte en un país busca que el trabajador integrado en la economía capitalista se subproletarice, pues la proletarización completa no es algo que buscan más bien se da luego de décadas de lucha a partir de los trabajadores mismos quienes con el pasar de las generaciones logran que sus ingresos asalariados sumen más del 50% del total hasta llegar a una cifra cercana del 100% (que es la situación de los países más desarrollados del mundo), y ante esto el capitalista tenderá a bajar esos salarios y de tener mucha resistencia emigrará y trasladará su producción a un país donde la proletarización no sea tan avanzada.

Una vez más, llegamos a un punto en el que las mejoras materiales dadas en el capitalismo son parciales, se concentran principalmente en los 20-50% superior de la población, en el restante 80-50% inferior la situación en términos de estándar de vida no es mejor, de hecho en buena parte la pobreza se ha intensificado y debe de usarse más tiempo de la vida para poder mantener un ingreso de subsistencia que roza en la miseria. Es moralmente reprobable que mientras el sector superior de la población mundial (principalmente centrado en las capas medias y superiores de la sociedad mundial en Europa occidental, Norteamérica y Japón) viva con un estándar de vida varias veces superiores que sus bisabuelos o antepasados de hace 200 o 500 años, mientras que el restante con suerte vive igual que sus antepasados en lo respectivo al estándar de vida.

¿Vivimos más seguros? ¿Estamos más a salvo de guerras y conflictos civiles? Las guerras y los conflictos entre diferentes sectores humanos no fueron inventados por el capitalismo, eso es cierto, pero sí es cierto que el nivel de tecnología usada en la guerra se ha vuelto muchísimo más mortífero y opresivo. Desde el inicio del capitalismo el grado de mortalidad y destrucción que han alcanzado las guerras ha aumentado a niveles irreconocibles, solo en una guerra como lo fue la segunda guerra mundial murió más gente que en casi todas las guerras premodernas juntas. Solo las bombas en Hiroshima y Nagasaki mataron más que casi cualquier guerra dada antes del capitalismo. Por cierto, la bomba atómica sigue pendiendo como una espada de Damocles sobre la sociedad mundial por los riesgos que conlleva su potencial uso.

No solo la guerra entre Estados es hoy más mortífera, también lo es la guerra interna, la guerra dentro de los límites de un pueblo, nación o sociedad, la guerra civil como concepto moderno también ha visto intensificada su capacidad de destrucción y mortalidad. La masificación del armamento, la concentración y etnización de la mano de obra luego de siglos de traslado y crecimiento demográfico ejemplificado en la esclavitud de la población negra, ha llevado a que las tensiones dentro de los países sean parte de la naturaleza social. En medio de este contexto los estallidos sociales se tienden a generar cada vez que se da una crisis económica o un declive en el bienestar material dentro de la economía capitalista, sumado a la proliferación de las armas el potencial de víctimas se ha disparado. Sumando la enorme concentración demográfica que se ha dado a partir de la urbanización, la proliferación de las armas y la etnización de la fuerza laboral la carnicería se magnifica a proporciones no conocidas, el mismo genocidio como obra planificada y enfocada hacia un estrato socio-étnico determinado de un país no se puede entender sin los factores mencionados; no es que este fenómeno surgiera con la modernidad del capitalismo, pero antes las masacres planificadas se daban con posterioridad a una conquista, en cambio inmersos en el capitalismo estas masacres tienen elementos racistas incluyendo además de  poblaciones foráneas, a poblaciones internas a los límites territoriales de una nación determinada.

La delincuencia que tiene en vilo a grandes regiones en el mundo y en límites a Estados en la actualidad tampoco puede ser concebida sin la capacidad de las mafias para nutrirse de la enorme demanda mundial que hay de sus productos, el tráfico de órganos, de drogas, y de otros productos ilegales es lo que les ha dado la capacidad para poder doblarle el brazo a Estados sumamente grandes e imponentes, atomizando la autoridad política en regiones como Centroamérica, México, buena parte de Sudamérica, África y Asia. Se estima que entre el 1.5 y el 5% del PIB mundial lo concentran las redes, clanes y familias mafiosas en el mundo, lo que implica que cerca de 1 y 3 billones de dólares representarían el negocio de las mismas, un nivel de riqueza y producción que los posicionaría entre Italia y Alemania, potencias económicas de la actualidad. Y lo que explica por qué es muy complicado combatirla directamente. Ciertamente hoy es más seguro vivir en tanto el riesgo por ser asaltado y asesinado en el acto ha disminuido pero no es más seguro ante los riesgos de conflictos inter e intranacionales de gran calibre y que han cobrado la vida de muchas más personas que los conflictos premodernos.

Por último ¿vivimos con más libertad y derechos que antaño? En sistemas anteriores los regímenes políticos establecidos no garantizaban ni libertad, ni igualdad. Con el sistema capitalista moderno la libertad se vio aún más restringida ya que de manera paralela, y necesaria, nace el Estado moderno comandado por monarquías absolutas que fueron concentrando más poder de manera ascendente hasta 1815 más o menos. Desde entonces las monarquías comenzaron a ser reemplazadas en occidente por repúblicas o monarquías parlamentarias afirmadas en una Constitución política y en una idea ligada a la soberanía popular, vale decir, se pasaba de un  sistema político monárquico a uno dominado por el liberalismo político en el que los poderes del Estado se encontraran separados y la soberanía popular fuera la regla básica de todo orden.

Lógicamente frente a este cambio el consenso generalizado está puesto en el avance en las conquistas de las libertades políticas y humanas que se han logrado. La democracia, la libertad, los derechos humanos, son los dogmas instalados desde 1815 en adelante en el sistema internacional y que actualmente se esgrimen para argumentar que este sistema es superior, y que, precisamente entre más capitalista se sea, más se afirman cada uno de esos derechos.

La democracia liberal burguesa en realidad es una plutocracia donde dominan las élites que representan al 1% más rico de la sociedad mundial en complicidad del 5% que le sigue. Esta élite con su influencia económica y mediática es capaz de financiar y dirigir a los partidos políticos que sirven como colador de los elementos <<radicales> que amenacen sus intereses, así, todos los candidatos a puestos públicos pasan por su lupa y terminan siendo funcionales a su poder. ¿Realmente estamos inmersos en un sistema político más justo? Lo que es claro es que estos sistemas no responden a la soberanía del pueblo, los candidatos son puestos por los partidos políticos, los cuales a su vez representan intereses de quien los financian, es decir, las élites nacionales e internacionales. ¿Vivimos mejor con este sistema mal llamado democracia? También es un tema a debatir, ya que a pesar de que en la actualidad uno de los dogmas universales sea que una democracia siempre es mejor que una dictadura, cuesta creer que se viva mejor en la <<democracia colombiana> que en la <<dictadura cubana>, así como también se viva mejor en alguna democracia centroamericana que en alguna de las monarquías del golfo pérsico. Por supuesto existe el sufragio universal como derecho, pero la realidad es que mientras el mercado sea el ente central en el sistema donde confluyen los actores económicos y políticos, el sufragio sigue siendo una herramienta muy limitada.

La libertad nos asegura, la posibilidad de manifestar nuestras objeciones con el poder político, pero cuando lo queremos hacer en el sector público, debe ser bajo las reglas y espacios que ellos estiman convenientes. La idea ante todo no es molestar, sino que una protesta se convierta en un show colorido sin mayor poder de presión. A su vez, es posible organizarse como trabajadores en sindicatos y luchar por los derechos, pero en un mundo donde la mayoría de los trabajadores tiene contrato a plazo fijo, están subcontratados o trabajan en el sector informal (lo que significa que no tienen contrato, luego no tienen derechos mínimos), el sindicalizarse es sinónimo de quedar desempleados, incluso aquellos que poseen un contrato indefinido se ven imposibilitados por las tantas leyes laborales que defienden al capital por sobre el trabajo (lógica de la flexibilidad laboral). No es de extrañar que las tasas de sindicalización a nivel mundial sean mínimas.

Así mismo, la información a la que libremente podemos acceder desde que se instauró la libertad de prensa se limita a lo que el dueño de la imprenta desee publicar. Es decir, la libertad de prensa no es más que la libertad de los grandes empresarios capitalistas dueños de los medios de comunicación para publicar y filtrar la información que ellos consideran es necesaria. Obviamente esta capacidad de información queda limitada a los dueños de las imprentas. No es una libertad de información real.

Y aunque el internet sea una herramienta de difusión informativa mucho más efectiva y democrática que la prensa escrita, televisiva o la radio, es preocupante como durante los últimos años diferentes gobiernos en el mundo están legislando nuevas leyes que coartan el uso del internet y penalizan su “uso indebido”. Ciertamente es un tema que ya da para debate, y seguirá siendo foco de debate político durante los años que siguen pues no es conveniente para las élites de cada país tener una plataforma de información tan democrática.

A pesar de que los derechos humanos sean reconocidos formalmente en momentos de la historia antes de la creación de la ONU, la constante violación a la que se ven sometidos (violación que organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch no tienen dificultad en plasmar en informes anuales por país, región y continente) lleva a que estos derechos sean más bien respetados en el papel que en la realidad. Se hace menester agregar que la situación de los derechos humanos al igual que otros puntos tocados anteriormente, es extremadamente desigual en el mundo, mientras los países más ricos poseen menor cantidad de violación a los derechos humanos, los países más pobres concentran la mayor parte de estas violaciones, lo que se relaciona y coincide con la distribución polarizada de riquezas y bienestar social mencionado.

Lo anterior se aplica principalmente para los regímenes que se constituyen como “Estados de derecho”, fuera de sus límites territoriales, así como cronológicos, aún hoy hay una serie de regímenes que se saltan esas normas, si analizamos el avance histórico del sistema capitalista notaremos que fuera de la órbita europea-occidental, el capitalismo incentivó la aparición de regímenes opresivos de explotación: esclavitud, encarcelamiento o la aparcería obligatoria, todos fueron panorama común en gran parte de las regiones caracterizadas por el trabajo en las grandes plantaciones durante los últimos 5 siglos.

Por último, a pesar de la existencia instaurada de garantías civiles y políticas (garantías que no son respetadas más allá del papel en muchos casos como ya se mencionó), una verdad sí que es objetiva: la tendencia secular dentro del avance del capitalismo está en el incremento constante del poder estatal, vale decir, el Estado es hoy más grande y fuerte que hace 400 años. Esto a pesar de que sus instituciones se hayan “democratizado” pues hoy un presidente o primer ministro posee más poder y dominio efectivo sobre su territorio, que un monarca de los siglos XVI o XVII. Estos monarcas autodeclarados “absolutos” carecían de un poder ilimitado, el término absoluto viene del latín absolutas, lo que no implica que estos monarcas tuvieran un poder ilimitado sino que no estaban sujetos por las leyes, esto permitía que su poder y actos fueran arbitrarios pero no contaba con un poder efectivo, pues como sabemos, en realidad su poder era escaso. De hecho si comparamos el poder absoluto del rey francés Luis XIV con el poder del presidente Hollande, podremos comprobar que este último tendrá más poder efectivo en la Francia de 2015 que el rey durante su reinado entre 1661 y 1715. Este poder se basó en un incremento en la burocracia y en la seguridad (policía y ejército) financiado por un aumento en la presión fiscal, en tanto limitaban el poder de la nobleza y de las autonomías locales en todos los campos. Por lo que hoy estamos más vigilados y sometidos a la autoridad sea esta arbitraria o no. El Estado ha asumido atribuciones y poderes antes delegados a autoridades y organizaciones comunitarias distribuidas que con el tiempo, logrando un poder de control cada vez mayor, lo que trae consigo una capacidad mayor para darle seguridad a los habitantes ante el crímenes comunes, seguridad que antes no podían tener inmersos en feudos o aldeas débiles y solitarias, pero a su vez los riesgos de tener un Estado persecutor, enemigo y terrorista se han multiplicado a la vez, seguramente un londinense vive hoy más seguro que hace 700 años atrás, pero un gazatí no podrá dar la misma respuesta.

Un balance crítico y necesario

Para calificar de manera objetiva los balances positivos y negativos que tenemos tras 500 años de capitalismo debemos centrarnos en una unidad de análisis completa y no dividida entre diferentes espacios nacionales. El capitalismo es mundial y funciona de tal forma, por lo tanto evaluar los avances de éste de modo sectorial o “nacional” no daría un resultado correcto. No se trata de que haya un capitalismo correcto en Estados Unidos o Japón y un capitalismo atrasado y desviado en Haití o Mauritania, en ambos casos hay un capitalismo establecido y que funciona según su posición dentro de la división internacional del trabajo. Como mencioné anteriormente, una comparación intergeneracional entre las mismas clases sociales tomando su nivel de ingresos divididos por el número de horas usadas para trabajar nos dará como resultado que las capas más pobres de la sociedad capitalista son hoy incluso más pobre que antes, desde luego también está más explotada, y no es del todo seguro que vivan más que antes, más bien viven lo mismo pero en peores condiciones en muchos aspectos si se comienza a calcular la esperanza de vida por clase/estrato social desde el primer año de vida (o incluso desde el año 5) para eliminar la ilusión que genera la caída de la mortalidad infantil propiciada por el mejoramiento de las condiciones sanitarias. Por supuesto los éxitos materiales y sociales del capitalismo se han visto reflejados en las capas medias que han pasado a representar aproximadamente un 15-20% de la población mundial, y es este porcentaje de la población mundial la gran innovación dentro del sistema capitalista, pues aunque no fue una innovación del capitalismo el invento de clases medias, sí fue fruto de éste el fortalecer este estrato social y entregar parte de la plusvalía mundial a este sector. Para las capas medias el capitalismo les ha significado más ingresos, una vida más larga y más seguridad, pero para el resto de la población que va entre el 80 y 85% de la humanidad la situación no es claramente mejor, en términos materiales puede que algunos hayan visto incrementar su estándar de vida (nunca en comparación al incremento de la producción e ingresos como promedio) pero para la mayoría de estos más bien sucedió lo contrario, tampoco es claro que vivan más y posiblemente muchos vivan con más peligros que sus antepasados de hace 500 años. Estamos frente a un claro y evidente proceso histórico de polarización absoluta de clases sociales, los más pobres se han empobrecido y los más ricos se han enriquecido, ambos a puntos irreconocibles, hoy tenemos grandes proporciones de barriadas con trabajadores pobres que viven entre el sector rural y el suburbano muchas veces en peores condiciones que sus antepasados, mientras que también tenemos a una élite que ha amasado un nivel de riqueza superior a muchos monarcas y emperadores en la historia, llegando incluso a poseer empresas con un ingreso anual superior al PIB de muchos países.



Categorías:Economia, Historia

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