Una lectura sobre las elecciones presidenciales en Chile.

Dentro de una semana se celebrará la segunda vuelta en las elecciones en Chile, la disputa estará dada entre los dos bloques políticos que se han disputado el poder durante los últimos 20 años, la Alianza, bloque del actual presidente Sebastián Piñera, cuya candidata es Evelyn Matthei, y la Nueva Mayoría (otrora Concertación) que por primera vez recoge totalmente al Partido Comunista en su interior, su candidata es Michelle Bachelet, la expresidente que gobernó el país durante el año 2006 y 2010. De esta contienda lo más probable es que en vista de los resultados dados anteriormente, la gran ganadora sea Michelle Bachelet, punto que tocaré después, pero como primer punto me gustaría tratar de remarcar mi posición con respecto a la muy probable victoria de Bachelet en estas elecciones criticando algunas lecturas minoritarias y nada objetivas.

Bachelet, ¿continuidad o cambio?

Frente a este segundo mandato de Bachelet han surgido dos grandes posturas frente al significado del gobierno de Bachelet. La primera posición ha sido levantada tanto por sectores derechistas como de la izquierda progresista, especialmente cercanos al bando oficialista (incluido comunistas). Esta posición cree que el gobierno de Bachelet significará una ruptura con la política y el modelo neoliberal hasta ahora vigente, ahora bien, sería bueno puntualizar que tanto izquierda como derecha solo coinciden en que habrá un cambio, mas piensan que ese cambio tendrá consecuencias muy diferentes. Por una parte, los comunistas por citar un ejemplo consideran que el programa de Bachelet rompe con el libre mercado y el neoliberalismo imperante, esto porque las reformas planteadas por el programa de gobierno de la candidata son vistas como estructurales, y que destruyen las bases del modelo neoliberal. Por otra parte, sectores de la derecha piensan que Bachelet y la Nueva Mayoría se mueven a la izquierda y se acercan peligrosamente a una versión chilena del chavismo, esta es la postura pregonada por Carlos Alberto Montaner, quien piensa que las reformas pensadas y planteadas por el programa de gobierno de Michelle Bachelet son peligrosas y poco aptas para Chile, llegando a coincidir con el planteamiento de que Chile se acercaría a una democracia chavista (citando las palabras de Mauricio Rojas).

Cuesta creer, analizando concienzudamente el programa de gobierno bacheletista, que se esté llegando a un gobierno rupturista, incluso «chavista», esto porque.

  • El programa no plantea superar el sistema de las AFP.
  • El programa no plantea mayores cambios en el nefasto sistema de salud y las ISAPRE.
  • El programa no establece la búsqueda de una Asamblea Constituyente.
  • Se habla de un incremento en la sindicalización y consecuente negociación colectiva, pero no pasa de lo testimonial sin mayores datos de metas logradas (Chile es uno de los países de la OCDE con menores niveles de sindicalización). Tampoco se hace mención a la necesidad de elevar el salario mínimo hacia lo requerido y justo, de hecho se habla de establecer 250.000 pesos a mediados del período presidencial, ¿pretenden entonces fijar el mínimo en 250 mil hacia 2015-6?

En consecuencia no se eliminan los más importantes pilares neoliberales en el ámbito social. Las AFP siguen existiendo, solo que ahora se integraría al mercado una AFP estatal. El sistema de salud seguirá basándose en la lógica extremadamente mercantil que hasta hora existe,  se buscará potenciar el sistema público, pero no hay ningún cambio estructural que pretenda instalar un sistema público como el SNS que existía en los 70 en Chile. Políticamente tampoco hay grandes cambios, sí hay un intento por cambiar la Constitución, pero no es una reforma a través de la asamblea Constituyente, es decir emanada por y para la sociedad, el pueblo, sino que se trata de una reforma, de una Constitución creada entre cuatro paredes como siempre ha sido en nuestra historia, la Asamblea Constituyente no es recogida en el programa presidencial.

¿No les basta con esto?

Luksic le da su visto bueno al programa de gobierno de Michelle Bachelet.

JP Morgan también le da su visto bueno al programa de gobierno de Michelle Bachelet.

Además, Morgan Stanley y Barclays también consideran que el gobierno de Michelle Bachelet significa más continuidad que cambio, por lo que no debe haber miedo ni preocupación.

El candidato Franco Parisi también asegura que sus ideas coinciden con las del programa de Bachelet.

Incluso derechistas como Antonio Horvath aseguran que el programa de Michelle Bachelet tiene más coincidencia con sus planteamientos que con los de la candidata oficialista Matthei.

Incluso empresarios con claras tendencias pinochetistas apoyan la candidatura de Bachelet.

Teniendo estos antecedentes, ¿cómo puede ser posible conciliar esta realidad con la supuesta teoría de que Bachelet significará una ruptura con el modelo económico que tanto ha beneficiado a los empresarios? Tanto sectores derechistas como izquierdistas se equivocan cuando creen que Bachelet representa un cambio.

Lo que está pasando en Chile

Lo que se está observando en Chile son las consecuencias del desgaste de un modelo económico y político implementado durante los años 80. Las deferentes eclosiones sociales que se han observado durante los últimos años dan cuenta de ello, así, las encuestas realizadas demuestran que la clase política carece de mayor apoyo popular.

Según la encuesta CEP de septiembre-octubre Nueva Mayoría tiene un 40% de desaprobación y solo un 20% de aprobación en lo concerniente a su labor y trabajo. Mientras que la Alianza posee un 48% de desaprobación y un 24% de aprobación.

La Abstención en Chile en las elecciones de noviembre pasado llegó al 50%.

Según la encuesta de la Universidad Diego Portales realizada entre inicios de septiembre e inicios de octubre da cuenta que: 82.6% de los chilenos apoya la existencia de una red estatal de farmacias, 81.2% de las personas apoya la existencia de una AFP estatal. 75% de los chilenos cree que debería aumentar la participación estatal en el sistema bancario. 70% cree que el sistema de transporte público urbano debería estar en manos de una empresa estatal. 56% de los chilenos cree que las universidades privadas deberían pasar a manos del Estado. 53% cree que los colegios particulares subvencionados deberían pasar a manos del Estado.

Lo que vemos es que hay una tendencia a una aprobación muy baja de las coaliciones políticas y a una creciente desaprobación, así como también existe una tendencia de la población a adherirse en demandas sociales que van en contra de los pilares establecidos por el modelo neoliberal. Lo que también se observa es una tendencia al caudillismo, de momento, enmarcado en la imagen de Michelle Bachelet, que es quien encarna la imagen del cambio tan promovida por diferentes círculos políticos pero como he intentado mostrar, no es más que parte de la continuidad. Este caudillismo fue el que catapultó en 2009 a Piñera a la presidencia, ya que fue visto como la opción a los 20 años desgastados de la Concertación, por parte de los adherentes a las ideas de derecha, así como por parte de la izquierda MEO fue la salida. En aquel entonces todos los candidatos proclamaban el cambio en sus discursos casi como previendo que se estaba llegando a un tope en la resistencia social hacia el modelo neoliberal. En ese sentido Piñera hizo un trabajo espectacular, al fin y al cabo ganó, pero lo que no hizo fue cumplir con lo que la gente esperaba, de ahí su fracaso en la aprobación, y las sucesivas movilizaciones que no han parado desde entonces.

En el fondo, el planteamiento de Michelle Bachelet, la nueva configuración de la Concertación ahora denominada Nueva Mayoría (que es Concertación más el Partido Comunista), y el intento de mostrar un viraje hacia la izquierda no es más que la muestra de un proyecto por reformar el modelo, pero solo eso, reformarlo. No cambiarlo. No se trata de superar el modelo, se trata de adaptarlo a las necesidades y vicisitudes de la economía, así como también se busca ajustarse ante las demandas pero siempre en un juego de pulso, es decir, buscando ceder lo menos posible tanteando hasta el límite socialmente aceptado. Desde esta perspectiva no se puede pensar que Bachelet encarne aspiraciones chavistas o allendistas, es ilógico, pues cuando Allende estaba a punto de llegar al poder, el empresariado de manera unánime se coordinó con las fuerzas estadounidense para boicotear a Allende, primero a su campaña, y luego a su presidencia, ahora en cambio lo que vemos es que tanto el empresariado, como sectores políticos de la derecha, se suman a la campaña de Bachelet, la financian y la promocionan, que es lo que ha hecho Luksic y JP Morgan. Mientras tanto, el Partido Comunista siempre en su disyuntiva de trabajar en el Estado cediendo demandas para cumplir con su proyecto histórico una vez más se encuentra en una posición muy similar a la dada cuando integró el Frente Popular que llegó al poder en 1938 encabezado por Pedro Aguirre Cerda, esto sin olvidar que 10 años después sectores de la misma coalición (que había mutado, ciertamente, agregando nuevos elementos políticos) gobernante lo proscribía por ley promulgando la famosa «ley maldita». Vamos a ver cómo concilia el PC esta nueva tarea de estar en el poder, por una parte, y de autotitularse como un partido que participa en la lucha social.

Veamos como se desenvuelven los primeros 6 meses del gobierno de Bachelet. El desgaste piñerista le está costando caro a Matthei, es algo que se veía desde hace más de un año. Lo que no se veía es que la derecha iba a ser tan inepta en su desenvolvimiento llevando al fracaso a Golborne primero, y luego a Longueira para finalmente poner a Matthei en la cabeza de la candidatura ignorando lo que sus votantes en las primarias dijeron (es decir, ignorando la figura de Allamand). Esto le ha significado a la derecha una derrota segura y quizás absoluta en la segunda vuelta. Pero una derrota de la derecha no implica una victoria más que en la inmediatez para la Nueva Mayoría. Bachelet deberá hacer bastante más que lo prometido por su programa para no vivir lo que Piñera vivió desde 2011 en adelante, o para repetir lo que ella vivió el año 2006.



Categorías:actualidad, Política

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