¿Se acerca América Latina al final de la década ganada?

Las últimas tres décadas en la historia de América Latina han mostrado un comportamiento volátil, pasando de los años 80 y 90 que fueron caracterizados por la crisis económica, a los años 2000 en los que se inicia una nueva fase de crecimiento en la región. Los años 80 y 90 mostraron una serie de crisis que terminaron con consecuencias políticas dando por una parte, muerte a los regímenes anteriores, y por otra, nacimiento a regímenes nuevos. En Venezuela las constantes crisis económicas y políticas (marcada con el Caracazo) da fin al régimen basado en el «Punto Fijo», e instala en el centro a Hugo Chávez como presidente de la república, dando inicio a una nueva etapa en la que nuevas fuerzas políticas inician su vida en el país. En Brasil la crisis económica de 1998 movió hacia abajo al gobierno de Fernando Henrique Cardoso y potenció al partido de los trabajadores, que, en 2002, por primera vez logró acceder a la presidencia del país de la mano de Luis Ignacio Lula Da Silva. En Chile la crisis del 82 terminó fomentando la creación de una oposición organizada, a nivel político y también armado, que terminó minando la estabilidad política de la dictadura de Pinochet y terminó, finalmente, con el final de la misma, a su vez la crisis de 1997 casi le costó a la Concertación la continuidad de sus mandatos en una disputa entre Lagos (el candidato de la que en ese entonces era el bando oficialista) y Lavín (bando opositor de aquel entonces). En Argentina la crisis dada entre fines de siglo XX e inicios del XXI dio paso a una fuerza política conocida como el kirchnerismo. En México la crisis del tequila tuvo sus efectos políticos precisamente porque, entre otros factores, el presidente de esos años (Ernesto Zedillo) era del PRI, partido que había estado en el poder por más de 70 años, y que en el 200 daría paso a un presidente del PAN, partido opositor derechista que estuvo en control del poder por unos 12 años hasta las recientes elecciones en las que el PRI volvió al poder. En Perú, la crisis de 1998 terminó sepultando el gobierno criminal de Alberto Fujimori. Entonces lo que se ve es un comportamiento político en el que las crisis económicas terminan minando el piso electoral o de apoyo ciudadano que posee el gobernante del momento, y, en consecuencia, se termina gestando un cambio dentro de las relaciones políticas existentes.

Durante la década anterior América Latina experimentó importantes niveles de ingreso y crecimiento económico. El crecimiento económico de la región (América Latina y el Caribe) fue, entre el año 2000 y el 2012, según los datos del FMI, de un 4% anual, bastante más que el 2% registrado por las economías avanzadas durante igual período. Este crecimiento coincide con la época de máximo desarrollo de diferentes partidos y líderes políticos dentro de los países. En Venezuela Hugo Chávez se afianza en el poder y da nacimiento a un nuevo bloque político, el PSUV. En Argentina pasa lo mismo con el Kirchnerismo. En Brasil similar historia vive el PT. En general los presidentes gobernantes viven un período de excedente y crecimiento que será aprovechado en vista de las necesidades, posibilidades y criterios de cada uno. Sin embargo, aparentemente este período de crecimiento económico está tocando techo, y nos volvemos a encontrar próximos a un enfriamiento regional, posibles estancamientos, y eventuales recesiones.

Analicemos los datos.

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Se aprecia un deterioro progresivo en la balanza de cuenta corriente, aunque no así para casos como el venezolano, donde si bien es cierto existe una tendencia a la baja, no llega a ser negativa. Así mismo se aprecia un comportamiento dispar en los balances públicos, mientras países como Chile y Perú mostraron superávit en 2012, Venezuela y Argentina están en déficit, y se estima que dichos déficit vayan a ensancharse con el tiempo. La inflación es particularmente elevada en Venezuela, y -aunque los datos así no lo reflejen- también en Argentina -las estimaciones privadas dan un doble en el dato inflacionario a diferencia de lo que calcula el Indec-, reflejo de las constantes devaluaciones realizadas durante la última década en ambos países, lo que le da a Venezuela en especial, un mayor nivel de competitividad lo cual se refleja en su superávit en la balanza de cuenta corriente. Y, con respecto a sus deudas (públicas y privadas), se han mantenido controladas, e incluso en algunos países (como Argentina) se han disminuido constantemente.

Según las perspectivas del FMI América Latina verá su menor crecimiento en una década, que será para esta año, del 2.7%. La Cepal también considera que el crecimiento será menor en la región, y solo será del 3%. El Banco Mundial estima que este año América Latina crecerá solo a un 2.5%, menor al 3.5% esperado. El BBVA considera que el crecimiento en la región se disminuirá y será del 2.7%.

¿Qué es entonces lo que estamos observando?

Primero, la suma de unos factores internacionales representados por:

Pero más importante todavía son los factores internos que se han estado manifestando durante la última década y que guardan relación con la esencia de América Latina como un área donde existe una economía atrasada con respecto a los países con un capitalismo avanzado. Como dato según la OIT la productividad por hora trabajada en Argentina cerró en 2012 en 15.51 dólares, 7.36 en Brasil, 15.99 en Chile, 9.2 en Colombia, 9.77 en México, 8.76 en Perú, y 15.73 en Venezuela. Mientras que en Alemania la productividad por hora trabajada cerró en 30.97, y en Estados Unidos en 40.02. Las diferencias son notorias y abismales.

Que haya menos productividad significa que los trabajadores para producir el mismo bien, deberán invertir una mayor cantidad de trabajo, a la vez que el mismo costo de dicho producto podrá ser más elevado, en consecuencia, el valor de la misma producción, en uno y otro lado, diferirá rotundamente. De ahí a que los países más atrasados sean menos competitivos, esto porque tienen menor grado de inversión científica y tecnológica que haga de sus economías mucho más prósperas. Por esta razón los países atrasados tienden a mostrar tipos de cambio depreciados, o, en otras palabras, tipos de cambio real alto, porque es el modo que tienen los países atrasados para poder integrarse al mercado internacional.

Por una parte o se integran a través de un tipo de cambio devaluado, o lo hacen con un tipo de cambio con poder adquisitivo, en ambos casos hay consecuencias que deben ser asumidas.

Si se toma un tipo de cambio competitivo, es decir devaluado, la primera consecuencia será la racha inflacionaria que le suceda, esto porque la devaluación generará inflación, pero como se está frente a una economía más competitiva por el tipo de cambio, los bienes transables se podrán vender a un precio internacional mucho más interesante para los compradores y se podrá tener constantes balanzas de cuenta corriente en superávit. Que es lo que pasa con economías como la venezolana. Sin embargo con esta salida no se está generando ni creando una competitividad real en el sentido del incremento de la productividad, lo que se está haciendo es maquillar el atraso por medio del tipo de cambio, lo que en un corto-mediano plazo terminará tocando techo, esto porque el incremento de los precios, especialmente de los del sector no transable, llevará a apreciar una vez más el tipo de cambio y se hará necesaria otra devaluación para mantener la competitividad. En este sentido los ciclos económicos que vive la economía venezolana son claros, devaluación, racha inflacionaria, y otra vez devaluación. El problema de esta salida es que, además de los elevados índices inflacionarios, los inversores poco a poco comienzan a confiar muy poco en la moneda local, por lo que optarán por llevar sus inversiones a sectores mucho más seguros, resguardando sus riquezas en dólar, oro, euro, o algo similar. De ahí a las fugas de capitales en Venezuela, y también Argentina.

Si, por el contrario, se toma una salida por el tipo de cambio con alto poder adquisitivo, es decir, no tomar a la devaluación como herramienta, se estará haciendo frente al mercado internacional sin una mayor competitividad, lo que afectará principalmente a los productores de bienes transables, y tenderá a llevar a reducciones e incluso quiebras. Todo en vista de una balanza de cuenta corriente negativa. Los productores que puedan competir deberán asumir un endeudamiento para poder sortear las dificultades. Sin embargo este tipo de crecimiento también tiene sus topes, que es precisamente la capacidad para seguir asumiendo una deuda creciente, ya que, en un momento dado, esta deuda comenzará a volverse preocupante a los ojos de los inversores internacionales y nacionales. En este momento un shock internacional puede ser enormemente perjudicial, y además, el miedo por una devaluación (para hacerse competitivo y poder tener una balanza de cuenta corriente en superávit) puede llevar a los inversores a refugiarse en dólar o euro.

Aquí la madre del cordero que explica crisis como la chilena en 1982, o las constantes crisis que se han dado desde inicio de los 80 en Venezuela.

Ahora bien, lo que estamos observando en la región es que una serie de países viven constantes déficit en su cuenta corriente, mientras que otros como Venezuela no viven el mismo problema pero sí una ya elevada y creciendo inflación que ha generado otros problemas. ¿Estamos ad portas de una crisis regional? Es imposible saberlo, pero hay indicios de que para allá vamos, ejemplo de ello es que la economía más grande de la región, la brasileña, vivió en octubre la fuga de capitales más elevada desde 1997, precisamente ad portas de la crisis que los afectó durante aquellos años, además de ello, se manifiestan otros indicadores en rojo, como la caída de la producción industrial y la quiebra de la gran petrolera OGX dan muestra de que la economía regional está viviendo un momento de enfriamiento y posible acercamiento a una recesión generalizada. Esto sin considerar que una recesión en Brasil, repercutirá directamente en Argentina, Uruguay, Venezuela y Paraguay, y como efecto dominó en Chile, Perú y Colombia. Así también países como Chile, Perú y Venezuela, sumamente dependientes de las materias primas, se verán muy perjudicados en caso de que los precios de las mismas sigan cayendo, Chile ya está exponiendo constantes déficit de cuenta corriente con los precios que hay, peor panorama habrá si sus exportaciones pierden más valor. Si el cobre cae a un precio del 1.7 dólares por libra, las exportaciones de cobre chilena reducirían su precio a menos de los 15 mil millones de dólares, el déficit fiscal aumentaría a unos 10 mil millones de dólares, el déficit en la balanza de pagos (cuenta corriente) aumentaría a un 10%, y, finalmente, la única salida de la economía chilena sería la devaluación.

Lo que sí puedo observar es que estamos viendo el topo de los modelos implementados en la región durante las últimas décadas. Y con ello, la estabilidad política y el dominio de ciertos sectores, estará en tela de juicio. En última instancia los ajustes políticos que está viviendo la región representan parte del intento por reformar la situación interna y buscar una salida antes de entrar en crisis. En Chile, el programa de Bachelet a la presidencia claramente lo demuestra.



Categorías:Economia, Historia

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