El problema de las pensiones en Chile

En 2005 estaba de moda adoptar el sistema chileno de pensiones. Gracias a Dios seguimos teniendo un modelo estatal de pensiones

Paul Krugman, Premio Nobel en economía año 2008.

Actualmente se está viviendo un problema muy grave en Chile; el sistema de pensiones chileno instalado en 1982 (por decreto ley, desde 1980) está incubando una evidente crisis social que significará en la realidad vigente (incluso a día de hoy) en el empobrecimiento paulatino, constante y creciente, de las personas conforme lleguen a la tercera edad. Sin ir más lejos, el Banco Central de Chile afirmó que cerca del 60% de los activos que ingresaron a cotizar en el sistema el año 1981 se jubilarán con pensiones «del orden de 150 mil pesos».

http://radio.uchile.cl/2013/01/09/consejero-del-banco-central-asegura-que-el-60-de-los-primeros-cotizantes-recibira-pensiones-de-150-000

¿Cómo es que llegamos hasta aquí? ¿Cómo es que todavía se utiliza el ejemplo chileno como un caso positivo para la administración de las pensiones y jubilaciones? Vayamos por parte desglosando cada uno de los puntos necesarios para comprender este problema. Así, partiremos por el análisis y la teoría que afirmó la necesidad de crear este nuevo sistema, para luego buscar los puntos correctos y errados de dicho análisis. Luego analizaremos la real efectividad del sistema construido en Chile (y que, se pretende instalar con cada vez mayor fuerza en Europa), y el porque la continuidad de este sistema significa la incubación de una crisis social que ya se está haciendo sentir en buena parte de la población chilena por lo que es necesario modificar el sistema desde su raíz. En definitiva, la lucha por modificar y superar el sistema de pensiones actualmente vigente en Chile, es y significa la lucha más dura que se hace en contra del modelo neoliberal, y, su cambio o su permanencia significará por consecuencia, el cambio o la permanencia del sistema neoliberal mismo.

La falsedad de la incapacidad del sistema de reparto para mantenerse en el futuro

Partamos entonces analizando la premisa teórica que buscó, y busca, generar un paulatino cambio desde las pensiones públicas hacia las pensiones privadas. Hagamos un poco de historia para comprender la lógica de este argumento.

El sistema de pensiones forma parte de una red de otros sistemas sociales encaminados a entregar un servicio necesario para la comunidad, y, además de todo, visto como un derecho humano inalienable, nos referimos a la seguridad social, la cual podemos definir como una parte del Estado que se propone entregar una protección social usando para ello, recursos que tiene a su disposición, esta entrega servicios muy variados: atención sanitaria, prestaciones por invalidez, prestaciones por desempleo, prestaciones por maternidad y las pensiones de jubilación que acá nos convoca. Este sistema de seguridad social se fue construyendo paulatinamente a raíz de -principalmente- las exigencias y logros del movimiento obrero que desde el siglo XIX se estaba manifestando con una fuerza en crecimiento. En este sentido es importante recalcar que la lucha obrera política fue uno de los principales factores que llevaron a la construcción de un sistema de seguridad social, pues, entre sus principales demandas estaba la creación de leyes que amparasen la protección social universal en una serie de ámbitos sin importar el nivel de renta de la persona. Como resultado de la lucha social, en aquellos países donde el movimiento obrero logró hacerse de más espacio en la política, la construcción de un sistema de seguridad social tuvo un desarrollo mayor que en aquellos países donde el movimiento obrero fue menor. Uno de los primeros y, principales hitos en la historia de la seguridad social fue la Ley del seguro de enfermedad promulgada durante el gobierno conservador del canciller de Alemania Otto Von Bismarck el año 1883, y, desde entonces los diferentes sistemas de seguridad social se han ido ampliando en su cobertura. Otro importante hito fue dado por Estados Unidos en 1935 cuando el presidente Roosvelt aprobó la «ley de seguridad social», en 1942 el gobierno de Reino Unido aprobó el plan Beveridge (en honor a su creador, el Lord Beveridge) que dio lugar a un sistema de seguridad social amplio y universal. En Francia, Pierre Laroque hizo sus esfuerzos para extender la cobertura de los planes de seguridad social a toda la población y, en 1946, se construyó un sistema de seguridad social universal. Así mismo  la OIT (Organización Internacional del Trabajo) en 1944 hizo la «declaración de Filadelfia» en la que llamó a ampliar los derechos sociales y laborales, y, por ende, la cobertura de los mismos así como a extender a escala nacional y regional, la cooperación entre los diferentes organismos que velan y aseguran la seguridad social de los países. Un año más tarde la ONU adoptó la Declaración Universal de los derechos humanos, la cual, en su artículo número 22 reconoce que «toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social». En 1952 la OIT adopto las normas para la seguridad social y en 2001 puso en marcha una campaña por la seguridad social y cobertura para todos.

http://www.ilo.org/global/publications/magazines-and-journals/world-of-work-magazine/articles/ilo-in-history/WCMS_122242/lang–es/index.htm

http://www.ddhh.gov.cl/filesapp/Declaracion_Universal_DDHH.pdf

http://www.civilisac.org/civilis/wp-content/uploads/Declaraci%C3%B3n-de-Filadelfia-1944-OIT.pdf

Esta fue la realidad predominante hasta más o menos, la década de 1970/1980, la realidad predominante sobre todo desde la segunda guerra mundial, momento en que se establece un pacto y un modelo social de seguridad basado en los presupuestos públicos, no obstante luego de esa fecha la situación se comenzó a revertir, la llegada de Thatcher al poder en Reino Unido, y Reagan en Estados Unidos supuso una continuidad a lo acontecido en Chile durante la dictadura de Pinochet, aunque en este caso la intensidad de las reformas llevadas fue muy superior a la dada en los casos estadounidenses o británico. Sin embargo la premisa fundamental en la que se sustentaron las reformas que desmantelaron paulatinamente (caso norteamericano y británico) y radicalmente (caso chileno) es la misma, la seguridad social es ante todo, inviable conforme pase el tiempo, y el Estado además, es un actor ineficiente que entrega un servicio de mala calidad, además de poco rentable, en consecuencia se hace necesario reemplazar la seguridad social entregada por el Estado, por una serie de servicios entregados por el sector privado, basado desde luego en el negocio como lógica.

En el caso del sistema de pensiones, la lógica fue la misma, el Estado no es capaz de entregar un servicio adecuado, el cual es además de todo, inviable, por tanto debe ser privatizado. Es decir, se debía de pasar a de un sistema de reparto, a un sistema de capitalización individual. Vayamos definiendo ambos sistemas como primera necesidad: el sistema de reparto es aquel en el que los trabajadores van cotizando día a día, y, con los fondos que en un momento dado hay en el sistema, se pagan las pensiones de los jubilados que en aquel momento tienen el derecho a recibirlas, mientras que las pensiones de los jubilados de mañana, se pagarán con las cotizaciones de aquellos que en ese momento estén trabajando (éste es el sistema aplicado en prácticamente todo el mundo desarrollado). Por otro lado, el sistema de capitalización individual es aquel en el que cada cotizante va aportando a su cuenta «individual» cantidades de dinero que se van acumulando a lo largo de su vida, el cual se va capitalizando a través de los años mediante la inversión en activos privados que generan un nivel de intereses, y del cual sale la pensión que recibirá al final de su vida activa.

Pues bien, entendiendo ambos conceptos, la premisa de los economistas, políticos y diferentes actores que adscriben al neoliberalismo dice que un sistema de reparto funciona siempre y cuando la tasa de dependencia sea la adecuada, si no es así, entonces el sistema de reparto está destinado a colapsar. En otras palabras, si en un año X existía una población activa de 2 y una población pasiva de 1, dos trabajadores perfectamente podían financiar a 1 jubilado, pero, conforme la población va envejeciendo (realidad patente en los países más desarrollados y no tan desarrollados, como Chile) el sistema se vuelve insostenible. Entonces, si la población pasa a ser de 1 persona activa, y 2 pasivos, según esta lógica el sistema sería inviable. No obstante esta tesis es incorrecta, pues es obvía una serie de factores que influyen en la real sostenibilidad del sistema de reparto, así como en la cuantía de las pensiones.

Por esta misma razón, las predicciones realizadas por los economistas neoliberales sobre el colapso del sistema público yerran una y otra vez. Como muestra de un botón: Herce afirmaba en 1995 en su trabajo «El futuro de las pensiones en España: hacia un sistema mixto», que el sistema público de pensiones tendría un déficit el año 2000 de 0.62% del PIB, pero cuando llegó el 2000 no hubo déficit alguno sino que superávit; Piñera y Weinstein realizaron estimaciones similares primero para el año 2000, y luego para el 2005, pero tampoco se cumplieron; Barea, Taguas, Sáez y otros también realizaron estimaciones similares (-1.6% del PIB hacia el 2000), y también se equivocaron. Como estos tipos se han equivocado tanto, ahora han optado por huir hacia adelante, es decir, optan por realizar las mismas predicciones catastrofistas pero usando como referencia un punto cronológico mucho más lejano, para evitar así cualquier error que les pueda llegar, y acá nos encontramos con trabajos como el de J. F. Jiménez que estima que hacia el 2050 habrá una situación insostenible de las pensiones públicas en España. Es importante aclarar esto último porque lo que estamos observando es que constantemente las tesis de aquellos que apuestan por la catástrofe del sistema público de reparto terminan erradas, es decir, terminan demostrando no hacer un buen trabajo como economistas, y sin embargo siguen siendo contratados y financiados. ¿Qué clase de empleador sigue contratando a personas que, como Piñera, realizan un trabajo tan desastroso? Porque si un médico hace mal su trabajo, es despedido, lo mismo un profesor, un ingeniero, pero en el caso de estos economistas pasa todo lo contrario, no son despedidos ni se les deja de financiar, sino que siguen siendo contratados para hacer sus estimaciones y trabajo. La razón: existen intereses económicos detrás, y estos intereses provienen de la banca que busca aniquilar el sistema público porque por lógica, un sistema privado los va a beneficiar mucho más, de ahí a que sea la banca la que financie la FEDEA, que es la que lleva estos estudios catastrofistas que siempre terminan equivocados y errados. Por lo que no es un sinsentido decir que no existe un rigor científico detrás de estos mitos, sino que sencillamente existe un interés económico evidente.

 Como dije, la viabilidad de un sistema de reparto no reside solo en uno de esos factores, que es en el que se centran los neoliberales, sino que en varios más.

Un sistema de reparto depende de los siguientes factores.-

  1. El empleo y desempleo existente.
  2. El nivel salarial.
  3. El volumen de actividad económica en el largo plazo.
  4. La distribución de la renta.
  5. La calidad del empleo.
  6. La productividad del trabajo.
  7. La extensión de la economía sumergida.
  8. La tasa de actividad y de empleo femenino.

Me centraré en los factores más importantes.

1° Nivel de empleo y paro: Un país con un nivel de paro elevado, y además constante, tendrá como corolario negativo, una menor recaudación de los ingresos salariales y por ende, menores pensiones y un sistema de seguridad social menos capacitado.

2° Un país con mayor nivel de inequidad es a la vez más perjudicial para las pensiones; supongamos que en un país existe un PIB de 100 dólares, donde el gasto total de pensiones es del 17%, y que las pensiones públicas las financian los trabajadores con el 30% de su salario. Si la renta de los trabajadores representan un 70% del total, entonces la seguridad social dispondrá de 21 dólares y tendrá un superávit de 4 dólares. Pero, ahora supongamos que existe una mayor concentración de la renta por parte del gran capital, y en lugar de 70%, los trabajadores tienen el 50% del PIB, en este caso los ingresos a la seguridad social serían solo de 15 dólares y se estaría dando un déficit de 2 dólares.

3°El nivel de productividad del trabajo: Éste es uno de los argumentos más olvidados por los neoliberales pues, a fin de cuentas, es el argumento que termina destruyendo sus predicciones. Esto porque su visión catastrofista se basa en que si 2 trabajadores son capaces de mantener a 1 trabajador jubilado en el sistema de reparto, no sucedería lo mismo si solo trabaja 1 hombre y 2 están jubilados. Pero este argumento no toma en consideración el incremento de la productividad de un trabajador a través de los años, así, si en un inicio cada trabajador producía 50 dólares, por ejemplo, y de esos 50 se extraía el 20%, entonces se lograba tener en la Seguridad Social un total de 20 dólares. No obstante, si dentro de 50 años en lugar de 2 trabajadores hay solo 1, y si en lugar de 1 jubilado hay 2, con un incremento de productividad del 2% anual, ese trabajador por sí solo produciría el doble y lograría mantener a los dos jubilados por su propia cuenta. En lugar de que haya 2 trabajadores produciendo 50 dólares cada uno, ahora habría un  trabajador produciendo 100 dólares, con lo que se podría financiar al doble de jubilados que en un inicio.

4° La tasa de actividad y empleo femenino: Si en un país la tasa de participación laboral solo es del 50%, lógicamente habrá menos cotización que en caso de existir una tasa de participación mayor, digamos, del 70%. Por esto es importante también fomentar el empleo femenino y juvenil.

La falsedad de la efectividad del sistema privado

Ante la tesis anteriormente esbozada y analizada que es base para los catastrofistas y neoliberales al momento de afirmar que el sistema de pensiones público es inviable, contrario al sistema privado (de capitalización individual), la realidad da cuenta de que no es así como sucede, tanto en términos teóricos como así también lo demuestra la evidencia actual.

Partamos primero con la teoría. Dicen los neoliberales que el sistema de capitalización individual está exento de sufrir las consecuencias del envejecimiento demográfico, esto porque según el razonamiento neoliberal al cada persona haber asumido individualmente una cuenta de capitalización, el envejecimiento demográfico, y la caída de los activos no traería problemas porque en ese futuro apocalíptico, al existir una pensión individual dependiendo de los ahorros de cada persona, no habría problemas de financiamiento. Sin embargo en la realidad sí habría una crisis total dentro de ese sistema, esto porque el sistema de capitalización individual funciona en realidad como un sistema de ahorro forzoso, y las AFP funcionan como cualquier institución inmersa en el sistema bancario, por lo que la lógica de su negocio está dada por las captaciones y las colocaciones, en otras palabras recibir dinero a una tasa de interés y poner dinero en circulación a tasas de interés superiores y lograr así, un margen de ganancia (o margen de intermediación). De esta lógica depende el negocio bancario, así como también las AFP, ¿qué sucedería entonces en un futuro en el que la determinación demográfica termine llevando a que hayan menos ingresos que egresos? (Es decir, más personas pensionadas que las cotizantes) Sencillamente el negocio de las AFP se termina, y una serie de consecuencias se pueden dar, desde una suerte de pánico bancario hasta una quiebra masiva de las AFP. En consecuencia es totalmente falso que el sistema de capitalización individual sea invulnerable al futuro catastrofista y apocalíptico determinado por el evejecimiento demográfico como afirman los neoliberales.

Como segundo punto importante está el mencionar los principales defectos del sistema de capitalización individual que guardan relación con su esencia como sistema. El sistema de capitalización individual basa su éxito en la rentabilidad de los fondos en los mercados, sin embargo existe un serio problema en esta rentabilidad. Primero está el problema de la inflación, luego de 30 o 40 años de trabajo existe una inflación acumulada que significa una pérdida del valor del dinero; pues bien, el sistema de capitalización individual debe luchar contra esta realidad porque no puede pretender mantener a un jubilado con pensiones de dinero acumulado hace 40 años atrás. Segundo, está el problema del incremento salarial constante y natural en cualquier economía, aquí también existe una contradicción que el sistema de capitalización individual no puede mantener porque el cálculo de la pensión se hace en vista del dinero acumulado tras 30 o 40 años que se descontaba de la contribución salarial, y tras 40 años de trabajo el salario promedio de ese trabajador ha crecido bastante, lo que lleva a que su pensión sea bastante reducida en comparación a sus últimos salarios. Tercero, está el problema del comportamiento cíclico y voluble de los mercados financieros a nivel nacional e internacional, es una realidad económica que existen ciclos económicos marcados, y en el caso del mercado bursátil las caídas son incluso más intensas y dolorosas, por lo que, en un inicio era una ventaja del sistema, es decir hacer rentar tus ahorros en negocios nacionales e internacionales, en el largo plazo termina convirtiéndose en un obstáculo más.

Este último es el gran problema del sistema de capitalización individual en general, y las AFP en particular. Es decir, depende de la rentabilidad en el mercado bursátil, y la evidencia empírica demuestra muy a su pesar, que los ciclos económicos en este aspecto son intensos y debido a su naturaleza, no se pueden evadir. En este aspecto es necesario recordar la esencia del capital ficticio del cual Marx habló, las acciones surgen de la necesidad de una empresa por financiarse, y solo esta parte inicial del capital pasa a revalorizarse dentro de la empresa, sin embargo las acciones se cotizan día a día en el mercado bursátil, y su precio cambia bruscamente dependiendo del ánimo de los inversores en relación a las ganancias, lo que lleva a las acciones (como generalmente pasa) a un precio bastante mayor a su «valor real», de ahí al capital ficticio, algo que calcula el índice Price/earning.

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Fuente: Cenda.

El índice Case-Schiller muestra la relación del valor de las acciones en cada momento comparadas con el promedio de las utilidades empresariales. Este índice demuestra muy bien el comportamiento de los ciclos seculares en la economía y cómo estos ciclos son aún más marcados para el caso del mercado bursátil.  Por ejemplo, lo que se observa es que desde inicios del siglo pasado, hasta los años 20, existe una constante caída en el mercado accionario a niveles inferiores a los existentes en 1880. Luego se da un repunte hasta la década de 1930 cuando se da una caída muy marcada como consecuencia de la crisis de 1929, para luego crecer hasta mediados de los años 30 y comenzar un período inestable, pero negativo dentro de todo que terminaría en 1950 con niveles inferiores a los de inicios de siglo. Luego, se vuelve a dar un repunte hasta mediados de los años 60 momento en que vuelve a darse una caída muy marcada que toca suelo a inicios de los 80, momento en que el nivel es muy similar al de inicios de los años 30. Finalmente se vuelve a dar un auge que dura 20 años hasta inicios de siglo y que, desde entonces, ha mostrado un comportamiento voluble pero ante todo tendiente a la caída.

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Fuente: Cenda.

En este segundo gráfico podemos observar cómo el comportamiento y la rentabilidad de las AFP tiene una directa relación con la rentabilidad de los mercados bursátiles nacionales e internacionales. Lo que nos lleva a concluir que desde que las AFP fueron creadas (1980) hubo una coincidencia con un auge bursátil muy marcado, el cual llegó a su fin el año 2000, y desde entonces ha habido un declive que ha hecho que las AFP renten mucho menos que anteriormente. Esto nos explica, finalmente, que es imposible que en el largo plazo las AFP rindan un porcentaje significativo que lleve a que la tasa de reemplazo sea muy elevada, de hecho desde 1900 hasta el 2002 la media geométrica de la rentabilidad de las bolsas a nivel mundial fue del 3.8%, y la media aritmética de un 4.9%, mientras que la desviación estándar un 15% (Dimson, Mars, Stauton 2003). Lo último demuestra que, por una parte el promedio de rentabilidad de las bolsas a nivel mundial es muy bajo, y segundo, la elevada desviación estándar a su vez demuestra que existen resultados muy dispares dependiendo del período, lo que se entiende si miramos que el siglo XX posee ciclos seculares muy marcados. En otras palabras, no es correcto ni posible dejar al alero de los mercados bursátiles los fondos de pensiones de todos los trabajadores, pues, sencillamente, habrán momentos de auge y de depresión que contribuirán a dejar marcadas diferencias entre los fondos de las diferentes personas, ¿qué pasa en el caso de alguien que se jubila justo en un momento en que se dan estas caídas bursátiles? Mala suerte, su fondo perdió el 30% de su valor, no hay nada que hacer…

Esto demuestra porque la Tasa Interna de Retorno de las AFP, entre 1982 y 2012 sea solo de un 3.2%

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Fuente: Cenda.

¿Lo ven? La tasa interna de retorno durante los últimos 30 años ha sido extremadamente reducida, lo que demuestra la poca rentabilidad que tiene este sistema que depende demasiado del comportamiento bursátil.

Por otro lado se hace necesario desmitificar la falsa creencia de que los privados administran mejor los ahorros de las personas, y por tanto, podrían dar unas pensiones más abultadas. Según los datos de la OCDE (OECD PENSIONS OUTLOOK 2012), la solvencia de los fondos de pensiones de dichos países desde diciembre del 2001 a diciembre del 2010, fue de solo un 0.1%, y, desde diciembre del 2007 a junio del 2011 presentaron una pérdida del -1.6%. Vuelve a quedar patente que el comportamiento de los fondos de pensiones privados está lejos de ser el mejor pues es voluble y dependiente del comportamiento de los mercados bursátiles, los cuales a su vez, no pasan más que de ser el ejemplo máximo del capital ficticio.

Además tenemos problemas secundarios que se han estado agregando conforme pasan las décadas, por una parte las comisiones exigidas por las administradoras son muy elevadas, superan el 10-12% de la cotización total, lo que es completamente ridículo porque si mis fondos están rentando un 5% no tiene sentido que yo les pague un 10% de esas cotizaciones a las administradoras. Todo esto se debe a las continuas modificaciones legales que se han hecho al DL 3.500, que es el decreto ley de 1980 que da nacimiento a las AFP. La ley N°18.481 de 1985 estipula que, en sus artículos 36 y 37 el promedio de rentabilidad pasó de ser de un mes a 12 meses, lo que le da un margen mayor de tiempo a las AFP para reponer las pérdidas. La ley N° 18.964 de 1990 en su artículo 39 establece que la compensación para incrementar la rentabilidad de fondos baja del 5% al 1%. La Ley 19.301 de 1994 baja el encaje del 5 a 1% en su artículo 40. La Ley 19.641 de 1999 en sus artículos 36, 37, 38, 39 decretó que el promedio de rentabilidad pasó de 12 a 36 meses, se introdujo el concepto rentabilidad negativa, ya que se eliminó el valor absoluto sobre el cual se tenía que compensar las pérdidas. La Ley 19.795 de 2002 introdujo los siguientes cambios en el artículo 37: los fondos A y B deberían promediar 4 puntos menos que el promedio durante 36 meses para recién compensar, los demás fondos se mantienen con 2 puntos bajo el promedio durante 36 meses. Esto ha llevado a que las pérdidas de las Afp sean asumida casi exclusivamente por los fondos y no por las administradoras. En otras palabras este cambio sustancial en la legislación que dio nacimiento a las AFP ha provocado que cuando se dan grandes pérdidas dentro del sistema, sean los afiliados y cotizantes quienes deban asumir casi completamente las pérdidas, mientras que, las administradoras salen indemnes de las mismas.

Más información de esto último;

http://www.elmostrador.cl/negocios/2013/06/12/felices-y-forrados-responde-a-super-de-pensiones-cambios-legales-traspasaron-los-riesgos-a-los-usuarios-de-las-afp/

Por esto mismo, en 2008 los fondos de pensiones de las personas perdieron 19.000 millones de dólares, mientras que las AFP solo 10 millones de dólares, es decir, solo un 0.0005% de la pérdida.

La lógica real detrás de la instalación del sistema de capitalización individual

Luego de haber indagado la lógica real del sistema de AFP, nos queda decir que, por una parte este sistema no ha sido instalado ni creado para mejorar la situación de los jubilados. La evidencia demuestra todo lo contrario, según los datos de la superintendencia de pensiones, los chilenos se jubilan con un 37% de su salario (tasa de reemplazo), cuando cotizan un 10% del salario, cifra muy similar a la cotizada como promedio en la OCDE (9.8%).

http://www.oecd-ilibrary.org/taxation/income-tax-and-social-security-contributions-2008_20758510-table1

http://www.oecd-ilibrary.org/docserver/download/8111011ec018.pdf?expires=1385870749&id=id&accname=guest&checksum=1F58B24A6A9005F6D861EC5686A80EE4

Sin embargo, la tasa de reemplazo dentro de la OCDE es de un 72%. Sencillamente no existe una lógica, «vista desde una perspectiva social, que busque mejorar la condición y calidad de vida de la población generalizada», que demuestre que un país con un sistema de pensiones únicamente basado en la capitalización individual (como Chile), sea efectivamente mejor y dé pensiones más abultadas que un país basado en el sistema de reparto. ¿Entonces cuál es la lógica de esta reforma? Sencillamente es una reforma que buscó elevar el nivel de capitalización, fluidez y rentabilidad para la banca, y en consecuencia, para las empresas. La realidad es que este sistema instalado en Chile, nunca estuvo dirigido hacia las clases trabajadoras y medias que viven de su renta de trabajo, sino que, en realidad buscó elevar las ganancias de aquellos que viven de las rentas del capital, especialmente los capitalistas más poderosos.

¿Qué debemos y podemos hacer nosotros los ciudadanos?

La única solución que nos queda es luchar política y socialmente por una apuesta diferente en el sistema de pensiones, como punto particular, y en el modelo de país que se ha instalado durante las últimas décadas. Es necesario barrer con las AFP y reemplazarlas, la propuesta de Bachelet no sirve, una AFP es más de lo mismo, solo que se trataría del Estado quien administra un fondo que sufrirá los mismos problemas que sufren los demás, problemas que dicho sea de paso como ya he mencionado, son inherentes al sistema mismo. Como mencioné la lucha por cambiar el sistema de pensiones es la lucha por cambiar el sistema completo.



Categorías:Chile, Economia

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